lunes, 6 de julio de 2015

Night Watch: Insomnio y horror en Londres.

“Night Watch” (1973), es un thriller del director Brian G. Hutton, el cual está protagonizado por Elizabeth Taylor, Laurence Harvey y Billie Whitelaw.

En medio de una tormenta, una mujer llamada Ellen Wheeler (Elizabeth Taylor) asegura haber visto un cadáver en la casa abandonada que está frente a su domicilio. Sin embargo, cuando la policía llega al lugar, no encuentra pruebas de que se haya cometido un crimen, por lo que atribuyen todo el suceso a la imaginación de Ellen. ¿Será que Ellen se está volviendo loca, o en verdad existe un asesino que se ha instalado en su vecindario y que pretende convertirla en su próxima víctima?

 

En el año 1973, el matrimonio de nueve años entre Elizabeth Taylor y Richard Burton estaba llegando a su fin, por lo que ambos actores quisieron enfocarse en sus respectivas carreras, las que no se encontraban precisamente en su mejor momento. En el caso puntual de “Night Watch”, esta película suele ser recordada como una de las pocas producciones protagonizadas en solitario por Taylor durante el tiempo que ella estuvo casada con Burton. El film también marcaría el reencuentro de la actriz con Laurence Harvey, con quien previamente había coprotagonizado el melodrama “Butterfield 8” (1960), por el cual Taylor ganó el Oscar a la mejor actriz. Basada en una obra de Lucille Fletcher, quien se hizo conocida gracias a las radionovelas que escribió a principios de los cuarenta, entre las cuales se encuentran “The Hitch-Hicker”, la que originalmente fue interpretada por Orson Welles en The Campbell Playhouse, y “Sorry, Wrong Number”, la que eventualmente fue llevada a la pantalla grande por el director Anatole Litvak, “Night Watch” en la superficie parece visitar un terreno familiar para aquellos relacionados con thrillers como “Gaslight” (1944), del director George Cukor, o con todas aquellas películas que ponen en duda la sanidad mental de sus protagonistas, como es el caso de “Sudden Fear” (1952), “Diabolique” (1955), o “Midnight Lace” (1960), entre otras. Sin embargo, a medida que va avanzando la trama, es posible darse cuenta que no todo es lo que parece ser.

En “Night Watch”, la ociosa y adinerada Ellen Wheeler intenta superar junto a su trabajólico esposo John (Laurence Harvey), el recuerdo del fallecimiento de su primer esposo (Kevin Colson), quien ocho años atrás tuvo un violento accidente automovilístico en el cual también perdió la vida su joven amante (Linda Hayden). Debido a la crisis nerviosa que le provocó toda la situación, Ellen ha tenido que lidiar con constantes pesadillas que han derivado en varias noches de insomnio, y con el hecho de que tanto su marido como su mejor amiga, Sarah Cooke (Billie Whitelaw), la traten como una persona cuya sanidad mental está a punto de quebrarse. Durante una particular y lluviosa noche de insomnio, Ellen ve a través de su ventana que en la casa abandonada que está cruzando la calle, han situado sobre una silla el cadáver de un hombre al cual le han cortado la garganta. Dado su historial psiquiátrico y su tendencia a la histeria, John no cree la historia de su esposa, pero de todas formas accede llamar a la policía para así poder tranquilizarla. Cuando la policía registra la vieja casa abandonada sin mayores resultados, y posteriormente descarta la posibilidad de que se haya cometido un crimen en el lugar, la paranoia de Ellen se intensifica a la par con la preocupación que tanto su marido como Sarah sienten por su salud mental, más aun cuando la mujer se obsesiona con comprobar que lo que vio aquella noche fue real.

 

A diferencia de lo que le sucede al personaje interpretado por James Stewart en el clásico de Alfred Hitchcock, “Rear Window” (1959), en esta oportunidad Ellen Wheeler no solo sufre por la posibilidad de que se estén cometiendo asesinatos a pasos de su casa, sino que también está sumida en una gran angustia a causa del fatal accidente que sufrió su primer marido hace ya algunos años, por el hecho de que nadie parece creer en sus palabras, ni siquiera sus más cercanos, y por la sospecha latente de que su actual marido la está engañando con su mejor amiga, quien se jacta de ser una persona liberal y de mantener una relación con un acaudalado y desconocido hombre casado. A medida que el film progresa, la protagonista intenta adormecer su dolor emocional y las extrañas visiones que la han estado atormentando durante las noches, con la ayuda de alcohol y pastillas que habitualmente le son administradas por su marido y su buena amiga, todo esto sin demasiados resultados. Muy por el contrario, su paranoia parece ir en aumento, así como también el número de cadáveres que asegura ver en la casa vecina. ¿Se están cometiendo crímenes horribles en la vieja casa abandonada que está cruzando la calle, o todo no es más que un producto de la perturbada imaginación de Ellen? ¿O quizás John está intentando volver loca a su mujer para luego asesinarla y quedarse con su fortuna? Las sorprendentes respuestas a estas preguntas solo serán contestadas por Brian G. Hutton en el impredecible final de la cinta.

A primera vista y con justa razón, “Night Watch” puede parecer un catálogo bastante típico de un gran número de clichés propios del cine de terror, entre los que se encuentran la damisela en peligro, el incesante sonido de los truenos y la lluvia entrelazado con el brillo enceguecedor de los relámpagos, la presencia de una vieja y lúgubre casa abandonada, la interacción del grupo de amigos y familiares incrédulos, la escasa ayuda de la siempre inoperante policía, y la intervención de diversos personajes cuyas actitudes hacen suponer que algo siniestro se traen entre manos. Solo una vez que el film llega a su tercio final, el espectador logra darse cuenta cómo Brian G. Hutton utiliza las convenciones del género del horror para su propio beneficio, logrando con esto manipular las expectativas de la audiencia, inclusive de aquella familiarizada con este tipo de relatos. El gran mérito de Hutton en “Night Watch”, es que el director logra construir una atmósfera dominada por el suspenso y la paranoia, y la mantiene durante todo el transcurso de la historia, capturando con esto rápidamente el interés del espectador. De hecho, a poco de comenzada la película, el director rápidamente establece el frágil estado psicológico de la protagonista mediante la inclusión de una serie de secuencias oníricas, que funcionan como parte de las piezas del rompecabezas que la audiencia está llamada a resolver, y que al mismo tiempo se alzan como la representación de los horrores reprimidos que Ellen Wheeler logra controlar con cierto éxito durante el día, pero que al caer la noche dominan por completo sus pensamientos.

 

Evidentemente, la estrella del film es Elizabeth Taylor, quien vestida con diversas tenidas elaboradas por el diseñador italiano Valentino específicamente para la ocasión, domina cada una de las escenas en las cuales participa. Aunque por momentos cae en la sobreactuación, Taylor termina otorgándole un grado importante de verosimilitud a su personaje, logrando que su frágil estado mental sea tan creíble como interesante. Apoyando la labor de la actriz, se encuentra la totalidad del elenco secundario, en especial Laurence Harvey, quien además de exhibir una gran química con su coprotagonista, le otorga a su personaje un cierto grado de ambigüedad que impide que el espectador distinga si se trata de un marido abnegado, o de un tipo codicioso e infiel. Quien también construye un personaje interesante es Robert Lang, actor que interpreta al extraño y sospechoso vecino de los Wheeler, quien pese a mostrarse molesto por el hecho de que la pareja ahora habita la casa que alguna vez perteneció a su familia, de todas formas no pierde oportunidad para mirar lascivamente a la protagonista. Por otro lado, en lo que se refiere al aspecto técnico del film, probablemente el aspecto más destacable sea el trabajo de fotografía de Billy Williams y la dirección de arte de Peter Murton, quienes son los grandes responsables del tono a ratos malsano que domina a la cinta y que rodea a la vieja casa abandonada que tanto obsesiona a Ellen. La banda sonora compuesta por John Cameron en cambio, pese a ser efectiva nunca alcanza la relevancia suficiente como para ser considerada un elemento clave a la hora de delinear la atmósfera de determinadas escenas.

Durante años, “Night Watch” ha sido una producción injustamente subvalorada, en gran medida porque fue estrenada en un periodo durante el cual Elizabeth Taylor atravesaba un mal momento profesional y personal, lo que empañó el trabajo de Hutton y compañía. Si bien es cierto que no se trata de una obra fundamental del género thriller psicológico, ni tampoco es una de las mejores películas de Taylor, no se puede negar que el director fusiona de manera interesante elementos del horror gótico, del grand guignol, e incluso del giallo, que por aquel entonces se encontraba en su peak de popularidad, para luego incluir un inesperado giro de tuerca que paradójicamente dota de originalidad a un producto plagado de clichés. Por otro lado está la actuación de Elizabeth Taylor y el resto del elenco, quienes le imprimen seriedad a todo el asunto e impiden que el film se convierta un ejercicio fallido de suspenso cinematográfico. Como dato anecdótico, Taylor y Harvey la pasaron tan bien trabajando juntos durante el rodaje de “Night Watch”, que comenzaron a hacer planes para coprotagonizar otro thriller de similares características en el futuro. Sin embargo, esto jamás sucedería ya que mientras filmaban la película, Harvey fue diagnosticado de cáncer estomacal, por lo que se cree que tuvo que lidiar con los intensos dolores provocados por su enfermedad durante gran parte del rodaje. Lamentablemente, Laurence Harvey fallecería tres meses después de que “Night Watch” fuese estrenada, dejando a cuestas una carrera plagada joyas a redescubrir.

por Fantomas.

martes, 30 de junio de 2015

Near Dark: La refrescante revisión del Western y el cine de vampiros de Kathryn Bigelow.

“Near Dark” (1987), es un film de horror de la directora Kathryn Bigelow, el cual está protagonizado por Adrian Pasdar, Jenny Wright y Lance Henriksen.

En una pequeña localidad rural, Caleb Colton (Adrian Pasdar) pasa las noches persiguiendo chicas y bebiendo alcohol con sus amigos. Sin embargo, cuando conoce a una hermosa muchacha llamada Mae (Jenny Wright), sin saberlo Caleb es arrastrado a un mundo dominado por el horror y el caos. Y es que Mae pertenece a una peligrosa banda de vampiros, los cuales han estado dejando una pila de cadáveres a su paso. ¿Estará Caleb dispuesto a pagar un alto precio por el amor de Mae y la vida eterna, o encontrará una forma de conquistar el mal que está creciendo en su interior con cada noche que pasa?

 

A mediados de los ochenta, en medio de la fiebre por las cintas slasher, las películas de vampiros nuevamente comenzaron a despertar el interés del público norteamericano, principalmente gracias a la aparición de cintas como “Fright Night” (1985) y “The Lost Boys” (1987), las cuales gozaron de un inesperado éxito comercial. Para ese entonces, la directora Kathryn Bigelow estaba considerando la idea de realizar un Western que escapara de las convenciones habituales del género. Sin embargo, cuando ella y el guionista Eric Red se percataron de que nadie estaba dispuesto a invertir en un Western, se vieron obligados a tratar de fusionar su idea original con los elementos de un género que gozara de mayor popularidad. Su interés en realizar una interpretación revisionista de la tradición cinematográfica, eventualmente llevó a la dupla a combinar dos géneros que ellos consideraban que merecían ser reinterpretados: el Western y el horror, específicamente aquel centrado en las historias de vampiros. De esta forma nació “Near Dark”, la cual fue la última película producida por la compañía DeLaurentiis Entertaiment Group, cuya bancarrota jugaría un rol importante en el desempeño comercial que finalmente tendría el film de Bigelow. Contrario a lo que se podría pensar, la combinación de estos dos géneros ya había sido llevada a la pantalla grande al menos en dos ocasiones, tanto en “Curse of the Undead” (1959), como en “Billy the Kid vs. Dracula” (1966).

Al inicio de “Near Dark”, Caleb Colton asume que está a punto de pasar otra aburrida noche en su pueblo natal, cuando de pronto se encuentra con una hermosa mujer llamada Mae, quien está parada afuera de una heladería. Tras acercarse a la muchacha y ofrecerle un aventón hasta su casa, los dos jóvenes emprenden rumbo hacia la oscuridad de la noche con la intención de conocerse mejor el uno al otro. De pronto, la improvisada cita toma un giro inesperado cuando Mae súbitamente comienza a pedirle a Caleb que la lleve a su casa de inmediato, ya que su vida depende de ello. Cuando Caleb se niega a encender su camioneta si es que Mae no accede a besarlo, esta sucumbe ante los encantos del joven y termina mordiendo su cuello. Con el sol asomándose por el horizonte, Mae rápidamente se larga a correr hacia un granero cercano, al mismo tiempo que Caleb comienza a darse cuenta que algo raro le sucede, y que su cuerpo está reaccionando de forma extraña a la luz del sol. Es entonces cuando es rescatado por los compañeros de viaje de Mae, un surreal clan de vampiros liderados por el intimidante Jesse (Lance Henriksen) y el sanguinario Severen (Bill Paxton), quienes se han estado alimentando de la sangre inocente de los habitantes de los pequeños pueblos del oeste norteamericano. Pese a percatarse de la peligrosa situación en la que se encuentra, Caleb opta por acompañar a su nueva “familia” no solo por la atracción que siente por Mae, sino que además por su nueva condición la cual dictamina que tendrá que aprender a matar si es que desea sobrevivir.

 

El gran mérito de Bigelow con “Near Dark” consiste en su habilidad para imprimirle nueva vida a un par de géneros que han sido explotados hasta el cansancio. En relación a la mitología del vampirismo, todo lo relacionado con el efecto del ajo, el uso de crucifijos o estacas en el corazón, y la incapacidad de los vampiros de reflejarse en los espejos, ni siquiera es mencionado. De hecho, la palabra “vampiro” no es utilizada en ningún momento durante el transcurso de la cinta. Lo que emerge del guion desarrollado por Bigelow y Red es una nueva estirpe de vampiros, los cuales se visten con trajes de cuero, se trasladan de un lugar a otro en casas rodantes, interactuando la mayor parte del tiempo como una cuasi familia disfuncional de marginados, y cuya única debilidad pareciera ser la luz solar. En gran medida, lo que Bigelow mejor hace es jugar con las expectativas del espectador. A causa de la vestimenta que ostentan, uno esperaría que Jesse y compañía utilizaran motocicletas para trasladarse, y no una casa rodante u otro tipo de vehículos familiares. Al mismo tiempo, una vez que son expuestos sus deseos asesinos, el espectador tiende a suponer que eventualmente va a presenciar numerosas escenas plagadas de violencia, y no necesariamente un puñado de escenas contemplativas llenas de angustia existencial y paradojas éticas. Por otro lado, si se considera su estilo de vida alternativo, resulta sorprendente no encontrarse con un grupo de personajes poseedores de egos incontrolables, sino que con una familia que se mantiene unida bajo lineamientos disciplinarios estrictos. Por último, contrario a la clásica representación romántica de los vampiros en el cine, dentro del clan de Bigelow es posible encontrar al desaseado y arrogante Severen, y a un adolescente malcriado llamado Homer (Joshua Miller).

Quien probablemente representa de mejor manera este poco tradicional enfoque del vampirismo, es el mismísimo Caleb, quien durante el transcurso del film se le puede ver tanto disfrutando como despreciando su nueva condición. Esto provoca que se convierta en un personaje complejo, que sufre de forma genuina por el destino que ha caído sobre sus hombros, pero que al mismo tiempo busca encajar dentro del grupo de vampiros para así poder estar cerca de Mae, aun a sabiendas de que esto lo alejará de su verdadera familia para siempre. “Near Dark” también le otorga nueva vida al Western hollywoodense. Aunque la realizadora incluye unas pocas tomas panorámicas del horizonte y de los escenarios desérticos del oeste norteamericano, emulando ciertas características estéticas del Western clásico, la verdad es que la mayor parte del tiempo se dedica a retratar escenarios suburbanos plagados de bares, luces de neón, calles pavimentadas, moteles, y bodegas industriales. Es el oeste, pero no precisamente el oeste habitado por los personajes que alguna vez interpretaron John Wayne o Gary Cooper. Bigelow dibuja un provocativo retrato del nuevo oeste norteamericano, uno donde los clubes nocturnos han sustituido a las tabernas, los automóviles han reemplazado a los caballos, y las casas rodantes han dejado en el pasado a las diligencias. Sin embargo, el espíritu reinante en el viejo oeste se ha mantenido intacto, lo que explica que los forajidos de turno sigan estando gobernados por un incombustible apetito capitalista que los lleva a consumir todo a su paso. En ese sentido, los vampiros del film no se diferencian de los vaqueros presentes en los westerns realizados durante los años cuarenta y cincuenta. Y es que básicamente Jesse y compañía han cambiado las ansias de tierra y ganado que dominaban al vaquero clásico, por una incontrolable sed de sangre.

 

Además de todo lo antes mencionado, la cinta también rediseña el concepto tradicional de la femme fatale expuesto de manera magistral en el film noir. Habitualmente, las femme fatale son presentadas como las agresoras, ya sea de forma activa o pasiva. Sin embargo, en “Near Dark”, Mae claramente es una observadora pasiva que termina sucumbiendo a los deseos lascivos de Caleb. Desde el primer minuto, él se presenta como el agresor, mientras que ella se encarga de advertirle que es preferible que mantenga la distancia. Como suele suceder con las femme fatale, es su sexualidad la que provoca que el protagonista se vea envuelto en un problema que escapa de su compresión, lo que no significa que Mae no simpatice con su situación y trate de ayudarlo de forma constante. En cierta medida, ambos están atrapados en una realidad con la que no están del todo felices, aun cuando Mae abraza con mayor entusiasmo su condición que Caleb. En esta vorágine sin control, ambos hacen lo posible por encontrar el romance en circunstancias adversas, pese a que dicho accionar eventualmente puede terminar provocando su propia destrucción. Esta dinámica no funcionaría tan bien si no fuese por la actuación de la dupla protagónica y de la totalidad del elenco secundario, en especial de Bill Paxton, quien sobresale como el villano más impredecible y sanguinario del film, particularmente en la recordada escena del bar.

Pese a todas sus virtudes, “Near Dark” no es un film de vampiros excepcional, pero si logra equilibrar con éxito diversos elementos que por lo general no es posible encontrar en películas de estas características. Entre las cosas a destacar, se encuentra la manera en como Kathryn Bigelow utiliza un escenario rural para relatar la historia de amor de una joven pareja, la cual se ve enfrentada a una serie de actos abominables en su afán por permanecer juntos. Dentro de este esquema, obviamente el clan de vampiros se convierte en el corazón y el alma de la historia, pero finalmente es la peculiar manera en la cual Bigelow incorpora los diversos elementos revisionistas, lo que separa a “Near Dark” del resto de los relatos de vampiros. Complementando el tono del film, se encuentra el estupendo trabajo de fotografía de Adam Greenberg, y la atmosférica banda sonora compuesta por el grupo de música electrónica alemán Tangerine Dream. Por otro lado, lo que podría considerarse como el lado menos amable de la producción, es la forma en como Caleb y Mae inician su relación, ya que su interacción resulta ser algo torpe y forzada, y está marcada por un incómodo intercambio de palabras que no conduce a ninguna parte. Al mismo tiempo, el adolescente interpretado por Joshua Miller es definitivamente el personaje más detestable del film, lo que no impide entender que su incorporación responde al deseo por parte de Bigelow de que el clan de vampiros se asemeje lo más posible a una verdadera familia. Con más pros que contras, probablemente la mejor forma de visionar “Near Dark” sea pensando que su progresión narrativa es similar a la de una montaña rusa; los primeros cuarenta minutos del film son el largo ascenso hasta la cima del viaje, mientras que el resto de la película se alza como el tramo más adrenalínico y entretenido de todo el trayecto.

por Fantomas.

lunes, 22 de junio de 2015

The Relic: Horror en el museo.

“The Relic” (1997), es un film de horror del director Peter Hyams, el cual está protagonizado por Penelope Ann Miller y Tom Sizemore.

Tras la llegada de un barco que trae valiosos ejemplares para el Museo de Historia Natural de Chicago, en cuyo interior se encuentra una serie de cadáveres horriblemente mutilados, la Dra. Margo Green (Penelope Ann Miller), una bióloga evolucionista que trabaja en el museo, y el teniente Vincent D´Agosta (Tom Sizemore), deciden unir fuerzas para intentar esclarecer las causas de tan atroces muertes, y cuál es su conexión con la nueva exhibición que está por inaugurar el museo.

 

“The Relic” está basada en la exitosa novela de horror del mismo nombre escrita por Douglas Preston, quien ejerció como periodista y director de relaciones públicas para el Museo Americano de Historia Natural de la ciudad de Nueva York, y el escritor y licenciado en literatura inglesa Lincoln Child. Lamentablemente para los productores del film, a raíz de que la novela retrataba de manera poco amable a los encargados de la administración del museo, y al temor de estos de que el contenido de la cinta ahuyentara a los niños del lugar, ellos eventualmente rechazaron la importante suma de dinero que la Paramount Pictures ofreció por utilizar el museo para ambientar la película. Tras este pequeño percance, los productores visitaron varios museos ubicados en Washington y Chicago cuya arquitectura se asemejaba al neoyorquino, antes de que los encargados del Museo Field de Historia Natural de Chicago se interesaran en el contenido de la novela, y facilitaran sus dependencias para el rodaje del film. Cabe mencionar que la elección del escenario principal de la historia no sería el único problema que enfrentaría la producción. Debido a que una buena parte del relato se desarrolla en una serie de túneles subterráneos cubiertos de agua, la salud de Tom Sizemore se vio mermada en dos ocasiones durante el proceso de rodaje, el cual eventualmente tuvo que ser suspendido por un tiempo cuando Peter Hyams se vio demasiado enfermo como para continuar trabajando.

El film comienza con el descubrimiento de una antigua reliquia ubicada en la jungla de Brasil. Bajo la suposición de que la estatua va a llamar la atención de un buen número de personas cuando sea exhibida bajo el marco de una exposición titulada “Superstición”, la cual va a llevarse a cabo en el Museo de Historia Natural de Chicago, un antropólogo llamado John Whitney (Lewis Van Bergen) aborda un barco junto con sus descubrimientos, con la intención de enseñárselos al curador del museo. Sin embargo, cuando el barco llega al puerto de Chicago, la policía encabezada por el teniente Vincent D´Agosta descubre que ha ocurrido una inexplicable masacre a bordo de la embarcación, la que aparentemente no ha dejado sobrevivientes. Mientras tanto, al interior del Museo de Historia Natural, la Dra. Margo Green, quien se especializa en el estudio del ADN y su evolución en las distintas especies, se sorprende al ver un par de cajas que aparentemente formaban parte del cargamento que transportaba Whitney. En su interior, no solo se encuentra con la ya mencionada estatua, sino que además viene una serie de hojas vegetales cubiertas por lo que parece ser una extraña especie de hongo. Cuando eventualmente uno de los guardias del museo es brutalmente asesinado en circunstancias similares a las víctimas del barco, el teniente D´Agosta comienza a pensar que puede existir un nexo entre ambos crímenes, por lo que decide pedirle ayuda a la Dra. Green y así intentar descubrir quién o qué está detrás de los asesinatos.

 

En gran medida, “The Relic” funciona bajo un esquema similar al que presentan las cintas que se desarrollan al interior de casas embrujadas. Y es que casi la totalidad de la acción se lleva a cabo al interior del espeluznante museo de Chicago, cuyos oscuros pasillos, sus desolados laboratorios, su intricado piso subterráneo, la atmosférica exhibición que está pronta a inaugurarse, y la red de túneles que parece albergar a la criatura que el Dr. Albert Frock (James Whitmore) señala como la posible encarnación de Kothoga, un mítico monstruo del bosque, se convierten en lugares donde el peligro acecha en cada rincón. Evidentemente, el guión también funciona como un homenaje a cintas tales como “Jaws” (1975), “Alien” (1979), y “Jurassic Park” (1993), entre otras. Esta idea es reforzada por la presencia de una protagonista que comparte gran parte de las características heroicas exhibidas por el personaje interpretado por Sigourney Weaver en “Alien”, quien también confía plenamente en su inteligencia a la hora de enfrentarse a la criatura. El teniente D´Agosta por su parte, se presenta como un policía sumamente supersticioso pero capaz, el cual está determinado a cerrar el museo hasta finalizar la investigación, aun cuando el mismísimo Alcalde de Chicago (Robert Lesser) lo está presionando para permitir que se lleve a cabo la gala inaugural de la exhibición “Supersticiones”, ya que el evento se propicia como la oportunidad perfecta para reunir fondos para su posible reelección.

Como es de suponer, la criatura termina irrumpiendo en la gala y no pasa mucho tiempo antes de que las cabezas comiencen a rodar. Es entonces cuando “The Relic” pasa de ser una película de terror con toques de ciencia ficción, a una cinta de desastres en la cual el museo se convierte en un verdadero circuito de obstáculos. Y es que al mismo tiempo que la electricidad comienza a fallar, todos los sistemas de alarma se vuelven completamente locos, provocando que los rociadores actúen sin control y que las enormes compuertas de seguridad amenacen con dejar a todos los asistentes a la gala atrapados al interior del museo, sin ninguna posibilidad de escapar del lugar. La poca consistencia narrativa que presenta el film, cuyo guión se pasea entre el género policial, la ciencia ficción, el horror y el cine de desastres, es probablemente su mayor falencia ya que no solo provoca que algunos giros de la trama carezcan de una explicación lógica o satisfactoria, sino que además merma de forma considerable los niveles de suspenso que alcanza la historia. Con respecto a esto último, en general se suele afirmar que en este tipo de películas entre más tiempo se mantenga el misterio sobre la real naturaleza del antagonista principal, más tensión se genera durante la espera de su gran revelación. Lamentablemente en este caso no ocurre precisamente eso, principalmente porque durante la primera hora de metraje la historia se diluye en los diversos aspectos de la investigación policial, al mismo tiempo que se enfatizan algunos elementos que tienen poca importancia para el desarrollo de la trama, y ciertos giros narrativos en apariencia más profundos son explorados solo de manera superficial.

 

En el ámbito de las actuaciones, tanto Tom Sizemore como Penelope Ann Miller realizan un trabajo interpretativo mucho mejor de lo que por lo general se suele ver en cintas de horror de estas características, ya que logran que sus personajes no solo resulten ser carismáticos, sino que además le otorgan un grado extra de credibilidad a la historia. Algo similar sucede con Linda Hunt y James Whitmore, quienes consiguen despertar el interés del espectador con sus respectivos personajes, aun pese a la poca exposición que estos tienen. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta destacable el correcto aunque algo opaco trabajo de fotografía de Peter Hyams, y la efectiva para rápidamente olvidable banda sonora del compositor John Debney. Sin embargo, quien se roba por completo la película son los efectos especiales creados por Stan Winston y su equipo de colaboradores. Para darle vida a Kothoga, Winston y compañía crearon tres criaturas cuyas cabezas eran manejadas por dos personas, al mismo tiempo que otro grupo de técnicos se encargaban de mover a control remoto los brazos, las garras, la boca y el resto del cuerpo del monstruo. Según relatan algunos de los involucrados en la producción, Winston se inspiró en una serie de invertebrados y arácnidos a la hora de diseñar a la bestia. Si bien gran parte de los efectos especiales creados por Winston han soportado de buena manera el paso del tiempo, no se puede decir lo mismo de aquellos creados digitalmente mediante el uso de computadoras, los cuales terminan restándole algo de espectacularidad a los efectos más “artesanales” diseñados por Winston.

En cuanto a sus niveles de horror y violencia, “The Relic” probablemente se encuentra uno o dos escalones por sobre la media de las cintas de la época, aun cuando estos se concentran principalmente durante la última media hora del film. Al método utilizado por Kothoga para acabar con sus víctimas, el cual consiste en desmembrarlas para así alimentarse de parte de sus cerebros, se suma una escena al interior de una sala de autopsia la cual contiene altas dosis de humor negro, y el intenso enfrentamiento final entre los protagonistas y la criatura. Aun cuando es innegable que “The Relic” es una cinta por sobre todo entretenida, es imposible no considerarla como un producto fallido incapaz de explotar todo su potencial. Mientras que por un lado la producción presenta una premisa básica interesante, en especial cuando se crea un nexo entre la criatura, la ciencia y una vieja superstición tribal, y además existen múltiples elementos que provocan que la cinta sea disfrutable incluso en la actualidad, particularmente durante el último tramo de la misma, donde además se entrega una explicación relativamente satisfactoria acerca del origen del monstruo, por otra parte la película presenta una serie de problemas que cuando emergen a la superficie, le recuerdan al espectador los motivos por los cuales el film de Hyams es solo una obra menor del género.

por Fantomas.

viernes, 17 de abril de 2015

The Cabinet of Caligari: La retorcida visión de la psiquiatria según Robert Bloch.

“The Cabinet of Caligari” (1962), es un thriller psicológico del director Roger Kay, el cual está protagonizado por Glynis Johns, Dan O´Herlihy y Richard Davalos.

Cuando el automóvil de la joven Jane Lindstrom (Glynis Johns) sufre un problema mecánico, ella decide caminar hasta el lugar habitado más cercano para pedir ayuda. Sin embargo, una vez ahí, sus problemas comienzan a empeorar de manera significativa; no solo es retenida en el lugar en contra de su voluntad por el dueño de casa, un siniestro hombre llamado Caligari (Dan O´Herlihy), sino que además este decide llevar a Jane por un lento y tortuoso camino hacia la locura, mediante la utilización de diversos juegos psicológicos en los que también participan algunos de sus invitados, quienes no parecen estar conscientes de lo que en verdad está sucediendo al interior de la casa.

 

Tras la exitosa adaptación que el director Alfred Hitchcock realizó de la novela “Psycho” en el año 1960, el escritor Robert Bloch decidió que era tiempo de probar suerte en Hollywood como guionista. Sin embargo, su aventura en la industria cinematográfica probaría ser más accidentada de lo que en un inicio pensó que sería. Tras trabajar como guionista en algunas series de televisión, a Bloch se le otorgó la oportunidad de escribir el guion del prácticamente desconocido thriller “The Couch” (1962), del director Owen Crump. Ese mismo año, el escritor consiguió involucrarse en otro proyecto que al menos en un principio parecía ser el indicado para impulsar su carrera hollywoodense. Sin embargo, “The Cabinet of Caligari” terminaría convirtiéndose en una verdadera debacle para Bloch. Para empezar, independiente del título del film, el cual fue sugerido por Roger Kay, este prácticamente no tiene nada que ver con el clásico del cine expresionista alemán dirigido por Robert Wiene durante la década del veinte, sino que muy por el contrario, la cinta presenta una mayor cantidad de similitudes con la historieta “Whirpool”, la cual fue escrita por Johnny Craig y publicada en la colección “Vault of Horror” de la editorial EC en el año 1953. Por otro lado, es por todos conocida la áspera relación que Bloch mantuvo con Kay durante el rodaje del film, lo cual quedó estampado en la autobiografía del escritor titulada “Once Around the Bloch”. En dicho libro, Bloch no escatima palabras para describir los numerosos intentos por parte de Roger Kay de despojarlo de la autoría del guion, actitud que probablemente sería en parte responsable del resultado del film.

En “The Cabinet of Caligari”, Jane Lindstrom es presentada como una mujer joven de espíritu libre, la cual mientras se encuentra manejando su automóvil por un solitario camino montañoso con destino desconocido, sufre un problema en uno de sus neumáticos, lo que la obliga a buscar ayuda en la palaciega casa del enigmático Doctor Caligari. Después de entablar una extraña e insinuante conversación, el dueño de casa le pide a su asistente Chris (Constance Ford) que prepare una de las habitaciones para su nueva “invitada”, quien está convencida que podrá seguir su camino una vez que amanezca. Sin embargo, la muchacha pronto se dará cuenta de lo equivocada que estaba; luego de descubrir que el Doctor no tiene interés alguno en dejarla ir, Jane se ve obligada a interactuar con los extraños invitados de su anfitrión, quienes parecen estar dominados por el influjo de Caligari ya que curiosamente no demuestran ninguna prisa por regresar a sus respectivos hogares. A medida que la estadía de Jane se prolonga de un par de horas a varios días, esta admite su rol de prisionera, pero no logra dilucidar el rol del resto de los invitados, lo que la lleva a desconfiar de todos aun cuando algunos intentan establecer un vínculo más cercano con ella. Impulsada por el temor que le provoca su captor y la posibilidad de perder por completo la cordura, Jane buscará superar su desconfianza y establecer algún tipo de alianza con el resto de los invitados de Caligari, para así poder escapar del lugar antes de que sea demasiado tarde.

 

Ya para el año 1962, la industria hollywoodense había logrado adaptarse de manera satisfactoria al nuevo esquema reinante luego de la estrepitosa caída del Sistema de los Estudios a fines de la década del cuarenta. Una vez que los productores entendieron que podían obtener recursos mediante la explotación de diversos medios de comunicación, los creativos pudieron respirar tranquilos porque se les abría un abanico de posibilidades para poder plasmar sus ideas. En gran medida, “The Cabinet of Caligari” se benefició de esta renovada atmósfera laboral, la cual provocó una proliferación de nuevos rostros al interior de la industria, y desencadenó un ferviente deseo por parte de un buen número de realizadores y productores de experimentar con ideas comercialmente riesgosas. Desde prácticamente el inicio del film, Roger Kay no solo deja en evidencia que la historia posee un distorsionado sentido del espacio/tiempo, sino que además existe una fascinación voyerista con la figura de Jane Lindstrom. Esto pavimenta el camino para la exploración de temas como el ya mencionado voyerismo, el fetichismo, la sexualidad, la desorientación, la paranoia y la incomodidad, los que en conjunto conducen al film a los terrenos del terror psicológico. Al mismo tiempo, la atmósfera enrarecida que domina al relato se refuerza gracias a la presencia de diversos diálogos pintorescos, y de una serie de imágenes surrealistas que buscan sorprender e incomodar tanto a la protagonista como al espectador.

Como se indica anteriormente, más allá del título, la cinta de Kay tiene una escasa relación con el ya mencionado clásico “Das Cabinet des Dr. Caligari” (1920). De hecho, el nexo entre ambas producciones se limita a la utilización de algunos de los preceptos del expresionismo alemán en una de las escenas finales de la película de Kay, y a la exploración del abordaje manipulador de la psiquiatría. De hecho, el film no solo expone a la psiquiatría como una disciplina enfermiza y retorcida, sino que además critica varios aspectos de la vida moderna. Esta noción es reforzada a través de la actitud de Caligari, quien parece demostrar un especial interés en la vida sexual y las fantasías de la protagonista, por lo que ante las constantes negativas de Jane de satisfacer sus morbosos deseos, el buen doctor busca que la muchacha reaccione espiándola por un tragaluz mientras esta toma un baño. La curiosidad voyerista de Caligari es complementada por una serie de juegos mentales, los cuales culminan con la respuesta desesperada de Jane, quien cree que la única forma de frenar los constantes avances de su captor, es revelando la supuesta impotencia que se esconde tras su conducta lasciva. Las metáforas tanto sutiles como evidentes abundan en el guion escrito por Robert Bloch, siendo la más llamativa aquella que se plasma en una secuencia en la que la protagonista se ve atrapada en un laberinto expresionista una vez que descubre el horrible secreto que esconde Caligari, lo que obviamente no hace más que representar el caos psicológico que ha desencadenado la irrupción del doctor en su vida.

 

En el ámbito de las actuaciones, Dan O´Herlihy realiza un estupendo trabajo interpretando a Caligari, ya que no solo lo convierte en un personaje enigmático, sino que además logra establecerlo como un villano despreciable y retorcido. La labor de Glynis Johns en cambio es sumamente irregular, ya que mientras que por un lado logra expresar de manera creíble un gran rango de emociones mientras intenta establecer alianzas con los otros personajes que visitan la casa de Caligari, solo para descubrir que nadie parece realmente dispuesto a rescatarla de la situación que la tiene al borde del colapso, en diversos pasajes del film no puede evitar caer en una sobreactuación que le resta impacto a la historia, y que destruye por completo la atmósfera paranoica y surrealista que intenta establecer el director. En relación al elenco secundario, si bien todos realizan un trabajo correcto, la verdad es que nadie se destaca demasiado ya que en su totalidad interpretan a personajes unidimensionales que no logran despertar el interés del espectador. Por otro lado, en lo que respecta al aspecto técnico del film, el atmosférico pero algo irregular trabajo de fotografía de John L. Russell, es complementado con la banda sonora compuesta por Gerald Fried, la cual realza de manera efectiva tanto los momentos dramáticos como aquellos más cargados al terror psicológico.

La principal debilidad del guion escrito por Bloch es que la revelación final resulta ser algo predecible, lo cual sumado a la inclusión de escenas innecesarias repletas de diálogos que carecen de una real coherencia o importancia para el desarrollo de la trama, provoca que la cinta se sienta algo pesada y larga. Al mismo tiempo, la irregularidad interpretativa de su protagonista por momentos facilita que el espectador pierda interés en su dilema y su eventual destino. Comercialmente hablando, “The Cabinet of Caligari” tuvo un pobre desempeño en las salas de cine, principalmente porque la Twentieth Century Fox decidió promocionar el film como una cinta de terror, siendo que en verdad es un thriller psicológico en toda su regla, lo que obviamente decepcionó a los espectadores que esperaban ver un producto similar a “Psycho”, o que sencillamente que añoraban encontrarse con un remake de la obra de Robert Wiene. Pese a sus falencias, “The Cabinet of Caligari” es claramente un film que triunfa al momento de exhibir una serie de determinados objetos y situaciones familiares bajo un prisma distorsionado y siniestro, y que al menos expone de manera interesante el tema de las realidades subjetivas y la complejidad que se esconde tras la disciplina de la psiquiatría, lo que al final del día provoca que la colaboración de Bloch y Kay califique al menos como una curiosidad a descubrir para el espectador ávido de este tipo de relatos.

por Fantomas.

lunes, 6 de abril de 2015

The Devil-Doll: El ataque de los humanos en miniatura.

“The Devil-Doll” (1936), es un film de terror del director Tod Browning, el cual está protagonizado por Lionel Barrymore, Maureen O´Sullivan y Frank Lawton.

Encarcelado injustamente durante 17 años por un robo y un asesinato que nunca cometió, Paul Lavond (Lionel Barrymore) escapa de prisión en compañía de Marcel (Henry B. Walthall), un científico que ha estado desarrollando una fórmula para miniaturizar a las personas a un sexto de su tamaño original, con el fin de resolver la falta de recursos que amenaza a la Tierra. Sin embargo, dicha fórmula terminará siendo utilizada por Lavond para llevar a cabo su ansiada venganza, la cual planeará desde una modesta tienda de muñecas ubicada en Paris.

 

Aunque tuvo una carrera envidiable como director, para el momento en que comenzó a filmar “The Devil-Doll”, Tod Browning era un hombre muy distinto al cineasta que alguna vez fue. Junto con figuras como Lon Chaney Sr. y Bela Lugosi, entre otros, Browning sorprendió y aterrorizó a los espectadores durante prácticamente veinte años. Sin embargo, su lucha con los censores, los críticos y la audiencia durante el proceso de rodaje y el posterior estreno de “Freaks” (1932), lo dejó convertido en un hombre distante y frágil. “The Devil-Doll”, cinta la cual estaría basada en la novela “Burn Witch Burn”, del escritor Abraham Merritt, y cuyo guion fue escrito por Garrett Fort, Guy Endore y Erich von Stroheim, sería el penúltimo trabajo de Browning antes de que el director se alejara de las cámaras hasta su fallecimiento en 1962. Aunque en cierta medida la cinta presenta algunos ecos siniestros que traen a la memoria parte de los primeros trabajos del realizador, particularmente dramas como “The Wicked Darling” (1919) y la comentada “The Unholy Three” (1925), la verdad es que la película terminó trascendiendo en gran medida por la actuación del elenco participante, la inclusión de efectos especiales sumamente bien orquestados, y la mezcla de diversos y curiosos giros dramáticos que dificultan su encasillamiento dentro de un género determinado.

“The Devil-Doll” presenta una premisa bastante inverosímil: Paul Lavond, quien alguna vez fue el prestigioso presidente de un banco, escapa de prisión tras 17 años de encarcelamiento, jurando vengarse de sus tres socios banqueros que lo acusaron de un crimen que no cometió. Junto a él escapa un hombre llamado Marcel, un científico que pese a ir gravemente enfermo, logra guiar a Lavond hasta su viejo laboratorio. En dicho lugar vive su esposa Malita (Rafaela Ottiano), y una sirvienta llamada Lachna (Grace Ford), quienes durante la ausencia de Marcel han estado trabajando en una fórmula que busca miniaturizar a diversas criaturas vivientes, con el objetivo de resolver el problema de recursos que trae consigo la sobrepoblación de la Tierra. El único problema con dicha fórmula, es que una vez el sujeto es empequeñecido, este pierde por completo su voluntad y debe ser guiado mediante un proceso de control mental, lo que automáticamente lo convierte en esclavo. Mientras Marcel intenta probar la fórmula en su sirvienta, su situación empeora y fallece de forma súbita. Perturbada por la muerte de su marido, Malita jura terminar su trabajo, para lo cual le pide ayuda a Lavond. A sabiendas que Malita y su peculiar fórmula pueden servirle para llevar a cabo su venganza, Lavond acepta ayudar a la mujer y muda la operación a Paris, donde no solo sus antiguos socios se encuentran disfrutando de su fortuna, sino que además vive su hija Lorraine (Maureen O´Sullivan), a quien no ha visto durante años. Sin embargo, vengarse no será una tarea sencilla, ya que para evitar ser atrapado por la policía, Lavond se ve obligado a tomar la identidad de Madame Mandilip, una viejecita que ejerce como dueña de una modesta tienda de muñecas.

 

Como es de esperarse, para cumplir con su venganza, Lavond utilizará a algunos de los sujetos de prueba de Malita y Marcel para en una primera instancia atraer a su tienda a uno de sus ex-socios llamado Victor Radin (Arthul Hohl), invitándolo a participar financieramente en la fabricación de supuestos juguetes capaces de interactuar con su dueño, con el solo objetivo de someterlo a la fórmula desarrollada por su fallecido amigo, y convertirlo junto a Lachna en uno de los peones de su peculiar plan. Mientras esto es llevado a cabo, se desarrolla la que probablemente es la subtrama más importante que presenta el film, la cual se centra exploración de la fragmentada relación padre e hija que existe entre Lavond y Lorraine, tema recurrente dentro de la filmografía de Browning. La muchacha, quien no sabe que en realidad de su padre es inocente de los crímenes que se le imputa, lo odia por haberla abandonado a ella, a su madre y a su abuela (Lucy Beaumont), y dejarlas a merced de los embates de la pobreza. Además de esto, Lorraine es incapaz de perdonar el hecho que el exilio obligado de su padre, terminó provocando el suicido de su madre quien no pudo soportar la precaria situación en la que quedaron. Todo esto y la actual situación laboral de Lorraine, quien trabaja en dos lugares a la vez para así poder sobrevivir junto a su abuela, no solo enardece los deseos de venganza de Lavond, sino que además lo lleva a buscar la confesión de sus antiguos socios para así tener alguna posibilidad de recuperar el amor de su hija. Lorraine por su parte, está involucrada sentimentalmente con Toto (Frank Lawton), un modesto taxista con quien se niega a contraer matrimonio por el estigma de tener un padre criminal.

Más allá de la cuasi surrealista puesta en escena, “The Devil-Doll” prueba ser una película entretenida y bien realizada. Tod Browning una vez más demuestra ser un director competente, y el elenco en general realiza una labor formidable. Con respecto a esto último, Lionel Barrymore interpreta de manera fantástica tanto a Paul Lavond como a Madame Mandilip. Aun cuando su transformación en una anciana en un principio resulta ser una verdadera distracción, ya que inevitablemente su disfraz posee un efecto cómico involuntario, a medida que avanza el film Madame Mandilip se convierte en una prueba de las habilidades actorales de Barrymore. Y es que el actor realiza una interpretación increíblemente convincente de una anciana claramente siniestra, lo que colabora enormemente a despertar el interés del espectador en el posible desenlace de la historia, y en particular en el destino del protagonista. Junto a Barrymore es necesario destacar a Rafaela Ottiano, quien interpreta a su demente asistente, Malita. Sus expresiones faciales, y particularmente la intensidad de su mirada, la convierten en la encarnación perfecta de la locura. Junto con esto, el simple hecho de que Malita posea un impedimento físico, que constantemente se desenvuelva en oscuros sótanos y elaborados laboratorios, y que su cabello evoque al personaje que Elsa Lanchaster interpretó en “Bride of Frankenstein” (1935), la convierten en el nexo más importante de la cinta con el género del horror, lo cual evidentemente le otorga una importancia especial dentro del relato.

 

Por otro lado, los efectos especiales presentes en “The Devil-Doll” son sencillamente excepcionales. Esto queda patente en aquellas escenas en las que la gente en miniatura se desenvuelve con bastante naturalidad en los ambientes que conservan su tamaño original. En relación a esto, resulta ser particularmente impresionante la secuencia en la cual Lavond infiltra a Lachna en la casa de uno de sus enemigos llamado Emil Coulvet (Robert Greig), con el objetivo de envenenarlo y robar las valiosas joyas de su esposa. Es así como es posible ver como la pequeña Lachna escala hasta el mesón de un tocador, retira varias gemas del interior de un joyero inmenso, para luego lanzarlas por un balcón bajo el cual está escondido Lavond, y finalmente se las ingenia para subirse a una cama la cual se presenta como una montaña gigantesca ante sus ojos, con el fin de apuñalar a Emil con un microscópico estilete envenenado. Esta y otras escenas son orquestadas brillantemente por Browning mediante el uso diversos efectos de fotografía y sets de tamaño aumentado, gracias a lo cual siguen manteniendo intacto su encanto pese a los estándares actuales. Complementando estas imágenes y la peculiar mixtura de géneros e influencias que presenta el film, se encuentra el atmosférico trabajo de fotografía de Leonard Smith, y la efectiva banda sonora del compositor Franz Waxman, aun cuando esta por momentos es más propia de un melodrama.

“The Devil-Doll” es evidentemente una obra atípica poseedora de una serie de características distintivas, donde se destaca la fusión de elementos propios de los géneros de la ciencia ficción, el horror y el melodrama, y la presencia de una llamativa científica loca. Al mismo tiempo, parte del atractivo que posee la película descansa en el retorcido sentido del humor de Browning, el cual queda mayormente reflejado en las escenas en las que participa Malita, quien parece volverse adicta a miniaturizar humanos. Teniendo en cuenta la seguidilla de circunstancias que relata la cinta, en donde claramente el protagonista hace las veces de antihéroe, y como tal, comete una serie de actos moralmente cuestionables, causa extrañeza que desde la Oficina Hays no hayan tenido mayores reparos con el contenido de la historia, aunque de todas formas obligaron a Browning a incluir un final moralista donde Lavond expía sus crímenes, cosa que ocurre durante una escena cargada al melodrama que se desarrolla arriba de la Torre Eiffel, en la que los personajes de Barrymore y O´Sullivan expresan un dolor palpable en sus rostros debido a que ambos saben que están aceptando una mentira. Curiosamente, es quizás este exceso de melodrama lo que le resta algo de impacto a “The Devil-Doll”, film el cual si bien no puede considerarse como un verdadero clásico del cine de terror, si puede ser identificado como una buena muestra del coral temático existente en el cine de Tod Browning.

por Fantomas.

lunes, 30 de marzo de 2015

Millions: Varios santos, cientos de libras y una pareja de niños.

“Millions” (2004), es una comedia del director Danny Boyle, la cual está protagonizada por Alex Etel, Lewis McGibbon y James Nesbitt.

Cuando el asalto a un tren sale mal, una enorme valija llena de libras esterlinas cae desde el cielo y aterriza en las manos de un niño de siete años llamado Damian (Alex Etel), y de su hermano mayor Anthony (Lewis McGibbon). En este caso, solo hay una cosa que puede hacerse: gastarlas como si no hubiera un mañana. Y esto por una sencilla razón: en doce días, Gran Bretaña adoptará el Euro y todas las libras esterlinas irán a parar al incinerador.

 

A principios de la década del 2000, el escritor y guionista Frank Cottrell Boyce se embarcó en un ambicioso proyecto que involucraba la confección de un guión que sería filmado por el director británico Danny Boyle, y su posterior adaptación al formato literario, el cual sería publicado a la par con el estreno del film. “Ahora parece algo sacado de la ciencia ficción”, musita Boyce en el audio comentario presente al inicio del DVD de “Millions”. Durante ese mismo audio comentario, ambos recuerdan los esfuerzos que tuvieron que realizar para estrenar la cinta a tiempo, justo cuando Gran Bretaña estaba considerando adoptar el Euro tal y como lo habían hecho gran parte de los países pertenecientes a la Unión Europea (cosa que aún no sucede). “No es culpa del dinero que este sea robado”, declara en un pasaje del film Anthony Cunningham, quien a sus nueve años de edad es bastante más realista que su pequeño hermano de siete años, Damian. Por lo tanto, no es culpa de ellos que un bolso que contiene 265.000 libras esterlinas, el cual cayó de un tren en movimiento directamente sobre el lugar de juego de Damian, ahora se encuentre escondido debajo de su cama. Esa es precisamente la lógica que Boyle y Boyce utilizan para reflejar una realidad que va más allá de un simple hito financiero que marcó una época, y que busca explorar las formas maravillosas en como los niños ven el mundo.

Como se menciona anteriormente, “Millons” se centra en Damian y Anthony, quienes se han mudado junto a su padre (James Nesbitt), el cual ha enviudado recientemente, a un nuevo suburbio ubicado en las afueras de Liverpool. Mientras se encuentran en pleno proceso de mudanza, para matar el tiempo Damian construye un elaborado fuerte hecho de cajas de cartón desechadas, a orillas de las líneas del tren que pasan cerca de su nueva casa. Cierto día, mientras Damian se encuentra jugando en su interior, un bolso repleto de dinero se estrella contra uno de los muros del fuerte, desencadenando su colapso. Si bien el dinero fue arrojado de un tren en movimiento, Damian está seguro que le ha sido enviado por Dios. Y es que él es un niño especial el cual posee un conocimiento enciclopédico de los santos, y que constantemente imagina que es visitado por los héroes del martirio cristiano, a los cuales aprovecha de preguntarles si se han encontrado con Santa Maureen, su madre fallecida. Más allá de las alucinaciones de Damian relacionadas con su catolicismo, el dinero que le ha caído del cielo es real, y ahora él y su hermano se disponen a gastarlo. Mientras que Anthony cree que es más costo-eficiente ocupar el dinero para sobornar a sus compañeros de colegio y comprar propiedades, Damian impulsado por el consejo de San Francisco de Asís, desea darle el dinero a los pobres para así ganarse un lugar en el cielo junto a su madre. Afortunadamente, Boyle y Boyce son lo suficientemente inteligentes como para establecer un límite de tiempo para que los niños decidan qué hacer con el dinero, el cual está relacionado con el supuesto cambio de moneda que el Reino Unido está a punto de adoptar, lo cual le imprime una divertida sensación de urgencia a todo el asunto.

 

Resulta a lo menos curiosa la relación que Damian mantiene con los santos cristianos. Para el niño, las apariciones de los santos son algo completamente normal, y van de la mano con su marcado catolicismo. En ese sentido, gracias a que Boyle narra la historia desde el peculiar punto de vista del niño, el espectador es capaz de aceptar que dichas apariciones están ligadas al mundo real, y que no son solo el producto de la activa imaginación de Damian. Esta idea incluso es reforzada por el director en una escena en la que San José reemplaza al protagonista durante parte de su participación en una obra estudiantil acerca del nacimiento de Jesús, cuando este se ve obligado a huir de la amenazante presencia del villano de turno (Christopher Fulford). Al mismo tiempo, pese a su apariencia y a que claramente provienen de una época completamente distinta, los santos de Boyle se presentan como hombres contemporáneos capaces de utilizar un lenguaje coloquial, con la excepción de San Nicolás quien es el único que le habla a Damian en latín, lenguaje el cual aparentemente el niño entiende a la perfección. Cabe mencionar que en la versión literaria de “Millions”, Frank Cottrell Boyce enfatiza la fijación de Damian con los santos, así como también su fascinación por la mortificación y su obsesión con la realización de buenas obras, lo que lo convierte un marginado social. De hecho, su comportamiento en la novela es bastante más extremo, lo que eventualmente lo lleva a estar bajo tratamiento psicológico. Que el comportamiento de Damian haya sido “normalizado” en el film, probablemente responde al hecho que para que la historia funcione, Boyle era consciente que el protagonista debía ser un personaje que despertara la empatía del espectador, y no que este último se limitara solo a catalogarlo como un chico raro.

Más allá del dinero y los santos, la historia que intenta relatar “Millions” tiene que ver con las vidas de los niños, de su padre, y de Dorothy (Daisy Donovan), una mujer que trabaja en una organización de caridad y que se encuentra con una pequeña fortuna durante su paso por el colegio en el cual estudian Damian y Anthony. Por un lado, el dinero se presenta como una pequeña distracción para la pareja de niños, los cuales aún están lidiando con las consecuencias de la muerte de su madre. Mientras ellos piensan que hacer con su nueva fortuna, su padre no parece estar demasiado bien; no solo expresa sentirse algo aislado del resto del mundo, lo que de forma automática le niega cualquier posibilidad de rearmar su vida junto a otra mujer, sino que además toda la situación que está experimentando lo ha distraído a tal punto, que no ha logrado proteger a sus hijos del villano de turno, quien tras realizar el robo perfecto ahora está rondando el vecindario con el objetivo de encontrar el dinero que ha perdido. Probablemente una de las cosas más impresionantes de “Millions”, es que estos temas son explorados utilizando un mínimo de sentimentalismo, el cual es reemplazado con generosas dosis de humor negro. Por ejemplo, resulta ser particularmente divertido como los niños utilizan la muerte de su madre para obtener cosas gratis en diferentes lugares, o como los cuatro personajes protagónicos en un frenesí de codicia e ingenuidad, logran afianzar sus lazos mientras intentan cambiar sus libras por euros en diversos bancos londinenses.

 

Uno de los puntos altos del film claramente es la elección de su elenco. Alex Etel y Lewis McGibbon realizan un estupendo trabajo interpretando sus respectivos roles. Y es que no solo logran que Damian y Anthony se presenten como dos niños peculiares pero extremadamente queribles, sino que además evitan caer en el exceso de dramatismo, impidiendo de esta forma que su comportamiento sea identificado como el producto de una realidad trágica que en algún grado los empuja a marginarse del resto de la sociedad. Lo que es aún más importante, es que la historia les permite demostrar que son increíblemente inteligentes, algo que queda patente en la mayoría de sus diálogos, como por ejemplo cuando Anthony expone la teoría de que quizás es mejor cambiar las libras por dólares, para luego cambiar la moneda norteamericana por euros una vez que esta última viera mermado su valor tras su salida inicial. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta necesario destacar el correcto trabajo de fotografía de Anthony Dod Mantle, el cual se complementa de manera perfecta con el interesante juego de cámaras utilizado por Boyle. De la misma forma, la banda sonora compuesta por John Murphy acompaña de forma perfecta la intencionalidad de las imágenes, así como también lo hacen las dos canciones de la banda británica Muse que son utilizadas durante el transcurso de la historia. Por último, según Boyce y Boyle, el diseño de producción de Mark Tildesley resultó ser una pieza fundamental en la concreción de su visión inicial, en especial en aquellas escenas en las que los santos católicos desfilan ante los ojos de Damian.

El gran problema con “Millions” es que tras la primera hora de metraje, la historia central comienza a perder fuerza y se ve amenazada por la aparición de diversas subtramas. Sin embargo, las falencias que presenta el guión son superadas en gran medida gracias a la interpretación de la dupla protagónica, y a las fortalezas temáticas que se exhiben durante la primera mitad de la cinta. En cierta forma, “Millions” podría ser considerada como la reinterpretación realizada por Danny Boyle y Frank Cottrell Boyce del film “A Simple Plan” (1998), del director Sam Raimi, cuyo producto fue esta divertida parábola navideña contemporánea. Evidentemente, el concepto de que un grupo de personas súbitamente se encuentre con una gran suma de dinero no es nuevo, y de hecho ha estado presente dentro del espectro cinematográfico por al menos medio siglo. Lo que resulta original de esta película, es la forma en como el dinero es utilizado como un medio mediante el cual los hermanos descubren cómo funciona el mundo, y que es lo realmente importante en sus vidas. Por otro lado, si bien la secuencia final en la que los protagonistas supuestamente visitan una aldea africana resulta ser algo innecesaria, hay que reconocer que responde al tono del film. Mal que mal, uno de los requisitos de la santidad es la realización de un milagro, y ya que Damian está claramente en búsqueda de dicha santidad, la secuencia final es una licencia que tanto los protagonistas como el espectador son capaces de aceptar sin mayores condiciones.

por Fantomas.

viernes, 20 de marzo de 2015

The Iron Giant: Tú eres quien escoges ser.

“The Iron Giant” (1999), es un film animado del director Brad Bird, el cual está protagonizado por Jennifer Aniston, Eli Marienthal y Vin Diesel.

Un robot de dimensiones gigantes (Vin DIesel) ha llegado desde el espacio tras chocar contra la Tierra. Hogarth Hughes (Eli Marienthal), un niño de nueve años que vive en el Maine de la década del cincuenta junto a su madre Annie (Jennifer Aniston), lo encuentra y decide llevárselo a su casa para cuidarlo. Ahora Hogarth no solo tendrá que ingeniárselas para esconder al robot, sino que también deberá protegerlo de un agente del gobierno llamado Kent Mansley (Christopher McDonald), quien está sobre la pista de “la invasión alienígena”, y está decidido a usar toda la fuerza del ejército de los Estados Unidos para acabar con el gigante.

 

A mediados de los ochenta, el poeta Ted Hughes escribió la novela “The Iron Man” para sus propios hijos. En 1986, una vez que la novela se publicó, el músico Pete Townshend se fijó en ella para desarrollar un musical que sería lanzado tres años más tarde bajo el título, “The Iron Man: A Musical”. Cuando este trabajo fue llevado al teatro a principios de la década del noventa, el director artístico Des McAnuff consideró que la obra “The Iron Man” poseía un innegable potencial cinematográfico, opinión que fue compartida por los estudios Warner quienes adquirieron los derechos de la novela. A fines de 1996, cuando el proyecto estaba parcialmente desarrollado, se le ofreció la dirección del film a Brad Bird, quien hasta ese entonces trabajaba en el departamento de animación de la compañía Turner Entertaiment. Afortunadamente para Bird, gozó de una gran libertad creativa, pese al temor que el fracaso de la cinta animada “Quest for Camelot” (1998) había detonado al interior de los estudios Warner. La falta de entidades reguladoras causada por los despidos que provocó el fracaso de “Quest for Camelot”, le permitió a Bird incluir a dos personajes que no aparecían en el libro original y cuya participación es clave en la historia: un artista y dueño de una chatarrería llamado Dean McCoppin (Harry Connick Jr.), y el siniestro agente federal Kent Mansley. Eventualmente, pese al malestar inicial del director, Tim McCanlies fue contratado para perfeccionar el borrador desarrollado por Bird. Sería el mismo McCanlies quien cambiaría el final original propuesto por Bird, por uno mucho más dulzón acorde con el público para el cual estaba pensada la producción.

El protagonista de “The Iron Giant” es Hogarth, un inquieto niño obsesionado con las historietas y las cintas de ciencia ficción, el cual vive junto a su madre soltera, y que sueña con embarcarse en fantásticas aventuras y poder encontrar a un amigo. Una noche, ve como todos sus deseos se hacen realidad al encontrarse cara a cara con un robot gigante que proviene del espacio exterior. La amistad que ambos entablan no tarda en verse amenazada por el agente federal Kent Mansley, quien no puede evitar ver al gigante de hierro como una amenaza para el país, lo que lo lleva a intentar encontrar pruebas que justifiquen un despliegue armado importante que asegure su destrucción. En su cruzada por salvar a su peculiar amigo del prejuicio del resto de los habitantes del pueblo donde reside, y de la malsana obsesión de Kent por convertirse en un héroe, Hogarth recibirá la ayuda de Dean McCoppin, el dueño de una chatarrería y un aspirante a artista, quien parece ser el único capaz de comprender la naturaleza inocente del robot, y de saciar su incontrolable gusto por el metal. Ambientado en pleno clímax de la Guerra Fría, el film está plagado de la iconografía existente en la sociedad norteamericana de la década del cincuenta (cafeterías, historietas de Superman, y películas de ciencia ficción de bajo presupuesto, entre otras cosas) y de la enfermiza paranoia desatada por la “Amenaza Roja”, en específico con la en ese entonces reciente puesta en órbita del satélite soviético Sputnik. En ese sentido, la cinta retrata con un detalle encomiable varias de las características socioculturales del aquel periodo, lo que le otorga a la historia un subtexto mucho más complejo del que habitualmente puede encontrarse en este tipo de películas animadas familiares.

 

Más allá de los temas relacionados con la paranoia generada por la Guerra Fría, “The Iron Giant” busca entregar un mensaje que hace referencia a la amistad incondicional, y al individualismo versus el compañerismo. Como sucede con Elliott en la cinta “E.T.: the Extra-Terrestrial” (1982), Hogarth es un niño que está buscando a alguien para establecer la conexión paternal que falta en su vida, y al igual que el protagonista de la cinta clásica de Steven Spielberg, él encuentra a ese amigo/figura paterna en un ser que proviene del espacio exterior. La relación que se establece entre Hogarth y el robot se convierte en el corazón del film, básicamente porque su interacción se sustenta sobre la base de la ternura y carece por completo de cinismo. Es así como la forma en como ambos personajes aprenden el uno del otro, es explorada durante el transcurso de la historia. Sin embargo, es el gigante de hierro quien más se enriquece de la relación que establece con Hogarth, ya que el pequeño lo ayuda a descubrir los pequeños placeres de la vida, como por ejemplo lo divertido que puede ser bañarse en un lago, o las aventuras que se esconden en el mundo de los cómics, entre otras cosas. Lo que es aún más importante, es que el nexo prácticamente inquebrantable que existe entre el gigante y el niño, se convertirá en el catalizador del que posiblemente es el mensaje más relevante del film; “tú eres lo que escoges ser”, le dice Hogarth al robot en un pasaje de la historia, frase que adquiere un valor especial cuando este último revela su verdadera forma ante el asedio del ejército y de un enloquecido Mansley.

Lo que sin dudas se convierte en uno de los puntos más altos del film, es la selección del elenco que le otorga las voces a los protagonistas. Mucho antes de convertirse en una estrella del cine de acción, Vin Diesel sorprendentemente realiza un muy buen trabajo dándole la voz al Gigante de Hierro, ya que consigue que sea intimidante o extremadamente amigable según lo amerite la situación, permitiendo que de esta forma el personaje adquiera matices suficientes como para creer que en verdad puede ser poseedor de un alma. Eli Marienthal por su parte, consigue que Hogarth sea el reflejo de la inocencia infantil, pero al mismo tiempo le imprime al niño una madurez y una sabiduría que van más allá de su edad, y que le permiten afrontar la amenaza que significa la molesta presencia de Kent Mansley, interpretado de buena manera por Christopher McDonald. En relación a este último, el actor captura a la perfección la paranoia de la que es víctima el agente gubernamental, la cual lo lleva a sospechar de todos los que lo rodean y a inspirar temor en el resto. Lo que es más importante, es que su actitud errática y acelerada contrasta con la calma de personajes como Annie Hughes o Dean McCoppin, lo que no solo realza su papel de villano, sino que por momentos lo convierte en el generador de varios de los momentos cómicos de la cinta.

 

En cuanto al trabajo de animación de “The Iron Giant”, este rivaliza con algunos de los mejores esfuerzos realizados por la factoría Disney durante la década del noventa. El simple hecho de que la historia se desarrolle en Maine, le otorgó a los animadores la oportunidad de crear hermosos bosques, pintorescos pueblos e inspiradoras escenas cubiertas por la nieve. Así mismo, el diseño de los personajes permite que estos se vean y actúen como humanos, aun cuando interactúan en una realidad bastante animada. Lo que es aún más importante, es que se mueven con fluidez y reaccionan de manera acorde a las emociones complejas existentes en el relato. En el caso particular del Gigante de Hierro, el cual presenta algunos elementos generados por computadora, los cuales dicho sea de paso afortunadamente se complementan de buena manera con la animación tradicional, su diseño responde a una suerte de tributo a las criaturas presentes en el cine de ciencia ficción de la década del cincuenta, y en gran medida acentúa sus cualidades extraterrestres. Sin embargo, son sus cualidades humanas las que lo convierten en una de las creaciones más encantadoras que haya dado el cine de animación. Y es que la expresividad de sus ojos y sus gestos infantiles contribuyen a que el espectador no solo empatice con su situación, sino que también se preocupe por su bienestar y por el desarrollo del personaje en sí. Por otro lado, también resulta necesario destacar la banda sonora compuesta por Michael Kamen, la cual complementa de manera perfecta los diversos tonos dramáticos que presenta la historia.

Brad Bird a menudo es alabado por su habilidad a la hora de confeccionar historias. De hecho, por “The Incredibles” (2004) recibió una nominación al Oscar al mejor guión original, mientras que su trabajo en algunos de los primeros episodios de “The Simpsons” se caracterizó por su obsesiva fidelidad con los diversos arcos dramáticos que desarrolló, lo cual le permitía de manera organizada agudizar el humor distintivo de dicho programa de televisión. Sin embargo, sería justo asegurar que “The Iron Giant” es su trabajo más logrado, aun cuando resultó ser un fracaso de taquilla, principalmente por la pobre campaña de promoción realizada por los estudios Warner. Y es que cuando Hogarth y su gigantesco amigo deciden esconderse en el santuario de metal de Dean, o cuando los tres pasan una entretenida tarde a orillas de lago, se producen pequeños y personales momentos de progresión dramática que se repiten en reiteradas ocasiones a lo largo del film. Hogarth ama al gigante, y por eso no resulta extraño que este se preocupe de instruirlo y protegerlo desde el preciso momento en que lo encuentra, hasta cuando el ejército lo fuerza a convertirse en un arma indestructible. Lo que resulta aún más impresionante, es que Hogarth transforma el dilema final de gigante, quien se debate entre el bien y el mal, en algo tan simple y atractivo como la acción de tomar la decisión de convertirse en Superman o en el villano de historietas Atomo. Por todo lo antes mencionado, “The Iron Giant” no solo se alza como una pieza fundamental del cine de animación de los noventa, sino que además su mensaje principal, “tú eres lo que escoges ser”, le otorga una atemporalidad a la historia que colabora a que la misma resuene en la memoria del espectador hasta mucho después de terminada la película.

por Fantomas.
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