viernes, 20 de marzo de 2015

The Iron Giant: Tú eres quien escoges ser.

“The Iron Giant” (1999), es un film animado del director Brad Bird, el cual está protagonizado por Jennifer Aniston, Eli Marienthal y Vin Diesel.

Un robot de dimensiones gigantes (Vin DIesel) ha llegado desde el espacio tras chocar contra la Tierra. Hogarth Hughes (Eli Marienthal), un niño de nueve años que vive en el Maine de la década del cincuenta junto a su madre Annie (Jennifer Aniston), lo encuentra y decide llevárselo a su casa para cuidarlo. Ahora Hogarth no solo tendrá que ingeniárselas para esconder al robot, sino que también deberá protegerlo de un agente del gobierno llamado Kent Mansley (Christopher McDonald), quien está sobre la pista de “la invasión alienígena”, y está decidido a usar toda la fuerza del ejército de los Estados Unidos para acabar con el gigante.

 

A mediados de los ochenta, el poeta Ted Hughes escribió la novela “The Iron Man” para sus propios hijos. En 1986, una vez que la novela se publicó, el músico Pete Townshend se fijó en ella para desarrollar un musical que sería lanzado tres años más tarde bajo el título, “The Iron Man: A Musical”. Cuando este trabajo fue llevado al teatro a principios de la década del noventa, el director artístico Des McAnuff consideró que la obra “The Iron Man” poseía un innegable potencial cinematográfico, opinión que fue compartida por los estudios Warner quienes adquirieron los derechos de la novela. A fines de 1996, cuando el proyecto estaba parcialmente desarrollado, se le ofreció la dirección del film a Brad Bird, quien hasta ese entonces trabajaba en el departamento de animación de la compañía Turner Entertaiment. Afortunadamente para Bird, gozó de una gran libertad creativa, pese al temor que el fracaso de la cinta animada “Quest for Camelot” (1998) había detonado al interior de los estudios Warner. La falta de entidades reguladoras causada por los despidos que provocó el fracaso de “Quest for Camelot”, le permitió a Bird incluir a dos personajes que no aparecían en el libro original y cuya participación es clave en la historia: un artista y dueño de una chatarrería llamado Dean McCoppin (Harry Connick Jr.), y el siniestro agente federal Kent Mansley. Eventualmente, pese al malestar inicial del director, Tim McCanlies fue contratado para perfeccionar el borrador desarrollado por Bird. Sería el mismo McCanlies quien cambiaría el final original propuesto por Bird, por uno mucho más dulzón acorde con el público para el cual estaba pensada la producción.

El protagonista de “The Iron Giant” es Hogarth, un inquieto niño obsesionado con las historietas y las cintas de ciencia ficción, el cual vive junto a su madre soltera, y que sueña con embarcarse en fantásticas aventuras y poder encontrar a un amigo. Una noche, ve como todos sus deseos se hacen realidad al encontrarse cara a cara con un robot gigante que proviene del espacio exterior. La amistad que ambos entablan no tarda en verse amenazada por el agente federal Kent Mansley, quien no puede evitar ver al gigante de hierro como una amenaza para el país, lo que lo lleva a intentar encontrar pruebas que justifiquen un despliegue armado importante que asegure su destrucción. En su cruzada por salvar a su peculiar amigo del prejuicio del resto de los habitantes del pueblo donde reside, y de la malsana obsesión de Kent por convertirse en un héroe, Hogarth recibirá la ayuda de Dean McCoppin, el dueño de una chatarrería y un aspirante a artista, quien parece ser el único capaz de comprender la naturaleza inocente del robot, y de saciar su incontrolable gusto por el metal. Ambientado en pleno clímax de la Guerra Fría, el film está plagado de la iconografía existente en la sociedad norteamericana de la década del cincuenta (cafeterías, historietas de Superman, y películas de ciencia ficción de bajo presupuesto, entre otras cosas) y de la enfermiza paranoia desatada por la “Amenaza Roja”, en específico con la en ese entonces reciente puesta en órbita del satélite soviético Sputnik. En ese sentido, la cinta retrata con un detalle encomiable varias de las características socioculturales del aquel periodo, lo que le otorga a la historia un subtexto mucho más complejo del que habitualmente puede encontrarse en este tipo de películas animadas familiares.

 

Más allá de los temas relacionados con la paranoia generada por la Guerra Fría, “The Iron Giant” busca entregar un mensaje que hace referencia a la amistad incondicional, y al individualismo versus el compañerismo. Como sucede con Elliott en la cinta “E.T.: the Extra-Terrestrial” (1982), Hogarth es un niño que está buscando a alguien para establecer la conexión paternal que falta en su vida, y al igual que el protagonista de la cinta clásica de Steven Spielberg, él encuentra a ese amigo/figura paterna en un ser que proviene del espacio exterior. La relación que se establece entre Hogarth y el robot se convierte en el corazón del film, básicamente porque su interacción se sustenta sobre la base de la ternura y carece por completo de cinismo. Es así como la forma en como ambos personajes aprenden el uno del otro, es explorada durante el transcurso de la historia. Sin embargo, es el gigante de hierro quien más se enriquece de la relación que establece con Hogarth, ya que el pequeño lo ayuda a descubrir los pequeños placeres de la vida, como por ejemplo lo divertido que puede ser bañarse en un lago, o las aventuras que se esconden en el mundo de los cómics, entre otras cosas. Lo que es aún más importante, es que el nexo prácticamente inquebrantable que existe entre el gigante y el niño, se convertirá en el catalizador del que posiblemente es el mensaje más relevante del film; “tú eres lo que escoges ser”, le dice Hogarth al robot en un pasaje de la historia, frase que adquiere un valor especial cuando este último revela su verdadera forma ante el asedio del ejército y de un enloquecido Mansley.

Lo que sin dudas se convierte en uno de los puntos más altos del film, es la selección del elenco que le otorga las voces a los protagonistas. Mucho antes de convertirse en una estrella del cine de acción, Vin Diesel sorprendentemente realiza un muy buen trabajo dándole la voz al Gigante de Hierro, ya que consigue que sea intimidante o extremadamente amigable según lo amerite la situación, permitiendo que de esta forma el personaje adquiera matices suficientes como para creer que en verdad puede ser poseedor de un alma. Eli Marienthal por su parte, consigue que Hogarth sea el reflejo de la inocencia infantil, pero al mismo tiempo le imprime al niño una madurez y una sabiduría que van más allá de su edad, y que le permiten afrontar la amenaza que significa la molesta presencia de Kent Mansley, interpretado de buena manera por Christopher McDonald. En relación a este último, el actor captura a la perfección la paranoia de la que es víctima el agente gubernamental, la cual lo lleva a sospechar de todos los que lo rodean y a inspirar temor en el resto. Lo que es más importante, es que su actitud errática y acelerada contrasta con la calma de personajes como Annie Hughes o Dean McCoppin, lo que no solo realza su papel de villano, sino que por momentos lo convierte en el generador de varios de los momentos cómicos de la cinta.

 

En cuanto al trabajo de animación de “The Iron Giant”, este rivaliza con algunos de los mejores esfuerzos realizados por la factoría Disney durante la década del noventa. El simple hecho de que la historia se desarrolle en Maine, le otorgó a los animadores la oportunidad de crear hermosos bosques, pintorescos pueblos e inspiradoras escenas cubiertas por la nieve. Así mismo, el diseño de los personajes permite que estos se vean y actúen como humanos, aun cuando interactúan en una realidad bastante animada. Lo que es aún más importante, es que se mueven con fluidez y reaccionan de manera acorde a las emociones complejas existentes en el relato. En el caso particular del Gigante de Hierro, el cual presenta algunos elementos generados por computadora, los cuales dicho sea de paso afortunadamente se complementan de buena manera con la animación tradicional, su diseño responde a una suerte de tributo a las criaturas presentes en el cine de ciencia ficción de la década del cincuenta, y en gran medida acentúa sus cualidades extraterrestres. Sin embargo, son sus cualidades humanas las que lo convierten en una de las creaciones más encantadoras que haya dado el cine de animación. Y es que la expresividad de sus ojos y sus gestos infantiles contribuyen a que el espectador no solo empatice con su situación, sino que también se preocupe por su bienestar y por el desarrollo del personaje en sí. Por otro lado, también resulta necesario destacar la banda sonora compuesta por Michael Kamen, la cual complementa de manera perfecta los diversos tonos dramáticos que presenta la historia.

Brad Bird a menudo es alabado por su habilidad a la hora de confeccionar historias. De hecho, por “The Incredibles” (2004) recibió una nominación al Oscar al mejor guión original, mientras que su trabajo en algunos de los primeros episodios de “The Simpsons” se caracterizó por su obsesiva fidelidad con los diversos arcos dramáticos que desarrolló, lo cual le permitía de manera organizada agudizar el humor distintivo de dicho programa de televisión. Sin embargo, sería justo asegurar que “The Iron Giant” es su trabajo más logrado, aun cuando resultó ser un fracaso de taquilla, principalmente por la pobre campaña de promoción realizada por los estudios Warner. Y es que cuando Hogarth y su gigantesco amigo deciden esconderse en el santuario de metal de Dean, o cuando los tres pasan una entretenida tarde a orillas de lago, se producen pequeños y personales momentos de progresión dramática que se repiten en reiteradas ocasiones a lo largo del film. Hogarth ama al gigante, y por eso no resulta extraño que este se preocupe de instruirlo y protegerlo desde el preciso momento en que lo encuentra, hasta cuando el ejército lo fuerza a convertirse en un arma indestructible. Lo que resulta aún más impresionante, es que Hogarth transforma el dilema final de gigante, quien se debate entre el bien y el mal, en algo tan simple y atractivo como la acción de tomar la decisión de convertirse en Superman o en el villano de historietas Atomo. Por todo lo antes mencionado, “The Iron Giant” no solo se alza como una pieza fundamental del cine de animación de los noventa, sino que además su mensaje principal, “tú eres lo que escoges ser”, le otorga una atemporalidad a la historia que colabora a que la misma resuene en la memoria del espectador hasta mucho después de terminada la película.

por Fantomas.

3 comentarios:

Art0rius dijo...

Simplemente gracias por reseñar esta gran maravilla del septimo arte, injustamente desconocida en esta ejpaña nuestra.

Solamente una palabra: "Superman!"

y un sentimiento que a día de hoy aún me hace llorar. Excelsior!

Rodi dijo...

Excelente reseña sí señor. La verdad es que me encanta esta película y considero que está demasiado olvidada para la joya que es.

Bird ya demostró aquí su gran talento que se ha corroborado en posteriores películas, auqnue no sabría decir cual me parece mejor.

Pd: Tu blog ha sido un agradable descubrimiento.

Saludos.

John McClane dijo...

- Art0rius: Gracias por tu comentario. Era necesario realizar una reseña de esta película que lamentablemente quedó injustamente en el limbo entre los clásicos de la Disney y la magia digital de la Pixar y la Dreamworks.

- Rodi: Me alegra que te haya gustado la reseña y el blog, y claramente Bird es un gran director el cual espero que nos sorprenda nuevamente con "Tomorrowland".

Saludos a ambos.

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