jueves, 21 de agosto de 2014

On Her Majesty´s Secret Service: Bond y su momento de mayor fragilidad.

“On Her Majesty´s Secret Service” (1969), es un film de acción del director Peter R. Hunt, el cual está protagonizado por George Lazenby, Diana Rigg y Telly Savalas.

Tras rescatar a una chica llamada Tracy (Diana Rigg) del supuesto ataque de una pareja de asaltantes, James Bond (George Lazenby) establece un vínculo con ella y con su padre, Marc-Ange Draco (Gabriele Ferzetti), quien es el jefe de un conocido sindicato criminal, debido a que este posee información del paradero del maquiavélico Ernst Stavro Blofeld (Telly Savalas). Bond pronto descubrirá que escondido en medio de los Alpes Suizos, Blofeld planea desarrollar y lanzar una peligrosa bacteria que podría acabar con millones de personas en todo el planeta, y que solo él puede detenerlo.

 

Tras el estreno de “Goldfinger” (1964), los productores Albert Broccoli y Harry Saltzman pretendían continuar la serie con la adaptación de la novela “On Her Majesty´s Secret Service”. Sin embargo, durante el transcurso de los años surgieron una serie de problemas de diversa índole que obligaron a posponer su adaptación. Todo empeoraría con la renuncia de Sean Connery al inicio del rodaje de “You Only Live Twice” (1967), quien además de estar cansado de interpretar al sofisticado espía inglés, no se encontraba en muy buenos términos contractuales con Broccoli. Ante la inminente posibilidad de perder la pequeña mina de oro que habían descubierto, Broccoli y Saltzman se lanzaron a la difícil tarea de encontrar al reemplazante de Connery. De esta forma convocaron a más de 400 postulantes en un llamado abierto, entre los que se encontraban Roger Moore, Timothy Dalton, John Richardson, Robert Campbell, y un ignoto modelo australiano de 29 años cuyo mayor éxito había sido un comercial de una conocida barra de chocolate, llamado George Lazenby. Curiosamente, Lazenby sería seleccionado para interpretar a Bond básicamente porque mientras estaba audicionando para el rol, golpeó accidentalmente en el rostro al coordinador de los dobles de riesgo, lanzándolo por los aires, dando con esto muestras de su salvaje personalidad. Lamentablemente para el novato actor, lo que podía haberse convertido en la oportunidad de su vida, terminó sentenciando su destino en el mundo del cine. Al hecho de su nula experiencia como actor, se sumó su incapacidad a la hora imitar de forma convincente el acento británico, y el escaso control de su propio ego. Una vez que se transformó en el centro de atención de los medios, Lazenby comenzó a tener problemas tanto con sus compañeros de elenco, como con los productores y el mismo director. Su ego descontrolado también lo llevaría a rechazar un contrato por siete películas, ya que su agente lo convenció de que las cintas de James Bond pronto dejarían de importarle a la audiencia, razón por la cual debía privilegiar su participación en otro tipo de producciones, como por ejemplo los cada vez más populares Spaghetti Western. Eventualmente, la crítica destrozaría a Lazenby, y este se vería obligado a pasar el resto de su carrera participando en cintas de bajo presupuesto tanto en Europa como en Asia.

A diferencia de la gran mayoría de los films del popular agente secreto, en “On Her Majesty´s Secret Service” Bond se convierte en el motor que impulsa la trama, y no en un mero vehículo cuya función principal es llevar al espectador de una glamorosa locación a otra. En esta oportunidad, Bond se encuentra en medio de la Operación Bedlam, cuyo objetivo es capturar al genio criminal Ernst Stavro Blofeld. Sin embargo, el espía británico se ve obligado a hacer un alto en el camino para rescatar a una joven que está a punto de ahogarse en el mar. Dicha joven se llama Tracy di Vicenzo, y es la alocada hija del respetado jefe del sindicato criminal de Córcega, Marc-Ange Draco. Curiosamente, dicho acontecimiento servirá para que Bond y Draco establezcan un curioso acuerdo; según Draco, Bond es el único hombre capaz de encaminar a su hija, por lo que lo incita a conquistarla con la promesa de que no solo va a pagarle un millón de libras esterlinas si logra su cometido, sino que además lo ayudará a dar con el paradero del esquivo Blofeld. A medida que el romance avanza y Bond gradualmente comienza a enamorarse de Tracy, este descubre que puede acercarse a Blofeld a través de un genealogista llamado Sir Hilary Bray (George Baker), quien ha sido contratado por el criminal para que certifique un supuesto título nobiliario que posee. A sabiendas de esto, Bond asume la identidad de Sir Hilary Bray y se dirige a los Alpes Suizos, donde Blofeld aparentemente maneja una clínica que se dedica al tratamiento de las alergias. Sin embargo, 007 pronto descubrirá que el verdadero plan del líder de S.P.E.C.T.R.E. consiste en utilizar a sus jóvenes y hermosas pacientes para dispersar a nivel mundial un virus de infertilidad, a no ser que se le otorgue un perdón total por todos sus crímenes pasados y se le valide el título nobiliario que tanto ansía tener.

 

“Esto nunca le pasó al otro tipo”. Esta línea de diálogo, dicha por el James Bond interpretado por George Lazenby al inicio del film, en gran medida resume lo que representa “On Her Majesty´s Secret Service” dentro de la popular saga del agente británico. Entre otras cosas, en esta oportunidad Bond utiliza disfraces ridículos, se deprime cuando es reprimido por M (Bernard Lee), se enamora, coquetea momentáneamente con la abstinencia, y eventualmente contrae matrimonio. Pese a las múltiples diferencias que presenta el Bond de Lazenby con el de Sean Connery, de todas formas la cinta presenta una serie de elementos cuya función parece ser enlazar esta nueva aventura con el resto de la exitosa serie. Para empezar, la secuencia de créditos cumple con exhibir a gran parte de la galería de chicas Bond y villanos que se habían visto hasta entonces. De la misma forma, cuando Bond considera su retiro prematuro, es posible escuchar varias de las canciones utilizadas en los films protagonizados por Connery. Esta yuxtaposición entre el nuevo y el viejo Bond, donde se exponen tanto sus similitudes como sus diferencias, lamentablemente termina dejando al descubierto las falencias interpretativas de Lazenby. Por estos motivos, “On Her Majesty´s Secret Service” usualmente es tratada como una entrada inusual dentro de la serie, no al nivel de “Casino Royale” (1967) o “Never Say Never Again” (1983), pero que de todas formas se convirtió en un momento incómodo para Saltzman y Broccoli, el cual les costaría bastante superar.

Si hay algo que no se puede negar, es que “On Her Majesty´s Secret Service” posee algunas de las mejores escenas de acción de la saga. Además de ser visualmente atractivas, son rápidas, emocionantes, y bastante realistas para estar enmarcadas dentro del pintoresco universo Bond. En gran medida, la razón por la que el director Peter Hunt quiso otorgarle un tono más realista a la cinta, fue debido a que deseaba regresar a las raíces de Bond como espía, ya que sentía que la imagen del icónico personaje había perdido su eje en las últimas cintas de Connery, hasta el punto de volverse un producto propio del género fantástico. Quizás por esta misma razón, en “On Her Majesty´s Secret Service” Bond no es el asesino letal e implacable que es posible ver en las cintas anteriores, sino que es un hombre notoriamente más vulnerable, más humano. Lo que es más importante, es que cada vez que Bond da muestras de alguna conexión emocional durante el posterior transcurso de la saga, es posible trazar paralelos con este film. Por ejemplo, en “For Your Eyes Only” (1981), Bond visita la tumba de Tracy, lo que de por sí es un inusual reconocimiento de la historia pasada del espía, y un signo evidente de que en algún momento se le intentó dar una cierta continuidad a sus aventuras. Por otro lado, en “License to Kill” (1989), Bond de inmediato demuestra una evidente empatía con su amigo Felix Leiter (David Hedison) cuando su flamante nueva esposa es asesinada. Motivado por su propio pasado, el espía británico emprende una violenta cruzada para encontrar a los responsables del crimen.

 

Pese a que el film presenta algunos diálogos absolutamente olvidables, el elenco en general realiza un buen trabajo, con la sola excepción de Lazenby. Y es que el australiano pese a que logra otorgarle un aire de sofisticación al personaje, y se desenvuelve de manera brillante en las escenas de acción, lamentablemente se muestra algo torpe en aquellas escenas en las que Bond expresa algún tipo de sentimiento o conflicto. Al mismo tiempo, es necesario mencionar que George Baker fue el encargado de doblar la voz de Bond mientras este asume la identidad de Sir Hillary Bray, ya que Lazenby jamás logró reproducir de manera creíble el acento del genealogista. Telly Savalas por su parte, logra construir a un Blofeld que es menos escalofriante que el representado brevemente por Donald Pleasance, pero que claramente resulta ser más amenazante físicamente hablando. Por último, Diana Rigg no solo interpreta a quien es probablemente la chica Bond más activa y madura de toda la serie, sino que además por momentos es capaz de opacar al mismísimo 007. En cuanto al aspecto técnico de la cinta, resulta destacable el trabajo de edición de John Glen, quien en conjunto con Peter Hunt, que dicho sea de paso había trabajado como editor en los films anteriores de Bond, le otorgan una dinámica bastante distintiva a la producción en general. Al mismo tiempo, el trabajo de fotografía de Michael Reed, la banda sonora del compositor John Barry, la cual además incluye un tema de Louis Armstrong, y en especial el diseño de producción de Syd Cain, también se encuentran dentro de los puntos altos de la cinta.

Aun cuando la primera mitad de “On Her Majesty´s Secret Service” avanza de manera pausada, el ritmo narrativo se acelera notablemente una vez que Bond se infiltra en la peculiar clínica de Blofeld, donde resguarda a doce bellas jóvenes a las cuales él llama sus “ángeles de la muerte”. Lamentablemente para gran parte de los involucrados en la producción, una vez que esta no obtuvo los resultados esperados a nivel comercial en los Estados Unidos, y la actuación de Lazenby fue ampliamente denostada por la crítica especializada, no tuvieron más remedio que aceptar que sus intentos por construir a un Bond más complejo habían fracasado, y que su participación al interior de la saga había terminado de manera amarga. Con el objetivo de borrar lo más rápido posible de la memoria del espectador la existencia de “On Her Majesty´s Secret Service”, en “Diamonds are Forever” (1971), Broccoli y Saltzman optaron por regresar a la fórmula utilizada en las cintas previas de Connery. Al mismo tiempo, la supuesta venganza que Bond emprende en contra de Blofeld debido a los acontecimientos finales ocurridos en el film de Hunt, solo es explorada de manera superficial en la secuencia inicial de la cinta, para luego ser obviada por completo durante el resto de los encuentros que tiene la dupla de personajes a lo largo del film. “On Her Majesty´s Secret Service” es una cinta injustamente subvalorada, la cual resulta clave a la hora de entender a Bond como personaje, ya que deja explicitado que el espía es algo más que las bellas mujeres, las armas, los artefactos y la misión. Irónicamente, eventualmente Daniel Craig lograría lo que Lazenby desafortunadamente no pudo hacer en su momento, en gran medida debido a que en ese entonces el público no pudo superar el impacto que le provocó la salida del inigualable Sean Connery.



por Fantomas.

lunes, 11 de agosto de 2014

The Pirates of Blood River: Los Piratas y la Hammer.

“The Pirates of Blood River” (1962), es un film de aventuras del director John Gilling, el cual está protagonizado por Kerwin Mathews, Christopher Lee y Glenn Corbet.

En una villa de hugonotes refugiados, Jonathon Standing (Kerwin Mathews) es enviado por su padre (Andrew Kier) a una colonia penal cercana por mantener una relación impropia con una mujer casada. Una vez que Jonathon logra escapar del lugar, es encontrado por un grupo de piratas liderados por el Capitán LaRoche (Christopher Lee), quien lo obliga a guiarlo hasta su villa, convencido de que en el lugar se encuentra un gran tesoro escondido.

 

Tras pasar varios años relegadas a un segundo plano, en la década del cincuenta las películas de piratas volvieron a adquirir cierta popularidad gracias al estreno de la adaptación del clásico de aventuras escrito por Robert Louis Stevenson, “Treasure Island” (1950). El éxito de dicha producción generaría una oleada de cintas de corte similar, cuyo punto en común sería la presencia de aventuras en alta mar y una gran cantidad de acción de capa y espada. Fue así como a principios de la década del sesenta, los ejecutivos de la productora británica Hammer Films, pensaron que sería buena idea probar suerte con el mundo de los piratas, para así diversificar el éxito que habían obtenido con las cintas de horror gótico. En un inicio, la misión de escribir el guión de “The Pirates of Blood River” recaería en las manos de Jimmy Sangster, responsable de gran parte de los guiones de las producciones más exitosas de la Hammer, como por ejemplo “Horror of Dracula” (1958) y “Curse of Frankenstein” (1957), entre otras. Sin embargo, a Sangster le costó lidiar con las restricciones presupuestarias del estudio, las cuales lo obligaban a escribir una historia de piratas en la cual no fuese necesaria la presencia de ningún tipo de embarcación. A raíz de esto, Sangster solo desarrollaría las bases de lo que posteriormente sería el guión escrito por John Gilling y John Hunter, cuya historia se ambientaría por completo en los inhóspitos terrenos de una isla caribeña alejada del resto de la civilización.

El protagonista del film, Jonathon Standing, es miembro de un asentamiento de hugonotes ubicado en una isla remota, cuya localización exacta jamás es definida. Los hugonotes fueron básicamente los primeros Protestantes, los cuales se vieron fuertemente enfrentados con la Iglesia Católica, lo que significó que fueran perseguidos durante gran parte del siglo XVI hasta fines del siglo XVIII. Tomando en cuenta este contexto histórico, no resulta extraño que el asentamiento al cual pertenece el protagonista se mantenga en el más completo de los secretos, y que sea liderado por un concilio de ancianos quienes han forjado sus leyes basándose en las estrictas interpretaciones de la Biblia realizadas por la religión Protestante. Si bien su sistema parece haber funcionado sin mayores inconvenientes durante años, para cuando Jonathon Standing es apresado por adúltero el concilio muestra claras evidencias de corrupción, lo que ha generado una preocupación palpable entre el resto de los ciudadanos, quienes cada vez están más convencidos que las decisiones de los ancianos están guiadas por su sed de poder y su propia codicia, y no precisamente por la palabra de Dios. Todo esto conlleva a que Jason Standing, quien es el padre de Jonathon y el líder de los ancianos, termine sucumbiendo ante la presión de sus pares y dictamine que su hijo debe pasar el resto de su vida realizando trabajos forzados en un penal cercano. Pese a la molestia que ha despertado la sentencia en el resto de los miembros del asentamiento, nadie parece estar preparado para alzarse en contra de quienes los oprimen, lo que eventualmente tendrá una serie de nefastas consecuencias para este grupo de hugonotes.

 

Una vez en prisión, Jonathon se convierte en el blanco preferido de los sádicos guardias, quienes lo desprecian su innegable atractivo físico. Tras algunos meses de sufrimiento y vejaciones al interior del penal, Jonathon logra escapar solo para caer en manos de alguien incluso más peligroso que los guardias; el Capitán de un grupo de piratas llamado LaRoche. Entre la espada y la pared, al protagonista no le queda más remedio que llegar a un acuerdo con el pirata, quien está convencido de que en el asentamiento se encuentra un gran tesoro oculto. Con la certeza de que en la villa no existe tal tesoro, Jonathon accede a guiar a los piratas hasta su antiguo lugar de residencia, siempre y cuando una vez que registren el lugar, vuelvan a su embarcación sin dañar a nadie. Lamentablemente, jamás se debe confiar en la palabra de un pirata, ya que una vez que LaRoche y los más de 30 piratas que lo acompañan llegan al asentamiento, rápidamente comienzan a asesinar a todo aquel que intenta cruzarse en su camino. Pese a que los lugareños realizan una serie de esfuerzos por defender sus hogares y a sus familias, eventualmente los piratas se apoderan del pueblo con la promesa de colgar a todos sus habitantes si es que los ancianos no se deciden a entregar el tesoro. Involucrados en una verdadera carrera contra el tiempo, Jonathon y un pequeño grupo de lugareños entre los que se encuentra su hermana Bess (Marla Landi) y su mejor amigo Henry (Glenn Corbett), tendrán que encontrar la forma de expulsar a LaRoche y a sus secuaces, antes de que estos acaben con toda la colonia de hugonotes, sin importar si estos son mujeres, niños o ancianos.

En gran medida, en “The Pirates of Blood River” Jonathon Standing se ve enfrentado a dos enemigos; un grupo de piratas y la ideología religiosa corrupta que practica su padre y el resto de los líderes de los hugonotes en los que se centra el film. Pese a que existen diferencias evidentes entre ambos extremos del conflicto, si en algo se asemejan es en el hecho de que no dejan espacio para los espíritus libres, a los cuales prefieren rechazar por completo ya que ponen en peligro los cimientos de sus regímenes. La Hammer a menudo se vio en problemas con las autoridades religiosas debido al contenido potencialmente controversial de sus producciones. En el caso particular de este film, Sangster, Gilling y Hunter realizan una fuerte crítica contra la hipocresía y la intolerancia religiosa. Desde el momento en que aparecen en escena, el consejo de ancianos da muestra de sus actitudes despóticas cuando sentencian a Jonathon a una muerte segura en prisión. Lo que es peor, ninguno de ellos demuestra una pizca de arrepentimiento durante el transcurso de la cinta, ni siquiera el padre del protagonista, quien muy por el contrario, cada vez parece más dispuesto a que cada uno de los habitantes del asentamiento sea asesinado por los piratas, incluyendo a sus propios hijos, que a entregar la ubicación del tesoro la cual solo él conoce.

 

Aun cuando Jonathon Standing es el protagonista, probablemente el personaje más interesante de todo el film sea el Capitán LaRoche, sencillamente por el hecho de que su persona encierra una serie de interrogantes que nunca llegan a ser contestadas. LaRoche es poseedor de un pasado misterioso que lo ha llevado a ser el líder de un peligroso grupo de piratas, pero este nunca es desmitificado a los ojos del espectador. Christopher Lee realiza un gran trabajo interpretando al decidido e implacable LaRoche, aun cuando su acento francés deje bastante que desear. Kerwin Mathews por su parte, pese a que dota de un innegable carisma a su personaje y se desenvuelve bien en las escenas de acción, su actuación no es precisamente memorable. Dentro del elenco secundario, se destacan Peter Arne y Oliver Reed, quienes interpretan a los dos piratas más viles y sanguinarios del grupo liderado por LaRoche, los cuales eventualmente se ven enfrentados en una particular y mortal competencia en la cual está en juego la integridad física de Bess Standing. Por último, es necesario destacar la labor de Michael Ripper, quien interpreta al supuesto mejor amigo de LaRoche, el cual tras un incidente ocurrido en una noche de juerga, comienza a albergar el deseo de amotinarse en contra de su alguna vez querido Capitán. En cuanto al aspecto técnico del film, mientras que la banda sonora compuesta por Gary Hughes resulta ser bastante efectiva, el trabajo de fotografía de Arthur Grant es sencillamente espectacular, al igual que el diseño de producción de Bernard Robinson, quien logra crear una serie de escenarios atractivos con un escasísimo presupuesto.

Aunque este es un film de aventuras, de todas formas hay espacio para algunos elementos más propios del género del horror. De hecho, la secuencia inicial, en la cual Jonathon es descubierto junto a una mujer casada, termina de manera espeluznante cuando la pobre mujer en el afán de escapar de su abusivo marido, es devorada por un grupo de pirañas mientras intenta cruzar el rio que le da nombre a la cinta. En gran medida, “The Pirates of Blood River” está fuertemente influenciada tanto por las cintas clásicas de piratas, como por los Westerns norteamericanos. Y es que mientras que el asentamiento de los hugonotes se asemeja bastante a un fuerte de los pioneros americanos, la invasión de los piratas inevitablemente trae a la memoria algunos Westerns en los que un grupo de indios hace exactamente lo mismo. Curiosamente, en un determinado momento del film los roles se invierten, y los piratas se convierten en las víctimas de una batalla en medio del bosque dominada por Jonathon y algunos de sus compañeros, los cuales pese a estar en inferioridad numérica y contar con menos armas, gracias a su conocimiento del terreno logran diezmar y desmoralizar a los piratas, y con eso restarle autoridad al cada vez más descontrolado LaRoche. Aun cuando no cuenta con el encanto de un film de Errol Flynn o con el presupuesto de una producción de los estudios Disney, y pese a que no aparece una sola embarcación en toda la película, “The Pirates of Blood RIver” es una entretenida cinta de aventuras, la cual además de estar plagada de acción, cuenta con un elenco sólido y con un aspecto que la hace parecer una producción de mayor presupuesto. Lo más importante de todo, es que el film de Gilling es la mejor evidencia de que la Hammer era mucho más que una exitosa factoría de horror gótico.



por Fantomas.

jueves, 7 de agosto de 2014

The Killer: Un asesino, un policia, una cantante y cientos de balas.

“The Killer” (1989), es un film de acción del director John Woo, el cual está protagonizado por Chow Yun-Fat, Danny Lee y Sally Yeh.

Durante una balacera, un asesino a sueldo llamado Ah Jong (Chow Yun-Fat) deja ciega por accidente a una joven cantante llamada Jennie (Sally Yeh). Atormentado por la situación, Ah Jong se propone llevar a cabo un último trabajo para pagarle un trasplante de córnea a la chica. Sin embargo, las cosas se complican cuando su empleador decide traicionarlo, y cuando un obstinado policía llamado Li Ying (Danny Lee) se empeña en atraparlo.

 

Tras el estreno del film “A Better Tomorrow 2” (1987), la relación laboral entre el director John Woo y el productor Tsui Hark se fragmentaría de manera casi irremediable. Esto se debió a que de acuerdo con Hark, Woo había arruinado por completo el montaje original del film una vez que el estudio le notificó que el metraje era demasiado extenso. A raíz de esto, Hark no solo pidió que el director fuese despedido del estudio en el que ambos trabajaban, sino que además durante un buen tiempo desechó gran parte de las ideas que Woo le presentaba para conformar su nuevo proyecto. Una de esas ideas tenía como figura central a un asesino con un serio problema de consciencia, el cual buscaba redimir todos sus crímenes ayudando a una mujer que había herido accidentalmente. Aun cuando en un principio Tsui Hark rechazó por completo la idea, la cual según Woo estaba fuertemente influenciada por el film “Le Samourai” (1967), del director francés Jean-Pierre Melville, una vez que el actor Chow Yun-Fat se sumó al proyecto, este obtuvo la esperada aprobación del estudio. Tras superar los problemas contractuales que presentaban los actores Danny Lee y Sally Yeh, John Woo dio inicio al proceso de rodaje el cual se extendió por aproximadamente 90 días. Es necesario mencionar que cuando Woo comenzó a filmar la cinta, solo contaba un pequeño borrador del guión, el cual fue desarrollando a medida que avanzaba el proceso de rodaje.

“The Killer” sigue las desventuras de un asesino a sueldo llamado Ah Jong, quien, durante una estilizada balacera ocurrida al interior de un club nocturno, hiere accidentalmente a una cantante llamada Jennie. Superado por la culpa, Ah Jong comienza a seguir de cerca a la muchacha, cuya vista se ha visto seriamente comprometida a causa de su lesión. Todo cambia cuando cierto día, el asesino logra rescatarla del ataque de dos asaltantes. A raíz de este acontecimiento, la relación entre ambos florece hasta convertirse en un hermoso romance. Con el objetivo de juntar fondos que le permitan asegurar un trasplante de córnea para Jennie, Ah Jong accede a realizar un nuevo trabajo, pese a su creciente desagrado con su línea de trabajo. Tras cumplir su misión y asesinar a un influyente empresario relacionado con las triadas, Ah Jong es traicionado por su empleador, quien desea ver muertos a todos los involucrados en el crimen. Como si esto fuera poco, esta situación ha provocado que su existencia sea descubierta por el Inspector Li Ying, quien dominado por un admirable sentido del deber se propone atraparlo cueste lo que cueste. Sin embargo, sus similitudes, un incontenible deseo de venganza, y la particular amistad que nacerá del juego del gato y el ratón en el que ambos se ven involucrados, eventualmente los obliga a reunir fuerzas para terminar con la oleada de violencia desatada por las triadas, y en el proceso asegurar los fondos que Jennie requiere para realizarse la operación que tanto necesita.

 

El subgénero cinematográfico conocido como Heroic Bloodshed, del cual se dice que John Woo es uno de sus padres, nació básicamente como la necesidad de algunos directores de la industria cinematográfica hongkonesa, de reinventar el cine clásico de artes marciales que tanto éxito tuvo en la década del setenta. Fue así como desde la China ancestral, el personaje heroico fue trasladado a un escenario urbano con marcadas connotaciones occidentales, en el cual por distintos motivos frecuentemente relacionados con la conservación del honor o la búsqueda de redención, se ve obligado a abrirse camino a punta de disparos. Este es precisamente el caso de “The Killer”, cinta en la cual Woo utiliza la relación que se genera entre Ah Jong, Jennie y Li Ying, para presentar el complejo conflicto existente entre la justicia, el crimen y el amor. Al mismo tiempo, tal y como sucede con muchos de los héroes que aparecen en los films japoneses de Yakuzas, de los cuales el Heroic Bloodshed también toma una serie de elementos prestados, el conflicto entre el giri (sentido del deber) y el ninjo (instinto, sentimientos), es el principal generador del sufrimiento que experimentan los protagonistas. Paradojalmente, también es el responsable de la eventual alianza que se produce entre Ah Jong y Li Ying, cuyos cimientos estarán constituidos principalmente por sus similitudes y por su particular visión de la justicia y el honor.

Algo que sin duda llama la atención de “The Killer”, es la gran cantidad de iconografía cristiana que aparece a lo largo del film. Con respecto a esto, es necesario mencionar que John Woo en varias ocasiones ha declarado ser un devoto cristiano, el cual tiene la fuerte convicción de que el hombre debe vivir en paz y armonía. Curiosamente, gran parte de los personajes que aparecen en los films del director carecen por completo de paz y armonía, ya que pareciera que son incapaces de parar de dispararse los unos con los otros. A raíz de esto, bien podría establecerse una relación entre la iconografía religiosa que aparece en el film, y el tema del noble sacrificio que cruza gran parte de la historia. Ah Jong no solo está dispuesto a sacrificar su vida para asegurar la felicidad de Jennie, sino que además en un momento del film arriesga su vida y su libertad con tal de salvar a una pequeña que se ha visto envuelta en el fuego cruzado entre el hábil asesino, los agentes de la policía, y un grupo de integrantes de las triadas. Y es que básicamente Ah Jong es un asesino de la vieja escuela, el cual se rige por el honor y que en principio solo busca asesinar a aquellos que se lo merecen. Es por este motivo que se puede argumentar que él no solo está actuando empujado por la culpa, sino que está genuinamente preocupado por Jennie. Siguiendo la línea del sacrificio, Li Ying eventualmente se muestra dispuesto a sacrificar su carrera y su vida con tal de ayudar a Ah Jong, especialmente cuando se percata de que el asesino es quizás el único hombre justo que queda en Hong Kong aun pese a su particular profesión.

 

En “The Killer”, tanto Chow Yun-Fat como Danny Lee se las arreglan para brillar interpretando sus respectivos personajes, aun cuando estos son bastante unidimensionales. En el caso particular de Chow Yun-Fat, el actor exuda carisma y su interpretación resulta por sobre todo convincente, en especial porque demuestra ser capaz de reflejar el conflicto interno de su personaje mediante la mera utilización de su expresión facial. Sally Yeh por su parte, si bien realiza un trabajo correcto, la verdad es que su personaje no es más que una excusa para explorar la lucha emocional de Ah Jong, por lo que dista de ser demasiado interesante. Por el contrario, el personaje interpretado por Kong Chu, quien además de ser el mejor amigo de Ah Jong, es un veterano asesino a sueldo que a causa de una lesión en una de sus manos ya no puede ejercer su profesión, es casi tan interesante como la dupla protagónica. Y es que él es básicamente el ejemplo viviente de lo que la corrupción puede hacerle al honor y a la amistad, por lo que su conflicto es casi tan doloroso como el del protagonista. El verdadero problema del film se encuentra en la forma en como el director representa el bien y el mal. Lamentablemente para sus intenciones, en el mundo retratado por Woo solo existen los extremos, no habiendo espacio para los matices o los puntos intermedios. Al mismo tiempo, la falta de sutileza que exhibe el director por momentos, provoca que existan episodios que rayan en lo tragicómico, y que eventualmente terminan restando gran parte del dramatismo que se supone debiese presentar la cinta.

Si hay algo que John Woo demuestra con “The Killer”, es su innegable habilidad para orquestar escenas de acción atractivas y grandilocuentes, en las cuales se aprecia su particular manejo de las cámaras. Al mismo tiempo, el director yuxtapone de forma ingeniosa iconos románticos y poéticos a la hora de presentar una violencia en extremo estilizada, la cual se complementa de manera perfecta con la efectiva banda sonora del compositor Lowell Lo, y el magnífico trabajo de montaje de Kung-Wing Fan. En gran medida, gracias a las escenas de acción que aparecen en este film, en especial a aquellas incluidas en el tramo final del mismo, Woo adquirió un renombre mundial que eventualmente lo llevaría a filmar en Hollywood. Aun cuando las secuencias de acción de “The Killer” han sido imitadas, expandidas, e incluso sobrepasadas en innumerables ocasiones por otros directores, estos jamás han podido imitar uno de los verdaderos atractivos de la película, el cual va más allá de la acción explosiva que presenta. Y es que en el fondo, “The Killer” es un film acerca de la amistad. Ah Jong no es el héroe de la historia porque es una imparable máquina asesina con una puntería impecable, sino debido a que es una persona decente la cual se preocupa de sus amigos al punto de sacrificarse por ellos. Esa profundidad emocional es la que distingue a “The Killer” por sobre el resto de las cintas de su tipo, y es una de las principales razones por la cuales la producción ha mantenido intacto su atractivo pese al inclemente paso del tiempo.



por Fantomas.

sábado, 2 de agosto de 2014

The Mercenaries/Dark of the Sun: Un crudo retrato de la Crisis del Congo.

“The Mercenaries” (1968), es un drama bélico del director Jack Cardiff, el cual está protagonizado por Rod Taylor, Yvette Mimieux, Peter Carsten y Jim Brown.

En plena guerra, una banda de mercenarios comandados por el Capitán Curry (Rod Taylor) intentará evacuar a los habitantes de un pueblo del Congo y, al mismo tiempo, impedir que una fortuna en diamantes caiga en manos de las fuerzas rebeldes.

 

En el año 1965, el escritor Wilbur Smith publicó su segunda novela titulada “The Dark of the Sun”, la cual relataba desde la tribuna de la ficción la llamada Crisis del Congo, ocurrida entre 1960 y 1966, y durante la cual Joseph Mobutu llegó al poder una vez que la República del Congo logró independizarse de Bélgica. Cuando los estudios MGM compraron los derechos de la novela, se le encomendó a Ranald MacDougall la tarea de adaptar al guión, aunque finalmente también participó en su elaboración Adrian Spies y Rod Taylor. Ante la imposibilidad de filmar en locaciones en África, el equipo de filmación liderado por el director Jack Cardiff no tuvo más opción que trasladarse a Jamaica. Para Cardiff, su participación en “The Mercenaries” sería una experiencia absolutamente inolvidable. Con respecto a su trabajo en el film, el director declaró lo siguiente en su biografía titulada “Magic Hour”: “´The Mercenaries´ estaba ambientada en el Congo belga pero tuvo que ser rodada en Jamaica, debido a que no pudimos encontrar un tren de vapor adecuado en África, y este era parte vital de la trama. Pese a que era una historia muy violenta, la violencia que ocurrió en el Congo en aquel periodo fue mucho peor de lo que yo podía plasmar en el film; mientras investigaba el tema encontré documentos tan repulsivos que me dieron nauseas.”

“The Mercenaries” está ambientada en plena Rebelión Simba ocurrida en el Congo en 1964. El Congo acababa de salir de un periodo brutal durante el cual lograron independizarse de Bélgica. Sin embargo, tras su independencia, las diferentes provincias del país africano entraron en una guerra de secesión, en la que al mismo tiempo que las tropas de las Naciones Unidas intentaban instaurar un gobierno centralizado, mercenarios de distintas nacionalidades se dedicaban a luchar por los líderes regionales. Al poco tiempo que este conflicto terminó, estalló la Rebelión Simba. Si bien los rebeldes aseguraban que estaban luchando contra la corrupción del gobierno, la verdad es que básicamente estaban asesinando a todos los ciudadanos congoleses que desde su punto de vista habían sido “occidentalizados”, al mismo tiempo que se dedicaban a aterrorizar a los europeos que habían decidido quedarse en el Congo. Ante esta situación, el gobierno del Congo se vio obligado a utilizar mercenarios para liderar y entrenar a los militares congoleses, para así terminar con la rebelión. Es aquí donde “The Mercenaries” comienza. El Capitán Curry y su fiel compañero, el Sargento congolés Ruffo (Jim Brown), son contratados por el gobierno para liderar una misión cuyo objetivo es rescatar a un grupo de colonos europeos que viven en un pueblo remoto. Sin embargo, su verdadera misión es la siguiente: recuperar cincuenta millones de dólares en diamantes sin cortar, los cuales serán utilizados por el Presidente Ubi (Calvin Lockhart) para mantenerse a flote y acabar con los Simbas. Para cumplir dicha misión, la dupla tendrá un plazo de 72 horas. Si lo logran, recibirán una recompensa de 50.000 dólares.

 

Con la ayuda de 40 de los mejores soldados del ejército del Congo, un simpatizante Nazi llamado Henlein (Peter Carsten), y un brillante pero alcohólico médico llamado Wreid (Kenneth More), Ruffo y Curry emprenderán una odisea en la que constantemente se verán enfrentados a la amenaza de posibles ataques por parte de los despiadados rebeldes. Junto con esto, Curry tendrá que lidiar con la amenaza que significa la figura de Henlein, quien evidentemente sabe de la existencia de los diamantes. Curiosamente, el primer enfrentamiento serio entre ambos hombres es provocado por una mujer llamada Claire (Yvette Mimieux), a quien el grupo liderado por Curry rescata de una granja saqueada previamente por los Simba. Con respecto a esto último, es necesario mencionar que aun cuando la trama de “The Mercenaries” es bastante simple, la complejidad dramática que presenta el film está dada por la interacción entre los protagonistas, específicamente entre Curry y Ruffo. Por un lado está Curry, un soldado norteamericano que aparentemente es feliz tomando el dinero que el gobierno congolés está dispuesto a ofrecerle, y al cual poco le importa la situación que se vive en el Congo. Esto ocurre porque básicamente es un hombre que siente un total desprecio por el mundo, y por la forma en como las grandes potencias privilegian sus propios intereses en desmedro del resto. Esto queda perfectamente explicitado en la siguiente frase mencionada por Curry en un determinado momento de la cinta: “El arma es china, Ruffo, pagada con rublos rusos. El acero probablemente proviene de una fábrica alemana construida con francos franceses. Luego fue traída acá en una aerolínea sudafricana probablemente subsidiada por los Estados Unidos.”

Ruffo por su parte, ahora se encuentra luchando en su país de origen, y a diferencia de Curry, su mayor deseo es lograr que en el Congo opere una sociedad funcional. Aun cuando ambos mercenarios son amigos, en lo que se refiere al conflicto en el que ahora se encuentran insertos, sus posturas son completamente opuestas. Ruffo admite que en esta oportunidad su verdadero interés es su país y no el dinero, lo que provoca que Curry se pregunte qué sucedería si se vieran obligados a luchar en lados opuestos del conflicto. “Lucharía contigo. Pero no me gustaría,” afirma Ruffo con evidente amargura en un determinado momento del film. El lazo de amistad que une a estos hombres se vuelve especialmente importante a medida que avanza la historia, ya que la situación a la que se ven enfrentados posibilita la opción de que uno de ellos traicione al otro con el objetivo de sobrevivir. Junto con explorar los matices existentes en la relación entre Curry y Ruffo, “The Mercenaries” también se sumerge en otros temas como el racismo, el genocidio, y la violación de los derechos humanos que en ocasiones cometen algunos gobiernos en nombre de una supuesta democracia. Además de condenar la ideología nazi que orgullosamente reconoce seguir Henlein, el film retrata con un evidente recelo las posturas de los dos grupos envueltos en el conflicto del Congo. Mientras que por un lado se condena la actitud genocida de los Simbas, también se expone que la drástica occidentalización del Congo en cierta medida justifica el violento accionar de un grupo de nativos que parecen no estar dispuestos a que sus costumbres y creencias sean pisoteadas y desechadas de un día para otro.

 

En el ámbito de las actuaciones, Rod Taylor realiza un estupendo trabajo interpretando a un personaje carismático cuyas motivaciones son cuestionables, el cual eventualmente parece encontrar en la difícil misión que se le ha encomendado una oportunidad para redimir todos sus errores pasados. Jim Brown por su parte, interpreta de manera espléndida a un hombre cuya formación es producto de la fusión de dos mundos completamente opuestos, los cuales él espera que puedan convivir en paz. Al mismo tiempo, la química que posee con Rod Taylor es innegable, aun cuando se dice que la relación entre ambos actores tras las cámaras distaba de ser amistosa. A diferencia de la dupla protagónica, Yvette Mimieux y Peter Carsten realizan una labor más bien mediocre. Mientras que el personaje interpretado por Mimieux solo funciona como el interés amoroso de Curry, razón por la cual su inclusión resulta completamente injustificada, Carsten frecuentemente cae en la sobreactuación, por lo que Henlein termina reducido a ser una mera caricatura. En lo que respecta al aspecto técnico del film, mientras que la dirección de fotografía de Edward Scaife es irregular, los efectos especiales a cargo de Cliff Richardson por momentos dejan bastante que desear. Afortunadamente, la banda sonora compuesta por Jacques Loussier es sencillamente perfecta, ya que marca con exactitud el tono pesimista que domina a la historia.

Por otro lado, “The Mercenaries” adolece de algunos problemas de guión, los cuales se evidencian principalmente en la calidad de algunos diálogos, y en la inclusión de determinados hechos cuyo único objetivo parece ser sumarle minutos al metraje. Al momento de su estreno, el film de Jack Cardiff causó bastante polémica por la crudeza de algunas de sus imágenes. Y es que entre otras cosas, “The Mercenaries” incluye escenas de infanticidio, y muestra con lujo de detalles la brutalidad con la que actuaban los Simbas en contra de los colonos europeos, quienes en el film prefieren suicidarse antes de verse violentados sexualmente o torturados por los nativos africanos. Todo esto provocó que la producción adquiriera un seguimiento de culto, el cual se cimentó cuando directores como Quentin Tarantino y Martin Scorsese la nombraron como uno de sus “placeres culpables”. De hecho, el mismo Scorsese mencionó en una entrevista que le sorprendió la inesperada ferocidad del film cuando lo vio por primera vez en 1968. En relación a esto último, pareciera que la gran pregunta que plantea la cinta es: ¿Puede utilizarse la violencia para alcanzar la paz? Curry eventualmente terminará encontrando la respuesta a dicha interrogante, aunque en el proceso ve con impotencia como se convierte en aquello que tanto desprecia. “The Mercenaries” comienza como otra película de acción con altas dosis de violencia, pero en el camino se convierte en una rara subversión del género bélico, la cual no solo expone una serie de temas bastante interesantes, sino que además saca al espectador de su zona de confort para enfrentarlo con las atrocidades que se cometieron en el África post-colonial.



por Fantomas.

martes, 29 de julio de 2014

Asylum: Bienvenido al asilo de Dunsmoor.

“Asylum” (1972), es un film de terror del director Roy Ward Baker, el cual está protagonizado por Peter Cushing, Patrick Magee, Robert Powell y Britt Ekland.

El Dr. Martin (Robert Powell) visita el Asilo Dunsmoor para los Dementes Incurables, con la intención de asistir a una entrevista de trabajo con el Dr. Starr. Sin embargo, a su llegada se encuentra con que el Dr. Rutherford (Patrick Magee) es quien lo está esperando. Al parecer la presión del trabajo ha sobrepasado al Dr. Starr, quien se ha convertido en uno más de los internos del asilo. Para asegurar su puesto en Dunsmoor, Martin es enviado a entrevistar a cuatro de los pacientes de la institución para ver si es capaz de descubrir cuál de ellos es realmente Starr.

 

Inspirados en el clásico del cine de terror, “Dead of Night” (1945), los productores norteamericanos Max Rosenberg y Milton Subotsky, quienes habían fundado la productora británica Amicus, entre los años 1965 y 1980 realizaron nueve antologías de terror, de las cuales tres fueron dirigidas por Roy Ward Baker: “Asylum”, “The Vault of Horror” (1973), y “The Monster Club” (1981). Tanto Baker como un puñado de otros realizadores, actores, y diversos profesionales que trabajaban en la industria cinematográfica británica, también tuvieron la oportunidad de participar en varias de las producciones de la compañía Hammer Films, la cual era la competencia directa de la Amicus. Aunque las similitudes entre las producciones de ambas compañías eran evidentes, si por algo se caracterizó la Amicus es que a diferencia de la Hammer, que prefirió priorizar el rodaje de cintas de horror gótico y de época, la productora de Rosenberg y Subotsky optó por ubicar la mayoría de sus películas en la época contemporánea, lo que eventualmente le traería bastantes dividendos. De la mano del escritor y guionista Robert Bloch, quien por ese entonces era un colaborador habitual en este tipo de cintas, “Asylum” se sumerge de lleno en el mundo de la locura y lo sobrenatural, centrándose en la figura de un joven psiquiatra el cual tendrá que discernir que es real y que es el producto de la mente enferma de cuatro pacientes de una institución psiquiátrica, a los cuales tendrá que entrevistar con tal de asegurarse un puesto laboral en dicho lugar.

La primera paciente que el Dr. Martin entrevista y cuya historia le da vida al primer segmento del film titulado “Frozen Fear”, es una mujer que se hace llamar Bonnie (Barbara Parkins). Bonnie le cuenta como ella y su amante, Walter (Richard Todd), conspiraron para deshacerse de Ruth (Sylvia Syms), la esposa de este último. Una noche, luego de que Ruth regresara de una clase de vudú, Walter la asesinó utilizando un hacha, con la que también desmembró el cuerpo en varios pedazos, los cuales luego de envolverlos en papel, procedió a guardarlos en un congelador ubicado en el sótano de su casa, junto con un extraño amuleto que cargaba la víctima. Para su mala fortuna, dicho amuleto místico será el responsable de que los restos de Ruth cobren vida para vengarse de su calculador esposo y de su amante. De los cuatro segmentos que presenta el film, este es probablemente el más aterrador de todos. Aun cuando la fotografía no es precisamente memorable, como tampoco lo son las interpretaciones de los actores que protagonizan la historia, “Frozen Fear” funciona de maravilla básicamente porque utiliza una fórmula que ha sido probada en múltiples ocasiones desde los inicios de la literatura gótica: presenta a una pareja de personajes desagradables decididos a cometer actos cuestionables, por los cuales eventualmente reciben el castigo que se merecen. En la medida que el crimen sea lo suficientemente macabro y la retribución sea tan atroz como el mismo crimen, este tipo de historias siempre van a tener el efecto deseado, aun cuando en esta ocasión el segmento pierde parte de su encanto una vez que es posible ver las partes del cuerpo de Ruth moviéndose a través del sótano.

 

El segundo paciente que entrevista el Dr. Martin es Bruno (Barry Morse), y su historia le da vida al segmento titulado “The Weird Tailor”. Bruno es un viejo y empobrecido sastre que alguna vez fue dueño de su propia tienda junto a su esposa Anna (Anne Firbank). Ante la posibilidad de ser expulsado de su tienda, Bruno acepta trabajar para un misterioso hombre llamado Smith (Peter Cushing), quien le ofrece una generosa suma de dinero por la realización de un traje para su hijo. Para dicho fin, Smith le entrega a Bruno una tela especial y una serie de instrucciones las cuales deben ser seguidas al pie de la letra. Algunos días más tarde, cuando Bruno se dirige a entregarle el traje terminado a su cliente, este no puede esconder su asombro cuando se entera que Smith ha perdido toda su fortuna, y que el traje va a ser utilizado para cumplir un macabro propósito. Robert Bloch había adaptado esta historia previamente para la serie de televisión “Thriller”, en el año 1961. En esa versión, la cual se apega bastante más al relato original, el sastre era retratado como un hombre cruel, mientras que su esposa era descrita como una mujer solitaria que pasaba sus días charlando con el maniquí de la tienda. En esta oportunidad, Bruno es presentado como una víctima de su propia desesperación por mantener su tienda funcionando, lo cual lo lleva a cometer una serie de actos moralmente cuestionables, mientras que su esposa solo es retratada como una mujer abnegada cuya única preocupación es su marido. Este segmento no solo presenta un mejor trabajo de dirección por parte de Baker, sino que además cuenta con las estupendas interpretaciones de Morse y Cushing, quienes les otorgan una marcada profundidad a sus personajes. El único problema de este segmento, es que su clímax resulta ser algo apresurado, lo que merma notoriamente el efecto de la revelación final del relato.

El tercer segmento titulado “Lucy Comes to Stay”, tiene como protagonista a Barbara (Charlotte Rampling), una joven que durante el último tiempo ha estado encerrada en una institución psiquiátrica por su adicción a las drogas, y que una vez que es dada de alta se va a vivir con su sobreprotector hermano George (James Villiers). Agobiada por las restricciones que la ha impuesto George y la Srta. Higgins (Megs Jenkins), una enfermera contratada por su hermano para cuidarla las 24 horas del día, Barbara termina recayendo en las drogas. Es entonces cuando la visita su vieja amiga Lucy (Britt Ekland), quien la anima a revelarse utilizando una serie de drásticas medidas cuyo objetivo es asegurarse que George y la Srta. Higgins no interfieran en sus planes. Este es sin lugar a dudas el más débil de los cuatro segmentos, en gran medida debido a que Bloch sobrevalora su propia historia más de la cuenta. Y es que este tipo de relatos en los cuales el protagonista eventualmente se revela como el amigo/familiar/niño al cual culpa de todas las desgracias que suceden a su alrededor, han sido utilizadas hasta el cansancio en esta clase de cintas, casi siempre con mediocres resultados debido a lo evidente del giro final. Lamentablemente, “Lucy Comes to Stay” no es la excepción a lo antes mencionado. No solo la dirección de Baker resulta algo torpe en este segmento, sino que además Charlotte Rampling no logra que el espectador desarrolle algún nivel de simpatía por su personaje. Britt Ekland por su parte, realiza una labor bastante más destacable que su compañera, pero de todas formas no logra sacar a flote una historia carente de elementos de real interés.

 

En el último segmento titulado, “Mannikins of Horror”, el Dr. Martin conoce al Dr. Byron (Herbert Lom), un paciente que pasa sus días fabricando muñecos cuyos rostros corresponden a los rostros de personas que él alguna vez conoció, incluyendo uno que luce como él. Byron asegura que los muñecos poseen órganos internos similares al de los humanos, y que él es capaz de transferir su voluntad al muñeco forjado a su imagen y semejanza. Una vez terminada la entrevista, Martin se reúne con el Dr. Rutherford con la certeza de que ha logrado deducir cuál de los pacientes es realmente el Dr. Starr. Mientras ambos facultativos discuten acerca de cuál es la mejor manera de tratar a los pacientes del asilo, una pequeña figura empieza a acercarse sigilosamente al Dr. Rutherford con intenciones desconocidas. Desde un punto de vista estructural, “Mannikins of Horror” viene a cerrar de buena manera la historia que le da vida al film, aun cuando el segmento es relatado de manera apresurada. De hecho, funciona de mejor forma que gran parte de los finales utilizados en las antologías de la Amicus, los cuales usualmente se reducían a ser pequeñas escenas marcadas por la ironía, la cuales estaban situadas inmediatamente después del último segmento. En esta ocasión, el tramo final de “Asylum” no solo presenta la estupenda pero breve actuación de Herbert Lom, sino que además cuenta con la presencia amenazadora de los macabros muñecos fabricados por Byron, e incluye una sorpresiva y satisfactoria vuelta de tuerca que tiene relación con la revelación de la verdadera identidad del Dr. Starr.

En cuanto al aspecto técnico del film, mientras que el trabajo de fotografía de Denys N. Coop y la dirección de arte de Tony Curtis se muestran bastante irregulares a lo largo de la cinta, la banda sonora conformada por temas de diversos autores, entre los que se destacan las canciones del compositor ruso Modest Músorgski, “Night on Bald Mountain” y “Pictures at an Exhibition”, es uno de los puntos altos de la producción. “Asylum” bien podría ser considerada como una película que intenta explorar la psiquis de cuatro personas con obsesiones bastante particulares. Es posible encontrar un hombre obsesionado con asesinar a su esposa, un sastre obsesionado con cobrar sus honorarios, una joven obsesionada con su alter ego, y un doctor obsesionado con la venganza y con la fabricación de pequeños muñecos vudú. Incluso podría argumentarse que ellos no están locos, ya conviven en un mundo donde lo sobrenatural está permitido, por lo que hasta cierto punto solo son víctimas de sus obsesiones. Pese a su irregularidad y a presentar un segmento totalmente olvidable, “Asylum” hoy es recordada como una de las mejores cintas de antología de las que se tenga memoria, especialmente por la forma en como Bloch y Baker logran conectar todos los segmentos mediante un arco narrativo que se presenta particularmente interesante para el espectador.



por Fantomas.

viernes, 25 de julio de 2014

Un Cuento Chino: Las jugarretas del destino.

“Un Cuento Chino” (2011), es un drama del director Sebastián Borensztein, el cual está protagonizado por Ricardo Darín, Ignacio Huang y Muriel Santa Ana.

Roberto (Ricardo Darín) es ferretero. Hosco, rutinario, maniático, coleccionista de historias curiosas que recorta de los periódicos, hasta que un día sin darse cuenta, acabará formando parte de una de ellas, cuando un joven chino llamado Jun (Ignacio Huang) llega a su vida de repente, desde la puerta trasera de un taxi.

 

El viernes 2 de mayo de 1997, el diario el Clarín publicó una insólita noticia. En Moscú, miembros de las fuerzas armadas rusas robaron un par de vacas y se las llevaron en un avión. Pero durante el vuelo las vacas se descontrolaron y ante la posibilidad de un accidente aéreo, la tripulación se vio forzada a tirarlas al vacío. Para su mala suerte, una de las vacas cayó sobre un pesquero japonés enviándolo al fondo del mar. Cuando el director argentino Sebastián Borensztein se enteró de esta noticia, de inmediato supo que tenía que hacer algo con ella. Según el mismo Borensztein: “Era una imagen que no me podía quitar de la cabeza. Pensaba en los pescadores que ya terminaron su faena diaria, fumándose un pucho (de tabaco), sentados en la cubierta de su barco, cuando de pronto ven un puntito negro que se acerca, se acerca y es una vaca. Dije: ¿cómo puede ser? El cielo es tan enorme, el mar es tan gigante y esos dos hechos se juntan. Esto tiene que ser el comienzo de una próxima película.” Con el paso de los años, al director también comenzó a llamarle la atención el tema de la Guerra de las Malvinas, especialmente las consecuencias que esta había tenido tanto para los hombres que habían participado en dicho conflicto, como para la misma sociedad argentina. De la unión de esos dos elementos nacería el guión de “Un Cuento Chino”, el cual desarrollaría en detalle durante múltiples almuerzos con el actor Ricardo Darín.

“Un Cuento Chino” comienza en un lago de China, donde al interior de una pequeña embarcación un chino llamado Jun está a punto de proponerle matrimonio a su enamorada. Sin embargo, de manera inesperada una vaca cae del cielo y le quita la vida de forma instantánea a la pobre muchacha. Al otro lado del mundo, Roberto vive una vida monótona y exenta de complicaciones; es dueño de una pequeña ferretería de barrio y su constante mal humor lo ha llevado a aislarse por completo del resto del mundo. Su única diversión pareciera ser coleccionar historias curiosas que recorta de diversos periódicos, y situarse en las cercanías del aeropuerto de Ezeiza para ver como aterrizan los aviones. Es precisamente mientras efectúa esta última actividad que Roberto conoce a Jun, cuando este es bajado a la fuerza de un taxi luego de ser asaltado por el chofer. Perdido y sin saber una sola palabra de español, Jun despertará la compasión de Roberto quien intentará ayudarlo a encontrar a su tío, el cual supuestamente vive en Buenos Aires. Lamentablemente para Roberto, dicha tarea resultará ser un poco más difícil de lo que esperaba, por lo que se ve obligado a alojar a Jun en su casa. Es así como dos hombres completamente opuestos, separados por una barrera idiomática y cultural, deberán aprenden a convivir aun cuando la compañía se presenta particularmente tediosa y tortuosa para el huraño Roberto.

 

Contrario a lo que se podría pensar en un principio, la relación que Roberto construye con Jun no se limita a ser un mero acto de solidaridad, sino que la inesperada llegada del joven chino a la vida del protagonista viene a alterar el orden que con tanto ahínco intenta preservar. Y es que Roberto vive anclado a un pasado que no solo lo protege del dolor emocional, sino que además evita que este se exponga a nuevas decepciones o situaciones desconocidas. Este ex-combatiente de la Guerra de las Malvinas, que demuestra una increíble devoción a su madre a la cual nunca conoció, plagado de costumbres que rayan en lo obsesivo, y decepcionado del sistema el cual constantemente lo está “cagando a palos”, se ve enfrentado a una situación tan increíble como las que suele recortar de los periódicos que religiosamente revisa a diario. Jun por su parte, ha llegado a Buenos Aires con la esperanza de que su único familiar vivo le ayude a lidiar con el dolor provocado por la muerte de su amada. Desde la trinchera de la humildad y el desamparo, Jun casi sin pretenderlo, comenzará a romper la unión que Roberto tiene con un pasado marcado por la tragedia. Esto ocurrirá de manera casi simbólica, en la medida que el joven comienza a eliminar una serie de trastos y porquerías que se encuentran apiladas en varios puntos de la casa de Roberto, ya sea por accidente o por mandato, los cuales impiden que el protagonista sea capaz de vivir alegremente o de entregarse a la posibilidad de experimentar el amor.

Quien también intenta resquebrajar la dura coraza de Roberto es Mari (Muriel Santa Ana), una mujer que busca desesperadamente el amor del protagonista, sin demasiados resultados. A diferencia de Roberto, Mari es de aquellas personas que se muestran felices por el mero hecho de estar vivas. Fiel representante de la dulzura e ingenuidad campesina, Mari dice todo lo que se le pasa por la cabeza, sin ningún tipo de censura, básicamente porque se trata de una persona por completo bienintencionada. Todo esto provoca que ella sea la única que ve a Roberto con otros ojos, los de la ternura y la pasión, aquellos que habitualmente ayudan a resaltar las cualidades del ser amado. “Sos gruñón, ermitaño, sensible, bueno… y valiente. Y además tenés esa mirada que me mata”, le dice Mari a Roberto en un pasaje de la cinta, lo que no solo resulta ser una descripción bastante acertada del protagonista, sino que además es una muestra fehaciente de que ella está dispuesta a esperarlo el tiempo que sea necesario. Si hay algo por lo que uno debe agradecerle a Sebastián Borensztein, es por haber tomado la decisión de rodar esta fábula afable sin mayores melodramas, aun cuando el núcleo de la historia sea la confrontación entre dos tipos alejados tanto en lo físico como en lo emocional, cuyos destinos se han cruzado de forma inesperada. Lo que es aún más interesante, es que de la cotidianeidad que surge de la relación entre Roberto y Jun nace la comedia, la cual al ser completamente espontánea, le otorga un grado de realidad a un relato que en otras circunstancias podría haber resultado absolutamente inverosímil.

 

Evidentemente, Ricardo Darín se alza como la gran estrella del film, quien a base de exabruptos y comportamientos obsesivos logra sacarle algunas carcajadas al espectador, aun pese a que por momentos pareciera que el actor recurre a demasiados lugares comunes. Por otro lado, tanto Muriel Santa Ana como Ignacio Huang dotan de un innegable carisma a sus respectivos personajes, logrando que el espectador rápidamente se interese en sus problemas y cruzadas particulares. En el caso particular de Huang, pese a que se ve opacado por la sombra de Darín, realiza un trabajo realmente encomiable a la hora de transmitirle al espectador y a su nuevo entorno, sus sentimientos y emociones a través de sus gestos y miradas, que son las únicas herramientas que posee para comunicarse. Y es que al igual que Roberto, el espectador sufre por la ininteligibilidad del idioma del joven oriental, la cual no nos permite comprenderlo del todo. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de fotografía de Rodrigo Pulpeiro, el cual varía según el estado de ánimo del protagonista. De la misma forma, también resulta destacable la inmaculada dirección de arte de Laura Musso, quien es la gran responsable de la estética retro que ostenta el hogar de Roberto, la cual ejemplifica a la perfección su apego por el pasado. Por último, pero no por eso menos importante, es la banda sonora del compositor Lucio Godoy, la cual acompaña de forma adecuada la emocionalidad de las imágenes que se van sucediendo a la largo del film.

“Un Cuento Chino” no se olvida de la autocrítica social, de forma que lo simbólico y lo material conviven con naturalidad en esta verdadera fábula melancólica sobre lo mucho que enriquece nuestra vida aquello que no esperamos, y que pareciera que esperaba por nosotros. Es a través de la aceptación del dolor y de una conexión que va más allá de lo meramente lingüístico, que Roberto y Jun terminan encontrándose y descubriendo que son más parecidos de lo que pensaban en un comienzo. Como sucede en determinadas ocasiones en el campo de las relaciones humanas, estos dos hombres se encuentran, se conocen, y eventualmente se necesitan para enfrentar el mundo que los rodea y que parece estar en su contra. En una entrevista, el director Sebastián Borensztein se encargó de resumir a la perfección la moraleja central de “Un Cuento Chino”: “Es absurdo que Argentina haya estado en guerra con Inglaterra, es absurdo que una vaca caiga del cielo y hunda un barco. Ahora, lo que no es absurdo es que dos personas que viven en las antípodas del planeta geográficamente y culturalmente hablando, tengan la posibilidad de ser uno la llave que le abre la puerta para resolver su vida al otro.”



por Fantomas.

martes, 22 de julio de 2014

Wolfen: La primera cinta de licántropos con trasfondo sociopolítico.

“Wolfen” (1981), es un film de terror del director Michael Wadleigh, el cual está protagonizado por Albert Finney, Diane Venora y Edward James Olmos.

Cuando el influyente empresario Christopher Van Der Veer (Max M. Brown) y su esposa Pauline (Anne Marie Pohtamo) son brutalmente asesinados en un parque de Nueva York, el veterano detective Dewey Wilson (Albert Finney) es asignado para investigar el caso. Con la ayuda de una psicóloga experta en terrorismo llamada Rebecca Neff (Diane Venora), y un extravagante médico forense (Gregory Hines), el detective Wilson pronto descubrirá que dichos crímenes parecen estar conectados con una serie de brutales asesinatos ocurridos en diversos puntos de la ciudad, cuyo único punto en común es la presencia de pelos de lobo en los cuerpos de la víctimas.

 

En el año 1978, el escritor Whitley Streiber publicó su primera novela la cual llevaría por título “The Wolfen”. Dicho libro comenzaba con la muerte de dos oficiales de policía y se centraba en los esfuerzos del malhumorado detective George Wilson y su joven compañera Becky Neff por capturar a los asesinos, los cuales resultan ser una manada de lobos altamente inteligentes que se dedican a cazar a aquellos que son rechazados por la sociedad. Eventualmente, la agente de Streiber le enseñaría la novela a su marido, el productor Rupert Hitzig, quien rápidamente procedió a comprar los derechos del manuscrito. Una vez que se estableció al interior de la productora Orion Pictures, Hitzig le ofreció el puesto de director a Michael Wadleigh, un talentoso documentalista que había adquirido cierta fama por la aclamada “Woodstock” (1970). Para adaptar el guión, el estudio estaba interesado en Oliver Stone. Sin embargo, cuando Hitzig y Wadleigh se reunieron con él en Roma, Stone no mostró mayor interés en el proyecto, por lo que la dupla se vio obligada a contratar a David Eyre, quien finalmente escribió el guión en conjunto con Wadleigh. Lamentablemente para el director, durante el curso del rodaje de la cinta se percató que existía un atraso de al menos seis semanas con respecto al calendario de filmación que se había establecido en un comienzo. Cuando fue notificado que solo tenía cinco días parar terminar la película, Wadleight presentó un montaje de cuatro horas de duración que incluía 36 tarjetas con la frase “escena faltante”. A raíz de esto, el director fue despedido y Hitzig tuvo que ocupar su lugar, hasta que finalmente fue contratado John Hancock para así respetar las regulaciones del Sindicato de Directores Norteamericanos. Cabe mencionar que luego de este incidente, Wadleigh nunca más volvió a dirigir un film.

En “Wolfen”, tras asistir a la ceremonia de inauguración de un proyecto inmobiliario situado en el empobrecido barrio del Bronx, el empresario Christopher Van Der Veer es asesinado junto a su mujer y su chofer en un parque de la ciudad de Nueva York sin razón aparente. Debido a lo delicado del caso, el veterano detective Dewey Wilson es llamado a liderar la investigación, pese a que últimamente ha debido enfrentar una serie de problemas personales que han afectado enormemente su estilo de vida. A su llegada a la escena del crimen, Wilson no solo se encuentra con una serie de inconsistencias que dificultan la investigación, sino que además se entera que Van Der Veer tenía numerosos enemigos, los que en su mayoría pertenecen a pequeñas células terroristas. Ante la posibilidad de que todo se trate de un atentado terrorista, la influyente empresa de seguridad que solía proteger a Van Der Veer designa a la psicóloga Rebecca Neff para que trabaje en la investigación junto a Wilson. Al mismo tiempo que las técnicas de contraterrorismo demuestran ser inútiles para apresar al responsable de los crímenes, un vagabundo es encontrado muerto en el Bronx, en la misma zona donde se iba a emplazar el fallido proyecto inmobiliario. Aunque ambos asesinatos parecen no estar conectados, cuando el forense que trabaja en el caso encuentra pelos de lobo en ambas escenas del crimen, Wilson se ve obligado a plantearse una nueva teoría. ¿Será posible que una manada de lobos haya convertido la ciudad de Nueva York en su nuevo coto de caza, o quizás todo está relacionado con una vieja leyenda aborigen que habla sobre la existencia de hombres capaces de transformarse en distintos animales?

 

Los héroes y los villanos suelen ser definidos dependiendo del punto de vista de quienes los observan. Durante el transcurso de los años, las estructuras de poder de la sociedad norteamericana se han dedicado constantemente a demonizar a los pobres, lo cual se ha visto reflejado en múltiples ocasiones dentro del cine, en especial en aquellas cintas que afirman que el crimen es un resultado directo de las condiciones sociales existentes. No son pocas las producciones que establecen que la alienación individual y la sensación de no tener un lugar donde refugiarse, eventualmente terminan generando brotes de violencia. El cine de terror norteamericano por su parte, suele ayudar al espectador a identificarse con aquellos que son considerados como monstruos por la sociedad. En el caso particular de “Wolfen”, el cual es un film de terror que ocupa como base una trama policial, este invita al espectador a ver el mundo a través de los ojos de un brutal asesino cuya naturaleza no está del todo clara. A medida que transcurren los minutos, se descubre que el asesino escoge como víctimas a aquellos que son prescindibles o a quienes son dañinos para el resto de la sociedad, todo con el objetivo de proteger su territorio y sobrevivir al horrible y opresivo estilo de vida estadounidense. Bajo este violento accionar y a través de la inclusión de representantes de las etnias nativas de Norteamérica, personificadas en la figura del ex-activista Eddie Holt (Edward James Olmos), “Wolfen” pretende difundir un discurso sociopolítico llamado a castigar el accionar del hombre contra la naturaleza, y contra las razas aborígenes que alguna vez poblaron los territorios que ahora son dominados por innumerables moles de concreto.

Lamentablemente “Wolfen” no está exenta de falencias, muchas de las cuales probablemente surgieron a causa de los problemas de calendario que experimentó Wadleigh, y de la falta de criterio de los encargados de la sala de edición de los estudios Warner Brothers. Por ejemplo, el film falla a la hora de explicar algunos elementos vitales de la historia. Entre otras cosas, el oscuro pasado de Dewey Wilson jamás es explorado, aun cuando se menciona que viene saliendo de un retiro autoimpuesto el cual estuvo marcado por el abuso de alcohol. Por otro lado, la presencia de Rebecca Neff parece servir a un solo propósito: actuar como el interés amoroso del detective y protagonizar una innecesaria escena de sexo. Su rol en la investigación es absolutamente irrelevante, al igual que las escenas que buscan demostrar el accionar de la empresa de seguridad para la cual trabaja, las cuales de haber sido omitidas habrían permitido que el arco narrativo central adquiriera una mayor fluidez. Por último, el humor negro que presenta el film, el cual está a cargo del personaje interpretado por Gregory Hines, tampoco funciona de la manera esperada. Si bien algunas de sus extravagantes intervenciones logran distender un poco la tensión que domina ciertos pasajes de la cinta, están lejos de provocarle una sonrisa al espectador.

 

En cuanto al aspecto interpretativo del film, el elenco participante cuenta con la fama y la credibilidad suficiente como para salir airosos en esta ocasión, aun cuando ninguno de los actores realiza una labor realmente destacable. Es por este motivo que quien definitivamente se roba la película es Gerry Fisher y su magnífico trabajo de fotografía. No solo se preocupa de arrojar una iluminación aterradora sobre el inmaculado diseño de producción de Paul Sylbert, sino que también se las arregla para transformar los barrios abandonados del Bronx en un verdadero escenario de tintes apocalípticos marcado por numerosos edificios derruidos e iglesias abandonadas. Junto con esto, Fisher suele ser identificado como el responsable del efecto utilizado para retratar el particular punto de vista del asesino, el cual es bastante similar al usado por el director John McTiernan en el film “Predator” (1987). Con respecto a esto último, si bien el colorido efecto de fotografía resulta interesante en un comienzo, el uso indiscriminado que Wadleigh le da termina por disminuir considerablemente su impacto. La banda sonora compuesta por James Horner por su parte, lamentablemente es demasiado pedestre como para resultar efectiva. Por último, es necesario destacar los efectos especiales utilizados en las escenas gore del film, los que afortunadamente en su mayoría han soportado de buena manera el paso del tiempo.

“Wolfen” es un thriller que resulta complicado encasillar en un género en particular. Aunque en la superficie funciona principalmente como una cinta de horror, también presenta una subtrama de misterio que busca develar quién es el responsable de los asesinatos ocurridos en Nueva York, la cual posteriormente comienza a ser dominada por elementos propios del thriller y la fantasía. “Wolfen” fue estrenada en Julio de 1981 entre “The Howling” (1981) y “An American Werewolf In London” (1981), y estaba llamada a cambiar por completo el subgénero de los films de licántropos, llevándolo hacia nuevas y emocionantes direcciones. Sin embargo, no solo la ambición existente tras el film terminó siendo más grande que el resultado final, sino que además la cinta de Wadleigh fue notoriamente ensombrecida por dos obras que eventualmente se convertirían en grandes clásicos del subgénero. Juzgada por sus propios méritos, se trata de una bien intencionada pero dispareja película de licántropos que busca amalgamar elementos del horror con un marcado comentario social, lo que al menos la convierte en una producción bastante más inteligente que la gran mayoría de las obras pertenecientes al subgénero.



por Fantomas.
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