“Laurin” (1989), es un film de terror del director Robert Sigl, el cual está protagonizado por Dóra Szinetár, Brigitte Karner, Károly Eperjes y Hédi Temessy.
En una idílica localidad costera alemana vive Laurin (Dóra Szinetár), una niña de 9 años, junto a su madre Flora (Brigitte Karner), su padre Arne (János Derzsi) y su abuela Olga (Hédi Temessy). Una noche, Flora muere bajo extrañas circunstancias en lo que parece ser un horrible accidente. Poco tiempo después, a la escuela del lugar llega un profesor llamado Van Rees (Károly Eperjes), con quien Laurin entablará una extraña relación. Es entonces cuando la pequeña comienza a tener visiones y sueños que sugieren que la muerte de su madre no fue accidental. En sus intentos por descubrir la verdad de lo ocurrido, sin saberlo, Laurin inevitablemente pondrá su vida en peligro.
Tras graduarse en la Escuela de Cine de Múnich en el año 1987 y filmar dos cortometrajes, el director Robert Sigl, quien en ese entonces tenía 25 años de edad, comenzó con los preparativos del proyecto que se convertiría en su primer largometraje, una extraña historia titulada “Laurin”. El guión de dicho proyecto, el cual fue escrito por el mismo Sigl junto al guionista Adám Rozgonyi, fue rodado en su totalidad en Hungría con la colaboración de actores locales. Tal y como sucede en las cintas “Valerie and Her Week of Wonders” (1970) y “The Company of Wolves” (1984), este fascinante thriller de época utiliza imágenes propias de un espeluznante cuento de hadas para narrar una hipnótica fábula sobre los traumas de la adolescencia y el despertar del deseo sexual. En gran medida, el director aprovecha la estética del film para fusionar lo real y lo meramente fantástico, trazando una delgada línea divisoria entre ambos mundos. Al mismo tiempo, con el fin de realzar el tono onírico de la historia, Sigl utiliza un estilo narrativo que mezcla indiscriminadamente flashbacks y flashfowards, lo que inevitablemente le agrega ciertas capas de complejidad al relato.
Aunque “Laurin” ha sido encasillada dentro del género del terror psicológico, la verdad es que se trata de una producción difícil de categorizar. Si bien la atmósfera del film, la cual está construida en base a la presencia de tenebrosos bosques, espeluznantes castillos góticos, y un marcado componente sobrenatural, son elementos propios de una cinta de terror, la película también puede ser considerada como un thriller de misterio, que invita al espectador a descubrir quién es el responsable de la muerte de la madre de Laurin, y qué relación tiene ese suceso con una serie de secuestros de niños que últimamente han estado ocurriendo en la pequeña localidad germana. Aún cuando la solución de estas incógnitas en apariencia no parece ser una tarea demasiado compleja, la forma en cómo el director presenta las piezas del rompecabezas que conforman la trama escapa a la lógica convencional, por lo que la historia y sus interrogantes se convierten en una experiencia bastante más desafiante. En gran medida, la estructura narrativa utilizada por Sigl no solo impide que el film se torne predecible, sino que además le imprime un sello distintivo a una producción que logra con éxito captar la atención del espectador durante todo el transcurso del metraje.
Uno de los aspectos más destacables de la cinta, es el retrato psicológico que el director realiza de los protagonistas de la historia. Por ejemplo, resulta a lo menos curiosa la relación que se genera entre Laurin y el profesor Van Rees, donde este último exhibe algunos comportamientos que rayan en la pedofilia. Y es que mientras Van Rees le dedica extrañas miradas a la niña, ésta en algunos pasajes del film no oculta la aparente atracción que siente por su maestro. Las cuestionables inclinaciones de Van Rees resultan aún más evidentes cuando este espía sin vergüenza alguna a Stefan (Barnabás Tóth), el pequeño amigo de Laurin, mientras este está tomando un baño. Otros aspectos psicológicos de Van Rees son expuestos de forma más críptica, lo que de manera indirecta invita al espectador a descifrar lo que esconde la particular personalidad del extravagante profesor. De todas formas, cabe mencionar que el lazo que se forma entre Laurin y Van Rees va más allá de lo meramente sexual; aparentemente ambos personajes están marcados por el abandono de sus padres, lo que sin lugar a dudas ha influido en su errático comportamiento y en su forma de relacionarse con quienes los rodean.
Lo que definitivamente resulta ser relevante, es que en esta peculiar pesadilla freudiana no existen los adultos libres de culpa. Por ejemplo, el pastor de la localidad (Endre Kátay), quien también es el padre del profesor Van Rees, lleva una vida que se contrapone con la doctrina que predica, ya que se jacta de tener varias amantes repartidas por todo el pueblo. La abuela de Laurin por su parte, jamás ha podido superar el abandono de su marido, por lo que pasa gran parte del día fumando marihuana y bebiendo alcohol. Por último, el padre de la protagonista antepone el trabajo a su familia, lo que lo lleva a dejar completamente sola a Laurin durante gran parte del día, incluso luego del fallecimiento de su madre. Los niños por otro lado, se comportan como si fueran animales, golpeándose constantemente los unos con los otros, debido a la escasa disciplina impuesta por los adultos a cargo. Será en este mundo oscuro y tenebroso, carente de roles definidos y dominado por el más completo caos, que Laurin intentará salir airosa a través de su enceguecedora bondad y de una madurez propia de una persona más adulta.
Es necesario mencionar que la cinta cuenta con una ambientación espectacular, cuyos paisajes están maravillosamente fotografiados por Nyika Jancsó, quien demuestra tener una inclinación por una paleta de colores similar a la utilizada por el director italiano Mario Bava en sus films, lo que de inmediato le entrega a la producción un aire surrealista. De hecho, las pesadillas precognitivas de Laurin están repletas de imágenes inquietantes, entre las que se destacan una serie de muñecas bañadas en sangre y las fantasmales apariciones de su madre. Por otro lado, dentro de los numerosos simbolismos que presenta el film, tanto la mascota del asesino como una cometa negra que aparece en un par de ocasiones, adquieren especial importancia al convertirse en verdaderos emisarios de la muerte. En gran medida, la peculiar fusión de paisajes propios de un cuento de hadas, con otros extraídos directamente de un relato de horror gótico, ayuda a conformar una atmósfera que es tan perturbadora como poética. Todo esto es complementado de manera perfecta por la atmosférica banda sonora compuesta por Hans Jansen y Jacques Zwart, cuyas melodías en cierto modo hacen hincapié en los peligros que amenazan por destrozar por completo la tan preciada inocencia de Laurin.
En cuanto al aspecto interpretativo del film, Dóra Szinetár realiza un trabajo impecable personificando a Laurin, quien se lleva gran parte del peso dramático del relato. El resto del elenco por su parte, logra transmitirle al espectador el pesimismo reinante entre los habitantes de la pequeña localidad germana donde se desarrolla la historia. Gracias a “Laurin”, Sigl ganó el premio al mejor director debutante en los Bavarian Film Awards, en el año 1989. Si bien es evidente que Sigl demuestra haber sido influenciado por directores tales como Dario Argento, Roman Polanski, Jacques Tourneur y el ya mencionado Mario Bava, también es innegable que el realizador logra con éxito imprimirle un sello propio a la cinta. Tras su aclamado debut cinematográfico, Robert Sigl se volcaría de lleno a la industria televisiva, donde hasta el día de hoy no ha logrado crear un producto que se acerque a lo exhibido en “Laurin”. En definitiva, “Laurin” hoy en día es vista como una verdadera joya desconocida del cine de terror alemán, la cual evidentemente merece un reconocimiento mucho mayor al que ostenta en la actualidad.
“Sword of the Stranger” (2007), es una cinta de animación japonesa escrita por Fumihiko Takayama y dirigida por Masahiro Andō.
En el Japón medieval, un niño llamado Kótaro y su perro Tobimaru son perseguidos sin cuartel por los Mings, soldados y enviados del Emperador chino que tienen cruentos planes para el pequeño. Durante su huída, Kótaro conoce a un misterioso ronin llamado Nanashi, el cual por un extraño motivo jamás desenvaina su espada. Entre los planes de los Mings, los intereses de algunos señores feudales japoneses, y la aparición de peligrosos oponentes, la unión entre Kótaro y Nanashi se verá afectada de una forma u otra, obligándolos a tomar decisiones críticas en una carrera contra el tiempo.
Masahiro Andō, quien había trabajado como animador en cintas como “Jin-Roh” (1998) y “Cowboy Bebop: The Movie” (2001), debuta como director con esta producción animada de época la cual le llevó varios años terminar. En el año 2003, el director había estrenado un piloto de la película en la Tokyo Anime Fair, el cual sufrió una serie de cambios antes de ser nuevamente estrenado en el 2007. El cambio más importante lo sufrió el personaje principal, quien en un principio era un asesino sin memoria, mientras que en la versión final es un ex-soldado cuyos recuerdos no lo dejan vivir en paz. La idea de Masahiro era escribir una historia cuyo núcleo fuese la vida y la muerte de las personas, y donde los personajes involucrados en el relato estuvieran motivados por su propia avaricia. Para construir esta historia de redención y muerte, Masahiro reclutó al guionista Fumihiko Takayama, conocido por su interés en las cintas de época (las cuales en Japón se llaman jidaigeki), para desarrollar el escenario en el cual transcurriría la historia.
Lo primero que llama la atención al ver “Sword of the Stranger” es la maravillosa calidad de su animación, la cual incluye algunos efectos realizados con CGI a los cuales se les saca bastante provecho. Existe un evidente cuidado en el diseño de los paisajes y los personajes, donde los colores se mezclan de buena manera dando como resultado un estilo de animación bastante elegante. La atención que se le da a los detalles por momentos quita el aliento, lo cual se hace evidente en aquellas escenas donde tras cruentas luchas la sangre cae sobre la nieve, o aquellas en las cuales la luz del sol se refleja en las espadas de los soldados. Sin embargo, son las escenas de acción las que resultan ser más impresionantes. Dichas secuencias, además de estar perfectamente orquestadas y animadas, son bastante envolventes y violentas, por lo que se pueden ver altas dosis de sangre salpicando la pantalla. Esto sin duda contrasta con la inocencia y la ternura proyectada por el pequeño Kótaro y su fiel mascota.
El nivel de preocupación por la animación es el mismo que se ve al momento de desarrollar los personajes principales. Kótaro es un niño que debe comenzar a valerse por sí mismo de manera improvisada. De hecho, al momento de conocer a Nanashi hace todo lo posible por demostrar que es una persona totalmente autosuficiente. A medida que avanza el metraje, el espectador se entera de la historia del pequeño y ve como este evoluciona bajo el cuidado de Nanashi. El ronin por su parte, también evoluciona durante el transcurso de la película; en un principio se muestra como un hombre más bien egoísta cuyo pasado no está demasiado claro. Ya en el último tramo de la cinta se explica el porqué del errático comportamiento de Nanashi, al mismo tiempo que se ven los frutos de su relación de amistad con Kótaro. Ambos personajes presentan carencias a nivel emocional, por lo que el lazo que los une se asemeja al existente entre un padre y un hijo.
En cuanto a los villanos de turno, todos están motivados por sus ambiciones personales; algunos desean eliminar el dominio Ming en la zona, otros la vida eterna, o algunos como Rarô, el villano principal de la cinta, solo desean encontrar un rival a su altura. La verdad es que no se da mucha información con respecto a los habilidosos soldados Ming, ni como Rarô (quien es posiblemente europeo) terminó trabajando para el Emperador Chino. Lo que si llama la atención es que tanto Rarô como Nanashi son extranjeros. Esto se suma al cuidado que puso el director al momento de diferenciar la cultura china de la japonesa (de hecho, el film está hablado en japonés y chino mandarín). Estos detalles probablemente responden al deseo del director de construir una historia que rompiera las barreras del lenguaje, y que fuera atractiva tanto local como internacionalmente. Al mismo tiempo, el realizador prefiere entregar una mirada imparcial del conflicto entre ambas naciones, retratando a los chinos como hombres obsesionados con la ciencia y la espiritualidad los cuales están al servicio de sus gobernantes, y a los señores feudales japoneses como hombres ambiciosos cuyo único interés es el dinero y el poder.
La única crítica que se le podría realizar a esta película sería que la trama presenta varios elementos ya vistos con anterioridad en relatos de corte similar. De todas formas la historia exhibe algunos toques de originalidad, lo que es loable considerando que se trata de un género que por lo general está plagado de clichés. “Sword of the Stranger” está fuertemente influenciada por las cintas de samuráis de Akira Kurosawa, aunque presenta un ritmo narrativo y una estructura más propia del cine hollywoodense. La trama se desarrolla de manera bastante lineal, evitando caer en complicaciones innecesarias, lo que ayuda a que esta no se vuelva tediosa en ningún momento. Al mismo tiempo, el director se preocupa de mantener ocultas las razones por las cuales los Ming están persiguiendo a Kótaro, siendo este el misterio principal que presenta el film. Más allá de esto, “Sword of the Stranger” no presenta grandes sorpresas, lo que no influye mayormente en el resultado final de la cinta.
“Sword of the Stranger” es fácilmente una de las mejores cintas de animación provenientes de Japón de los últimos años. Más allá de las similitudes que pueda presentar con otras películas del género, este film es sumamente entretenido, presenta una animación bastante cuidada y fluida, personajes interesantes, una más que adecuada banda sonora compuesta por Naoki Sato, y la suficiente acción y violencia para dejar satisfechos tanto a los amantes del cine de animación como a los del cine de samuráis. Lo que es aún más interesante es su final abierto, el cual que queda a libre interpretación del espectador, con lo que el realizador concluye esta apasionante historia de época. En definitiva, estamos ante lo que se podría considerar como un excelente debut cinematográfico por parte del director Masahiro Andō, quien de seguro va a sorprendernos en un futuro con otras joyas de un nivel similar al de esta gran cinta de animación.
Ruggero Deodato nació el 7 de mayo de 1939, en Potenza, Italia. Su infancia la pasaría en un barrio de Roma cerca del cual se encontraba un buen número de estudios cinematográficos. Deodato comenzaría a trabajar en el mundo de cine como segundo asistente del director Roberto Rossellini, uno de los grandes maestros del cine italiano. Él conseguiría este trabajo gracias a que vivía en el mismo edificio que el director, además de ser amigo del hijo de este. En aquel entonces, para ser segundo asistente en la industria cinematográfica italiana solo se requería tener una noción de como se filmaba una película, dejando la experiencia en segundo plano. Deodato adquiriría toda la experiencia necesaria en el tiempo que trabajo con Rossellini, trabajando en dos ocasiones como segundo asistente, y luego realizando cinco cintas más como primer asistente del director, antes de comenzar a trabajar por su cuenta. Aunque Rossellini fue su gran mentor, Deodato también tuvo la oportunidad de trabajar como asistente de Sergio Corbucci, en cintas como “The Son of Spartacus” (1962) y “Django” (1966).
Luego de sus colaboraciones con Rossellini y Corbucci, Deodato comenzó su carrera como director de films de bajo presupuesto, los cuales eran completamente olvidables, como por ejemplo la mediocre cinta de aventuras “Gungala, The Black Panther Girl” (1968), la comedia musical “Vacation on the Costa Esmeralda Coast” (1968), y el western “In the Name of the Father” (1969). En 1969, Deodato abandonaría momentaneamente el cine para filmar algunos episodios de un par de series de televisión, además de algunos comerciales para el mismo medio. El director regresaría al cine en 1975 con el thriller erótico, “Wave of Lust”. Antes de entrar de lleno al género del horror, Deodato filmaría el violento thriller policial, “Live Like a Cop, Die Like a Man” (1976). La carrera controversial del director comenzaría luego de que este leyera una historia en una revista acerca de un hombre que había sido capturado por una tribu primitiva llamada “Rock People”. Esta historia echaría raíces en la mente de Deodato, dando como resultado la cinta “The Last Cannibal World” (1977).
Estrenada en los Estados Unidos bajo una variedad de títulos (“Cannibal”, “Jungle Holocaust” y “The Last Survivor”), la cinta está protagonizada por Massimo Foschi, Me Me Lai y Ivan Rassimov. Pese a ser un thriller de aventuras más cercana a la nominada al Oscar, “The Naked Prey” (1966), Deodato presenta una serie de atroces sacrificios animales, canibalismo y otras escenas crueles que rápidamente posicionaron a esta película en un nivel distinto a las del resto del subgénero. Un claro ejemplo del tono de la cinta lo da una escena que se encuentra cerca del climax de la historia, en la cual el personaje interpretado por Me Me Lai es mutilada desde la entrepierna al esternón (dicha escena sería copiada sin verguenza alguna por el director Umberto Lenzi en las cintas “Eaten Alive” y “Emerald Jungle”, ambas de 1980). Antes de filmar su trabajo más conocido, Deodato realizaría el drama, “Last Feelings” (1978), y el thriller de acción, “Concorde Affaire ´79” (1979).
Junto al guionista de “The Last Cannibal World”, Gianfranco Clerici, quien también escribiría el guión de “The House on the Edge of the Park” (1980), Deodato realizaría la cinta más controversial del oscuro subgénero del cine de caníbales; “Cannibal Holocaust” (1980). Aunque parezca dificil de creer, este era el intento por parte de Deodato de condenar la explotación de culturas tercermundistas. Obviamente, este mensaje casi subliminal es difícil de detectar cuando está cubierto con alrededor de 90 minutos de maltrato animal, violaciones, castraciones gráficas, y desnudez gratuita. El aspecto de documental que presenta la cinta, contiene escenas de asesinatos en masa y sangrientas batallas que parecen sospechosamente reales. Incluso algunos de los efectos especiales fueron puestos en tela de juicio. De hecho, una de las escenas donde el equipo de filmación que protagoniza la película, se encuentra con una muchacha nativa empalada en una enorme estaca, no ha podido ser explicada con claridad. Mientras que algunos aluden a un que se realizó utilizando un ingenioso trabajo de maquillaje y algo de utilería, Lamberto Bava, quien en ese entonces formaba parte del equipo de filmación de Deodato, se rehusó a estar en el set mientras la secuencia era filmada, y durante los años ha mantenido un estoico silencio acerca de lo que realmente sucedió.
La cinta desató una gran controversia al momento de su estreno; muchos amenazaron con tomar acciones legales contra el film, algunas copias fueron quemadas en un incendio de sospechoso origen, y una gran cantidad de paises se negaron a estrenar la cinta. Aunque en su momento se habló de realizar una secuela, Deodato solo retornaría al cine de caníbales en la siguiente década. “Cut and Run” (1985), es un thriller de aventuras que evita las escenas de canibalismo en favor de la acción, de los extraños cultos oscuros, y de un grupo de boinas verdes renegados. Aunque gran parte de los espectadores que vió la versión internacional de la cinta, sintió que esta era bastante más sobria que los anteriores films de Deodato, aquellos que tuvieron la oportunidad de ver la versión original llamada “Inferno in diretta”, se encontraron con algo completamente distinto. Pese a su menor duración, “Inferno in diretta” presenta grandes dosis de violencia gráfica. La diferencia entre ambas versiones se debe a los problemas de distribución que habían sufrido algunas cintas de Deodato anteriormente, por lo que era necesario disminuir la cantidad de violencia del film.
Con “The House on the Edge of the Park” (1980),Deodato optó por explotar el éxito obtenido por la cinta de Wes Craven, “The Last House on the Left” (1972). La cinta protagonizada por David Hess, mantiene una atmósfera de tensión constante durante todo su metraje. Para ser un film que comienza con una brutal violación y posterior estrangulación, su final es relativamente sobrio. Pese al insatisfactorio giro final, la cinta es considerada como una de las buenas entradas en lo que se llamaría el cine de “invasión de morada”, donde además de la ya mencionada “The Last House on the Left”, se encuentran películas como “The Desperate Hours” (1955), y “Henry: Portrait of a Serial Killer” (1986), entre otros. En 1983, Deodato filmaría la cinta de ciencia ficción “The Raiders of Atlantis”, la cual comenzaría a marcar el final del periodo controversial del director, dejando atrás la vehemencia y la cínica brutalidad de sus anteriores trabajos.
“Body Count” (1986), es un mediocre slasher que fue estrenado en el periodo en que el subgénero ya comenzaba a dar muestras de su agotamiento. Su próximo trabajo sería “The Barbarians” (1987), una cinta de aventuras al más puro estilo de “Conan the Barbarian” (1982). Pese a ser un film de muy bajo presupuesto, resulta medianamente disfrutable gracias a los esfuerzos de Deodato por sacar adelante el proyecto. “Phantom of the Dead” (1988), nuevamente contó con la colaboración del guionista Gianfranco Clerici, a lo que se sumaría un elenco encabezado por Michael York y Donald Pleasence, un presupuesto más generoso, y una correcta banda sonora de Pino Dinaggio. Pese al buen trabajo tras las cámaras de Deodato, el guión de la cinta resulta ser bastante mediocre, lo que no ayuda a crear un producto satisfactorio.
Lo que parecía ser un evidente declive en la carrera del director (carrera que dicho sea de paso, siempre estuvo ligado al cine serie B, rozando el cine Z), se confirmó con el estreno de “Dial: Help” (1988), una bizarra historia acerca de un télefono poseido que asesina mujeres. De ahí para adelante, Deodato trabajaría mayormente en la televisión, filmando de vez en cuando algún largometraje completamente olvidable, como por ejemplo “The Washing Machine” (1993) y “Mom I Can Do It” (1992). Difícilmente podriamos identificar a Deodato como uno de los grandes directores italianos del cine de terror, pero sin duda algunas de las obras que conforman su filmografía siguen teniendo resonancia en la actualidad. Probablemente, el alejamiento del director del cine más crudo y brutal se debió que llegado un determinado momento de su carrera, prefirio evitar todo tipo de controversias innecesarias. Aunque hace un tiempo se ha estado escuchando el rumor de que Ruggero Deodato quiere retomar las historias de canibalismo, por el momento solo podemos revisitar aquellas obras que ubicaron en el ojo del huracan a este controvertido director.
Antes de comenzar a hablar de las adaptaciones cinematográficas de la obra del escritor Edgar Wallace, es conveniente conocer un poco de su vida primero. Richard Horatio Edgar Wallace fue un periodista, guionista y novelista inglés, el cual gozó de gran popularidad entre 1900 y 1930. Wallace nació el primero de abril de 1875. Hijo ilegítimo de una pareja de actores (lo que podría explicar su afición al teatro), a los 18 años se alistó en el ejército, siendo enviado a Sudáfrica donde empezó a interesarse en la literatura, escribiendo diversos relatos y poemas. A los 24 años abandonaría el ejército para comenzar a trabajar como corresponsal de guerra para el Daily Mail. Luego de algunos problemas que impidieron que continuara trabajando como corresponsal en el frente, Wallace publica su primera novela en el año 1905 titulada, “The Four Just Men”. A partir de entonces, y durante los quince años siguientes, Wallace continuaría publicando novelas, principalmente de suspenso, con un ritmo de publicación de una novela al año, y más tarde, consiguiendo sacar al mercado dos o incluso tres obras por año.
Edgar Wallace publicaría 173 novelas, escribiría 23 obras de teatro y casi un millar de relatos cortos durante el transcurso de su carrera. Se dice que el escritor llegó a ser tan popular, que después de la Biblia, era el autor más vendido y que uno de cada cuatro ejemplares que llegaban al mercado llevaba su firma. En su tiempo, Wallace llegó a ser conocido con el sobrenombre de “Rey del Misterio”. A fines de la década de los veinte, gracias a la creciente implantación del cine como medio de entretenimiento general, varias de sus novelas y obras de teatro despertaron el interés de algunos cineastas y productores que buscaban adaptarlas. De hecho, una de las grandes empresas cinematográficas hollywoodenses de aquella época, la RKO, le ofreció convertirse en guionista. En 1932 tras haber trabajo en el guión de “King Kong” (1993), una doble pulmonía acabó prematuramente con su vida.
Aunque las obras de Wallace han sido publicadas en varios idiomas, en Alemania el escritor sigue siendo una verdadera figura de culto. En el país germánico, Wallace es un autor clásico, que sigue siendo leído por las nuevas generaciones, lo que obviamente ayudó a que la industría cinematográfica alemana fuese la principal encargada de realizar numerosas adaptaciones de su obra. Si bien en los años treinta algunas de sus novelas más famosas ya habían sido filmadas en Alemania, entre ellas “Der Zinker” (1931) y “Der Hexer” (1932), ambas bajo la dirección de Carl Lamac, sería en 1959 con la cinta “The Frog With the Mask”, que comenzaría la serie de adaptaciones que con el tiempo llegaría a constituir la más larga dedicada por el cine alemán a un autor determinado. Dicha serie compuesta por 32 films, sería llevada a cabo por el productor Horst Wendlandt y su compañia Rialto Films, entre 1959 y 1972. Un número no menor de productores intentaron aprovecharse del éxito obtenido por Wendlandt, filmando cintas las cuales no contaban con la autorización oficial para incluir el nombre de Edgar Wallace en el metraje.
Gran parte de estás películas, conocidas como “krimis”, estarían fuertemente influenciadas por el cine expresionista. Al mismo tiempo, en muy pocas ocasiones las adaptaciones se mantendrían fiel a la obra original, sino que más bien estas serían retocadas incluyendo algunos clichés del género del suspenso, como por ejemplo la muchacha en peligro, siniestros castillos, desiertas callejuelas sumidas en la niebla londinense, bandas de criminales dirigidas por misteriosos jefes y despiadados asesinos ocultos bajo grotescos disfraces. La clave del éxito comercial de estas cintas se encontraría en el buen manejo de los bajos presupuestos con los que contaban. Los sets, los objetos de utilería, los efectos de sonido e incluso algunas escenas, eran recicladas para ser utilizadas en las diferentes películas de la serie, lo que le otorgó a las adaptaciones un look bastante particular. Por ejemplo, “The Dead Eyes of London” (1961) y “The Gorilla of Soho” (1986), no solo tendrían un trama bastante similar, sino que también el método utilizado en los asesinatos es exactamente el mismo en ambas cintas.
Pero el reciclaje no paró solo en los sets y la utileria, sino que también existiría un reciclaje de actores y integrantes del equipo de filmación. Por ejemplo, se emplearon a los mismos directores y guionistas en gran parte de los films de la serie. Los directores más prolíficos serían Alfred Vohrer con 15 películas, y Harald Reinl con cinco. En cuanto a los guionistas, Herbert Reinecker y Wolfang Menge, estarían involucrados en la realización de un buen número de las adaptaciones. Años más tarde, ambos guionistas desarrollarían una exitosa carrera en la televisión alemana. En cuanto a los actores, el más famoso de los actores recurrentes de las adaptaciones de Wallace es sin duda Klaus Kinski. Él protagonizaría 17 de estas cintas, interpretando por lo general a asesinos y psicópatas, los cuales habitualmente se encontraban bajo las órdenes de algún genio criminal. Solo Eddi Arent (con 21 participaciones en la serie) superaría a Kinski como actor recurrente de los films de Wallace. A diferencia de Kinski, Arent por lo general interpretaría a personajes cómicos, los cuales usualmente eran mayordomos. Sin embargo, en “The Mysterious Monk” (1965), y en “The Mystery of the Silver Triangle” (1966), interpretaría al asesino de turno.
Siegfried Schuerenberg ocupa un lugar especial entre el grupo de actores recurrentes de los films de Wallace, debido a que él interpretaría al mismo personaje en todas sus participaciones en la serie; Sir John, la cabeza de Scotland Yard. Sir John es usualmente recordado por su ineptitud (en varias ocasiones intenta encarcelar a sus propios inspectores) y por la forma en como persigue a cada una de las jóvenes y atractivas mujeres que se cruzan en su camino. En su último film de Wallace, “The Hound of Blackmoor Castle” (1967), el Sir John de Schuerenberg logra resolver el crimen asistido por su secretaría (Ilse Pagét, otra actriz regular de la saga). El actor participó en 14 de las adaptaciones, y probablemente pudo participar en más si no hubiese muerto al poco tiempo después que terminó de filmar “The Hound of Blackmoor Castle”. En los films posteriores, Sir John sería interpretado por Hubert von Meyenrink, quien participaría en un total de cinco películas.
Otros actores regulares serían Joachim Fuchsberger (11 cintas) y Heinz Drache (8 cintas), los cuales por lo general se encargarían de interpretar a los heróicos inspectores de la policía. La heroína más conocida de los films de Edgar Wallace es la actriz Karin Dor (5 cintas), quien se casaría con el director Harald Reinl y posteriormente estelarizaría la cinta de James Bond, “You Only Live Twice” (1967), convirtiéndose de esta forma en el segundo miembro del reparto habitual de las películas de Wallace en participar en una cinta del agente británico (el otro sería Gert Fröbe, quien protagonizaría “The Green Archer” y “Goldfinger”). Otro de los actores destacados que participó en esta serie de adaptaciones sería Ady Berber. Él solo protagonizaría un puñado de cintas, donde la más recordada es “The Dead Eyes of London”, donde por lo general se encargaría de interpretar a sirvientes deformes o asesinos torpes pero dedicados. La grotesca apariencia del actor, lo convertiría en una figura atemorizante que resulta difícil de olvidar.
Aunque los actores recurrentes por lo general interpretaban roles estereotipados, en algunas ocasiones los guionistas se las arreglaron para romper el molde y sorprender de esta forma al espectador. Por ejemplo, a Klaus Kinski en una ocasión se le dió la oportunidad de interpretar a un policía, mientras que Eddi Arent y Karin Dor en una cinta son revelados como los misteriosos asesinos. En cuanto a los villanos de los films de Wallace, los dos más recordados fueron interpretados por los actores Klausjuergen Wussow y Guenther Pfitzmann, en “The Red Circle” (1959) y “The Squeaker” (1963), respectivamente. Ambos actores eran más conocidos por interpretar a carismáticos doctores en las telenovelas alemanas. Por otra parte, algunos actores de nivel internacional participarian en algunas cintas de la serie, como por ejemplo Christopher Lee quien protagonizó los films “The Puzzle of the Red Orchid” (1962), y “The Secret of the Devil´s Daffodil” (1961).
Sin lugar a dudas, la cinta más famosa de las adaptaciones alemanas de Wallace es “Der Hexer” (1964), la cual al mismo tiempo seria estrenada en el momento de mayor popularidad de la serie. La historia de un misterioso vigilante conocido como “El Brujo”, que regresa a Londres para vengar la muerte de su hermana, cautivó a las audiencias de la época. Tres inspectores de policía, interpretados por Joachim Fuchsberger, Heinz Drache y Siegfried Lowitz (tres de los regulares de la serie), serán los encargados de seguir los pasos del Brujo mientras este elimina a los criminales involucrados en la muerte de su hermana. La identidad del Brujo fue mantenida en absoluto secreto durante las filmaciones. Para evitar que se filtrara el secreto mejor guardado de la cinta, el productor Horst Wendlandt guardó las últimas páginas del guión en su caja fuerte. Debido al éxito de la película, “Der Hexer” fue la única de las cintas de Wallace en contar con una secuela, “Neues von Hexer” (1965). Aunque los sobrevivientes de la primera cinta retomarían sus roles, el film no alcanzó la calidad de la original.
Los films de Edgar Wallace son poco conocidos fuera de Alemania, pese a que algunos de ellos fueron producidos pensando en el mercado internacional. De hecho, algunas de las cintas realizadas a mediados de los sesenta presentan dos versiones, una para el público local y otro para las audiencias internacionales, donde en las últimas incluso existen escenas filmadas con diferentes actores. Otras cintas en cambio, fueron co-producidas con compañias danesas e italianas. Pese a esto, los films de Wallace nunca lograron captar a un gran número de seguidores fuera de Alemania. En el país germano estas cintas son consideradas como verdaderas obras de culto. No solo muchas de estas películas han sido lanzadas al formato digital, sino que también siguen siendo transmitidas de manera regular en los canales de televisión.
El que estas cintas sean poco conocidas responde a que durante una gran cantidad de años, han sido fuertemente críticadas por los especialistas debido a lo estereotipados que son sus personajes y sus historias, lo ilógicas que resultan ser algunas de sus tramas, y debido al contenido que presentan estas películas (como por ejemplo villanos deformados e inspectores de Scotland Yard persiguiendo a sus secretarias) el cual no corresponde a los estándares esperados para este tipo de films. Y es que las cintas de Wallace nunca han pretendido ser más que una simple fuente de entretenimiento. Los distintos directores que estuvieron a cargo de las cintas de la serie supieron sobreponerse a los bajos presupuestos y los guiones imperfectos con los cuales trabajaban, creando un mundo bastante particular el cual ha sido pocas veces igualado.
Es cierto que en la actualidad, los villanos de estas cintas pueden llegar a provocar más risa que espanto. Sin embargo, esto es compensado con la atmósfera que presenta cada una de estas producciones, en las que no falta el lúgubre castillo, las abadías abandonadas, las oscuras callejuelas, y los puertos solitarios sumidos en la más densa niebla. Estos escenarios son complementados con las experimentales bandas sonoras de Martin Boettcher y Peter Thomas, quienes solían incluir gritos, susurros, y otros sonidos como parte de la música, construyendo de esta forma la atmósfera de opresión e inquietud que presentaban estos films. En algunas de estas películas, también se puede apreciar un estilo expresionista, especialmente en aquellas filmadas en blanco y negro (desde 1966 la serie comenzaría a ser filmada a color), donde el contraste entre la luz y la sombra se utiliza para aumentar la tensión de las historias. Pese al tono de las historias, la violencia que presentan estos films no suele ser demasiado gráfica, jugando con la imaginación del espectador.
La última de las cintas de Edgar Wallace en la que participaría la Rialto sería, “Seven Blood-Stained Orchids” (1972), una co-producción italo-germana. En los años siguientes, diferentes productoras y directores realizarían adaptaciones de la obra de Wallace. En los ochenta, Jess Franco filmaría dos cintas que utilizarían el nombre del escritor aunque poco y nada tienen que ver con sus novelas; “Sangre en mis Zapatos” (1983) y “Viaje a Bangkok, Ataúd Incluido” (1985). En 1985, se estrenaría otro krimi de Wallace titulado, “The Chocolate Snooper”, y al año siguiente se estrenó el telefilme, “The Secret of Lismore Castle” (1986). En cuanto a Horst Wendlandt, este retomaría las adaptaciones de la obra de Wallace a mediados de los noventa, luego del éxito obtenido por sus antiguas producciones cuando estas fueron transmitidas en la televisión. Lamentablemente, estas nuevas adaptaciones no tendrían el encanto de las cintas originales. Las adaptaciones alemanas de la obra de Edgar Wallace pueden no ser perfectas, pero sin lugar a dudas son cintas sumamente entretenidas, donde la comedia y el misterio se mezclan de buena manera, y cuya atmósfera casi surrealista a ratos las convierte en obras especiales. Dejo la invitación hecha a descubrir los relatos de Edgar Wallace bajo el particular prisma de los directores alemanes. Por lo menos la entretención está asegurada.
Osamu Tezuka nació el 3 de noviembre de 1928, en Toyonaka, Osaka. Durante su infancia, sufrió la constante burla de sus compañeros de clase debido a su contextura delgada, su baja estatura, y su pelo rizado, un rasgo genético que solo aparece en el 3% de la población japonesa. Su madre se encargaría de subirle el ánimo y darle la confianza necesaria para seguir adelante. Además, sería ella la que alimentaría la creatividad de Tezuka a través de las historias que ella le relataba al pequeño, y gracias a las constantes visitas al teatro de Takarazuka, donde se presentaba la compañia teatral conocida como Takarazuka Revue, la cual estaba conformada completamente por mujeres. Aunque dicha compañia teatral se especializaba en musicales románticos dirigidos a una audiencia femenina, su trabajo tuvo un fuerte impacto en las obras posteriores de Tezuka. En más de una ocasión sería el mismo Tezuka el encargado de señalar que sentía una profunda nostalgía por el trabajo de Takarazuka. Es por esta razón que no resulta extraño que Tezuka se haya inspirado en la técnicas utilizadas por la compañia para realzar los ojos de las actrices, al momento de dibujar los grandes y brillantes ojos de sus personajes femeninos (se le considera como el padre de los “ojos grandes” tan propios de la animación japonesa).
Tezuka comenzaría a dibujar cómics mientras cursaba el segundo año de su educación primaria. Algunos años después, debido a su interés por los insectos y el medio ambiente, adoptaría el nombre artístico de “Osamushi” (una especie de escarabajo). Tezuka vería en el manga un medio que podía ser utilizado para concientizar a otras personas acerca del cuidado del medio ambiente. Con 17 años, y tras sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial, él crearía su primer trabajo serio titulado, “Diary of Ma-chan” (1946), un tira cómica que sería publicada en el Mainichi School Children´s Newspaper. La historia se sitúa poco después del termino de la guerra, y relata las aventuras de la pequeña Ma-chan, quien desea aprender inglés de los soldados norteamericanos que ocupan el país. A esta obra le seguiría “New Treasure Island” (1947), un manga de acción y aventuras inspirado en la novela “Treasure Island”, de Robert Louis Stevenson. En esta ocasión, Tezuka relata como un niño llamado Pete, tras descubrir un mapa de una isla del tesoro, se embarca en un viaje para encontrarla. Sería esta novela gráfica, la cual sería desarrollada utilizando técnicas propias de la animación, la que convirtió a Tezuka en un artísta reconocido en todo Japón, y la que detonaría una fiebre por el manga en su país natal.
Lo primero que uno nota en los trabajos de Tezuka, es el particular estilo de sus dibujos, el cual estaba fuertemente inspirado en el estilo de los primeros films de Disney. De hecho, uno de los mitos que rondan la figura de Tezuka dice que él vió la cinta “Bambi” (1942), más de ochenta veces. Sea esto cierto o no, la sencillez del diseño de sus personajes le permitió a Tezuka comunicar un rango mayor de expresiones y emociones, las cuales iban desde la sorpresa y la emoción que sentía un niño durante su primer viaje al espacio, hasta la desesperación y la frustración que sentían algunos de sus personajes al presenciar la brutalidad de la Segunda Guerra Mundial. Entre las más de 700 series que Tezuka escribió durante su carrera, existen algunos temas que se convirtieron en verdaderas constantes de su trabajo, como por ejemplo; el tema del prejuicio y la intolerancia; la guerra y las consecuencia psicológicas que esta producía en la sociedad; los propósitos y limitaciones de la ciencia y la medicina; los alcances del budismo; el balance entre el hombre y la naturaleza; y el lado oscuro que reside en la mente de todos los seres humanos.
Por otro lado, muchos de los trabajos de Tezuka son relatos de ciencia ficción, generalmente situados en un tiempo futuro, que bien puede ser utópico, distópico o incluso apocalíptico, donde existen ciudades altamente tecnológicas, viajes al espacio, y es habitual ver a humanos conviviendo con robots. Un buen ejemplo de esto es “Metropolis” (1949), uno de los primeros trabajos del autor relacionados con el género de la ciencia ficción. La historia de un detective que debe cuidar a un robot que cambia de género luego de que su creador es asesinado, la cual está inspirada fuertemente en el film del mismo nombre del director Fritz Lang, sería llevada al cine por el director Rintaro en el 2001. “Astro Boy” (1952-68), por otro lado, además de ser la creación más famosa de Tezuka, usa la relación entre humanos y robots para explorar el tema de los derechos humanos, y la friccionada relación entre los seres humanos, temas que también trató en sus relatos relacionados con las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Astro Boy aparecería por primera vez en el manga, “Captain Atom” (1951-52), como un personaje secundario. Sería tanta la popularidad de este personaje y su posterior tira cómica, que a través de los años ha protagonizado un par de series animadas de televisión (de hecho protagonizó la primera serie de televisión animada realizada en Japón en 1963), de las cuales “The New Astro Boy” (1980), fue dirigida por Tezuka.
Otro de los personajes más conocidos de Tezuka es el doctor conocido como “Black Jack” (1973-83). Es sabido que durante un tiempo, Tezuka se sintió bastante atraído por el área de la medicina, al punto que obtuvo el título de doctor en la Universidad de Osaka. Los conocimientos obtenidos durante aquellos años, los volcaría en esta tira cómica la cual relata como Black Jack dedica su vida a combatir de manera ilegal, raras enfermedades utilizando técnicas radicales que rayan en los sobrenatural. En el año 1992, uno de los protegidos de Tezuka, Osamu Dezaki, dirigió una serie de adaptaciones animadas de la historieta, además de un largometraje en 1996. Posteriormente, en otoño del 2004, la televisión japonesa transmitió una serie compuesta por 61 episodios, la cual es bastante fiel a la obra de Tezuka. Finalmente, en el año 2006 se lanzó una nueva serie titulada, “Black Jack 21”, la cual solo tomaría como referencia el cómic desarrollado por Tezuka al momento de desarrollar una historia completamente nueva.
Tal vez el otro personaje de Tezuka que logró una difusión similar a la obtenida por Astro Boy, sería “Kimba the White Lion” (1950-54), una de las creaciones más icónicas del autor. En esta ocasión, Tezuka relata las aventuras de Leo, el león blanco, mientras intenta tomar el puesto de su padre, el rey de la selva, quien fue asesinado por un cazador (está demás decir que esta historia fue una inspiración directa para la cinta de 1994 de la Disney, “The Lion King”). En 1965 el estudio de Tezuka, Mushi Productions, fue financiado por la NBC Enterprises para desarrollar una serie animada de 52 episodios, la cual solo ocupó algunos aspectos de la obra original. En dicha serie, Tezuka oficiaría como productor y guionista. Al año siguiente, la compañia del artísta produciría una secuela compuesta por 26 episodios, la cual se titularía “Leo the Lion”, y sería dirigida en su totalidad por el mismo Tezuka. En 1997, el director Yoshio Takeuchi realizaría un largometraje basado en el último tramo del manga original, el cual sería estrenado bajo el nombre de, “Jungle Emperor Leo”.
Gracias al extenso trabajo de Tezuka en el mundo del manga, el artísta contaba con un catálogo de numerosas obras que perfectamente podían ser adaptadas como series animadas de televisión. En gran medida gracias a esta situación, los estudios Mushi fueron los grandes pioneros de las series de animación pensadas para la televisión en Japón. Además de producir las series antes mencionadas de “Astro Boy” y “Kimba the White Lion”, fueron responsables de exitosas series de anime tales como “Dororo” (1969), “The Amazing 3” (1965-66), “Princess Knight” (1967-68), y “Vampire” (1968-69). Junto con esto, el estudio produciría una serie de cintas animadas orientadas para un público adulto, entre las que se encontraban “One Thousand and One Arabian Nights” (1969), “Cleopatra: Queen of Sex” (1970); que la primera cinta animada en conseguir la calificación de “X” en los Estados Unidos, y “The Belladona of Sadness” (1973), entre otras. A través de los años, Tezuka también se vió involucrado en la realización de una serie de cortos de tono experimental, ya sea como animador, guionista o director. Entre algunos de sus cortos más destacados podemos mencionar “Memory” (1964), “Jumping” (1984), y “Push” (1987), entre otros.
Durante el transcurso de su obra, Tezuka mostró un particular interés por algunos temas ligados entre sí; dichos temas eran el de la reencarnación, el funcionamiento del karma, la búsqueda de la inmortalidad, y la justicia existente en los ciclos de la reencarnación. Estos temas serán el eje de “Phoenix” (1956-89), la obra más ambiciosa e importante en la carrera del autor. El personaje central de dicha obra es el Fénix, la mítica ave de fuego que es la manifestación física del cosmos, quien acarrea consigo el poder de la inmortalidad. Los diferentes volúmenes del manga, se sitúan de manera alternada en épocas pasadas y futuras, en las que vemos el nacimiento y la caída de la civilización humana a través de los ojos de un grupo de individuos reencarnados, los cuales son vigilados de cerca por el Fénix. En gran medida toda la obra de Tezuka esta construida en base a esta creencia en la reencarnación y en la evolución del hombre.
Una de las caracteristicas distintivas del trabajo de Tezuka, es la utilización constante de personajes recurrentes. Lo que podría ser interpretado como una forma de ahorrar tiempo en el diseño de personajes, para Tezuka tenía un significado completamente distinto; para él, sus personajes eran actores los cuales aparecían en varias de sus obras desarrollando roles similares. Con esto, Tezuka pretendía estudiar a un mismo personaje en diferentes entornos y situaciones, trazando una suerte de línea evolutiva que permitiera que el lector, además de familiarizarse con los personajes, entendiera como nuestras acciones determinan nuestras vidas y nos definen como personas. De esta forma, cada nuevo trabajo de Tezuka desarrollaba en alguna medida la personalidad de estos “personajes recurrentes” que poblaban sus historias. Dicha mecánica resulta aún más evidente en “Pheonix”, obra que lamentablemente Tezuka no alcanzó a terminar. Varios de los volúmenes del manga fueron adaptados al anime. La más conocida de estas adaptaciones es el largometraje “Pheonix 2772” (1980). A esto se suma la serie animada de televisión estrenada el 2004 en Japón, y la cinta con actores reales titulada, “Hi no Tori” (1978), del director Kon Ichikawa, la cual cuenta con algunas secuencias animadas dirigidas por Osamu Tezuka.
Osamu Tezuka falleció el 9 de febrero de 1989, a los 60 años de edad, debido al cáncer estomacal que le afectaba. El autor sigue siendo recordado por su inconmensurable aporte al mundo del manga, así como también por ser el creador de muchas de las primeras animaciones japonesas. Debido al culto que se le rinde al cómic en Japón, no es de extrañar el tremendo impacto que tuvo el trabajo del autor en el desarrollo de la literatura y la animación a nivel local, especialmente durante el periodo post-guerra. Con un trabajo enfocado en temas como el progreso, la tecnología, el medio ambiente, la tolerancia, y la reencarnación, es indiscutible la importancia de Tezuka en el desarrollo de la animación japonesa. Por algo el director Stanley Kubrick lo invitó a participar como director de arte de la cinta, “2001: A Space Odyssey” (1968), invitación que Tezuka se vió obligado a rechazar (no contaba con los medios para mudarse a Inglaterra por un tiempo). Sabiendo que sus historietas pueden no ser muy fáciles de conseguir, no nos queda más remedio que revisar algunas de las adaptaciones animadas de sus obras, siendo “Astro Boy” el punto de partida más recomendable para descubrir la obra de este autor.
En el otoño de 1965, Estados Unidos era un país en fase de cambio. El conflicto de Vietnam estaba en su etapa más álgida, existía un malestar generalizado en la población, y la revolución de las flores comenzó a influir a una gran cantidad de jóvenes hartos del control totalitario de sus padres y del gobierno. Con el turbulento clima político existente en aquella época, no parecía ser el momento más adecuado para desarrollar una serie de televisión acerca de una de las más controversiales agencias del gobierno; el FBI, en aquel entonces dirigida por el igualmente controversial J. Edgar Hoover. Sin embargo, la ABC y la Warner Brothers Television pensaban lo contrario. Sorpresivamente, la serie se convirtió en uno de los programas más exitosos de la televisión norteamericana. Al mismo tiempo, el show sería visto con malos ojos por los trabajadores hollywoodenses con ideas políticas de izquierda, quienes opinaban que la serie solo se trataba de un lavado de imagen de la agencia.
“The FBI” (1965-74) se estrenó en la tarde del domingo 18 de septiembre de 1965, y terminaría ocupando ese horario durante nueve años. La serie estaba inspirada en la cinta “The FBI Story” (1959), protagonizada por James Stewart. El film, que presentaba de manera similar a un documental la historia de la creación del Buró Federal de Investigación, fue un éxito de taquilla. Mervyn LeRoy, el productor y director del film, era amigo personal de J. Edgar Hoover, lo que permitió que el proyecto contara con su aprobación. Cuando la ABC decidió realizar una serie semanal basada en la agencia, Hoover estaba abierto a la idea, pero LeRoy no deseaba trabajar en televisión. Fue por este motivo que Quinn Martin se ofreció como productor de la serie. Desde un principio, para todos era obvio que el show no contaría con demasiadas libertades. Es por esta razón, que pese a que Martin era el productor de la serie, serían pocos los aspectos que escaparían a escrutinio de Hoover.
El elenco estaría conformado por el protagonista de la serie “77 Sunset Strip” (1958-64), Efren Zimbalist Jr., quien interpretaría al inspector Lewis Erskine; Philip Abbott como el superior de Erskine; Arthur Ward como el asistente del director de la agencia; y Stephen Brooks como el Agente Especial Jim Rhodes. Erskine era el clásico agente analítico y de mentalidad fría, que todas las semanas debía guiar los esfuerzos de sus colegas para capturar a los hombres más buscados de norteamérica. En los primeros episodios de la serie, a los espectadores se les presenta la oportunidad de conocer un poco más de la vida personal del protagonista, a través de la actriz Lynn Loring, quien interpreta a Barbara, la hija de Erskine la cual además está comprometida con Jim Rhodes. Junto con esto, sabremos que Erskine perdió a su esposa en un incidente confuso, razón por la cual no puede ocultar la preocupación de que su hija pierda a su novio de la misma forma. En el cuarto episodio de la serie, “Slow March Up a Steep Hill” (1965), un agente muere en la linea del deber, dejando sola a su joven novia. Debido a esto, Barbara y Jim optan por posponer su boda, tras lo cual Barbara termina desapareciendo por completo de la serie. Desde ese punto, Erskine solo se dedicaría a trabajar dejando sus problemas personales de lado.
A diferencia de otras series policiales, “The FBI” fue diseñado como un drama de procedimiento. Los casos fueron tomados directamente de los archivos del FBI, por lo que existió una preocupación por la precisión de los detalles de cada uno de los casos. La colaboración del FBI se extendió más allá de la simple contribución de ideas para las historias del show. Los asesores de la agencia siempre se encontraban presentes en el set, con el fin de asegurarse de que la interpretación de los actores fuera los más auténtica posible (vigilaban la forma en como estos interrogaban a un sospechoso, o como portaban sus armas). Hoover era un hombre sumamente estricto en ese sentido, por lo que solo dió pie para algunas conseciones, como por ejemplo que los actores no ocuparan sombreros, siendo que en realidad todos los agentes estaban obligados a utilizar este accesorio. Además, los actores tenían la libertad de no abotonar sus chaquetas cuando estaban confinados en sus oficinas, a diferencia de los agentes reales.
Hoover también estaba involucrado en el proceso de selección del elenco, tanto del reparto regular como de las estrellas invitadas, como también de la selección de los directores y de los miembros del equipo de filmación. El FBI investigó los antecedentes de todos los involucrados en el show, para eliminar a cualquier persona ligada con grupos comunistas o otro tipo de “indeseables”. Aunque pocas veces hubo problemas con el elenco, una de las actrices que fue rechazada por el FBI fue Bette Davis, quien en 1943 había sido investigada por la muerte de su entonces marido, Arthur Farnsworth (más tarde se supo que él murió a causa de una caída accidental). Aunque no se sabe si esta fue la verdadera razón por la cual la actriz fue rechazada por la producción, la agencia nunca dió una explicación oficial. De la misma forma, el comportamiento de los agentes televisivos era monitoreado cuidadosamente. No se les permitía fumar o beber en pantalla, aunque por un corto tiempo se le permitió a Erskine disfrutar de la compañia de la asistente técnica del FBI, Joanna Laurens (Lee Meriweather). A cambio de esto, Hoover le permitió a los productores que filmaran algunas escenas en los cuarteles del FBI ubicados en Washington. Además, se le permitió a los diseñadores de producción tomar fotografías y notas que posteriormente ayudarían a recrear los escenarios en los estudios de Hollywood.
Durante la duración de la serie, hubo pocos cambios en el elenco. Stephen Brooks fue reemplazado en 1967 por William Reynolds como el Agente Especial Tom Colby. Él, posteriormente sería reemplazado por Shelley Novack, quien interpretaría a la Agente Chris Daniels durante la última temporada de la serie entre 1973-74. Aunque Zimbalist era un protagonista carismático, la verdadera estrella de la serie eran los cuidados guiones. Pese a que las historias eran sacadas directamente de los archivos de la agencia, estas pasaban primero por las manos de un grupo de talentosos guionistas antes de ser filmadas. El resultado fue un puñado de historias de ficción construidas sobre una base realista. “The FBI” obtuvo buenos resultados de sintonía durante los años que fue emitida, alcanzando su peak durante la emisión de la sexta temporada (1970-71). Como los agentes del FBI eran retratados de forma tan estricta, los villanos fueron escritos con el fin de atraer una mayor cantidad de público. Por ejemplo, en el primer episodio de la serie, “The Monster” (1965), Erskine debe perseguir a Francis Jerome, un asesino serial que estrangula a sus víctimas femeninas con el cabello de estas. Este episodio en particular, molestó bastante a Hoover quien no aprobó la violencia en contra de las mujeres. Sin embargo, el tono de la historia era necesario para poder captar la atención de los telespectadores.
Existió una gran cantidad de episodios memorables durante la duración del show. Por ejemplo en “The Mechanized Accomplice” (1968), Andrew Prine interpreta a un ex-convicto que sufre una enfermedad terminal, el cual luego de ser liberado de la prisión secuestra a Gustav Franz Lang (Bobby Sherman), el hijo de 17 años de un acaudalado hombre de negocios, y demanda una recompensa de $150.000 dólares para devolverlo con vida. En un intento por disminuir la brecha generacional que podría limitar el número de televidentes jóvenes que sintonizaban el show, los guionistas centran la historia en la compleja relación existente entre el padre y su hijo. Luego de secuestrar al joven, el personaje interpretado por Prine, decide esconderse con su prisionero en un distrito de San Francisco, para luego dejarlo atadado y amordazado en un departamento junto a una bomba programada para estallar en seis horas. Debido a la mala relación entre padre e hijo, el padre de Gustav desconfía de él, pensando que de alguna manera su hijo está involucrado en el sorpresivo secuestro, lo que terminará poniendo en peligro la vida del joven, y entorpeciendo la labor de Erskine y compañia.
Además de asaltantes de bancos y secuestrados, los agentes del FBI también se las arreglarían para capturar espías, neo-Nazis, y asesinos a sueldo. Quinn Martin haría uso de un narrador en off en la serie, recurso habitual que él utilizaría en muchas de los shows en los cuales estuvo involucrado (por ejemplo en “The Untochables” y en “The Fugitive"). En esta ocasión, sería contratado el veterano narrador Marvin Miller. Zimbalist por su parte, todas las semanas pediría la ayuda de los televidentes para capturar a fugitivos federales reales. Una de estas peticiones ayudaría a capturar al asesino de Martin Luther King Jr., James Earl Ray. Entre las muchas obligaciones que los productores tenían con J. Edgar Hoover, estaba la de incluir como auspiciador a la Ford Motor Company. Los ejecutivos de la Ford insistieron en el hecho de la única marca de automóviles que debía aparecer en la serie era la suya. Además, una vez terminados los créditos finales de cada episodio, Zimbalist aparecía manejando el modelo más nuevo de la compañia a través de las calles de la capital de la nación.
Para la primavera de 1974, aunque la serie mantenía buenos niveles de sintonía, la ABC decidió cancelar el ya desgastado show. El último capítulo de los 240 episodios que conformaron la serie, fue emitido el 29 de abril de 1974. Pese a la popularidad que gozó el show, y al largo tiempo que este estuvo al aire en la ABC, terminó cayendo en el mercado de la sindicación doméstica. Gracias a los esfuerzos realizados por la Warner Bros., “The FBI” logró encontrar una audiencia internacional que continuó viendo el programa durante sus reposiciones. Luego del término de la serie, Martin realizó un buen número de telefilmes relacionados con la agencia gubernamental, entre los cuales se encuentran; “The FBI Story: The FBI versus Alvin Karpis, Public Enemy Number One” (1974); “Attack on Terror: The FBI versus the Ku Klux Klan” (1975); y “Brinks: The Great Robbery” (1976). Sin embargo, ninguna de estas cintas incluiría la participación del elenco de la serie original. En definitiva, “The FBI” es una serie divertida, que presenta buenos guiones y sólidas actuaciones, la cual todavía puede ser vista en algunos canales de televisión que la transmiten en la actualidad.
Dimitri Zinovich Tiomkin nació en Kremenchuk, Ucrania, el 10 de mayo de 1984. Desde pequeño demostró tener un gran talento musical. Cuando él y sus padres se mudaron a San Petersburgo, el pequeño Dimitri ingresó a un prestigioso conservatorio. En dicha casa de estudios, tuvo como docentes para el piano a Isabelle Vengerova y a Felix Blumenfeld, y para los estudios de armonía y contrapunto, estuvo bajo la tutela del director del consevatorio, el célebre compositor Alexander Glazunov. En su tiempo libre, Tiomkin frecuentaba el café “Homeless Dog”, al cual también asistían otros jóvenes artístas que años después alcanzarían reconocimiento internacional, como por ejemplo su compañero en el conservatorio, Sergei Prokofiev. Sería en San Petersburgo donde Tiomkin debutaría como compositor de bandas sonoras para el cine, acompañando algunos films mudos rusos y franceses. Además acompañó en el piano a la bailarina Thamar Karsavina y tuvo que improvisar algunas piezas musicales durante las presentaciones del comediante Max Linder. Estas experiencias sin duda le ayudarían en su futura carrera en la industria cinematográfica estadounidense.
En 1921, consciente de que su carrera musical se estaba estancando, Tiomkin abandona la Unión Soviética para arribar a Berlín, donde su padre se encontraba ejerciendo como doctor. En Alemania, Tiomkin comienza a perfeccionar su arte junto a Ferruccio Busoni y Egon Petri. Paralelamente con sus estudios, dio varios conciertos, inclusive con la Filarmónica de Berlín. Además, Tiomkin se une a otro pianista poco conocido, llamado Michael Kariton para dar una serie de recitales a dos pianos, tanto en Alemania como en París. En la “ciudad luz”, el compositor conocería al cantante ruso Feodor Chaliapin quien le contaría lo bien pagados que eran los músicos europeos en norteamérica. Tras permanecer cuatro años en Alemania, Tiomkin se muda en 1925 a los Estados Unidos junto a Kariton, siendo contratados por el magnate de Broadway, Morris Gest, para actuar en una gira de vaudeville a través de norteamérica.
A su llegada a Nueva York, él y Kariton acompañarían a un grupo de bailarines de ballet dirigidos por la bailarina y coreógrafa austriaca, Albertina Rasch. Luego de un tiempo, Tiomkin y Rasch comenzarían una relación sentimental, y terminarían contrayendo matrimonio en 1927. Ese mismo año, Tiomkin se separaría de Kariton para embarcarse en un tour junto a “Albertina Rasch y su ballet americano”. En dicho tour, Tiomkin oficiaría de director musical y arreglador de la compañia compuesta por 30 bailarines. También daría algunos conciertos en el Carnegie Hall, ejecutando a los músicos franceses contemporáneos, además de ejecutar el famoso concierto de George Gershwin “Rhapsody in Blue”, y algunas composiciones propias que presentaban una evidente tendencia jazzística. En 1928, Tiomkin regresa a París para presentarse en solitario ante el público. A su regreso a los Estados Unidos, debido a la bullada depresión económica, tuvo que suspender todos sus conciertos, sembrando cierta incertidumbre con respecto a su futuro profesional.
En 1929, Tiomkin y su esposa fueron invitados a formar parte del show previo al estreno de la cinta de la MGM, “The Broadway Melody” (1929). A fines de ese año, Rasch se había hecho cargo de la coreografía de tres producciones musicales de la MGM, mientras que Tiomkin continuó acompañando las presentaciones de la compañia de su esposa. Sería ella quien les presentaría el trabajo de su marido a los ejecutivos de la MGM, quienes terminaron asignándole la composición de la música de dos de los números coreográficos diseñados por Rasch. Gracias a su trabajo, Tiomkin sería contratado por el estudio, y durante los dos años siguientes se haría cago de la música de las secuencias de ballet de cintas como “Devil-May-Care” (1929), “The Rogue Song” (1930), y “Lord Byron of Broadway” (1930), entre otras. En el año 1931, Tiomkin sería contratado por la Universal para componer la banda sonora de la cinta, “Resurrection” (1931), su primer trabajo en un film no musical. Durante el transcurso de 1932, Tiomkin regresaria a Nueva York para trabajar en una serie de obras de Broadway sin mucho éxito. Al año siguiente, trabaría en el film de la Paramount, “Alice in Wonderland” (1933). Su trabajo en el cine continuaría de manera esporádica durante los años siguientes, situación que cambiaría cuando Tiomkin conoció al director Frank Capra, con quien entablaría una larga amistad.
Los dos hombres trabajaron por primera vez juntos en la cinta “Lost Horizon” (1937). La banda sonora de dicho film ayudó a cimentar la reputación de Tiomkin como uno de los compositores más eficientes al momento de dirigir orquestas numerosas adornadas con cuidados acompañamientos vocales (Por años Tiomkin mostró una fascinación por combinar los intrumentos con los diálogos de las cintas en las cuales trabajó, de manera de que la voz del actor interactuara de manera natural con los instrumentos seleccionados por el compositor). La música de Tiomkin para “Lost Horizon”, fue nominada a un premio Oscar, aunque la verdad es que la nominación recayó en la cabeza del departamento musical de estudio. La sociedad Capra-Tiomkin continuaría con “You Can´t Take It With You” (1938), “Mr. Smith Goes to Washington” (1939), “Meet John Doe” (1939), y “It´s a Wonderful Life” (1947). Durante la Segunda Guerra Mundial, Capra reclutaría a Tomkin para componer la banda sonora de “Why We Fight”, la cual era una serie de cintas de entrenamiento producidas por la Army Signal Corps. Esto lo llevaría más tarde a trabajar en alrededor de una docena de documentales entre los que se encuentran, “The Negro Soldier” (1944), y “The Battle of San Pietro” (1945).
Gracias a las amistades que formó durante su trabajo en los films del ejército, Tiomkin consiguió nuevas asignaciones. Para el productor Stanley Kramen crearía las bandas sonoras de; “So This is New York” (1948), “Champion” (1949), “Home of the Brave” (1949), “Cyrano de Bergerac” (1950), y “The Men” (1950). Sin embargo, sería su trabajo para la cinta “High Noon” (1952), producida por Kramer y dirigida por Fred Zinnemann, el que cambiaría el curso de carrera. La inusual banda sonora, la cual incorporaba una canción con letra, “Do Not Forsake Me, Oh My Darlin”, dió paso a una locura por los temas musicales para el cine. Las canciones escritas específicamentes para determinas películas, comenzaron a ser cada vez más comunes. Durante los siguientes doce años, Tiomkin escribiría una canción principal o una balada para cada una de las películas en las cuales trabajó, colaborando por lo general con Ned Washington o Paul Francis Webster. Un buen número de estas canciones obtendrían nominaciones al Oscar; “Thee I Love” de “Friendly Persuasion” (1956); la canción principal de “Wild is the Wind” (1957); “Strange are the Ways of Love” de “The Young Land” (1959); “The Green Leaves of Summer” de “The Alamo” (1960); la canción central de “Town Without Pity” (1961); y “So Little Time” de “55 Days at Peking” (1963). Su talento como escritor de canciones, combinado con su experiencia en la composición de bandas sonoras, permitió que Tiomkin creara música con un gran nivel de dramatismo.
Las relaciones laborales de larga duración formaron parte de la estrategía comercial de Tiomkin durante su carrera. Además de las ya mencionadas colaboraciones con Capra y Kramer, el compositor trabajó junto a Alfred Hitchcock en cuantro cintas; “Shadow of a Doubt” (1942), “Strangers on a Train” (1951), “I Confess” (1953), y “Dial M for Murder” (1954). Con el director Howard Hawks por su parte, Tiomkin colaboró en “Only Angels Have Wings” (1939), “Red River” (1948), “The Thing” (1951), “The Big Sky” (1952), “Land of the Pharaohs” (1955), y “Rio Bravo” (1959). Aunque Tiomkin trabajó en cintas de diversos géneros, generalmente se le relaciona al género del western, debido a las bandas sonoras que compuso para las ya mencionadas “Rio Bravo”, “High Noon”, y “The Alamo”, además de las realizadas para las cintas “Duel in the Sun” (1946), “The Westerner” (1939), “Giant” (1959), y “Friendly Persuasion” (1956), a lo que se suma el tema principal de la serie de televisión, “Rawhide” (1959-66).
Durante la década del cincuenta y principios de los sesenta, Tiomkin alcanzó la cima de su popularidad. No solo recibió cuatro nominaciones al Oscar en un periodo de seis años (1952-1958), sino que también consiguió cuatro estatuillas; dos por la canción y la banda sonora de “High Noon”, y dos más por las bandas sonoras de “The High and the Mighty” (1954), y “The Old Man and the Sea” (1959). La exuberante y lírica música de las dos últimas, se inspiró en las tardes de pesca de Tiomkin junto a su amigo Frank Capra. Otros trabajos destacados del compositor durante este periodo serían las bandas sonoras de “The Guns of Navarone” (1961), “Gunfight at the O.K. Corral” (1957), “The Fall of the Roman Empire” (1964), y “Circus World” (1964). Sin duda que la personalidad de Tiomkin se terminó reflejando en su vida musical y comercial. A diferencia de sus contemporáneos, él nunca firmó un contrato a largo plazo con los grandes estudios, convirtiéndolo en uno de los compositores independientes más prominentes entre la década de los treinta y los cincuenta. El trabajar de esta manera le permitió negociar sus contratos a su antojo, beneficiando de manera indirecta a otros compositores gracias a su interés por conservar los derechos de autor, lo que lo llevó a fundar la compañia Volta Music Corporation. En una ocasión le mencionaría al publicista Dave Epstein, “Mi lucha es por una cierta cantidad de dignidad. No solo para los compositores, sino que para todos los artístas responsables por en la realización de una película”. Tiomkin además luchó mucho tiempo por conseguir que se contrataran músicos de color en las orquestas de los estudios (él solía trabajar con muchos músicos de color, como por ejemplo Jester Hairston).
Resulta extraño que pese a tener una larga y exitosa carrera como compositor, Tiomkin sea usualmente recordado por el bullado incidente ocurrido en 1955 durante la ceremonia de los Premios de la Academía; cuando el compositor tuvo que decir unas palabras luego de recibir el Oscar a la mejor banda sonora por “The High and the Mighty”, intentó mencionar su apreciación por los grandes compositores de la música clásica. Lamentablemente, debido a su fracturado inglés, dió a entender que había tomado prestada parte de la música de compositores como Brahms, Strauss, Wagner, y Beethoven, lo que desató la risa de los asistentes a la ceremonía. La maravillosa vida de Tiomkin en norteamérica llegaría a su fin en 1967 con la muerte de su esposa, Albertina Rasch. Cuando el compositor se dirigía a su casa en Los Ángeles luego del funeral, él fue atacado y golpeado por unos asaltantes. Tras esta situación, Tiomkin puso su casa a la venta y regresó a Europa. En la cinta “Tchaikovsky” (1969), Tiomkin participaría como productor y como director musical, ganando una nueva nominación al Oscar por la banda sonora del film.
En 1972, Tiomkin contrajo matrimonio con Cynthia Patch en Londres. Ellos estarían constantemente viajando entre Londres y Paris, debido a los conciertos de piano que oficiaba el músico. Dimi, como era conocido entre sus amigos, murió en Londres el 11 de noviembre de 1979, a los 85 años de edad. Dimitri Tiomkin partició en alrededor de 130 películas, obtuvo trece nominaciones al Oscar, y se llevó el galardón en cuatro ocasiones. Además, el gobierno francés le otorgó dos grandes galardones oficiales: “Caballero de la Orden de las Artes y Letras”, y “Caballero y Oficial de la Orden Nacional de la Legión de Honor”. En España también fue reconocido con la “Cruz de Caballero de la Orden de Isabel la Católica”. Aunque su obra fue ampliamente reconocida en vida, con el paso de los años la fama del artista se fue elevando cada vez más, siendo recordado como uno de los compositores que más contribuyó a dignificar el trabajo de los músicos en la industria cinematográfica, además de ayudar a valorizar la tremenda importancia de la música en el cine.