lunes 6 de julio de 2009

A Fistful of Dollars: La primera entrada de la "Trilogía del dólar" de Sergio Leone.

“A Fistful of Dollars” (1964), es un western del director Sergio Leone, el cual está protagonizado por Clint Eastwood, Gian Maria Volonté, Marianne Koch y José Calvo.

Al pueblo de San Miguel, el cual se encuentra dividido por la batalla entre dos familias rivales, llega un pistolero solitario (Clint Eastwood) y de pocas palabras. Un tipo letal con su pistola y sin muchos escrúpulos, que decide jugar una doble militancia en el conflicto local para llenarse los bolsillos de dinero, comenzando un peligroso juego que puede causarle la muerte.


A principios de la década de los sesenta, el género del western se encontraba en su punto más bajo, donde ni siquiera el mítico John Wayne lograba congregar a un buen número de espectadores a las salas de cine. Lo que nadie esperaba, era que el género fuera revivido en Europa, específicamente en Italia, de la mano del director Sergio Leone. Y lo que fue aún más sorprendente, es que la cinta responsable de dicho renacer, fuera un remake del film “Yojimbo” (1961), del director Akira Kurosawa. El retrato de un lejano oeste más violento, menos romántico, duro y falto de hombres honorables (algo bastante alejado de la visión más clásica del western), fue lo que logró cautivar a las audiencias, y de pasada, catapultar la carrera de más de uno de los involucrados en la película.

Sabiendo que en Europa aún existía un vasto mercado para el género del western, Sergio Leone se lanzó a la misión de reinventar las convenciones habituales del género. Convencido en el potencial de la historia filmada por Kurosawa (la que de dicho sea de paso, está inspirada en la novela “Red Harvest”, de Dashiell Hammett), el director moderniza la historia, enfatizando el ansia de poder de las bandas rivales (reflejada en la adquisición de armas de todo tipo), además de eliminar los valores del héroe clásico aún presentes en la cinta japonesa. Pero por sobre todo, Leone busca alejarse lo más posible del modelo norteamericano, que por mucho tiempo había influenciado de manera potente a las producciones italianas, al punto de que muchos de sus directores terminaban contratando actores norteamericanos para protagonizarlas, además de utilizar diferentes seudónimos con el fin de americanizar el producto.

Irónicamente, Leone escogería a un actor norteamericano como su protagonista. Si bien Clint Eastwood se quedaría con el papel, estaba lejos de ser la primera opción del director. En un principio, Leone queria que Henry Fonda interpretara el rol del “hombre sin nombre”. Sin embargo, el presupuesto no era el suficiente como para contratar a una de las grandes estrellas de Hollywood. La segunda opción del director, era el actor Charles Bronson, quien rechazó el papel aludiendo a que el guión era deficiente. Otros actores que rechazaron el papel fueron Ty Hardin y James Corburn. Tras estos tropiezos, Leone intentaría contratar a Richard Harrison, actor que recientemente había participado en el primer western italiano, “Gunfight at Red Sands” (1963). El actor también rechazaría la oferta, pero sugerió a Clint Eastwood como un actor capaz de interpretar de manera convincente a un vaquero. Tiempo más tarde, Harrison declararía: “Tal vez mi más grande contribución al cine fue no participar en “A Fistful of Dollars”, y recomendar a Clint para el papel”.

Para aquel entonces, Clint Eastwood estaba aburrido de su rol en la popular serie de televisión, “Rawhide” (1959-1966), y ansiaba por nuevas oportunidades de trabajo. Cuando su agente le informó que una productora en Italia estaba interesada en contratarlo para filmar un western titulado, “The Magnificent Stranger”, no se mostró muy entusiasmado, aunque no tardó en aceptar el rol. Cuando Eastwood llegó a Italia, se encontró con la desagradable sorpresa de que las únicas personas que hablaban inglés eran el doble, Benito Stefanelli, y uno de los representantes de la productora. Para colmo, el actor tuvo una serie de discusiones con Leone, principalmente por el guión, el cual según él, contenía demasiado diálogo. Sería luego de convencerlo de reducir su diálogo al mínimo, que ambos hombres comenzarían a trabajar de manera productiva.


Y la verdad es que en gran medida, es gracias a Eastwood que esta cinta sobresale de entre las de su tipo. Su interpretación de este pistolero inescrupuloso, egoísta y manipulador, que es capaz de transmitir demasiado pese a su aparente falta de expresividad, y que utiliza el sarcasmo como una arma más de su repertorio, es uno de los personajes más representativos del actor (referenciado hasta el cansancio en múltiples cintas de Hollywood). Este hombre ambiguo, que es por sobretodo carismático, viene a romper todas las convenciones del western norteamericano. Además, Leone sabe explotar bien el misterio que rodea al personaje, otorgándole un aire casi fantástico, el cual refuerza aún más en el ya clásico enfrentamiento final con el personaje de Gian Maria Volonté, donde prácticamente se transforma en un ser fantasmal.

Lo otro sumamente destacable, es la dirección de Leone y la estupenda banda sonora de Ennio Morricone. El director nos entrega un conjunto de bien filmadas balaceras, parajes desolados, explosiones súbitas de violencia, y un buen número de close-ups de los rostros de los protagonistas, algo totalmente innovador para la época. Lo que realmente hizo Leone, fue establecer una puesta en escena similar al de las viñetas de un comic, donde las expresiones de los involucrados logran crear una marcada tensión. A esto se le suma la música compuesta por Morricone, que pese a estar en ciertos aspectos influenciada por la obra de Dimitri Tiomkin en “Río Bravo” (1959), se alza como una composición totalmente rupturista dentro del género, la cual lográ con éxito enfatizar tanto el suspenso como la violencia que presenta la historia. El uso más notable de dicha música, es durante la confrontación final entre el protagonista, el villano y sus secuaces.

La cinta sería filmada en ocho semanas, divididas entre el estudio Cinecitta ubicado en Roma, y en las locaciones ubicadas en Almería, España. La gran mayoría de los extras y algunos de los actores secundarios, fueron reclutados de la población local de gitanos. Así mismo, las condiciones en las cuales se filmó la historia eran absolutamente diferentes a las que se podían esperar de una producción hollywoodense. Sería el mismo Eastwood quien relataría en una oportunidad: “No teniamos electricidad, ni teniamos un trailer con un baño. No teniamos más opción que ir detrás de una roca”. Luego de terminar “A Fistful of Dollars”, Eastwood regresó a norteamérica sin imaginar nunca el revuelo que causaría esta modesta cinta. El film fue un éxito total en Europa y en los Estados Unidos, lo que gatilló que se filmaran dos “secuelas” que superarían lo hecho por la cinta original: “For a Few Dollars More” (1965) y “The Good, the Bad, and the Ugly” (1966).

Aunque uno podría señalar que el film posee algunos agujeros en el guión, y que obviamente no es la mejor de la trilogía de Leone, es innegable que esta cinta marcó una época en el género del western, así como también a una generación de cinéfilos. Además, es sumamente entretenida. “A Fistful of Dollars”, marcaria la pauta a nivel temático, estético y musical, para el resto de los “spaghetti western” que proliferarían durante toda una década (aunque para ser sinceros, el primer spaghetti western propiamente tal, es el film de 1959, “Terror of Oklahoma”, del director Mario Amendola). Por lo mismo no resulta extraño que esta cinta convirtiera a Eastwood en una superestrella a nivel internacional, además de ayudar a cimentar las carreras de Sergio Leone y Ennio Morricone. Con esta producción se logró establecer una nueva clase de antihéroe dentro del western, uno caracterizado por ser un pistolero motivado por el dinero y totalmente exento de culpa o de conciencia, que pese a todo, logra meterse a la audiencia en el bolsillo.


por Fantomas.

viernes 3 de julio de 2009

Spellbound: Hitchcock, el psicoanálisis, y Dalí.

“Spellbound” (1945), es un thriller psicológico del director Alfred Hitchcock, basado en la novela de Francis Beeding, “The House of Dr. Edwardes” (1927). La cinta está protagonizada por Ingrid Bergman, Gregory Peck, Michael Chekhov y Leo G. Carroll.

A la clínica psiquiátrica de Green Manors llega el joven y prestigioso doctor Edwardes (Gregory Peck) para sustituir al veterano director. El recién llegado, no tarda en ser mirado por los demás médicos con cierto recelo, ya que evidencia ciertos síntomas de amnesia y un gran complejo de culpabilidad. Edwardes cree ser culpable de un asesinato, pero no consigue recordar las circunstancias que rodearon al supuesto crimen, ni el lugar donde se cometió. La bella y fría doctora Constance Peterson (Ingrid Bergman), enamorada de él, tratará desesperadamente de demostrar su inocencia arriesgando su prestigio profesional e incluso, su propia vida.

Tras haber terminado las filmaciones de “Lifeboat” (1943), Alfred Hitchcock volcó su atención a su próximo proyecto. Consciente del deseo de David O. Selznick de realizar un film que hablara de las posibilidades curativas de la psicoterapia, Hitchcock había estado buscando una novela que sirviera para cumplir este objetivo, y cuyos derechos pudiera adquirir sin complicaciones. La idea del director era evitar los tópicos que pudieran resultar controversiales, y por una vez ganarle a Selznick en su propio juego, adquiriendo la opción cinematográfica de una novela adaptable, para luego revenderle los derechos al productor. La novela escogida por el director sería, “The House of Dr. Edwardes”, la cual había sido escrita por John Leslie Palmer y Hilary Aidan St. George Saunders, bajo el seudónimo de Francis Beeding, y cuyo contenido era un sorprendente relato de brujería, cultos satánicos, psicopatología, asesinato y confusión de identidades, ambientado en un asilo suizo.

Selznick se mostró bastante receptivo a la idea de Hitchcock, principalmente por el hecho de que en aquel entonces se encontraba consultando a un psicoterapeuta. Aunque el productor no se comprometió del todo con el proyecto, si se mostró sumamente interesado en que la historia se enfocara en el psicoanálisis. Finalmente, Selznick decidió comprarle los derechos a Hitchcock, quién dicho sea de paso, se encontraba en Londres, y le encargó la producción de la cinta al guionista Ben Hecht. Poco tiempo después, Hitchcock y Hecht comenzarían a trabajar en la confección del guión, para lo cual visitaron el Asilo de Hartford en Connecticut, la cual sería su primera parada en su recorrido por diversos hospitales mentales, antes de parar en los pabellones psiquiátricos del Hospital Bellevue ubicado en Nueva York. La colaboración entre el director y el guionista resultó ser bastante fructífera, especialmente por el hecho de la fascinación que ambos hombres poseían por los rincones más oscuros de la mente humana. Mientras que Hecht se preocupaba de ir hilvanando una trama coherente, Hitchcock aportaba con los giros argumentales que se apoyaban en aquellos hechos cotidianos que podían convertirse en pequeños traumas.

El guión terminado, que inicialmente tenía tan solo un leve elemento romántico que posteriormente sería aumentado por Selznick, contenía una buena parte de las pesadillas y traumas del director. Existe un sensación de latente culpabilidad que cruza toda la cinta, junto con una sensación de legado de las neurosis familiares, lo que no es más que una huella de ciertos recuerdos infantiles que de adulto permanencen escondidos bajo una avalancha de temerosa represión. Las dos historias de culpabilidad que aparecen en el film, exhiben en cierta medida los propios sentimientos del director: primero está el hombre que cree que fue el responsable de la muerte de su padre; el personaje interpretado por Gregory Peck por su parte, también esconde un sentimiento de culpabilidad que será revelado en el último tramo de la historia. Es la explicación que da el personaje de Bergman, “La gente se cree a menudo culpable de algo que nunca hizo. Normalmente es algo que se remonta a su infancia. El niño desea a menudo que le ocurra algo terrible a alguien, y si realmente le ocurre algo a esa persona, el niño cree que él ha sido la causa. Y crece con un complejo de culpa sobre un pecado que ha sido solamente un mal sueño infantil”, la que refleja la mezcla de resentimiento y culpabilidad que caracterizó la relación de Hitchcock con su padre.

En este sentido resultan claves las palabras que el personaje de Gregory Peck menciona en cuando tiene el ataque de pánico en el quirófano, “¡Abrid las cerraduras de las puertas! ¡No pueden mantener a la gente en celdas!, palabras que hacen alusión al recuerdo de la infancia de Hitchcock de ser encerrado por su padre en la celda de una prisión. La filmografía del director se fue convirtiéndo en una especie de autobiografía basada en sus experiencias que terminaban transformándose en tortuosas fantasías guiadas por la culpabilidad. Como bien menciona el viejo analista y mentor de Constance, interpretado por Michael Chejov, “Es muy triste amar y perder a alguien. Pero al cabo de un tiempo olvidarás. Volverás a tomar los hilos de tu vida allá donde los dejaste no hace mucho. Y trabajarás duro. Hay mucha felicidad en el trabajar duro. Quizá la mayor parte de la felicidad”. Tras las experiencias que vivió el director, llegó a la conclusión que esta afirmación era cierta.

Pese a todo esto, la escena clave en lo que al psicoanálisis se refiere, sería la famosa secuencia del sueño del personaje de Peck. Hitchcock y Hecht se las arreglaron para convencer a Selznick que contratara a Salvador Dalí para que realizara una serie de pinturas cuyas imágenes serían utilizadas para retratar el aproblemado inconsciente del protagonista. Aunque Selznick pensó que Hitchcock le pedía esto para obtener algo de publicidad extra, la verdad es que el director quería presentar secuencias oníricas que resultaran vívidas, lo que iba a resultar más fácil gracias a la gran ejecución gráfica del pintor. Pero las extrañas ideas surrealistas de Dalí, algunas de las cuales derivaban de “Un chien andalou” (1929) y “La Edad de Oro” (1930), los films que había diseñado en Paris con Luis Buñuel, llegaron a extremos desmesurados, e incluso Hitchcock tuvo que reconocer que Selznick tenía razón: la secuencia del sueño tal y como fue diseñada y filmada en un principio resultaba demasiado larga e incomprensible (la secuencia originalmente duraba 20 minutos y quedó reducida a no más de dos minutos). Dicha secuencia fue dirigida por William Cameron Menzies, ya que Hitchcock se encontraba en Londres en ese momento, pero su nombre no aparece en los créditos.

El manojo de actores que trabaja en este film realiza un estupendo trabajo, las actuaciones son impecables y totalmente creíbles, aunque en un principio Selznick pretendía contar con Joseph Cotten, Dorothy McGuire y Paul Lukas como sus protagonistas. La película obtuvo seis nominaciones al Oscar, entre las que se encuentran la de mejor actor secundario (Michael Chejov), mejor fotografía (George Barnes), y mejor director, de las cuales ganó uno a la mejor banda sonora, obra de Miklós Rózsa. El compositor se encargaría de introducir un instrumento musical electrónico conocido como theremin, el cual luego sería ligado a todo tipo de desórdenes psicológicos y mucho más tarde, pasaría a formar parte de las clásicas bandas sonoras de las cintas de ciencia ficción.

Más allá de todo el énfasis e interés que se le da al psicoanálisis, a fin de cuentas, poco termina importando. Toda la parafernaria psicológica termina siendo convirtiéndose en el instrumento utilizado para resolver el misterio que envuelve la trama, en otras palabras no es más que el famoso MacGuffin. Según el mismo Hitchcock, “Spellbound” es “otra historia de persecución envuelta en una trama que involucra un seudo-psicoanálisis”. De todas formas, la cinta marca uno de los puntos más altos de la carrera del director. Además de la estupenda e inolvidable secuencia onírica, el film está plagado de un buen número de maravillosos efectos visuales, una trama interesante y bien construida, sólidas actuaciones, un acercamiento más directo al universo freudiano, y una banda sonora que resulta ser una pieza importante del ensamblaje formado por el director. La película resultó ser un éxito, y hoy es vista como una de las mejores obras del brillante director.

por Fantomas.

martes 30 de junio de 2009

Scream and Scream Again: Cushing, Price y Lee juntos por primera vez.

“Scream and Scream Again” (1970), es un film de terror del director Gordon Hessler, el cual está protagonizada por Vincent Price, Christopher Lee, Peter Cushing, y Alfred Marks.

Una serie de asesinatos de jóvenes mujeres está azotando la ciudad de Londres. El Inspector Bellaver (Alfred Marks), está a cargo de la investigación, la que lo conduce a la mansión del excéntrico Doctor Browning (Vincent Price). Mientras tanto, en un país gobernado por un dictador llamado Konratz (Marshall Jones), se está gestando un plan que tiene por objetivo la dominación mundial. ¿Cual será la conexión entre estos dos hechos? Es la pregunta que deberá responder el Inspector Bellaver antes de que sea demasiado tarde.

¿Qué tienen en común un hombre que se desmaya mientras está trotando, un asesino serial, un ejército de pseudonazis, y un científico que supuestamente está creando una cura para el cáncer? Aparentemente nada, pero estas son todas las subtramas que se mezclan en esta bizarra película, cuyo guión escrito por Christopher Wicking es una adaptación de la novela “The Disoriented Man” (el título refleja perfectamente la sensación del espectador tras ver esta cinta), del escritor Peter Saxon. Y es que “Scream and Scream Again” comienza con un hombre trotando en la calle. De pronto, el despierta en un hospital y no tarda en darse cuenta que por alguna razón que el desconoce, le han amputado una pierna. Acto seguido, la historia se traslada a un país sin nombre, el cual es gobernado por un gobierno fascista, donde un oficial asesina a uno de sus superiores antes de que este lo acuse de estar filtrando información. Cuando nada parece tener sentido, somos trasladados a otra escena (esta vez de vuelta en Inglaterra), donde la policía está investigando un asesinato con violación de una joven muchacha.

Estas tres son las subtramas principales de la cinta, las cuales en un determinado momento de la historia “confluyen”. El problema en este caso, es que nos encontramos con un guión pobremente estructurado, en el cual los personajes no son desarrollados y las conexiones no se conectan del todo. Aunque la cinta se centra más en los brutales asesinatos de un hombre que aborda a sus víctimas en un club, se pierde tiempo de metraje en la captura y posterior tortura de un grupo de refugiados de un país desconocido, lo cual es totalmente gratuito ya que nunca se explica la razón por la que estas personas son torturadas o que importancia tiene la información que poseen para el corrupto Konratz. De hecho, todo lo que sabemos acerca de este personaje, es que es un oficial de un misterioso país (que bien podría ser la Alemania nazi disfrazada), cuyas ansías de poder lo han llevado a asesinar a varios miembros del gobierno, con su fatal “toque de la muerte”.

En cuanto al asesino serial, la investigación es conducida por el Inspector Bellaver y por el médico forense David Sorel (Christopher Matthews). Dentro de la película, es esta la subtrama que más sentido parece tener. El asesino, como había mencionado anteriormente, aborda a sus víctimas en un club donde la banda Amen Corner aprovecha de promocionar sus temas (algo similar ocurre con la banda Stoneground en la cinta de la Hammer, “Dracula 1972 A.D.”), tras lo cual las lleva a sitios solitarios para violarlas, asesinarlas y drenarles la sangre. La persecución de este asesino serial incluye una sorprendentemente bien filmada escena de persecución (que supuestamente ocurre de noche pero está filmada en pleno día), un plan que involucra a una agente encubierta y un dispositivo de rastreo, y la lucha de criminal con un grupo de incompetentes policias. Serán estos asesinatos los que ayudarán a integrar al personaje interpretado por Vincent Price, el cual es una especie de científico loco, cuyos experimentos se asemejan bastante a los del Dr. Frankenstein.

Pese a la participación de tres de los más grandes actores dentro del género del horror, la película tampoco presenta un personaje protagónico. Vincent Price solo aparece una vez dentro de la primera hora de metraje, cobrando mayor importancia solo en los últimos veinte minutos de la historia. Christopher Lee por su parte, interpreta a un oficial del gobierno que aparece en reducidas ocasiones, y cuya importancia no conocemos hasta el final de la cinta. Finalmente, Peter Cushing interpreta a un oficial de este gobierno fascista, en lo que podría ser señalado más que nada como un cameo. El actor fue llamado a último minuto a representar a este personaje, en un intento del director y los productores por conseguir un mayor gancho comercial. Todo esto nos deja al Inspector interpretado por Alfred Marks, como el personaje protagónico del film, el cual podría ser señalado como uno de los detectives más molestos que hayan existido en la pantalla grande, cuyos diálogos (aparentemente, la mayoría de los diálogos del personaje fueron escritos por el mismo Marks) distan de ser demasiado inteligentes o apropiados.

Tras algo más de una hora y media de duración, este caos al cual el guionista llamó historia, nos ofrece muy pocas explicaciones. Aunque en cierta medida si existen algunas cosas que terminan teniendo algo de sentido, también existen una infinidad de detalles que jamás serán explicados, y realmente ya poco importa. Aunque la película no se caracteriza por su coherencia, ha ganado el estatus de film de culto gracias a la participación de Price, Cushing y Lee (por muy minúscula que esta sea), por mezclar cinco o seis géneros cinematográficos en una sola historia, y debido a que el director Fritz Lang alguna vez citó a esta película como una de sus favoritas (probablemente por el tema del perturbado asesino serial y las conspiraciones gubernamentales, las que en alguna medida le deben haber recordado sus propios trabajos, partícularmente aquellos protagonizados por el Dr. Mabuse).

Esta sería la segunda cinta producida por la American International Pictures en la que el director Gordon Hessler trabajaría con Vincent Price y Christopher Lee. La primera sería “The Oblong Box” (1969), la cual estaba basada en la historia del mismo nombre, del escritor Edgar Allan Poe. Pese a todos sus fallos; el complejo guión, los típicos problemas de fotografía día/noche de las producciones de bajo presupuesto realizadas durante los sesenta y los setenta, una banda sonora que parece ser sacada de una cinta de James Bond, actuaciones poco memorables, y el evidente desaprovechamiento de actores como Price y Lee, tengo que reconocer que “Scream and Scream Again” es una cinta entretenida. No tiene mucho sentido, es cierto, pero funciona como un desquiciado viaje onírico que logra mantener la atención del espectador durante todo el metraje, ya sea con los inesperados giros dramáticos, la atmósfera paranoica que domina la historia, o por la sencilla razón de que se convierte en una necesidad el saber hacia donde va la historia. Además, son pocas las oportunidades donde podemos ver a tres gran actores trabajando en el mismo film, y más aún en un film tan especial como este.

*El trailer posee varios spoilers además de presentar un curioso error relacionado con Peter Cushing.

por Fantomas.

sábado 27 de junio de 2009

Oseam: El viaje espiritual de un pequeño niño.

“Oseam” (2003), es un drama animado del director Sung Baek-yeop, el cual está basado en la novela del mismo nombre del autor coreano, Jeong Chae-bong. El título significa, “Cinco años”.

Gil-son, un niño de 5 años y su hermana ciega Gam-yi, son dos huérfanos que recorren el país con el deseo de encontrar a su madre. En su camino, se encuentran con dos monjes budistas, los cuales los albergan en su monasterio. Gil-Sonyi es un niño chistoso y juguetón, que va primero a molestar a los practicantes, pero, poco a poco, descubrirá las enseñanzas de Buda y llegará al Nirvana.


Cuando uno piensa en el cine de animación realizado en Asia, por lo general lo primero que se viene a nuestra mente es la industria de animación japonesa, específicamente la factoría de Hayao Miyazaki y Isao Takahata. Sin embargo, hace ya bastante años la industría coreana nos viene entregando un buen número de cintas animadas de excelente calidad. Un ejemplo de esto es “Oseam”, la cual está basada en una leyenda coreana, que cuenta la historia de como un niño de cinco años llegó al Nirvana en Oseam, una de las ermitas del templo Beakdamsa, que antes se llamaba “Gwanumlan”. Esa historia fue novelizada en el año 1986 por el escritor Jeong Chae-bong, el cual conocido en su país de origen por sus cuentos sentimentales e inocentes. Aunque en el año 1990, el director Cheol-su Park ya había adaptado esta historia, en el 2003 su compatriota Jeong Chae-bong, realizaría la versión animada de la misma.

La animación, dibujada casi en su totalidad a mano, es realmente hermosa y la historia, aunque se desarrolla de manera pausada, no resulta aburrida. Aunque nunca se especifíca la cantidad de años que la pareja de niños han estado solos vagando en búsqueda de su madre, y tan solo pasada la media hora, sabemos lo que en realidad pasó con ella y como Gam-yi pierde su vista, estos son detalles sin mucha importancia una vez que vemos el cuadro general. Gam-yi, demuestra ser una niña bastante madura pese a tener alrededor de 8 años de edad, su hermano Gil-sonyi por su parte, debido a su escasa edad no realiza un muy buen trabajo guiando a su hermana, es un niño travieso e inquieto que frecuentemente la deja algo sola mientras él intenta cazar mariposas, o trata de salvar a un perro que se ha encaramado en un arból debido a que es perseguido por un animal salvaje.

El centro de la historia es precisamente el pequeño de 5 años. Es un personaje puro y su risa resulta contagiosa. Gil-Sonyi es un niño inocente que no se desespera por la situación en que se encuentra, en gran medida porque el realmente no está consciente de que él y su hermana se encuentran solos en este mundo. Su mayor preocupación reside en que no es capaz de recordar el rostro de su madre, por lo que teme no reconocerla cuando la encuentren. En el intertanto, la pareja de hermanos cruzan su camino con el de dos monjes budistas. Como está a punto de comenzar lo que será un crudo invierno, los monjes invitan a los niños a quedarse al interior del templo, pensado que es Buda quien ha puesto a estos niños en su camino.

Aunque la vida al interior del templo les garantíza un techo donde vivir y comida suficiente, para el pequeño Gil-Sonyi le resulta sumamente aburrido vivir en un lugar repleto de un grupo de monjes que pasan sus días en silencio. La traviesa naturaleza del pequeño, lo lleva a realizar todo tipo de desastres al interior del templo, interrumpiendo los momentos de oración de los monjes, o sencillamente robándoles la ropa para entregársela a algunos animales salvajes. Pese al aparente bienestar que disfrutan los niños al interior del templo, su vida esta rodeada por la tragedia. Mientras que Gil-Sonyi sufre por el hecho de no tener madre y por el abuso de un par de niños mayores que él, Gam-yi llora en silencio a su madre, se desespera por el hecho de no poder ver más el rostro de su hermano, y se preocupa por el futuro de ambos. La niña ha tenido que asumir de manera forzosa el rol de madre, pese a que su limitación no le permite cuidar de sí misma. Es por esta razón que existe una relación de dependencia mutua, donde uno no puede subsistir sin el otro.

Con el objetivo de poder recordar el rostro de su madre, Gil-Sonyi accede a acompañar a uno de los monjes a un templo ubicado en las montañas para que este le enseñe a ver con los ojos del alma. De manera trágica, el pequeño logrará su objetivo a través de la oración. Y es que la historia también nos permite conocer un poco más acerca de la religión budista, y el comportamiento de los monjes practicantes de esta religión al interior de sus templos. Además rompe con la imagen algo rígida que uno puede tener acerca de estos monjes, mostrándolos como hombres capaces de disfrutar con la cosas cotidianas de la vida, los cuales incluso se dan el tiempo para jugar con estos niños, educarlos y entenderlos. Los monjes, en especial al que Gil-Sonyi llama “Señor”, aparecen como figuras paternas del pequeño, dado a que son ellos los que intentan educarlo y enseñarle el verdadero significado de la religión.

Comenzando en la campiña coreana, la película impresiona de inmediato por su exhuberante estética y colorido, la cual es complementada con algunos gráficos diseñados por computadora, los cuales son utilizados para integrar algunos efectos relacionados con el clima. Al principio de la película, los colores dulces y tristes, reflejan, a la perfección, los sentimientos de los dos huérfanos, perdidos y desamparados. Los colores, que juegan un papel central en la película, están en perfecta armonía con las estaciones. Además de los paisajes campestres, la película nos muestra las costas que rodean el templo budista, y más tarde el templo ubicado en la cima de la montaña, cuyos alrededores se encuentran completamente cubiertos por la nieve.

En gran medida, la película nos cuenta la historia de un niño y de su recorrido iniciático. El relato realiza un marcado hincapié en el tema de budismo, aunque la verdad no podría asegurar si su descripición es completamente fiel a la realidad. Aunque su historia no alcanza la profundidad de, “Grave of the Fireflies” (1988), tiene un similar impacto emocional. Tal vez la única queja que puedo efectuar con respecto a esta cinta, es que resulta demasiado triste a ratos, en especial su agridulce final. Estos momentos tristes son contrastados con las travesuras del querible Gil-Sonyi, por lo que no todo es drama. La banda sonora por su parte, resulta ser bastante conmovedora por momentos, mientras que en otras ocasiones cumple la función de marcar las situaciones cómicas en las que se ve involucrado Gil-Sonyi. “Oseam” pertenece a la nueva generación de películas de animación coreanas, que se vuelven más y más populares en Europa a través de los festivales de animación. Esta película es un cambio bienvenido, en un entorno previamente dominado por las producciones japonesas y norteamericanas, y es sin duda un film el cual merece ser visto al menos en una ocasión.

por Fantomas.

martes 23 de junio de 2009

Quatermass 2: Segundo round entre el mítico profesor y los invasores de otros mundos.

“Quatermass 2” (1957), es una cinta de ciencia ficción producida por la Hammer Film Productions, y dirigida por Val Guest. El film está protagonizado por Brian Donlevy, John Longden, Sidney James y Bryan Forbes.

El profesor Quatermass (Brian Donlevy) descubre por casualidad una misteriosa instalación gubernamental rodeada de fuertes medidas de seguridad. El misterioso complejo se dedica a la fabricación de comida sintética pero Quatermass sospecha que hay algo más...La instalación puede ser una tapadera que encubre una invasión extraterrestre.


Durante la década de los cincuenta en Inglaterra, el profesor Quatermass, personaje creado por Nigel Kneale, comenzaba a ganar popularidad gracias a la serie de televisión estrenada en 1953, y debido a “The Quatermass Xperiment” (1955), la adaptación que había realizado la Hammer de la serie de Kneale. Ese mismo año, se estrenó una segunda entrega televisiva de seis episodios de treinta minutos cada uno, cuyo argumento trata del intento colonización de la Tierra por parte de los extraterrestres; este asentamiento por la fuerza comienza con una lluvia de meteoritos. Pese a que Nigel Kneale no quedó contento con la primera adaptación de la Hammer, principalmente por los cambios que que había sufrido la historia con respecto a la serie de televisión. Pese a esto, Kneale aceptó colaborar con Anthony Hinds en el primer esbozo de la adaptación de “Quatermass 2”. Posteriormente, Val Guest le daría forma a este boceto inicial.

Guest mencionaría en una ocasión que el borrador de Kneale tenía “un montón de ideas filosóficas pero era demasiado largo, por lo que no tenía un gran atractivo para la pantalla grande. Por lo tanto, nuevamente tuve que modificarlo y darle forma intentando no arruinarlo”. Aunque el guión de “Quatermass 2” mantenía gran parte de los acontecimientos que eran presentados en la serie de televisión, igual presenta algunos cambios donde el más importante es el cambio del final. En la serie de televisión, Quatermass y su asistente, Pugh, usan el cohete que estaba construyendo el profesor para viajar al asteroide donde habitaban los extraterrestres y así destruirlos. Además, varios personajes son eliminados, entre ellos la hija de Quatermass, Paula, y su asistente, Leo Pugh. El inspector Lomax (John Longden) por su parte, solo aparece en la versión cinematográfica de la historia.

Con un presupuesto de $92.000 libras esterlinas, cuyo 75 por ciento era aportado por la productora norteamericana United Artists, Guest comenzó las filmaciones utilizando una buena cantidad de técnicas propias del cinema vérité, como por ejemplo la utilización de cámaras portátiles. En este sentido, el director fue asistido por el director de fotografía Gerald Gibbs, quien en un maravilloso blanco y negro consigue un buen número de imágenes atrayentes por su cuidado acabado. Además, Guest se encargó de planificar con cuidado todos los días de filmación, creando meticulosos storyboards los cuales detallaban todas las tomas que él quería realizar cada día. La locación clave de la cinta es refinería de petróleo ubicada en Shell Haven, la cual también fue utilizada en la serie de televisión producida por la BBC.

Como lo había mencionado anteriormente, en “Quatermass 2” somos testigos de una nueva invasión oculta, en este caso por medio del autoritario auspicio gubernamental y el interesado silencio de un pueblo cercano. La planta industrial que los extraterrestres utilizan como base de operaciones, se encuentra fuertemente protegida por guardias armados y esconde un siniestro plan que tiene por objetivo desencadenar una amenaza letal para la paz terrestre. La forma en como los extraterrestres controlan a los humanos, al mismo tiempo que utilizan a los habitantes del pueblo para que los ayuden a construir su fábrica, evidencia la influencia del cuento de Ray Bradbury, “The Meteor”, el cual también serviría de inspiración para la película de Jack Arnold, “It Came From Outer Space” (1953). En dicho film, debido a una avería en su nave, un grupo de extraterrestres deben aterrizar en la Tierra y hipnotizar a los habitantes de un pueblo para que estos les ayuden en la reparación de su maquinaria.

En términos de historia, también podemos ejercer un paralelo con la cinta “Invasion of the Body Snatchers” (1956). A través de una especie de meteoritos, los extraterrestres logran controlar la voluntad de los hombres, convirtiéndolos en marionetas que les ayudarán tanto en los trabajos al interior de la fábrica, como a infiltrarse en las más altas esferas del gobierno, logrando evitar cualquier tipo de intromisión por parte de la policía. Esto limita el número de aliados que Quatermass logra conseguir en su cruzada por destapar el plan de colonización de los invasores, y al mismo tiempo le resta algo de credibilidad a su historia. La trama adopta ciertos ribetes paranóicos por esta situación incierta; Quatermass no puede confiar en nadie por lo que decide tomar la justicia por sus propias manos, teniendo como únicos aliados al inspector Lomax y a un alcohólico reportero interpretado por Sidney James.

La película comienza con una secuencia que busca captar la atención del público desde el primer momento, sembrando la duda acerca de la causa de la extraña cicatríz y el errático comportamiento que presenta el hombre en el cual se enfoca dicha secuencia. Aunque la primera media hora resulta algo plana, una vez que Quatermass descubre lo que se esconde tras la supuesta fábrica de alimentos sintéticos, la película toma un ritmo que no decae hasta el final de la cinta. En muchos sentidos, “Quatermass 2” resulta ser una película superior a su predecesora, destacándose la ya mencionada fotografía de Gerald Gibbs, el diseño de producción de Bernard Robinson, el cual sería el primero de sus numerosos trabajos al interior de la casa del martillo, la eficaz banda sonora de James Bernard, el inteligente y atrayente guión escrito por Nigel Kneale y Anthony Hinds, que luego sería pulido por Val Guest, y las más que correctas actuaciones que nos entrega este reparto comandado por Brian Donlevy, quién nuevamente interpreta al testarudo y a veces maleducado investigador científico, que el actor tanto odió interpretar.

Aunque posee ciertos agujeros en el guión y las explicaciones de ciertos hechos quedan un poco en el aire (como por ejemplo como los alienígenas obtienen los planos del proyecto lunar dirigido por Quatermass), la producción de la Hammer bien podría ser considerada como una de las mejores cintas de ciencia ficción que se hayan realizado. Está claro que dada la época en la que fue realizado el film, los efectos especiales no son de lo mejor (siendo tal vez el elemento que más ha sufrido con el paso del tiempo), pero sin duda que resultan efectivos. “Quatermass 2” aparece como una cinta con una atmósfera inquietante y impredecible, que plantea una teoría conspirativa y un marcado ataque a un sector de gobierno de la época (lo que le costó más de algún problema a la producción). Sin duda, el film tiene más virtudes que defectos, y con el correr de los años se ha transformado en uno de los mejores exponentes del cine de ciencia ficción principalmente por cumplir con los objetivos que el realizador y su equipo se plantearon desde un inicio, sin intentar engañar a nadie.

por Fantomas.

domingo 21 de junio de 2009

Rope: El complejo experimento de Hitchcock.

“Rope” (1948), es un film de suspenso producido y dirigido por Alfred Hitchcock. La cinta está protagonizada por James Stewart, John Dall y Farley Granger.

Brandon (John Dall) y Philip (Farley Granger) son dos jovenes que comparten un departamento en Nueva York. Ellos se consideran intelectualmente superiores a su amigo David Kentley y para probarlo deciden estrangularlo con una soga y esconden su cuerpo en un baúl para luego hacer una fiesta. Los invitados incluyen al padre de David (Cedric Hardwicke), su novia Janet (Joan Chandler) y el antiguo profesor de ambos asesinos, Rupert (James Stewart). Este último empieza a sospechar y decide investigar, mientras todos se preguntan por qué David no ha llegado.


Tras terminar “The Paradine Case” (1947), Hitchcock comenzó a trabajar en lo que sería el guión de su primer film independiente. Aunque en un principio dicha cinta sería, “Under Capricorn” (1949), la actriz Ingrid Bergman no estaba disponible para protagonizarla. Por esta razón, Hitchcock y el productor Sidney Bernstein decidieron comenzar a trabajar en una rápida versión cinematográfica de la obra de Patrick Hamilton, “Rope” (1929), la cual estaba levemente basada en el asesinato real cometido por dos estudiantes de la Universidad de Chicago, Nathan Leopold and Richard Loeb en la década del veinte. El director vió este proyecto como una la oportunidad perfecta para poner a prueba un nuevo y riesgoso sistema: filmaría utilizando tomas ininterrumpidas de diez minutos, de modo que los ochenta minutos de duración del film estuvieran filmados en tiempo real.

El desafío técnico del film, le resultaba sumamente interesante a Hitchcock, quien no había renovado su contrato con el productor David O. Selznick por lo aburrida que le había resultado la realización de “The Paradine Case”. Además pensaba realizarla a color para demostrarle al mundo lo moderno que era. Sería la primera película del director que utilizaría el proceso del Technicolor, con una cámara yendo constantemente de actor a actor, y de habitación a habitación en un departamento de Manhattan. Hitchcock invitaría al actor Hume Cronyn, para desarrollar el primer borrador del guión, y luego contrataría al dramaturgo Arthur Laurents para escribir el guión final. Aunque la dupla nunca discutió el elemento homosexual del guión, era evidente que el director se sentía intrigado por las variantes de la vida y la conductas sexuales de la misma forma como la estaba por las variantes de los métodos para hacer películas. De hecho, la idea original de Hitchcock era abandonar la delicadeza de la obra original, e insertarle un negrísimo humor, digno del director.

Una vez que el guión estuvo prácticamente terminado y el set sonoro de la Warner estaba listo, Hitchcock afinaba las últimas piezas del reparto. Para el papel del antisocial y misántropo maestro de escuela de los asesinos, el director esperaba contratar a Cary Grant. Sin embargo, la RKO tenía los derechos exclusivos de sus servicios en aquel entonces, por lo que Hitchcock le ofreció el papel a James Stewart. Como el rol no era precisamente acorde a la imagen que venía construyendo el actor quien venía recién regresando de la guerra, su papel tuvo que ser ligeramente suavizado. Afortunadamente, esto no afectaría la relación entre Stewart y Hitchcock, al punto que posteriormente el director invitaría a Stewart a participar en tres de sus obras más celebradas. Por otro lado, tras la negativa de Montgomery Cliff de interpretar al sicopático y dominante Brandon, contrataría al relativamente inexperto John Dall.

Si bien este no es uno de los guiones más brillantes que filmaría el director, principalmente por lo predecible de la historia, las circunstancias del rodaje se encargaron de proporcionar suspenso en abundancia, puesto que el desafío de trabajar en un plató sonoro se convirtió en una pesadilla. Para empezar, todo el reparto y el equipo de filmación estuvieron alrededor de dos semanas ensayando cada una de las secuencias de la película. Cada movimiento de la cámara y los actores fue estudiado primero en sesiones previas. Incluso el suelo estaba señalado con círculos numerados para los 25 a 30 movimientos de cámara que componían las filmaciones ininterrumpidas de 10 minutos. Todos los muebles y las paredes eran móviles, lo que permitía que las cámaras siguieran a los actores de un lugar a otro. Como era de esperarse, los ensayos fueron un caos donde los actores chocaban contra los muebles móviles o contra algún operario.

Pero lo que causó más problemas fue el ciclorama, una reproducción en miniatura de los techos de Nueva York, iluminada por 8.000 bombillas y 200 rótulos de neón. Hitchcock insistía en un desvanecimiento gradual de la luz diurna a la nocturna en el cielo, sin tener que parar la filmación, lo cual implicaba una compleja manipulación eléctrica. Las exigencias del director terminarían por exasperar al director de fotografía Joseph Valentine, pero el efecto se lograría de buena manera. Obviamente, ninguna de las largas secuencias inninterrumpidas sería filmada correctamente a la primera oportunidad. Algunas tuvieron que ser filmadas hasta 15 veces el mismo día, dado que en ocasiones cuando la escena estaba casi terminada, era arruinada por la equivocación de alguno de los actores, un movimiento equivocado de cámara o por uno de los tantos ruidos que se podían dar en un set sonoro.

Aunque el experimento llevado a cabo por Hitchcock resulta ser interesante, a fin de cuentas no salió como él esperaba. El proceso probó no ser costo-efectivo, resulta ser más predecible que otras de sus obras, y pese a la publicidad que le trajo el hecho de filmar con largas tomas, la cinta tuvo pobres resultados de taquilla. Lo que es peor, después de un corto periodo de exhibición, el mismo Hitchcock retiraría el film de circulación por el grado de insatisfacción que este le provocó. Por otro lado, aunque obviamente no es la mejor película del director, posee buenas actuaciones, un ambiente bien logrado en el que se percibe la tensa y evidente relación homosexual que se da entre los dos protagonistas, y la pesada atmósfera que se crea en ese departamento a medida de que la conversación avanza. Además presenta un diálogo impecable, lleno de cinísmo y un cuestionable valor moral. De todas formas, “Rope” es una buena obra que demuestra la capacidad del director de sobreponerse a situaciones adversas (en esta ocasión autoimpuestas), y sacar adelante una cinta que si bien posee algunos fallos, se presenta como un interesante experimento cinematográfico.


por Fantomas.

miércoles 17 de junio de 2009

Fist of Fury aka The Chinese Connection: El film que convirtió en superestrella a Bruce Lee.

“Fist of Fury” (1972), es un film de artes marciales escrito y dirigido por Lo Wei, y protagonizado por Bruce Lee y Nora Miao.

En el Shangai de 1908, Chen Chen (Bruce Lee) es un estudiante de artes marciales que al regresar a su escuela descubre que su maestro ha fallecido. Tras la insultante visita durante el funeral de los representantes de una escuela japonesa de artes marciales en la cual les llaman “Enfermos de Asia”, Chen acude para darles una humillante lección y hacerles tragar sus palabras. Sintiéndose el hazmerreír de todos, los japoneses desatan una espiral de violencia contra los chinos durante la cual se descubre la verdad acerca de la muerte del maestro. Decidido a vengar su muerte, Chen no tendrá límites para acabar con los responsables de esta tragedía, arriegando su vida y el futuro de la escuela.

Tras el gran éxito obtenido por la cinta “The Big Boss” (1971), Bruce Lee trabajaría nuevamente bajo las órdenes del director Wei Lo en el film, “Fist of Fury”, el cual capultaría al actor al nivel de superestrella. En su única cinta de época como adulto, Lee interpreta a un joven estudiante dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para vengar a su fallecido maestro. Aunque en aparencia esta película podría ser considerada como una de las tantas cintas de artes marciales donde la motivación central es la venganza, la carismática actuación de Bruce Lee, su gran capacidad interpretativa de expresión, así como adaptabilidad a diversos personajes rozando el estilo cómico y dramático, la ubica un peldaño por sobre el resto de los films de su tipo.

Ambientada a principios del siglo veinte durante la ocupación japonesa de Shangai, “Fist of Fury” describe las violentas tensiones entre chinos y japoneses, en una época donde existía un claro y marcado antagonismo. Esta es tal vez la única cinta abiertamente nacionalista en la que Bruce Lee participó. Es evidente la crítica hacia el invasor japonés, demostrando tener un mensaje pro-china, anti-imperialista, y xenofóbico en varios grados, aunque considerando el contexto histórico no extraña que así sea. Esto queda demostrado en la escena en la cual el personaje de Bruce Lee visita la escuela dirigida por Hiroshi Suzuki (Riki Hashimoto) para clarificarle que los chinos no son “hombres enfermos”, haciendo una clara referencia al epíteto despectivo “Enfermos de Asia”, usado por lo japoneses para referirse de los chinos durante la ocupación de China.

Si bien es rescatable el enorme nacionalismo que presenta el personaje de Bruce Lee, el retrato estereotipado y casi demoniaco de los japoneses es difícil de ignorar. Y es que la historia se presenta como una vía para eliminar toda la rabia acumulada durante ese periodo de conflictos y humillaciones. Esto sin duda fue un punto considerado por el director Gordon Chan cuando realizó el remake de esta cinta titulado, “Fist of Legend” (1994), el cual está protagonizado por Jet Li. En dicho film, Chan evita esta satanización de los japoneses donde “todos son malos”, incluyendo en la trama una relación amorosa entre el protagonista y una joven japonesa, además de presentar algunos personajes japoneses en contra de las ideas imperialistas de su pais.

Precisamente la falla más grande que presenta “Fist of Fury” es que tanto la historia como los personajes son unidimensionales. Es una cinta de personajes buenos o malos, sin que exista ningún punto medio. Los japoneses como ya había mencionado, son despiadados y prepotentes, sujetos incapaces de sentir algún tipo de compasión por los demás. En la otra vereda están los chinos, los cuales son retratados como personajes amantes de la paz, decentes y amables. Chen Chen es el único personaje complejo que presenta la película. Por un lado, él pretende vengar la muerte de su maestro y restaurar el honor de la escuela, pero por otra parte, durante este proceso se convierte en una imparable fuente de odio y destrucción, dando como resultado que sus acciones comienzen a ir en contra de todo lo que su maestro le enseño a él y al resto de sus discípulos. En ese sentido, “Fist of Fury” también se encarga de dejar en claro que por muy honorable que sean nuestras intenciones, si reaccionamos de manera errónea podemos terminar atrapados en complejas contradicciones y sus respectivas consecuencias.

Más de treinta años han pasado desde el estreno de “Fist of Fury”, y la gran mayoría de los críticos parece coincidir en que la cinta es un verdadero clásico, pero que también es víctima de un trabajo de dirección que está lejos de ser perfecto. Algunas de las críticas más comunes son que los escenarios evidencian el bajo presupuesto (afirmación con la que no estoy del todo de acuerdo), los numerosos ángulos de cámara deplorables que presenta la película, lo caricaturesco de los villanos y lo poco cuidado que resultan los diálogos. Gran parte de la responsabilidad de dichas fallas es del director, quién al parecer, durante el proceso de filmación de la película perdió interés en el proyecto, optando por escuchar carreras de caballos en la radio en el set de filmación, en vez de dedicarse a dirigir determinadas escenas.

Desde la perspectiva de las artes marciales, la actuación de Bruce Lee es indudablemente una de las más recordadas en la historia del cine. Las escenas de pelea de esta película se caracterizan por ser increíblemente rápidas y bien coreografiadas. El mejor ejemplo es la escena más recordada de esta película en la cual Bruce Lee derrota a todos los integrantes de la escuela japonesa de artes marciales, donde además muestra sus habilidades con el nunchaku. Bruce Lee se ve como un luchador brutal, el cual con uno o dos golpes es capaz de acabar con su rival. Resulta obvio que el actor estuvo bastante involucrado en las escenas de lucha, donde incluso son distinguinbles algunos movimientos típicos de Jeet Kune Do (sistema de artes marciales desarrollado por el actor), así como se ve el esfuerzo del mismo por intentar que estas se vieran lo más realistas posibles.

Independiente de los posibles fallos que pueda presenta la cinta, “Fist of Fury” rompió todos los records de taquilla y fue un auténtico éxito en toda Asia. Dejando de lado los colores políticos que presenta la película, estamos frente a una historia entretenida, donde Bruce Lee y su particular estilo de lucha se convierte en el centro de atención. Claramente estamos frente a una producción sumamente influyente, que dió pie a un par de secuelas protagonizadas por Bruce Li (el más conocido de los imitadores del actor), otra titulada “New Fist of Fury” (1976), protagonizada por Jackie Chan; una serie de televisión de treinta episodios protagonizada por Donnie Yen; y el remake antes mencionado protagonizado por Jet Li. Con sus errores de dirección y lo plano de sus personajes, en terminos de artes marciales y contenido emocional en su estado más crudo, “Fist of Fury” es una obra única en su especie.

por Fantomas.