domingo, 1 de junio de 2008

Jason and the Argonauts: Una película literalmente mítica.

“Jason and the Argonauts” (1963), es un film de aventuras del director Don Chaffey, el cual está protagonizado por Todd Armstrong, Nancy Kovack, Honor Blackman, y Gary Raymond.

Desde el Olimpo, Zeus (Niall MacGinnis) y Hera (Honor Blackman) son testigos de cómo Pelias (Douglas Wilmer) asesina a su medio hermano, el rey Aeson de Tesalia. Sin embargo, una profecía indica que el hijo del fallecido rey, Jason (Todd Armstrong), está destinado a recuperar el trono que injustamente le fue arrebatado a su padre. A sabiendas de esto, Pelias envía a Jason en un traicionero viaje rumbo a Cólquida en busca del mítico vellocino dorado. Junto a un grupo de valerosos hombres, Jason deberá enfrentarse a numerosas dificultades si es que desea recuperar lo que le pertenece por derecho propio.


A fines de la década del cincuenta, Ray Harryhausen y el productor Charles H. Schneer comenzaron a discutir la posibilidad de realizar una cinta basada en la mitología griega, específicamente en la historia de Perseo. Tras filmar “Mysterious Island” (1961), la dupla retomó la idea pero con una ligera diferencia; en vez de adaptar la historia de Perseo, decidieron adaptar el relato de Jason y su búsqueda del vellocino dorado, básicamente porque dicha leyenda les permitía incluir un mayor número de elementos fantásticos en la producción. Tras tomar esta decisión, en 1960 ambos fueron a presentarle la idea a los ejecutivos del estudio Columbia, quienes intrigados por el proyecto decidieron darle luz verde a Harryhausen y compañía para que comenzaran con el proceso de pre-producción. A sabiendas que la mitología está repleta de historias que se caracterizan por ser episódicas y carentes de continuidad, Harryhausen y Schneer contrataron al guionista Jan Read y a la experta en mitología griega Beverly Cross para confeccionar el guión. En lo que respecta al elenco que trabaja en el film, este estaría conformado mayoritariamente por actores británicos salvo dos excepciones; Todd Armstrong, quien obtendría el rol protagónico gracias a su presencia escénica, y Nancy Kovacs, quien es la encargada de interpretar a la sacerdotisa Medea.

Con el fin de disminuir los costos de producción, Harryhausen y compañía decidieron realizar el rodaje del film en Italia, país que en la década del sesenta no solo contaba con una industria cinematográfica en crecimiento, sino que también con hermosos parajes que tanto a Harryhausen como el director Don Chaffey decidieron incluir en la cinta. En lo que respecta a la elaboración de los efectos especiales, Harryhausen utilizó un proceso llamado Dynamation, el cual ya venía empleando hace años, para confeccionar gran parte de las escenas más famosas y recordadas del film. Básicamente, la técnica consistía en la proyección de una imagen de acción real, sobre la cual fotografiaba los modelos de los personajes fantásticos que deseaba incluir en determinadas escenas. Gracias a su ingenio y indiscutible habilidad, el técnico en efectos especiales pudo darle vida a criaturas tales como el imponente gigante de bronce Talos, la hidra de siete cabezas que custodia el vellocino de oro (dicho sea de paso, en la legenda original el encargado de cuidar el tan preciado objeto era un dragón que jamás dormía), y los esqueletos vivientes que surgen de la tierra para intentar ponerle fin a la aventura de Jason y sus camaradas.

La historia de la cinta es bastante sencilla; el reino de Tesalia se sume en el caos luego de que el Rey es asesinado por Pelias, su codicioso medio hermano. Sin embargo, la existencia de una profecía que anuncia que el hijo del fallecido Rey algún día retomará el trono y le devolverá la paz a Tesalia, atormenta constantemente a Pelias. Dicho hijo es Jason, quien se verá embarcado en una aventura cuyo objetivo es encontrar el legendario vellocino dorado, objeto cuyos poderes mágicos en teoría le ayudarán a recuperar su lugar en el reino. Sin embargo, lo que Jason no sabe es que quien lo ha convencido de emprender semejante tarea es nada menos que Pelias, quien espera que el joven guerrero perezca a manos de uno de los tantos monstruos que custodian el peligroso camino al vellocino. Impulsado por sus ansias de gloria, Jason reúne a los mejores hombres de Grecia y construye una colosal embarcación llamada Argo, con el fin de tener éxito en una aventura que incluso es vigilada de cerca por los mismos dioses del Olimpo.

Básicamente, “Jason and the Argonauts” presenta todos los clichés existentes en las cintas que se centran en alguna especie de búsqueda; un grupo de hombres seleccionados por sus numerosas habilidades, deben acompañar a un guerrero en la búsqueda de un objeto invaluable. En el camino se encuentran con una serie de peligros, enfrentan a la muerte en más de una ocasión, y presencian maravillas de una belleza inimaginable. Desde tiempos inmemoriales, las historias que presentan la búsqueda de un objeto que asegura la solución de diversos problemas han presentado un atractivo inapelable. En este caso, el vellocino dorado de Jason supuestamente tiene el poder de sanar a las personas, traer la paz, y deshacerse de la plaga y la hambruna, razones más que suficientes para que él y un grupo de valerosos hombres arriesguen su vida con tal de conseguirlo. Además de las cuantiosas dosis de acción que presenta la trama, esta contiene un buen número de elementos buscan atrapar al espectador. El simple hecho de que a Jason se le otorgue la oportunidad de pedirle ayuda la diosa Hera en cinco ocasiones durante su viaje, le imprime una maravillosa dinámica a la cinta, ya que lleva al espectador a cuestionarse en qué momento y por qué motivo Jason tendrá que pedirles auxilio a los dioses.

En el ámbito de las actuaciones, estas son algo irregulares. Si bien Armstrong realiza una labor correcta interpretando al temerario y bienintencionado protagonista, cabe mencionar que tanto sus diálogos como los de Nancy Kovacs tuvieron que ser doblados por actores británicos, debido a que ambos fueron incapaces de cambiar su acento norteamericano. En el aspecto técnico, la cinta cuenta con el estupendo trabajo de fotografía de Wilkie Cooper, y el magnífico diseño de producción de Geoffrey Drake. La banda sonora por su parte, la cual fue compuesta por Bernard Herrmann, se caracteriza por estar conformada por piezas musicales utilizadas por el compositor en algunos de sus trabajos previos. El músico utilizó pasajes exactos de las bandas sonoras que escribió para las cintas “The Kentuckian” (1955) y “Beneath the 12 Mile Reef” (1953), y reescribió algunos pasajes que compuso para films como “North by Northwest” (1959), “The Day the Earth Stood Still” (1951), y “Vértigo” (1958), entre otros.

“Jason and the Argonauts” es una entretenida película que mezcla actos heroicos, mitología griega, elementos fantásticos y sobrenaturales, y una serie de efectos especiales por sobre todo llamativos. Pese a que en términos generales se trata de una buena producción, esta es recordada mayormente por la labor realizada por Ray Harryhausen. Si bien se trata del mejor trabajo del llamado mago del stop-motion, cuyo encanto es incombustible, también hay que reconocer que el paso del tiempo no ha sido del todo amable con unos efectos especiales que hoy en día palidecen ante el extravagante uso del CGI. Aunque tanto Harryhausen como Schneer consideraron realizar una secuela, tras la tibia recepción que tuvo la cinta en los Estados Unidos, la dupla desestimó la idea. Varios años después, Harryhausen retomaría el tema mitológico en la película “Clash of the Titans” (1981), la cual relataba los intentos de Perseo por rescatar a la princesa Andrómeda. En definitiva, “Jason and the Argonauts” es una ejemplo clásico de grandeza cinematográfica, ya que se trata de una producción que presenta una historia épica plagada de imágenes inolvidables, un excelente trabajo de dirección, buenas actuaciones, y un espléndido apartado técnico, lo que en conjunto ha elevado este film al Olimpo del género fantástico.




por Fantomas.

miércoles, 23 de abril de 2008

Ghost in the Shell: Cyberpunk puro y duro.

“Ghost in the Shell” (1995), es un film de anime del director Mamoru Oshii, el cual está basado en el manga del mismo nombre creado por Masamune Shirow.

En el año 2029, la sociedad está computarizada hasta límites insospechados, por lo que básicamente es un mundo gobernado por la tecnología. Uno de los mayores avances tecnológicos, son unos implantes cerebrales que convierten a los seres humanos en auténticas computadoras andantes. Gracias a dicho implante, se produce una fusión entre la conciencia y ciertos programas computacionales, lo que se conoce como "espíritu". Si bien esto es un nuevo paso en la escala evolutiva, al mismo tiempo despersonaliza por completo a las personas que utilizan los mentados implantes. En este mundo donde apenas existe diferencia entre humanos y máquinas, la agente secreta Motoko Kusanagi, la cual se especializa en actividades anti-terroristas, tiene como misión cazar a un peligroso pirata informático. Sin embargo, cuando descubra la verdadera identidad del criminal, su vida y todo lo que conoce cambiará para siempre.


En el año 1991, el ilustrador y escritor de manga Masamune Shirow, conocido por ser el creador del popular manga "Appleseed", publicó en la revista Young Magazine el que se convertiría en su trabajo más famoso; "Ghost in a Shell". Un par de años más tarde, el director Mamoru Oshii y la productora Production I.G. se interesaron en filmar una adaptación animada del manga, cuyo tema central era la creciente dependencia tecnológica que estaba exhibiendo el hombre en aquel entonces. Una vez comprados los derechos del manga, se le encomendó al guionista Kazunori Itô la realización del guión del film. Básicamente, “Ghost in the Shell” pertenece al subgénero de la ciencia ficción conocido como cyberpunk, cuyo enfoque hace referencia a la degradación del orden social en contraposición a los avances tecnológicos. En este caso, la cinta nos sitúa en una sociedad absolutamente dependiente de la tecnología, en la cual las máquinas y los seres humanos se encuentran prácticamente fusionados, lo que dificulta la distinción entre los unos y los otros. Junto con esto, el relato presenta un conflicto en el que participan hackers, inteligencias artificiales, megacorporaciones, y un grupo parapolicial conocido como Sección IX, el cual está encargado de investigar toda clase de delitos informáticos.

En “Ghost in the Shell”, el espíritu crítico que el cyberpunk exhibe hacia la tecnología se centra mayormente en el personaje de la Mayor Motoko Kusanagi. Lo que más llama la atención de este personaje es su condición; solo su cerebro es humano, mientras que el resto de su cuerpo no es más que una coraza de titanio. Llegado cierto momento de la película, podemos ver como la protagonista comienza a cuestionarse si el sacrificio que realizó al abandonar su cuerpo orgánico por una estructura mecánica computarizada, que obviamente le resulta útil en su trabajo, ha valido la pena. ¿Qué es lo que separa a la Mayor del resto de las máquinas? ¿Qué es lo que nos define como humanos? La respuesta de ambas preguntas bien puede encontrarse en la escena donde la donde ella va a bucear. Al salir del agua, Bateau, quien es su fiel compañero, le pregunta que siente una cyborg al introducir su pesado cuerpo al fondo del mar, a lo que ella responde: "miedo, ansiedad, soledad y esperanza". La respuesta no deja de sorprender a su compañero, debido a que ha sido testigo de la materialización verbal del “espíritu” de la Mayor. Son los sentimientos y nuestra capacidad de identificarlos y experimentarlos, lo que nos define como humanos. Nuestra capacidad de preguntarnos el porqué de las cosas, de cuestionarnos el lugar que ocupamos en este mundo, y de llevar a cabo nuestros sueños, intereses y actividades, es lo que definitivamente nos separa de las máquinas.

Sin embargo, la noción de humanidad que establece en dicha escena se torna difusa cuando nos enteramos que el villano de la historia, el Puppet Master, es capaz de "hackear" las mentes humanas e implantar falsos recuerdos y las emociones ligadas a estos. De esta forma, él es capaz de controlar a distintas personas como si fueran simples marionetas, obligándolas a realizar distintos crímenes en su nombre, evitando con esto ser atrapado por la policía. Debido a este giro en los acontecimientos, la cinta no solo nos invita a replantearnos las preguntas antes mencionadas, sino que además apunta a la influencia en ocasiones nociva que ejerce la tecnología en los individuos.

A los pocos minutos de comenzado el film, se hace evidente que la trama se centra en la idea de la pérdida de la humanidad por el uso indiscriminado de la tecnología. Dentro de este contexto, el director entrelaza el conflicto principal con algunas subtramas políticas, violentos operativos policiales, momentos que llaman al espectador a la reflexión, y una buena cantidad de palabrería tecnológica que a ratos confunde. La gran cantidad de matices que presenta el relato por momentos es un arma de doble filo, ya que provoca que la cinta presente un ritmo narrativo más bien pausado, el cual atenta directamente contra el nivel de atención del espectador. Sin embargo, consciente de esto, durante el transcurso de la película Oshii inserta una serie de coloridas escenas de acción que tienen por objetivo superar las lagunas narrativas en las que cae por momentos la cinta.

“Ghost in the Shell” es un verdadero triunfo en varios aspectos. La genial historia se ve acompañada de un despliegue visual a la altura de la misma. La animación es excepcional, siendo impresionantemente detallada y fluida. Al mismo tiempo, resulta destacable el diseño de los personajes y el de los escenarios en los que transcurre este complejo relato futurista. La banda sonora por su parte, compuesta por Kenji Hawai, complementa de buena manera la acción presente en el film y al mismo tiempo, gracias a que mezcla temas tradicionales japoneses con otras tonalidades más modernas, contrastando de esta forma la tecnología reinante en el film con algunos elementos han estado presentes en la sociedad durante años. Por otro lado, los protagonistas son lo suficientemente interesantes y carismáticos como para que el espectador no solo empatice con ellos, sino que además se interese por su destino y por la resolución de su conflictos personales.

Sin lugar a dudas, esta una de las mejores y más influyentes cintas de anime de la historia, al punto que se dice que la exitosísima trilogía “Matrix” estuvo influenciada fuertemente por este film. “Ghost in the Shell” es una obra sumamente bien realizada, que invita al espectador a pensar en los temas que pone sobre la mesa el director, al mismo tiempo que ofrece un espectáculo visual que pocas cintas de este tipo pueden jactarse de poseer. Principalmente gracias a esta producción, el director Mamuro Oshii actualmente es considerado como uno de los realizadores más interesantes del cine de animación asiático. Y es que en esta ocasión, el director logra equilibrar de manera perfecta el complejo discurso filosófico que presenta la historia, con un par de bien logradas escenas de acción, y con varios momentos llenos de tensión y dramatismo. Es por todos estos motivos, que “Ghost in the Shell” es una de las obras imperdibles del cine de animación, la cual incluso tiene méritos suficientes como para ser considerada como una de las mejores entradas del siempre interesante cine de ciencia ficción.




por Fantomas.

domingo, 6 de abril de 2008

Blue Velvet: Es un mundo extraño.

“Blue Velvet” (1986), es thriller del director David Lynch, el cual está protagonizado por Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper y Laura Dern.

El inocente Jeffrey Beaumont (Kyle MacLachlan) se da cuenta que su idílico pueblo no lo es tanto el día que descubre una oreja humana en un terreno baldío. Es por esto que Jeffrey decide comenzar una investigación por su cuenta, durante la cual se topará con Dorothy (Isabella Rossellini), una perturbada cantante de un club nocturno, y Frank (Dennis Hopper), un sádico viciado. No pasará mucho tiempo antes de que Jeffrey se vea envuelto en la depravada existencia de la extraña pareja, lo que lo inevitablemente cambiará su vida para siempre.

En 1984, el director David Lynch estaba en la cima del mundo; había recibido el beneplácito de la crítica encarnada en las ocho nominaciones al Oscar que obtuvo la cinta “The Elephant Man” (1980), y se encontraba a punto de lanzar la muy esperada adaptación de la novela “Dune”, del escritor Frank Herbert. El productor Dino De Laurentiis había puesto cincuenta millones de dólares en el proyecto, esperando que este se convirtiera en la nueva “Star Wars” (1977). Lamentablemente, todo esto tuvo un pésimo final. La crítica despreció a la cinta y el público no se mostró muy entusiasta tampoco. Lo que ocurrió fue que los ejecutivos del estudio decidieron quitarle algunos privilegios artísticos a Lynch, cortando el film de más de cuatro horas, a tan solo dos horas de duración. El resultado fue una desorganizada película que daba la impresión de ser un compilado de las mejores partes de la novela original, lo que terminó sentenciando su fracaso.

Sumido en una gran frustración, Lynch se tomó un tiempo para desarrollar algunos proyectos más personales en los cuales había estado trabajando mientras filmaba “Dune” (1984). De Laurentiis decidió darle una nueva oportunidad al director, con la única condición de que este aceptara una reducción de su salario, y se limitara a trabajar con un presupuesto de solo seis millones de dólares. Lo bueno de todo esto, es que el realizador contaría con una total libertad artística, y con un control absoluto sobre el corte final de la cinta. Como era de esperarse, Lynch se mostró sumamente satisfecho con este nuevo trato. Después de “Dune”, era un alivio trabajar sin la presión de tener que lograr un éxito de taquilla para poder recuperar el enorme presupuesto que se le había otorgado. Fue por esta sensación de euforia, que el director se atrevió a tomar algunos riesgos, a experimentar un poco, lo que afortunadamente dio como resultado una de sus películas más recordadas, la cual terminó consolidando a Lynch como el gran director que es.

Lynch ha mencionado en algunas ocasiones que la cinta es autobiográfica en algunos aspectos: “Kyle se viste como yo. Mi padre era un científico que trabajaba para el departamento de agricultura en Washington. Nosotros estábamos en el bosque casi todo el tiempo. Hasta cierto punto estaba harto del bosque cuando me fui, pero aún así la leña, los leñadores, y todo ese tipo de cosas, a mi parecer representan a la verdadera Norteamérica. Precisamente es esa la idea que representan las cercas de madera y las rosas en la escena inicial” Esa fascinación por el bosque se traduce no solo en el nombre del pequeño pueblo, (Lumbertown), sino que también se encuentra plasmado en la secuencia inicial antes mencionada, y en ese ambiente de pueblo soñado que el director le otorga al lugar donde transcurre la historia.

Si bien los recuerdos del director fueron los que inspiraron el escenario en el que transcurre el relato, la historia de la cinta nació a partir de tres ideas que se cristalizaron en la mente del realizador durante un cierto periodo de tiempo. Luego de terminar “The Elephant Man”, Lynch conoció al productor Richard Roth, al cual le enseñó el guión de “Ronnie Rocket”, un proyecto de características similares a “Eraserhead” (1977) que jamás se llevó a cabo. Pese a que al productor le agradó el guión, no lo veía como algo que él quisiera producir, por lo que le preguntó a Lynch si tenía otros guiones, a lo cual el director le respondió que solo tenía una idea. Fue ahí cuando le mencionó su deseo de esconderse dentro de la pieza de una chica para observarla durante la noche, para así obtener una pista que lo ayudara a resolver un misterioso asesinato. Esta idea fue la que Lynch posteriormente desarrollaría, llevándola incluso más allá, evolucionando del simple voyeur a una real participación del protagonista en el misterio que tanto lo fascina.

Por otro lado, la escena en la que el protagonista encuentra una oreja tirada en el campo, que de paso es una de las más recordadas de la cinta, nace a partir de un concepto bastante simple. A Lynch le pareció perfecta la idea de que fuese una oreja y no otra parte del cuerpo la que encontrara el protagonista, debido a que el sentido de la audición se presenta como una conexión directa entre el entorno que nos rodea y nuestro cerebro. De esta forma, la oreja representa un llamado, una invitación que se le extiende al protagonista para que participe en el oscuro y depravado mundo que se esconde en Lumbertown, el cual de una forma u otra terminará marcando a todos aquellos que se sumergen en él. Finalmente, la tercera idea (o elemento en este caso) con la que Lynch formó la base del guión, y que de paso fue la que le dio el título a la cinta, fue la canción “Blue Velvet”, interpretada por Bobby Vinton. Fue la extraña sensación que le evocó esa canción, la que el director quiso plasmar en la película.

Como toda película de Lynch, “Blue Velvet” está plagada de simbolismos. Ya desde la secuencia inicial, el director quiere hacernos ver que nos encontramos en un lugar en que todo parece ser perfecto y tranquilo, sin que exista nada que atente romper con esa aparente parsimonia. Reforzando esa idea, Lynch nos muestra a un hombre de edad que se encuentra regando su jardín tranquilamente. Sin embargo, el director rápidamente inserta un elemento perturbador, que de alguna forma viene a definir el mensaje de la cinta. Sin previo aviso, el anciano sufre un desmayo a consecuencia de un presunto infarto, cayendo al piso. Acto seguido, un perro se acerca al hombre para juguetear con el chorro de agua que sale de la manguera, demostrando el curioso humor negro del que es dueño el director, y que es posible ver en la gran mayoría de sus cintas. Poco después, la cámara se adentra en el punto más oculto del mundo que nos ha presentado el realizador; el subsuelo. Y es que Lynch se adentra en el césped para mostrarnos a unas hormigas que pelean frenéticamente por alimento. Es así como el director deja patente la idea de que el horror se esconde en todos lados, esperando el momento preciso para poder salir a la luz.

La encarnación de ese mal oculto es el peligroso Frank Booth, fácilmente uno de los villanos más sádicos y atemorizantes que se han visto en la historia del cine. Se ha dicho en múltiples ocasiones que el trío conformado por Frank, Dorothy y Jeffrey, está fuertemente marcado por el complejo de Edipo. Hay gente que postula que Frank y Dorothy vendrían a ser los padres, mientras que Jeffrey sería el hijo de una familia absolutamente disfuncional. Es así como la violencia de Frank vendría a representar la violencia doméstica presente en miles de familias reales. Actos que sin duda Jeffrey reprueba, pero que a su vez incitan al joven a querer tener el mismo poder que Frank exhibe sobre Dorothy. De la misma forma, los actos y actitudes del desquiciado Frank dan a entender que él fue parte de abusos durante su infancia, o que tal vez ocupó el mismo lugar que ahora ocupa Jeffrey, el de un voyerista circunstancial que cuando niño presenció vejámenes semejantes entre sus progenitores.

La narración por su parte, se asemeja bastante a los cánones de un cuento infantil. Jeffrey y Sandy (Laura Dern) bien podrían ser Hansel y Gretel. Dos niños que se dejan llevar por su curiosidad, y que sin medir ningún tipo de consecuencia, se introducen a la casa de la bruja. De la misma forma, el film se presenta como una fábula con su consiguiente moraleja: “Incluso en los lugares menos esperados habita el mal”. En el ámbito de las actuaciones, estas son realmente espectaculares, destacándose la labor de Dennis Hopper, quien interpreta a uno de los villanos más recordados de la historia del cine. Por otro lado, la fotografía de Frederick Elmes es sin duda parte importante de la inquietante atmósfera que presenta el film, la cual es perfectamente complementada por la banda sonora compuesta por Angelo Badalamenti, quien a partir de esta cinta formaría una lucrativa sociedad con Lynch. El guión por su parte, es sumamente interesante ya que presenta una serie de mensajes y simbolismos, los cuales resultan difíciles de sintetizar en un artículo de mediana extensión. Esta cinta con los años se ha transformado en una película de culto, siendo reconocida como una de las más importante e influyentes del director, quien recibió una nominación al Oscar por su trabajo en este film. En definitiva, “Blue Velvet” probablemente se alza como una de las películas más abordables del director, y como una de las mejores cintas de los ochenta.




por Fantomas.

domingo, 16 de marzo de 2008

Ghostbusters: ¿A quien vas a llamar?....

“Ghostbusters” (1984), es una comedia de ciencia ficción producida y dirigida por Ivan Reitman, la cual está protagonizada por Bill Murray, Dan Aykroyd, Harold Ramis, Sigourney Weaver, y Rick Moranis.

Cuando la Universidad de Columbia cancela el departamento de parasicología, los doctores Peter Venkman (Bill Murray), Raymond Stantz (Dan Aykroyd), y Egon Splenger (Harold Ramis) quedan desempleados. En vista de su actual situación, deciden forman una empresa llamada Cazafantasmas, dedicada a la investigación y extracción de pestes paranormales. Pese a su escepticismo, Dana Barrett (Sigourney Weaver) decide ir a visitarlos luego de una extraña experiencia que ha sufrido en la cocina de su departamento. Esto no será más que el inicio de una serie de fenómenos sobrenaturales que azotaran la ciudad de Nueva York, tras los cuales se esconde el resurgimiento de una antigua fuerza del mal que planea destruir todo a su paso.


A principios de los ochenta, Dan Aykroyd comenzó a desarrollar una historia basada en su fascinación por lo paranormal, la cual deseaba filmar junto a su amigo, el actor cómico John Belushi, con quien había trabajado en el programa de televisión, “Saturday Night Live”. La historia original de Aykroyd presentaba una buena cantidad de diferencias con respecto a lo que luego se convertiría en el guión de “Ghostbusters”; en el guión original, los Cazafantasmas eran un grupo de personas capaces de viajar en el tiempo y el espacio en busca de peligrosos fantasmas. Además, estos Cazafantasmas utilizaban un vestuario similar al que visten los equipos S.W.A.T., y ocupaban varitas mágicas para enfrentarse a los seres paranormales. Fue con esta ambiciosa idea que Aykroyd llegó a las puertas del productor y director Ivan Reitman, a quien le gustó la idea de un grupo de cazadores de fantasmas, pero que de inmediato le hizo ver al actor que para realizar dicha película se necesitaría de un enorme presupuesto. De esta forma, Aykroyd se puso a trabajar junto con Harold Ramis en la elaboración de un nuevo guión, el cual crearon luego de tres semanas encerrados en un refugio anti-bombas.

Este nuevo guión, fue escrito especialmente para que fuera protagonizado por John Belushi, Eddie Murphy y John Candy. Sin embargo, Belushi fallecería debido a una sobredosis de drogas durante el proceso de la elaboración del guión, mientras que John Candy y Eddie Murphy no podían participar en el proyecto debido a que tenían otros compromisos. Al saber esto, Aykroyd y Ramis le realizaron algunos cambios al guión, los cuales además de cambiar la personalidad de los protagonistas, tenían por objetivo desarrollar de mejor manera algunas de las ideas que ya habían plasmado en los primeros borradores. Una vez terminado el guión, se lanzaron a la búsqueda del actor que reemplazaría a John Belushi. Fue así como contrataron a Bill Murray, a quien se le suele atribuir cierta responsabilidad en la construcción del relato, en gran medida debido a su interpretación semi-improvisada, la que obligaba a cambiar algunas escenas. Hay algunos que dicen que Murray nunca leyó el guión y que improvisó todo, mientras que hay otros que aseguran que solo improvisó algunas líneas, pero que debido a su habilidad como actor cómico lograba que sus líneas parecieran improvisadas.

Por otra parte, el rol pensado para John Candy, que era el del abogado Louis Tully, le fue entregado a Rick Moranis. Fue con la llegada del actor que se sugirió cambiar el perfil del personaje, de un hombre de negocios algo conservador a un abogado bastante torpe e incompetente que siente una marcada atracción por el personaje de Sigourney Weaver. De la misma forma, el personaje que se había creado teniendo en mente a Eddie Murphy, le fue cedido a Ernie Hudson, un actor sin mucha experiencia en el cine, por lo que se redujo considerablemente la participación de este personaje en la historia. De hecho, el personaje de Hudson recién se integra durante la segundad mitad de la cinta, una vez que los Cazafantasmas ya se han establecido y cuando estos están buscando a alguien que los ayude a realizar su trabajo.

El guión presenta una trama bastante simple pero muy bien escrita. Tenemos a un trío de profesores universitarios que de un día para otro quedan desempleados. Tras tener una experiencia paranormal en una biblioteca, estos hombres deciden abrir una compañía de “exterminio” de fantasmas. Pese a que en un inicio el negocio va mal, tras toparse con el caso de Dana Barrett, quien dice que un monstruo de otra dimensión habita en su refrigerador, la actividad paranormal en Nueva York aumenta de manera drástica, convirtiendo a los Cazafantasmas en los nuevos héroes de la nación, los que sin saberlo, están llamados a salvar al mundo de la amenaza de un Dios ancestral. Básicamente esa es la historia de esta cinta, la cual no solo presenta un ritmo narrativo dinámico, sino que además está plagada de diálogos inteligentes y momentos memorables que hoy en día se encuentran fundidos en la memoria popular. Cabe mencionar que mientras que Aykroyd aportó con gran parte del concepto básico de la historia, Ramis logró aterrizar los elementos fantásticos y situarlos en un contexto realista, lo que probablemente explica el éxito de esta cinta. Y es que pese a que claramente se trata de una historia fantástica, no resulta completamente inverosímil.


En gran medida, la “credibilidad” del film yace en el hecho de lo bien logrados que resultan ser los efectos especiales, más aún tomando en cuenta la época en que fue realizada la cinta. Se utilizaron todo tipo de elementos para crear los efectos, desde maquetas a animaciones, e incluso impresiones ópticas. Los efectos tienen la cualidad de no verse ridículos, y lo que es mejor, no entorpecen las actuaciones ni las situaciones en los que son utilizados. Ya sea en la escena del hotel en la que intentan cazar al mítico Pegajoso (fantasma creado pensando en el fallecido Belushi), o en la escena del enfrentamiento con Gozer (Slavitza Jovan), los efectos especiales logran ser bastante funcionales, pasando a formar parte de los atractivos que presenta esta película (de hecho, la cinta recibiría una nominación al Oscar por sus efectos especiales). El trabajo de fotografía de Laszlo Kovacs, así como también la banda sonora compuesta por Elmer Bernstein, son otros de los puntos altos del film. Cabe mencionar que la canción principal de la cinta, la cual fue escrita e interpretada por Ray Parker Jr, además de situarse por tres semanas en el número uno de la lista de realizada por la Billboard, terminaría obteniendo una nominación al Oscar a la mejor canción original.

La película además presenta un puñado de buenas actuaciones, donde la mayoría del elenco realiza un buen trabajo, incluyendo a Ernie Hudson, quien como mencionaba anteriormente, no tiene mucha participación en la cinta. “Ghostbusters” fue un verdadero éxito de taquilla al momento de su estreno, convirtiéndose en la comedia más exitosa de los ochenta. Fue por este motivo que se realizó una secuela en 1989, la que lamentablemente no estaría a la altura de la cinta original. A mi parecer, el éxito de esta película se debe a que los guionistas si bien jamás toman demasiado en serio la historia, tampoco cayeron en el facilismo de construir una comedia a base de momentos burdos. Por algo el American Film Institute (AFI) le otorgó hace algunos años el puesto número 28 entre las 100 mejores comedias de la historia del cine. En definitiva, estamos ante una película entretenida e inteligente, la cual con el paso de los años ha mantenido su estampa de clásico y que en lo personal, es una de mis cintas favoritas.




por Fantomas.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Vincent Price: Ícono del horror.

Vincent Leonard Price Jr., nació el 27 de mayo de 1911 en St. Louis, Missouri. Nacido en el seno de una familia de clase alta, el hijo de Marguerite Cobb y Vincent Leonard Price Sr., dueño de una fábrica de dulces y descendiente directo del primer niño nacido en el Massachusetts colonial, debutó a los cinco años de edad como actor, interpretando a un ángel en una obra escolar. Sin embargo, serían las artes y no la actuación, lo que más le apasionaría durante sus primeros años de vida. Tras terminar su enseñanza escolar en St. Louis, Price se licenció en historia del arte en la Universidad de Yale, para luego obtener su primer trabajo en 1933, como profesor en la Escuela Riverdale de Yonkers, Nueva York. Para ese entonces, ya había comenzado a engendrar su gusto por la actuación, específicamente por el teatro. De hecho, en sus ratos libres Price se dedicaría a visitar a agentes teatrales para así lograr obtener una oportunidad para desarrollar su verdadera pasión. Durante un viaje a Europa, se enroló en la Universidad de Londres, se empapó de la cultura inglesa y trabajó con una compañía teatral amateur, antes de conseguir en 1935, el rol del Príncipe Alberto en la obra “Victoria Regina”, desarrollada por la compañía West End. Por dicho rol, Price obtendría el modesto suelto de 5 libras semanales.

Posteriormente interpretaría el mismo papel en los teatros neoyorkinos, trabajando junto con la actriz Helen Hayes. La obra logró mantenerse en cartelera durante tres años con bastante éxito. Una vez que logró cimentar cierta reputación en el escenario teatral, Price obtuvo su primer rol cinematográfico en la comedia de la Universal, “Service de Luxe” (1938), del director Rowland V. Lee. Gracias a su trabajo en dicho film, rápidamente la crítica lo sindica como una de las grandes sorpresas de la temporada, augurando un futuro prometedor para el joven actor. En aquella época, Price aprovechaba sus tiempos libres para seguir trabajando en el teatro, destacándose por su papel de villano en la obra “Angel Street”, de Patrick Hamilton. Si bien durante las décadas del treinta y cuarenta el actor no logró ubicarse en lo más alto del mundo hollywoodense, si obtuvo una serie de interesantes papeles secundarios donde por lo general interpretaba a personajes históricos. Su primer coqueteo con el cine de terror lo tendría en las cintas de la Universal, “Tower of London” (1939), donde compartió roles con Basil Rathbone y Boris Karloff, y en el film “The Invisible Man Returns” (1940).


Sería al interior de los estudios de la 20th Century Fox, donde Price comenzaría a llamar la atención de la audiencia y la crítica. Uno de sus roles más famosos lo tendría en el film noir “Laura” (1940), del director Otto Preminger. El actor declararía en una entrevista que a su gusto, “Laura” era una cinta casi perfecta, razón por la cual sin duda era una de sus favoritas. Sin embargo, en esa misma entrevista reconoció que si tuviera que rescatar un solo film de su carrera, sería el drama gótico “Dragonwyck” (1946). Según Price: “El papel de Dragonwyck fue muy difícil de abordar, debido a que se trataba de un personaje desquiciado, un monomaniáco, que no está consciente de su condición. Por esa misma razón fue todo un reto interpretarlo”. Aunque el actor trabajaría aproximadamente en 20 largometrajes más durante los cuarenta, ninguno obtendría la atención de los dos antes mencionados. Mientras trabaja en el cine, Price también tuvo tiempo para trabajar en radio, donde personificó al protagonista de la serie “The Saint”, Simon Templar, desde 1943 hasta 1951.

Con el tiempo, a Price le comenzó a interesar el trabajo tras las cámaras, por lo que en 1951 firmó un contrato con la RKO como actor y director (Sin embargo, él jamás dirigiría un film). Durante la década de los cincuenta, el advenimiento de la televisión le cambiaría drásticamente el rostro a la industria cinematográfica, lo que permitió que el actor accediera a roles más diversos. Esto le abrió las puertas al cine de terror, obteniendo el rol protagónico en el film “House of Wax” (1953), el cual si bien presentaba una historia y una ambientación más bien clásica, obtuvo un gran éxito debido a que fue rodada en 3D. Esto enseguida situó a Price como uno de los actores de moda, y en un referente inmediato del cine de terror. Al año siguiente, el actor volvería a participar en un largometraje filmado en 3D titulado, “The Mad Magician” (1954), el cual obtuvo buenos resultados a nivel de taquilla, pero se presentaba como un film inferior a su anterior éxito. Durante gran parte de la década, Price se dedicó a interpretar diversos roles en varias series de televisión, y tan sólo al final de esta volvió de lleno al cine de terror y ciencia ficción en cintas como; “The Fly” (1958), “The Return of the Fly” (1959), “House on Haunted Hill” (1959) y “The Tingler” (1959). En estas dos últimas estaría bajo las órdenes del director William Castle, el llamado rey del “gimmick cinematográfico”.


A principios de los sesenta, la American International Pictures, empresa la cual durante los cincuenta se había dedicado a asustar al público norteamericano con variadas cintas de bajo presupuesto, decidió gastar 300.000 dólares (lo cual era bastante para ellos en aquel entonces) para producir “The Fall of the House of Usher” (1960), la cual era una adaptación de la historia del mismo nombre escrita por Edgar Allan Poe. Tras haber contratado a Roger Corman para dirigirla, los productores escogieron a Vincent Price para interpretar el rol principal, sin pensar en que la cinta se convertiría en todo un éxito, marcando el inicio de una serie de adaptaciones de la obra de Poe que conservaría el núcleo creativo que estuvo a cargo de “Usher”; Price, Corman y el escritor Richard Matheson. El resto de las cintas que conformarían este ciclo son: “The Pit and the Pendulum” (1961), “Tales of Terror” (1962), “The Comedy of Terrors” (1963), “The Raven” (1963), “The Masque of Red Death” (1964) y “Tomb of Ligeia” (1965). Cabe mencionar que los dos últimos films del ciclo fueron rodados en Inglaterra, lo que traería una serie de curiosas consecuencias para el equipo de filmación. Como norma de la industria cinematográfica británica, solo permitían que un extranjero trabajara en las cintas filmadas en sus estudios. Debido a que tanto Corman como Price eran extranjeros, no pudieron contratar coestrellas norteamericanas para acompañar al actor en sus periplos por Inglaterra. Lo que es aún peor, si el trabajo era realizado por algún técnico norteamericano, ellos obligatoriamente debían adjudicárselo a algún técnico británico para así evitarse problemas.

Más allá de este peculiar hecho, todo el ciclo de adaptaciones de Poe fue un éxito, y le permitió a Price demostrar su versatilidad como actor, ya que algunas de estas cintas estaban bastante ligadas al género de la comedia (es el caso de “The Comedy of Terrors” y “The Raven”). Además de exhibir su gran talento en la pantalla grande, Price aprovechaba cada ocasión que tenía para demostrar que también era un tipo divertido fuera de la pantalla. En una ocasión, reemplazo su propia figura de cera en un museo de Los Ángeles, con el fin de lanzarles agua con una jeringa a los visitantes. Con referencia esto, el actor recordaría en una entrevista: “Encuentro todo divertido, y creo que yo soy lo más divertido de todo. No significa que sea un comediante, pero cada vez que me tomo las cosas demasiado en serio me tengo que reír… eso me ayudó a lidiar con muchos de los horribles films en los que trabaje”. Y es que precisamente a Price le tocó participar en muchas películas mediocres, siempre por diversas razones, ya sea contractuales o financieras (“Confessions of an Opium Eater”, “Dr. Goldfoot and the Girl Bombs” y “House of a Thousand Dolls”, solo por nombrar algunas).


Afortunadamente para Price, su calidad como actor le ayudó a salir de pie cada vez que tuvo que lidiar con este tipo de asignaciones. De hecho, la reputación del actor entre sus seguidores continuó creciendo gracias a sus roles en films como “Witchfinder General” (1968), “The Abominable Dr. Phibes” (1971) y “Theater of Blood” (1973). A través de los años, Price también se dio el tiempo para participar en diversas series de televisión (recordado es su rol de “Cabeza de Huevo” en la serie “Batman”), crear el departamento de arte de Sears Roeburk, y escribir varios libros relacionados con el arte, la cocina y su perro Joe. A principios de los setenta, el actor grabó una serie de lecturas dramáticas de algunos poemas e historias cortas de Edgar Allan Poe, convirtiéndose en aquel periodo en el lector mejor pagado de Norteamérica. En el verano de 1977, participaría en una obra de teatro llamada “Diversions and Delights”, en la cual personificaba a Oscar Wilde. La obra, que solo contaba con él en escena y estaba situada un año antes de la muerte de Wilde, estuvo en cartelera durante dos años, gozando de un increíble éxito.

Eventualmente, el actor se comenzaría a alejar de cine cuando se percató que la mayoría de los roles que le ofrecían eran burdos y sin sentido. Fue entonces cuando a petición del mismísimo Michael Jackson, Price prestó su voz para oficiar de narrador en el video musical de “Thriller”. Con respecto a esto, el actor recordaría en una entrevista; “Mis amigos pensaban que me había vuelto loco, pero a mí me encantan los experimentos”. Ese mismo año, participó como narrador en el cortometraje animado de Tim Burton, “Vincent” (1982), el cual en gran medida no es más que un homenaje del realizador a uno de los ídolos de su infancia. Al año siguiente, Price se reuniría con Christopher Lee, Peter Cushing y John Carradine, para filmar “House of Long Shadows” (1983), cinta que con los años cobraría importancia por reunir a cuatro grandes del cine de horror a nivel mundial. Curiosamente, uno de sus últimos roles importantes sería en el film de la Disney, “The Great Mouse Detective” (1986), donde le daría voz al profesor Ratigan. Ya para esta época, era más común ver a Price en el medio televisivo que el cinematográfico, llegando a participar incluso en algunos comerciales de una marca de cloro.


En 1989, Price fue agregado al paseo de la fama de St. Louis, debido a la contribución cultural que este había realizado dentro de los Estados Unidos. El último rol significativo del actor lo tendría en la cinta de Tim Burton, “Edward Scissorhands” (1990), donde interpretaría a un inventor y padre del protagonista. Fue aquí cuando la salud de Price comenzó a decaer, y pronto el octogenario actor se vio obligado a recluirse en su casa ubicada en Sunset Hill. Durante sus últimos días de vida, era común que algunos de los viejos amigos de Price, como por ejemplo la actriz Hazel Court, lo visitaran al menos una vez a la semana. La misma actriz declararía en una entrevista que “dos semanas antes de su fallecimiento, él le compró un cuadro a un joven artista. Creo que eso no hacía más que definir como era él; un hombre que hizo lo que creía correcto hasta el final”. El 25 de octubre de 1993, fallecería en Los Ángeles víctima de un cáncer pulmonar. Solo veinte personas fueron invitadas a su funeral; sus cenizas, su sombrero de paja y un ramo de flores fueron lanzados al mar por sus tres hijos.

De manera lamentable, en aquella época fueron muchos los medios de prensa que a la hora de tributar la figura de Vincent Price, solo se centraron en sus roles ligados al cine de terror, dejando de lado completamente su trabajo en el teatro, la radio y la televisión, entregándole a la gente una imagen distorsionada e incompleta de un artista polifacético. Price además de ser un gran actor que representó toda clase de papeles, era también un excelente cocinero, lo que lo llevó a publicar varios libros de cocina. A esto se le sumaba su inconfundible voz, que lo ayudó no solo a obtener diversos trabajos en la radio, sino que también le otorgó una estampa pocas veces vista en el cine. Pese a que en muchas ocasiones trabajó con consagradas estrellas del cine de terror como Boris Karloff, Peter Lorre y Basil Rathbone, entre otros, Price supo eclipsarlos y presentarse como la nueva estrella del género del horror. Fue de esta forma que el actor dejó para siempre plasmado en la mente de los cinéfilos sus 191 centímetros de altura, su porte severo, su fino bigote, su perversa y socarrona voz, y su timbre de voz grave. La vida y obra de Price bien pueden resumirse con una de sus frases más celebres: “A veces creo que personifico el inconsciente oscuro de la raza humana… Sé que suena mal… pero me encanta”.




por Fantomas.

The Hound of the Baskervilles: La aventura más terrorífica de Sherlock Holmes.

“The Hound of the Baskervilles” (1959), es un film de misterio del director Terence Fisher, el cual está protagonizado por Christopher Lee, Peter Cushing y André Morell.

En los brumosos paramos ingleses habita un diabólico ser, un sabueso infernal que se alimenta de la carne de los herederos de la mansión de los Baskervilles. Pero antes que la salvaje bestia termine con el último descendiente, Sir Henry Baskerville (Christopher Lee) deberá librar una batalla con el famoso detective Sherlock Holmes (Peter Cushing), y su fiel compañero el Dr. Watson (André Morell), quienes intentarán ponerle fin a la maldición que se cierne sobre la familia Baskerville.

Casi trece años después de que Basil Rathbone interpretara por última vez a Sherlock Holmes en la pantalla grande, los estudios Hammer decidieron revivir al famoso detective creado por Sir Arthur Conan Doyle en el remake a color de “The Hound of the Baskervilles”, historia la cual había sido filmada por Rathbone en 1939. La escena introductoria que consiste en un flashback, sirve para explicar los orígenes de la maldición que afecta a la familia Baskerville: luego de que el decadente Sir Hugo Baskerville (David Oxley) asesina brutalmente a una mucama en su mansión, termina siendo asesinado por la figura de un espectral sabueso que viene a vengar la muerte de la muchacha. Tras esta breve introducción, la cinta nos sitúa en el presente donde Holmes y su compañero el Dr. Watson, se encuentran investigando la misteriosa muerte de Sir Charles Baskerville. Fiel a su estilo, la Hammer comenzó a promocionar la cinta con el eslogan: “¡Los colmillos gotean la sangre de sus víctimas!”, aludiendo al fantasmagórico y aterrador sabueso asesino.

Sin embargo, más de algún fanático resultó decepcionado al encontrarse con una película que se mantenía bastante fiel a la novela de Doyle, salvo por algunos pequeños cambios realizados por el guionista Peter Bryan, cuya experiencia en cintas de este tipo era nula, por lo que prefirió no arriesgarse demasiado. Apenas Peter Cushing se enteró de esta nueva adaptación, no dudó en ofrecer sus servicios ya que desde pequeño había admirado al personaje creado por Doyle. Cushing no solo se preocupó de estudiar con detenimiento al personaje antes de interpretarlo, sino que también adoptó la conocida adicción de Holmes a la morfina, la cual queda plasmada en la apariencia física y el comportamiento que exhibe el Holmes de Cushing. El actor incluso colaboró en la confección del vestuario, con el fin de que este se pareciera lo más posible al de las ilustraciones aparecidas en la serie de historias de Sherlock Holmes que publicó la revista Strand. El resto del elenco estaría conformado por el experimentado actor Andre Morell, quien interpretaría al Dr. Watson, y por Christopher Lee, quien se encontraba ansioso de escapar de los papeles de villano que por tantos años realizó al interior de la Hammer.

En lo que a la trama se refiere, luego de que Holmes es contactado por el abogado de la familia Baskerville (Francis De Wolff), el famoso detective junto a Watson se dirigen a la ancestral mansión familiar, donde ahora reside Sir Henry Baskerville, quien al igual que Holmes, se rehúsa a creer que una maldición se cierne sobre la familia. Es debido a esto que durante el transcurso de la cinta, Holmes tendrá que utilizar toda su inteligencia si desea demostrar que los asesinatos no están ligados a ningún tipo de elemento sobrenatural, antes de que sea demasiado tarde. Como suele suceder en una buena cinta de misterio, Fisher nos presenta a una serie de sospechosos los cuales pueden estar detrás de la materialización de la supuesta maldición. Aunque no son muchos los sospechosos, el director realiza un buen trabajo manteniendo ocultas las respuestas a las principales interrogantes del film, las cuales serán reveladas en el último tramo de la historia.

Mucho se ha hablado de que esta película funciona mejor como un “film de la Hammer”, que como una adaptación de la obra de Doyle. Y es que los fanáticos más puristas del célebre detective han mostrado su molestia por el hecho de que Fisher haya incluido amenazantes tarántulas, un extraño rito de sacrificio, y el interés amoroso de Sir Henry por la joven Cecile Stapleton (Marla Landi), elementos que obviamente no estaban presentes en la novela. Además, la cinta presenta una atmósfera más propia de un film de terror, gracias a la combinación de la espeluznante banda sonora compuesta por James Bernard, el cuidado trabajo de fotografía de Jack Asher, y los sets góticos creados por Bernard Robinson, algo que tampoco les causó mucha gracias a los fanáticos del escritor. En la otra vereda, fueron muchos los críticos que señalaron a la cinta de Fisher como una de las mejores adaptaciones cinematográficas de la obra de Doyle, debido precisamente a los toques de originalidad que presentaba el film.

En cuanto al aspecto interpretativo, las actuaciones son realmente estupendas. Para muchos, el Holmes de Cushing termina siendo un personaje bastante más carismático que el interpretado por Basil Rathbone, sin desmerecer el trabajo de este último. Por otro lado, resulta extraño ver a Christopher Lee interpretando al héroe/víctima de la historia, ya que el actor suele asociarse a la imagen de Drácula y a otros villanos de corte similar. De todas formas, Lee realiza un estupendo trabajo, razón por la cual posteriormente tendría la oportunidad de personificar a más héroes en otras cintas de la Hammer. Tampoco hay que olvidar a Andre Morell, quien realiza un excelente trabajo personificando al Dr. Watson, logrando separarse de la concepción del abuelo bonachón, algo torpe y poco incisivo, construido por Nigel Bruce en los films protagonizados por Rathbone. El actor Miles Malleson por su parte, aporta con una pequeña dosis de humor mediante su caracterización de un curioso obispo amigo de la familia Baskerville, que además de ser bastante torpe y algo alcohólico, resulta ser un experto entomólogo que tendrá una pequeña intervención en la investigación llevada a cabo por Holmes y su compañero.

“The Hound of the Baskervilles” es una cinta entretenida que presenta numerosas virtudes, las cuales se ven algo opacadas por la revelación de la misteriosa bestia que supuestamente es responsable de la muerte de los integrantes de la familia Baskerville. De hecho, según cuentan algunos de los participantes en este film, la escena que presentó mayores problemas fue aquella en la cual es revelada la bestia causante de los asesinatos. Fisher había hecho todo lo posible por evitar dicha revelación, utilizando todo tipo de movimientos de cámara y un adecuado uso de las sombras, lo que no evitó que los productores lo presionaran para revelar el mayor enigma presente en la cinta. En un principio, el equipo técnico había ideado unas maquetas en miniatura de los decorados y los actores, donde se había dispuesto un pedazo de carne que debía atraer a Fido, el perro protagonista. Sin embargo, a la hora de rodar la escena, el perro se abalanzó sobre la carne, para luego acomodarse en el suelo y comérsela con calma. Fue entonces que se pensó en disfrazar a unos niños con máscaras de perro, lo que fue aún más desastroso. Finalmente se optó por usar una máscara con el mismo Fido, algo que obviamente no resultó demasiado convincente. Lamentablemente, todo este embrollo provocó que al momento de su estreno, la cinta no fuese muy bien recibida por el público. Esto llevaría a la cancelación de un proyecto de la Hammer que pretendía realizar una serie de adaptaciones de la obra de Doyle. Más allá de este traspié, “The Hound of the Baskervilles” hoy en día es considerada como una de las joyas olvidadas del cine de misterio, y como uno de los mejores films realizados por la mítica casa del martillo.


por Fantomas.

sábado, 1 de marzo de 2008

Paranoiac: Del amor a la locura hay solo un paso.

“Paranoiac” (1963), es un thriller psicológico del director Freddie Francis, el cual está protagonizado por Janette Scott, Oliver Reed, y Alexander Davion.

Simon Ashby (Oliver Reed) es un hombre trastornado que está intentando volver loca a su hermana Eleanor (Janette Scott), para así poder quedarse con la totalidad de la herencia que les han dejado sus padres. Pero cuando aparece un misterioso hombre (Alexander Davion) quien dice ser su hermano Tony, el cual supuestamente se había lanzado a un acantilado varios años atrás, las cosas se complicarán para Simon quien ahora intentará eliminar dos pájaros de un tiro.

La mítica productora Hammer Films es generalmente recordada por su enorme contribución al cine de terror. Sin embargo, la llamada casa del martillo durante el transcurso de los años también intentó explorar otros géneros cinematográficos como el de la ciencia ficción o el thriller psicológico, entre otros. A fines de los años cincuenta, el guionista Jimmy Sangster presentó un guión fuertemente influenciado por el film francés “Les Diaboliques” (1955), del director Henri-Georges Clouzot. Como en esa época a los ejecutivos de la Hammer solo les interesaban las historias que presentaran algún tipo de monstruo como protagonista, el guión fue desechado rápidamente. Algunos años más tarde, tras el éxito que tuvo la cinta “Psycho” (1960), del director Alfred Hitchcock, la cual rompió con las convenciones existentes hasta la fecha en lo que al cine de terror se refiere, comenzaron a ser estrenadas un buen número de producciones que buscaban imitar lo hecho por el realizador británico. En gran parte de estas cintas, los directores buscaban reafirmar la idea de que el mal podía provenir perfectamente de un hombre común y corriente, y no necesariamente de un monstruo más o menos deformado.

Este cambio de mentalidad sería rápidamente adoptado por los creativos de la Hammer, quienes decidieron rescatar el guión previamente desechado de Sangster, el cual se adecuaba a las nuevas exigencias del medio. De esta forma se origina la cinta “Taste of Fear” (1961), la primera de una serie de thrillers escritos por Sangster para la Hammer, entre los cuales se encuentra el largometraje que ahora nos ocupa. En el caso particular de “Paranoiac”, el guión se basaría en la novela “Brat Farrar”, de la escritora Josephine Tey. Aunque en un principio los productores intentaron comprar los derechos de la novela de Tey, Sangster se alejó tanto de la historia original que finalmente quedaron en nada las conversaciones con la novelista. El guión, al igual que el resto de los thrillers escritos por Sangster para la casa del martillo, está plagado de clichés propios del género y se encuentra fuertemente influenciado por la ya mencionada obra de Alfred Hitchcock.

La historia nos sitúa en el seno de la sufrida familia Ashby. Tras el asesinato de sus padres, el pequeño Anthony queda tan perturbado con su muerte, que decide tirarse a un acantilado, no sin antes dejar una nota de suicidio. Lo extraño del asunto, es que su cuerpo jamás logra ser encontrado. De esta forma, su hermana Eleanor y su hermano Simon quedan bajo el cuidado de su tía Harriet (Sheila Burrell), quien no logra evitar que ambos niños se conviertan en adultos con serios problemas psicológicos. Mientras que Simon se inclina por las fiestas, la velocidad, y el excesivo consumo de alcohol, Eleanor no puede controlar su temor a volverse loca. Las cosas se complicarán aún más para la pareja de hermanos cuando Eleanor comience a asegurar que su hermano Anthony ha vuelto desde el más allá con la intención de quedarse. Con esto en mente y con el objetivo de capturar el interés del espectador, Sangster se encarga de insertar un giro dramático cada cinco minutos de metraje, lo que funciona hasta el momento que el espectador cree haber solucionado el misterio que se esconde en la casa de los Ashby.

A medida que avanza la historia, se ve como Simon comienza a intranquilizarse ante la posibilidad de perder su herencia a manos de su supuesto hermano. Y es que para colmo, su estilo de vida ha logrado molestar al abogado de la familia (Maurice Denham), quien no está dispuesto a entregarle más dinero a Simon para que este lo siga malgastando. Es por esto que ahora para mantener su estilo de vida, no solo deberá deshacerse de su hermana, sino que también tendrá que deshacerse de su supuesto hermano. Además del conflicto que protagoniza el personaje de Reed, la cinta nos presenta varias interrogantes entre las cuales obviamente resalta el tema de la verdadera identidad del hombre que asegura ser Anthony Ashby. Y es que nada es lo que parece ser en el hogar de los Ashby, ya que el hombre logra superar sin dificultades una serie de pruebas que intentan probar que es un impostor. Ya durante la segunda mitad del metraje, el relato se mete de lleno al género del terror mediante la aparición de una siniestra figura enmascarada, cuya presencia suele estar acompañada de un misterioso canto que parece provenir desde el interior de la casa. Es debido a esto que surgen nuevas interrogantes tales como: ¿De dónde proviene la misteriosa voz?, ¿Por qué Simon se encierra en la capilla a tocar el órgano por las noches?, y ¿Quién se esconde tras la grotesca máscara y cuáles son sus intenciones?

En cuanto al aspecto narrativo, la historia está narrada de manera bastante episódica, y los personajes en general responden a estereotipos. Más allá de lo unidimensional de los personajes, el elenco realiza un buen trabajo interpretándolos. Oliver Reed despliega su histrionismo habitual a la hora de interpretar a Simon, un personaje que pese a su inteligencia, presenta una marcada adicción al alcohol y una predilección por la autodestrucción. Janette Scott por su parte, logra que su personaje resulte ser lo suficientemente interesante como para que el espectador muestre interés por su destino. Como suele suceder en las producciones de la Hammer, tanto el diseño de producción realizado por Bernard Robinson, como la dirección de fotografía de Arthur Grant, son sencillamente impecables, convirtiéndose en parte esencial del encanto del largometraje. Lo mismo sucede con la banda sonora compuesta por Elizabeth Lutyens, la cual es en gran medida responsable de la atmósfera inquietante que presenta el film.

Pese a presentar una serie de elementos interesantes, como lo son las actuaciones de sus protagonistas y el tratamiento de algunos temas tabú como lo son las relaciones incestuosas, "Paranoiac" difícilmente podría ser considerado como uno de los grandes clásicos de la Hammer. Más allá de los esfuerzos de Freddie Francis por crear un thriller de calidad, es evidente que esta película no logra estar al mismo nivel que el clásico incombustible de Alfred Hitchcock que inspiró al film. De todas formas, la producción encabezada por Francis es por sobre todo entretenida, presenta un adecuado ritmo narrativo, y juega de manera interesante con elementos propios de los thrillers psicológicos, los films de terror, y los siempre complejos dramas familiares. En definitiva, “Paranoiac” se termina alzando como un producto recomendable pese a sus falencias, y como una variante de las siempre interesantes y atmosféricas cintas de terror de la ya legendaria casa del martillo
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por Fantomas.
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