domingo, 1 de abril de 2012

Funeral in Berlin: El ingenio de Harry Palmer

“Funeral in Berlin” (1966), es un thriller del director Guy Hamilton, el cual está protagonizado por Michael Caine, Paul Hubschmid y Eva Renzi.

Harry Palmer (Michael Caine) es un espía cuya última misión consiste en viajar al Berlín comunista para ayudar en la fuga de un militar desertor. Pero cuando el asunto se enreda, Palmer se ve atrapado en el centro de una conspiración que puede costarle la vida.

Tras el éxito de “The Ipcress File” (1965), film basado en la novela del mismo nombre del escritor Len Deighton, el cual tenía como protagonista al ácido espía británico Harry Palmer, el productor Harry Saltzman rápidamente se lanzó a la tarea de realizar una secuela basada en otra de las novelas de Deighton titulada “Funeral in Berlin”, la cual al igual que la anterior novela del escritor, no está protagonizada por Palmer sino que por un espía sin nombre (dicho sea de paso, el nombre de Harry Palmer fue inventado exclusivamente para la cinta “The Ipcress File”). Para darle un mayor realismo a la producción, Hamilton y su equipo decidieron rodar la cinta en locaciones ubicadas en Berlín, lo que les significó varios problemas debido al tenso clima político que se vivía en la ciudad en aquel entonces. Un buen número de guardias de Berlín Oriental que se encontraban tras el muro, se dedicarían a sabotear algunas tomas con la ayuda de espejos, con los cuales cegaban a los actores y entorpecían la labor de los camarógrafos. Por este motivo, el equipo de filmación tuvo que utilizar cámaras con lentes telescópicos en gran parte de las escenas que se rodaron en las cercanías del muro. Tan importante como las locaciones fue la elección del elenco, que en su mayoría estuvo compuesto por actores de habla alemana, quienes ayudaban a crear la sensación de que el protagonista del film realmente se encontraba inmerso en el conflicto que dividía Berlín.

En esta ocasión, a Harry Palmer se le encarga la en apariencia sencilla misión de sacar al Coronel Stok (Oskar Homolka), un desertor soviético, de Berlín Oriental. Para esto, el protagonista se asociará con Johnny Vulkan (Paul Hubschmid), un agente británico residente en Berlín, quien es el único que puede contactarlo con un hombre llamado Kreutzman (Günter Meisner), el cual ha estado ayudando a varios presos políticos a cruzar el muro con la ayuda de vistosos e ingeniosos planes. Es precisamente uno de sus planes el que le da el nombre al film, aunque la verdad es que el título tiene numerosas capas y alusiones; será bajo la fachada de un funeral falso, que Palmer y compañía intentarán ayudar a Stok a pasar al otro lado del muro, sin imaginarse las numerosas dificultades que se interpondrán en su camino. Y es que como suele ocurrir en las historias de este tipo, la trama se complica por la aparición de espías de otras agencias, identidades falsas, e incluso por una disputa que involucra oro nazi. Inmerso en una ciudad donde no se puede confiar en nadie, Palmer tendrá que sacar a relucir su preciado ingenio para evitar perder la vida en un conflicto que tiene bastante más aristas de las que aparenta.

Si bien es sabido que tanto Harry Saltzman como Guy Hamilton formaron parte del llamado "universo Bond", el mundo del espionaje en el que se mueve Palmer es diametralmente opuesto al retratado en las cintas de 007. Palmer no suele viajar a lugares exóticos o paradisiacos, ni tampoco está rodeado de lujos y comodidades. Lamentablemente para él, no solo debe encargarse del "trabajo sucio" de la agencia, sino que además debe lidiar con el aspecto burocrático y aburrido de su profesión, razón por la cual no es de extrañar que en muchas ocasiones sea retratado como un simple empleado público que pone en riesgo su vida por un sueldo miserable. Eso lo ha llevado a convertirse en un personaje reprimido y cínico, que odia su trabajo y a quienes están de alguna manera ligados a este, pero que de todas formas lleva a cabo sus asignaciones porque está consciente de que es lo que sabe hacer mejor. Al mismo tiempo es un hombre desconfiado, cuyos actos aunque no lo parezcan, tienen un objetivo específico, lo que le ayuda a ir un paso adelante del resto, incluyendo al mismo espectador. Su agudeza mental es precisamente lo que lo lleva no solo a desconfiar de las motivaciones de Stok, sino que también lo mantienen alerta cuando en su camino se cruza una hermosa mujer llamada Samantha Steel (Eva Renzi), cuyas verdaderas intenciones son reveladas recién en la mitad de la historia.

Lo que resulta sumamente curioso, es que todo el plan de escape del Coronel soviético no es más que la excusa para adentrarnos en lo que eventualmente se convertirá en la historia principal. Con el objetivo de no entregar demasiados detalles que puedan arruinar el visionado de la cinta, solo puedo mencionar que este giro dramático incluye el nombre de un militante nazi que supuestamente falleció hace varios años, y que al parecer tiene una gran suma de dinero guardada en un banco en Suiza. Más allá de la codicia, existe otro motivo que parece empujar a algunos de los personajes involucrados en este intrincado complot, y este es su supuesta homosexualidad. El tema, que en aquel entonces aún era un tabú en el cine, razón por la cual jamás se toca de forma abierta durante el metraje, parece ser el detonante de la serie de decisiones apresuradas que toma uno de los integrantes del MI5, cuya identidad solo será revelada en el último tramo del film. Una vez que se destapa esta cadena de intrigas y traiciones, Palmer tendrá que poner a prueba su intelecto para salir vivo de la engorrosa situación y descubrir quién es realmente la persona que está detrás de todo esto.

Michael Caine nuevamente realiza una estupenda labor interpretando a Harry Palmer. El actor logra dotar de profundidad a Palmer, evitando con esto que se transforme en un personaje unidimensional o en otro de los tantos personajes paródicos que surgieron en aquella época. El resto del elenco también realiza un buen trabajo, en especial Guy Doleman quien interpreta a Ross, el gélido y calculador jefe del protagonista. En relación al elenco, existe un dato curioso concerniente a Eva Renzi, quien interpreta al interés amoroso de Palmer. En un principio había sido contratada la actriz Anjanette Comer para interpretar dicho papel. Si bien ella alcanzó a filmar varias escenas, debido a una enfermedad tuvo que abandonar el rodaje, siendo reemplazada por Renzi, quien eventualmente tuvo que rodar todas las escenas en las que había participado Comer. En el ámbito técnico, la cinta cuenta con el pulido trabajo de fotografía de Otto Heller, quien le imprime al film una atmósfera opresiva y pesimista, que se complementa de estupenda manera con los escenarios donde transcurre la historia. Por otro lado, tenemos la irregular banda sonora compuesta por Konrad Elfers, que en ciertas ocasiones tiende a jugar en contra de la atmósfera que se supone deberían tener algunas secuencias.

Como ya había mencionado antes, las locaciones juegan un papel importante en el film, convirtiéndose por momentos en un personaje más del mismo. Ese Berlín que aún exhibe algunas de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, y que está dividido por un muro que a ratos parece adquirir un carácter omnipresente, es un elemento clave dentro de una historia dotada de altas dosis de tensión y realismo. De forma complementaria, Guy Hamilton le imprime a la película un ritmo narrativo que logra atrapar al espectador, y construye un relato interesante que enriquece con conocimientos adquiridos en su época como miembro de la inteligencia militar durante la Segunda Guerra Mundial. En relación a esto, Michael Caine declararía en una entrevista: “Guy en ocasiones salía con una idea que sonaba bastante fantástica, la cual justificaba diciendo que ´era lo que normalmente se haría´”. En definitiva, son varios los elementos que han colaborado a que “Funeral in Berlin” no solo haya envejecido de buena manera, sino que además sea una de las mejores películas de espías de los sesenta, como por ejemplo el aspecto de documento histórico que tiene la producción, la maravillosa interpretación de Caine, y las múltiples vueltas de tuerca que presenta el relato, solo por nombrar algunos. Es precisamente por sus virtudes que esta cinta suele ser recordada como la mejor de la saga de Harry Palmer, quien volvería a la pantalla grande en tres ocasiones más, aunque de forma bastante más deslucida.

por Fantomas.

martes, 27 de marzo de 2012

My Best Friend is a Vampire: Los problemas de un vampiro adolescente.

“My Best Friend is a Vampire” (1987), es una comedia de horror del director Jimmy Houston, la cual está protagonizada por Robert Sean Leonard, Cheryl Pollack y Rene Auberjonois.

Tras tener una cita que terminó mal con una hermosa mujer, Jeremy Capello (Robert Sean Leonard) comienza a experimentar una serie de cambios que lo convierten en el blanco de un maniaco cazador de vampiros llamado Leopold McCarthy (David Warner). Ahora junto a su mejor amigo Ralph (Evan Mirand), Jeremy tendrá que aprender a lidiar con su nueva condición e intentar sobrevivir a la persecución incesante del profesor McCarthy.

Durante la década de los ochenta, junto con el nacimiento, auge y caída del slasher, otro subgénero enmarcado dentro del cine de terror comenzó a tener bastante éxito. Este sería el llamado “cine de transformación adolescente”, conocido también como “cine de monstruos adolescentes”, el cual había nacido en la década de los cincuenta en la forma de una serie de largometrajes serie B. Las características principales de este subgénero son su marcada inclinación hacia la comedia, y la inclusión de un adolescente como protagonista, el cual no solo estaba llamado a lidiar con los cambios que comienza a experimentar por una determinada serie de acontecimientos, sino que además debe intentar aceptarlos. Obviamente, dichos cambios no se refieren a cambios hormonales o psicológicos (aunque estos también están de cierta forma incluidos en el tema central de estas películas), sino que se refieren a verdaderas transformaciones en monstruos como vampiros u hombres lobo. Este es precisamente el caso de “My Best Friend is a Vampire”, a la cual se suman films como “Teen Wolf” (1985) o “Once Bitten” (1985), solo por dar algunos ejemplos.

El protagonista de esta cinta es Jeremy Capello, un adolescente común y corriente sin mayores problemas, el cual últimamente ha estado teniendo una serie de extraños sueños en los cuales aparece una misteriosa mujer que intenta seducirlo. A poco de haber empezado el film, él es enviado a dejar una bolsa de mercadería a una vieja mansión en la que ahora vive Nora (Cecilia Peck), una seductora mujer que resulta ser la misma que ha estado apareciendo en sus sueños. Después de una fallida cita, la cual es interrumpida por el Profesor McCarthy y su torpe colaborador Grismdyke (Paul Wilson), el protagonista nota que ha sido mordido por la mujer, lo cual pronto desencadenará su transformación en un vampiro. Es cuando comienza a experimentar una serie cambios notorios, como una creciente sed de sangre, que aparece Modoc (Rene Auberjonois), un viejo vampiro que actuará como mentor de su ahora colega, el cual tendrá que aceptar su nueva naturaleza, al mismo tiempo que intenta conquistar a la chica que le gusta, y trata de escapar del Profesor McCarthy, quien se ha empecinado en enviarlo al infierno junto con el resto de los de su especie.

Aunque básicamente esto resume la trama del film, este presenta algunos elementos que la convierten en una obra interesante, y que la distinguen del resto de las cintas de su tipo. Lo primero y quizás lo más importante, es que a diferencia de la gran mayoría de los protagonistas de este tipo historias, Jeremy no desea escapar de la “maldición” de la que ha sido víctima. En ningún momento de la película él intenta buscar una cura para su condición, pese a que si rehúye por un tiempo a la idea de beber sangre. Sin embargo, cuando encuentra una alternativa no violenta, Jeremy pasará gran parte del tiempo tratando de sacarle el mayor provecho posible a las habilidades que ahora ha adquirido. Y es que en la realidad cinematográfica creada por Jimmy Houston, la gran mayoría de los vampiros son una especie incomprendida, que solo busca vivir en paz sin hacerle daño a nadie (de hecho, prefieren beber sangre de cerdo embotellada que sangre humana). El paralelo existente entre este discurso y el expresado por otras minorías sociales es evidente. A sabiendas de esto, el director decide para jugar con la sexualidad del protagonista, incluyendo una serie de gags que involucran a sus padres, los cuales creen que los cambios que ha estado experimentando últimamente su hijo, tienen relación con su supuesta homosexualidad no asumida.

La inclusión de “vampiros amables” no es la única variación al mito del vampirismo que incluye el film. También los separa en dos grupos: los muertos, que son aquellos que nacieron vampiros, y los no muertos, que son aquellos que al igual que Jeremy, han sido transformados por una mordida. La gran diferencia entre dichas especies, reside en el hecho de que los vampiros como Jeremy pueden caminar a la luz del día, lo que en términos narrativos obviamente ayuda a que el director pueda explorar con más detenimiento las actividades cotidianas del protagonista, tanto en su casa como en su escuela. El vampirismo como un estilo de vida, le será introducido a Jeremy por Modoc, quien como había mencionado anteriormente, se convertirá en su mentor, el cual busca enseñarle las bondades de su recientemente adquirida condición y advertirle del peligro que significa McCarthy en sus vidas. Cabe mencionar que McCarthy dista bastante del típico cazador de vampiros cinematográfico. Es un hombre egocéntrico, cuya cruzada contra los chupasangres solo se sostiene en su búsqueda de fama y reconocimiento de sus pares. Sus métodos son poco ortodoxos, y está dispuesto a sacrificar humanos si con esto logra atrapar a su presa. En términos generales es una verdadera caricatura de la figura clásica del Profesor Van Helsing, imagen que es reforzada por su ayudante, el cual no solo es torpe sino que también es cobarde.

Algo que resulta bastante curioso, es que esta película rompe los moldes concernientes a las actitudes clásicas de los adolescentes en el cine. En una suerte de inversión de los papeles, en esta ocasión el protagonista se siente atraído por Darla Blake (Cheryl Pollack), quien es una chica más bien retraída y de bajo perfil, y no toma en cuenta a Candy Andrews (LeeAnne Locken), quien es una de las chicas más populares de su escuela y que da la casualidad que se siente atraída por él. Quizás por el hecho de que tanto Jeremy como Darla se sienten un poco distanciados del mundo que los rodea, es que el romance que se da entre ellos funciona tan bien. Se siente mucho más real, y eso conlleva a que el espectador se identifique más con ellos. En general, todo el elenco realiza un buen trabajo, en especial Robert Sean Leonard, quien hoy en día es más conocido por su rol de Wilson en la serie “House M.D.”. Aquí interpreta a un personaje bastante querible, que busca sobrellevar de la mejor manera posible sus cambios, sin pasar a llevar a otros en el proceso. En el aspecto técnico, el film cuenta con el discreto trabajo de fotografía de James Bartle, y con la correcta banda sonora compuesta por Steve Dorff, la cual se complementa con algunos clásicos setenteros y ochenteros de bandas como Blondie y Oingo Boingo.

Si bien la cinta cuenta con una buena cantidad de virtudes, también presenta más de algún problema. Después de los primeros cuarenta minutos de metraje, el ritmo del film comienza a decaer, principalmente debido al hecho de que los conflictos principales de la historia llegan a un punto muerto. El director incluye una serie de secuencias que no tienen otro objetivo más que agregarle algunos minutos al film, lo que hace pensar que este habría funcionado mucho mejor si su duración hubiese sido menor. Por otro lado, nos encontramos con una serie de convenientes coincidencias que provocan algunas de las situaciones que ocurren durante el transcurso de la historia, las cuales se ven bastante artificiales. Así mismo, el final parece algo apresurado, por lo que no es del todo satisfactorio. “My Best Friend is a Vampire” es una película entretenida, que presenta un humor más inteligente que el que podemos ver hoy en día en las cintas de este tipo, y que tiene la virtud de haberse atrevido a romper algunas de las convenciones clásicas de género del horror y del llamado subgénero del “cine de monstruos adolescentes”, lo que obviamente la distingue del resto. Aunque no posee las características para tildarla como un “indispensable del género”, de todas formas es recomendable para aquellos que disfrutan los films que mezclan el terror con la comedia.

por Fantomas.

sábado, 24 de marzo de 2012

Way of the Dragon: El "Dragón" ha llegado a Roma.

“Way of the Dragon” (1972), es una cinta de artes marciales dirigida por Bruce Lee, la cual está protagonizada por Nora Miao, Chuck Norris y el mismo Lee.

Tang Lung (Bruce Lee) llega a Roma para ayudar a una amiga de la familia, Chen Ching Hua (Nora Miao), cuyo restaurante está siendo amenazado por una banda de criminales. Tras ponerle precio a la cabeza de Lung, los criminales contratarán a Colt (Chuck Norris), un americano experto en artes marciales que parece ser el único capaz de derrotarlo.

Tras filmar “The Big Boss” (1971), finalizó el contrato que Bruce Lee tenía con el productor Raymond Chow, lo que le permitió al actor crear su propia productora a la que le pondría por nombre Concord. Esto no solo le permitió tener completo control creativo sobre su próximo proyecto, sino que además significó que a la hora de asociarse con la productora Golden Harvest, compañía la cual había sido fundada por Chow, estos no le impusieran la contratación del director Lo Wei, cuya relación con Lee se fracturó por completo durante el rodaje de “The Big Boss”. Fue así como Bruce Lee no solo asumió la elaboración del guión de la cinta, sino que además ofició como director y estrella de la misma, marcando uno de los hitos más importantes de su corta carrera. Pese a ser una película hongkonesa, Lee deseaba internacionalizar su carrera, razón por la cual decidió que uno de los villanos fuese norteamericano. Esto lo llevó a contratar a Chuck Norris, quien en ese entonces aún era un desconocido artista marcial que tuvo la oportunidad de conocer al actor durante una exhibición que el primero realizó a comienzos de los setenta en Long Beach, California.

En el film, Bruce Lee interpreta a Tan Lung, un joven campesino que es enviado a Roma por su tío para ayudar a Chen Ching Hua, cuyo restaurante chino se encuentra bajo el asedio de una banda de criminales. Aunque nunca se explica la razón por la cual el jefe de este grupo de mafiosos desea apoderarse tan urgentemente del lugar, desde el primer minuto queda claro que no aceptarán un no como respuesta, por lo que hasta que Chen Ching se decida a firmar el contrato de venta del local, se dedicarán a ahuyentar a los clientes del lugar y a golpear a los empleados, empujando a estos últimos a aprender karate para poder sacar el negocio adelante. No es hasta que llega Tan Lung, quien logra repeler a los criminales del lugar, que estos deciden contratar a tres expertos en artes marciales, entre los que se encuentra el personaje interpretado por Chuck Norris, con quien el protagonista tendrá un climático combate al interior del coliseo romano. Si bien esta es básicamente la trama, la cual en términos generales parece bastante cliché, esta presenta algunos elementos interesantes, que bien pueden ser vistos como las inquietudes profesionales y personales que tenía Bruce Lee en aquella época, y que quiso plasmar en algo más de una hora y media de metraje.

Desde el inicio del film, queda claro que Bruce Lee deseaba a toda costa demostrar sus dotes como actor cómico, y sabía que esta era la oportunidad para hacerlo. Fue asi como él opta por insertar el aspecto cómico de la historia dentro del tema del choque cultural al que debe enfrentarse Tan Lung a su llegada a Roma. En toda la secuencia en la que el protagonista se pasea ansiosamente por el aeropuerto buscando comida mientras alguien va a recogerlo, se ven las dificultades que se le presentan por el mero hecho de no hablar italiano. Antes de llegar a uno de los restaurantes que posee el aeropuerto, en su intento desesperado por conseguir alimento, el protagonista intenta sin éxito robarle un helado a un niño. El mismo problema idiomático lo llevará a pedir por equivocación cinco platos de sopa en el ya mencionado restaurante, lo que difícilmente logrará saciar su apetito. El tema de la comunicación no es lo único que dificultará la adaptación de Tan Lung a su nuevo hogar. Su vestimenta, la cual es típica de China, es objeto de burla entre sus compatriotas que trabajan en el restaurante, los cuales llevan años viviendo en Europa. Lo mismo sucede con su comportamiento, el cual es visto con desconfianza y algo de sorpresa por quienes lo rodean. Probablemente el momento que mejor ejemplifica este “traumatizante” primer encuentro con la cultura italiana, es aquel en que una bella joven lleva al protagonista a su departamento. Este siendo un hombre de campo el cual está acostumbrado a una solemnidad constante en su actuar, termina actuando como un niño asustadizo cuando se encuentra de golpe con la joven desnuda en frente suyo.

Mientras que el segmento cómico del film se prolonga durante la primera media hora de metraje, el tema de la dicotomía cultural se extiende durante toda la cinta, aunque no de forma tan explícita. Dentro del discurso de Tan Lung se percibe un marcado patriotismo, lo cual bien puede ser visto como una extensión del pensamiento de Bruce Lee, quien ya había expuesto su fervor por la cultura china en el film “Fist of Fury” (1971). Resulta curioso que antes de la llegada del protagonista a Roma, todos los meseros del restaurante chino practiquen karate y no kung-fu, teniendo en cuenta que el primero es originario de Japón. Con el arribo de Tan Lung, el resto de sus compatriotas no solo aprenden a valorar el kung-fu, sino que además logran vencer a sus rivales por primera vez en mucho tiempo. Ya durante el segundo tramo de la cinta, esta se vuelca de lleno a las escenas de acción, las cuales en su mayoría ocurren en el pequeño patio trasero del restaurante. Es ahí donde Bruce Lee demuestra las razones que lo llevaron a convertirse en una figura inmortal dentro del cine de artes marciales. Las escenas de lucha, las cuales fueron coreografiadas por él, no suelen caracterizarse por su espectacularidad, sino que se destacan por la crudeza bestial que exhibe el actor en cada movimiento que realiza. Es por esto que el centro de atención de dichas secuencias son la velocidad de cada uno de los movimientos de Lee, y el daño que estos provocan en sus oponentes.

Las escenas de acción son bastantes y en su mayoría resultan ser entretenidas y visualmente atractivas, pero ninguna se compara a la famosa secuencia que enfrenta a Tan Lung con el personaje interpretado por Chuck Norris. No solo el escenario donde esta transcurre le otorga un aire épico a todo el asunto, sino que además la lucha está muy bien coreografiada, y el hecho de que no exista diálogo alguno mientras ocurre el enfrentamiento, le imprime un cierto grado de solemnidad a este choque de titanes del género. Pese a que la cinta presenta una serie de elementos destacables, no es precisamente la mejor obra de Lee. Las actuaciones en general son algo mediocres, siendo Nora Miao prácticamente la única que realiza un buen trabajo, interpretando a esta joven mujer que intenta sacar adelante su negocio, y que tras superar la nefasta primera impresión que tiene del protagonista, comienza a sentir algo más profundo por él. Si bien Bruce Lee demuestra tener gracia como actor cómico, recurriendo bastante al humor slapstick y a la expresividad de su rostro, por momentos cae en la sobreactuación y parece estar algo desconectado del medio que lo rodea. En cuanto a Norris, este tiene escasas líneas de diálogo, pero de todas formas interpreta con sobriedad a un personaje que si bien es contratado para asesinar al protagonista, no oculta el respeto que siente por él.

En el aspecto técnico, si bien es meritorio el hecho de que se le haya sacado el máximo provecho posible a algunas locaciones turísticas en Roma, el trabajo de fotografía de Tadashi Nishimoto resulta ser mediocre. Afortunadamente no sucede lo mismo con la banda sonora compuesta por Joseph Koo, la cual acompaña de buena manera a las imágenes, en especial durante el segmento cómico del film. Con respecto a esto, existe un dato curioso en relación a la banda sonora. Por razones que desconozco, Koo tomó prestado parte de la música que Ennio Morricone compuso para la cinta “Once Upon a Time in the West” (1968), y uno de los temas de la banda sonora de “Diamonds Are Forever” (1971), la cual estuvo a cargo de John Barry, para acompañar dos escenas claves de la película. Más allá de esta curiosidad, “Way of the Dragon” se caracteriza por ser un largometraje entretenido, que posee un buen ritmo narrativo, bastantes escenas de acción, y la magnética presencia del siempre carismático Bruce Lee. En la vereda contraria, la historia por momentos carece de cohesión, dejando una buena cantidad de interrogantes sin responder sobre la mesa, los diálogos son pocos inspirados, y posee un par de vueltas de tuerca que si bien son sorprendentes, parecen innecesarias. Pese a sus defectos, "Way of the Dragon” posee una cantidad suficiente de elementos redentores como para convertirse en una película recomendable, la cual tiene la virtud de haber sido la causante de lanzar a Chuck Norris al estrellato, y haberle otorgado a Bruce Lee la oportunidad de alcanzar su sueño e insertarse en la industria hollywoodense, aunque fuese por muy poco tiempo.

por Fantomas.

lunes, 19 de marzo de 2012

Quick Change: Un robo para la risa.

“Quick Change” (1990), es una comedia dirigida por Howard Franklin y Bill Murray, la cual está protagonizada por el mismo Murray, Geena Davis y Randy Quaid.

Tras robar un banco disfrazado de payaso, Grimm (Bill Murray) y sus cómplices deberán intentar salir de Nueva York con destino a un lugar paradisiaco. Seguidos de cerca por la policía, escapar de la ciudad que tanto odian puede resultar aún más difícil que cometer el curioso robo que han decido llevar a cabo.

A través de los años, han sido varias las películas que pueden ser vistas como verdaderas odas cinematográficas a la ciudad de Nueva York. Algunas siguen siendo recordadas hasta el día de hoy, como por ejemplo “Manhattan” (1979) de Woody Allen, o “King of Comedy” (1983) de Martin Scorsese. Otras sin embargo, terminan siendo relegadas a un segundo plano, siendo olvidadas por completo con el paso del tiempo. Ese es precisamente el caso de “Quick Change”, la primera y única cinta como director del actor Bill Murray. Cuando su carrera no estaba precisamente en su mejor momento, Murray se embarcó en la adaptación de la novela del mismo nombre del escritor Jay Cronley, la cual ya había sido llevada al cine anteriormente por el director Alexandre Arcady bajo el título de “Hold-Up” (1985), siendo protagonizada por Jean-Paul Belmondo. El guionista Howard Franklin sería el encargado de adaptar la novela. Sin embargo, cuando este se embarcó en el proyecto nunca esperó que eventualmente pasaría a dirigir la cinta en compañía de Murray. Esto sucedería luego de que la dupla no pudiera encontrar a un director de su gusto, tras las negativas de Jonathan Demme y Ron Howard.

Un hombre vestido como payaso se baja del metro de Nueva York con dificultad, intentando pasar entre la gente que le impide bajarse del vagón, con un montón de globos que lleva en una de sus manos, para dirigirse a uno de los tantos bancos de la ciudad. Pese a que el banco está por cerrar sus puertas, el payaso con arma en mano, convence al guardia de seguridad que le permita entrar para realizar uno de los robos cinematográficos más vistosos e inteligentes de la historia del cine. El hombre que está a punto de salir del banco con un par de millones de dólares es Grimm, un trabajador público que está aburrido de la vida en la Gran Manzana, y que ahora ha tomado una decisión radical que a su manera de ver, es la única forma de escapar de la ciudad que tanto odia. Es así como comienza esta peculiar comedia, que intenta darle un original giro al cine centrado en intrincados robos llevados a cabo por un grupo de personas, el cual gozó de bastante popularidad en la década de los cincuenta. Como es de esperarse, Grimm no trabaja solo, sino que es ayudado por Phyllis (Geena Davis), su pareja, quien lo ha seguido en su alocado plan solo por el amor que esta le tiene; y por Loomis (Randy Quaid), su mejor amigo, quien lo admira ciegamente y que está dispuesto a seguirlo donde sea.

El primer tramo del film, que abarca todo el desarrollo del robo, es probablemente la mejor parte de la cinta. El plan es sencillo pero brillante, y el personaje de Murray es retratado como un sabelotodo con nervios de acero, lo que juega a favor de toda la situación. Realmente toma su papel de payaso en serio, y se atreve a burlarse de la policía, de los medios, e incluso de los rehenes, a quienes confunde con su desquiciada actitud. Su disposición con la gente que lo rodea es completamente comprensible cuando esta se yuxtapone con el circo que han formado los medios en las afueras del banco. Periodistas y curiosos se han agolpado en las inmediaciones del lugar, lo que varios vendedores ambulantes han identificado como una oportunidad comercial bastante rentable. El simple hecho de que todo el mundo esté intentando sacar provecho de una situación en esencia trágica, provoca que el espectador se identifique aún más con el protagonista, involucrándose de lleno en el resultado del robo. Por otra parte, aquí es donde comienza la rivalidad entre Grimm y Rotzinger (Jason Robards), el veterano jefe de la policía que intentará a toda costa detener al osado ladrón que está destruyendo la reputación que tantos años le ha costado construir.

Si bien toda la secuencia del robo es realmente ingeniosa y divertida, esta solo dura alrededor de 25 minutos, tras lo cual comienza el tortuoso escape del trío de improvisados ladrones por las calles de Nueva York. Es aquí donde no solo se exponen las razones por las cuales Grimm odia tanto a la ciudad, sino que también se profundiza en la relación que existe entre los protagonistas y las razones que los llevaron a planear y ejecutar el robo. La poca preocupación por el prójimo, la alta tasa de crímenes, la ineficacia de las autoridades, y la mala calidad de vida, entre otras cosas, son parte de las razones por las cuales el personaje de Murray desea escapar con su amada a una paradisiaca playa. Y es que para colmo, en su camino al aeropuerto, Grimm y compañía se toparan con ladrones, ciudadanos con alma de vigilantes, miembros de la mafia, un taxista que no habla inglés (brillantemente interpretado por Tony Shalhoub), y un conductor de autobús (Philip Bosco) que al intentar conservar el orden en el caótico mundo en el que se mueve, genera gran parte de las escenas más cómicas de la cinta. Si bien en lo personal muchas de estas situaciones me parecieron divertidas, es inevitable reconocer que en su gran mayoría son bastante inverosímiles, más aún cuando el protagonista logra resolverlas de manera bastante conveniente.

Bill Murray es un actor de mente ágil, lo que lo ha ayudado a improvisar en varias de las cintas en las cuales ha participado con exitosos resultados. Por ende, para que su genialidad funcione a toda su capacidad, necesita desenvolverse en una historia donde las situaciones vayan aconteciéndose de forma frenética, cosa que sucede en “Quick Change”. El actor realiza un buen trabajo interpretando a este hombre capaz de ir un paso adelante del resto, sin olvidar a quienes han decidido acompañarlo en su arriesgada aventura, razón por la cual probablemente este sea uno de sus personajes más queribles. Geena Davis por su parte, es una actriz versátil con marcados dotes para la comedia, la cual además exhibe una gran química con Murray, lo que ayuda a que su romance cinematográfico adquiera mayor credibilidad. En lo que respecta a Randy Quaid, si bien interpreta de buena manera a un personaje que se caracteriza por ser inocentón y bastante torpe, después de un rato este se vuelve algo cansador, lo que lo termina convirtiendo en uno de los puntos más bajos de la cinta. Por último cabe destacar la actuación de Jason Robards, quien se muestra como el perfecto rival del protagonista, no solo debido a su gran ingenio, sino además por la tenacidad que este exhibe durante todo el transcurso del film.

En el aspecto técnico, la cinta cuenta con un buen trabajo de fotografía de Michael Chapman, quien le saca un buen provecho a los distintos puntos de la ciudad por donde transitan los protagonistas, convirtiendo a Nueva York en un personaje más del film. En cuanto a la banda sonora compuesta por Randy Edelman, si bien resulta ser correcta, no es precisamente memorable y se olvida a los poco minutos de terminada la película. “Quick Change” es una cinta entretenida, que tiene un ritmo narrativo bastante frenético, buenos diálogos, destacables actuaciones, una buena cantidad de personajes secundarios interesantes, y situaciones realmente cómicas, lo cual solo es opacado por la inverosimilitud de algunos pasajes, lo que impide que la película pueda ser considerada como una comedia brillante. Es quizás por ese detalle que el film no fue muy bien recibido al momento de su estreno, aún cuando Bill Murray se había mostrado optimista en una entrevista en la que declaró: “Todos disfrutarán esta película. En especial los neoyorkinos debido a que saben mejor que nadie lo horrible que es su ciudad”. A mi gusto, “Quick Change” es una de esas películas que parecen adquirir más valor con el paso del tiempo. Y es que básicamente es una divertida fábula acerca de un grupo de personajes anónimos que intentan sobrevivir en un verdadero infierno urbano, y en ese sentido funciona bastante bien.

por Fantomas.

sábado, 17 de marzo de 2012

Bob le Flambeur: Los constantes giros de la suerte.

“Bob le Flambeur” (1956), es un drama criminal del director Jean-Pierre Melville, el cual está protagonizado por Roger Duchesne, Daniel Cauchy, e Isabelle Corey.

Bob Montagné (Roger Duchesne) es un jugador fracasado que se abre camino a través del submundo parisino. Cuando su dinero está a punto de acabarse, decide asaltar un casino con la ayuda de sus viejos camaradas. Sin embargo, en su camino se interpondrán la traición, secretos y una peligrosa y seductora joven, que eventualmente amenazan con echar por la borda su magistral golpe final.

Jean-Pierre Melville, cuyo verdadero apellido es Grumberg (su apellido “artístico” se debía a la admiración que sentía por Herman Melville, el autor de “Moby Dick"), es considerado por muchos como el padre de la Nouvelle Vague, nombre que se le dio al movimiento liderado por un grupo de cineastas franceses que surgió a fines de la década del cincuenta, los que decidieron revelarse en contra de las estructuras del cine francés de la época, no solo en términos técnicos sino también narrativos. Mientras que Melville rodaba las escenas en locaciones con cámara en mano montado sobre una bicicleta, este exponía sus intereses personales. Su admiración por el cine y la cultura norteamericana, la cual compartían los cineastas de la Nouvelle Vague, lo llevó no solo a viajar a los Estados Unidos para filmar una cinta, sino que además a expresar su afición abiertamente, llegando a los sets de filmación en su coche americano, utilizando un sombrero vaquero y unos Ray-Ban. Con respecto a esto, el actor Daniel Cauchy recordaría en una ocasión: “siempre sintonizaba la emisora de las Fuerzas Armadas, en la que escuchaba a Glenn Miller”. Al mismo tiempo, devoraba las películas americanas de gánsteres, las cuales eventualmente adaptaría a sus propios cánones, empapándolas de referencias personales y sofisticación.

Ese es precisamente el caso de “Bob le Flambeur”, el quinto trabajo del director, el cual es considerado por muchos como la cinta que inauguró el movimiento de la Nouvelle Vague. El protagonista de la historia es Bob Montagné, un ex ladrón de bancos que ahora pasa sus días apostando el poco dinero que le queda en los cuartos privados que abundan en las calles del barrio de Pigalle. El hecho de que pierda cada apuesta que realiza poco parece importarle, razón por la cual tampoco se cuestiona su accionar diario. Bob es un apostador empedernido, que busca incesantemente a la suerte, su vieja amante perdida, incluso al llegar a su casa todas las noches, donde utiliza una moneda en la máquina tragamonedas que guarda en su closet. Tan importante como su pasión por el juego, es el cuidado de las apariencias y su estricto código de honor, que lo lleva a despreciar a los proxenetas que rondan en su querido barrio, por violar la galantería de los criminales sofisticados como él. Pese a su infortunado presente, Bob sigue siendo venerado por sus cercanos, en especial por su protegido Paolo (Daniel Cauchy), quién intenta seguir cada uno de los pasos de su mentor, aunque no siempre lo logra, lo que eventualmente lo mete en problemas que ni el mismo Bob podrá solucionar.

La cinta comienza con una descripción de las calles del barrio de Pigalle, escenario donde se desarrolla gran parte del relato, para luego presentarnos parte de la rutina diaria del protagonista, sus andanzas por las diversas salas de apuestas del lugar y su inclinación por rescatar de las calles a apuestas jovencitas que intentan ganarse la vida de manera fácil. Es así como se encuentra con Anne (Isabelle Corey), una joven que es pretendida por un proxeneta llamado Marc (Gérard Buhr), quien hace las veces de villano del film. Dicha joven, terminará convirtiéndose en el objeto de deseo de Paolo, y en la causante de su descenso al infierno. Para Bob, dentro de su galantería, la joven no es más que alguien que se encuentra perdida en la vida, y que necesita una mano para no caer en las garras de los hombres más detestables del submundo donde se mueve. Es por esto que el protagonista no solo le ofrece un techo donde vivir, sino que también le consigue trabajo e intenta emparejarla con Paolo. Sin embargo, Anne es una femme fatale en toda su regla, cuya frialdad la lleva a utilizar a los hombres para conseguir un fin determinado. En todo el transcurso de la historia, Anne solo tiene una muestra de real afecto hacia Bob, a quién le entrega una flor en muestra de gratitud, gesto que probablemente escondía algún significado especial para Melville, debido a que este también lo incluye en el film “Le Cercle Rouge” (1971).

Será en una de sus tantas visitas a uno de los casinos de la ciudad de Paris, que Bob escucha que en el casino de Deauville la caja fuerte contiene más de ochocientos millones de francos. Es ahí cuando decide intentar cambiar su suerte, planeando un robo en compañía de un grupo de viejos colegas. En un principio el plan parece sencillo, y a medida que los involucrados ensayan cada uno de los pasos a seguir, en su mente el robo comienza a parecer cada vez más perfecto. En el segundo tramo de la cinta, vemos con lujo de detalle todo el proceso que precede al robo, comenzado con el reclutamiento de los ladrones, continuando con la simulación del robo en un sitio baldío, y terminando con la práctica metódica del encargado de abrir la caja fuerte. Lo que en un principio parece ser un plan a prueba de fallas, eventualmente se verá amenazado por los fantasmas de los protagonistas, los cuales comienzan a confabular en su contra. Las mujeres se vuelven un problema y su traición amenaza por echar por la borda los sueños de riqueza de este grupo de criminales. Por otro lado, la pasión incombustible por el juego del protagonista no solo se vuelve un problema primordial a la hora de cometer el robo, sino que también es parte esencial de la increíble vuelta de tuerca final del film, la cual está cargada de tensión e ironía.

En el ámbito de las actuaciones, nos encontramos con un elenco que sorprendentemente realiza un estupendo trabajo, y digo sorprendentemente porque no todos eran actores profesionales. Melville no contaba precisamente con un gran presupuesto, lo que lo obligó a rodar la cinta por partes mientras conseguía el dinero necesario para poder pagarles a los actores. Daniel Cauchy recordaría en una ocasión el director le dijo: “Ahora mismo tengo dinero para tres o cuatro días, y después de eso filmaremos cuando podamos”. Dicha situación lo llevó a tomar decisiones bastante arriesgadas a la hora de escoger al reparto. En aquel entonces, Roger Duchesne tenía serios problemas con el alcohol, lo que lo transformaba en una persona impredecible. Pese a esto, su trabajo en el film es impecable a la hora de darle vida a este criminal honorable, hombre de pocas palabras, cuya afición por el juego en ocasiones sobrepasa el límite de la cordura. Por otro lado, Isabelle Corey, quién interpreta de gran manera a quién es quizás uno de los personajes más interesantes de la historia, fue recogida de la calle por Melville, quien tras invitarla a dar un paseo en su automóvil americano, descubrió que la atractiva joven solo tenía dieciséis años. Por último cabe destacar la actuación de Daniel Cauchy, que logra dotar a Paolo de un aire inocentón, que lo arrastrará a perder la cabeza por una mujer que no muestra mayor interés en él.

El film también presenta un apartado técnico destacable. No solo cuenta con un estupendo trabajo de fotografía de Henri Decaë y Maurice Blettery, sino que además cuenta con la atmosférica banda sonora compuesta por Jo Boyer y Eddie Barclay. En conjunto, estos elementos dotan a la cinta de un aire melancólico y algo romántico, lo que se mezcla bien con las intenciones del director de representar el mundo criminal con sofisticación. En gran medida, “Bob le Flambeur” no es más que la expresión de la admiración que Melville sentía por el film noir norteamericano, lo que mezcla con referencias personales, otorgándole un sello propio e inconfundible al film. Oficiando de narrador, el director nos entrega su percepción del mundo del protagonista, la cual está cargada de ironía y cinismo. La cinta cuenta con un ritmo narrativo pausado, pero nunca tedioso, y está repleta de diálogos destacables y situaciones memorables, razón por la cual el mismísimo Jean-Luc Godard ha mencionado que esta es su película preferida de Melville. Y es que bajo la apariencia de un relato sobre el asalto a un casino, se esconde una fábula moral repleta de personajes inolvidables, y un final que es fiel a la esencia del protagonista.

por Fantomas.

martes, 13 de marzo de 2012

Caltiki, Il mostro Immortale: Freda, Bava, los mayas y el fin del mundo.

“Caltiki, Il mostro Immortale” (1959), es una cinta de terror y ciencia ficción del director Riccardo Freda, la cual está protagonizada por John Merivale, Didi Sullivan, y Gérard Herter.

Durante una expedición científica a las ruinas mayas en Tikal, el doctor John Fielding (John Merivale) y su equipo son atacados por un monstruo gigantesco que destruye todo a su paso. Tras quemar al monstruo y conseguir un fragmento del mismo, Fielding regresa a casa con el objetivo de examinar la naturaleza de la extraña criatura, sin imaginarse que esta causó la desaparición de los mayas y que ahora puede causar la destrucción de la humanidad.

Durante gran parte de la década del cuarenta y del cincuenta, el cine de terror era visto tanto por la crítica como por el público como un género de segunda categoría, lo que significó que durante mucho tiempo no se estrenaran muchas producciones de este tipo, especialmente en Europa. Esta noción del cine de terror como algo burdo, se mantendría hasta fines de los cincuenta, cuando la productora británica Hammer Films demostró que el género no solo permitía obtener ganancias económicas, sino que además dejaba cabida a expresiones artísticas dignas de aplauso. Sin embargo, antes de que esto sucediera, existieron algunos directores que se atrevieron a probar suerte con modestas producciones, no siempre logrando los resultados deseados. Este fue el caso del italiano Riccardo Freda, responsable de la primera cinta de terror gótico italiana, “I Vampiri” (1956), la cual marcaría el camino para otros directores como su amigo Mario Bava, quienes pronto emprenderían la difícil tarea de cimentar las bases del cine de terror italiano, otorgándole una identidad propia e inigualable.

Lamentablemente para Freda, su primera incursión en el género tendría una fría recepción del público, lo que provocaría que los productores perdieran todo interés en financiar películas de características similares. Fue ahí cuando el director comprendió que para poder rodar su próxima cinta, tendría que desarrollar una idea que pudiese ser ofrecida en distintos mercados. Fue por este motivo que junto al guionista Filippo Sanjust, tomaron parte de la premisa del film norteamericano “The Blob” (1958), la mezclaron con algunos elementos de la producción de la Hammer, “The Quatermass Xperiment” (1955), y agregaron algunas ideas propias para darle vida al curioso guión de “Caltiki, Il mostro Immortale”. Como el director sabía que tomar ideas prestadas de otras producciones exitosas no era suficiente para disipar las dudas que el público y la crítica italiana tenían de los profesionales de su propia industria cinematográfica, Freda optó por anglicanizar su nombre (utilizó el seudónimo de Robert Hamton) y los nombres de su equipo de filmación, para hacer creer a la audiencia que el film era británico. Aunque el proyecto se veía prometedor, el director era conocido por ser un tipo complicado que en más de una ocasión abandonó rodajes por mero capricho. Precisamente esto fue lo que sucedió durante la filmación de la cinta, por lo que el puesto de director cayó en manos de Mario Bava, quien oficiaba de director de fotografía del film. Algunos años después, en una entrevista Freda explicaría que la razón por la que abandonó el rodaje, fue porque deseaba darle una oportunidad a su amigo Mario para dirigir.

La cinta comienza en Tikal, donde un grupo de investigadores encabezados por el doctor John Fielding, intentan resolver la interrogante que se esconde tras la desaparición del pueblo maya. Lo que parece ser una expedición tranquila, se ve interrumpida por la súbita muerte de dos científicos que se encontraban rondando las cercanías de uno de los volcanes de la zona. Con el objetivo de descubrir que fue lo que realmente sucedió con ellos, Fielding y compañía se adentran en un templo subterráneo lleno de riquezas, el cual se encuentra custodiado por Caltiki, una criatura de naturaleza desconocida que destruye todo lo que toca (su modus operandi es básicamente el mismo que el del monstruo de “The Blob”). Tras escapar y destruir a este ser extraño, los sobrevivientes se trasladan a Ciudad de México llevando un fragmento de este con ellos, sin imaginarse que sus ansias por resolver sus interrogantes terminarán por poner en riesgo a toda la gente que los rodea, dando inicio a lo que bien podría convertirse en el fin del mundo. Si bien esto podría ser considerado como el núcleo del relato, la verdad es que Freda en su intento por satisfacer a una audiencia más diversa, decide explorar distintos temas y subtramas que no siempre se entrelazan de manera coherente, logrando que esta producción sea más interesante de lo parece.

Junto al conflicto principal, nos encontramos con el rápido descenso a la locura de Max Gunther (Gérard Herter), uno de los colaboradores de Fielding que en la expedición pierde un brazo a manos del monstruo, lo que desata que comience a aflorar el lado más oscuro de este. Y es que eventualmente este personaje se convierte en un asesino cuya obsesión con la esposa de Fielding, llega a niveles enfermizos. De forma paralela, se explora la suerte de triángulo amoroso que se produce entre Ellen (Didi Sullivan), Max, y Linda (Daniela Rocca), siendo esta última una suerte de sirvienta del matrimonio Fielding que se encuentra locamente enamorada de Max. No contento con esto, Freda añade a la mezcla una serie de experimentos que buscan despertar a la criatura, y una teoría que involucra a un meteorito que pasa una vez cada cientos de años, y que cuyas propiedades radiactivas parecen ser el detonante del crecimiento de Caltiki. Afortunadamente, pese a que varias de las ideas lanzadas a la mezcla son bastante inverosímiles y no parecen tener demasiada relación las unas con las otras, el director logra sacar adelante la cinta a base de momentos efectistas apoyados por el excelente equipo técnico con el que contaba.

Si bien la cinta contó con un escaso presupuesto, razón por la cual los efectos especiales son bastante básicos, quedando en evidencia el excesivo uso de maquetas e incluso de algunos juguetes, los cuales en su mayoría son utilizados en el último tramo del film, esto queda en segundo plano gracias al estupendo trabajo de fotografía de Mario Bava, y a la también destacable banda sonora compuesta por Roberto Nicolosi y Roman Vlad, elementos que combinados dotan al film de una atmósfera sombría y perturbadora, incluso en aquellas escenas donde los efectos especiales muestran más de alguna falencia (dicho sea de paso, estos también estuvieron a cargo de Bava). Por otro lado, las actuaciones van desde lo mediocre hasta lo medianamente correcto. Y es que estamos ante personajes unidimensionales, meros estereotipos del científico, del héroe, del villano, y de la damisela en peligro, tan propios del cine serie B de ciencia ficción norteamericano. Esto dificulta que el espectador se involucre demasiado con los protagonistas y sus conflictos, y se preocupe más por el apartado visual o por los múltiples giros narrativos que ofrece el film.

En un poco más de una hora de metraje, Riccardo Freda y Mario Bava (vamos a darles el mismo reconocimiento, pese a que no se sabe con certeza qué porcentaje de la responsabilidad del film le corresponde a cada uno) nos entregan una cinta entretenida, con un ritmo de narrativo frenético, y que con el paso de los años se ha convertido en una obra de culto. Esto se debe sin lugar a dudas a su potente apartado visual, cuya sofisticación pone al film un escalafón más arriba que algunas de las producciones realizadas por figuras insignes del cine de ciencia ficción norteamericano de la época, como Bert I. Gordon y Nathan Juran. Por otro lado, cabe mencionar que algunas de las escenas de la cinta podrían considerarse como verdaderas precursoras de lo que sería el cine gore italiano, el cual en un futuro sería comandado por figuras como Lucio Fulci y Dario Argento, entre otros. En definitiva, “Caltiki, Il mostro Immortale” es una película absolutamente recomendable, que en la medida de lo posible ha soportado de buena forma el paso del tiempo, aún cuando parte de su guión, sus humildes efectos especiales, y algunas de las actuaciones le jueguen algo en contra.


por Fantomas.

sábado, 10 de marzo de 2012

Operation Crossbow: El último recurso de la ingeniería nazi.

“Operation Crossbow” (1965), es un thriller de espías del director Michael Anderson, el cual está protagonizado por George Peppard, Sophia Loren, Trevor Howard, y John Mills.

Durante la Segunda Guerra Mundial, un comando secreto de las fuerzas aliadas recibe información sobre una nueva y poderosa arma que el Tercer Reich va a usar contra Inglaterra. Es entonces cuando deciden preparar a un pequeño grupo de soldados para infiltrarse en una fábrica subterránea, dónde se cree los nazis están trabajando en algunas armas que podrían cambiar el curso de la guerra.


Durante la década de los sesenta, se estrenó una gran cantidad de thrillers de espionaje y cintas bélicas situadas en la Segunda Guerra Mundial, las cuales se caracterizaban por contar con altos presupuestos, y estar protagonizadas por un largo grupo de estrellas consagradas, quienes en algunas ocasiones solo participaban con breves cameos. Precisamente sería el director Michael Anderson, responsable de la cinta que hoy nos ocupa, quién se haría cargo de al menos tres de estas superproducciones. En el caso de “Operation Crossbow”, la película se centra en los esfuerzos de un grupo de operativos británicos, y algunos norteamericanos, por encontrar y destruir los cohetes V1 y V2 que los nazis desarrollaron y comenzaron a utilizar al final de la guerra. En el desarrollo del guión estaría involucrado el prestigioso guionista Emeric Pressburger, cuya carrera en aquel entonces se encontraba en un punto bastante álgido. Su delicado estado financiero, lo llevó a aceptar la tarea de reescribir el guión escrito por Derry Quinn y Ray Rigby, quedando solo unas pocas semanas para que comenzara la filmación del film. Agobiado por la escasez de tiempo, Pressburger realizó una serie de cambios de forma apresurada, logrando entregar el guión final solo unas horas antes del comienzo del rodaje. Por el temor que le producía el hecho de que su carrera se hundiera aún más por un guión escrito a la rápida, Pressburger decidió ocupar el seudónimo de Richard Imrie, el cual volvería a utilizar en su siguiente trabajo.

Como mencionaba anteriormente, la cinta se sitúa en el último tramo de la Segunda Guerra Mundial, cuando tras recibir una serie de fotografías aéreas que parecen indicar que los alemanes están fabricando armas de largo alcance, el Primer Ministro Winston Churchill (Patrick Wymark) le encarga a Duncan Sandys (Richard Johnson), uno de sus ministros, el reclutamiento de una serie de voluntarios con conocimientos de ingeniería e idiomas, con el fin de infiltrarlos en la que se cree que es la fábrica en la que se están construyendo estás nuevas armas, cuyo único fin era retrasar el ya casi inevitable derrocamiento de nazismo. Eventualmente el ejército británico escoge a tres soldados que parecen cumplir los requisitos principales: el teniente norteamericano John Curtis (George Peppard), el británico Robert Henshaw (Tom Courtenay), y el holandés Phil Bradley (Jeremy Kemp). Con un escaso tiempo a cuestas, estos tres hombres son preparados para asumir la identidad de tres colaboradores de los nazis que han muerto durante la guerra, para luego adentrarse en territorio francés y así ser llevados por reclutadores alemanes a la tan buscada y temida fábrica subterránea.

Evidentemente la misión se irá complicando a medida que pasa el tiempo, no solo por el hecho de que el lanzamiento de los cohetes está por acontecer, sino porque además los improvisados espías tendrán que solucionar algunos imprevistos para los que no estaban preparados. Es aquí cuando entra en escena Bamford (Anthony Quayle), un agente doble que está bastante ligado a la fabricación de los cohetes, y Nora (Sophia Loren), la hermosa mujer del hombre que está siendo suplantado por el teniente Curtis, quién está buscando a su esposo para que le ceda la tuición de sus hijos. En relación a esto, puntualmente a la participación de Sophia Loren en la cinta, cabe mencionar que su papel es más bien pequeño y responde a la petición que le hizo su marido Carlo Ponti, quien además es el productor de este film, quien creía que la sola presencia de la actriz serviría para atraer más gente a las salas de cine. Más allá de esto, si bien es evidente que la inclusión de su personaje tiene como principal objetivo imprimirle ciertas dosis de suspenso a la cinta, también logra humanizar al personaje de Peppard, quien hasta antes de toparse con esta mujer cae en el típico arquetipo del personaje rebelde y mujeriego. El personaje de Loren además sirve para demostrar que en toda guerra existen víctimas inocentes, cuyas muertes en ocasiones responden al llamado “bien común”.

Podría decirse que la cinta está conformada por una serie de episodios, en los cuales se examinan los distintos aspectos de todo este operativo. No solo se hace hincapié en el sistema de espionaje aéreo del ejército aliado, y en la toma de decisiones al interior del gobierno británico, sino que también existe un segmento del film el cual se centra en los experimentos fracasados del ejército nazi, y en las consecuencias que estos tuvieron para sus propios soldados. Es precisamente en este tramo de la película, que la etiqueta de villanos con la cual usualmente se identifica al ejército nazi, desaparece por algunos minutos para identificarlos únicamente como hombres cuyas órdenes les costaron la vida. Es a través del entrelazamiento de esta serie de “segmentos” que durante la primera mitad de la cinta, el espectador se entera de la situación a la que tendrán que enfrentarse los protagonistas. Ya durante el segundo tramo de la película, esta se mete de lleno en el trabajo de espionaje en terreno, primero al interior de un hostal vigilado de cerca por los nazis, y luego dentro de la fábrica, dónde además ocurren prácticamente todas las escenas de acción que presenta el film.

En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza un buen trabajo, con la excepción de Sophia Loren, cuya interpretación de una mujer que sin querer se ve enfrentada a la posibilidad de perder la vida con el fin de salvaguardar la operación de espionaje británico, resulta poco creíble por momentos, especialmente porque la actriz cae en la sobreactuación. En el aspecto técnico, la cinta cuenta con el espléndido trabajo de fotografía de Erwin Hillier, y la atmosférica banda sonora del compositor Ron Goodwin, quienes en conjunto logran darle un mayor dramatismo a determinadas escenas. Por otro lado, un aspecto destacable de film son sus efectos especiales y la selección de locaciones, elementos los cuales logran darle una mayor credibilidad a la cinta. En relación a esto, Michael Anderson mostró una gran preocupación por rodar una película que se acercara lo más posible a la realidad, lo que lo llevó a utilizar material de archivo para recrear ciertas escenas en las cuales se pretende mostrar como los británicos detuvieron el inminente bombardero a su país. Lo que es aún más importante, el director tuvo una serie de discusiones con los ejecutivos de la MGM, con el objetivo de lograr que los personajes germanos efectivamente hablaran alemán y no inglés, lo que obviamente le da un toque de realismo mayor a la producción.

Si bien “Operation Crossbow” no difiere demasiado del resto de las producciones sesenteras que presentaban temáticas similares, tiene la virtud de ser una película entretenida, con un destacable apartado técnico, y cuyo ritmo narrativo resulta ser bastante fluido. Sin embargo, difícilmente podría ser enmarcada entre las mejores películas de su género. Quizás por eso al momento de su estreno en Norteamérica tuvo una fría recepción, lo que llevó a los distribuidores a cambiar el título del film por “The Great Spy Mission”, debido que pensaban que el título original llevaría a la gente a creer que se trababa de un drama médico, género el cual no gozaba de mucha popularidad a mediados de los sesenta. De todas formas, estamos ante una película recomendable, que ha logrado envejecer de manera digna, y que explora un tema no muchas veces tratado dentro del género del cine bélico. Como dato curioso, al momento de su estreno, Duncan Sandys, quien en el film es retratado como el ministro responsable de la heroica operación, estaba siendo acusado de ser el principal responsable de haber destruido la industria aeronáutica británica, debido a su insistencia en la idea de que los misiles habían dejado obsoletos a los aviones como armas bélicas.

por Fantomas.

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