martes, 15 de septiembre de 2009

Series de Televisión: "Mission: Impossible", este artículo se autodestruirá en cinco segundos.

Creada por el compositor, escritor y director Bruce Geller, “Mission: Impossible” (1966-73), fue una serie emitida por la CBS la cual relata las aventuras de un conjunto de agentes federales encubiertos los cuales conforman el grupo denominado, The Impossible Missions Force (IMF). La IMF se encarga de tomar los casos más difíciles, como por ejemplo luchar contra dictadores de paises tercermundistas, prevenir asesinatos (o algunas veces comentiéndolos si la ocasión lo ameritaba), y desmantelar peligrosos grupos criminales envueltos en el tráfico de drogas o en la venta de armas de destrucción masiva. Aunque la serie no buscaba obtener la aprobación de J. Edgar Hoover, Geller deseaba que el show fuese tomado en serio, por lo que se rehusó a seguir el mismo camino de la popular serie de espias, “The Man From U.N.C.L.E.” (1964-68).

La serie debutaría el sábado 17 de septiembre de 1966, presetando al actor Steven Hill como el agente Daniel Briggs. Briggs no tendría
un supervisor inmediato, ni tampoco un contacto directo con el gobierno, por lo tanto él recibiría sus asignaciones mediante uno de los artilugios más originales que se recuerden en la historia de la televisión. Cada episodio comenzaría con Briggs en alguna locación remota, en la cual él localizaría una grabadora cuidadosamente escondida y un pequeño sobre. Mientras que la cinta contenía los detalles de la misión que debía llevar a cabo, el sobre por lo general contenía fotos que tendrían relación con el mensaje grabado. La voz en la cinta diría, “Esta es tu misión Dan, tú decides si la aceptas...”. Por supuesto que el agente Briggs jamás rechazaría un desafío. Luego de comunicarle sus instrucciones, la Voz le advertiría a Briggs que “Como siempre, si tú o cualquiera de los miembros de tu Impossible Missions Force son capturados o asesinados, nosotros afirmaremos no tener conocimiento de sus acciones”. Tras desearle buena suerte a Briggs, se escucha la advertencia “esta cinta se autodestruirá en cinco segundos” (y de hecho explota, tras una cortina de humo, dando inicio a la secuencia de créditos).

Posteriormente, ya en la comodidad de su oficina, Briggs debe seleccionar a los posibles agentes que lo acompañaran en su misión, donde cada uno de ellos posee un talento diferente. Obviamente, él seleccionaría a aquellos cuyas habilidades fuesen de mayor utilidad en las diferentes misiones. Privilegiando la continuidad del show, Briggs siempre sería acompañado por el mismo equipo de agentes. El equipo de la IMF original estaba conformado por la sexy actriz/modelo Cinnamon Carter (Barbara Bain), el maestro del disfraz Rollin Hand (Martin Landau, el marido en la vida real de Bain), el experto en electrónica Barney Collier (Greg Morris), y el musculoso Willie Armitage (Peter Lupus). Bob Johnson por su parte, era el encargado de proveer la voz que se escuchaba en las famosas grabaciones. Los espectadores rara vez sabrían con lujo de detalles en que consistía el plan de Briggs. Esto le permitía a los guionistas incluir algunas sopresas dentro de cada una de las historias. Es por esta razón, que cuando las cosas comenzan a salir mal, los espectadores no saben con seguridad si todo es parte del complejo plan de Briggs, o en realidad las cosas se estaban complicando para el equipo.

Otro de los elementos de la serie que logró llamar la atención de los televidentes, fue la original banda sonora compuesta por Lalo Schifrin. El tema principal de “Mission: Impossible”, se convertiría en una de las piezas musicales más famosas escritas para una serie de televisión. El tema grabado originalmente durante la producción del episodio piloto como parte de la música de fondo, impresionó tanto a Geller que diseñó los títulos iniciales del show en base a la composición. La secuencia de títulos, aparecería luego de que Briggs recibiera sus intrucciones y la cinta se autodestruyera, comenzando con el encendido de un fósforo, el cual activaría una mecha animada que continuaría quemándose a través de la pantalla mientras las imágenes del episodio del día aparecerían en una serie de rápidos cortes. El tema de “Mission Impossible” sería lanzado como un single en 1968, y pasaría más de tres meses en la cima de la lista de éxitos. Posteriormente, Schifrin lanzaría dos nuevas bandas sonoras para la televisión con música adicional para la serie.

Aunque la serie nunca logró resultados impresionantes de audiencia, se las arregló para atraer un grupo de leales seguidores que ayudarían a mantenerla por ocho años al aire. Hubo una serie de cambios importantes en el reparto durante el transcurso del show, donde el más importante fue la salida de Steven Hill luego de la primera temporada. Hill era un judío ortodoxo el cual no podía trabajar durante el Sabbath judío. Esto originó algunas discrepancias entre el actor y los productores de la serie, los cuales lo necesitaban en el set para cumplir con el caótico programa de producción. Hill se enfrentaría a una situación similar 23 años después cuando aceptó el rol protagónico en la serie de la NBC, “Law & Order” (1990-???). A diferencia de los productores de esa serie, quienes fueron capaces de acomodar el horario de trabajo del actor permitiéndole formar parte del reparto por diez años, en “Mission Impossible” a Hill no le quedó más remedio que dejar el show en la primavera de 1967 tras filmar 28 episodios. Él sería reemplazado por Peter Graves, un joven actor, hermano de la estrella de “Gunsmoke” (1955-75), James Arness. Graves interpretaría a Jim Phelps, quien sería el lider del equipo de la IMF durante el resto de la serie.

Martin Landau y Barbara Bain dejarían el show en la primavera de 1969. Landau sería reemplazado por Leonard Nimoy, quien venía saliendo de la serie de culto, “Star Trek” (1966-69). Sin embargo, la tarea de reemplazar a Bain, quien interpretaba a el único personaje femenino de la serie, sería un poco más difícil. Un trío de hermosas actrices (Lesley Ann Warren, Lynda Day George, y Barbara Anderson) aparecerían durante las últimas temporadas de la serie. La co-estrella Peter Lupus por su parte, casi hace que lo despidan. Después de que gran parte de las estrellas originales de “Mission: Impossible” habían dejado la serie, o habían conseguido aumentar su sueldo tras hablar con los productores, Lupus, quien interpretaba al hombre rudo del equipo, decidió que era su turno de perdirle un aumento a Bruce Geller. Fue entonces cuando su agente le arregló una cita con el productor. Cuando Lupus llegó a la sala de espera de la oficina de Geller, se encontró con una serie de hombres musculosos sentados, esperando hablar con el productor. Una vez que Lupus ingresó a la oficina, le dijo a Geller “Bruce, ya lo entendí”, cerró la puerta, se retiró, y nunca más pidió un aumento.

La serie contó con un buen número de episodios interesantes, como por ejemplo, “The Mind of Stefan Miklos” (1969), perteneciente a la tercera temporada. Este capítulo involucra a Walter Townsend, un oficial norteamericano de inteligencia de alto rango, el cual se descubre que es un doble agente que está filtrando valiosa información a enemigos extranjeros. Todo se complica cuando el gobierno le pasa información falsa a Townsend, y los agentes del IMF deben convencer al contacto de este que la información que maneja el traidor es real. Otro episodio interesante es, “The Survivors” (1967), perteneciente a la segunda temporada. En dicho episodio, el agente enemigo Eric Stavak, intenta secuestrar a un trío de científicos norteamericanos, los cuales poseen la llave de una poderosa arma. Luego de que Stavak a secuestrado a dos de los tres científicos, Phelps y Carter se hacen pasar por el tercer científico y su esposa para poder liberar a los hombres que han sido capturados. Una vez que estos son llevados a al refugio subterráneo de Stavak, los agentes del IMF deben convencerlo de que un terremoto ha devastado la ciudad de San Francisco para así poder capturarlo.

A través de los años, los involucrados en el show obtuvieron una serie de premios. Barbara Bain obtuvo tres premios Emmy consecutivos entre 1966 y 1969, a la mejor actriz principal en una serie dramática; Peter Graves y Martin Landau por su parte, recibirían un Golden Globe. Tras las cámaras, Lalo Schifrin ganó un Grammy a la mejor banda sonora, y Bruce Geller se llevó a su casa un premio Emmy al mejor guionista de una serie dramática. “Mission: Impossible” sería sacada del aire el 30 de marzo de 1973, luego de siete temporadas. Tiempo después, la serie tendría un éxito moderado gracias a las reposiciones, especialmente a nivel internacional. Para 1970, el show era transmitido en más de 60 paises, donde las misiones llevadas a cabo por los agentes de la IMF dieron una visión exagerada de lo que las agencias de inteligencia de los Estados Unidos realizaban. Incluso algunos ciudadanos del pais del norte tomaron demasiado en serio los relatos del show. Geller por su parte, sentía que había triunfado en su búsqueda por realizar un serie de televisión que lidiara con los miedos provocados por la Guerra Fría, y que en cierta medida le diera a los habitantes de la nación la sensación de que existían personas cuya misión consistía en protegerlos.

Desafortunadamente, Geller y su esposa Jeannette Marx fallecerían cuando el avión que piloteaba Geller, se estrelló en la mañana del 21 de mayo de 1978. Pero la creación del productor seguiría viva. Cuando el Writers Guild of America se fue a huelga en 1988, la cadenas televisivas comenzaron a buscar desesperadamente series que pudieran programar. Al no tener nuevos guiones escritos, la ABC decidió desenpolvar algunos viejos episodios de “Mission: Impossible” para filmarlos nuevamente. Peter Graves regresaría como Jim Phelps, quien ahora recibiría los mensajes en discos de video (Bob Johnson seguiría siendo la voz tras las misiones). Su nuevo equipo estaría conformado por Thaao Penghis como Nicholas Black, un maestro del disfraz; Antony Hamilton como Max Harte, el tipo rudo del equipo; Terry Markwell como la sexy Casey Randall; y en lo que se podría interpretar como una inteligente contratación, Phil Morris, el hijo en la vida real de la estrella de la serie original Greg Morris, interpreta a Grant Collier, el hijo de Barnie Collier, quien seguiría los pasos de su padre ocupando el puesto del experto en electrónica. Para disminuir los costos de producción, el elenco sería trasladado a Australia para filmar los nuevos episodios.

La nueva versión de “Mission: Impossible” sería estrenada el 23 de octubre de 1988. Los primeros episodios serían realizados utilizando los guiones de la serie original, siendo filmados casi de igual manera, mientras que el resto presentarían cambios en distintos niveles. Greg Morris aparecería por primera vez en la serie en el episodio titulado, “The Condemned”. Sin embargo, tal vez el episodio más memorable sería “The Fortune” (1989). Este sería el primer episodio en el que uno de los agentes sería asesinado. Al comienzo de dicho capítulo, la identidad falsa de Casey es descubierta, tras lo cual es asesinada. Tal como lo prometían las cintas que contenían la información de las misiones, el gobierno niega tener conocimiento de sus actividades. Lamentablemente, sus compañeros de equipo no tienen más opción que seguir los pasos del gobierno. Sin embargo, de manera secreta, ellos toman el caso de su fallecida compañera, el cual involucraba a un dictador exiliado y su dominante esposa los cuales terminan siendo llevados a la justicia. Terry Markwell sería reemplazada por la actriz Jane Badler, quien interpretaría a la agente Shannon Reed.


La nueva “Mission: Impossible” funcionó bien incluso luego de terminada la huelga de guionistas. La ABC decidió mantenerla en su horario, al mismo tiempo que ordenaba nuevos guiones para la serie. El show duraría dos temporadas (35 capítulos en total), antes de ser cancelada en la primavera de 1990. En 1996, se estrenaría una adaptación cinematográfica de la serie, dirigida por Brian De Palma, y protagonizada por Tom Cruise. Pese a que la cinta fue un éxito, no fue bien recibida por algunos seguidores de la serie original. La trama involucraba a Jim Phelps (ahora interpretado por Jon Voight), quien secretamente lleva a su equipo de la IMF a una trampa mortal. La idea de presentar a Phelps como un doble agente, enfureció a muchos de los leales seguidores de la serie de televisión, aunque de todas formas la película recaudó más de $180 millones de dólares, y originó dos secuelas (la cuarta entrega de la saga se dice que en este momento se encuentra en proceso de pre-producción). “Mission: Impossible” es una de las series de espias más recordadas, y vista en la actualidad, sigue manteniendo el encanto que la convirtió en una serie de culto.



por Fantomas.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Maestros de la Animación: Grim Natwick, una de las piedras angulares de la animación.

Myron “Grim” Natwick, nació el 16 de agosto de 1890, en Wisconsin Rapids, Wisconsin. Tras estudiar en el School of the Art Institute of Chicago, conseguiría su primer trabajo el mundo de la animación en 1917, al interior del International Film Service Productions, el cual era manejado por Gregory LaCava. El estudio, era propiedad de William Randolph Hearst quien en ese entonces, deseaba adaptar los personajes de las tiras cómicas que aparecían en su periódico al medio de los dibujos animados. LaCava, pese a presentar unas admirables habilidades administrativas, estaba teniendo problemas para encontrar animadores experimentados para el estudio. Sin embargo, entre uno de sus conocidos se encontraba un excelente dibujante que estaba trabajando como ilustrador de hojas de partitura. Sería esta persona la que LaCava escogería para ocupar el puesto de animador del estudio. Así fue como Natwick llegó al estudio de Hearst, en principio por “una o dos semanas” hasta que LaCava encontrara algunos animadores más experimentados. La primera tarea de Natwick al interior del estudio, consistió en animar una carrera de caballos para uno de los cortos de la serie “Happy Hooligan”.

Él pasaría más de una semana trabajando en dicha secuencia, hasta que al término de las dos semanas estaba listo para abandonar el estudio. Pero LaCava le dijo que Hearst le pagaría la suma de $100 dólares a la semana si él decidía quedarse. Natwick aceptó la oferta y lo que en un principio comenzó como un trabajo de dos semanas, se convirtió en uno de más de siete décadas. Alrededor de 1920, Natwick se tomó algunos años para estudiar arte en Viena, para así tener una base artística más clásica. De esta forma, cuando regresó a Nueva York, comenzó a ser más respetado como un artísta. La International Film Service ya no existía, pero Bill Nolan había organizado un estudio para producir algunos cortos de “Krazy Kat”. Dicha serie, presentaba bastantes semejanzas con la clásica tira cómica de George Herriman. Por otro lado, los animadores no solo debían estar pendientes de sus propias escenas, sino que también debían pintarlas. Entre algunos de los artistas que trabajaban en el Estudio Krazy Kat se encontraban futuros animadores destacados como Walter Lantz y Jimmie Culhane, quienes posteriormente tendrían la oportunidad de trabajar nuevamente con Natwick.


En 1929, Natwick se uniría a los Estudios Fleischer. En dicho estudio, acababan de realizar la transición del cine mudo al sonoro y estaban en proceso de abandonar el marcado contraste que presentaba la serie “Out of the Inkwell”, para comenzar a trabajar con un rango más amplio de tonos grises. Durante ese periodo, Disney acababa de contratar a varios de los animadores clave del estudio, entre los que se encontraban Dick Huemer y Ted Sears. Por este motivo, Natwick tuvo que trabajar con un grupo de artistas, los cuales compensaban su inexperiencia con talento y entusiasmo. Él no tardaría en llevar a este grupo por buen camino, realizando algunos de los cortos más imaginativos que alguna vez fueron producidos por los Estudios Fleischer, como por ejemplo “Swing, You Sinners” (1930) y “Mariutch” (1930).

Cierto día, Dave Fleischer le dió Natwick una fotografía de la cantante Helen Kane y le pidió que diseñara una caricatura. Fleischer había encontrado a alguien que tenía una voz similar a la de la cantante, y planeaba utilizarla en el corto de la serie Talkartoon, “Dizzy Dishes” (1930). Natwick exageraría los grandes ojos y la boca carnosa de Kane, creando un diseño interesante pero algo crudo. Algunas semanas después, Dave le pidió a Natwick que diseñara una novia para el personaje estrella del estudio, el perro Bimbo, la cual aparecería en la adaptación animada de la popular canción, “Barnacle Bill the Sailor”. De esta forma, Natwick decidió retomar la caricatura de Kane, y refinar algunos de sus rasgos. Fleischer se negó a la idea, aludiendo a que como Bimbo era un perro, su novia no podía ser humana. Natwick rápidamente dibujo la cabeza de quien sería conocida como Betty Boop sobre un cuerpo canino. Al poco tiempo déspues, Betty Boop aparecería como un personaje humano, el cual se volvería tan popular que obtendría su propia serie.

En California, Walt Disney había visto algunas de las animaciones de Betty Boop realizadas por Grim Natwick, por lo que envió a su hermano Roy a Nueva York para convencer al animador de que se uniera a su estudio en Hollywood. Ub Iwerks acababa de dejar la Disney para formar su propio estudio, por lo que para Disney, era prioritario encontrar un animador experimentado que ocupara su lugar. Roy Disney le realizó a Natwick una generosa oferta, pero este último no deseaba trabajar con los hermanos Disney. Al poco tiempo después, Natwick hablaría con su amigo Ted Sears, quien le diría que Walt Disney era tan solo un hombre de negocios, mientras que Iwerks era la verdadera fuente creativa del estudio. Fue entonces cuando Natwick decidió que el nuevo estudio de Iwerks sería el lugar perfecto para él. Muchos de los antiguos asistentes que trabajaron en la Hearst y en los estudios Fleischer con Natwick, ya se encontraban trabajando con Iwerks. De esta forma, Natwick telefoneó a Ub ofreciendo sus servicios, aceptando trabajar para él por menos de la mitad de lo que le había ofrecido Roy Disney. A su llegada al estudio de Iwerks, Natwick se encontró con que Ub había perdido el interés por la animación, por lo que en su persona recayó la responsabilidad de dirigir varios de los cortos del estudio, mientras Iwerks se dedicaba a pintar los dibujos en su taller ubicado tras el estudio.

Al interior del estudio de Iwerks, Natwick tuvo la oportunidad de dejar su marca en cintas como “Room Runners” (1932), “Stratos Fear” (1933), y "Aladdin´s Lamp” (1934). Cuando Natwick escuchó que Disney estaba planeando realizar un largometraje animado basado en “Snow White and the Seven Dwarfs” (1937), él supo que debía formar parte del proceso. Iwerks le ofreció ser su socio en el estudio siempre y cuando se quedara con él, pero el dinero no era la principal preocupación de Natwick. Fue así como el animador se despidió de sus amigos al interior del estudio de Iwerks y pasó a formar parte de los estudios Disney. La primera animación de Natwick al interior de la Disney sería el personaje femenino principal del corto, “Cookie Carnival” (1935). Su trabajo le valió el reconocimiento de Walt, quien le asignó la tarea de animar a Blancanieves en el esperado largometraje. En el proceso, Natwick tuvo la oportunidad de trabajar con algunos de los mejores asistentes del estudio, como por ejemplo Jack Campbell y Marc Davis, entre otros. Para el final de la película, él había animado más de 120 escenas, con seis asistentes trabajando bajo sus órdenes.

Sin embargo, la labor de Natwick en la Disney no estaría exenta de polémica. Antes de la llegada de Natwick al estudio, Ham Luske era el encargado realizar la animación de Blancanieves. Para Luske, Natwick se había metido en su territorio. Aunque Luske aparece acreditado como director de animación en la cinta, su unidad tuvo poca interacción con la unidad de Natwick. Existía una considerable tensión al interior de los estudios Disney, entre los animadores que habían estado en el estudio por años, y los animadores que habían sido contratados especialmente para la realización de la cinta. Aunque en un principio Natwick prefirió no darle demasiada importancia al asunto, llegó un momento en que la situación se volvió insostenible. El asistente de Natwick, Jack Campbell, era una de las jóvenes promesas del estudio, por lo que se le permitió cambiarse a la unidad de Luske como animador. Por esta razón son distinguibles tres Blancanieves en la cinta; la de Luske, la de Campbell y la de Natwick. Mientras que la de Luske tenía apariencia de muñeca y presentaba un estilo similar al de los personajes femeninos de la serie “Silly Symphony”, la de Campbell mostraba un fuerte influencia de la animación realizada con el rotoscopio, y la de Natwick es la que da la impresión de estar más “viva”.

Debido a que Natwick empezó a utilizar parte de su tiempo libre en la realización de la cinta, el director Dave Hand le prometió un bono si la película era un éxito. Pero cuando las bonificaciones comenzaron a llegar, Natwick fue pasado por alto, pese al hecho de que él había sido uno de los animadores claves del film. Enfurecido, pidió que le entregaran una copia del borrador para realizar una lista de todas las escenas que él había animado. Para su sorpresa, descubrió que el nombre de Luske aparecía en todas las escenas que él había animado. Cuando Max Fleischer invito a Natwick a su nuevo estudio en Florida, el animador dejó la Disney sin pensarlo dos veces. Aunque posteriormente se habían realizado los arreglos para que Natwick recibiera su bonificación, este ni siquiera se molestó en retirarla. Varios años después, Natwick sintió que tal vez hubiese sido mejor haberse tragado su orgullo y continuar en la Disney, para así haber tenido la oportunidad de participar en “Fantasia” (1940) y “Pinocchio” (1940).

“Gulliver´s Travels” (1939), no sería el mejor trabajo de Natwick, debido a que no contaría con la ayuda de talentosos asistentes y que la aplicación de rotoscopio era bastante más limitada de lo que lo era en la Disney. Pero tras los problemas que experimentó en la Disney, los estudios Fleischer se mostraban como un lugar apacible, y Natwick comenzó a disfrutar de la compañia del resto de los trabajadores del estudio. Una tarde, Max Fleischer visitó a Natwick para pedirle que animara una secuencia de Betty Boop por “los viejos tiempos”. Él le explicó que Betty se había convertido en una de las grandes estrellas del estudio, pero que ya era momento de finalizar la serie, por lo que este sería el último corto de Betty Boop (dicho corto sería “Musical Mountaineers”). Max, como muestra de su agradecimiento, le regaló los derechos del personaje a Natwick. Como él no tenía conocimiento alguno del proceso de traspaso de propiedades, Natwick no hizo nada al respecto. Años más tarde, él se enteró de que los derechos de Betty Boop habían sido vendido por los Fleischers a King Features Syndicate por una gran suma de dinero. Natwick entabló una demanda contra los hermanos, pero como no tenía nada por escrito terminó perdiendo el juicio. Aunque algunos escritores han asegurado que la contribución de Natwick al proceso de creación de Betty Boop fue mínima, existe una buena cantidad de evidencia que asegura que el personaje fue creado en su totalidad por Natwick.

La Segunda Guerra Mundial dificultó la búsqueda de trabajo como animador, pero para suerte de Natwick, su viejo amigo Walter Lantz estaba produciendo algunas animaciones para el Departamento de Guerra. Natwick volvió a Hollywood para trabajar con Lantz, donde además tuvo la oportunidad de reunirse con algunos de sus viejos amigos, como por ejemplo Shamus Culhane y Dick Lundy. El buen ambiente que existía en la productora de Lantz, le vino bien a Natwick, quien siempre estaba buscando perfeccionar su trabajo. Algunos de los primeros trabajos de Natwick en el estudio como por ejemplo, “Take Heed Mr. Tojo” (1943) y “Enemy Bacteria” (1945), se convertirían en unos de los más exitosos films de entrenamiento durante la guerra. Otras de sus animaciones destacadas durante ese periodo fueron: “Who´s Cookin´Who” (1946), “Bathing Buddies” (1946), “Ski For Two” (1944), y “Solid Ivory” (1947). En su autobiografía, Walter Lantz citaría a Natwick como el mejor animador con quien tuvo el placer de trabajar.

Es importante tener en cuenta la edad de Natwick cuando se revisa su carrera. Cuando animó “Snow White”, él era uno de los artistas más viejos de estudio Disney, con 49 años de edad. Cuando su antiguo asistente en los estudios de Iwerks, Stephen Bosustow, lo convenció de unirse a la United Productions of America (UPA) en 1950, Natwick tenía 60 años. Mientras que la mayoría de los animadores de su generación ya estaban pensando en el retiro para ese entonces, Natwick no estaba dispuesto a abandonar su trabajo. Él provocaría toda una revolución estilística al interior de la UPA. Además, Natwick estuvo a cargo de la animación de los primeros cortos animados de Mr. Magoo, así como también de los cortos “Rooty Toot Toot” (1951) y “Gerald McBoing Boing” (1951), entre otros. A principios de la década de los cincuenta, él se había asentado en Nueva York como el animador principal de la oficina Este de la UPA, lugar donde comenzaría a animar muchos de los comerciales y los films industriales producidos por la compañia, siempre junto a su asistente Tissa David.

Cuando la oficina de Nueva York de la UPA cerró sus puertas, Natwick trabajó en varios estudios comerciales ubicados en Nueva York, como por ejemplo en Ray Favella and Robert Lawrence Productions. Él también estaría a cargo de la animación de la primera serie animada de televisión, “Crusader Rabbit” (1949), y más tarde trabajaría junto a Jay Ward y Bill Scott en la serie “George of the Jungle” (1967). También trabajaría como agente libre para Melendez y Duane Crowther en su productora Duck Soup Productions. Eventualmente se establecería junto al director Richard Williams, con quien trabajaría en “Raggedy Ann & Andy: A Musical Adventure” (1977). Varios años después, viajaría a Inglaterra para oficiar de profesor mientras trabajaba en “Coobler & the Thief” (1993). Él continuaría dibujando hasta los noventa años de edad, momento en el que su deteriorada visión no le permitió seguir trabajando.

Grim Natwick falleció el 7 de octubre de 1990, a los 100 años de edad. Hoy es considerado como uno de los más grandes animadores de la historia (si es que no el más grande). Además de crear a Betty Boop, uno de los pocos personajes femeninos animados en alcanzar popularidad mundial, su pasión por la animación inspiró a todos aquellos que trabajaron junto a él. Sin lugar a dudas, Grim Natwick es uno de los animadores más influyentes que jamás vivieron. Su carrera abarca la totalidad de la historia de la animación. Si uno tuviera que definir una sola característica de su trabajo, tendría que ser su habilidad para lograr que sus personajes parecieran estar realmente vivos. Es por todo esto, que Grim Natwick es considerado como uno de los catalizadores que permitieron la evolución del proceso de la animación a través de los años.





por Fantomas.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Montgomery Clift: Cuatro nominaciones al Oscar y una vida marcada por el alcohol y las drogas.

Edward Montgomery Clift nació en Omaha, Nebraska, el 17 de octubre de 1920. Hijo de Ethel Fogg y de William Brooks Clift, quien era el vicepresidente del Banco Nacional de Omaha, Clift tenía una hermana melliza llamada Roberta, y un hermano mayor llamado William Jr. El padre de Montgomery fue educado bajo las estrictas reglas sureñas, las cuales incluían algunos de los preceptos cristianos. Sin embargo, los sentimientos de hermandad entre sus pares no se aplicaba a la gente de color, algo que trató de inculcarle a sus hijos sin mayores resultados. Años más tarde, cuando Montgomery llevó a casa a su secretaria de color para una cena del día de acción de gracias, su padre no pudo ocultar su desilución. Por otra parte, la madre de Clift se encargó de educar a sus hijos como si fueran aristócratas. Por este motivo, ellos fueron educados en su casa por tutores privados provenientes de Estados Unidos y Europa. Sin embargo, cuando la familia comenzó a sufrir dificultades financieras, Montgomery y sus hermanos tuvieron que asistir a la escuela como el resto de los adolescentes de su edad.

Sería uno de los profesores del colegio donde asistirían los hermanos Clift, llamado Hayward, el que empujaría al pequeño Montgomery a la actuación. De hecho, Hayward tenía un amigo que se encargaba de organizar producciones teatrales de caracter amateur, y en ese momento estaba buscando a un joven de 12 años para que protagonizara su próxima producción. Fue así como en 1933, Clift tuvo su debut como actor en la obra cómica, “As Husbands Go”, demostrando tener un talento natural para la actuación. Un tiempo después, Clift obtendría un papel en la obra de Broadway, “Fly Away Home”, donde los críticos resaltarían la buena labor del joven actor. Durante este periodo, Clift se mostraría muy cercano a su madre, quien se preocuparía que el joven dejara su marca en Broadway. Durante su adolescencia, Clift se mostró como un chico solitario, sin más amigos que Ned Smith, quien era el hermano menor de una amiga de la familia. Smith, quien se mostró preocupado por Clift debido a que este prefería leer un libro que salir con chicas, intentó que el joven desarrollara su lado masculino. Tras diez años de éxito en Broadway, Clift sintió que estaba listo para dar el salto a la pantalla grande.

Luego de que Howard Hawks viera la obra de Broadway, “The Searching Wind”, en la que participaba Clift, el director decidió contratarlo para que protagonizara junto a John Wayne el western, “Red River” (1948). Pese al esceptiscimo reinante al interior del equipo de filmación, Clift demostró ser todo un profesional pese al nerviosismo que sentía en su debut cinematográfico. Aunque Hawks y Wayne hicieron todo lo posible para que el joven actor se sintiera cómodo, llegando incluso a invitarlo a participar en algunas animadas partidas de poker celebradas por el grupo cercano a Wayne, la verdad es que el actor mantuvo una relación más bien distante con Wayne y Hawks, empujado por el rechazo que le provocaba el excesivo machismo reinante en el círculo del Duque. Esto explica la razón del porque en 1958, Clift rechazaría un papel en la cinta “Rio Bravo” (1959), que lo reuniría nuevamente con Wayne, con quien las relaciones no terminaron de la mejor manera tras finalizar las filmaciones de “Red River”.

Ese mismo año, el actor sería nominado a un Oscar al mejor actor por su participación en el drama bélico, “The Search” (1948). Su sensibilidad y su intensa interpretación fueron las grandes responsables de dicha nominación. Posteriormente trabajaría en el galardonado drama, “The Heiress” (1949), del director William Wyler; y en el drama bélico, “The Big Lift” (1950), del director George Seaton. Para cuando filmó el drama, “A Place in the Sun” (1951), del director George Stevens, Montgomery Clift ya era considerado como uno de los actores jóvenes más importantes de Hollywood. Intenso y neurótico, Clift parecía el actor perfecto para interpretar al protagonista de la cinta. Sin embargo, el actor dependía fuertemente de su maestra de interpretación, Mira Rostova, quien se encargaba de aprobar cada una de sus actuaciones. Esto enfureció a Stevens, quien no soportaba que alguien que no fuera él guíara las interpretaciones del elenco.

Pese a los conflictos generados al interior del set de filmación, Clift entregó una de sus mejores interpretaciones, la cual le valió una nueva nominación al Oscar. La co-estrella de Clift en esta cinta, Elizabeth Taylor, de entonces 19 años de edad, no tardó en enamorarse del actor. Sin embargo, el actor quien intentaba por todos los medios reprimir su homosexualidad, no podía sentirse atraído hacia la joven actriz, pero si logró entablar una linda amistad con ella. Aprovechándose de la relación entre Taylor y Clift, Stevens optó por reescribir algunas líneas del diálogo para que reflejaran el cariño maternal que Taylor sentía por el neurótico Clift. De hecho, una mañana intentando sacar aún más provecho de la situación, Stevens le entregó a la pareja de actores una escena romántica reciéntemente escrita, la cual fue recibida con indignación por Taylor debido a las líneas que tenía que decir. En dicha escena, la cual es considerada como el momento romántico mejor logrado del film, tras escuchar la declaración de amor realizada por el personaje de Clift, el personaje de Taylor le susurra al tiernamente, “cuéntale a mamá....cuéntale todo a mamá”.

En su siguiente trabajo, Clift tendría la oportunidad de trabajar junto al maestro del suspenso, Alfred Hitchcock, en la cinta “I Confess” (1953). Lamentablemente, pese a ser un actor talentoso y popular, Clift era al mismo tiempo un hombre infeliz y trastornado, dependiente del alcohol, y cada vez más de su maestra de interpretación Mira Rostova. El actor insistía en la aprobación de Rostova antes de filmar una escena, lo que le trajo más de algún problema con el director, agregando considerables dosis de tensión al proceso de filmación. Esto se sumó a que el actor se encontraba constantemente bajo los efectos del alcohol, en parte gatillado por la imposibilidad de aceptar su homosexualidad, lo que no facilitaba las cosas. Debido a que al director no le gustaba la confrontación directa, tuvo que utilizar a Karl Malden como intermediario, debido a que este era una persona a la que Clift admiraba y escuchaba. Pese a todo, Clift nuevamente demostró ser un actor sumamente talentoso, entregando una interpretación poderosa y creíble.

Ese mismo año, Clift filmaría el drama “Stazione Termini” (1953), del director Vittorio De Sicca; y el galardonado clásico, “From Here to Eternity” (1953), del director Fred Zinnemann. Durante las filmaciones de “From Here to Eternity”, Clift encontró en Frank Sinatra a un gran compañero de juerga mientras se encontraban filmando en locaciones de Hawaii. A estas alturas, Clift estaba convertido en un alcohólico y su problema era cada vez más evidente. De hecho, una de las escenas de la película la tuvo que filmar completamente intoxicado, logrando a duras penas su cometido. Durante la realización del film, pese a los problemas que estaba enfrentando Sinatra (reciéntemente se había separado de su esposa Ava Gardner), este se convirtió en una especie de hermano mayor para Clift. Por otra parte, gran parte del elenco se mostró impresionado por la intensidad con la que el actor intentaba construir su papel. Él pasaba largas horas practicando su rol mientras miraba los ejercicios militares. Pese a su errático accionar, Montgomery Clift sería nominado por tercera vez al Oscar al mejor actor.

El 12 de mayo de 1956, mientras se encontraba filmando “Raintree Country” (1957), del director Edward Dmytryk, el actor chocó su automóvil contra un poste telefónico tras abandonar una fiesta realizada en la casa de su co-estrella en la cinta, Elizabeth Taylor, y su esposo, Michael Wilding. Alertada por su amigo Kevin McCarthy, quien presenció el accidente, Taylor corrió a asistir a Clift, a quien tuvo que sacarle manualmente la lengua de la garganta, al darse cuenta que este se estaba asfixiando. El accidente lo dejó con la nariz y la quijada fracturada, con una lesión en la cavidad sinusal, y severas laceraciones faciales las cuales requirieron cirujía plástica. Luego de una prolongada recuperación que duró dos meses, él pudo volver al set para retomar las filmaciones de “Raintree Country”. Pese a las preocupaciones de los ejecutivos de la MGM a cargo del proyecto, la cinta gozó de bastante éxito en gran medida gracias a que muchos de los espectadores que asistieron a las salas de cine a ver el film, se sentían intrigados por ver las escenas de Clift antes y después del accidente.

Lamentablemente, el accidente tendría como consecuencia que Clift desarrollara una fuerte dependencia a los calmantes, lo que sumado a su alcoholismo, terminó por acortar la vida del talentoso actor. Su comportamiento para ese entonces era cada vez más errático, lo que le preocupaba a todos aquellos que tenían la oportunidad de trabajar junto a él. Su carrera tras el accidente, sería considerada por muchos como el “más largo suicidio en la historia de Hollywood”, debido a su abuso de sustancias. Para cuando filmó “Lonelyhearts” (1958), resultaban evidentes las consecuencias del terrible accidente. Su apariencia se había deteriorado bastante, y su drogadicción no le permitía trabajar más allá de las dos de la tarde. Afortunadamente, Clift logró construir una cercana amistad con sus co-estrellas, Robert Ryan y Myrna Loy, quienes se encargaron de apoyarlo y protegerlo durante todo el proceso de filmación.

La próxima cinta de Clift sería el drama bélico “The Young Lions” (1958), del director Edward Dmytryk, donde tendría la oportunidad de trabajar con Marlon Brando, actor con el cual Clift sería comparado durante sus inicios. Durante la filmación de esta cinta, Clift comenzaría una amistad con Dean Martin, quien agradecería la ayuda recibida por el atormentado actor durante la realización del film. Durante un tiempo, sería Martin quien acompañaría a Clift cuando el resto del circuito hollywoodense le había dado la espalda tras destaparse su creciente adicción a las drogas y el alcohol. Luego vendría “Suddenly, Last Summer” (1959), una producción plagada de problemas, donde Clift estaba casi catatónico debido a sus adicciones. Para colmo, el director Joseph Mankiewicz tuvo que aguantar el enojo de Katherine Hepburn y Elizabeth Taylor, causado por la poca consideración que el director mostraba respecto a la situación de Clift.

Tras terminar “Suddenly, Last Summer”, Clift protagonizó el drama del director Elia Kazan, “Wild River” (1960). Posteriormente participaría en la cinta de John Huston, “The Misfits” (1961), donde trabajaría junto a Marilyn Monroe y Clark Gable. Monroe, quien ese momento estaba pasando por algunos problemas emocionales, fue descrita por Clift como “La única persona que conozco que está en peor forma que yo”. Pese a que gran parte del equipo de producción estaba preocupado por la capacidad actoral de Clift, este no tardó en demostrar porque era considerado como uno de los mejores actores de su generación. Clift lograría su última nominación al Oscar, esta vez al mejor actor secundario, en la cinta “Judgment at Nuremberg” (1961), del director Stanley Kramer. Para el actor, el haber sacado adelante el rol del física y mentalmente afectado Rudolph Peterson, fue una suerte de triunfo personal. Muchos años después, el director Stanley Kramer escribiría en sus memorias las dificultades que tendría el actor para recordar sus líneas para cada escena.

Para el tiempo que Clift estaba filmando, “Freud: The Secret Passion” (1962), del director John Huston, su estilo de vida autodestructivo estaba afectando seriamente su salud. La Universal lo demandó por sus frecuentes ausencias las cuales habían causado que el la cinta excedería el presupuesto inicial. El caso fue resuelto fuera de la corte; el film resultó ser un éxito de taquilla, ganándose una serie de premios por su guión y por el trabajo de su director, por lo que el estudio decidió abandonar su pleito con el actor. Luego del estreno de la cinta, el actor apareció en el “The Hy Gardner Show” hablando acerca de su accidente y los efectos que este había tenido en su carrera, y en su relación con la prensa. Durante la entrevista, Gardner mencionaría que esta sería “la primera y última aparición de Montgomery Clift en una entrevista televisada”. El tiempo le dió la razón.

Aunque Clift estaba listo para co-protagonizar junto a Elizabeth Taylor la cinta, “Reflections in a Golden Eye” (1967), del director John Huston, debido a compromisos previos de la actriz, se tuvo que aplazar la fecha del inicio de las filmaciones. Mientras tanto, el actor aprovechó de participar en el drama francés, “The Defector” (1966), sin sospechar que este sería su último rol. El 23 de julio de 1966, Montgomery Clift sería encontrado sin vida en la habitación de su casa ubicada en Nueva York, por su secretario personal Lorenzo James. La autopsia reveló que el actor de 45 años había fallecido a causa de un ataque cardíaco. No se encontró evidencia de que el actor hubiese sido asesinado o que su muerte fuera provocada por él mismo. Se cree que las adicciones que desarrolló Clift durante su carrera fueron las grandes resposables de su muerte. Tiempo después, fue revelado que el actor sufría de un problema a la tiroides, que pudo causar que este diera la impresión de estar drogado o borracho cuando en verdad estaba sobrio. Montgomery Clift fue un hombre cuya vida se vió truncada en gran medida por su incapacidad de aceptar su homosexualidad. Lamentablemente, Clift pertenece al infame grupo de actores hollywoodenses que pese a su gran talento y popularidad, terminaron en la peor de las miserias. Más allá de sus problemas, Montgomery Clift será siempre recordado por las poderosas actuaciones que conformaron su corta pero intensa carrera.



por Fantomas.

Laurin: Un pesadillezco cuento de hadas.

“Laurin” (1989), es un film de terror del director Robert Sigl, el cual está protagonizado por Dóra Szinetár, Brigitte Karner, Károly Eperjes y Hédi Temessy.

En una idílica localidad costera alemana vive Laurin (Dóra Szinetár), una niña de 9 años, junto a su madre Flora (Brigitte Karner), su padre Arne (János Derzsi) y su abuela Olga (Hédi Temessy). Una noche, Flora muere bajo extrañas circunstancias en lo que parece ser un horrible accidente. Poco tiempo después, a la escuela del lugar llega un profesor llamado Van Rees (Károly Eperjes), con quien Laurin entablará una extraña relación. Es entonces cuando la pequeña comienza a tener visiones y sueños que sugieren que la muerte de su madre no fue accidental. En sus intentos por descubrir la verdad de lo ocurrido, sin saberlo, Laurin inevitablemente pondrá su vida en peligro.


Tras graduarse en la Escuela de Cine de Múnich en el año 1987 y filmar dos cortometrajes, el director Robert Sigl, quien en ese entonces tenía 25 años de edad, comenzó con los preparativos del proyecto que se convertiría en su primer largometraje, una extraña historia titulada “Laurin”. El guión de dicho proyecto, el cual fue escrito por el mismo Sigl junto al guionista Adám Rozgonyi, fue rodado en su totalidad en Hungría con la colaboración de actores locales. Tal y como sucede en las cintas “Valerie and Her Week of Wonders” (1970) y “The Company of Wolves” (1984), este fascinante thriller de época utiliza imágenes propias de un espeluznante cuento de hadas para narrar una hipnótica fábula sobre los traumas de la adolescencia y el despertar del deseo sexual. En gran medida, el director aprovecha la estética del film para fusionar lo real y lo meramente fantástico, trazando una delgada línea divisoria entre ambos mundos. Al mismo tiempo, con el fin de realzar el tono onírico de la historia, Sigl utiliza un estilo narrativo que mezcla indiscriminadamente flashbacks y flashfowards, lo que inevitablemente le agrega ciertas capas de complejidad al relato.

Aunque “Laurin” ha sido encasillada dentro del género del terror psicológico, la verdad es que se trata de una producción difícil de categorizar. Si bien la atmósfera del film, la cual está construida en base a la presencia de tenebrosos bosques, espeluznantes castillos góticos, y un marcado componente sobrenatural, son elementos propios de una cinta de terror, la película también puede ser considerada como un thriller de misterio, que invita al espectador a descubrir quién es el responsable de la muerte de la madre de Laurin, y qué relación tiene ese suceso con una serie de secuestros de niños que últimamente han estado ocurriendo en la pequeña localidad germana. Aún cuando la solución de estas incógnitas en apariencia no parece ser una tarea demasiado compleja, la forma en cómo el director presenta las piezas del rompecabezas que conforman la trama escapa a la lógica convencional, por lo que la historia y sus interrogantes se convierten en una experiencia bastante más desafiante. En gran medida, la estructura narrativa utilizada por Sigl no solo impide que el film se torne predecible, sino que además le imprime un sello distintivo a una producción que logra con éxito captar la atención del espectador durante todo el transcurso del metraje.


Uno de los aspectos más destacables de la cinta, es el retrato psicológico que el director realiza de los protagonistas de la historia. Por ejemplo, resulta a lo menos curiosa la relación que se genera entre Laurin y el profesor Van Rees, donde este último exhibe algunos comportamientos que rayan en la pedofilia. Y es que mientras Van Rees le dedica extrañas miradas a la niña, ésta en algunos pasajes del film no oculta la aparente atracción que siente por su maestro. Las cuestionables inclinaciones de Van Rees resultan aún más evidentes cuando este espía sin vergüenza alguna a Stefan (Barnabás Tóth), el pequeño amigo de Laurin, mientras este está tomando un baño. Otros aspectos psicológicos de Van Rees son expuestos de forma más críptica, lo que de manera indirecta invita al espectador a descifrar lo que esconde la particular personalidad del extravagante profesor. De todas formas, cabe mencionar que el lazo que se forma entre Laurin y Van Rees va más allá de lo meramente sexual; aparentemente ambos personajes están marcados por el abandono de sus padres, lo que sin lugar a dudas ha influido en su errático comportamiento y en su forma de relacionarse con quienes los rodean.

Lo que definitivamente resulta ser relevante, es que en esta peculiar pesadilla freudiana no existen los adultos libres de culpa. Por ejemplo, el pastor de la localidad (Endre Kátay), quien también es el padre del profesor Van Rees, lleva una vida que se contrapone con la doctrina que predica, ya que se jacta de tener varias amantes repartidas por todo el pueblo. La abuela de Laurin por su parte, jamás ha podido superar el abandono de su marido, por lo que pasa gran parte del día fumando marihuana y bebiendo alcohol. Por último, el padre de la protagonista antepone el trabajo a su familia, lo que lo lleva a dejar completamente sola a Laurin durante gran parte del día, incluso luego del fallecimiento de su madre. Los niños por otro lado, se comportan como si fueran animales, golpeándose constantemente los unos con los otros, debido a la escasa disciplina impuesta por los adultos a cargo. Será en este mundo oscuro y tenebroso, carente de roles definidos y dominado por el más completo caos, que Laurin intentará salir airosa a través de su enceguecedora bondad y de una madurez propia de una persona más adulta.


Es necesario mencionar que la cinta cuenta con una ambientación espectacular, cuyos paisajes están maravillosamente fotografiados por Nyika Jancsó, quien demuestra tener una inclinación por una paleta de colores similar a la utilizada por el director italiano Mario Bava en sus films, lo que de inmediato le entrega a la producción un aire surrealista. De hecho, las pesadillas precognitivas de Laurin están repletas de imágenes inquietantes, entre las que se destacan una serie de muñecas bañadas en sangre y las fantasmales apariciones de su madre. Por otro lado, dentro de los numerosos simbolismos que presenta el film, tanto la mascota del asesino como una cometa negra que aparece en un par de ocasiones, adquieren especial importancia al convertirse en verdaderos emisarios de la muerte. En gran medida, la peculiar fusión de paisajes propios de un cuento de hadas, con otros extraídos directamente de un relato de horror gótico, ayuda a conformar una atmósfera que es tan perturbadora como poética. Todo esto es complementado de manera perfecta por la atmosférica banda sonora compuesta por Hans Jansen y Jacques Zwart, cuyas melodías en cierto modo hacen hincapié en los peligros que amenazan por destrozar por completo la tan preciada inocencia de Laurin.

En cuanto al aspecto interpretativo del film, Dóra Szinetár realiza un trabajo impecable personificando a Laurin, quien se lleva gran parte del peso dramático del relato. El resto del elenco por su parte, logra transmitirle al espectador el pesimismo reinante entre los habitantes de la pequeña localidad germana donde se desarrolla la historia. Gracias a “Laurin”, Sigl ganó el premio al mejor director debutante en los Bavarian Film Awards, en el año 1989. Si bien es evidente que Sigl demuestra haber sido influenciado por directores tales como Dario Argento, Roman Polanski, Jacques Tourneur y el ya mencionado Mario Bava, también es innegable que el realizador logra con éxito imprimirle un sello propio a la cinta. Tras su aclamado debut cinematográfico, Robert Sigl se volcaría de lleno a la industria televisiva, donde hasta el día de hoy no ha logrado crear un producto que se acerque a lo exhibido en “Laurin”. En definitiva, “Laurin” hoy en día es vista como una verdadera joya desconocida del cine de terror alemán, la cual evidentemente merece un reconocimiento mucho mayor al que ostenta en la actualidad.
 


por Fantomas.


domingo, 6 de septiembre de 2009

Sword of the Stranger: Una de las mejores cintas de animación del último tiempo.

“Sword of the Stranger” (2007), es una cinta de animación japonesa escrita por Fumihiko Takayama y dirigida por Masahiro Andō.

En el Japón medieval, un niño llamado Kótaro y su perro Tobimaru son perseguidos sin cuartel por los Mings, soldados y enviados del Emperador chino que tienen cruentos planes para el pequeño. Durante su huída, Kótaro conoce a un misterioso ronin llamado Nanashi, el cual por un extraño motivo jamás desenvaina su espada. Entre los planes de los Mings, los intereses de algunos señores feudales japoneses, y la aparición de peligrosos oponentes, la unión entre Kótaro y Nanashi se verá afectada de una forma u otra, obligándolos a tomar decisiones críticas en una carrera contra el tiempo.


Masahiro Andō, quien había trabajado como animador en cintas como “Jin-Roh” (1998) y “Cowboy Bebop: The Movie” (2001), debuta como director con esta producción animada de época la cual le llevó varios años terminar. En el año 2003, el director había estrenado un piloto de la película en la Tokyo Anime Fair, el cual sufrió una serie de cambios antes de ser nuevamente estrenado en el 2007. El cambio más importante lo sufrió el personaje principal, quien en un principio era un asesino sin memoria, mientras que en la versión final es un ex-soldado cuyos recuerdos no lo dejan vivir en paz. La idea de Masahiro era escribir una historia cuyo núcleo fuese la vida y la muerte de las personas, y donde los personajes involucrados en el relato estuvieran motivados por su propia avaricia. Para construir esta historia de redención y muerte, Masahiro reclutó al guionista Fumihiko Takayama, conocido por su interés en las cintas de época (las cuales en Japón se llaman jidaigeki), para desarrollar el escenario en el cual transcurriría la historia.

Lo primero que llama la atención al ver “Sword of the Stranger” es la maravillosa calidad de su animación, la cual incluye algunos efectos realizados con CGI a los cuales se les saca bastante provecho. Existe un evidente cuidado en el diseño de los paisajes y los personajes, donde los colores se mezclan de buena manera dando como resultado un estilo de animación bastante elegante. La atención que se le da a los detalles por momentos quita el aliento, lo cual se hace evidente en aquellas escenas donde tras cruentas luchas la sangre cae sobre la nieve, o aquellas en las cuales la luz del sol se refleja en las espadas de los soldados. Sin embargo, son las escenas de acción las que resultan ser más impresionantes. Dichas secuencias, además de estar perfectamente orquestadas y animadas, son bastante envolventes y violentas, por lo que se pueden ver altas dosis de sangre salpicando la pantalla. Esto sin duda contrasta con la inocencia y la ternura proyectada por el pequeño Kótaro y su fiel mascota.

El nivel de preocupación por la animación es el mismo que se ve al momento de desarrollar los personajes principales. Kótaro es un niño que debe comenzar a valerse por sí mismo de manera improvisada. De hecho, al momento de conocer a Nanashi hace todo lo posible por demostrar que es una persona totalmente autosuficiente. A medida que avanza el metraje, el espectador se entera de la historia del pequeño y ve como este evoluciona bajo el cuidado de Nanashi. El ronin por su parte, también evoluciona durante el transcurso de la película; en un principio se muestra como un hombre más bien egoísta cuyo pasado no está demasiado claro. Ya en el último tramo de la cinta se explica el porqué del errático comportamiento de Nanashi, al mismo tiempo que se ven los frutos de su relación de amistad con Kótaro. Ambos personajes presentan carencias a nivel emocional, por lo que el lazo que los une se asemeja al existente entre un padre y un hijo.

En cuanto a los villanos de turno, todos están motivados por sus ambiciones personales; algunos desean eliminar el dominio Ming en la zona, otros la vida eterna, o algunos como Rarô, el villano principal de la cinta, solo desean encontrar un rival a su altura. La verdad es que no se da mucha información con respecto a los habilidosos soldados Ming, ni como Rarô (quien es posiblemente europeo) terminó trabajando para el Emperador Chino. Lo que si llama la atención es que tanto Rarô como Nanashi son extranjeros. Esto se suma al cuidado que puso el director al momento de diferenciar la cultura china de la japonesa (de hecho, el film está hablado en japonés y chino mandarín). Estos detalles probablemente responden al deseo del director de construir una historia que rompiera las barreras del lenguaje, y que fuera atractiva tanto local como internacionalmente. Al mismo tiempo, el realizador prefiere entregar una mirada imparcial del conflicto entre ambas naciones, retratando a los chinos como hombres obsesionados con la ciencia y la espiritualidad los cuales están al servicio de sus gobernantes, y a los señores feudales japoneses como hombres ambiciosos cuyo único interés es el dinero y el poder.

La única crítica que se le podría realizar a esta película sería que la trama presenta varios elementos ya vistos con anterioridad en relatos de corte similar. De todas formas la historia exhibe algunos toques de originalidad, lo que es loable considerando que se trata de un género que por lo general está plagado de clichés. “Sword of the Stranger” está fuertemente influenciada por las cintas de samuráis de Akira Kurosawa, aunque presenta un ritmo narrativo y una estructura más propia del cine hollywoodense. La trama se desarrolla de manera bastante lineal, evitando caer en complicaciones innecesarias, lo que ayuda a que esta no se vuelva tediosa en ningún momento. Al mismo tiempo, el director se preocupa de mantener ocultas las razones por las cuales los Ming están persiguiendo a Kótaro, siendo este el misterio principal que presenta el film. Más allá de esto, “Sword of the Stranger” no presenta grandes sorpresas, lo que no influye mayormente en el resultado final de la cinta.

“Sword of the Stranger” es fácilmente una de las mejores cintas de animación provenientes de Japón de los últimos años. Más allá de las similitudes que pueda presentar con otras películas del género, este film es sumamente entretenido, presenta una animación bastante cuidada y fluida, personajes interesantes, una más que adecuada banda sonora compuesta por Naoki Sato, y la suficiente acción y violencia para dejar satisfechos tanto a los amantes del cine de animación como a los del cine de samuráis. Lo que es aún más interesante es su final abierto, el cual que queda a libre interpretación del espectador, con lo que el realizador concluye esta apasionante historia de época. En definitiva, estamos ante lo que se podría considerar como un excelente debut cinematográfico por parte del director Masahiro Andō, quien de seguro va a sorprendernos en un futuro con otras joyas de un nivel similar al de esta gran cinta de animación.




por Fantomas.

Ruggero Deodato: Un director asociado al cine de caníbales.

Ruggero Deodato nació el 7 de mayo de 1939, en Potenza, Italia. Su infancia la pasaría en un barrio de Roma cerca del cual se encontraba un buen número de estudios cinematográficos. Deodato comenzaría a trabajar en el mundo de cine como segundo asistente del director Roberto Rossellini, uno de los grandes maestros del cine italiano. Él conseguiría este trabajo gracias a que vivía en el mismo edificio que el director, además de ser amigo del hijo de este. En aquel entonces, para ser segundo asistente en la industria cinematográfica italiana solo se requería tener una noción de como se filmaba una película, dejando la experiencia en segundo plano. Deodato adquiriría toda la experiencia necesaria en el tiempo que trabajo con Rossellini, trabajando en dos ocasiones como segundo asistente, y luego realizando cinco cintas más como primer asistente del director, antes de comenzar a trabajar por su cuenta. Aunque Rossellini fue su gran mentor, Deodato también tuvo la oportunidad de trabajar como asistente de Sergio Corbucci, en cintas como “The Son of Spartacus” (1962) y “Django” (1966).

Luego de sus colaboraciones con Rossellini y Corbucci, Deodato comenzó su carrera como director de films de bajo presupuesto, los cuales eran completamente olvidables, como por ejemplo la mediocre cinta de aventuras “Gungala, The Black Panther Girl” (1968), la comedia musical “Vacation on the Costa Esmeralda Coast” (1968), y el western “In the Name of the Father” (1969). En 1969, Deodato abandonaría momentaneamente el cine para filmar algunos episodios de un par de series de televisión, además de algunos comerciales para el mismo medio. El director regresaría al cine en 1975 con el thriller erótico, “Wave of Lust”. Antes de entrar de lleno al género del horror, Deodato filmaría el violento thriller policial, “Live Like a Cop, Die Like a Man” (1976). La carrera controversial del director comenzaría luego de que este leyera una historia en una revista acerca de un hombre que había sido capturado por una tribu primitiva llamada “Rock People”. Esta historia echaría raíces en la mente de Deodato, dando como resultado la cinta “The Last Cannibal World” (1977).

Estrenada en los Estados Unidos bajo una variedad de títulos (“Cannibal”, “Jungle Holocaust” y “The Last Survivor”), la cinta está protagonizada por Massimo Foschi, Me Me Lai y Ivan Rassimov. Pese a ser un thriller de aventuras más cercana a la nominada al Oscar, “The Naked Prey” (1966), Deodato presenta una serie de atroces sacrificios animales, canibalismo y otras escenas crueles que rápidamente posicionaron a esta película en un nivel distinto a las del resto del subgénero. Un claro ejemplo del tono de la cinta lo da una escena que se encuentra cerca del climax de la historia, en la cual el personaje interpretado por Me Me Lai es mutilada desde la entrepierna al esternón (dicha escena sería copiada sin verguenza alguna por el director Umberto Lenzi en las cintas “Eaten Alive” y “Emerald Jungle”, ambas de 1980). Antes de filmar su trabajo más conocido, Deodato realizaría el drama, “Last Feelings” (1978), y el thriller de acción, “Concorde Affaire ´79” (1979).

Junto al guionista de “The Last Cannibal World”, Gianfranco Clerici, quien también escribiría el guión de “The House on the Edge of the Park” (1980), Deodato realizaría la cinta más controversial del oscuro subgénero del cine de caníbales; “Cannibal Holocaust” (1980). Aunque parezca dificil de creer, este era el intento por parte de Deodato de condenar la explotación de culturas tercermundistas. Obviamente, este mensaje casi subliminal es difícil de detectar cuando está cubierto con alrededor de 90 minutos de maltrato animal, violaciones, castraciones gráficas, y desnudez gratuita. El aspecto de documental que presenta la cinta, contiene escenas de asesinatos en masa y sangrientas batallas que parecen sospechosamente reales. Incluso algunos de los efectos especiales fueron puestos en tela de juicio. De hecho, una de las escenas donde el equipo de filmación que protagoniza la película, se encuentra con una muchacha nativa empalada en una enorme estaca, no ha podido ser explicada con claridad. Mientras que algunos aluden a un que se realizó utilizando un ingenioso trabajo de maquillaje y algo de utilería, Lamberto Bava, quien en ese entonces formaba parte del equipo de filmación de Deodato, se rehusó a estar en el set mientras la secuencia era filmada, y durante los años ha mantenido un estoico silencio acerca de lo que realmente sucedió.

La cinta desató una gran controversia al momento de su estreno; muchos amenazaron con tomar acciones legales contra el film, algunas copias fueron quemadas en un incendio de sospechoso origen, y una gran cantidad de paises se negaron a estrenar la cinta. Aunque en su momento se habló de realizar una secuela, Deodato solo retornaría al cine de caníbales en la siguiente década. “Cut and Run” (1985), es un thriller de aventuras que evita las escenas de canibalismo en favor de la acción, de los extraños cultos oscuros, y de un grupo de boinas verdes renegados. Aunque gran parte de los espectadores que vió la versión internacional de la cinta, sintió que esta era bastante más sobria que los anteriores films de Deodato, aquellos que tuvieron la oportunidad de ver la versión original llamada “Inferno in diretta”, se encontraron con algo completamente distinto. Pese a su menor duración, “Inferno in diretta” presenta grandes dosis de violencia gráfica. La diferencia entre ambas versiones se debe a los problemas de distribución que habían sufrido algunas cintas de Deodato anteriormente, por lo que era necesario disminuir la cantidad de violencia del film.

Con “The House on the Edge of the Park” (1980), Deodato optó por explotar el éxito obtenido por la cinta de Wes Craven, “The Last House on the Left” (1972). La cinta protagonizada por David Hess, mantiene una atmósfera de tensión constante durante todo su metraje. Para ser un film que comienza con una brutal violación y posterior estrangulación, su final es relativamente sobrio. Pese al insatisfactorio giro final, la cinta es considerada como una de las buenas entradas en lo que se llamaría el cine de “invasión de morada”, donde además de la ya mencionada “The Last House on the Left”, se encuentran películas como “The Desperate Hours” (1955), y “Henry: Portrait of a Serial Killer” (1986), entre otros. En 1983, Deodato filmaría la cinta de ciencia ficción “The Raiders of Atlantis”, la cual comenzaría a marcar el final del periodo controversial del director, dejando atrás la vehemencia y la cínica brutalidad de sus anteriores trabajos.

“Body Count” (1986), es un mediocre slasher que fue estrenado en el periodo en que el subgénero ya comenzaba a dar muestras de su agotamiento. Su próximo trabajo sería “The Barbarians” (1987), una cinta de aventuras al más puro estilo de “Conan the Barbarian” (1982). Pese a ser un film de muy bajo presupuesto, resulta medianamente disfrutable gracias a los esfuerzos de Deodato por sacar adelante el proyecto. “Phantom of the Dead” (1988), nuevamente contó con la colaboración del guionista Gianfranco Clerici, a lo que se sumaría un elenco encabezado por Michael York y Donald Pleasence, un presupuesto más generoso, y una correcta banda sonora de Pino Dinaggio. Pese al buen trabajo tras las cámaras de Deodato, el guión de la cinta resulta ser bastante mediocre, lo que no ayuda a crear un producto satisfactorio.

Lo que parecía ser un evidente declive en la carrera del director (carrera que dicho sea de paso, siempre estuvo ligado al cine serie B, rozando el cine Z), se confirmó con el estreno de “Dial: Help” (1988), una bizarra historia acerca de un télefono poseido que asesina mujeres. De ahí para adelante, Deodato trabajaría mayormente en la televisión, filmando de vez en cuando algún largometraje completamente olvidable, como por ejemplo “The Washing Machine” (1993) y “Mom I Can Do It” (1992). Difícilmente podriamos identificar a Deodato como uno de los grandes directores italianos del cine de terror, pero sin duda algunas de las obras que conforman su filmografía siguen teniendo resonancia en la actualidad. Probablemente, el alejamiento del director del cine más crudo y brutal se debió que llegado un determinado momento de su carrera, prefirio evitar todo tipo de controversias innecesarias. Aunque hace un tiempo se ha estado escuchando el rumor de que Ruggero Deodato quiere retomar las historias de canibalismo, por el momento solo podemos revisitar aquellas obras que ubicaron en el ojo del huracan a este controvertido director.



por Fantomas.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Especial: Las adaptaciones alemanas de la obra de Edgar Wallace.

Antes de comenzar a hablar de las adaptaciones cinematográficas de la obra del escritor Edgar Wallace, es conveniente conocer un poco de su vida primero. Richard Horatio Edgar Wallace fue un periodista, guionista y novelista inglés, el cual gozó de gran popularidad entre 1900 y 1930. Wallace nació el primero de abril de 1875. Hijo ilegítimo de una pareja de actores (lo que podría explicar su afición al teatro), a los 18 años se alistó en el ejército, siendo enviado a Sudáfrica donde empezó a interesarse en la literatura, escribiendo diversos relatos y poemas. A los 24 años abandonaría el ejército para comenzar a trabajar como corresponsal de guerra para el Daily Mail. Luego de algunos problemas que impidieron que continuara trabajando como corresponsal en el frente, Wallace publica su primera novela en el año 1905 titulada, “The Four Just Men”. A partir de entonces, y durante los quince años siguientes, Wallace continuaría publicando novelas, principalmente de suspenso, con un ritmo de publicación de una novela al año, y más tarde, consiguiendo sacar al mercado dos o incluso tres obras por año.

Edgar Wallace publicaría 173 novelas, escribiría 23 obras de teatro y casi un millar de relatos cortos durante el transcurso de su carrera. Se dice que el escritor llegó a ser tan popular, que después de la Biblia, era el autor más vendido y que uno de cada cuatro ejemplares que llegaban al mercado llevaba su firma. En su tiempo, Wallace llegó a ser conocido con el sobrenombre de “Rey del Misterio”. A fines de la década de los veinte, gracias a la creciente implantación del cine como medio de entretenimiento general, varias de sus novelas y obras de teatro despertaron el interés de algunos cineastas y productores que buscaban adaptarlas. De hecho, una de las grandes empresas cinematográficas hollywoodenses de aquella época, la RKO, le ofreció convertirse en guionista. En 1932 tras haber trabajo en el guión de “King Kong” (1993), una doble pulmonía acabó prematuramente con su vida.


Aunque las obras de Wallace han sido publicadas en varios idiomas, en Alemania el escritor sigue siendo una verdadera figura de culto. En el país germánico, Wallace es un autor clásico, que sigue siendo leído por las nuevas generaciones, lo que obviamente ayudó a que la industría cinematográfica alemana fuese la principal encargada de realizar numerosas adaptaciones de su obra. Si bien en los años treinta algunas de sus novelas más famosas ya habían sido filmadas en Alemania, entre ellas “Der Zinker” (1931) y “Der Hexer” (1932), ambas bajo la dirección de Carl Lamac, sería en 1959 con la cinta “The Frog With the Mask”, que comenzaría la serie de adaptaciones que con el tiempo llegaría a constituir la más larga dedicada por el cine alemán a un autor determinado. Dicha serie compuesta por 32 films, sería llevada a cabo por el productor Horst Wendlandt y su compañia Rialto Films, entre 1959 y 1972. Un número no menor de productores intentaron aprovecharse del éxito obtenido por Wendlandt, filmando cintas las cuales no contaban con la autorización oficial para incluir el nombre de Edgar Wallace en el metraje.

Gran parte de estás películas, conocidas como “krimis”, estarían fuertemente influenciadas por el cine expresionista. Al mismo tiempo, en muy pocas ocasiones las adaptaciones se mantendrían fiel a la obra original, sino que más bien estas serían retocadas incluyendo algunos clichés del género del suspenso, como por ejemplo la muchacha en peligro, siniestros castillos, desiertas callejuelas sumidas en la niebla londinense, bandas de criminales dirigidas por misteriosos jefes y despiadados asesinos ocultos bajo grotescos disfraces. La clave del éxito comercial de estas cintas se encontraría en el buen manejo de los bajos presupuestos con los que contaban. Los sets, los objetos de utilería, los efectos de sonido e incluso algunas escenas, eran recicladas para ser utilizadas en las diferentes películas de la serie, lo que le otorgó a las adaptaciones un look bastante particular. Por ejemplo, “The Dead Eyes of London” (1961) y “The Gorilla of Soho” (1986), no solo tendrían un trama bastante similar, sino que también el método utilizado en los asesinatos es exactamente el mismo en ambas cintas.

Pero el reciclaje no paró solo en los sets y la utileria, sino que también existiría un reciclaje de actores y integrantes del equipo de filmación. Por ejemplo, se emplearon a los mismos directores y guionistas en gran parte de los films de la serie. Los directores más prolíficos serían Alfred Vohrer con 15 películas, y Harald Reinl con cinco. En cuanto a los guionistas, Herbert Reinecker y Wolfang Menge, estarían involucrados en la realización de un buen número de las adaptaciones. Años más tarde, ambos guionistas desarrollarían una exitosa carrera en la televisión alemana. En cuanto a los actores, el más famoso de los actores recurrentes de las adaptaciones de Wallace es sin duda Klaus Kinski. Él protagonizaría 17 de estas cintas, interpretando por lo general a asesinos y psicópatas, los cuales habitualmente se encontraban bajo las órdenes de algún genio criminal. Solo Eddi Arent (con 21 participaciones en la serie) superaría a Kinski como actor recurrente de los films de Wallace. A diferencia de Kinski, Arent por lo general interpretaría a personajes cómicos, los cuales usualmente eran mayordomos. Sin embargo, en “The Mysterious Monk” (1965), y en “The Mystery of the Silver Triangle” (1966), interpretaría al asesino de turno.

Siegfried Schuerenberg ocupa un lugar especial entre el grupo de actores recurrentes de los films de Wallace, debido a que él interpretaría al mismo personaje en todas sus participaciones en la serie; Sir John, la cabeza de Scotland Yard. Sir John es usualmente recordado por su ineptitud (en varias ocasiones intenta encarcelar a sus propios inspectores) y por la forma en como persigue a cada una de las jóvenes y atractivas mujeres que se cruzan en su camino. En su último film de Wallace, “The Hound of Blackmoor Castle” (1967), el Sir John de Schuerenberg logra resolver el crimen asistido por su secretaría (Ilse Pagét, otra actriz regular de la saga). El actor participó en 14 de las adaptaciones, y probablemente pudo participar en más si no hubiese muerto al poco tiempo después que terminó de filmar “The Hound of Blackmoor Castle”. En los films posteriores, Sir John sería interpretado por Hubert von Meyenrink, quien participaría en un total de cinco películas.

Otros actores regulares serían Joachim Fuchsberger (11 cintas) y Heinz Drache (8 cintas), los cuales por lo general se encargarían de interpretar a los heróicos inspectores de la policía. La heroína más conocida de los films de Edgar Wallace es la actriz Karin Dor (5 cintas), quien se casaría con el director Harald Reinl y posteriormente estelarizaría la cinta de James Bond, “You Only Live Twice” (1967), convirtiéndose de esta forma en el segundo miembro del reparto habitual de las películas de Wallace en participar en una cinta del agente británico (el otro sería Gert Fröbe, quien protagonizaría “The Green Archer” y “Goldfinger”). Otro de los actores destacados que participó en esta serie de adaptaciones sería Ady Berber. Él solo protagonizaría un puñado de cintas, donde la más recordada es “The Dead Eyes of London”, donde por lo general se encargaría de interpretar a sirvientes deformes o asesinos torpes pero dedicados. La grotesca apariencia del actor, lo convertiría en una figura atemorizante que resulta difícil de olvidar.

Aunque los actores recurrentes por lo general interpretaban roles estereotipados, en algunas ocasiones los guionistas se las arreglaron para romper el molde y sorprender de esta forma al espectador. Por ejemplo, a Klaus Kinski en una ocasión se le dió la oportunidad de interpretar a un policía, mientras que Eddi Arent y Karin Dor en una cinta son revelados como los misteriosos asesinos. En cuanto a los villanos de los films de Wallace, los dos más recordados fueron interpretados por los actores Klausjuergen Wussow y Guenther Pfitzmann, en “The Red Circle” (1959) y “The Squeaker” (1963), respectivamente. Ambos actores eran más conocidos por interpretar a carismáticos doctores en las telenovelas alemanas. Por otra parte, algunos actores de nivel internacional participarian en algunas cintas de la serie, como por ejemplo Christopher Lee quien protagonizó los films “The Puzzle of the Red Orchid” (1962), y “The Secret of the Devil´s Daffodil” (1961).

Sin lugar a dudas, la cinta más famosa de las adaptaciones alemanas de Wallace es “Der Hexer” (1964), la cual al mismo tiempo seria estrenada en el momento de mayor popularidad de la serie. La historia de un misterioso vigilante conocido como “El Brujo”, que regresa a Londres para vengar la muerte de su hermana, cautivó a las audiencias de la época. Tres inspectores de policía, interpretados por Joachim Fuchsberger, Heinz Drache y Siegfried Lowitz (tres de los regulares de la serie), serán los encargados de seguir los pasos del Brujo mientras este elimina a los criminales involucrados en la muerte de su hermana. La identidad del Brujo fue mantenida en absoluto secreto durante las filmaciones. Para evitar que se filtrara el secreto mejor guardado de la cinta, el productor Horst Wendlandt guardó las últimas páginas del guión en su caja fuerte. Debido al éxito de la película, “Der Hexer” fue la única de las cintas de Wallace en contar con una secuela, “Neues von Hexer” (1965). Aunque los sobrevivientes de la primera cinta retomarían sus roles, el film no alcanzó la calidad de la original.

Los films de Edgar Wallace son poco conocidos fuera de Alemania, pese a que algunos de ellos fueron producidos pensando en el mercado internacional. De hecho, algunas de las cintas realizadas a mediados de los sesenta presentan dos versiones, una para el público local y otro para las audiencias internacionales, donde en las últimas incluso existen escenas filmadas con diferentes actores. Otras cintas en cambio, fueron co-producidas con compañias danesas e italianas. Pese a esto, los films de Wallace nunca lograron captar a un gran número de seguidores fuera de Alemania. En el país germano estas cintas son consideradas como verdaderas obras de culto. No solo muchas de estas películas han sido lanzadas al formato digital, sino que también siguen siendo transmitidas de manera regular en los canales de televisión.

El que estas cintas sean poco conocidas responde a que durante una gran cantidad de años, han sido fuertemente críticadas por los especialistas debido a lo estereotipados que son sus personajes y sus historias, lo ilógicas que resultan ser algunas de sus tramas, y debido al contenido que presentan estas películas (como por ejemplo villanos deformados e inspectores de Scotland Yard persiguiendo a sus secretarias) el cual no corresponde a los estándares esperados para este tipo de films. Y es que las cintas de Wallace nunca han pretendido ser más que una simple fuente de entretenimiento. Los distintos directores que estuvieron a cargo de las cintas de la serie supieron sobreponerse a los bajos presupuestos y los guiones imperfectos con los cuales trabajaban, creando un mundo bastante particular el cual ha sido pocas veces igualado.

Es cierto que en la actualidad, los villanos de estas cintas pueden llegar a provocar más risa que espanto. Sin embargo, esto es compensado con la atmósfera que presenta cada una de estas producciones, en las que no falta el lúgubre castillo, las abadías abandonadas, las oscuras callejuelas, y los puertos solitarios sumidos en la más densa niebla. Estos escenarios son complementados con las experimentales bandas sonoras de Martin Boettcher y Peter Thomas, quienes solían incluir gritos, susurros, y otros sonidos como parte de la música, construyendo de esta forma la atmósfera de opresión e inquietud que presentaban estos films. En algunas de estas películas, también se puede apreciar un estilo expresionista, especialmente en aquellas filmadas en blanco y negro (desde 1966 la serie comenzaría a ser filmada a color), donde el contraste entre la luz y la sombra se utiliza para aumentar la tensión de las historias. Pese al tono de las historias, la violencia que presentan estos films no suele ser demasiado gráfica, jugando con la imaginación del espectador.

La última de las cintas de Edgar Wallace en la que participaría la Rialto sería, “Seven Blood-Stained Orchids” (1972), una co-producción italo-germana. En los años siguientes, diferentes productoras y directores realizarían adaptaciones de la obra de Wallace. En los ochenta, Jess Franco filmaría dos cintas que utilizarían el nombre del escritor aunque poco y nada tienen que ver con sus novelas; “Sangre en mis Zapatos” (1983) y “Viaje a Bangkok, Ataúd Incluido” (1985). En 1985, se estrenaría otro krimi de Wallace titulado, “The Chocolate Snooper”, y al año siguiente se estrenó el telefilme, “The Secret of Lismore Castle” (1986). En cuanto a Horst Wendlandt, este retomaría las adaptaciones de la obra de Wallace a mediados de los noventa, luego del éxito obtenido por sus antiguas producciones cuando estas fueron transmitidas en la televisión. Lamentablemente, estas nuevas adaptaciones no tendrían el encanto de las cintas originales. Las adaptaciones alemanas de la obra de Edgar Wallace pueden no ser perfectas, pero sin lugar a dudas son cintas sumamente entretenidas, donde la comedia y el misterio se mezclan de buena manera, y cuya atmósfera casi surrealista a ratos las convierte en obras especiales. Dejo la invitación hecha a descubrir los relatos de Edgar Wallace bajo el particular prisma de los directores alemanes. Por lo menos la entretención está asegurada.



por Fantomas.

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