martes, 4 de abril de 2017

Citizen X: La caza del Carnicero de Rostov.

En “Citizen X” (1995), thriller biográfico del director Chris Gerolmo, tras hallar ocho cadáveres en una granja, el camarada forense Viktor Burakov (Stephen Rea), presenta un informe en el que afirma que los crímenes fueron cometidos por un asesino serial. Pese a la carencia de recursos y las complicaciones impuestas por la política partidista de la entonces Unión Soviética, Burakov acepta hacerse cargo de la investigación con la esperanza de atrapar a un asesino cuya sed de sangre parece no tener límites. 

Entre 1978 y 1990, en la Unión Soviética emergió la figura del asesino serial Andrei Romanovich Chikatilo, responsable de la violación, mutilación y muerte de al menos 52 mujeres y niños, lo que le valió el apodo del Carnicero de Rostov. Nacido en 1936 en la actual Ucrania, Chikatilo creció en una pequeña aldea en tiempos donde la hambruna provocaba la muerte de millones de personas, cuyos cadáveres se amontonaban en las calles y campos. Marcado por las historias de su madre acerca de cómo su hermano mayor Stepan fue raptado y devorado por algunos de sus vecinos, Chikatilo se convirtió en un joven introvertido, incapaz de aceptar sus defectos físicos, el cual era constantemente humillado por sus compañeros, hecho que se acrecentó cuando se corrió la voz que era impotente y eyaculador precoz. Como gran parte de los ciudadanos soviéticos de la época, se enlistó en el ejército donde estudió Lengua y Literatura Rusa, Ingeniería y Marxismo-Leninismo. Esto le permitiría en 1971 comenzar a trabajar como profesor, lo que a su vez detonó su creciente atracción por las menores de doce años, a quienes espiaba de forma frecuente mientras estas se cambiaban de ropa en sus dormitorios. Con el objetivo de dar la impresión de que era un ciudadano modelo, Chikatilo se enlistó en el Partido Comunista, contrajo matrimonio, y se las ingenió para tener dos hijos. Discreto, viviendo con la rigurosa austeridad propia de un verdadero soviético, Chikatilo se las arregló para mantener sus pulsiones más oscuras controladas hasta el 22 de Diciembre de 1978, momento en el cual cometió el primero de una serie de brutales asesinatos, cuya investigación fue plasmada por Robert Cullen en el libro “The Killer Department”, en el cual se basó el director y guionista Chris Gerolmo para la realización del telefilme “Citizen X”, producido por la cadena de televisión HBO. 

El protagonista del film es el Teniente Viktor Burakov, quien tras el descubrimiento de una serie de cadáveres en una granja comunitaria, es nombrado como el nuevo jefe del recientemente creado “Departamento de asesinos”. Convencido que el responsable de los crímenes es un asesino serial, Burakov no solo tendrá que desarrollar un método investigativo efectivo con la escasez de recursos con los que cuenta, sino que además tendrá que lidiar con un régimen que no cree en él ni en sus métodos, y que por lo tanto, no está dispuesto a otorgarle ninguna clase de colaboración. “Necesito más hombres. También necesito computadoras, para armar una base de datos del caso... Y también necesito comunicarme con el FBI, en Virginia, que tiene el mayor almacén de información sobre asesinos seriales en el mundo. Y para terminar, debemos hacerlo público. Primero para advertir a la gente del peligro. Segundo para llegar a identificar más cadáveres desconocidos. Y tercero para intentar encontrar algún testigo de los crímenes.”, pedirá con desesperación Bukarov en un momento del film, recibiendo una negativa como respuesta por parte de sus superiores, quienes consideran que es imposible que en la Unión Soviética exista un asesino serial, ya que estos solo son un producto del sistema capitalista enfermo reinante en Occidente. 



El único aliado del protagonista en la tarea de capturar al asesino será el Coronel Mikhail Fetisov (Donald Sutherland), jefe de la milicia y secretario del comité encargado de supervisar la labor de Burakov, quien terminará convirtiéndose en una suerte de mentor para el Teniente, especialmente en lo que se refiere al manejo de la burocracia y de las relaciones con aquellos hombres que están ligados al poder. Si bien resulta interesante la evolución que se da en la relación entre Fetisov y Bukarov a lo largo de la cinta, donde ambos hombres en sus respectivas trincheras, hacen lo posible por llevar a cabo su trabajo de la mejor forma posible, guardándose un respeto mutuo que la gran mayoría de las veces es demostrado mediante gestos más que por palabras, lo que sin lugar a dudas llama la atención, es el proceso investigativo que desarrolla el protagonista durante los años que se dedicó a perseguir al Carnicero de Rostov. Una de las piezas claves de la detención de Andrei Chikatilo (Jeffrey DeMunn), es el convencimiento por parte de Bukarov de la necesidad de elaborar un perfil psicológico del asesino, idea que en aquel entonces se presentaba como algo absolutamente inaudito. De hecho, la inclusión de un psiquiatra en la investigación resulta ser tan rupturista, que cuando el doctor Alexandr Bukhanovsky (Max von Sidow) se une a esta, su único requerimiento es que su participación se mantenga en el más absoluto secreto, para así no perjudicar su carrera.  

Si hay algo que “Citizen X” realiza de manera casi perfecta, es situar al espectador en la posición de Bukarov mientras este lucha contra viento y marea para poder dar con el cruel asesino. Su impotencia ante la imposibilidad de capturar al asesino y ante la ignorancia de sus superiores es palpable, al igual que los efectos negativos que la investigación provoca en su vida personal, quebrantando por momentos a un hombre que parece tener una voluntad de hierro. De la misma forma, resulta destacable la forma en como el director utiliza determinadas imágenes, como por ejemplo el deterioro progresivo de un cartel que busca enaltecer la ideología comunista, para reflejar el paso inexorable del tiempo con sus respectivos cambios políticos y sociales, o la elección por parte de Gerolmo de secuencias de corte onírico para recrear los asesinatos de Chikatilo, sin necesariamente recurrir a la violencia gráfica. El director también grafica de excelente manera los errores cometidos por las autoridades soviéticas, en su mayoría inducidos por sus propios prejuicios y por su obcecación con la ideología comunista y la defensa del partido, como por ejemplo la persecución de la que fueron víctimas los miembros homosexuales de la comunidad soviética de aquel entonces, quienes fueron apuntados como los principales sospechosos de los crímenes sin ninguna clase de fundamento lógico



Una de las grandes fortalezas de “Citizen X” reside en las actuaciones de los protagonistas. La interpretación de Stephen Rea es magnífica, ya que es capaz de plasmar la evolución contenida de Bukarov, quien inicia la investigación de los crímenes con una cierta cuota de inocencia e idealismo, para terminar convertido en un hombre sometido a un sistema que aprende a utilizar a su favor. Igualmente magnífica es la interpretación de Donald Sutherland, quien proyecta de manera eficaz como su cinismo inicial es remplazado por una inquebrantable admiración por quien es su subalterno. Ambos actores se complementan de manera perfecta, tanto en el desarrollo de la trama como en la evolución de sus personajes. En lo que respecta a Jeffrey DeMunn, su interpretación es sencillamente brillante, ya que se las arregla para inspirar repulsión en el espectador sin caer en la caricatura. Al mismo tiempo, exterioriza de gran manera la dualidad propia de su personaje, quien pese a ser consciente de la gravedad de sus actos, idea que queda plasmada en la atmosférica escena del interrogatorio final, no puede evitar cometer las brutalidades que acabarían con la vida de más de cincuenta personas. Por último, resulta necesario destacar la labor de Joss Ackland, cuyo personaje se presenta como la encarnación de gran parte de las falencias ideológicas del régimen soviético, y la actuación de Max von Sydow, cuyo personaje cobrará vital importancia durante el clímax del film.  

Si bien “Citizen X” es un producto pensado para la televisión, a ratos no lo parece. A las estupendas actuaciones, se suma la efectiva y emotiva banda sonora del compositor Randy Edelman, el correcto trabajo de fotografía de Robert Fraisse, y una serie de diálogos inteligentes que logran quedar grabados en la memoria del espectador, debido al contexto en el cual son mencionados. También resulta acertada la decisión del director Chris Gerolmo de no recurrir al morbo propio de una historia de estas características, con el fin de configurar una cinta que de todos modos termina siendo tan perturbadora como emotiva. Es necesario recordar que Andrei Chikatilo confesó 53 asesinatos, durante los cuales no solo abusaba sexualmente de sus víctimas, sino que además las sometió a terribles amputaciones (útero, testículos, ojos, y pezones, entre otras cosas) que a veces realizaba con sus propios dientes. Fue uno de los asesinos más crueles y salvajes de la historia, al punto que él mismo llegó a decir: “Yo soy un error de la naturaleza, una bestia enfadada”. Con esto en mente, es posible argumentar que la mayor virtud de “Citizen X”, reside en el hecho de que en vez de caer en la utilización de la violencia gratuita para llamar la atención de la audiencia, termina siendo un documento audiovisual que afirma que sin importar las dificultades que se le presenten a un hombre, si este logra poner su voluntad, sus principios y su esfuerzo en la realización de una determinada tarea, es capaz de cumplir cualquier objetivo que se proponga. 

por Fantomas.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...