martes, 22 de julio de 2014

Wolfen: La primera cinta de licántropos con trasfondo sociopolítico.

“Wolfen” (1981), es un film de terror del director Michael Wadleigh, el cual está protagonizado por Albert Finney, Diane Venora y Edward James Olmos.

Cuando el influyente empresario Christopher Van Der Veer (Max M. Brown) y su esposa Pauline (Anne Marie Pohtamo) son brutalmente asesinados en un parque de Nueva York, el veterano detective Dewey Wilson (Albert Finney) es asignado para investigar el caso. Con la ayuda de una psicóloga experta en terrorismo llamada Rebecca Neff (Diane Venora), y un extravagante médico forense (Gregory Hines), el detective Wilson pronto descubrirá que dichos crímenes parecen estar conectados con una serie de brutales asesinatos ocurridos en diversos puntos de la ciudad, cuyo único punto en común es la presencia de pelos de lobo en los cuerpos de la víctimas.

 

En el año 1978, el escritor Whitley Streiber publicó su primera novela la cual llevaría por título “The Wolfen”. Dicho libro comenzaba con la muerte de dos oficiales de policía y se centraba en los esfuerzos del malhumorado detective George Wilson y su joven compañera Becky Neff por capturar a los asesinos, los cuales resultan ser una manada de lobos altamente inteligentes que se dedican a cazar a aquellos que son rechazados por la sociedad. Eventualmente, la agente de Streiber le enseñaría la novela a su marido, el productor Rupert Hitzig, quien rápidamente procedió a comprar los derechos del manuscrito. Una vez que se estableció al interior de la productora Orion Pictures, Hitzig le ofreció el puesto de director a Michael Wadleigh, un talentoso documentalista que había adquirido cierta fama por la aclamada “Woodstock” (1970). Para adaptar el guión, el estudio estaba interesado en Oliver Stone. Sin embargo, cuando Hitzig y Wadleigh se reunieron con él en Roma, Stone no mostró mayor interés en el proyecto, por lo que la dupla se vio obligada a contratar a David Eyre, quien finalmente escribió el guión en conjunto con Wadleigh. Lamentablemente para el director, durante el curso del rodaje de la cinta se percató que existía un atraso de al menos seis semanas con respecto al calendario de filmación que se había establecido en un comienzo. Cuando fue notificado que solo tenía cinco días parar terminar la película, Wadleight presentó un montaje de cuatro horas de duración que incluía 36 tarjetas con la frase “escena faltante”. A raíz de esto, el director fue despedido y Hitzig tuvo que ocupar su lugar, hasta que finalmente fue contratado John Hancock para así respetar las regulaciones del Sindicato de Directores Norteamericanos. Cabe mencionar que luego de este incidente, Wadleigh nunca más volvió a dirigir un film.

En “Wolfen”, tras asistir a la ceremonia de inauguración de un proyecto inmobiliario situado en el empobrecido barrio del Bronx, el empresario Christopher Van Der Veer es asesinado junto a su mujer y su chofer en un parque de la ciudad de Nueva York sin razón aparente. Debido a lo delicado del caso, el veterano detective Dewey Wilson es llamado a liderar la investigación, pese a que últimamente ha debido enfrentar una serie de problemas personales que han afectado enormemente su estilo de vida. A su llegada a la escena del crimen, Wilson no solo se encuentra con una serie de inconsistencias que dificultan la investigación, sino que además se entera que Van Der Veer tenía numerosos enemigos, los que en su mayoría pertenecen a pequeñas células terroristas. Ante la posibilidad de que todo se trate de un atentado terrorista, la influyente empresa de seguridad que solía proteger a Van Der Veer designa a la psicóloga Rebecca Neff para que trabaje en la investigación junto a Wilson. Al mismo tiempo que las técnicas de contraterrorismo demuestran ser inútiles para apresar al responsable de los crímenes, un vagabundo es encontrado muerto en el Bronx, en la misma zona donde se iba a emplazar el fallido proyecto inmobiliario. Aunque ambos asesinatos parecen no estar conectados, cuando el forense que trabaja en el caso encuentra pelos de lobo en ambas escenas del crimen, Wilson se ve obligado a plantearse una nueva teoría. ¿Será posible que una manada de lobos haya convertido la ciudad de Nueva York en su nuevo coto de caza, o quizás todo está relacionado con una vieja leyenda aborigen que habla sobre la existencia de hombres capaces de transformarse en distintos animales?

 

Los héroes y los villanos suelen ser definidos dependiendo del punto de vista de quienes los observan. Durante el transcurso de los años, las estructuras de poder de la sociedad norteamericana se han dedicado constantemente a demonizar a los pobres, lo cual se ha visto reflejado en múltiples ocasiones dentro del cine, en especial en aquellas cintas que afirman que el crimen es un resultado directo de las condiciones sociales existentes. No son pocas las producciones que establecen que la alienación individual y la sensación de no tener un lugar donde refugiarse, eventualmente terminan generando brotes de violencia. El cine de terror norteamericano por su parte, suele ayudar al espectador a identificarse con aquellos que son considerados como monstruos por la sociedad. En el caso particular de “Wolfen”, el cual es un film de terror que ocupa como base una trama policial, este invita al espectador a ver el mundo a través de los ojos de un brutal asesino cuya naturaleza no está del todo clara. A medida que transcurren los minutos, se descubre que el asesino escoge como víctimas a aquellos que son prescindibles o a quienes son dañinos para el resto de la sociedad, todo con el objetivo de proteger su territorio y sobrevivir al horrible y opresivo estilo de vida estadounidense. Bajo este violento accionar y a través de la inclusión de representantes de las etnias nativas de Norteamérica, personificadas en la figura del ex-activista Eddie Holt (Edward James Olmos), “Wolfen” pretende difundir un discurso sociopolítico llamado a castigar el accionar del hombre contra la naturaleza, y contra las razas aborígenes que alguna vez poblaron los territorios que ahora son dominados por innumerables moles de concreto.

Lamentablemente “Wolfen” no está exenta de falencias, muchas de las cuales probablemente surgieron a causa de los problemas de calendario que experimentó Wadleigh, y de la falta de criterio de los encargados de la sala de edición de los estudios Warner Brothers. Por ejemplo, el film falla a la hora de explicar algunos elementos vitales de la historia. Entre otras cosas, el oscuro pasado de Dewey Wilson jamás es explorado, aun cuando se menciona que viene saliendo de un retiro autoimpuesto el cual estuvo marcado por el abuso de alcohol. Por otro lado, la presencia de Rebecca Neff parece servir a un solo propósito: actuar como el interés amoroso del detective y protagonizar una innecesaria escena de sexo. Su rol en la investigación es absolutamente irrelevante, al igual que las escenas que buscan demostrar el accionar de la empresa de seguridad para la cual trabaja, las cuales de haber sido omitidas habrían permitido que el arco narrativo central adquiriera una mayor fluidez. Por último, el humor negro que presenta el film, el cual está a cargo del personaje interpretado por Gregory Hines, tampoco funciona de la manera esperada. Si bien algunas de sus extravagantes intervenciones logran distender un poco la tensión que domina ciertos pasajes de la cinta, están lejos de provocarle una sonrisa al espectador.

 

En cuanto al aspecto interpretativo del film, el elenco participante cuenta con la fama y la credibilidad suficiente como para salir airosos en esta ocasión, aun cuando ninguno de los actores realiza una labor realmente destacable. Es por este motivo que quien definitivamente se roba la película es Gerry Fisher y su magnífico trabajo de fotografía. No solo se preocupa de arrojar una iluminación aterradora sobre el inmaculado diseño de producción de Paul Sylbert, sino que también se las arregla para transformar los barrios abandonados del Bronx en un verdadero escenario de tintes apocalípticos marcado por numerosos edificios derruidos e iglesias abandonadas. Junto con esto, Fisher suele ser identificado como el responsable del efecto utilizado para retratar el particular punto de vista del asesino, el cual es bastante similar al usado por el director John McTiernan en el film “Predator” (1987). Con respecto a esto último, si bien el colorido efecto de fotografía resulta interesante en un comienzo, el uso indiscriminado que Wadleigh le da termina por disminuir considerablemente su impacto. La banda sonora compuesta por James Horner por su parte, lamentablemente es demasiado pedestre como para resultar efectiva. Por último, es necesario destacar los efectos especiales utilizados en las escenas gore del film, los que afortunadamente en su mayoría han soportado de buena manera el paso del tiempo.

“Wolfen” es un thriller que resulta complicado encasillar en un género en particular. Aunque en la superficie funciona principalmente como una cinta de horror, también presenta una subtrama de misterio que busca develar quién es el responsable de los asesinatos ocurridos en Nueva York, la cual posteriormente comienza a ser dominada por elementos propios del thriller y la fantasía. “Wolfen” fue estrenada en Julio de 1981 entre “The Howling” (1981) y “An American Werewolf In London” (1981), y estaba llamada a cambiar por completo el subgénero de los films de licántropos, llevándolo hacia nuevas y emocionantes direcciones. Sin embargo, no solo la ambición existente tras el film terminó siendo más grande que el resultado final, sino que además la cinta de Wadleigh fue notoriamente ensombrecida por dos obras que eventualmente se convertirían en grandes clásicos del subgénero. Juzgada por sus propios méritos, se trata de una bien intencionada pero dispareja película de licántropos que busca amalgamar elementos del horror con un marcado comentario social, lo que al menos la convierte en una producción bastante más inteligente que la gran mayoría de las obras pertenecientes al subgénero.



por Fantomas.

jueves, 17 de julio de 2014

Absolute Power: Un ladrón y su última oportunidad de redención.

“Absolute Power” (1997), es un thriller del director Clint Eastwood, el cual está protagonizado por el mismo Eastwood, Gene Hackman, Ed Harris y Laura Linney.

El Presidente de los Estados Unidos, Allen Richmond (Gene Hackman), está convencido que su cargo lo pone por sobre las leyes del hombre. Eso eventualmente lo lleva a involucrarse en el asesinato de una de sus amantes, el cual intentará ser ocultado por su Jefa de Estado Mayor, Gloria Russell (Judy Davis). Sin embargo, eso no resultará ser una tarea sencilla ya que el crimen fue presenciado por Luther Whitney (Clint Eastwood), un ladrón veterano que se encargará de poner en jaque al Servicio Secreto y al mismísimo Presidente.

 

Tras el éxito mundial que obtuvo la novela “Absolute Power”, del escritor David Baldacci, la productora Castle Rock Entertainment rápidamente procedió a comprar los derechos de la obra con la intención de llevarla a la pantalla grande. Tras pagarle a Baldacci 5 millones de dólares por los derechos de su libro, el guionista William Goldman fue contratado para escribir la adaptación. No pasaría mucho tiempo antes de que Clint Eastwood se involucrara como director y actor en el proyecto, no sin antes sugerirle a Goldman una serie de cambios en el guión. Según Eastwood, el único gran problema que tenía la novela de Baldacci era el hecho de que todos los personajes que él consideraba interesantes terminaban siendo asesinados. A raíz de esto no solo se excluyeron varios detalles del escrito original, sino que además se cambiaron ciertas características de personajes clave, se eliminó una controversial escena de violación, y se omitió al verdadero protagonista de la novela, un joven abogado llamado Jack Graham, para así posicionar al experimentado ladrón Luther Whitney como el gran protagonista de una historia marcada por la tensa relación entre un padre y una hija, y por las altas cuotas de corrupción existentes en la cúpula del gobierno más poderoso del mundo.

En “Absolute Power”, Luther Whitney es un ladrón que cierta noche ingresa ilegalmente a una imponente mansión de la ciudad de Washington, con la intención de asaltar un cuarto secreto que se encuentra ubicado en la recámara principal de la propiedad, el cual está repleto de joyas y dinero. En medio de su particular trabajo y de manera imprevista, él es interrumpido por un par de visitantes. Escondido detrás de un espejo de dos vías, Whitney ve a una pareja teniendo relaciones sexuales. De pronto, ambos se ponen algo violentos, el hombre comienza a golpear a la mujer, esta lo apuñala con un abrecartas a modo de defensa, y cuando ella está a punto de darle la estocada final, dos hombres irrumpen en la habitación y rápidamente le disparan. Aun cuando Whitney pensó en intervenir antes de que se desencadenara tan trágico desenlace, el miedo a ser descubierto lo paralizó por completo. Su temor aumenta cuando ve que los hombres con la ayuda de una mujer misteriosa, comienzan a limpiar la escena del crimen para así librar de toda culpa a quien generó toda esta cadena de acontecimientos. Una vez que todos abandonan el lugar, Luther escapa de la mansión llevando consigo información que puede ser letal tanto para él como para su hija Kate (Laura Linney), con la cual durante el transcurso de los años ha mantenido una relación más bien distante. Y es que la mujer asesinada era Christy Sullivan (Melora Hardin), la joven esposa del septuagenario Walter Sullivan (E. G. Marshall), un acaudalado e influyente hombre de negocios, mientras que el causante de su muerte no es otro más que el mismísimo Presidente de los Estados Unidos.

 

A diferencia de gran parte de los thrillers que exhiben temáticas similares, el éxito de “Absolute Power” no depende de la inclusión de vibrantes escenas de persecución o de vistosos tiroteos, sino que muy por el contrario, Eastwood y compañía optan por apoyarse en lo inteligente de los diálogos del film y en el trasfondo dramático de los personajes protagónicos. Por ejemplo, Seth Frank (Ed Harris), el policía a cargo de la investigación del homicidio, de inmediato se percata que existen una serie de incongruencias en la escena del crimen, lo que lo lleva a pensar que no se trata solo de un simple asesinato. Eventualmente en su investigación aparece el nombre de Whitney, uno de los pocos ladrones vivos que pudo haber ingresado a la mansión de Walter Sullivan sin ser detectado por su costoso sistema de seguridad. El primer encuentro entre ambos, el cual se produce al interior de un museo, resulta en extremo interesante. En medio de una lucha de ingenios, Whitney se da el tiempo de destruir cualquier tipo de hipótesis que lo conecte al crimen, realizando una serie de comentarios cuyo único objetivo es resaltar su avanzada edad, y su supuesta incapacidad de realizar cualquier tipo de esfuerzo físico. Por otro lado, existe otra escena en la cual durante un pequeño intercambio de palabras entre Seth Frank y Walter Sullivan, se revela parte de la personalidad y del trasfondo familiar del influyente millonario. En un arranque de sinceridad, entre otras cosas Sullivan le revela al detective que el espejo de dos vías fue instalado en su habitación a petición de su esposa, a lo que luego añade: “Ella pensó que me gustaría sentarme ahí. No fue así.” Sullivan resulta ser un personaje quebrantado, un hombre que se hizo a sí mismo, que ha pasado gran parte de su vida dando parte de su dinero a la caridad, que ayudó a Allen Richmond a convertirse en Presidente, y que ahora teme convertirse en la burla del resto del mundo a causa del peculiar comportamiento de su fallecida esposa.

En gran medida, “Absolute Power” intenta explorar a fondo la personalidad del protagonista y los pantanosos alcances de su moralidad. Por un lado, en la escena en la cual Whitney presencia el crimen, es posible ver en los ojos del protagonista el doloroso conflicto moral al cual se enfrenta en ese momento. ¿Debería intervenir a sabiendas de las consecuencias que dicha acción pudiese tener, o debería cuidar su libertad y permitir que una mujer sea abusada? Este obviamente no será el único conflicto moral al cual se verá enfrentado Whitney a lo largo de la historia. Una vez que comienza a ser perseguido tanto por la policía como por el Servicio Secreto, el protagonista una vez más tendrá que decidir entre su propio bienestar y hacer lo correcto, lo que no resultará ser una tarea sencilla considerando que hacer lo correcto significa poner en práctica un arriesgado plan que puede costarle la vida a él y a su hija. Con respecto a esto último, la exploración de la peculiar relación existente entre Luther y su hija Kate, resulta ser uno de los puntos altos del film. Tras años de supuesto abandono, Kate ha crecido para convertirse en una fiscal que demuestra un evidente resentimiento hacia su padre. Kate, la única niña de la escuela que solo podía ver a su padre durante los días de visita de la prisión, eventualmente descubre que su padre no ha sido del todo una figura ausente. En uno de los momentos más memorables del film, luego de ver una serie de fotografías, Kate se da cuenta que su padre ha estado por años observándola desde las sombras, acompañándola de manera invisible en sus momentos más importantes. Y es que como el mismo Luther le explicará más tarde, tener un padre ex-convicto no le hubiese ayudado mucho en su carrera.

 

Como siempre, Clint Eastwood demuestra su talento para construir personajes carismáticos e interesantes, aun cuando sus motivaciones y sus métodos puedan resultar moralmente cuestionables. Sin embargo, quien entrega la mejor interpretación del film es Ed Harris, quien hace un estupendo trabajo personificando a un confundido detective que no puede ocultar su admiración por Luther Whitney, ni tampoco su interés por Kate. Judy Davis por su parte, también realiza una interesante labor como la calculadora mano derecha del Presidente de los Estados Unidos, cuya inusual dedicación al trabajo parece estar ligada a la malsana atracción que siente por Allen Richmond. Lamentablemente, en esta ocasión el experimentado actor Gene Hackman no puede evitar caer en la sobreactuación, y lo que es peor, su personaje resulta ser demasiado inconsistente como para ser del todo verosímil o interesante. Algo similar sucede con los agentes del servicio secreto interpretados por Scott Glenn y Dennis Haysbert, los cuales resultan ser demasiado unidimensionales como para despertar el interés del espectador. En cuanto al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el estupendo trabajo de fotografía de Jack N. Green, la atmosférica banda sonora del compositor Lennie Niehaus, y el bien ejecutado trabajo de edición de Joel Cox.

Aunque esta obra palidece en comparación al resto de las producciones que Eastwood había filmado con anterioridad, especialmente por algunas inconsistencias que presenta el guión y por el ritmo narrativo extremadamente pausado que exhibe el film por momentos, “Absolute Power” resulta ser una cinta mucho mejor de lo que la crítica especializada describió en su momento. Si bien “Absolute Power” es básicamente un thriller bastante estándar acerca de la corrupción política, lo que permite que esta producción resalte por sobre otras de similares características, es la inclusión de la complicada relación entre Luther Whitney y su hija. Al utilizar esta historia personal como un arco llamado a unir al resto de los elementos que conforman al film, Eastwood realiza algo bastante complicado: crea un thriller que no está condicionado por sus golpes de efecto. Luther Whitney resulta ser un personaje verdaderamente interesante y complejo, que no se limita a ser simplemente una figura de acción. Gracias a esto, lo que a él le sucede a lo largo del film logra despertar el interés del espectador, cosa que no siempre se puede decir de la inclusión de efectos especiales cuya única función es imprimirle un cierto grado de espectacularidad a historias carentes de peso dramático.



por Fantomas.

sábado, 12 de julio de 2014

Aliens: La guerra ha comenzado.

“Aliens” (1986), es un film de ciencia ficción del director James Cameron, el cual está protagonizado por Sigourney Weaver, Carrie Henn, Michael Biehn y Paul Reiser.

Cincuenta y siete años después de que Ellen Ripley (Sigourney Weaver) sobrevivió a su traumática experiencia con una agresiva especie alienígena, su cápsula de escape criogénica es recuperada por un grupo de miembros de la Corporación Weyland-Yutani para la cual trabajaba. Una vez de vuelta en la Tierra, nadie parece creer su historia acerca de los alienígenas que residen en el planeta LV-426. Sin embargo, cuando la Corporación pierde toda comunicación con los residentes de una colonia que se encuentra en dicha locación, deciden enlistar nuevamente a Ripley, quien acompañada por un grupo de marines, un androide llamado Bishop (Lance Henriksen), y un ejecutivo llamado Carter Burke (Paul Reiser), deberá emprender una misión de exploración en la que nuevamente se verá enfrentada a su peor pesadilla, solo que esta vez la amenaza parece ser mucho más letal.

 

Mientras se encontraba completando el proceso de pre-producción de “The Terminator” (1983), el director James Cameron empezó a albergar el deseo de filmar una secuela del film de ciencia ficción y horror “Alien” (1979). Pese a que los ejecutivos de la 20th Century Fox no estaban demasiado entusiasmados con la idea de producir una secuela de la cinta de Ridley Scott, tras leer un borrador de 90 páginas que desarrolló Cameron mientras filmaba “The Terminator”, prometieron financiar el proyecto siempre y cuando la película del implacable androide proveniente del futuro resultara ser un éxito de taquilla, cosa que para alegría de Cameron eventualmente sucedería. Desde las primeras etapas del proyecto, Cameron se negó a repetir la fórmula utilizada por Scott para así poder crear un nuevo universo en torno a la mitología expuesta en “Alien”. Es por esto que el realizador optó por crear una historia inspirada en la Guerra de Vietnam, la cual según su punto de vista era una situación en la cual una fuerza tecnológicamente superior se encontraba combatiendo en un ambiente hostil extranjero. Según el mismo Cameron: “El entrenamiento y la tecnología de los Marines Coloniales que aparecen en el film son inapropiados para la situación, lo cual puede ser visto como una analogía de la incapacidad que exhibió el poder de fuego americano para conquistar a un enemigo invisible en Vietnam; era mucho poder de fuego y muy poca sabiduría, por eso no funcionó.” De la misma forma, Cameron señala que se pueden trazar ciertos paralelos entre los motivos que llevaron a las tropas norteamericanas a movilizarse al Sur de Vietnam, y la razón por la cual la Corporación Weyland-Yutani decide enviar a Ripley y a un grupo de arrogantes soldados a una colonia que aparentemente ha sido diezmada por una letal raza alienígena.

A raíz de lo antes mencionado, “Aliens” bien podría ser considerada como una cinta bélica que se desarrolla en un escenario propio del género de la ciencia ficción; los protagonistas son un grupo de soldados que son enviados a un lugar remoto donde reside una colonia que de pronto ha dejado de comunicarse. A su llegada, descubren que no solo los colonos están muertos, sino que además una horda de violentos nativos alienígenas están listos y dispuestos a destrozar al escuadrón de marines cuyo armamento y preparación es supuestamente superior. El gran mérito del director, es que desarrolla esta simple premisa utilizando una narrativa que parece avanzar a toda velocidad, lo que provoca que el espectador rápidamente se vea envuelto en una cadena de acontecimientos tan impredecibles como inquietantes. Lamentablemente, la evidente preocupación que exhibe Cameron por crear momentos llenos de acción y suspenso, provoca que descuide por completo la construcción de gran parte de los personajes que interactúan a lo largo del film. Es por esto que no resulta extraño que tanto el Cabo Hicks (Michael Biehn), como los soldados Hudson (Bill Paxton) y Velásquez (Jenette Goldstein), quienes dicho sea de paso son los únicos marines que logran dejar una huella patente en la memoria del espectador, se presenten como personajes completamente unidimensionales que corresponden a determinados arquetipos propios de este tipo de relatos. Mientras que Hicks se alza como el único soldado empático e inteligente, Hudson es simplemente un tipo cobarde, y Velásquez es una mujer cuya única característica distintiva es su aparente exceso de testosterona.

 

Por otro lado, en “Aliens” James Cameron realiza una descripción bastante cínica de la sociedad futurista en la que se desenvuelve Ellen Ripley, ya que establece que más allá de los avances tecnológicos que ha alcanzado la humanidad, su prioridad aún sigue siendo el dinero. No solo el grupo de Marines está constantemente quejándose sobre el sueldo que recibirán por emprender la peligrosa misión al planeta LV-426, sino que además el espectador no tarda en enterarse que la principal preocupación de los mandamases de la Corporación Weyland-Yutani no es rescatar a los colonos desaparecidos, sino que lo que ellos realmente desean es capturar a uno de los mortíferos alienígenas para utilizarlo como una verdadera arma biológica. Y es que los alienígenas son retratados como organismos casi perfectos, los cuales poseen una increíble habilidad para matar a los humanos, diversos mecanismos de defensa orgánicos, y un sistema reproductivo parasitario que los sitúa en la cima de la cadena alimenticia. Curiosamente, la naturaleza destructiva tanto de los alienígenas como de la Corporación Weyland-Yutani, genera que ambos no solo evidencien un total desprecio por la raza humana, sino que además ambas entidades tengan como único objetivo sobrevivir y perpetuar su continuo crecimiento a costa de innumerables vidas inocentes.

Como a estas alturas resulta evidente, más allá de la superficie en apariencia simplista que presenta el film, “Aliens” esconde un subtexto realmente rico en matices y simbolismos. Si hay algo que sin duda resulta interesante de “Aliens”, es la forma en como Cameron introduce el tema de la maternidad y la naturaleza dentro de una historia en esencia violenta y pesimista. Mientras que por un lado Ripley se alza como una figura materna y como una representante de la intuición femenina, la Reina alienígena a la cual se enfrenta en el tramo final de la cinta no solo representa a su polo completamente opuesto, sino que además simboliza a la imparable e impredecible fuerza de la naturaleza. Y es que mientras Ripley se presenta como una figura materna cariñosa y protectora con la pequeña Newt (Carrie Henn), quien es la única sobreviviente de la colonia situada en el planeta LV-426. la Reina alienígena simboliza a la maternidad en su versión más destructiva y pesadillesca, la cual obliga a distintos individuos a actuar como las incubadoras de sus crías hasta el momento de su brutal nacimiento. Esta faceta de Ripley, la cual no había sido explorada anteriormente en “Alien”, también es utilizada por el director para contrastar la actitud de la protagonista con la de los marines que la acompañan en su viaje a la colonia del planeta LV-426. Pese a estar física y mentalmente preparados para cualquier escenario de combate, los marines carecen de la intuición y la empatía que exhibe en todo momento Ripley, lo cual les impide dimensionar los alcances de la situación en la que se encuentran inmersos, y automáticamente los sentencia a sufrir un violento final a manos de las determinadas y virtualmente imparables fuerzas alienígenas.

 

Si hay algo que es absolutamente indiscutible, es que en la Ellen Ripley interpretada por Sigourney Weaver, el director James Cameron encontró a la heroína más grande de toda su filmografía. Durante el curso de su carrera, el cineasta se ha preocupado de retratar a personajes femeninos fuertes que son poseedores de una veta evidentemente masculina, lo que a fin de cuentas les permite sobresalir en realidades completamente dominadas por los hombres. Lo que es aún más importante, es que a diferencia de “Alien”, en esta oportunidad Ripley se convierte en un personaje mucho más complejo, lo que permite que el espectador rápidamente empatice con su peculiar situación. El resto del elenco por su parte, interpreta de manera a correcta a sus respectivos personajes, los cuales como ya había mencionado anteriormente lamentablemente están condenados al olvido a causa de su inexorable unidimensionalidad. En cuanto al aspecto técnico de la producción, si bien ni el trabajo de fotografía de Adrian Biddle ni la banda sonora compuesta por James Horner son particularmente memorables, si resulta necesario destacar el diseño de producción de Peter Lamont y la dirección de arte de Terry Ackland-Snow, quienes en conjunto son responsables de la atmósfera claustrofóbica y paranoica que domina a la cinta.

Aun cuando “Aliens” está repleta de momentos que causan sobresaltos y tiene innumerables secuencias de acción, no logra ser igual de aterradora que la cinta original. Esto se debe a que básicamente el film de Cameron elimina gran parte del misterio que se esconde tras las criaturas alienígenas, convirtiendo lo que Ridley Scott retrató como una suerte de letal espectro, en una verdadera horda de alimañas que terminan siendo exterminadas como si fuesen insectos. Todo esto termina dinamitando el impacto que producen gran parte de las criaturas a lo largo del film, con la sola excepción de la imponente Reina alienígena, cuya presentación es uno de los momentos más memorables de todo el metraje. Pese a sus falencias, “Aliens” no solo es una gran secuela, sino que además marcó el advenimiento de las superproducciones de ciencia ficción y acción tanto en el ámbito del cine como en el de la televisión, y generó una serie de imitaciones que incluso en la actualidad se siguen alimentando de su influencia. Esto se debió en gran medida a que James Cameron fue lo suficientemente inteligente como para tomar una historia poseedora de su propia mitología, la cual fue creada para ser exhibida ante un determinado nicho de público, para luego convertirla en un producto bastante más asequible para una audiencia heterogénea dispuesta a sumergirse en una batalla sin cuartel entre una verdadera sobreviviente y su peor pesadilla.



por Fantomas.

viernes, 20 de junio de 2014

The Red Queen Kills Seven Times: El segundo giallo de la corta carrera de Emilio Miraglia.

“La Dama Rossa Uccide Sette Volte” (1972), es un giallo del director Emilio Miraglia, el cual está protagonizado por Barbara Bouchet, Ugo Pagliai y Marina Malfatti.

Kitty Wildenbrück (Barbara Bouchet) jamás ha podido superar el sentimiento de culpa que le provocó el asesinato accidental de su hermana Evelyn, con quien nunca se llevó del todo bien, el cual fue ocultado de la luz pública gracias a la ayuda de su hermana Franziska (Marina Malfatti) y su marido Herbert (Nino Korda). Varios meses más tarde, cuando el abuelo de las muchachas fallece en extrañas circunstancias, comienzan a ocurrir una serie de violentos asesinatos los cuales según varios testigos, son cometidos por una mujer morena que viste una vistosa capa roja. Aterrada por la similitud de la situación con una vieja leyenda familiar, Kitty se ve obligada a descubrir si la responsable de los crímenes es en verdad su hermana Evelyn, quien parece haberse levantado de la tumba para vengarse de la responsable de su prematura muerte.

 

Tras el estreno de “La notte che Evelyn uscì dalla tomba” (1971), el director italiano Emilio Miraglia rápidamente comenzó con los preparativos de su nuevo proyecto, con el cual pretendía incursionar nuevamente en el entonces popular género del giallo. En compañía del escritor Fabio Pittorru, Miraglia confeccionó un guión con el cual esperaba desarrollar un discurso feminista que llamaba a rebelarse en contra del orden patriarcal existente en la sociedad italiana, mediante la inclusión de una figura asesina femenina. En “La Dama Rossa Uccide Sette Volte”, Miraglia cuenta la historia de dos jóvenes hermanas, las cuales pertenecen a una familia aristocrática alemana que durante siglos ha sido víctima de una peculiar maldición. La leyenda cuenta que, varios siglos atrás, dos antepasadas de la dupla de hermanas conocidas solo como la Reina Roja y la Reina Negra, desarrollaron un marcado resentimiento entre sí. Después de soportar varios años de tormento a manos de la Reina Roja, la Reina Negra finalmente terminó asesinando a su hermana mientras ella dormía. Exactamente un año después de dicho acontecimiento, la Reina Roja se levantó de su tumba y asesinó a seis personas inocentes antes de acabar con la vida de la Reina Negra en venganza por lo sucedido. Desde entonces, según la leyenda, la historia se ha repetido una y otra vez: cada cien años, las descendientes de las hermanas están llamadas a recrear dicho drama homicida, lo que significa que durante cada una de las supuestas reencarnaciones de la Reina Roja, siete personas están destinadas a morir de manera violenta sin que nadie pueda hacer nada al respecto para evitar tan trágico desenlace.

Cuando el film comienza, el ciclo concerniente a la maldición parece haber sido quebrantado. Aunque la relación actual entre Kitty y Evelyn está lejos de ser amistosa, ambas parecen estar sanas y salvas. Mientras que Kitty trabaja como fotógrafa en una agencia de modas establecida en su ciudad natal, Evelyn supuestamente se encuentra estudiando en los Estados Unidos. Sin embargo, Miraglia pronto le revela al espectador la horrenda verdad: hace algún tiempo, Kitty asesinó accidentalmente a su cruel hermana durante una pelea ocurrida al interior de los terrenos de la familia. Asustada por lo acontecido, Kitty decide recurrir a su prima Franziska y a su marido Herbert, quienes rápidamente la ayudan a esconder el cuerpo de Evelyn en la cripta de la mansión gótica de su abuelo Tobías (Rudolf Schündler). Lamentablemente para los integrantes de la familia Wildenbrück, poco tiempo después de aquel trágico acontecimiento, aparece una misteriosa figura vestida de rojo que exhibe un particular parecido con la fallecida Evelyn, la cual comienza a asesinar brutalmente a varias personas cercanas a Kitty, lo que sugiere que la maldición se ha vuelto a repetir. Naturalmente, gran parte de los empleados de la agencia de modas en la que trabaja la protagonista se convierten en los principales sospechosos de los crímenes. Entre ellos se encuentran Lulu Palm (Sybil Danning), una voluptuosa y ambiciosa modelo; Hans (Bruno Bertocci), el pervertido director de la agencia; su asistente Rosemary (Maria Pia Giancaro); y Martin Hoffmann (Ugo Pagliai), quien además de ser la pareja de Kitty, es el vice-director de la agencia y el principal sospechoso del Inspector Toller (Marino Mase). Además de ellos, también aparece como sospechosa la desequilibrada esposa de Martin, quien se encuentra recluida en una institución siquiátrica, y Peter (Fabrizio Moresco), el ex-novio drogadicto de Evelyn.

 

“La Dama Rossa Uccide Sette Volte” guarda una serie de similitudes temáticas con la ya mencionada “La notte che Evelyn uscì dalla tomba”, lo que revela algunas de las obsesiones de Miraglia. Para comenzar, ambos films se centran en personajes obsesionados con mujeres fallecidas cuyo nombre es Evelyn, a lo que se suma el hecho de que ambas producciones cuentan con un personaje que en algún momento estuvo encerrado al interior de una institución siquiátrica. Resulta evidente que el director muestra un especial interés por la locura y la muerte, y por cómo estos elementos por lo general suelen estar conectados dentro del particular mundo del giallo. Al mismo tiempo, Miraglia en esta ocasión se preocupa de establecer ciertas dualidades que le otorgan una profundidad mayor al relato. Más allá de las dualidades más obvias representadas por Kitty y Evelyn, o por sus supuestas antepasadas, el director se encarga de yuxtaponer la realidad con lo netamente fantástico, particularmente durante la secuencia inicial donde una pequeña Evelyn tras robar una muñeca propiedad de su hermana, procede a apuñalarla violentamente supuestamente influenciada por una pintura que retrata el destino de la Reina Roja y la Reina Negra. Desde ese momento, Miraglia permite que el mundo folclórico se infiltre en el mundo real, infectando a todos sus habitantes. Y es que Tobías cree en la leyenda familiar a tal punto, que permite que esta gobierne su vida y sus decisiones, condicionando también la vida de sus queridas nietas.

Lo que resulta aún más llamativo, es el hecho que comparada con los héroes nominales del film, la frígida y neurótica Kitty, y su zalamero novio Martin, quien convenientemente ha encerrado a su desequilibrada esposa en una institución siquiátrica para así poder perseguir una relación con Kitty, la Reina Roja emerge como un personaje más interesante para el espectador. Y es que sus víctimas por lo general resultan ser personajes que parecen ser merecedores de su cruel destino, como por ejemplo Hans, el insufrible director de la agencia de modas donde trabaja la protagonista, el cual es asesinado mientras se encuentra en un parque buscando prostitutas para saciar sus particulares inclinaciones sexuales, o personajes que tienen tan pocos minutos en pantalla que la audiencia no logra crear un nexo significativo con ellos. Curiosamente, al seleccionar a este tipo de víctimas la Reina Roja se convierte en una suerte de vengadora feminista, ya que gran parte de ellas pertenecen a una industria que convierte a las mujeres en un objeto con fines comerciales. Hasta cierto punto, Miraglia incentiva al espectador a identificarse con la cruzada criminal de la Reina Roja, no solo presentándola como una verdadera fuerza imparable de carácter cuasi omnipresente, sino que además incluyendo secuencias que pretenden retratar su retorcido punto de vista, convirtiendo de esta forma a la audiencia en un cómplice más de sus crímenes.

 

Aun cuando su personaje es prácticamente unidimensional, Barbara Bouchet no solo se alza como una actriz con un carisma y una belleza innegable, sino que además ella logra inyectarle algo de emoción genuina a la atribulada Kitty Wildenbrück. El resto del elenco realiza un trabajo correcto, aunque más que por sus dotes interpretativas, las actrices Marina Malfatti, Sybil Danning y Maria Pia Giancaro se destacan por su desbordante sensualidad. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta destacable tanto el diseño de producción de Lorenzo Baraldi, como el trabajo de fotografía de Alberto Spagnoli. Ambos contribuyen en la construcción de la atmósfera misteriosa y espeluznante que exuda el castillo gótico de la familia Wildenbrück, dentro del cual suceden varios de los acontecimientos clave de la trama. Afortunadamente, el equipo conformado por Miraglia, Baraldi y Spagnoli, logra trasladar dicha atmósfera a gran parte de los escenarios en los que transcurre el film, lo que contribuye a establecer la noción de que ningún lugar es lo suficientemente seguro como para evitar la venganza de la Reina Roja. Por último, es necesario mencionar la banda sonora compuesta por Bruno Nicolai, quien como de costumbre cumple con entregar un par de piezas musicales que complementan a la perfección tanto la belleza de las imágenes, como el tono malsano que domina a la producción.

Como sucede con prácticamente todos los giallos, “La Dama Rossa Uccide Sette Volte” está lejos de ser una película perfecta. Además de presentar algunos problemas narrativos que complejizan más de la cuenta algunos puntos de la trama, el film incluye una escena de violación que resulta ser completamente innecesaria ya que luego de sucedida, nunca más se habla del tema, por lo que su inclusión parece ser una burda excusa para ver a Barbara Bouchet desnuda, lo que es completamente inaceptable. Pese a lo antes mencionado, resulta evidente que en esta producción Emilio Miraglia logró ejecutar de mejor forma algunos elementos narrativos que en “La notte che Evelyn uscì dalla tomba” planteó de manera algo torpe. Curiosamente, pese a que todo parecía indicar que el éxito obtenido con este díptico de giallos incentivaría a Miraglia a trabajar en nuevos proyectos de corte similar, el director desapareció de la faz de la Tierra luego de rodar un western titulado “Spara Joe... e così sia!” (1972), el cual no tardaría en pasar al más completo olvido. En definitiva, “La Dama Rossa Uccide Sette Volte” se alza como un giallo absolutamente disfrutable, el cual ostenta un cuidado aspecto visual, una historia bien construida con múltiples giros de tuerca, y unos veinte minutos finales que se caracterizan por presentar un ritmo narrativo tan frenético como el actuar de la implacable Reina Roja.



por Fantomas.

lunes, 16 de junio de 2014

All The Colors Of The Dark: El giallo y su aproximación al ocultismo.

“Tutti i colori del buio” (1972), es un giallo del director Sergio Martino, el cual está protagonizado por Edwige Fenech, George Hilton y Susan Scott.

Jane Harrison (Edwige Fenech) vive en Londres con Richard Steele (George Hilton), su novio. Lamentablemente para ella, desde hace algún tiempo ha estado teniendo cruentas pesadillas, las cuales están influenciadas por el asesinato de su madre ocurrido hace ya varios años, y por un accidente reciente que provocó que perdiera el bebé que estaba esperando. Mientras que Richard cree que la solución para el problema de Jane es el consumo de vitaminas, su hermana Barbara (Susan Scott) le recomienda que consulte a un psicoanalista. Sin embargo, influenciada por una misteriosa vecina llamada Mary (Marina Malfatti), Jane termina asistiendo a una misa negra, lo que desencadenará lo que parece ser su lento descenso a locura.

 

De las cinco películas que el director italiano Sergio Martino filmó entre 1971 y 1973, probablemente “Tutti i colori del buio” es la más interesante de todas. Y es que a diferencia del resto de los films que comprenden dicha etapa del director, la cual está conformada por “Lo strano vizio della Signora Wardh” (1970), “La coda dello scorpione” (1971), “Il tuo vizio è una stanza chiusa e solo io ne ho la chiave” (1972) y “Torso” (1973), esta producción en particular escapa de los típicos cánones del giallo para inspirarse en la exitosa cinta de terror psicológico “Rosemary´s Baby” (1968), del director Roman Polanski. Tras ver el film del cineasta polaco, Martino se propuso confeccionar un giallo que tuviese una clara relación con el mundo del ocultismo, para así darle nueva vida a un género que se estaba quedando falto de ideas. Con esto en mente, el director se acercó al guionista Santiago Moncada, quien previamente había trabajado con Mario Bava en la cinta “Il rosso segno della follia” (1970), con el fin de escribir una historia que se adaptara a la peculiar idea que él tenía en mente. Dicha historia posteriormente sería adaptada por la dupla conformada por Ernesto Gastaldi y Sauro Scavolini, quienes para ese entonces ya se habían convertido en colaboradores habituales de Martino.

Tras una introducción consistente en una pesadilla en la cual conviven una mujer embarazada lista para dar a luz, una escalofriante anciana vestida como si fuese una niña, una mujer desnuda sobre una cama la cual intenta defenderse del mortal ataque de un psicópata de intensos ojos azules, y la secuencia en negativo de lo que parece ser un accidente automovilístico, aparece Jane, la sufrida protagonista que actualmente está cursando un cuadro de depresión causado por la pérdida del niño que llevaba en su vientre, luego de protagonizar un accidente de tráfico causado torpemente por su pareja Richard. Como si esto fuera poco, Jane además tiene que cargar con el trauma del inexplicable asesinato de su madre, el cual ocurrió cuando ella y su hermana Barbara eran tan solo unas niñas. Todo esto le ha provocado una serie de pesadillas cada vez más vívidas, que han influido directamente en su relación de pareja, y la han convertido en una persona solitaria cuyo único contacto fuera de su hogar es su hermana Barbara. Preocupada por la situación, Jane no solo accede a tomar unas vitaminas que le ha estado dando Richard, sino que además ante la insistencia de su hermana, acepta visitar al Doctor Burton (George Rigaud), un psicoanalista que asegura que puede ayudarla a solucionar su peculiar problema. Sin embargo, ante la aparición de un hombre idéntico al que habita en sus sueños (Ivan Rassimov), el cual parece seguirla a donde quiera que vaya, Jane no tiene más remedio que adoptar una medida extrema para resolver su delicada situación; influenciada por su nueva vecina Mary, Jane accede a participar en un ritual satánico cuyas consecuencias irán más allá de todo lo que ella pudo haber imaginado, convirtiendo su vida en un verdadero infierno.

 

Tal y como sucede en la ya mencionada “Rosemary´s Baby”, en el film de Martino la protagonista es una mujer que experimenta un estado de paranoia constante provocado por sus vivencias personales y por determinados hechos que han estado ocurriendo a su alrededor, lo que ha gatillado su cada vez más marcado aislamiento del resto del mundo. Al mismo tiempo, la inclusión de un embarazo como evento detonante del frágil estado psicológico de Jane, la insinuación de que su pareja Richard no es de fiar, la presencia de un culto satánico cuyos rituales están marcados por el sexo y la sangre, y la constante sensación de claustrofobia a la que es sometida la protagonista, son otros de los paralelos que se pueden trazar entre “Tutti i colori del buio” y la ya clásica cinta de Polanski. Con respecto a esto último, llama la atención como Martino retrata la sensación de claustrofobia y aislamiento que experimenta Jane, ya sea mediante el uso de primeros planos cuando ella se encuentra al interior de determinados escenarios cerrados, o de planos abiertos cuando ella está en medio de escenarios urbanos, los cuales por lo general son filmados detrás de diversos objetos para así crear la ilusión de que ella está siendo constantemente observada. Cabe mencionar que todo esto es complementado con el uso de peculiares ángulos de cámara, y por una edición por momentos realmente frenética. Gracias a esto, Martino convierte a “Tutti i colori del buio” en una pesadilla surrealista, lo que le permite jugar con las expectativas del espectador quien al igual que Jane, le resulta difícil distinguir la fantasía de la realidad.

Algo que sin lugar a dudas logra cimentar el cariz surrealista que posee el film, es el hecho de que la mayoría de las muertes que presenta “Tutti i colori del buio” suceden fuera de pantalla, o bien acontecen dentro del contexto de un sueño. A raíz de esto, los únicos asesinatos verificables son aquellos cometidos por Jane o por Richard, lo que no solo le otorga una ambigüedad inusitada a la cinta, sino que además provoca que esta resulte ser bastante menos sangrienta que el promedio de los giallos. Afortunadamente, Martino compensa la falta de violencia gráfica con diversas escenas de desnudo de la magnética Edwige Fenech, y con un par de secuencias realmente efectivas, entre las que se encuentran la ya mencionada secuencia de la pesadilla constante de Jane, y aquellas que se centran en los rituales satánicos liderados por el oscuro personaje interpretado por Julián Ugarte. Con respecto a dichos rituales, estos no solo quedan grabados en la retina del espectador por presentar a una serie de personajes repulsivos reunidos en torno al cuerpo desnudo de la protagonista, quien no puede ocultar su desagrado y su temor una vez que el líder de la secta se abalanza sobre ella, dando inicio a una grotesca orgía cuyo supuesto objetivo es librar a Jane de la frigidez y la sensación de paranoia que ha provocado un serio quiebre en su relación con Richard y con el resto del mundo, sino que además una de estas secuencias incluye el asesinato ritual de un pequeño perro, escena que rápidamente se convierte en una de las más escabrosas de todo el film.

 

Resulta evidente que el film no tendría el impacto que posee si no fuese por la correcta labor del elenco participante. Edwige Fenech no solo se destaca por su innegable belleza y su desbordante sensualidad, sino que además por su capacidad de expresar de manera realista la sensación de pánico y desconcierto que siente su personaje cuando se da cuenta que es incapaz de distinguir que es real y que es producto de su volátil imaginación. El actor de origen uruguayo George Hilton por su parte, aun cuando su personaje solo obtiene unos pocos minutos de pantalla, logra interpretar de forma convincente a un hombre que no es del todo sincero con su pareja, lo que provoca que inevitablemente el espectador sospeche de sus verdaderas intenciones con Jane. Quien obtiene un mayor protagonismo en el film es Ivan Rassimov, quien interpreta a un misterioso hombre de penetrantes ojos azules que comienza a acosar a Jane sin motivo aparente. Pese a no tener muchas líneas de diálogo, Rassimov se alza como una presencia amenazante que provoca un gran impacto en el relato. En cuanto al aspecto técnico de la cinta, uno de los elementos más memorables de “Tutti i colori del buio” es el trabajo de fotografía de Miguel Fernández Mila y Giancarlo Ferrando. El trabajo de cámara se nutre constantemente de la belleza de los escenarios londinenses, al mismo tiempo que es el gran responsable del suspenso y los tintes surrealistas que presenta el relato. Todo esto es complementado por la atmosférica banda sonora del compositor Bruno Nicolai, la cual además cumple con realzar el tono psicodélico que domina algunos pasajes del film.

Si bien se podría argumentar que “Tutti i colori del buio” no es precisamente un giallo debido a la ausencia de algunos elementos visuales/narrativos característicos del género, como por ejemplo la presencia del clásico asesino enguantado, es innegable que el film de Martino conserva otros como el misterio, la paranoia, el erotismo, y la participación de un testigo ocular, el cual está encarnado en la figura de la inestable Jane. De hecho, el acto inaugural de la trama establece que Jane presenció cómo su madre fue asesinada, lo cual posteriormente es yuxtapuesto con la poca fiabilidad que ella posee como testigo. Y es que muchas de las situaciones que son exhibidas en la pantalla han sido filtradas y deformadas por la percepción personal de la protagonista, lo que provoca que gran parte de ellas no logren ser aceptadas como una certeza absoluta por el espectador. Probablemente el mayor problema de “Tutti i colori del buio” es la resolución del misterio que se esconde tras la peculiar situación de Jane, la cual no solo se siente algo apresurada, sino que además resulta algo tramposa y ambigua. Pese a esto, el film de Martino se alza como una entrada interesante dentro del género del giallo, gracias a la particular mezcla de elementos que posee la trama, a su dinámico ritmo narrativo, a su maravilloso aspecto visual, y a la presencia de una protagonista incapaz de distinguir si su sufrimiento es causado por los hombres que la rodean o por el mismísimo Diablo.



por Fantomas.

viernes, 23 de mayo de 2014

The Hunchback of Soho: Edgar Wallace, la Rialto y el cine a color.

"Der Bucklige von Soho" (1966), es un thriller del director Alfred Vohrer, el cual está protagonizado por Günther Stoll, Eddi Arent y Pinkas Braun.

Un misterioso jorobado (Richard Haller) ha estado estrangulado a jóvenes mujeres en las cercanías del barrio londinense de Soho. Al mismo tiempo, una joven llamada Wanda Merville (Monika Peitsch) es secuestrada por una peligrosa banda de criminales que buscan suplantarla para cobrar su millonaria herencia. Será responsabilidad del Inspector Hopkins (Günther Stoll) descubrir cómo estos hechos se conectan antes de que sea demasiado tarde para todos los involucrados en este peculiar caso.

 

Pese a que inicialmente fue planeada como una cinta en blanco y negro, el arrasador éxito que estaba teniendo el cine a color llevó al productor Horst Wendlandt a cambiar sus planes, convirtiendo a “Der Bucklige von Soho” en el primer film a color de la serie de adaptaciones de la obra del escritor británico Edgar Wallace realizada por la productora Rialto Film. Aunque Wendlandt no deseaba alejarse demasiado de la exitosa fórmula que ya había sido probada anteriormente en múltiples ocasiones, en esta oportunidad se vio obligado a realizar algunos cambios de último minuto en lo que al elenco se refiere. Debido a que previamente había asumido otros compromisos, el actor Joachim Fuchsberger tuvo que ser reemplazado por Günther Stoll, quien había adquirido cierta notoriedad por su trabajo en la miniserie “Melissa” (1966). Al mismo tiempo, la actriz Uschi Glas, quien originalmente había sido contratada para interpretar a Wanda Merville, abandonó la producción para participar en el western “Winnetou und das Halbblut Apanatschi” (1966), del director Harald Philipp. A raíz de eso, Monika Peitsch, quien hasta ese entonces había trabajado mayormente en televisión, se quedó con el papel de la joven heredera. Lamentablemente para Wendlandt, estos no serían los únicos problemas que enfrentaría la producción. La FSK, que no es otra cosa que la organización que está a cargo de la censura de la industria cinematográfica alemana, durante años censuró diversos segmentos del film, lo que provocó que circularan varias versiones de la cinta. Recién en el año 1991 se autorizó el estreno del corte del director, el cual entre otras cosas incluía la secuencia de créditos original y algunas escenas que en su momento se consideraron demasiado violentas como para ser exhibidas en las salas de cine del territorio alemán.

“Der Bucklige von Soho” comienza con el inexplicable asesinato de una joven a manos de un violento jorobado. Casi de manera simultánea, la joven Wanda Merville llega a Londres para cobrar la millonaria herencia que le ha dejado su fallecido padre. Al poco tiempo de su arribo a la ciudad británica, Wanda es secuestrada por el siniestro Alan Davis (Pinkas Braun), quien decide recluirla en un hogar para jóvenes que han tenido problemas con la ley, el cual está manejado por una respetable anciana llamada Lady Perkins (Agnes Windeck), quien coincidentemente es la tía de Wanda. La verdad es que Davis junto a varios secuaces, entre los que se encuentran una sádica institutriz (Gisela Uhlen) y el Reverendo David (Eddi Arent), están llevando a cabo una macabra operación criminal: mientras ellos utilizan a gran parte de las chicas que viven al interior de la institución como esclavas de su negocio de limpieza, las más “afortunadas” son trasladadas a un burdel clandestino donde son obligadas a desenvolverse como prostitutas. Con este escenario entre manos, será responsabilidad del Inspector Hopkins de Scotland Yard y de su torpe y libidinoso jefe, Sir John (Siegfried Schürenberg), descubrir el verdadero plan de los secuestradores y averiguar quiénes son todos los involucrados en esta peligrosa red de corrupción y muerte.

 

Si bien las producciones enmarcadas dentro del ciclo de adaptaciones de la obra de Edgar Wallace realizada por la productora Rialto jamás se caracterizaron por su profundidad dramática, curiosamente para muchos entendidos el comienzo de la utilización del color por parte de la compañía germana, daría pie al franco declive de la serie de films encabezados por el productor Horst Wendlandt. Aunque obviamente esta afirmación queda completamente sujeta a la subjetividad del espectador, es indiscutible que “Der Bucklige von Soho” marcaría un punto de inflexión dentro de la saga a lo menos en el aspecto visual de la misma. Si bien es imposible asegurar que todas las producciones filmadas previo al estreno de este film son ampliamente superiores tanto a nivel narrativo como técnico, es indiscutible que gran parte de las cintas posteriores presentaban guiones que incluían complicaciones algo innecesarias, y en ocasiones se volcaron de manera grosera hacia la comedia, lo que terminó restándole seriedad a las tramas policiales en las cuales se centraban. Para ser justos, todo esto no significa que la fórmula empleada en un principio por Wendlandt sufriera una mutación tal, que la serie cambiara drásticamente de dirección, convirtiéndose en un producto irreconocible para los seguidores de la misma, sino que ciertos elementos fueron intervenidos para evitar los problemas propios del evidente desgaste que estaba sufriendo el ciclo.

Más allá de la discusión antes expuesta, existe una suerte de consenso con respecto a que “Der Bucklige von Soho” está lejos de ser una de las mejores cintas de la saga, principalmente porque no cumple con la promesa que está explicitada en su sinopsis. En gran medida, el film de Vohrer es un ejemplo de una de las debilidades del cine alemán de género, la cual ha sido descrita por determinados críticos como simple cobardía. “Der Bucklige von Soho” como muchas otras producciones germanas de corte similar, es una película que pese a intentar convertirse en un film de explotación, principalmente mediante la inclusión de elementos propios de los dramas carcelarios, del cine de sexplotation, del género del horror y del cine europeo de espías, entre otros, no se atreve a dar el paso necesario para insertarse de lleno en temáticas más oscuras que finalmente cumplan con lo que en un determinado momento promete entregar la producción. Esta falta de valentía y compromiso con los tópicos que pretenden abarcar los films de Wallace, en muchas ocasiones resulta frustrante, y en gran medida explica la inclusión de quiebres cómicos cuya función principal es fragmentar cualquier intento por parte de los realizadores de retratar escenarios escabrosos de manera explícita.

 

En el ámbito de las actuaciones, si bien Günther Stoll interpreta al Inspector Hopkins con aplomo, gracias a lo cual lo convierte en un personaje creíble, este carece del carisma que ostentaban los detectives interpretados anteriormente por Joachim Fuchsberger y Heinz Drache. En el caso de Pinkas Braun, tal y como sucede en otras de las entradas de la serie, interpreta de manera correcta a un villano de rasgos psicopáticos, dispuesto a todo con tal de lograr sus objetivos. Sin embargo, quien en esta oportunidad se alza como el gran villano del film, es el personaje interpretado por Eddi Arent, quien suele ser recordado por los numerosos papeles que interpretó a lo largo del ciclo con una clara inclinación hacia la comedia. El Reverendo David no solo es un hombre inescrupuloso que se esconde tras una fachada de respetabilidad, sino que además es un asesino a sangre fría al cual incluso sus peligrosos asociados parecen temer. Por último, cabe mencionar la labor de Siegfried Schürenberg, quien una vez más interpreta de buena manera al impulsivo Sir John, personaje que en esta ocasión es el encargado de aportar con pequeñas dosis de comedia a una trama en general bastante retorcida. Por otro lado, en relación al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el siempre correcto trabajo de fotografía de Karl Löb, y la estrambótica pero adecuada banda sonora del compositor Peter Thomas.

Si bien gran parte de los films pertenecientes al ciclo de adaptaciones de la obra de Edgar Wallace lograban sobreponerse a sus problemas temáticos gracias a las virtudes de la dirección creativa de sus realizadores, a la locura proveniente de sus relatos en ocasiones confusos y frenéticos, y a la sensación de diversión que proyectaban los actores involucrados en dichas producciones, en esta oportunidad el director Alfred Vohrer no logra capitalizar una historia que en el papel a lo menos parecía interesante. Aunque el cineasta utiliza gran parte de los recursos que ocupó en sus aportes previos al ciclo, solo logra construir tres o cuatro escenas capaces de proyectar la locura reinante en gran parte de sus trabajos. Si algo deja en claro “Der Bucklige von Soho”, es que para el año 1966 los creativos a cargo de las adaptaciones cinematográficas de la obra Edgar Wallace se estaban quedando sin ideas. Mientras que el uso del color es una de las pocas innovaciones apreciables que presenta el film, este nuevamente se centra en la eterna lucha del bien contra el mal, y en la presencia de una damisela en desgracia, entre otras cosas. Pese a todas sus falencias, “Der Bucklige von Soho” se alza como una cinta entretenida, poseedora de un ritmo narrativo dinámico, la cual daría paso a una nueva etapa dentro del ciclo llevado a cabo por la Rialto, la cual se caracterizaría por su indiscutible irregularidad creativa.



por Fantomas.

sábado, 17 de mayo de 2014

Robot & Frank: La amistad no tiene botón de apagado.

“Robot & Frank” (2012), es un drama de ciencia ficción del director Jake Schreier, el cual está protagonizado por Frank Langella, James Marsden, Liv Tyler y Susan Sarandon.

En un futuro cercano, Frank (Frank Langella), un ladrón retirado, tiene dos hijos adultos que están preocupados porque creen que él ya no puede vivir solo. Pese a que están tentados a ponerlo en un asilo para ancianos, Hunter (James Marsden) elige una opción distinta: en contra de los deseos de su padre, le compra un robot humanoide que camina, habla y que está programado para mejorar su salud física y mental. Pese a su rechazo inicial, Frank pronto descubrirá en el robot a un amigo con el cual no tardará en planear su retorno al mundo delictual.

 

Algún tiempo después de haberse graduado de la Escuela de Artes Tisch, perteneciente a la Universidad de Nueva York, Jake Schreier y Christopher D. Ford comenzaron a albergar el deseo de realizar un largometraje. Para ello decidieron tomar como base el guión que había escrito Ford como parte de su tesis en Tisch, el cual Schreier había ayudado a producir. Alrededor del año 2002, cuando ambos aun eran estudiantes, comenzaron a mostrar un gran interés en el rápido desarrollo que estaba teniendo la tecnología, y en el impacto que esta tenía a diario en la gente común y corriente. A diferencia de otros retratos distópicos que han intentado relatar el auge de la tecnología en el cine moderno, los realizadores deseaban que “Robot & Frank” explorara el tema sin la necesidad de exponer un dilema moral al respecto. De acuerdo con Schreier, “la tecnología no es mala ni buena pero va a cambiar la forma en como nosotros nos relacionamos con el resto de las personas. No hay forma de detener eso.” Con la intención de que el film presentara una apariencia futurista sin alejarse demasiado de la realidad actual, la dupla de creativos le pidió a Justin Oullette de Tumblr que diseñara diversos aparatos electrónicos que posteriormente serían utilizados por los protagonistas, y a la empresa Alterian, conocida por su autoría en los diseños de vestuario de la banda de música electrónica Daft Punk, que diseñara el robot en el cual se centraría la trama, el cual se suponía que debía emular a los robots creados en Japón para el cuidado de personas enfermas.

En el film, Frank es presentado básicamente como una reliquia. Mientras vive sus días en solitario sumido en una rutina interminable, no puede evitar sentirse incómodo con la forma en como el mundo está cambiando a su alrededor. Lo que es peor, es que su memoria ha comenzado a fallar de manera notoria. Debido a la falta de actividades recreativas o de cosas que despierten su pasión por la vida, Frank mata el tiempo coqueteando con Jennifer (Susan Sarandon), la bibliotecaria del pueblo en el cual reside, y robando objetos sin mucho valor de una pequeña tienda de artículos para baño. Y es que durante su juventud, Frank solía trabajar como ladrón de objetos que nadie creía que podían ser robados. Evidentemente el robo hormiga que ahora realiza jamás podrá reemplazar la emoción que sentía cuando planeaba grandes robos, pero es lo único que él tiene. Eso hasta que uno de sus hijos le regala un robot. Su hijo, Hunter, no puede evitar preocuparse por el notorio deterioro de la memoria de su padre, y por como eso ha alterado su forma de vida. Aunque en un principio Frank se niega a la idea de tener un robot rondando por la casa, no le queda más remedio que aceptar el curioso regalo de su hijo ante la amenaza de que será internado en un asilo para ancianos si no logra convivir con su nuevo huésped mecánico.

 

Ante el temor de que la presencia de su nuevo cuidador altere su esquema de vida, Frank inicialmente sabotea cada uno de los intentos del robot por mantenerlo saludable e intelectualmente estimulado. Eventualmente y luego de muchas discusiones, Frank aprenderá que si bien el robot está programado con diversas directrices, ninguna de estas le impide quebrantar la ley. Para su sorpresa, quien comenzó como un intruso no deseado en su hogar, no tarda en convertirse en el cómplice perfecto para emprender una nueva oleada criminal, cuyo blanco será una pareja de jóvenes empresarios que pretenden convertir la vieja biblioteca que suele visitar en un lugar completamente digitalizado. Evidentemente, gran parte de la trama del film se centra en la relación que se forma entre la extraña pareja protagónica. Según aseguran los Gerontólogos, una de las mejores maneras de ralentizar o prevenir el deterioro cognitivo en los adultos mayores, es mantenerlos activos mediante la realización de actividades significativas. Con esto en mente, inicialmente el robot trata de incentivar a Frank a salir de excursión y a crear una pequeña huerta en el patio de su casa. Sin embargo, ninguna de estas actividades llama la atención de Frank. Cuando ambos logran encontrar un punto de encuentro, Frank no solo comienza a verlo como un verdadero amigo, sino que además comienza a comer mejor, demuestra una vitalidad que parecía perdida, y su memoria parece mejorar de manera significativa. El único problema es que las actividades que han estado realizando lamentablemente han llamado la atención de la policía local y de una de sus víctimas, lo que les traerá una serie de problemas.

El intercambio de pensamientos y creencias que se produce entre Frank y el robot, es una de las muchas herramientas que el director Jake Schreier y el guionista Christopher D. Ford utilizan para lidiar con el tema de la pérdida de la memoria y con el temor a volverse viejo y obsoleto. En cierta medida, ese mismo temor es el que lleva a Frank a retomar la senda criminal, ya que mediante los robos que él comete busca demostrar que su inteligencia y la experiencia que ha recopilado durante el transcurso de su vida, son herramientas suficientes para vencer cualquier tipo de avance tecnológico. Si bien los frutos de la relación de amistad que Frank mantiene con el robot son evidentes, durante todo el transcurso del film existen pequeños momentos que buscan recordarle al espectador que la salud mental del protagonista no se encuentra del todo bien. En ocasiones Frank se muestra desorientado, lo que lo lleva a pensar que su hijo aún se encuentra estudiando en la universidad, o que su restaurante favorito todavía permanece en funcionamiento, cuando la verdad es que dicho lugar cerró hace años. El director también plantea una interrogante relacionada con el grado de entendimiento que posee el robot acerca de Frank o del mundo que lo rodea. “Yo no soy un ser humano”, le recuerda constante a su dueño, quien no puede evitar ver en la máquina un atisbo de humanidad.

 

Obviamente el film no funcionaria de la forma en que lo hace si no fuese por la actuación de Frank Langella, quien se lleva todo el peso dramático de la historia. Langella no solo maneja a la perfección los sutiles toques de humor negro que presenta la cinta, sino que además retrata de manera realista a un hombre testarudo y solitario cuya memoria ha comenzado a marchitarse, el cual gradualmente va abandonando su rígida coraza ante la presencia de un robot con características casi humanas. El resto del elenco por su parte, también realiza una labor encomiable, ya que todos logran proyectar con éxito que su afecto y sus problemas con el protagonista son reales. Obviamente cabe destacar el trabajo de la actriz Rachel Ma, a quien se le encomendó la tarea de darle vida al robot, y de Peter Sarsgaard, quien le otorgó la voz al adorable cuidador mecánico. En lo que respecta al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de fotografía de Matthew J. Lloyd, y la banda sonora compuesta por la banda Francis and the Lights, la cual al igual que el resto de la producción se caracteriza por su belleza y su simplicidad, y por la forma en como acompaña perfectamente una historia que se supone acontece en un futuro cercano.

“Robot & Frank” bien puede ser reconocida como una de las pocas películas que utiliza ciertos elementos propios de la ciencia ficción para contar una historia, y no para montar un espectáculo lleno de luces y colores. Probablemente lo único criticable que presenta el film, es la inclusión de una subtrama romántica cuya única función pareciera ser la elaboración de un golpe de efecto que se presenta en la forma de una inesperada vuelta de tuerca. El gran mérito de la cinta de Schreier y Ford radica en el hecho que realiza varias cosas a la vez. Al mismo tiempo que elabora un certero comentario social sobre el envejecimiento y el cuidado que se debe tener con las personas que padecen de demencia, relata una enternecedora historia de amistad entre un hombre cuya vida ha quedado suspendida en el tiempo, y un robot que por momentos parece tener alma. En definitiva, “Robot & Frank” es sin lugar a dudas un film con una alta carga emocional, el cual invita al espectador a sumergirse en la pequeña aventura de un hombre que está luchando contra los problemas propios de la vejez, el cual es rescatado de un olvido autoimpuesto por una amistad que él jamás se hubiese imaginado que sería capaz de forjar.



por Fantomas.
Related Posts with Thumbnails