lunes 31 de marzo de 2008

Los 39 escalones: ¿Qué son los 39 escalones?

“Los 39 escalones” (1935), es un film del director inglés Alfred Hitchcock, basado en la novela del mismo nombre del escritor John Buchan. La cinta está protagonizada por Robert Donat y Madeleine Caroll.

El canadiense Richard Hannay (Robert Donat) está en un teatro de Londres, asistiendo a un espectáculo de variedades, cuando de repente se produce una gresca y resuena un disparo. En el consiguiente pánico, Hannay se encuentra a si mismo abrazando a una aterrorizada chica llamada Annabella Smith (Lucie Mannheim), quien lo convence de llevarla a su departamento. Una vez allí, le confiesa que es una espía perseguida por unos peligrosos hombres que pretenden sacar un peligroso secreto del país. Esa noche Smith muere asesinada, por lo que Richard debe huir porque es acusado del crimen. Así se vera involucrado en una complicada trama de espionaje que bien puede costarle la vida.


Luego del éxito obtenido con la primera versión que realizó de la película “El hombre que sabía demasiado” (1934), en la que se trataban los temas del terrorismo político y el espionaje internacional, Hitchcock insistió en que se mantuvieran esos mismos ingredientes en el tratamiento de la famosa novela de John Buchan, “Los 39 escalones”. El guionista Charles Bennet, con el cual el director había trabajado en su anterior film, era de la opinión de que pese a que la novela poseía un ritmo adecuado, estaba totalmente desprovista de carácter, humor y potencial para atraer al público. Es por este motivo que Hitchcock y Bennet decidieron explotar dos aspectos de la realidad contemporánea: las noticias referentes a Hitler y su participación en la ascensión del fanatismo nazi y el deseo del público de ver elementos cómico-románticos.

Tanto Hitchcock como Bennet sabían que la confusión y el temor inconcreto eran valiosos elementos que podían ser canalizados en una película. Fue entonces que tomaron el “punto débil” de “El hombre que sabía demasiado”, que consistía en el hecho de que en ningún momento de la película se aclara exactamente quien era el objetivo del intento de asesinato o cual era el asunto internacional que se hallaba en juego. Este punto débil se encontraría presente en todo el resto de los films de Hitchcock, y sería patentado con el nombre de “MacGuffin” por el mismo director.
Para que se entienda mejor, un MacGuffin es algo que no es ni relevante, ni importante, ni en definitiva, asunto de nadie. Simplemente es un elemento que hace que la historia siga adelante. En el caso de “Los 39 escalones”, el MacGuffin es una fórmula secreta. Pero es para impedir que el secreto sea dado a conocer, y no para divulgarlo que se inicia esta persecución de la que es victima Richard Hannay. Es por esto que pese a que la fórmula pueda parece importante en un principio, al momento de que la historia avance, pierde toda su importancia tanto para los personajes como para el público.

Todo el proceso de adaptación se llevó a cabo durante las vacaciones invernales de Hitchcock, Bennet y sus respectivas familias en Saint Moritz. Ya de vuelta en Londres, el productor Michael Balcon les permitió contratar al dramaturgo Ian Hay para que escribiera los diálogos de “Los 39 escalones”, el cual luego de unos cuantos días, completo los últimos detalles del guión. Para el interpretar el rol protagónico masculino fue escogido el actor Robert Donat, a quien el director admiraba por su trabajo en el teatro. Donat aceptó encantado la propuesta, debido a que le daba la posibilidad de interpretar una comedia romántica. Por otra parte, fue Madeleine Carroll la actriz seleccionada para interpretar a la protagonista femenina. Ella tenía una ya larga carrera en el cine, y al momento de recibir el ofrecimiento por parte del director, mostró varias reservas acerca de participar en este proyecto, por lo que el productor le ofreció contrato para dos películas si es que ella lo deseaba. Fue de esta forma que se completó el reparto y comenzaron las filmaciones.

Cuando llegó el primer día de rodaje, Donat y Carroll aún no se conocían y Dickie Beville, director de la segunda unidad de Hitchcock, estaba preocupado por el hecho de que la primera escena prevista resultara algo insípida. La secuencia era la que la pareja, esposada entre sí por los espías, consigue escapar y huir hacia los campos de Escocia. Hitchcock conocido por su peculiar sentido del humor, decidió sacarle provecho a esta situación. En la mañana presentó a los dos actores principales, les explicó la secuencia y unió sus muñecas con un par de esposas. Luego los hizo ensayar la escena, hasta que alguien les dijo que debido a un problema técnico que se debía solucionar, era mejor que se fueran a descansar. Pero además les dijo que no sabia donde había dejado las llaves de las esposas, desapareciendo hasta bien entrada la tarde. A la hora del té, Hitchcock encontró la llave (Donat más tarde, descubriría que la llave le habia sido cuidadosamente entregada a un guardia del estudio tan pronto como les fueron colocadas las esposas). La razón que esgrimió el director para esta broma de mal gusto, fue que deseaba demostrar el drama que significaba estar esposado, el terror especial que se siente al estar inevitablemente atado. Esto demostraba ciertos rasgos de sadismo por parte de Hitchcock, existentes al momento de relacionarse con otras personas.

Si bien el la película utiliza la universalidad de la intriga política, el miedo a la desconocido y la corrupción para proveer de suspenso a la cinta, se podría decir que el tema principal de la cinta es la confianza entre la pareja de protagonistas, y como esta va variando con los diversos acontecimientos en los que se ven involucrados. Esta idea de la confianza existente en una pareja es reforzada a lo largo de toda la historia contrastando la relación de los protagonistas con la de otras parejas, como por ejemplo la del posadero y su esposa o la del profesor Jordan (Godfrey Tearle) y su esposa.

“Los 39 escalones” se podría considerar como la primera obra maestra del director, tanto en el sentido técnico como dramático. Todos los elementos presentes en la película funcionan de la mejor manera posible, desde la perfecta dirección de Hitchcock, a las estupendas actuaciones de los protagonistas que proyectan una química increíble, sin olvidar también los decorados y la localización de exteriores. Lo que más impresionó a la gente que asistió al preestreno de la cinta fue la riqueza de los detalles psicológicos de la película y su resonante humor.
La cinta tiene un ritmo trepidante, que presenta una situación de tensión tras otra, hecho que puede resultar poco verosímil, pero que sin embargo cumple el objetivo de envolver al espectador en la trama y dejarlo al borde de su asiento.

La película responde a la filosofía del director que en alguna ocasión diría “No filmo nunca un trozo de vida porque esto la gente puede encontrarlo muy bien en su casa o en la calle o incluso delante de la puerta del cine. Por otra parte, rechazo también los productos de pura fantasía, porque es importante que el público pueda reconocerse en los personajes. Rodar películas para mí, quiere decir en primer lugar y ante todo contar una historia. Esta historia puede ser inverosímil, pero jamás banal.” Este trozo resume en gran medida la obra del maestro y la razón por la que logró captar la atención de cientos de espectadores y lo sigue haciendo hasta el día de hoy aún tras su muerte.
Esta cinta está entre las dos mejores de su época británica y es un paso obligado para todos aquellos amantes del buen cine.


por Fantomas.

viernes 28 de marzo de 2008

The Killing: Kubrick y su visión del cine negro.

“The killing” (1956), es un film del director Stanley Kubrick, quien también escribió el guión con ayuda de Jim Thompson, el cual es una adaptación de la novela “Clean break” del escritor Lionel White. La cinta está protagonizada por Sterling Hayden, Coleen Gray y Vince Edwards.

Cuando el ex-convicto Johnny Clay (Sterling Hayden) anuncia que tiene un plan para cometer un atraco perfecto, todo el mundo quiere participar. Especialmente sabiendo que el plan es hacerse con dos millones de dólares en un robo en las oficinas del hipódromo en el cual “nadie sufrirá daño”, pero a pesar de toda su previsión, Clay y sus hombres han descuidado una cosa: Sherry Peatty (Marie Windsor), una mujer hambrienta de dinero y traicionera que planea dar su propio golpe financiero… ¡incluso si tiene que librarse de toda la banda de Clay para conseguirlo!


Luego del fracaso de su primera película “El beso del asesino” (1955), Kubrick eligió continuar con el género del film noir para intentar recuperarse del golpe. Esta sería la primera película en la que participaria con el productor James B. Harris, quien también produciría las películas “Paths of glory” (1957) y “Lolita” (1962). El director vió la novela “Clean Break” como una historia con un gran potencial para ser llevado a la pantalla grande. Fue por eso que junto a Harris compraron los derechos de la novela en aproximadamente diez mil dólares. Una vez hecho esto, Kubrick buscó a Jim Thompson, escritor considerado como uno de los grandes de la novela policíaca, el cual además era sumamente admirado por el director, para que lo ayudara con la construcción del guión, específicamente en la parte de los diálogos.

Kubrick con este cinta no hace más que continuar lo comenzado por “La jungla de asfalto” (1950), de John Huston, película la cual reformularía los códigos establecidos dentro del género del film noir. Si bien el director no varía tanto en la estructura de los personajes principales, dejando al tipo rudo con un pasado criminal y con ansias de conseguir dinero fácil, y a la femme fatale de rigor, el resto de los personajes no son más que tipos comunes y corrientes, con sus respectivos oficios, que cierto día se les presenta la oportunidad de participar en un robo organizado cuyo objetivo principal es el dinero, pero que también se presenta como una oportunidad de romper con la rutina de sus aburridas vidas. Sin embargo, donde más se puede apreciar el deseo de renovación del género es en el estilo narrativo que utiliza donde definitivamente rompe con el molde establecido, adelantándose varios años con una fórmula narrativa que hoy en día resulta bastante habitual, y que ha sido adoptada por directores como Quentin Tarantino o
Alejandro Gonzáles Iñárritu.

El director narra los hechos en forma paralela, sin respetar cronología alguna, con el fin de mostrarnos los distintos puntos de vista de los personajes involucrados en el atraco, tarea que realiza de manera impecable. Durante el transcurso de la cinta vamos recolectando distintas piezas de un rompecabezas que debemos armar para poder apreciar el cuadro completo. De esta forma el espectador se puede enterar de cuales son las motivaciones que llevan a los diferentes hombres a involucrarse en este arriesgado plan. Como los hechos no están en orden y con el fin de no confundir al espectador, Kubrick utiliza el recurso de una voz en off la cual se encarga de situarnos en el tiempo y espacio en el que esta ocurriendo la acción.

La presentación de los personajes es realizada de manera directa y sin muchos rodeos, entregando acertadas descripciones que muestran tanto la personalidad de los involucrados como sus motivaciones para participar en el robo. Es precisamente con las motivaciones que cada uno presenta, que Kubrick construye las personalidades de los involucrados, respondiendo a la idea de “dime porque lo haces y te diré quien eres”. Es así como veremos personajes algo amorales movidos solo por sus ansías de dinero, mientras que otros personajes como el cantinero, lo hacen por objetivos más loables como el querer cuidar mejor a su esposa enferma. Esta variante en los motivos de los participantes es otra de las características que en cierta forma alejan a esta cinta del resto de las obras más convencionales del cine negro.

Algo que Kubrick supo utilizar muy bien es el hecho de que la banda fuera conformada en su mayoría, por tipos sin ninguna experiencia delictual. El director juega con este hecho, creando un ambiente de suspenso ante la posibilidad de que cualquiera de estos hombres no cumpliera con su parte de plan, por muy simple que esta fuera. La tensión aumenta más aún, cuando se le agrega el ingrediente de la mujer codiciosa y su marido, un hombre cobarde y totalmente cegado por el amor algo enfermizo que siente por su esposa. Es a raíz de estos dos personajes, en especial debido a la ambición de la mujer, que se desencadenarán una serie de acontecimientos que no harán más que traer nefastas consecuencias para todos los involucrados en el robo.

Es posible darle una sublectura a la forma en como Kubrick presenta al género femenino en esta película, llegando incluso a decir que se puede apreciar una marcada misoginia expuesta por parte del director. Si bien el personaje de Sherry Peatty responde al típico personaje de la mujer fatal tan presente en las cintas de cine negro, presentando rasgos con los que difícilmente va a ganar la simpatía del publico, el hecho de que la mujer de Johnny Clay sea descrita más bien como un estorbo, razón por la cual el protagonista le ordena desaparecer hasta una vez completado el plan, o que la mujer de otro de los miembros de la banda se trate de una mujer enferma incapaz de hacer algo por si misma, pareciera no ser coincidencia. Todas las mujeres del film se presentan como inútiles, ya sea física o mentalmente, o sencillamente como manipuladoras y codiciosas, infiriéndose que de una forma u otra, pueden terminar estropeando el plan.

La cinta cuenta con buenas actuaciones, pese a contar con actores más bien desconocidos con la sola excepción de Sterling Hayden, quien ya había interpretado un rol similar en “La jungla de asfalto”. La película cuenta además con una buena banda sonora, obra de Gerald Fried, que muchas veces es utilizada a muy bajo volumen, subiendo solo en los momentos de más tensión lo que habla de un muy buen aprovechamiento de la misma. La fotografía de Lucien Ballard es bastante realista, agregándole aún más solidez a un guión que esta estupendamente armado.
Kubrick nos entrega una película espectacular, que presenta un ritmo sumamente ágil, diálogos inteligentes, un excelente clímax y la utilización de un estilo narrativo que en manos de otro director menos hábil, hubiese sido un verdadero desastre. Esta es una verdadera joya del cine negro y la primera gran obra de un director que nos entregaría una serie de obras maestras.



por Fantomas.

martes 25 de marzo de 2008

Madhouse: El último rol protagónico de Vincent Price en un film de terror.

“Madhouse” (1974), es un film de terror dirigido por Jim Clark, cuyo guión obra de Ken Levison y Greg Morrison, es una adaptación de la novela “Devilday”, del escritor Angus Hall. La cinta está protagonizada por Vincent Price, Natasha Pyne, Peter Cushing y Robert Quarry.

Cuando la prometida de la estrella de cintas de terror, Paul Toombs (Vincent Price) es brutalmente asesinada, el actor sufre un colapso emocional que pone fin a su carrera. Doce años después, las películas de su personaje el “Doctor Muerte” cobran una inusitada popularidad, por lo que Paul es contratado para revivir su personaje en una serie de televisión. Sin embargo, al poco tiempo de su regreso comienzan a ocurrir una serie de macabros asesinatos que reproducen escenas de sus películas, por lo que rápidamente se convierte en el principal sospechoso.


Los derechos de la novela “Devilday” de Angus Hall, fueron comprados por la American International Pictures (AIP) en 1970 y pasaron varios años antes de que esta historia fuera producida. No fue hasta que la productora inglesa Amicus mostró cierto interés en la historia y decidió asociarse con la AIP que el proyecto cobró vida. La novela trataba acerca de un reportero televisivo que se encuentra con una deslucida estrella del cine de terror, que interpretó una serie de películas encarnando al Doctor Dis, y que ahora coquetea con el satanismo. Para ser justos, la novela original era bastante mala. Afortunadamente, muy poco de la novela fue tomada en cuenta durante la construcción del guión, con la excepción de la premisa básica acerca de un actor y su retorno a la televisión, luego de haber estado involucrado en un bullado escándalo.

El guión convierte a Toombs en un personaje bastante más carismático que el de la novela, lo que logra que el espectador se identifique con él, pese a que no se está seguro de su inocencia. Otro cambio realizado en el guión fue el que los asesinatos fueran un calco de los asesinatos vistos en la serie de películas del Doctor Muerte, hecho que inevitablemente no llevará a pensar en la culpabilidad del atormentado actor. Este cambio funciona en dos niveles distintos. Primero, siembra algunas dudas en el espectador que ha sido testigo del delicado estado mental de Toombs, por lo que no seria raro que cometiera estos asesinatos sin tener plena conciencia de los mismos. Por otra parte, esta idea responde al intento de los guionistas por repetir la fórmula de las “muertes creativas”, probada exitosamente en las cintas del Dr. Phibes y en “Theater of blood” (1973). Lamentablemente en ese sentido quedaron algo cortos en comparación con los otros tres films.

Vincent Price había trabajado en películas producidas por la AIP durante catorce años comenzando con la magnifica “La caída de la casa de Usher” (1960). Sin embargo, pese a lo que se pueda pensar, Price no se encontraba totalmente a gusto trabajando para la productora. Esta seria su última participación con la productora, el cual lamentablemente, seria un trabajo que le traería varios dolores de cabeza. Esta cinta cuenta también con la participación de Robert Quarry, actor que personificó en dos ocasiones al Conde Yorga (que era la versión de Drácula de la AIP), y quien además ya había trabajado con Price en el film, “El regreso del Dr. Phibes” (1972). Quarry era el actor llamado a tomar el puesto de Price una vez que este dejara la productora. Lamentablemente, la salida de la cinta “El Exorcista” (1973), significó el fin de la moda de los films de horror de bajo presupuesto, por lo que la AIP desechó la idea de posicionar a Quarry como el rostro más importante de la productora.

En esta ocasión, Quarry había sido contratado para personificar a Herbert Flay, el guionista amigo de Paul Toombs, pero en vista de su relativa juventud se le adjudicó el rol del nefasto productor Oliver Quayle. Este actor al igual que Price, seria uno de los que se quejaría enérgicamente por el guión que presentaba este film. En una entrevista declaró que el guión les fue entregado solo el día antes de comenzar las filmaciones, para prevenir que los actores, en especial Price, pusieran trabas para filmar el guión. Tan malos eran los diálogos originales, que Quarry optó por cambiar gran parte de sus diálogos, dejando solo la línea final que le daba el pie al otro actor para comenzar a hablar. De esta forma mejoraba los diálogos lo más posible y se aseguraba que el director no percibiera los cambios hechos. Una vez que Price se enteró de lo que hacia Quarry, rápidamente le pidió que lo ayudara también con sus diálogos, porque al igual que su colega, los encontraba espantosos.

La Amicus por su parte, contrató a quien era su estrella y quien fuera un actor icónico dentro de la mítica Hammer, el gran Peter Cushing. A él se le ofreció el rol que en un principio estaba pensado para Quarry. Aunque se podría decir que su rol es bastante menor, el hecho que él trabaje junto a Vincent Price le provee de un enorme plus a esta producción. Ambos actores ya habían trabajado juntos en la cinta de la AIP, “Scream and scream again” (1970), en la que también trabajó Christopher Lee. Pese a que solo trabajo 12 días, se le pagó el mismo sueldo que a Price y al igual que sus colegas, no estaba muy conforme con el guión, por lo que reescribió gran parte de las escenas finales.

La película sirve principalmente como medio para tributar la exitosa carrera de Vincent Price en la AIP. Las películas que supuestamente pertenecen a la saga del Doctor Muerte, y de las cuales muestran algunos fragmentos en más de un par de escenas de la cinta, no son más que escenas de la gran mayoría de las películas que el actor realizó junto al director Roger Corman, en sus famosas adaptaciones de las obras de Edgar Allan Poe. Es por eso que podemos distinguir escenas de películas como “El cuervo” (1963), “El pozo y el péndulo” (1961) y “Tales of terror” (1962), entre otras.
De la misma forma, podemos ver en la escena de la fiesta de disfraces en honor al regreso de Paul Toombes, que tanto Quarry como Cushing están disfrazados de vampiros, lo que viene a recordar el rol del Quarry en “Conde Yorga, vampiro” (1970), y su secuela “El regreso del Conde Yorga” (1971), mientras más en forma de parodia el disfraz de Cushing viene a recordar su rol de Van Helsing en los films de la Hammer.


Si bien la película presenta más de algún fallo, principalmente en cuanto al guión y la floja dirección de Jim Clark, también posee una serie de virtudes, como el acercamiento de la trama al giallo italiano, presentando a un asesino del que desconocemos su identidad, que además se disfraza para cometer los crímenes y que por último utiliza preferentemente armas blancas para atacar a sus victimas. Sumado a esto, contamos con la actuación de tres estrellas del género, y pese a que Cushing aparece una reducida cantidad de minutos, de todas formas resulta ser un aporte para la cinta. Además cuenta con una correcta banda sonora, obra de Douglas Gamley, y unos bien seleccionados escenarios, en especial la lúgubre mansión en la que residen Toombs y su amigo Herbert Flay.

Cuando se completaron las filmaciones, la película fue escasamente lanzada por lo que tuvo un humilde paso por la taquilla. Esto provoco que los el proyecto de la AIP que también involucraba a Price, llamado “The naked eye”, fuera absolutamente desechado marcando el final de una era. Como mencione anteriormente, la salida del film “El Exorcista”, dio inicio a un nuevo tipo de horror, marcado por la incursión en el género de las grandes productoras, lo que significó la caída de productoras más humildes como la AIP, la Hammer o la Amicus, entre otras.
La película pese a todo es bastante entretenida, cuenta con buenas actuaciones y lo que es más importante, fue el último rol principal en una cinta de terror del gran Vincent Price, razón más que suficiente para darle una oportunidad a esta obra.


por Fantomas.

domingo 23 de marzo de 2008

Cinema Paradiso: Una oda a la amistad, a la juventud y a la magia presente en el cine.

“Nouvo Cinema Paradiso” (1988), conocido internacionalmente como “Cinema Paradiso”, es un film escrito y dirigido por el italiano Giuseppe Tornatore. La cinta está protagonizada por Jacques Perrin, Philippe Noiret, Leopoldo Trieste, Marco Leonardo, Agnese Nano y Salvatore Cascio.

Roma. Década de los ochenta. Es de noche. Salvatore Di Vitto (Jacques Perrin), un exitoso realizador cinematográfico contesta el teléfono. Escucha la voz de su madre, la cual le comunica que Alfredo (Philippe Noiret) ha muerto. El solo nombre es suficiente para traer a la memoria de Salvatore los recuerdos de su juventud vivida en el pueblo de Giancaldo, Sicilia: la plaza polvorienta, la fuente, la iglesia y sobre todo el Paradiso, una sala de cine en la que Alfredo era el proyeccionista y el padre Adelfio (Leopoldo Trieste) el vigilante.



Luego de realizar su primer film, “El profesor” (1986), por el cual fue premiado como “director revelación” por el sindicato italiano de críticos de cine, Giuseppe Tornatore comenzaría a trabajar en lo que hasta la fecha, podría considerarse como su mejor obra. Si bien “Cinema Paradiso” es un tributo al cine como vehiculo de emociones, también pueden evidenciarse ciertos rasgos autobiográficos en la cinta, debido a que el personaje principal comparte el oficio de Tornatore, a lo que se suma el hecho de que ambos provienen de pequeños pueblos situados en Sicilia: Baghelia en el caso de Tornatore, y Giancaldo en el del protagonista. El director al igual que Salvatore, demostró su afición por el mundo del cine a temprana edad, cuando su abuelo lo llevó a ver “Los diez mandamientos” (1956). Fueron precisamente las vivencias del director, las que lo llevaron a crear un film en el que se recordara aquellos tiempos en los que ir al cine era un acontecimiento, días que con la llegada de la tecnología fueron desapareciendo hasta extinguirse. Muy en el estilo de Fellini, lo que hace Tornatore es transportarnos de la manera más exacta posible, sin tampoco pretender un realismo absoluto, a una de aquellas pequeñas salas de pueblo, donde la gente se reunía para poder ver diversas historias con las cuales pretendían olvidar sus preocupaciones y sumergirse de lleno en un mundo de fantasía.

La historia se desarrolla en tres partes: la primera es el desarrollo de la infancia de Toto (Salvatore Cascio), en donde se muestra como nace su pasión por el cine, y como esta lo lleva a entablar una relación de amistad con Alfredo, quien le enseñara el oficio de proyeccionista además de inculcarle el amor por el séptimo arte. La segunda parte nos muestra ya a un Salvatore adolescente (Marco Leonardo), el cual se encuentra a cargo de proyectar las cintas en el Paradiso, y en la cual se desarrollará principalmente la relación entre este y Elena (Agnese Nano), su gran amor de juventud. Finalmente, en el último tramo del film, vemos a un Salvatore ya adulto, realizado profesionalmente, el cual luego de la trágica noticia que ha recibido, decide volver al pueblo que dejó tantos años atrás, para reencontrarse con sus recuerdos a los cuales tanto teme. En la versión extendida de la cinta que se lanzó solo hace algunos años, se añaden alrededor de 55 minutos en los cuales se ve como Salvatore se reencuentra con su amor de juventud, lo que vendría a conformar una cuarta parte del film. Sin embargo, este reencuentro sigue teniendo ese cariz de amor imposible y tortuoso, dejando patente lo acertado de una de las frases de Alfredo: “…La vida, Toto, no es como las películas, es más dura, más difícil”.



Es fácil para el espectador identificarse con los personajes de esta cinta, en especial con Alfredo o con el pequeño Toto. La relación amigo/mentor que tiene Alfredo con Toto ejemplifica perfectamente la relación que uno podría tener con su padre o su abuelo, razón por la cual la historia entre ambos se siente más cercana. Alfredo es una fuente de sabiduría, fruto de sus vivencias y de las tantas películas que ha visto, y cuyo mayor deseo es ver a Toto realizado como persona. Además, Tornatore nos entrega una serie de personajes secundarios bastante coloridos, entre los que destacan el padre Adelfio, el cual se encargaba de censurar las películas, cortando cuanta escena de besos aparezca en las mismas. También está el tipo que recita las películas de memoria, el burgués que escupe desde el palco a todo el resto de las personas, e incluso el mendigo que vive en la plaza y que la reclama como suya. Todos estos personajes a la vez, interactúan con aquellos que ven en la pantalla, los cuales los sorprenden, los emocionan e incluso los hacen reír y llorar. En aquella pantalla desfilaran una serie de actores y actrices que sin saberlo, marcaran la vida de muchas de aquellas personas que asisten a ver sus películas. Es ahí en el Paradiso que la figura del proyeccionista oficia de maestro de ceremonias, es él, el que se siente responsable de que aquellas personas puedan soñar despiertas, proyectándose al interior de la pantalla tan solo por algunos momentos, sabiendo que eso es más que suficiente para hacerlos felices.

La película esta envuelta por un halo de nostalgia, presente no solo en el protagonista, sino que también en su director y finalmente en todos nosotros. Es fácil apreciar que esta cinta esta hecha con el corazón, debido a que está repleta de escenas realmente bellas e emotivas, que difícilmente podrán dejar a alguien indiferente. Escenas como la proyección que Alfredo realiza sobre la pared de una de las casas de la plaza para aquellos que no han podido entrar al cine, es una de aquellas escenas que suelen quedar en la memoria del espectador debido a que la situación en sí es algo mágico. Esa “magia” está presente durante gran parte del transcurso de la cinta, y es lo que convierte a esta cinta en algo especial. Si bien Tornatore quiere transmitir su amor hacia el cine, también deja constancia de que los recuerdos, son uno de los mayores tesoros que posee el hombre. Es en base a nuestros recuerdos, que en algunas ocasiones construimos nuestro futuro. En parte, eso es lo que quiere comunicarle Alfredo a Salvatore con el regalo que le deja al final de la cinta. No quiere más que recordarle que fue lo que lo enamoró del cine, además de internar de que Salvatore se reencuentre con si mismo, con sus sueños de infancia y con su búsqueda del verdadero amor en la adolescencia
.


Son pocas las películas, en especial aquellas lanzadas durante la década de lo ochenta, que se pueden considerar verdaderas obras maestras, perfectas prácticamente en todos los sentidos, como en este caso. Acá se conjugan una magnifica dirección y un aún mejor guión que combina perfectamente el melodrama con la comedia, una logradísima fotografía, obra de Blasco Giurato, además de unas sublimes actuaciones, en especial la del ya fallecido Philippe Noiret y la del pequeño Salvatore Cascio. Para coronar todo esto, hay que sumarle la bella banda sonora, compuesta por el maestro Ennio Morricone en compañía de su hijo, Andrea. Es tal la carga emotiva de la música que complementa de manera excepcional la belleza expresiva de las imágenes. Hace pocos días tuve la suerte de asistir a un show realizado por Morricone en mi país, y la verdad es que no pude evitar emocionarme cuando esta canción fue interpretada por la Orquesta Sinfónica de Roma, debido a que irrevocablemente se me venían a la mente muchas de las escenas de esta gran cinta.

Como ha pasado con muchas cintas, esta al momento de su lanzamiento tuvo una tibia recepción por parte del público. No fue hasta que obtuvo un premio especial del jurado en el Festival de Cannes y haber logrado asimismo el Globo de Oro a mejor film de habla no inglesa, que “Cinema Paradiso” fue postulada como candidata al Oscar a mejor film en la misma categoría. Luego de ganar el Oscar, la cinta se reestrenó con una amplia y merecida aceptación, pasando a ser una de las películas más importantes tanto de Italia, como de toda Europa.


La cinta es una verdadera oda a las salas de cine de antaño y al torrente de emociones que el cine es capaz de transmitirle al espectador. Es acerca de la magia presente en cientos de películas, las cuales son capaces de transportarnos a mundos irreales, que no son más que la representación de muchos de nuestros sueños. A la vez, es un retrato del alma humana, en como nuestras decisiones nos puede llegar a afectar a nuestros seres queridos y a nosotros mismos, y como nuestros recuerdos pueden ser la llave que nos permita retomar la felicidad que creíamos perdida. Toda una obra maestra que no debe ser dejada de lado por ningún aficionado al cine y a sus historias.


Presentación en Chile de Morricone interpretando la canción principal de la cinta:


por Fantomas.

jueves 20 de marzo de 2008

Man with the X-Ray Eyes: El deseo incontrolable de ver más allá.

“The man with the X-ray eyes “(1963), es un film de ciencia ficción dirigido y producido por el mítico rey de las películas serie B, Roger Corman. La cinta está protagonizada por Ray Milland y Diana Van der Vlis.

El brillante Dr. James Xavier (Ray Milland) logra desarrollar un suero que puede mejorar la visión a niveles insospechados, permitiendo incluso ver a través de cualquier objeto. Inspirado por el increíble potencial medico de su descubrimiento, y pese al rechazo de sus colegas, el doctor decide experimentar la poción en él, solo para descubrir que su habilidad para ver a través de las paredes, de la ropa y de la piel es eclipsada por su insaciable deseo de ver más allá, incluso si eso significa ver más allá de lo que un mortal puede soportar.


Roger Corman es bien conocido por como construyó el imperio del que ahora es dueño, a base de películas de bajo presupuesto, entre los que se pueden encontrar algunos film formidables, como también algunos que fácilmente podrían ser considerados dentro de los peores de la historia del cine. Gran parte de sus producciones extraen ideas de producciones más costosas realizadas por los grandes estudios en Hollywood. Sin embargo, cuando ha logrado separarse de la imitación para salir con algo totalmente original, son las ocasiones en que Corman nos ha entregado obras realmente memorables, que es lo que sucede en esta ocasión con “X”.

El guión creado por Ray Russell y Robert Dillon nos entrega una historia, que si bien se presenta como la típica historia del científico loco, tantas veces vista antes y después de este film, rápidamente con el transcurso de los minutos se hace evidente que la trama presenta algunas variaciones que la convierten en una propuesta bastante original. Para empezar, en esta cinta no existen villanos. Lo más cercano a eso es el personaje interpretado por Don Rickles, que es una suerte de estafador el cual presiona en una primera instancia al Dr. Xavier a actuar como un fenómeno de feria, para luego obligarlo a actuar como una especie de curandero. Sin embargo, el no es más que una amenaza menor dentro de la trama, marcando solo un momento de la vida de Xavier luego de haber comenzado a probar la fórmula en si mismo, siendo precisamente las diferentes consecuencias que le trae dicha decisión lo que se explora durante el transcurso de la película.


A diferencia de otros científicos locos cinematográficos y literarios, entre los que se pueden tomar como ejemplo al Dr. Frankenstein o al personaje de la obra de H. G. Welles, “El hombre invisible”, los cuales se presentan como personajes absolutamente megalomaníacos que buscar igualarse a Dios meramente por alimentar su ego, el Dr. Xavier inicia sus experimentos con en busca de un objetivo más noble, que el de lograr diagnosticar enfermedades subyacentes tan solo utilizando la visión humana, ganando de esta forma tiempo para tratar dicha enfermedad. Sin embargo, en el transcurso de dichas investigaciones surgirán otro tipo de objetivos que inevitablemente lo terminarán consumiendo. Esto responde un poco a la visión cinematográfica de los científicos durante los años 50 y 60, en que se los presentaba como hombres temerarios capaces de cruzar todo tipo de fronteras con tal de lograr sus objetivos, con lo que generalmente desataban algún tipo de desastre de incalculables consecuencias. Todo esto acompañado por la sermón religioso de rigor, que en este caso queda aún más patente en el climático final de la cinta, que nos enseña que aquellos hombres que desafían los límites impuestos por Dios tarde o temprano serán castigados.

También se podría decir que todo el proceso vivido por el protagonista es bastante similar a las distintas etapas de la drogadicción. Xavier comienza con una pequeña dosis para probar los efectos, luego al ver que funciona decide aplicarse mayores dosis para que el efecto sea aún mayor. Es más, después de un tiempo se da cuenta que el efecto es solo momentáneo, por lo que constantemente debe estar aplicándose dosis, sin que necesariamente utilice su visión para algún fin práctico. Todo esto le traerá problemas en el trabajo, con sus amigos, con la ley, y finalmente terminará sumiéndolo en un infierno del que difícilmente podrá salir. Es por este motivo que muchas veces se ha dicho que este film sirve como critica a las investigaciones realizadas durante los 50 y los 60, en las que se aplicó LSD en pacientes alcohólicos o con problemas psiquiátricos, debido a que según decía un gran grupo de psicoanalistas, ayudaba a derribar las barreras psicológicas del paciente lo que ayudaba en gran medida a su recuperación.
En la cinta ocurre precisamente lo contrario, cada vez que aumenta su visión el protagonista, su percepción de mundo real es cada vez más borrosa.



La actuación de Ray Milland tiene una responsabilidad bastante importante en la efectividad del relato. Su interpretación del arrogante Dr. Xavier es sumamente creíble, lo que se agradece porque eso hace que la trama no se torne ridícula o sin sentido.
Hay que recordar que el actor fue merecedor de un Oscar por su papel en la cinta “The lost weekend” (1945), en la que interpretaba a un personaje de similares caracteriscas.
El resto del elenco hace un trabajo aceptable, teniendo en cuenta que tampoco se contaba con el presupuesto para contratar actores de mayor calibre.

El gran toque de originalidad se lo da su director, el cual nos sugiere utilizando filmaciones en 3D, filmaciones de esqueletos humanos y una serie de efectos de luz, la profundidad de la visión de Xavier. Lo interesante es que pese a no ser efectos excelentemente realizados, cumplen por completo la función por la cual fueron utilizados. Por supuesto no podía faltar el toque bizarro tan característico de las producciones de este director, que lo viene a dar aquella fiesta en que Xavier puede ver a todos sus participantes desnudos. Viene a dar un cierto alivio cómico a una trama mucho más densa, dramáticamente hablando, de lo que parece.

Contando con un pequeño presupuesto de solo $300.000 dólares (existen películas del director que fueron hechas aún con menos), fue que Corman realizó este film que es por muchos considerado como su mejor incursión en la ciencia ficción. Entre la muchas virtudes que presenta podemos nombrar el excelente ritmo que mantiene la cinta, resultando sumamente entretenida, además de la sólida actuación del protagonista, una adecuada banda sonora obra de Lex Baxter, un bien armado guión y unos efectos simples pero efectivos. Si hay algo que reconocerle a Corman, es que muchas veces se las arregló para realizar buenos films con poco dinero, como en este caso que nos entrega esta estupenda que película que ya se ha convertido en un clásico de culto del género. Un imperdible dentro de la filmografía del “versátil” Roger Corman.


por Fantomas.

martes 18 de marzo de 2008

The Lady Vanishes: De lo mejor de la época británica del maestro del suspenso.

“The lady vanishes” (1938), es un film dirigido por el maestro del suspenso, el gran Alfred Hitchcock. La cinta está basada en la novela “The Wheel Spins”, de la escritora Ethel Lina White, la cual fue adaptada por Sydney Gilliat y Frank Launder. Está protagonizada por Margaret Lockwood, Michael Redgrave y Dame May Whitty.

En un tren a Inglaterra, Iris Henderson (Margaret Lockwood) conoce a Miss Froy (Dame May Whitty), una simpática anciana con la que entabla una cierta amistad. Tras una pequeña siesta, Iris despierta y no encuentra por ningún lado a Miss Froy. Lo peor es que el resto de los pasajeros no recuerda haberla visto en el tren. El único que cree la historia de la joven es un músico llamado Gilbert (Michael Redgrave). Ahora juntos iniciaran una investigación que les llevará a poner en peligro sus vidas.

Luego de completar su film “Inocencia y juventud” (1937), Hitchcock y su esposa Alma se encontraban buscando algo interesante para terminar el contrato de dos películas que tenían con el productor Edward Black. Lamentablemente, no encontraron nada que los convenciera, por lo que a Hitchcock no le quedo otra opción que presentarse en la oficina de su productor para preguntar si es que existía algún guión ya preparado, un proyecto que alguien se hubiese visto en la obligación de abandonar. Esta increíble excepción hecha por el director no dejó de sorprender a Black quien conocía los métodos habituales de Hitchcock. Sin embargo, a sabiendas de que un director poco motivado es peligroso para el negocio, rápidamente el productor se decidió a entregarle una historia que debido a ciertos problemas fue abandonada el año anterior.

En mayo de 1936, Frank Launder había sugerido a la productora Gainsborugh, para la cual estaba trabajando, que comprara los derechos de la novela escrita por Ethel Lina White. Esto lo pidió como parte de contrato, el cual estipulaba que debía escribir un guión al año, siendo la adaptación de la novela en cuestión el guión que él deseaba elaborar. Pero por aquel entonces tenía que reelabora un guión de otro film que iba a entrar inmediatamente en producción, por lo que se le encargó la adaptación a Sydney Gilliat, trabajo al que posteriormente se sumaria Launder.

El director seleccionado en un principio para esta cinta era Roy Williams Neill, un americano radicado en Inglaterra, el cual es responsable de la gran mayoría de los films de Sherlock Holmes protagonizados por Basil Rathbone. Cuando el guión se encontraba finalizado, un equipo fue enviado a la ex Yugoslavia, bajo las órdenes de Fred Gunn, un ayudante de dirección, para rodar los exteriores de verano. Pero tras un accidente en el cual Gunn se fracturó el tobillo, la investigación de la policía yugoslava descubrió el guión, y como era su costumbre, insistieron en aprobar las impresiones de unos extranjeros acerca de su país. Fue de esta forma que el equipo fue rápidamente deportado, debido a que las primeras páginas del guión fueron encontradas algo controversiales. Cuando el equipo volvió a Londres, el informe de este pequeño altercado policial internacional, sumado al accidente de Gunn y la poca motivación presentada por el director americano, fueron razones suficientes para cancelar el proyecto.

Apenas Hitchcock leyó el guión, abandonó todos los proyectos poco interesantes que había considerado con el escritor Michael Hogan. Les hizo unas pequeñas sugerencias a Launder y Gilliat con respecto al guión, en especial acerca de las escenas iniciales y finales de la cinta, y dijo poder filmar “The lady vanishes” en un mes.
Según recordaría Launder “La diferencia entre el nuevo principio que escribió y el del guión original era que el ritmo resultaba mucho más rápido. Y el último rollo quedó realmente más excitante, con más giros y sorpresas.”
El guión final revelaría que solo fueron cambios menores los realizados por Hitchcock, ya que la historia seguía siendo la misma. “Creo que éste es el único caso en el que Hitchcock trabajó sobre un guión preparado para otro director” diría Gilliat, a sabiendas que esto era algo totalmente contraproducente para el director, pero que sin embargo revela en gran medida la fascinación que experimento Hitchcock cuando le llegó este guión, que él consideraría como uno de los mejores que jamás hubiera tenido entre sus manos.

El reparto fue rápidamente conformado por Dame May Whitty, quien aceptó el papel clave de Miss Froy, Margaret Lockwood, quien se encontraba bajo contrato con la Gainsborough y la cual se reconocía como fan de las novelas escritas por Ethel Lina White, por lo que confió en que el papel de la protagonista le fuera adjudicado. Sin embargo, no fue hasta después que realizó una prueba de cámara a pedido del mismo Hitchcock que recibió el papel. Finalmente se contrató a Michael Redgrave para personificar al protagonista masculino, hecho que no resultó tan fácil. El actor se encontraba enfrascado en su carrera teatral y no tenia ninguna intención de participar en una película debido a que según sus parámetros, ningún actor serio se concentraba en aparecer en el cine o ante las cámaras. Sin embargo, tras escuchar a John Gielgud, director de la compañía a la cual pertenecía, quien ya había trabajado con Hitchcock en una ocasión, y que le dijo que esto podría ser una experiencia muy enriquecedora, fue que el actor aceptó muy a regañadientes la oferta de la productora.

Se podría decir que la película se divide en dos segmentos bastante marcados. En el primer segmento, la acción ocurre en un hotel ubicado en una ciudad ficticia de Europa, el cual se encuentra repleto debido a que el tren que debe partir hacia Londres se encuentra prácticamente sepultado bajo la nieve. En este contexto es que se presenta a los personajes principales y sus respectivas personalidades, los cuales participan en una serie de situaciones cómicas, además de un misterioso asesinato. Es en esta parte de la cinta en que personajes como Caldicott (Naunton Wayne) y Charters (Basil Radford), un par de ingleses cuya mayor preocupación es llegar a tiempo a un partido de cricket, adquieren cierta notoriedad debido a la gran cantidad de situaciones cómicas en las que se ven envueltos. En el segundo segmento en cambio, ya nos sitúa en el interior del tren, en donde se nos presenta otro grupo de personajes, en su gran mayoría poseedores de características algo más oscuras que los vistos anteriormente, y se entra de lleno en el plano del suspenso como tal, en el preciso momento en que Miss Froy desaparece. De todas formas, fiel al estilo de Hitchcock, esta parte del film no deja de tener algunos momentos cómicos, que bajo la ideología del director, servían para alivianar un poco la tensión.

Las actuaciones son en general bastante buenas, incluso la de Redgrave que en más de una ocasión mencionó que nunca se tomó muy en serio su actuación en este film. Lo curioso de todo esto, es que precisamente esa indiferente interpretación que realiza el actor, le dio a su personaje una locuacidad natural que encaja perfectamente con la esencia del papel que debía personificar y que por lo demás fue algo que dejo sumamente contento a Hitchcock.
La película como mencione anteriormente cuenta con un muy buen guión, que entrega algunas vueltas de tuercas bastante interesantes, junto con algunos momentos llenos de tensión, algo que Hitchcock sabia lograr a la perfección.
Esta es cinta se podría considerar fácilmente como uno de sus mejores trabajos realizados durante su época británica, la cual a lo largo de los años ha servido como inspiración para otras obras, como por ejemplo la reciente “Flightplan” (2005), protagonizada por Jodie Foster.

por Fantomas.

domingo 16 de marzo de 2008

Los Cazafantasmas: ¿A quién vas a llamar?....

“Los cazafantasmas” (1984), es una comedia de ciencia ficción producida y dirigida por Ivan Reitman, la cual está protagonizada por Bill Murray, Dan Aykroyd, Harold Ramis, Sigourney Weaver y Rick Moranis.

Cuando la Universidad de Columbia cancela el departamento de parasicología, los doctores Peter Venkman (Bill Murray), Raymond Stantz (Dan Aykroyd) y Egon Splenger (Harold Ramis) quedan desempleados. En vista de su actual situación, deciden forman una empresa llamada Cazafantasmas, dedicada a la investigación y extracción de pestes paranormales. Pese a su escepticismo, Dana Barrett (Sigourney Weaver) decide ir a visitarlos luego de una extraña experiencia que ha sufrido en la cocina de su departamento. Esto no será más que el inicio de una serie de fenómenos sobrenaturales que azotaran la ciudad de Nueva York, lo que lanzará a la fama a los Cazafantasmas, pero que también esconde el resurgimiento de una antigua fuerza del mal que planea destruir todo a su paso.

La idea para realizar el guión de esta película surgió de la fascinación del actor Dan Aykroyd por lo paranormal, quien además escribió la historia pensando en protagonizarla junto a su amigo John Belushi con el cual trabajó en “Saturday Night Live”. La historia original del actor era bastante diferente a la que finalmente se filmó. La historia situaba a los Cazafantasmas como un grupo de personas capaces de viajar a través del tiempo, espacio y otras dimensiones, en busca de diversos y peligrosos fantasmas. Además, estos Cazafantasmas ocupaban un vestuario similar al que utilizan los equipos S.W.A.T., a la vez que utilizaban varitas mágicas en vez de sus mochilas de protones para enfrentarse a los fantasmas.

Fue con esta idea ambiciosa y algo desproporcionada que Aykroyd llego a las puertas del productor y director Ivan Reitman, a quien le gusto la idea de un grupo de cazadores de fantasmas, pero que de inmediato le hizo ver al actor que para realizar dicha película se necesitaría de un enorme presupuesto. De esta forma, Aykroyd se puso a trabajar junto con Harold Ramis en la elaboración de un nuevo guión, el cual crearon luego de tres semanas encerrados en un refugio anti-bombas. Este nuevo guión fue escrito especialmente para que fuera protagonizado por John Belushi, Eddie Murphy y John Candy. Sin embargo, Belushi murió debido a una sobredosis de drogas durante el proceso de elaboración del guión, mientras que John Candy y Eddie Murphy no podían participar debido a que tenían otros compromisos. Al saber esto, se le realizaron nuevos cambios al guión, junto con pulir algunas ideas ya existentes, lo que dio como resultado el guión que seria filmado.

Para llenar el espacio dejado por John Belushi, fue contratado Bill Murray. A él se le suelen atribuir cierta responsabilidad en la construcción del guión, en gran medida por su interpretación semi-improvisada, lo que obligaba a cambiar algunas escenas. Hay algunos que dicen que Murray nunca leyó el guión y que improvisó todo, mientras que hay otros que aseguran que solo improvisó algunas líneas, pero que debido a su habilidad como actor cómico lograba que sus líneas dieran la impresión de ser improvisadas. De todas formas, pese a que Murray no es el actor que es hoy, significó un gran aporte para la cinta, aportando con diálogos bastante ingeniosos, que lograban romper ciertos momentos de tensión o de calma y convertirlos en momentos realmente cómicos. Se podría decir que es sin duda el personaje más carismático del film.

Por otra parte, el rol pensado para John Candy, que era el del abogado Louis Tully, le fue entregado a Rick Moranis. Fue con la llegada del actor que se sugirió cambiar el perfil del personaje de un hombre de negocios algo conservador, a un abogado bastante torpe e incompetente que siente una marcada atracción por el personaje de Sigourney Weaver. De la misma forma, el personaje ideado teniendo en mente a Eddie Murphy le fue entregado a Ernie Hudson, un actor sin mucha experiencia en el cine, por lo que se redujo la cantidad de minutos en que en un principio participaba su personaje, y su aporte reside en establecer en cierto punto de la cinta que la cantidad de trabajo de los Cazafantasmas ha ido en aumento, al punto de que deben contratar a un nuevo miembro.

Los efectos especiales son una verdadera maravilla, tomando en cuenta la época en que fue hecho el film. Se utilizaron todo tipo de elementos para crear los efectos, desde maquetas a animaciones o impresiones ópticas. Los efectos tienen la cualidad de no verse ridículos, y lo que es mejor, no entorpecen las actuaciones ni las situaciones en que son utilizados. Ya sea en la escena del hotel en la que intentan cazar al mítico Pegajoso (fantasma creado pensando en el fallecido Belushi), o en la escena del enfrentamiento con Gozer (Slavitza Jovan), los efectos funcionan bastante bien, logrando situar a las mismas como dos de las más memorables de la cinta. No por nada, esta película fue nominada al Oscar por sus estupendos efectos visuales.
En cuanto a la banda sonora, es de aquellas que difícilmente se olvidan. Mientras que la gran parte de la música fue compuesta por Elmer Bernstein, la canción principal fue escrita e interpretada por Ray Parker Jr. Además de transformarse en un gran éxito que logró estar por tres semanas situada en el número 1 de la lista de realizada por la Billboard, la canción fue nominada a un Oscar como mejor canción.

El guión presenta una trama bastante simple pero muy bien escrita. Mientras que Aykroyd aporto con gran parte del concepto básico con el cual el film se creó, Ramis logró aterrizar los elementos fantásticos y situarlos en un contexto realista. De la misma forma se aprecia la habilidad de ambos hombres para escribir diálogos inteligentemente armados, que en ningún momento caen en la broma burda o netamente absurda, sino que más bien se trata de un humor bastante ingenioso, lo que ayuda a que la cinta se haga aún más entretenida. La simpleza de la trama y la forma en como se desarrolla hace que la cinta corra bastante rápido y que en ningún momento se torne ni ligeramente aburrida.

La película esta bien dirigida, y las actuaciones en general son bastante buenas, aunque obviamente tampoco son del otro mundo. Las personalidades de los tres Cazafantasmas originales son dispares, aunque no en extremo, debido a que incluso Egon, que es el más serio, aporta con su dosis de humor. La cinta fue un verdadero éxito de taquilla, siendo la comedia más exitosa lanzada en los ochenta. Fue por este motivo que se realizó una secuela en 1989, que lamentablemente no obtuvo los mismos resultados que esta cinta, además del nacimiento de dos series animadas de televisión.
Esta es sin duda una de las mejores comedias de la historia del cine, opinión que avala la lista hecha por el “American Film Institute” (AFI) que la situó en el puesto 28 entre la lista de las 100 mejores comedias de la historia. Definitivamente es un clásico que debe ser visto, y que difícilmente puede llegar a aburrir, incluso luego de varias revisiones.


por Fantomas.

viernes 14 de marzo de 2008

Theatre of blood: Una bizarra visión de la obra de Shakespeare.

“Theatre of Blood” (1973), es una cinta de terror dirigida por Douglas Hickox y protagonizada por Vincent Price, Diana Rigg y Ian Hendry.

Cansado de recibir críticas negativas por años, el actor shakesperiano Edward Lionheart (Vincent Price) decide que es hora de llevar su obra a niveles inusitados. El plan es simple: acabar con todos sus detractores utilizando métodos inspirados en las distintas obras de Shakespeare, como por ejemplo un descabezamiento al estilo de Cimbelina, un apuñalamiento a la manera de Julio Cesar o la intempestiva extracción de una libra de carne, inspirada en el Mercader de Venecia. Lo que demuestra que el mundo es verdaderamente un escenario…. ¡El escenario del crimen!.


A diferencia de la mayoría de los films en los que Vincent Price se encontraba trabajando durante esa época, esta cinta fue producida por la United Artist y no por la American Internacional Pictures (AIP). Teniendo esto presente, podríamos decir que el guión desarrollado por Anthony Greville-Bell, en base a una idea de los productores Stanley Mann y John Kohn, fue directamente influenciado por las dos películas del Dr. Phibes que Price realizó con la AIP: “El abominable Dr. Phibes” (1971) y “El regreso del Dr. Phibes” (1972). El actor fue nuevamente llamado a personificar a un maniático vengativo, que utiliza diversos métodos para asesinar a sus victimas, rozando en ocasiones el humor negro.

En un principio se le ofreció la dirección de la cinta a Robert Fuest, encargado de las cintas del Dr. Phibes, cargo que rechazó debido al miedo de ser encasillado como director de films de horror. Por esta razón fue que el director ingles Douglas Hickox fue escogido para ocupar el puesto dejado por Fuest. A su llegada, Hickox prometió hacer su mejor esfuerzo como director, junto con intentar lograr un balance entre el terror y el humor negro presente en la trama. Esto obviamente no logro concretarlo, hecho que se ve claramente reflejado en la calificación R que obtuvo la película debido a la violencia exhibida. Esta es por lejos la cinta más gore en la que haya trabajado Vincent Price, lo que le da cierto valor agregado a esta producción.

Una de las razones que más disfrutó Vincent Price de este proyecto, fue que en esta ocasión podría personificar a 8 personajes de William Shakespeare, hecho que según sus mismas palabras “Muy pocos actores pueden hacer eso en todo el transcurso de sus vidas, más aún si son americanos”. Otro hecho que sin duda dejo muy satisfecho a Price, fue que la gran mayoría del reparto estaba constituido por actores dramáticos bastante respetados en Inglaterra. Entre estos actores secundarios se encontraban Diana Rigg y Ian Hendry, los cuales habían trabajado en la serie de televisión “The Avengers”, además de Robert Morley, Jack Hawkins, Harry Andrews y Michael Horden. Lo curioso es que gran parte de este conjunto de respetados actores de teatro accedieron a trabajar en una cinta de terror debido a la presencia de Vincent Price en la misma. El mismo Hickox menciono en una ocasión “Todo el mundo era un fan, y ellos querían trabajar con él. Todos lo hicieron como un pequeño homenaje para él.”

La cinta fue filmada en estupendas locaciones, como por ejemplo el teatro “Putney Hippodrome”, lugar que ya habia utilizado Hickox en su anterior film “Sitting Target” (1972), el cual estaba a punto de ser demolido, por lo que era un sitio bastante peligroso para efectuar las grabaciones. Sin embargo era el lugar perfecto debido a que reflejaba la decadencia en que se encontraba sumido Edward Lionheart, representando sus “éxitos” a su público fiel, compuesto de borrachines y locos.
Price en una entrevista también menciono el lugar en el que filmaron el asesinato inspirado en la obra de “Richard III”. “Era una vieja bodega de vinos abandonada, ubicada casi abajo del Támesis. Debido a unas fugas de agua se habían formado estalactitas. Además era un sitio muy oscuro que debió ser iluminado por cientos de velas, lo que dio como resultado una escena espectacular. Uno no podría construir un set como ese ni en cien años.”

La película cuenta con un guión realmente inteligente y unas actuaciones bastante sobresalientes. El papel realizado por Vincent Price es realmente de culto, creando un personaje bastante carismático pese a ser el villano, algo que el actor solía lograr en la gran mayoría de sus trabajos. Es fácilmente uno de los mejores papeles de su carrera, al punto que hubo algunos críticos que opinaron que su actuación era merecedora de un Oscar. Los asesinatos son bastante explícitos para el común de los films protagonizados por Price, además de contar con altas dosis de un humor negro bastante británico. La banda sonora por su parte, obra de Michael J. Lewis, es más cercana a la música de un film épico o de aventuras que a uno de horror. Sin embargo por extraño que parezca, funciona bastante bien realzando el tono teatral de la cinta.

El
trabajo del director es aceptable, más no memorable, aunque si logra entregar una película con un buen ritmo, resultando bastante entretenida a lo que se suma un climax bien logrado, con un Edward Lionheart recitando su último gran monologo.
La película es sumamente entretenida y gracias ha que ha envejecido relativamente bien, con el tiempo se ha convertido en un film de culto. Además es el trabajo preferido de Price, quien consideraba esta obra junto con las dos cintas del Dr. Phibes como una trilogía acerca del teatro, la cual según su opinión, era lo mejor que habia realizado durante su carrera.
Definitivamente un imperdible del gran Vincent Price, además de ser un verdadero clásico del cine de terror.
Como dato curioso, fue en esta cinta que Price conoció a Coral Browne, actriz que personifica a la crítica Ms. Chloe Moon, la cual muere electrocutada a manos de Edward Lionheart. Luego de filmar la escena. Price le envió una botella de champagne a la actriz. Esto seria el comienzo de un lindo idilio ya que al poco tiempo después el actor se divorció de su segunda esposa Mary, para poder casarse con Browne. ¡Linda forma de conocer a tu futura esposa!.

por Fantomas.

miércoles 12 de marzo de 2008

The most dangerous game: La película favorita del asesino del zodiaco.

“El malvado Zaroff” (1932), es un film basado en la historia corta del mismo nombre, del escritor Richard Connell. La cinta está dirigida por Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, y la protagonizan Joel McCrea, Fay Wray y Leslie Banks.

La embarcación en la que viajan un grupo de cazadores naufraga en una extraña isla. El único sobreviviente es un avezado cazador llamado Robert Rainsford (Joel McCrea), el cual descubre una casa en medio de la desolada isla. Allí conoce al conde Zaroff (Leslie Banks), que vive en su fortaleza junto con sus sirvientes y una pareja de hermanos sobrevivientes de un anterior naufragio. Tras manifestar su afición por la caza, el misterioso personaje los obligará a participar en “el juego más peligroso”, en el cual el cazador se convierte en la presa.

Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, co-director y productor de esta película respectivamente y posteriores creadores de ese gran clásico del cine de aventuras llamado "King Kong" (1933), conformaban una dupla bastante peculiar. Cooper, fue piloto durante la Primera Guerra Mundial, mientras que Schoedsack era camarógrafo de un noticiero, bastante conocido por su gran valentía. Ellos se conocieron después de la guerra, y desde ese momento comenzaron a gestar una lucrativa sociedad. Generalmente trabajaban juntos como directores y productores, o como en este caso, con Cooper como productor y Schoedsack como director. Ambos participaron en un buen número de cintas entre las que se encuentran: “The Four Feathers” (1929), “The Son Of Kong” (1933) y “Mighty Joe Young” (1949), entre otras.

La selección de sus proyectos, que por lo general se balanceaban entre el cine de aventuras y el documental, se debe en gran medida al espíritu aventurero que ambos poseían y que los llevó a filmar en locaciones ubicadas en los rincones más remotos de la Tierra. Su documental mudo “Grass” (1925), que describe sus seis semanas de viaje a través de las montañas de Irán, o las numerosas tomas que realizaron en las junglas de Tailandia para su film “Chang” (1927), son buenos ejemplos que describen ese espíritu antes descrito y que en gran medida es responsable del enamoramiento de estos dos personajes por la historia corta del escritor Richard Connell.

El guionista James Ashmore en su adaptación de esta historia, le realiza un par de cambios los que darían como resultado una especie de maqueta de lo que seria aquella obra maestra llamada “King Kong”, cuyo guión es también obra de él.
Los principales cambios realizados por el guionista fueron la inclusión de la pareja de hermanos personificados por Fray Way y Robert Armstrong, con lo que también agregaba un personaje femenino inexistente en el cuento, además de cambiar el tiempo de duración del juego ideado por Zaroff, de tres días a una noche. Todos estos cambios apuntaban a darle un ritmo más frenético a la cinta, aunque dichas variaciones no dejaban de ser un riesgo, que podrían ir en desmedro de la historia.

Afortunadamente, la inclusión de Eve Trowbridge (Fay Wray), resulta un verdadero acierto. Contrario a lo que se podría pensar, no se pierde tiempo desarrollando una posible trama romántica entre ella y el protagonista, sino que más bien sirve para agregarle cierta carga erótica a la cinta. Por un lado, su presencia sirve como una forma natural de presentar el problema en el que pronto se verá inmerso el protagonista, ayudando en gran medida a aumentar la tensión existente en la cinta. Además, su sola existencia le aplica una mayor presión a Robert Rainsford, debido a que Zaroff declara que la mujer pasa a formar parte de la apuesta; quien salga vencedor podrá coronar su victoria disfrutando sexualmente de la mujer. Esto responde a la creencia de Zaroff de que “solo luego de matar, el hombre puede conocer el verdadero éxtasis del amor”. Teniendo en cuenta esto, Rainsford sabe que en caso de perder, la mujer será tomada a la fuerza por el malvado conde, hecho que él no está dispuesto a permitir.

Por su parte, Zaroff bien podría ser considerado como un símil del famoso conde Drácula. Se trata de un tipo extremadamente educado, que “invita” a sus potenciales victimas su hogar, que por casualidad se trata de un siniestro castillo ubicado en una colina, como huéspedes y que incluso se describe como una persona que “duerme de día y caza de noche”, lo que deja aún más explicitado el parecido con el vampiro. Este personaje representa el lado más oscuro presente en todos los hombres, aquel que hace que el hombre discrimine a sus pares, tratándolos de prescindibles o inferiores. Para el conde, aquellas personas que tienen la mala suerte de caer en sus garras, son consideradas como simples animales que deben someterse, de una forma u otra, a su desquiciado juego.

La elección de Fay Wray como la actriz encargada de personificar a la aproblemada Eve Trowbridge, se debe en gran medida a su trabajo en la cinta “The Four Feathers” (1929), en la que tuvo la oportunidad de conocer a Schoedsack y Cooper. Curiosamente tanto Fray Way como Robert Armstrong, se encontraban participando en “King Kong” al mismo tiempo que se encontraban grabando esta película. El set de la jungla utilizado en este film, es el mismo utilizado para las escenas de “Skull island” en “King Kong”, y debido a que los productores buscaban un método que les permitiera abaratar algunos costos, las escenas de esta película se filmaban durante el día en dicho set, mientras que las de Kong era filmadas durante la noche.

Las actuaciones son en general bastante buenas, en especial las de Wray y la del protagonista Joel McCrea, actor que alcanzaría una mayor notoriedad luego de su participación en el film de Alfred Hitchcock, “Foreign Correspondent” (1940). Leslie Banks por su parte, realiza un trabajo adecuado personificando al conde Zaroff, aunque a ratos cae un poco en la sobreactuación. Debido a que luego de la guerra, el actor quedo con gran parte del lado izquierdo de su cara paralizado, el director aprovecha dicha limitación para establecer un estado psicológico determinado según el lado de la cara que se este enfocando. Es por esto que en aquellas tomas en que solo es tomado el lado derecho de su rostro, Zaroff se muestra como un personaje más civilizado, he incluso afable con sus invitados. Lo contrario sucede en aquellas tomas en las que se descubre por completo su rostro. En ellas fácilmente se puede ver que él ha dejado caer todas las caretas para mostrarse tal como es; un frío y despiadado cazador.

La película dura alrededor de 65 minutos, lo que ayuda en gran medida a que el ritmo establecido y el suspenso logrado, no decaigan durante el transcurso de la cinta. Lamentablemente esta obra ha pasado un poco al olvido debido a que tanto Schoedsack como Cooper son recordados más por “King Kong”, que por otro film, además del hecho que si consideramos que esta película es una especie de maqueta de lo que posteriormente fue su gran obra, este trabajo tiende a verse como un producto menos valorable de lo que realmente es. Por último, la moda establecida principalmente por la Universal y sus películas de monstruos, no permitía sembrar mayor interés en una obra en que el mayor villano fuese un humano común y corriente.
No es hace mucho tiempo que esta película comenzó a ser considerada como una obra de culto, hecho que posiblemente pudo ser influenciado por la mención de esta cinta como la preferida del asesino del film “Zodiac” (2007), del director David Fincher.
En definitiva una obra que merece ser vista y rescatada de las fauces del olvido.

por Fantomas.

lunes 10 de marzo de 2008

La danza de los vampiros: ¿Quien dijo que los vampiros no son tema de burla?

“La danza de los vampiros” (1967), es una cinta de comedia/horror dirigida por Roman Polanski y escrita junto a Gérard Brach. Está protagonizada por Jack MacGrowran, Ferdy Mayne, Sharon Tate y el mismo Polanski.

En una remota aldea de Transilvania, el profesor Abronsius (Jack MacGrowran) y su atribulado ayudante, Alfred (Roman Polanski), descubren algunos indicios que parecen comprobar la teoría que los ha llevado hasta ese lugar: la existencia de vampiros. Cuando Sarah (Sharon Tate), la hermosa hija del dueño de la posada en la cual se encuentran es misteriosamente secuestrada, los dos investigadores se lanzan a su búsqueda en las profundidades del castillo del conde Von Krolock (Ferdy Mayne), el aristócrata de la zona.


Luego del éxito internacional obtenido por su film de terror psicológico, “Repulsion” (1965), el director Roman Polanski arribó a Inglaterra, donde pudo contar con mayores presupuestos para la realización de sus cintas. Fue para esta, su primera cinta a color, que el director aprovechó la mayor cantidad de dinero con la que disponía para contratar un grupo de gente considerada como verdaderos artistas dentro de la industria cinematográfica británica. Entre esa gente se encuentra el director de fotografía Douglas Slocombe, el cual ostenta una larga carrera en Inglaterra, además de ser responsable de la fotografía de los tres primeros films de Indiana Jones, y el diseñador de producción, Wilfrid Shingleton, quien había obtenido un premio Oscar por su trabajo en la película “Great expectations” (1946).

En la época que Polanski llegó a Inglaterra, la Hammer y sus producciones se encontraba en pleno apogeo, siendo las historias protagonizadas por vampiros, las favoritas del público. Fue por este motivo que el director decidió ofrecer su peculiar visión acerca del mito del vampirismo, en una especie de homenaje o parodia, según como se quiera ver, al trabajo realizado hasta la fecha por la “casa del martillo”.
Con esta película irrumpe en clásico y bien delimitado subgénero donde reina el conde Drácula, con la intención de romper los moldes establecidos acerca de los personajes y la trama de forma cómica, sin necesariamente renunciar a los gestos, actitudes y símbolos por todos conocidos.

Polanski reemplaza al clásico y valeroso cazador de vampiros, comúnmente representado por el profesor Van Helsing en los films de la Hammer, para entregarnos al profesor Abronsius, una especie de hermano perdido de Albert Einstein, algo torpe y distraído, quien a diferencia de su colega, la razón que lo motiva a embarcase en esta aventura reside más en su sed de conocimiento y sus deseos de comprobarle sus teorías a aquellos colegas que lo tildaron de loco, que el deseo de erradicar el mal sobre la Tierra, encarnado en el vampiro de turno, pese a que en ciertas ocasiones pareciera que sus motivos se acercan más a los del clásico cazador. Sin duda es este el personaje que se lleva la mayor carga cómica de la cinta, en gran medida debido a su caricaturesca forma de ser.

El resto de los personajes se dividen en dos grupos conformados por aquellos que corresponden a los parámetros normales existentes en este tipo de cintas, mientras que el resto se encuentra netamente en el campo de la parodia. Mientras que el conde Von Krolock, que debe su nombre al conde Orlok, el noble chupasangre de la cinta de Friedrich Wilhelm Murnau, “Nosferatu” (1921), y Sarah, la bella hija del posadero, respetan los cánones habituales de una película de vampiros, mientras que Shagal (Alfie Bass), el judío dueño de la posada, Alfred, el leal y temeroso ayudante del profesor Abronsius, Koukol (Terry Downes) el jorobado sirviente del conde y por último Herbert Von Krolock (Iain Quarrier), el hijo gay del conde que siente una gran atracción hacia Alfred, están claramente al servicio de las situaciones cómicas de la película.

Si analizamos la trama de esta película encontraremos que esta presenta un gran número de similitudes con “Kiss of the vampire” (1963), cinta producida por la Hammer, especialmente en como estas tratan el mito del vampirismo. Si bien en ambas cintas el vampiro invita a sus victimas a su residencia para luego emboscarlos y en ambas los personajes asisten a un baile que sirve de iniciación a la joven virgen que ha tomado prisionera el conde, la mayor semejanza reside en como las dos películas tratan el mito del vampirismo. En las dos nos encontramos con un líder, en este caso con el conde Von Krolock, el cual está a cargo de una secta de vampiros, además de estar a cargo de conseguir nuevos integrantes que engrosen la lista de sus seguidores para que de esta forma pueda lograr su objetivo principal, esparcir su “condición” por el mundo para así poder dominarlo.

Lamentablemente cuando el productor ejecutivo de la MGM, Martin Ransohoff vio la versión de la película montada por Polanski, no quedo para nada contento, sin duda se había imaginado una película distinta teniendo como referencia los anteriores trabajos del director. Polanski por su parte, no quiso cambiar ni un solo fotograma, por lo que era necesario llegar a un acuerdo. Fue así que para la versión oficial, estrenada en todo el mundo excepto en Inglaterra, se eliminaron más de 15 minutos; los dialectos eslavos, alemanes y yiddish, que le conferían cierto color a la cinta fueron doblados, perdiéndose de esta forma algunas de las sutiles bromas que presentaba la cinta. Además de esto, la película fue rebautizada como “The Fearless Vampire Killers, or Pardon Me, But Your Teeth Are In My Neck”, y se incluyeron unos cursis títulos de crédito animados en donde el león de la MGM se convertía en un vampiro.

Da la sensación de que la película queda a medio camino entre los dos géneros que maneja, sin que se pueda considerar como un film de perteneciente a uno u otro. De la misma forma, no todos los gags resultan del todo cómicos, aunque si hay un par que son realmente notables. De todas formas la cinta cuenta con un gran número de aciertos tales como la estupenda fotografía desarrollada por Douglas Slocombe, los conseguidos escenarios, muy en el estilo gótico tan característico de la Hammer, que es complementado por el bien diseñado vestuario y por la inquietante banda sonora obra de Krzysztof Komeda, colaborador habitual de Polanski. El conjunto de estos elementos conforma la atmósfera tan digna de un film de terror que posee esta obra. Finalmente resaltar las estupendas actuaciones, en especial la de Jack MacGrowran, que logra construir un personaje que sencillamente se roba la película.

Puede que no sea la mejor cinta de Polanski, pero cuenta con varios momentos notables, incluyendo su sorpresivo climax, y sin duda es una buena entrada en la filmografía del cine de vampiros, así como también dentro de la filmografía de su director.
Como dato anecdótico, el hecho de que Polanski conociera en este film a Sharon Tate, quien posteriormente se convertiría en su esposa y el lamentable asesinato de ella años después a manos de la secta de Charles Manson, ha hecho que esta película adquiera cierta notoriedad extra por la participación protagónica de la actriz.


por Fantomas.

sábado 8 de marzo de 2008

Enter the Dragon: El clásico entre los clásicos del cine de artes marciales.

“Enter the Dragon” (1973), es un film de artes marciales dirigido por Robert Clouse y escrito por Michael Allin. Esta fue la última película protagonizada por Bruce Lee, la que además cuenta con la participación de John Saxon, Jim Kelly y Shin Kien.

Lee (Bruce Lee) es un monje Shaolin y un experto luchador de kung fu. Un día, un agente secreto británico lo visita con la intención de que participe en una operación encubierta: Lee deberá entrar a un torneo que se realiza cada tres años en una isla en el medio del mar de China, el cual es organizado por hombre llamado Han (Shin Kien), del cual se sospecha que es un traficante de drogas, además de un tratante de blancas. Entrando al torneo es la única forma de acceder a la isla, lo que le dará a Lee la oportunidad perfecta para reunir pruebas en contra de Han. Lee terminará aceptando la misión por motivos personales (el guardaespaldas de Han es responsable de la muerte de su hermana). Camino a la isla se encontrará con dos americanos que también asisten al torneo: un apostador empedernido llamado Roper (John Saxon) y un playboy negro llamado Williams (Jim Kelly), siendo ambos dos expertos luchadores.


La película fue idea del productor Fred Weintraub, quien luego de presenciar el éxito obtenido por las tres primeras películas de Bruce Lee producidas en Hong Kong, decidió ofrecerle al actor el papel protagónico en lo que sería su primera y única producción americana/hongkonesa. Curiosamente, el productor ya había trabajado anteriormente con Bruce Lee en la creación de un concepto para una serie de televisión llamada “The Warrior”. Este proyecto eventualmente terminó convirtiéndose en la serie “Kung Fu” (1972-1975), la cual era protagonizada por David Carradine.

Lee aceptó la propuesta, viendo a esta producción como el vehiculo que finalmente lo consagraría como una estrella a nivel mundial del género de las artes marciales. Por ese motivo, el actor trabajo intensamente en la producción de este film, coreografiando la totalidad de las escenas de acción, además de dedicarse a la revisión del guión, adaptando o cambiando escenas según lo que el creía que era mejor para la cinta. Fue su idea agregar la primera escena de la lucha en el templo Shaolin, que contaba con una de las futuras estrellas del cine de artes marciales, Sammo Hung. Tambien es responsabilidad de Lee la inclusión de algunos diálogos que hacen alusión a ideas personales del actor, así como también a ciertas filosofías del arte marcial que él había creado, el "Jeet Kune Do". Esta conducta perfeccionista del actor ya había sido vista antes. Hay que recordar que en su anterior trabajo “The Way of the Dragon” (1972), luego de tener algunos problemas con el director Lo Wei, el actor terminó asumiendo la dirección de la cinta, cambiando el escenario donde sucedía la acción de Hong Kong a Roma, además de contratar a la futura “estrella” del cine de acción americana, Chuck Norris, todo lo cual apuntaba a obtener cierta notoriedad a nivel internacional.

La historia en aquel entonces se presentaba como una idea bastante original, que posteriormente seria repetida hasta el cansancio, no con muy buenos resultados.
Pese a que no lo parece, en el fondo es una cinta de espías que se presenta como un film de artes marciales. De hecho si analizamos la trama, encontraremos que en muchos puntos es bastante similar a la trama del primer film de James Bond: “El Dr. No” (1962). Tenemos a un villano megalómano, el cual posee una verdadera fortaleza en el medio de una isla prácticamente inaccesible, la cual además posee múltiples corredores subterráneos y laboratorios. A esta isla es enviado Lee, quien es una versión algo más oscura y brutal del sofisticado agente británico, sin que esto le reste carisma a este personaje. Finalmente, podemos mencionar que al igual que Blofeld, el villano por excelencia de la saga de films de Bond, el personaje de Han también posee como mascota un gato blanco al cual acaricia de vez en cuando, además de caracterizarse por ser un tipo sumamente intimidante pese a presentarse como alguien de modales refinados y educación clásica.

Pero más allá de las posibles similitudes existentes entre uno y otro film, el encanto de esta cinta reside en sus excelentes escenas de combates y en el carisma de su protagonista. Lee realiza un buen trabajo, acorde con sus capacidades actorales, personificando a este héroe atormentado, cuyos motivos para infiltrarse a la isla a pesar de ser meramente personales, no le impiden cumplir con su misión. Lee es un tipo en total control de emociones, absolutamente calculador, que se detiene a evaluar cada uno de los movimientos que hace y que en aquellas ocasiones en la cuales debe desatar su furia y abandonar esa aparente pasividad, se convierte en una asesino frió y letal, acercándose bastante a la personalidad que exhiben aquellos a los que se enfrenta.
Pese a que Lee lucha por una “causa justa” si nos olvidamos de los motivos que mueven al héroe y al villano, veremos que solo se trata de dos individuos crueles que operan en lados distintos de la ley.

En cuanto a las escenas de combate, son muchas las que una vez vistas, nos acompañaran por mucho tiempo en nuestra memoria. Desde la clásica lucha entre Lee y Oharra (Robert Wall), hasta la multitudinaria lucha del último tramo de la cinta, sin olvidarnos de la clásica lucha entre Lee y Han en la sala de espejos, que dicho sea de paso, fue una idea sacada del film de Orson Welles, “La dama de Shangai” (1947), y que posteriormente sería utilizada en uno de los films de la saga de Bond, “El hombre de la pistola de oro” (1974), lo que demostraría la fuerte influencia ejercida por “Enter the Dragon” en los años setenta. Muchas de estas escenas no están exentas de ciertas anécdotas como el corte provocado por el actor Robert Wall a Bruce Lee con una botella (en ese tiempo se utilizaba vidrio real), hecho que según dicen, enfureció a Lee, lo que provocó que el actor le propinara una patada con todas sus fuerzas a Wall, al punto que le provoco una fractura en un brazo a uno de los extras que debia que recibir al actor luego del golpe. También están las muchas veces que llegaban extras retando a Lee para ver si eran capaces de vencerlo, hecho que claramente jamás lograron. O las múltiples escenas que debieron ser rodadas en cámara lenta, porque era la única forma de captar algunos de los movimientos de este virtuoso de las artes marciales, e incluso la fractura que sufrió Jackie Chan, quien en ese tiempo trabajaba de extra, a manos de Lee en la escena en este manipulaba un nunchaku.

Por su parte, el resto del elenco cumple de modo bastante regular sus tareas, aunque Saxon no resulta muy convincente como un experto luchador, pese a que el actor practicaba artes marciales en su vida personal. De la misma forma, el debutante Jim Kelly, quien posteriormente protagonizaría un par de films de artes marciales bastante peculiares, tampoco termina de convencer, siendo estos los puntos más bajos de la cinta. La inclusión de estos personajes algo burdos responde más a una necesidad de darle un carácter multirracial al film, además de intentar americanizar una cinta repleta de extranjeros.

La película cuenta con una estupenda banda sonora, obra del compositor Lalo Schifrin, que mezcla elementos de la música oriental con otros de la música funk con estupendos resultados.
Esta fue la cuarta y la última película protagonizada por Bruce Lee, quien murió en 1973, tres semanas antes del estreno, debido a un edema cerebral del que hasta el día de hoy se especula que puede haberlo provocado, siendo algunas de las hipótesis el consumo de drogas o ciertos experimentos con su peso, lo que le ayudaría a volverse más rápido. Además es la primera película norteamericana que presentaría un protagonista de origen Chino, junto con ser la primera película de artes marciales producida por un estudio grande como la Warner Bros.

La cinta le abriría las puertas al cine de artes marciales en los Estados Unidos, junto con dar inicio a una serie de malos imitadores de Bruce Lee. Pese a no ser una película perfecta, sin duda es una gran influencia para el cine de acción, llegando incluso a repercutir en una saga con una formula más que probada como la de James Bond, y que terminaría por elevar al estatus de ídolo y leyenda a Lee, quien dejó un legado escaso pero de calidad que sigue siendo disfrutado hasta el día de hoy.


por Fantomas.

miércoles 5 de marzo de 2008

Vincent Price: Ícono del horror.

Vincent Leonard Price Jr., nació el 27 de mayo de 1911 en St. Louis, Missouri, hijo de Marguerite Cobb y Vincent Leonard Price Sr., quien era presidente de una compañía nacional de dulces. Tras terminar su enseñanza escolar, se licenció en historia del arte en la universidad de Yale, luego de lo cual decidió viajar un tiempo por Europa. Es en 1930 cuando Price comienza a interesarse en la actuación, específicamente en el teatro, lo que lo lleva a tomar la decisión de convertirse en actor, cosa que no le iba a resultar fácil, apareciendo por primera vez de manera profesional en escena en 1935.

Su debut en el cine lo realiza en la comedia “Service de Luxe” (1938), del director Rowland V. Lee, en el cual demuestra sus actitudes para la actuación.
Durante la gran mayoría de los años cuarenta, década en la cual firma un contrato con la 20th Fox, que el actor participa principalmente con papeles secundarios en variadas cintas, trabajando en dramas, comedias, algunos films ligados al cine negro y en otro par ligados al género del horror. Dentro de las películas importantes en las cuales Price trabajó durante esa época fueron: “Laura” (1940), de Otto Preminguer, “Que el cielo la juzgue” (1945) de John Stahl y “El castillo de Dragonwyck” (1946) de Joseph Mankiewicz, entre otras.


Ya a principios de los cincuenta, Price dejó de trabajar para la Fox y fue durante esta década que el actor por fin encontró su sitial dentro de la industria cinematográfica. Fue en el año 1953, que el actor protagonizó “La casa de cera”, film de terror dirigida por André de Toth. Debido a su participación en esta cinta, el actor adquirió el estatus de estrella, con lo que comenzaría a adquirir un mayor número de papeles protagónicos. De todas formas, durante un par de años, continuó trabajando en algunas series de televisión y en otros proyectos menores hasta fines de los años cincuenta, donde por fin se consolidaría como una estrella del cine de terror. Películas como “La mosca” (1958), “The Tingler” (1959) y “La casa de la colina embrujada” (1959), entre otras, terminarían de consolidar la imagen que había empezado a fabricar en “La casa de cera”.

En los sesenta, Price tuvo un gran número de éxitos con cintas de bajo presupuesto, las cuales en su gran mayoría estaban dirigidas por el mítico rey de las cintas de serie B, el director y productor Roger Corman. Juntos participaron en una serie de adaptaciones de las obras de Edgar Allan Poe, producidas por la American Internacional Pictures (AIP), las cuales en cuanto a temáticas y estilo visual venían a ser la respuesta norteamericana a lo hecho por la productora inglesa Hammer Films, que tanto éxito estaba obteniendo con sus cintas de monstruos y vampiros, que tenían a los actores Peter Cushing y Christopher Lee a la cabeza. La película que inició esta seguidilla de adaptaciones fue “La caída de la casa de Usher” (1960), a la cual le siguieron otras seis películas más protagonizadas por Price (“The premature burial” (1962) fue la única protagonizada por Ray Milland), siendo “La tumba de Ligeia” (1964), la última de esta saga. La particularidad de estas cintas, es que pese a ser básicamente de terror, más de alguna también presentaba cierto toque de humor, que daba cuenta del histrionismo con el que contaba Vincent Price.

Ya en la segunda mitad de los años sesenta, siguió trabajando con Corman en algunos de sus films, sin que ninguno de estos, salvo algunas excepciones alcanzara el nivel conseguido con las adaptaciones de Edgar Allan Poe. Durante esta época intentó probar con otros géneros cinematográficos, trabajando en un par de delirantes comedias no muy logradas, un par de westerns y un drama de época. También trabajo en un par de series de televisión, como en la muy recordada versión sesentera de “Batman”, donde personificaba al villano Egghead. Algunas películas destacables de este periodo son: “Witchfinder General” (1968), “More dead than alive” (1968) y “La caja oblonga” (1969), donde participó con su homologo inglés, el gran Christopher Lee.

Durante principio de los setenta, Price apareció en otro par de cintas de terror, en su gran mayoría bastante regulares, aunque también dejo algunos films de culto como “El abominable Dr. Phibes” (1971) o “Theater of Blood” (1973). De la misma forma, Price condujo y protagonizo una serie de radio en la BBC llamada “The Price of horror”. El actor además grabó una serie de lecturas dramáticas de algunos poemas e historias cortas de Edgar Allan Poe, lo que fue reunido más tarde con algunas lecturas realizadas por el actor Basil Rathbone.
Ya a mediados de los setenta y principios de los ochenta, comenzó a reducir su participación en films para dedicarse mayormente a ocupar su voz en narraciones para series de televisión e incluso en discos musicales. Un hecho digno de mencionar, es que Price participó con su voz en el video musical “Thriller” de Michael Jackson, además de haber prestado su voz para el primer disco solista de Alice Cooper.

En el verano de 1977, comenzó a participar en una obra de teatro llamada “Diversions and delights”, en la cual personificaba a Oscar Wilde. La obra solo contaba con él en escena, y estaba situada un año antes de la muerte de Wilde. Logró estar de gira con esta obra por alrededor de dos años, en los cuales gozo de un increíble éxito.
En los ochenta participo con su voz en lo que seria uno de sus últimos roles importantes, dándole la voz al profesor Ratigan, en la película de
Walt Disney “The great Mouse detective” (1986).
Además trabajó de anfitrión desde 1981 a 1989 en la serie de televisión “Mistery!”, además de colocarle su voz al personaje Vincent Van Ghoul, de la serie animada
“Los 13 fantasmas de Scooby Doo”.
En 1989, Price fue agregado al "paseo de la fama de St. Louis", debido a su contribución a la cultura dentro de los Estados Unidos.
Su última participación en el cine fue en la película de Tim Burton, “El joven manos de tijera” (1990). El director se reconocía abiertamente como un fan del actor, el cual años antes participó con su voz en el corto “Vincent” (1982), obra del mismo Burton, con el cual homenajeaba a Price como también en cierta forma a las obras de Edgar Allan Poe.

Vincent Price además de ser un gran actor, que represento toda clase de papeles, era también un excelente cocinero, el cual publicó varios libros de cocina. El actor era poseedor de una inconfundible voz, lo que junto con esa presencia que tanto lo caracterizaba, le ayudaban en gran medida a realzar sus papeles de villano tan clásicos en sus films de terror. Aunque hizo todo tipo de cintas en cuanto a niveles calidad, con los cuales obtuvo toda clase de resultados, en su gran mayoría se trata de trabajos que en lo que a entretención se refiere, no suelen defraudar. Él murió el 25 de octubre de 1993 en Los Angeles, debido al cáncer pulmonar que lo aquejaba, dejando un gran legado a todos los fanáticos del cine, en especial a aquellos que disfrutan con el cine de terror. Todo cinéfilo que se precie de tal, debiera conocer al gran Vincent Price, como también apreciar lo importante de su obra y lo que representa dentro del género del horror.


PD: Decidí volver a subir este especial, debido a que la anterior versión estaba bastante deficiente. Espero que lo disfruten.

por Fantomas.

El sabueso de los Baskervilles: La aventura más terrorífica de Sherlock Holmes.

“El sabueso de los Baskervilles” (1959), es un film de misterio producido por la Hammer, y dirigido por Terence Fisher. La cinta esta basada en la novela del mismo nombre del escritor Sir Arthur Conan Doyle, y cuenta con la participación de Christopher Lee, Peter Cushing y André Morell, entre otros.

En los brumosos paramos ingleses habita un diabólico ser, un sabueso infernal que se alimenta de la carne de los herederos de la mansión de los Baskervilles. Pero antes que la salvaje bestia termine con el último descendiente, Sir Henry Baskerville (Christopher Lee), deberá librar una batalla con el famoso detective Sherlock Holmes (Peter Cushing) y su compañero el Dr. Watson (André Morell).

Esta no era la primera vez que el personaje de Sherlock Holmes era llevado a la pantalla grande. Existía el precedente de la serie iniciada por la Fox en 1939 precisamente con la adaptación de esta novela, en la que el rol de Holmes era interpretado por Basil Rathbone, actor que personifico en catorce ocasiones al detective más famoso del mundo, entre los años 1939 y 1946.
Es por esta razón que el público se presentó bastante entusiasta con la idea de la Hammer de revivir al hábil detective, sobre todo con el atrayente eslogan con el que promocionaron el film: “¡Los colmillos gotean la sangre de sus victimas!”, haciendo honor a aquella fama de “fábrica de los horrores” que poseía la mítica productora.

Sin embargo más de algún fanático resulto decepcionado al encontrarse con una versión bastante similar a la novela original, salvo por algunos pequeños cambios. La razón de esto, es que el guión fue escrito por Peter Bryan, cuya experiencia realizando guiones era nula, por lo que su estilo era bastante más clásico que el exhibido por otra gente ligada al estudio como Jimmy Sangster o el productor Anthony Hinds. Más adelante, en cintas como “Las novias de Drácula” (1960) o “La plaga de los zombies” (1966), mostraría su punto más atrevido, más a la par con los productos habituales de la “casa del martillo”.

Lo que si hay que destacar, es que esta fue la primera adaptación de una aventura de Sherlock Holmes realizada en colores, hecho no menor si recordamos que es la Hammer, reconocida por su estupendo uso de los colores, la que lleva a cabo dicho trabajo. Resulta totalmente destacable el trabajo artístico y fotográfico llevado a cabo por Bernard Robinson y Jack Asher, ambos colaboradores habituales en los films de la Hammer. Robinson tuvo que reconstruir algunos de los decorados utilizados en el castillo de Drácula, para conseguir acercarse a la descripción de la mansión de los Baskervilles realizada en la novela. Por su parte Asher crearía una ambientación lúgubre a base de neblina y la oscuridad de los paramos de la región.

En cuanto a la selección del actor que personificaría a Holmes, fue el mismo Peter Cushing quien se manifestó deseoso de interpretar al personaje que había admirado desde su infancia. Hay muchos que opinan que el Holmes de Cushing supera con creces a la versión realizada por Basil Rathbone, debido a que el primero nos entrega a un Holmes más divertido, extrovertido y cínico, que el clásico y frio Holmes de Rathbone. Incluso la prensa de la época lo describió como “el mejor Sherlock Holmes hasta la fecha”, todo esto sin desmerecer el trabajo de Rathbone, logrando ser reconocida como la interpretación más cercana del personaje concebido por
Doyle.
Por su parte, Lee interpreta a Sir Henry Baskerville, una especie de polo opuesto del resto de sus predecesores, partiendo por Sir Hugo, un tipo descrito en el prólogo del film como un tipo cruel y soberbio, que bien podría ser la mismísima encarnación del Diablo. El personaje que perfectamente interpreta Lee en cambio, es un tipo caballeroso, algo despistado y bastante humilde.

Tampoco hay que olvidar a André Morell, quien realiza un excelente trabajo personificando al Dr. Watson, quien se separa de la concepción de abuelo bonachón, algo torpe y poco incisivo, construido por Nigel Bruce en los films que realizó junto a Basil Rathbone.
El actor secundario Miles Malleson aporta una pequeña dosis de humor con su caracterización de un curioso obispo amigo de la familia Baskerville, que además de ser bastante torpe y algo alcohólico, resulta ser un experto entomólogo, que tendrá una pequeña intervención en la investigación llevada a cabo por Holmes y su compañero.

La cinta se inicia con el origen de la maldición de los Baskervilles, y como mencione anteriormente, describe la maldad de un hombre que es capaz de realizar actos atroces sin más justificación que la satisfacción que obtiene a costa de dichas acciones. Luego de presenciar el funesto y veloz desenlace de Sir Hugo, nos encontramos con que la historia estaba siendo relatada por el abogado de la familia, el Dr. Mortimer (Francis De Wolff), quien desea contratar los servicios de Sherlock Holmes. Recientemente ha muerto uno de los descendientes de Sir Hugo en circunstancias similares a su antepasado, por lo este hombre desea que la pareja de detectives defiendan al último heredero de la familia. Es así como durante el transcurso de la película Holmes hará uso de toda su inteligencia para demostrar que los asesinatos no están ligados a ningún tipo de elemento sobrenatural, recayendo las sospechas en los diversos personajes expuestos en la trama sin excepción alguna, siendo un posible sospechoso el mismo Sir Henry Baskerville.

Según cuentan los participantes en este film, la escena que presentó mayores problemas fue aquella en la cual es revelada la bestia causante de los asesinatos. Fisher había hecho todo lo posible por evitar dicha revelación, utilizando todo tipo de movimientos de cámara y un adecuado uso de las sombras, lo que no evitó la necesidad de revelar el mayor enigma presente en la cinta. En un principio, el equipo técnico había ideado unas maquetas en miniatura de los decorados y los actores, donde había dispuesto un pedazo de carne que atraería a Fido, el perro protagonista. Sin embargo a la hora de filmar, el perro se abalanzó sobre la carne, para luego acomodarse en el suelo y comérsela con calma. Fue entonces que se pensó en disfrazar a unos niños con máscaras de perro, lo que fue aún más desastroso. Finalmente resultó más convincente usar una máscara con el mismo Fido, lo que terminó siendo un verdadero acierto.

La película no fue bien recibida al momento de su estreno, lo que llevó a la cancelación de un proyecto de secuelas sobre Sherlock Holmes que la Hammer tenia en mente. Pese a esto, esta cinta a mi gusto es una de las mejores adaptaciones realizadas acerca de una aventura de Holmes, que cuenta con un gran director como Fisher, que rara vez decepciona, un estupendo reparto, un sólido guión que le hace honor a la obra de Conan Doyle, junto con una banda sonora más que correcta obra del siempre confiable James Bernand y un estupendo trabajo de fotografía y diseño de escenarios. En definitiva, una estupenda película de la Hammer que no fue valorada en su tiempo y que vale la pena ver.


por Fantomas.

lunes 3 de marzo de 2008

Goldfinger: La película que consagró al agente británico como un idolo pop.

“Goldfinger” (1964), es la tercera entrada en la saga del agente británico James Bond. En esta ocasión la cinta está dirigida por Guy Hamilton y protagonizada por Sean Connery, Gert Fröbe y Honor Blackman.

James Bond (Sean Connery) recibe la misión de vigilar al poderoso empresario internacional Auric Goldfinger (Gert Fröbe), de quien se sospecha que está realizando importantes operaciones de contrabando de oro. Lo que 007 no imagina, es que Goldfinger planea detonar una bomba atómica en la reserva federal norteamericana de Fort Knox para dejarlas inutilizables por cerca de 60 años, y así causar un caos económico en occidente, junto con elevar a las nubes el precio del cuantioso oro que posee.


Con dos relativos éxitos de taquilla a cuestas, los productores Harry Saltzman y Albert Broccoli estaban decididos a seguir obteniendo ganancias de lo que parecía ser una verdadera gallina de los huevos de oro. Sin embargo, la producción de la tercera aventura del agente más famoso comenzó con algunos problemas. Terence Young, director responsable de las dos primeras entregas de la serie, intento persuadir a los productores para que esta vez le cedieran un porcentaje de las ganancias de este film, cosa a la cual tanto Saltzman como Broccoli se rehusaron de inmediato. Debido a esto, el director dejó el proyecto para trabajar en la película “The amorous adventures of Moll Flanders” (1965) de la Paramount. Los productores pensaron en que el mejor reemplazo de Young seria Guy Hamilton, quien anteriormente había desechado la oportunidad de dirigir “El Dr. No” (1962). Obviamente no estaba dispuesto a cometer el mismo error dos veces por lo cual aceptó la propuesta de inmediato.

Con un nuevo director a cargo, el guionista Richard Maibaum, quien al igual que Young, había trabajado en las dos primeras cintas, sintió que era necesario tener ideas frescas para afrontar este proyecto. Por esto llamó al ganador del Oscar, Paul Denh, premio que obtuvo por su primer trabajo en el film “Seven days to noon” (1950), guión escrito en colaboración con James Bernard. Como en las ocasiones anteriores, la admiración de Maibaum por la obra de Fleming, aseguraba un respeto por la obra original al momento de adaptar el guión. Lo que logró la pareja de guionistas fue mejorar la historia escrita por Fleming, la que presentaba una pobre estructura, pero respetando la esencia de la novela, lo que dio un estupendo resultado.

Ya una vez terminado el guión, los productores se lanzaron de lleno en la búsqueda del reparto de la cinta. Connery fue el primero en volver, pese a que había mencionado cierta preocupación acerca de tomar el rol por tercera vez. Sin embargo, el actor venia de la problemática filmación de “Marnie” (1963), del director Alfred Hitchcock, por lo que vio con buenos ojos la oportunidad de volver a trabajar con un equipo conocido.
En cuanto a los roles secundarios, el primero en ser seleccionado fue el de la chica Bond, Pussy Galore. Para el papel era necesaria una mujer que proyectara cierta fortaleza física de manera que pudiera igualar al personaje de Connery. Por este motivo, se escogió a la actriz Honor Blackman, de entonces 37 años, quien además practicaba judo, la que en aquel entonces trabajaba en la mítica serie “The Avengers”, personificando a Cathy Gale, la compañera del protagonista de la serie, John Steed.

Finalmente para el papel del villano de turno, los productores inicialmente habían pensado en el actor vienes Theodore Bikel. Pero luego una de realizarle una prueba de cámara, los productores notaron que pese a sus enormes talentos, no era el adecuado para el papel. Fue entonces que Guy Hamilton recomendó al actor alemán Gert Fröbe, quien era una gran estrella en su país pero un perfecto desconocido fuera de el. El actor era perfecto para el papel, aunque poseía un marcado acento alemán, razón por la cual su voz finalmente fue doblada por
Michael Collins.

Son muchas las razones por las que se considera este film como el mejor de toda la saga, y como el que dio las pautas a seguir a todo el resto de las cintas de Bond hasta la fecha. Esta es la película que inaugura la tradición de la clásica escena de acción inicial, que por lo general, no esta ligada al resto de la trama, hecho que cambio por completo en la serie de películas protagonizadas por Pierce Brosnan. Esta breve secuencia que no sobrepasa los 10 minutos, es intensa y no es más que una muestra de lo que será el resto del film. De la misma forma, se construye el modelo de la secuencia de créditos, la que Maurice Binder había de cierta forma ensayado en “De Rusia con Amor” (1963). Ahora la idea de mezclar siluetas femeninas junto con fragmentos del contenido del film, es llevado a cabo de manera sobresaliente. A esto se le suma la estupenda canción principal de la cinta como fondo, ejecutada por Shirley Bassey, quien llevará a esta canción a los primeros puestos de los rankings de todo el mundo. Ambas incursiones ya pasaron a convertirse en parte de la carta de presentación de todo film de Bond.

Otra característica que había sido tímidamente llevada a cabo en el film anterior es la incursión de “Q“ (Desmond Llewelyn), y sus curiosos gadgets. Además de demostrarnos una imaginación sin limites plasmada en aquel Aston Martin DB5, que posee todo tipo de artilugios tales como ametralladoras, placas antibalas, cortinas de humo, entre otras cosas, nos introducen a la curiosa relación entre Bond y “Q”, en que el agente suele tener una actitud infantil hacia este tipo de objetos, mientras que “Q” suele reprenderlo como lo haría un padre con su hijo. Esta rutina también pasaría a ser un clásico dentro de las cintas de Bond, mostrándonos cada vez artefactos más sofisticados e increíbles.

El villano espléndidamente personificado por Gert Fröbe es también uno de los puntos altos de la cinta. Como en prácticamente ningún otro film de Bond, estamos frente a una mente criminal bastante compleja e interesante. Se presenta como un tipo frió y avaricioso hasta el último centavo, cuyos métodos son totalmente despiadados. Un ejemplo que resume todo esto es cuando manda a separar el oro de los restos de metal de auto compactado que en su interior además contiene el cuerpo de otro criminal. Además es un tipo sumamente inteligente el cual goza con el reconocimiento de sus pares. De esta forma se explica su satisfacción al momento de contarle a Bond los detalles de su bien elaborada operación “Gran Slam”. La gran variante en torno a la construcción de este personaje, son las pistas que se dan respecto a la condición sexual del villano. Fleming en sus obras los perfilaba como sádicos, homosexuales o, como en el caso de Goldfinger, fetichistas. En el film se opto por describirlo como un hombre impotente, que solo obtiene placer a través del oro, como medida “blanqueadora” del personaje, ya que en la novela se describía como Goldfinger mantenía relaciones con Jill Masterson (Shirley Eaton) muchas veces pintada en oro.

Lo mismo pasó con el personaje de Pussy Galore, quien se alejaba del prototipo de la típica chica Bond, mostrándose como una mujer fuerte, de ambas tomar, y no meramente como un interés sexual del protagonista. Hay que agregar que además en el film se hacen algunas sutiles alusiones a la condición sexual del personaje, el cual en la novela es abiertamente lesbiana, por lo que se muestra a Bond como una especie de “redentor”, que la aleja de la senda criminal, además de convertirla al heterosexualismo.
Por último tenemos a uno de los secuaces más recordados de toda la serie, el peligroso, amenazante y mudo, Oddjob, personificado por Harold Sakata. Oddjob es completamente fiel a Goldfinger e igualmente despiadado que su empleador, no haciendo ningún tipo de distinción entre hombres y mujeres al momento de asesinar a sus blancos con su sombrero/navaja.

Guy Hamilton logra el perfecto equilibrio entre realismo y el mundo fantástico que caracteriza a estas producciones, consagrando la fórmula que es utilizada hasta hoy.
Son todos estos elementos, más una banda sonora realmente estupenda, obra del compositor John Barry, excelentes actuaciones, diálogos inteligentes, una exquisita fotografía, obra de Ted Moore y escenas memorables, como la famosa escena en la cual Bond esta atado a una mesa, a punto de ser partido por un laser, han convertido esta film en un verdadero clásico del género y en el film de Bond por excelencia. La película rompió todos los records de taquilla de la época, provocando una Bondmania que llevaría a cientos de personas a repletar las salas de cine, obligando a algunos lugares a proyectar la cinta las 24 horas del día. Además obtuvo un Oscar por sus efectos de sonido, realizados por Norman Wanstall.
Este es el film imperdible de la saga, que alzó a James Bond como uno de los iconos Pop del siglo XX, además de consagrar a Connery en el papel que lo lanzó a la fama.


por Fantomas.

sábado 1 de marzo de 2008

Paranoiac: La Hammer y la primera pieza de su trilogía de thrillers.

“Paranoiac” (1963), es un thriller psicológico producido por la Hammer Films, el cual fue dirigido por Freddie Francis y protagonizado por Janette Scott, Oliver Reed y Alexander Davion.

Simon Ashby (Oliver Reed), es un hombre trastornado que está intentando volver loca a su hermana Eleanor (Janette Scott), para así poder quedarse con la totalidad de la herencia que les han dejado sus padres. Pero cuando aparece un misterioso hombre (Alexander Davion), quien dice ser su hermano Tony, el cual supuestamente se había lanzado a un acantilado muchos años atrás, las cosas se complicarán para Simon, quien ahora intentará eliminar dos pájaros de un tiro.

Si bien es cierto, la Hammer es mayormente conocida por su larga lista de films ligados al género del horror. Sin embargo, la productora también es responsable de cintas de ciencia ficción o de misterio. El guionista Jimmy Sangster se presentó a finales de los años cincuenta con un guión fuertemente influenciado en el film francés “Las diabólicas” (1955), del director Henri-Georges Clouzot. Como en esa época la “casa del martillo” solo se interesaba en historias que presentaran vampiros, momias o monstruos, el guión fue desechado rápidamente. Fue el éxito obtenido por Alfred Hitchcock con su película “Psicosis” (1960), lo que rompió los moldes del cine fantástico y de terror existentes a la fecha, provocando una oleada de imitaciones en que el mal podía provenir perfectamente de un hombre en apariencia normal y no necesariamente de un monstruo más o menos deformado.

Este cambio también fue detectado por la Hammer, quien rápidamente recordó a Sangster, aquel guionista que tiempo atrás les había presentado un thriller de características similares y que torpemente habían rechazado. De esta forma se origina “El sabor del miedo” (1961), escrita por el mismo Sangster y dirigida por el palestino Seth Holt, película que debido a su éxito, marcaría una nueva etapa en la productora, promoviendo el lanzamiento de thrillers muy en la línea de esta cinta. Es así como Sangster en conjunto con el director Freddie Francis, elaborarían una trilogía de obras fabricadas para aprovechar la vena económica que “El sabor del miedo” había abierto en la cartelera británica.

Precisamente es “Paranoiac” la cinta que constituye el principio de esta triada, cuyo guión fue escrito por Sangster, basándose en el drama “Brat Farrar”, escrito por Josephine Tey. Se dice que aunque al parece existió un contacto con la novelista para comprar los derechos de su obra, Sangster comenzó a realizar numerosas variaciones en el guión, por lo que finalmente los productores tiraron por la borda la conversaciones iniciadas con la novelista. El guión al igual que las otras dos partes de la trilogía, esta plagado de clichés del género, y fuertemente influenciado por la obra de Alfred Hitchcock.

Lo que si es realmente destacables de guión, es que Sangster se preocupa de agregar cada cierto periodo de tiempo, nuevas revelaciones o vueltas de tuerca, que logran mantener la atención del espectador, haciendo que la trama se vuelva más interesante, llegando incluso a rozar el género del horror y del sobrenatural en un determinado momento de la película. La incursión de un misterioso enmascarado que ataca al supuesto hermano perdido, con un gancho como arma, acción acompañada de un macabro canto infantil en conjunto con un órgano eclesiástico, proveniente de la vieja capilla de la mansión de los Ashby, ayuda en gran medida a lograr ese ambiente gótico tan característico en los films de la productora.

Las actuaciones por su parte, son bastante aceptables, destacando en especial la de Oliver Reed, quien despliega su histrionismo habitual, aunque en algunas ocasiones puede rozar en la sobreactuación, para caracterizar a un personaje con una personalidad bastante compleja, que presenta cualidades tan dispares como la inteligencia, la irracionalidad más salvaje y una obsesión paranoica por el alcohol y la autodestrucción. Es justo decir que en esta cinta, gran parte de los personajes presentan personalidades algo complejas, lo cual es utilizado hábilmente por el director para jugar con un tema tabú como lo son las relaciones incestuosas, algo que se puede ver claramente en la relación establecida entre Eleanor y su supuesto hermano Tony.

Esta película no se salva de presentar algunas falencias en el guión, que la verdad no resultan molestas, gracias a que Francis logra imprimirle un buen ritmo a la cinta, junto con lograr crear una atmósfera bastante lúgubre y opresiva, que bien podría atribuirse a su basta experiencia como director de fotografía. El film fue filmado en un glorioso blanco y negro, lo que no le quita en ningún momento el toque gótico presente en la gran mayoría de las obras de la productora, todo esto gracias a la mano del director, a Arthur Grant, el director de fotografía y a la banda sonora obra de la compositora Elisabeth Lutyena. En general es una buena cinta, que bien podría ser considerada un thriller, una cinta de horror o incluso un complejo drama familiar. Recomendable para el público que guste de este tipo de cintas, y para aquellos que deseen ver un producto distinto al que estamos acostumbrados de la Hammer.

por Fantomas.

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