lunes, 30 de marzo de 2015

Millions: Varios santos, cientos de libras y una pareja de niños.

“Millions” (2004), es una comedia del director Danny Boyle, la cual está protagonizada por Alex Etel, Lewis McGibbon y James Nesbitt.

Cuando el asalto a un tren sale mal, una enorme valija llena de libras esterlinas cae desde el cielo y aterriza en las manos de un niño de siete años llamado Damian (Alex Etel), y de su hermano mayor Anthony (Lewis McGibbon). En este caso, solo hay una cosa que puede hacerse: gastarlas como si no hubiera un mañana. Y esto por una sencilla razón: en doce días, Gran Bretaña adoptará el Euro y todas las libras esterlinas irán a parar al incinerador.

 

A principios de la década del 2000, el escritor y guionista Frank Cottrell Boyce se embarcó en un ambicioso proyecto que involucraba la confección de un guión que sería filmado por el director británico Danny Boyle, y su posterior adaptación al formato literario, el cual sería publicado a la par con el estreno del film. “Ahora parece algo sacado de la ciencia ficción”, musita Boyce en el audio comentario presente al inicio del DVD de “Millions”. Durante ese mismo audio comentario, ambos recuerdan los esfuerzos que tuvieron que realizar para estrenar la cinta a tiempo, justo cuando Gran Bretaña estaba considerando adoptar el Euro tal y como lo habían hecho gran parte de los países pertenecientes a la Unión Europea (cosa que aún no sucede). “No es culpa del dinero que este sea robado”, declara en un pasaje del film Anthony Cunningham, quien a sus nueve años de edad es bastante más realista que su pequeño hermano de siete años, Damian. Por lo tanto, no es culpa de ellos que un bolso que contiene 265.000 libras esterlinas, el cual cayó de un tren en movimiento directamente sobre el lugar de juego de Damian, ahora se encuentre escondido debajo de su cama. Esa es precisamente la lógica que Boyle y Boyce utilizan para reflejar una realidad que va más allá de un simple hito financiero que marcó una época, y que busca explorar las formas maravillosas en como los niños ven el mundo.

Como se menciona anteriormente, “Millons” se centra en Damian y Anthony, quienes se han mudado junto a su padre (James Nesbitt), el cual ha enviudado recientemente, a un nuevo suburbio ubicado en las afueras de Liverpool. Mientras se encuentran en pleno proceso de mudanza, para matar el tiempo Damian construye un elaborado fuerte hecho de cajas de cartón desechadas, a orillas de las líneas del tren que pasan cerca de su nueva casa. Cierto día, mientras Damian se encuentra jugando en su interior, un bolso repleto de dinero se estrella contra uno de los muros del fuerte, desencadenando su colapso. Si bien el dinero fue arrojado de un tren en movimiento, Damian está seguro que le ha sido enviado por Dios. Y es que él es un niño especial el cual posee un conocimiento enciclopédico de los santos, y que constantemente imagina que es visitado por los héroes del martirio cristiano, a los cuales aprovecha de preguntarles si se han encontrado con Santa Maureen, su madre fallecida. Más allá de las alucinaciones de Damian relacionadas con su catolicismo, el dinero que le ha caído del cielo es real, y ahora él y su hermano se disponen a gastarlo. Mientras que Anthony cree que es más costo-eficiente ocupar el dinero para sobornar a sus compañeros de colegio y comprar propiedades, Damian impulsado por el consejo de San Francisco de Asís, desea darle el dinero a los pobres para así ganarse un lugar en el cielo junto a su madre. Afortunadamente, Boyle y Boyce son lo suficientemente inteligentes como para establecer un límite de tiempo para que los niños decidan qué hacer con el dinero, el cual está relacionado con el supuesto cambio de moneda que el Reino Unido está a punto de adoptar, lo cual le imprime una divertida sensación de urgencia a todo el asunto.

 

Resulta a lo menos curiosa la relación que Damian mantiene con los santos cristianos. Para el niño, las apariciones de los santos son algo completamente normal, y van de la mano con su marcado catolicismo. En ese sentido, gracias a que Boyle narra la historia desde el peculiar punto de vista del niño, el espectador es capaz de aceptar que dichas apariciones están ligadas al mundo real, y que no son solo el producto de la activa imaginación de Damian. Esta idea incluso es reforzada por el director en una escena en la que San José reemplaza al protagonista durante parte de su participación en una obra estudiantil acerca del nacimiento de Jesús, cuando este se ve obligado a huir de la amenazante presencia del villano de turno (Christopher Fulford). Al mismo tiempo, pese a su apariencia y a que claramente provienen de una época completamente distinta, los santos de Boyle se presentan como hombres contemporáneos capaces de utilizar un lenguaje coloquial, con la excepción de San Nicolás quien es el único que le habla a Damian en latín, lenguaje el cual aparentemente el niño entiende a la perfección. Cabe mencionar que en la versión literaria de “Millions”, Frank Cottrell Boyce enfatiza la fijación de Damian con los santos, así como también su fascinación por la mortificación y su obsesión con la realización de buenas obras, lo que lo convierte un marginado social. De hecho, su comportamiento en la novela es bastante más extremo, lo que eventualmente lo lleva a estar bajo tratamiento psicológico. Que el comportamiento de Damian haya sido “normalizado” en el film, probablemente responde al hecho que para que la historia funcione, Boyle era consciente que el protagonista debía ser un personaje que despertara la empatía del espectador, y no que este último se limitara solo a catalogarlo como un chico raro.

Más allá del dinero y los santos, la historia que intenta relatar “Millions” tiene que ver con las vidas de los niños, de su padre, y de Dorothy (Daisy Donovan), una mujer que trabaja en una organización de caridad y que se encuentra con una pequeña fortuna durante su paso por el colegio en el cual estudian Damian y Anthony. Por un lado, el dinero se presenta como una pequeña distracción para la pareja de niños, los cuales aún están lidiando con las consecuencias de la muerte de su madre. Mientras ellos piensan que hacer con su nueva fortuna, su padre no parece estar demasiado bien; no solo expresa sentirse algo aislado del resto del mundo, lo que de forma automática le niega cualquier posibilidad de rearmar su vida junto a otra mujer, sino que además toda la situación que está experimentando lo ha distraído a tal punto, que no ha logrado proteger a sus hijos del villano de turno, quien tras realizar el robo perfecto ahora está rondando el vecindario con el objetivo de encontrar el dinero que ha perdido. Probablemente una de las cosas más impresionantes de “Millions”, es que estos temas son explorados utilizando un mínimo de sentimentalismo, el cual es reemplazado con generosas dosis de humor negro. Por ejemplo, resulta ser particularmente divertido como los niños utilizan la muerte de su madre para obtener cosas gratis en diferentes lugares, o como los cuatro personajes protagónicos en un frenesí de codicia e ingenuidad, logran afianzar sus lazos mientras intentan cambiar sus libras por euros en diversos bancos londinenses.

 

Uno de los puntos altos del film claramente es la elección de su elenco. Alex Etel y Lewis McGibbon realizan un estupendo trabajo interpretando sus respectivos roles. Y es que no solo logran que Damian y Anthony se presenten como dos niños peculiares pero extremadamente queribles, sino que además evitan caer en el exceso de dramatismo, impidiendo de esta forma que su comportamiento sea identificado como el producto de una realidad trágica que en algún grado los empuja a marginarse del resto de la sociedad. Lo que es aún más importante, es que la historia les permite demostrar que son increíblemente inteligentes, algo que queda patente en la mayoría de sus diálogos, como por ejemplo cuando Anthony expone la teoría de que quizás es mejor cambiar las libras por dólares, para luego cambiar la moneda norteamericana por euros una vez que esta última viera mermado su valor tras su salida inicial. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta necesario destacar el correcto trabajo de fotografía de Anthony Dod Mantle, el cual se complementa de manera perfecta con el interesante juego de cámaras utilizado por Boyle. De la misma forma, la banda sonora compuesta por John Murphy acompaña de forma perfecta la intencionalidad de las imágenes, así como también lo hacen las dos canciones de la banda británica Muse que son utilizadas durante el transcurso de la historia. Por último, según Boyce y Boyle, el diseño de producción de Mark Tildesley resultó ser una pieza fundamental en la concreción de su visión inicial, en especial en aquellas escenas en las que los santos católicos desfilan ante los ojos de Damian.

El gran problema con “Millions” es que tras la primera hora de metraje, la historia central comienza a perder fuerza y se ve amenazada por la aparición de diversas subtramas. Sin embargo, las falencias que presenta el guión son superadas en gran medida gracias a la interpretación de la dupla protagónica, y a las fortalezas temáticas que se exhiben durante la primera mitad de la cinta. En cierta forma, “Millions” podría ser considerada como la reinterpretación realizada por Danny Boyle y Frank Cottrell Boyce del film “A Simple Plan” (1998), del director Sam Raimi, cuyo producto fue esta divertida parábola navideña contemporánea. Evidentemente, el concepto de que un grupo de personas súbitamente se encuentre con una gran suma de dinero no es nuevo, y de hecho ha estado presente dentro del espectro cinematográfico por al menos medio siglo. Lo que resulta original de esta película, es la forma en como el dinero es utilizado como un medio mediante el cual los hermanos descubren cómo funciona el mundo, y que es lo realmente importante en sus vidas. Por otro lado, si bien la secuencia final en la que los protagonistas supuestamente visitan una aldea africana resulta ser algo innecesaria, hay que reconocer que responde al tono del film. Mal que mal, uno de los requisitos de la santidad es la realización de un milagro, y ya que Damian está claramente en búsqueda de dicha santidad, la secuencia final es una licencia que tanto los protagonistas como el espectador son capaces de aceptar sin mayores condiciones.

por Fantomas.

viernes, 20 de marzo de 2015

The Iron Giant: Tú eres quien escoges ser.

“The Iron Giant” (1999), es un film animado del director Brad Bird, el cual está protagonizado por Jennifer Aniston, Eli Marienthal y Vin Diesel.

Un robot de dimensiones gigantes (Vin DIesel) ha llegado desde el espacio tras chocar contra la Tierra. Hogarth Hughes (Eli Marienthal), un niño de nueve años que vive en el Maine de la década del cincuenta junto a su madre Annie (Jennifer Aniston), lo encuentra y decide llevárselo a su casa para cuidarlo. Ahora Hogarth no solo tendrá que ingeniárselas para esconder al robot, sino que también deberá protegerlo de un agente del gobierno llamado Kent Mansley (Christopher McDonald), quien está sobre la pista de “la invasión alienígena”, y está decidido a usar toda la fuerza del ejército de los Estados Unidos para acabar con el gigante.

 

A mediados de los ochenta, el poeta Ted Hughes escribió la novela “The Iron Man” para sus propios hijos. En 1986, una vez que la novela se publicó, el músico Pete Townshend se fijó en ella para desarrollar un musical que sería lanzado tres años más tarde bajo el título, “The Iron Man: A Musical”. Cuando este trabajo fue llevado al teatro a principios de la década del noventa, el director artístico Des McAnuff consideró que la obra “The Iron Man” poseía un innegable potencial cinematográfico, opinión que fue compartida por los estudios Warner quienes adquirieron los derechos de la novela. A fines de 1996, cuando el proyecto estaba parcialmente desarrollado, se le ofreció la dirección del film a Brad Bird, quien hasta ese entonces trabajaba en el departamento de animación de la compañía Turner Entertaiment. Afortunadamente para Bird, gozó de una gran libertad creativa, pese al temor que el fracaso de la cinta animada “Quest for Camelot” (1998) había detonado al interior de los estudios Warner. La falta de entidades reguladoras causada por los despidos que provocó el fracaso de “Quest for Camelot”, le permitió a Bird incluir a dos personajes que no aparecían en el libro original y cuya participación es clave en la historia: un artista y dueño de una chatarrería llamado Dean McCoppin (Harry Connick Jr.), y el siniestro agente federal Kent Mansley. Eventualmente, pese al malestar inicial del director, Tim McCanlies fue contratado para perfeccionar el borrador desarrollado por Bird. Sería el mismo McCanlies quien cambiaría el final original propuesto por Bird, por uno mucho más dulzón acorde con el público para el cual estaba pensada la producción.

El protagonista de “The Iron Giant” es Hogarth, un inquieto niño obsesionado con las historietas y las cintas de ciencia ficción, el cual vive junto a su madre soltera, y que sueña con embarcarse en fantásticas aventuras y poder encontrar a un amigo. Una noche, ve como todos sus deseos se hacen realidad al encontrarse cara a cara con un robot gigante que proviene del espacio exterior. La amistad que ambos entablan no tarda en verse amenazada por el agente federal Kent Mansley, quien no puede evitar ver al gigante de hierro como una amenaza para el país, lo que lo lleva a intentar encontrar pruebas que justifiquen un despliegue armado importante que asegure su destrucción. En su cruzada por salvar a su peculiar amigo del prejuicio del resto de los habitantes del pueblo donde reside, y de la malsana obsesión de Kent por convertirse en un héroe, Hogarth recibirá la ayuda de Dean McCoppin, el dueño de una chatarrería y un aspirante a artista, quien parece ser el único capaz de comprender la naturaleza inocente del robot, y de saciar su incontrolable gusto por el metal. Ambientado en pleno clímax de la Guerra Fría, el film está plagado de la iconografía existente en la sociedad norteamericana de la década del cincuenta (cafeterías, historietas de Superman, y películas de ciencia ficción de bajo presupuesto, entre otras cosas) y de la enfermiza paranoia desatada por la “Amenaza Roja”, en específico con la en ese entonces reciente puesta en órbita del satélite soviético Sputnik. En ese sentido, la cinta retrata con un detalle encomiable varias de las características socioculturales del aquel periodo, lo que le otorga a la historia un subtexto mucho más complejo del que habitualmente puede encontrarse en este tipo de películas animadas familiares.

 

Más allá de los temas relacionados con la paranoia generada por la Guerra Fría, “The Iron Giant” busca entregar un mensaje que hace referencia a la amistad incondicional, y al individualismo versus el compañerismo. Como sucede con Elliott en la cinta “E.T.: the Extra-Terrestrial” (1982), Hogarth es un niño que está buscando a alguien para establecer la conexión paternal que falta en su vida, y al igual que el protagonista de la cinta clásica de Steven Spielberg, él encuentra a ese amigo/figura paterna en un ser que proviene del espacio exterior. La relación que se establece entre Hogarth y el robot se convierte en el corazón del film, básicamente porque su interacción se sustenta sobre la base de la ternura y carece por completo de cinismo. Es así como la forma en como ambos personajes aprenden el uno del otro, es explorada durante el transcurso de la historia. Sin embargo, es el gigante de hierro quien más se enriquece de la relación que establece con Hogarth, ya que el pequeño lo ayuda a descubrir los pequeños placeres de la vida, como por ejemplo lo divertido que puede ser bañarse en un lago, o las aventuras que se esconden en el mundo de los cómics, entre otras cosas. Lo que es aún más importante, es que el nexo prácticamente inquebrantable que existe entre el gigante y el niño, se convertirá en el catalizador del que posiblemente es el mensaje más relevante del film; “tú eres lo que escoges ser”, le dice Hogarth al robot en un pasaje de la historia, frase que adquiere un valor especial cuando este último revela su verdadera forma ante el asedio del ejército y de un enloquecido Mansley.

Lo que sin dudas se convierte en uno de los puntos más altos del film, es la selección del elenco que le otorga las voces a los protagonistas. Mucho antes de convertirse en una estrella del cine de acción, Vin Diesel sorprendentemente realiza un muy buen trabajo dándole la voz al Gigante de Hierro, ya que consigue que sea intimidante o extremadamente amigable según lo amerite la situación, permitiendo que de esta forma el personaje adquiera matices suficientes como para creer que en verdad puede ser poseedor de un alma. Eli Marienthal por su parte, consigue que Hogarth sea el reflejo de la inocencia infantil, pero al mismo tiempo le imprime al niño una madurez y una sabiduría que van más allá de su edad, y que le permiten afrontar la amenaza que significa la molesta presencia de Kent Mansley, interpretado de buena manera por Christopher McDonald. En relación a este último, el actor captura a la perfección la paranoia de la que es víctima el agente gubernamental, la cual lo lleva a sospechar de todos los que lo rodean y a inspirar temor en el resto. Lo que es más importante, es que su actitud errática y acelerada contrasta con la calma de personajes como Annie Hughes o Dean McCoppin, lo que no solo realza su papel de villano, sino que por momentos lo convierte en el generador de varios de los momentos cómicos de la cinta.

 

En cuanto al trabajo de animación de “The Iron Giant”, este rivaliza con algunos de los mejores esfuerzos realizados por la factoría Disney durante la década del noventa. El simple hecho de que la historia se desarrolle en Maine, le otorgó a los animadores la oportunidad de crear hermosos bosques, pintorescos pueblos e inspiradoras escenas cubiertas por la nieve. Así mismo, el diseño de los personajes permite que estos se vean y actúen como humanos, aun cuando interactúan en una realidad bastante animada. Lo que es aún más importante, es que se mueven con fluidez y reaccionan de manera acorde a las emociones complejas existentes en el relato. En el caso particular del Gigante de Hierro, el cual presenta algunos elementos generados por computadora, los cuales dicho sea de paso afortunadamente se complementan de buena manera con la animación tradicional, su diseño responde a una suerte de tributo a las criaturas presentes en el cine de ciencia ficción de la década del cincuenta, y en gran medida acentúa sus cualidades extraterrestres. Sin embargo, son sus cualidades humanas las que lo convierten en una de las creaciones más encantadoras que haya dado el cine de animación. Y es que la expresividad de sus ojos y sus gestos infantiles contribuyen a que el espectador no solo empatice con su situación, sino que también se preocupe por su bienestar y por el desarrollo del personaje en sí. Por otro lado, también resulta necesario destacar la banda sonora compuesta por Michael Kamen, la cual complementa de manera perfecta los diversos tonos dramáticos que presenta la historia.

Brad Bird a menudo es alabado por su habilidad a la hora de confeccionar historias. De hecho, por “The Incredibles” (2004) recibió una nominación al Oscar al mejor guión original, mientras que su trabajo en algunos de los primeros episodios de “The Simpsons” se caracterizó por su obsesiva fidelidad con los diversos arcos dramáticos que desarrolló, lo cual le permitía de manera organizada agudizar el humor distintivo de dicho programa de televisión. Sin embargo, sería justo asegurar que “The Iron Giant” es su trabajo más logrado, aun cuando resultó ser un fracaso de taquilla, principalmente por la pobre campaña de promoción realizada por los estudios Warner. Y es que cuando Hogarth y su gigantesco amigo deciden esconderse en el santuario de metal de Dean, o cuando los tres pasan una entretenida tarde a orillas de lago, se producen pequeños y personales momentos de progresión dramática que se repiten en reiteradas ocasiones a lo largo del film. Hogarth ama al gigante, y por eso no resulta extraño que este se preocupe de instruirlo y protegerlo desde el preciso momento en que lo encuentra, hasta cuando el ejército lo fuerza a convertirse en un arma indestructible. Lo que resulta aún más impresionante, es que Hogarth transforma el dilema final de gigante, quien se debate entre el bien y el mal, en algo tan simple y atractivo como la acción de tomar la decisión de convertirse en Superman o en el villano de historietas Atomo. Por todo lo antes mencionado, “The Iron Giant” no solo se alza como una pieza fundamental del cine de animación de los noventa, sino que además su mensaje principal, “tú eres lo que escoges ser”, le otorga una atemporalidad a la historia que colabora a que la misma resuene en la memoria del espectador hasta mucho después de terminada la película.

por Fantomas.

lunes, 16 de marzo de 2015

Django Kill... If You Live, Shoot!: El spaghetti western surrealista de Giulio Questi.

“Se sei vivo spara” (1967), es un spaghetti western del director Giulio Questi, el cual está protagonizado por Tomas Milian, Milo Quesada y Roberto Camardiel.

Un bandido mestizo sin nombre conocido (Tomas Milian), forma parte de una banda de forajidos que asalta una diligencia cargada de oro. Lamentablemente, termina siendo traicionado por el resto de los integrantes de la banda, quienes lo fusilan junto a un grupo de forajidos de origen mexicano que también participaron en el robo. Para sorpresa de todo el mundo, el mestizo logra sobrevivir al artero ataque y ahora con la ayuda de dos misteriosos nativos americanos, se dispone a recuperar el oro y vengarse de quienes alguna vez fueron sus compañeros.

 

Durante las décadas del sesenta y el setenta, literalmente se hicieron decenas de westerns en Italia. Utilizando el film “A Fistful of Dollars” (1964) del director Sergio Leone como punto de partida, los llamados spaghetti western resultaron ser todo un éxito tanto en el mercado europeo como en el norteamericano. Esto obviamente incentivó una mayor producción de cintas del género al interior de la industria cinematográfica italiana, y facilitó la concreción de diversas coproducciones con compañías de diversos países de Europa. Por aquel entonces, el productor Alessandro Jacovoni había acordado con una distribuidora la realización de varios westerns. Debido a que pasado un tiempo aún no había filmado ninguno, se vio en la necesidad de rodar un western lo más rápido posible para cumplir con su contrato. Fue entonces cuando conoció a un director llamado Giulio Questi, quien había codirigido varias cintas y estaba preparando un comedia de horror titulada “Death Laid an Egg” (1968). Casi de inmediato, Jacovoni le pidió a Questi que desarrollara un guión ligado al género del western. Aun cuando el cineasta no poseía un real interés en las historias del viejo oeste, aprovechó la oportunidad que se le estaba otorgando para desarrollar varias ideas de diversa índole, para luego enmarcarlas dentro del mundo del western. Fue así como Questi junto a Franco Arcalli, rápidamente escribieron un guión cuya producción finalmente fue co-financiada por la compañía española Hispamer Films y la italiana GIA Società Cinematografica.

Ambientada en el viejo oeste, “Se sei vivo spara” o “Django Kill… If You Live, Shoot!”, está inspirada en las experiencias de Questi como un partisano anti-fascista durante la Segunda Guerra Mundial, y no tiene relación alguna con la cinta “Django” (1966) del director Sergio Corbucci, aun cuando su título sugiere lo contrario. El protagonista es un bandido mitad mexicano conocido únicamente como “el Extraño”, quien tras formar parte de un asalto a una diligencia cargada de oro, es traicionado por un hombre llamado Oaks (Piero Lulli) y su banda de forajidos. La forma casual y sádica en la que Oaks y sus compañeros le ordenan al Extraño y a sus indefensos compañeros mexicanos que caven su propia tumba antes de abrir fuego contra ellos, resulta ser perturbadora dada la actitud displicente hacia el valor de la vida humana que expresa Oaks y compañia. Y es que en el mundo creado por Questi, sencillamente todo palidece cuando se compara con el oro y la riqueza. Este tema continúa explorándose a medida que el film introduce a una serie de personajes que refuerzan la idea de que la gente está dispuesta a hacer lo que sea, incluso sacrificar a sus propios hijos, por obtener algún beneficio. Una vez que el protagonista logra levantarse de su tumba gracias a la ayuda de dos misteriosos nativos americanos, él eventualmente rastrea a Oaks y a su banda en un pequeño pueblo situado en el medio de la nada que es conocido como “el Lugar Infeliz”, el cual es regido por dos hombres: el Sr. Templer (Milo Quesada), quien es dueño de la cantina local, y un pastor llamado Hagerman (Francisco Sanz). Serán ellos quienes deciden atacar a los forajidos para quedarse con el oro, sin considerar que un acaudalado terrateniente llamado Sorrow (Roberto Camardiel) y su peculiar pandilla de vaqueros homosexuales, también desean apoderarse del preciado botín.

 

Gran parte de las cosas extrañas y surrealistas que suceden a lo largo del film, responden a que Questi parece trabajar a nivel metafórico la mayor parte del tiempo. Según el mismo director, en “Se sei vivo spara” quiso retratar algunas de las experiencias que vivenció durante los dos años que combatió junto a la resistencia italiana situada en las montañas. A raíz de esto, no resulta extraño que la cinta está plagada de guiños políticos. Por ejemplo, mientras que prácticamente la totalidad de los personajes norteamericanos son retratados como hombres retorcidos y malvados, la constante y cuestionable fascinación que todos expresan por el oro puede ser tomado como un comentario negativo en contra del capitalismo. Por último, la banda de vaqueros vestidos de negro que están bajo las órdenes de Sorrow, bien pueden ser considerados como una analogía del infame grupo de los camisas negras liderados por Mussolini. También se ha postulado que el director a través de este film pretendía romper algunas de las constantes del género del western. Al hecho de que el protagonista es un personaje sumamente torturado tanto figurativa como literalmente, se suma que en vez de ser el típico antihéroe taciturno tan propio del spaghetti, es un hombre cansado y confundido que lucha para encontrarle sentido a la violencia que lo rodea.

El film aparentemente también posee un subtexto de tono religioso, que sugiere que el Extraño es una suerte de Jesucristo del lejano oeste. Junto al hecho de que el protagonista es un hombre que se levanta de su tumba tras haber sido dado por muerto sin una explicación lógica de por medio, existe una escena donde el Extraño tras rechazar el ofrecimiento de Sorrow de convertirse en uno de sus “muchachos”, es desnudado hasta quedar vestido con algo que se asemeja a un taparrabos, para posteriormente ser crucificado en un cuarto plagado de murciélagos e iguanas, entre otras cosas. Aun cuando tras ver estas imágenes es imposible no asociarlas a un contexto religioso, en numerosas entrevistas Questi se han encargado de negar tajantemente la inclusión de simbología cristiana en el film. Lo que no resulta cuestionable, es que el director y sus colaboradores aprovechan cada una de las oportunidades que se les presentan para abusar de la inocencia de determinados personajes, y degradar los conceptos de la moralidad. Por ejemplo, la pureza de Evan (Ray Lovelock), quien es el hijo de Templer, es destruida por la banda de vaqueros comandados por Sorrow. Su abuso sexual implícito y su posterior suicido, es posiblemente uno de los momentos más perturbadores de la cinta. Lo que es aún peor, es que ni siquiera después de muerto Evan está a salvo de hombres avariciosos como su padre, quien para conservar el oro no encuentra nada mejor que enterrarlo junto a su hijo. Además de todo lo antes mencionado, el film contiene algunos elementos que usualmente están inmersos dentro de la literatura del horror gótico, entre los que se encuentra la fantasmal esposa de Hagerman, Elizabeth (Patrizia Valturri), a quien el religioso mantiene encerrada en uno de los cuartos de su casa porque supuestamente está demente.

 

Más allá de la curiosa mezcla de influencias y subtramas que presenta la película, es necesario mencionar que “Se sei vivo spara” es una producción que además de estar bien rodada, cuenta con actuaciones encomiables y con un buen trabajo de edición. Tomas Milian interpreta de buena manera a un personaje atípico para el género, cuya mayor virtud es que logra establecerse como un enigma fascinante lleno de contradicciones. El protagonista es un hombre tranquilo que está consumido por el rencor, y que su venganza prácticamente se limita a ver y disfrutar como otros hombres se matan entre sí por el mismo oro que él alguna vez deseó y que ahora solo simboliza su caída al infierno. Roberto Camardiel por su parte, hace un gran trabajo interpretando a un villano que es un fiel reflejo de la locura reinante en la cinta. Y es que Sorrow no solo posee un cuarto de torturas, sino que además juega con pequeños soldados de juguete, y su mascota es un loro parlanchín que interactúa de manera dinámica con él. En cuanto al aspecto técnico del film, el estupendo trabajo de fotografía de Franco Delli Colli se complementa de manera perfecta con el trabajo de montaje de Franco Arcalli, cuyo estilo atípico de edición está marcado por la presencia de cortes rápidos y la entonces revolucionaria técnica de mostrar un acto de violencia desde distintos puntos de vista, lo que le otorga a la producción un estilo visual bastante crudo y surrealista. Por último, resulta necesario mencionar la magnífica banda sonora compuesta por Ivan Vandor, la cual compite incluso con algunas de las piezas musicales creadas por Ennio Morricone para algunas de las entradas más memorables del género del spaghetti western.

La desolación existente en “Se sei vivo spara” se convertiría en algo usual en los westerns realizados durante la década del setenta (un buen ejemplo es el film de Clint Eastwood, “High Plains Drifter”), pero cuando se estrenó la cinta de Questi esta particularidad fue considerada como algo increíblemente audaz e innovador. Lo mismo ocurre con la inusual mezcla de elementos propios del western clásico, el horror gótico y la explotación, los que en su conjunto provocan que la cinta sea percibida como una verdadera pesadilla alucinatoria, que dicho sea de paso no está exenta de momentos gore que no hacen más que reflejar la decadencia de los habitantes del pueblo en el que se desarrolla la trama. Aun cuando los elementos a destacar son numerosos, la verdad es que el ritmo narrativo de “Se sei vivo spara” por momentos deja bastante que desear, al igual que el encadenamiento de las distintas subtramas que conforman la historia, las cuales para ser sinceros adolecen de una real cohesión que ayude a otorgarles el peso dramático necesario para despertar el interés del espectador en ellas. Si bien Giulio Questi nunca estuvo de acuerdo con el cambio de título sugerido por los productores, y sin lugar a dudas se mostró aún más molesto con los distintos cortes que sufrió el film debido a la censura de la época, la verdad es que sin el prefijo de Django esta producción al igual que otros numerosos spaghetti westerns, perfectamente pudo haber desaparecido en la más completa oscuridad.

por Fantomas.

martes, 10 de marzo de 2015

The Paradine Case: La problemática última colaboración entre Hitchcock y Selznick.

“The Paradine Case” (1947), es un drama judicial del director Alfred Hitchcock, el cual está protagonizado por Gregory Peck, Ann Todd, Charles Laughton y Alida Valli.

Cuando la hermosa y elegante señora Paradine (Alida Valli) es acusada de haber asesinado a su marido ciego, ella contrata al prestigioso abogado Anthony Keane (Gregory Peck) para que se encargue de su defensa. Es así como Keane comienza a familiarizarse con el exótico pasado de su clienta, lo que gradualmente provoca que el abogado exprese una incontrolable atracción hacia ella. Ahora que ha permitido que el corazón domine a la razón, la obsesión ciega de Keane no solo puede costarle el caso, sino que también su hasta entonces feliz matrimonio.

 

Desde que el escritor Robert Hickens publicó su novela “The Paradine Case” en el año 1933, el productor David O. Selznick se mostró interesado en llevarla a la pantalla grande. Tras varios intentos fallidos de producir la adaptación al interior de los estudios MGM, Selznick optó por llevar a cabo el proyecto junto a Alfred Hitchcock bajo el alero de los estudios RKO, marcando lo que sería su último trabajo en conjunto. Lamentablemente, el proyecto se desarrolló de forma caótica desde el inicio, lo que provocó que nadie se interesara demasiado por participar en el mismo. Aun cuando Gregory Peck aceptó interpretar el rol protagónico del film, el hecho que Hitchcock estaba más preocupado del término de su contrato con Selznick, y que el productor se mostraba cada vez más neurótico e inseguro de sí mismo, produjo una compleja atmósfera laboral de la cual era difícil abstraerse. Algunas semanas después del inicio del proceso de pre-producción, Hitchcock se reunió con su esposa Alma y con Ben Hecht para trabajar en el guión desarrollado por Selznick, lo que probaría ser una tarea extremadamente difícil. Al hecho de que Hitchcock, Hecht y Selznick tuvieron numerosas dificultadas para ponerse de acuerdo sobre la trama y el desarrollo de los personajes, se sumó la intervención de Joseph O. Breen, administrador del Código de Producción Cinematográfica, quien le estampó una serie de puritanas objeciones a los distintos borradores del guión.

Tras un año de problemas con el guión, el film comenzó a rodarse el 19 de diciembre de 1946, aun cuando la participación de la actriz italiana Alida Valli, quien se suponía que iba a interpretar a la señora Paradine, todavía no estaba asegurada. Si antes Selznick se mostraba inquieto por el destino del proyecto, ahora era presa de un pánico incontrolable que lo llevó a reescribir el guión por completo, sobre la base del día a día, enviando así nuevas líneas de diálogo al plató cada mañana justo antes de que los actores comenzaran a situarse frente a las cámaras. “Esto, por supuesto, hacía que Hitchcock se distrajera”, recordaría Gregory Peck, quien también señalaría en su momento que el director estaba tan aburrido con el proyecto y con la desorganización de Selznick, que a menudo cuando terminaban una toma, los actores solían mirar la silla del director solo para descubrir que este estaba durmiendo o al menos fingía estarlo. De manera simultánea, por aquel entonces la hipocondría de Hitchcock parecía ir en aumento, al igual que su peso, ya que como lo había hecho en ocasiones anteriores, el director optó por refugiarse de las presiones en la comida y la bebida. Para colmo, cuando Hitchcock le entregó a Selznick el film terminado, el que originalmente tenía una duración aproximada de tres horas, el productor redujo drásticamente su duración a 115 minutos, lo que le provocó un daño irreparable a la cinta que fue percibido por la crítica especializada. Y es que la pérdida de peso temático y narrativo es claramente percibible, aun cuando la producción presenta una serie de elementos que refuerzan la idea de que su infame reputación no es del todo merecida.

 

Pese a que se podría argumentar que “The Paradine Case” es más un film de Selznick que de Hitchcock, de todas formas posee elementos característicos de las cintas del director británico, como por ejemplo la exploración de temas como la obsesión, el amor y el sacrificio, los cuales serían revisados con mayor profundidad en gran parte de las películas que Hitchcock realizó durante la segunda mitad de la década del cincuenta. En esta ocasión, el abogado británico Anthony Keane se enamora de su atractiva y enigmática clienta, a quien la están enjuiciando por el asesinato de su esposo. Los sentimientos del abogado son evidentes incluso para su propia esposa (Ann Todd), quien pese a eso lo motiva a ganar el caso para que así el abogado pueda volver a ella con su psiquis intacta. Y es que ella puede ver con toda claridad, que si bien Keane no da señales de querer abandonarla por su clienta, él nunca volverá a ser el mismo hombre si la mujer de la cual se ha enamorado es sentenciada a morir en la horca. El conflicto amoroso en el que se ve involucrado el trío protagónico refleja en gran medida uno de los temas favoritos del director: la caída de un hombre que no puede evitar sucumbir a sus más oscuros impulsos, lo que lo lleva a caer en una trampa de la cual debe salir para salvarse mental y emocionalmente. Obviamente esto no será tarea sencilla, ya que el abogado no solo tendrá que lidiar con sus propios sentimientos, sino que también con sus celos, con su ego, y con la posibilidad de que su carrera se vea destruida por un fallo desfavorable en el juicio.

Si hay algo que resulta interesante con respecto a “The Paradine Case”, es el hecho que el film presenta una perspectiva única, la cual unifica los puntos de vista de todos los personajes femeninos del relato, gracias a que no pierden el tiempo peleándose entre sí a causa de sus celos o de su relación con los hombres. Es por este motivo que si bien el punto de vista de los hombres en relación a la figura de la Sra. Paradine es parte central de la trama, este queda relegado a un segundo plano cuando se hace evidente que la historia es relatada desde una perspectiva femenina. Por ejemplo, los hombres no son idealizados ni tampoco son tratados como un objeto; muy por el contrario, son comprendidos, compadecidos y amados. Gay Keane observa a su marido constantemente, y está consciente que él está pendiente de la Sra. Paradine. Esto le permite reconocer la fascinación del abogado por la acusada prácticamente desde el momento en el que se desarrolla. Por otro lado, tanto Gay como su amiga Judy (Joan Tetzel), y la esposa del Juez Horfield (Charles Laughton), Sophie Horfield (Ethel Barrymore), asisten al juicio como espectadoras, específicamente para ver el accionar de Keane y de Horfield. Y es que el foco de ambos es la Sra. Paradine, y su lucha por determinar si se trata de una santa o una asesina. Mientras que Horfield no duda en demostrar la satisfacción sádica que le provoca enjuiciar a una mujer hermosa, Keane defiende apasionadamente su visión idealizada de la acusada, aun cuando esta lo desprecia por tratar de involucrar a un criado llamado Andre Latour (Louis Jourdan) en el crimen, con quien ella al parecer mantiene una relación que va más allá de lo estrictamente laboral.

 

En lo que respecta al ámbito de las interpretaciones, el elenco realiza un trabajo bastante dispar. Mientras que Gregory Peck no realiza esfuerzo alguno por parecer británico, la actuación de Alida Valli provoca que el espectador se cuestione que es lo que tanto le atrae al protagonista de la gélida e inexpresiva Sra. Paradine. En la vereda contraria se encuentra Ann Todd, quien interpreta de manera correcta a la abnegada y sacrificada esposa del protagonista; Charles Laughton, quien logra que el Juez Horfield no solo resulte ser un personaje detestable, sino que además se eleve como la encarnación de la indolencia provocada por la sobreexposición a casos como el de la Sra. Paradine; y por último Ethel Barrymore, quien interpreta de manera sobresaliente a la compasiva y a menudo humillada esposa de Horfield, al punto que le significó una nominación al Oscar como mejor actriz de reparto. En cuanto al aspecto técnico de la producción, junto al trabajo de fotografía de Lee Garmes, es necesario destacar la ingeniosa forma en como Hitchcock filmó los dramáticos detalles del juicio: utilizando cuatro cámaras, cada una posicionada para filmar a los cuatro personajes principales que participan en las escenas que conforman el juicio, el director se aseguró de captar cada una de las reacciones de los involucrados, en un intento de otorgarle una mayor profundidad a todo el proceso. Por último, la banda sonora compuesta por Franz Waxman no funciona del todo bien, ya que es más propia de un melodrama que de una cinta que por momentos pretende sumergirse en los terrenos del suspenso, específicamente cuando intenta plantar un dejo de duda acerca de la real culpabilidad de la Sra. Paradine.

Viendo la progresión de la sociedad conformada por Hitchcock y Selznick en perspectiva, se podría afirmar que la calidad de los films realizados por la dupla mostró un evidente declive con el paso de los años. Y es que mientras que su primer trabajo en conjunto, “Rebecca” (1940), es sin duda el punto más alto de su compleja sociedad, “The Paradine Case” terminó siendo una de las películas menos memorables y más criticadas del admirado director británico, pese al interesante trasfondo temático que se esconde tras un drama judicial que carece de real suspenso, y cuyos protagonistas palidecen ante la participación de los personajes secundarios. Más allá de si se trata de una fábula acerca de los peligros de la participación de los productores en el proceso creativo cinematográfico, o de un ejemplo de cómo puede verse afectada una producción debido a la falta de interés del director, la mejor manera de ver “The Paradine Case” es considerándola como un producto transicional dentro de la carrera de Hitchcock, situado entre el éxito comercial que resultó ser “Notorious” (1946) y sus trabajos posteriores que comenzarían a presentar rasgos más experimentales y personales. Pese a sus innovaciones técnicas, a los ocasionales momentos de brillantez que tiene la cinta, y a lo interesante que resulta ser el prisma femenino desde el cual es relatada la historia, “The Paradine Case” tal como ocurre con su protagonista, resulta difícil no otorgarle un fallo desfavorable.


por Fantomas.

miércoles, 4 de marzo de 2015

The Woman in the Window: Los peligros de dejarse envolver por la tentación.

“The Woman In The Window” (1944), es una cinta de cine negro del director Fritz Lang, la cual está protagonizada por Edward G. Robinson, Joan Bennett y Raymond Massey.

Con su esposa e hijos fuera de la ciudad, el profesor universitario Richard Wanley (Edward G. Robinson) se enreda en un inocente flirteo con Alice Reed (Joan Bennett), una mujer a la que conoce por azar, y sin querer comete un crimen terrible. Pero sus problemas no han hecho más que empezar, pues a medida que el astuto fiscal de distrito Frank Lalor (Raymond Massey) se acerca a la solución del crimen, Wanley descubre que está dispuesto a tomar medidas desesperadas con tal de evitar que lo atrapen.

 

Tras finalizar el rodaje de “Ministry of Fear” (1944), el director austriaco Fritz Lang comenzó a trabajar en lo que sería su próximo proyecto. En aquel entonces, el guionista Nunnally Johnson, quien había trabajado en varios films de John Ford incluyendo “The Grapes of Wrath” (1940), había confeccionado un guión basado en un bestseller de J. H. Wallis titulado “Once off Guard”, con la intención de llevarlo a la pantalla grande a través de la compañía independiente de producción que recientemente había formado. Dicho guión rápidamente llamó la atención de Fritz Lang, a quien además de la historia, también le atraía la idea de trabajar alejado de los grandes estudios, ya que eso le significaba gozar de una libertad creativa que escaseaba dentro del sistema de filmación hollywoodense, y además le otorgaba la posibilidad de viajar a Nueva York con el objetivo de visitar locaciones que lo ayudasen a construir sets lo más auténticos posible. Según la entrevista que Lang le otorgó a los periodistas Charles Highman y Joel Greenberg para el libro “The Celluloid Muse: Hollywood Directors Speak”, una de las cosas que inicialmente le molestó del guión de Johnson, era el hecho de que todos los papeles masculinos habían sido escritos para hombres viejos. Con el objetivo de introducir a alguien relativamente joven dentro del elenco masculino, Lang convenció al productor de contratar a Dan Duryea, con quien había trabajado en “Ministry of Fear”. Por otro lado, el director también se tomó la libertad de cambiar el final de la historia, en parte aludiendo a ciertas directrices impuestas por el infame Código de Producción, utilizando según él “un truco tan viejo que casi parece algo novedoso”, y que tiene directa relación con el mundo de los sueños.

“The Woman In The Window” se centra en el veterano profesor de psicología Richard Wanley. El mismo día que su familia se va de vacaciones, Wanley decide asistir a un club de caballeros para reunirse con sus dos mejores amigos, el fiscal de distrito Frank Lalor y el Doctor Michael Barkstane (Edmond Breon). Cuando va de camino al club, Wanley no puede evitar detenerse a admirar el retrato de una bella mujer que se encuentra en exhibición en la vitrina de una tienda. Este hecho en particular desencadena que los tres amigos bromeen con la mujer del cuadro, y con la idea de tener una aventura amorosa que es precisamente lo que ella representa. Aun cuando Wanley admite extrañar la excitación y la libertad propia de la juventud, concuerda con sus amigos que a su edad es preferible llevar una vida tranquila sin mayores complicaciones. Tras una apacible noche de lectura, Wanley abandona el club para detenerse nuevamente a admirar el retrato. De pronto, en la vitrina vislumbra el reflejo de una hermosa mujer, la cual para su sorpresa es la misma muchacha que posó para el retrato. Su nombre es Alice Reed, y luego de presentarse, invita al buen profesor a tomarse una copa. Dejando de lado el sentido común, Wanley acepta y eventualmente termina en el departamento de la muchacha. Para su sorpresa, su breve aventura termina cuando súbitamente en el departamento aparece el novio celoso de Alice, quien tras abalanzarse contra Wanley, es asesinado en defensa propia por el profesor. Esto será solo el principio de su pesadilla, ya que para evitar que la policía lo atrape, Wanley se verá obligado a tomar una serie de medidas desesperadas que no parecen mejorar demasiado la compleja situación en la que se ha visto involucrado.

 

Tan solo una vez que el film ha terminado, el espectador es capaz de apreciar la real importancia de la primera conversación que el protagonista mantiene con sus dos amigos. En gran medida, todas las situaciones en las que se ve envuelto Wanley son consecuencia directa de los peligros de sucumbir a la tentación. Aun cuando Alice Reed no responde al estereotipo de la femme fatale, para el protagonista ella simboliza sus deseos más prohibidos. Es por este motivo que una vez que él acepta su invitación, su destino está sellado. Inevitablemente, Wanley está condenado a confrontar el mal que supuestamente todos llevan dentro. Curiosamente, este proceso gradual comienza con un homicidio absolutamente justificable. Desde ese punto en adelante, cada una de las decisiones que toma Wanley resultan ser entendibles y condenables por partes iguales. Y es que él no desea ver su vida destruida, por lo que decide no dar aviso a la policía del incidente. Esta decisión es extremadamente significativa debido a que Wanley pasa de proteger la existencia de su vida, a proteger las circunstancias que rodean su vida. Este giro es crucial moralmente hablando, ya que posiciona al protagonista en un camino sin retorno, en el cual se muestra dispuesto a convertirse en un criminal con tal de proteger su reputación y su estatus social. Alice Reed lo acompaña en sus decisiones exactamente por las mismas razones, lo que perpetúa la culpa compartida que ella detonó cuando le acercó las tijeras con las cuales el profesor asesinó a su atacante. La eventual aparición de Heidt (Dan Duryea), el guardaespaldas del hombre asesinado, cuyo único objetivo es chantajear a la pareja, termina por reforzar la idea de que las circunstancias han convertido a Wanley en un criminal premeditado, ya que su experiencia y su conocimiento de la psicología le dicta que la única forma de deshacerse de tipos como Heidt es asesinándolos.

“The Woman In The Window” puede ser considerado como un profundo y cínico ataque contra los cimientos del género del thriller. La temática del film constituye una interesante exposición del llamado thriller subjetivo, cuyas características fueron definidas por directores como Alfred Hitchcock y Fritz Lang. En las películas de dichos directores, es común encontrarse con un protagonista que lleva una vida común y corriente, hasta que cierto día por diversos motivos termina siendo arrastrado a un mundo caótico dominado por el peligro y la maldad. Cuando el film se revela como la manifestación de la pesadilla de Wanley, el espectador se da cuenta que el supuesto destino del protagonista no es más que una artificiosa manifestación de sus propios miedos neuróticos. Una vez entendido el mecanismo psicológico al cual se somete Wanley, el espectador no puede aceptar su destino como algo válido. De hecho, tomando en cuenta la naturaleza conservadora del protagonista, incluso se podría argumentar que soñó toda la increíble sucesión de acontecimientos que relata el film solo para justificar su miedo a la libertad. Quizás por este mismo motivo, no resulta extraño que él considere su constructo onírico como una prueba fehaciente de sus miedos, cuando en verdad es solo una manifestación de ellos. El mismo tipo de pensamiento circular invade al espectador de los llamados thrillers subjetivos. Dichos films apelan a los miedos neuróticos de la audiencia al mismo tiempo que satisfacen su sed de aventuras. Curiosamente, a causa de esto el espectador ve reforzados sus miedos, y por ende sigue coartando sus deseos de libertad. El cine al igual que los sueños, no pueden ser tomados como verdades absolutas debido a la engañosa función psicológica que desempeñan. Esta es la verdad subversiva que está implícita en el sueño de Wanley, y que le otorga a “The Woman in The Window” una ironía estructural sumamente significativa.

 

Además de la innegable destreza como director de Fritz Lang, el film funciona de buena manera debido al magnífico trabajo del elenco participante. Edward G. Robinson no solo es capaz de proyectar la frustración de su personaje con su edad y las obligaciones que esta conlleva, sino que además construye con éxito un personaje que pese a su ambigüedad moral, logra despertar la simpatía del espectador, quien no puede evitar pensar que al igual que Wanley, todo el mundo está expuesto a verse envuelto en problemas de diversa índole a raíz de una mala decisión. Joan Bennett por su parte, interpreta de manera espléndida a una mujer que sin ser una femme fatale, termina funcionando como una. Alice Reed no busca fortuna ni poder, ni tampoco deshacerse de su novio celoso, sin embargo termina envuelta en el asesinato de quien es su pareja, en el encubrimiento de dicho crimen en donde su cómplice es un hombre casado, y en una trama de chantaje cuya única solución parece ser la ejecución de otro asesinato. Aun cuando su principal motivación es la conservación de su estilo de vida, Alice actúa con una peculiar nobleza cuando Heidt aparece en su vida y en la de Wanley para chantajearlos, y logra establecer con el profesor una relación de mutuo apoyo y confianza. Por último, cabe destacar la labor de Dan Duryea, quien interpreta de manera soberbia al villano de turno, un hombre sin ninguna clase de escrúpulos que no solo busca conseguir algo de dinero, sino que también desea quedarse con la chica. Por otro lado, en lo que se refiere al aspecto técnico del film, este cuenta con el gran trabajo de fotografía de Milton R. Krasner, y con la efectiva pero olvidable banda sonora del compositor Arthur Lange.

En gran medida debido al giro dramático final de la cinta, ésta en su momento fue vapuleada por gran parte de la crítica especializada, a lo cual Lang no le dio demasiada importancia. En el libro “Dark City: The Film Noir” del autor Spencer Selby, “The Woman in the Window” es descrita como “la primera de un par de importantes pesadillas de clase media realizadas por Fritz Lang”. La segunda sería la cinta titulada “Scarlet Street” (1945), la que debido a su mayor crudeza terminó opacando a su “hermana mayor”, y la cual hoy en día es considerada como una de las obras imprescindibles del cine negro. Pese a eso, “The Woman in the Window” posee méritos suficientes como para brillar por sí misma, al punto que incluso se podría argumentar que es una obra cuya influencia dentro del género es mucho mayor que la ejercida por “Scarlet Street”. Independiente de la superioridad de una u otra cinta, luego del par de pesadillescas obras de Lang, la línea divisora entre el bien y el mal existente en los thrillers criminales norteamericanos nunca volvería a ser la misma. Y es que lo que por mucho tiempo había sido parte de una idea clara y concreta, de súbito se transformó en un portal fatal que cualquiera con deseos normales o reprimidos podía cruzar.


por Fantomas.

sábado, 21 de febrero de 2015

Hold-Up: ¿Qué hace Jean-Paul Belmondo vestido de payaso dentro de un banco?

“Hold-Up” (1985), es una comedía del director Alexandre Arcady, la cual está protagonizada por Jean-Paul Belmondo, Guy Marchand y Kim Cattrall.

Grimm (Jean-Paul Belmondo) es un hombre que está a punto de llevar a cabo su más ambicioso plan: atracar el banco más importante de Montreal y llevarse a casa, libre de impuestos, más de dos millones de dólares. Sin embargo, lo que en un principio parecía ser un plan perfecto, se verá amenazado por diversos obstáculos que dificultaran el escape de Grimm y de sus dos cómplices: el torpe pero leal Georges (Guy Marchand), y la sensual Lisa (Kim Cattrall).

 

Para cuando comenzó a filmar la comedia de acción “Hold-Up”, la cual contó con un presupuesto bastante generoso y con el icónico actor Jean-Paul Belmondo como protagonista, el director francés Alexandre Arcady había logrado al menos tres grandes éxitos de taquilla, siendo el más importante de ellos el film “Le Grand Pardon” (1982). El guión de “Hold-Up” se basó en la novela “Quick Change”, del escritor norteamericano Jay Cronley, y fue escrito por el mismo Arcady en compañía de Daniel Saint-Hamont y el popular guionista Francis Veber, quien fue incluido en la producción a petición de Belmondo. Debido a que el escenario urbano norteamericano presente en la novela de Cronley era parte esencial de la historia y del funcionamiento de la misma, el equipo de producción tomó la decisión de rodar el film en Montreal, la ciudad más grande de la provincia canadiense de Quebec. Cabe mencionar que esta decisión poseía una doble intencionalidad: por un lado le imprimía al film una estética “americana” que facilitaría su distribución en el mercado norteamericano, y al mismo tiempo le otorgaba la posibilidad al director de incluir una serie de ambiciosas y vistosas escenas de riesgo en la narrativa, las cuales solían ser parte del sello de las películas de acción en las que participó Belmondo durante gran parte de las décadas del setenta y el ochenta.

En “Hold-Up”, el genio criminal conocido como Grimm, elabora un brillante e infalible plan para asaltar el supuestamente inexpugnable Banco Central de Montreal. Ataviado de un disfraz de payaso, Grimm ingresa al banco y toma como rehenes a todas las personas que se encuentran en su interior. Lo que la gran mayoría de las víctimas del asalto y lo que la policía liderada por el Inspector Simon Labrosse (Jean-Pierre Marielle) no sospechan, es que el criminal cuenta con dos cómplices entre los rehenes: Georges, quien además de ser el mejor amigo de Grimm, es un tipo sumamente inseguro y torpe; y Lisa, quien pese a mantener una relación amorosa con Georges, está secretamente interesada en Grimm. Irónicamente, una vez que el trío logra eludir a la policía y escapar del banco con cerca de dos millones de dólares en efectivo, es entonces cuando comienzan los problemas. Al asedio incesante del Inspector Labrosse, quien intenta en vano descubrir la estratagema de los asaltantes antes de que estos abandonen Montreal, se suma la presencia de Lasky (Tex Konig), un viejo conocido de los criminales el cual una vez que descubre su plan, hace todo lo posible por arrebatarles el botín, y una serie de diversas desventuras en las que se ve envuelto un desafortunado chofer de taxi llamado Jeremie (Jacques Villeret), y el tan temido “factor humano” al cual Grimm responsabiliza constantemente de los fracasos de los grandes planes que él alguna vez puso en marcha. Con el tiempo y las probabilidades en su contra, Grimm y sus secuaces intentarán llegar al aeropuerto de Montreal antes de que su loca carrera termine en prisión.

 

“Hold-Up” es un film que intenta fusionar dos segmentos o subtramas claramente delimitadas, en una misma historia repleta de matices. El primero de estos segmentos presenta una marcada inclinación hacia la comedia, y funciona como la típica película de robos norteamericana, pero teñida por las influencias del cine francés. Es por este motivo que la primera mitad del film gira en torno a una grotesca parodia de un asalto a un banco, la cual se convierte en la lucha de ingenios entre Grimm, quien es retratado como un meticuloso y extravagante ladrón, y el Inspector Labrosse, quien no puede evitar perder el control cada vez que sostiene una conversación con el payaso que tiene como rehenes a los clientes de la prestigiosa entidad financiera. Una vez que la acción se traslada a los diversos rincones de la ciudad de Montreal que se encuentran entre el banco en cuestión y el aeropuerto al cual desean llegar los protagonistas, la cinta mezcla de manera algo caótica escenas de acción, dosis importantes de humor negro, e incluso algunos breves momentos dramáticos, los cuales en su mayoría hacen referencia a la relación existente entre el trío protagónico, en especial entre Grimm y Georges. Es a raíz de esto que durante la segunda mitad de la cinta es posible ver frenéticas persecuciones automovilísticas, breves pero memorables interacciones entre Grimm y Labrosse, y la inclusión de un taxista algo torpe que hará las veces tanto de víctima como de victimario del trío de ladrones.

Si hay algo que llama la atención durante la segunda mitad de la cinta, es la exploración de las diversas aristas de aquello que Grimm llama “el factor humano”. Según el experimentado ladrón, lo único que puede frustrar un buen plan es la estupidez propia del ser humano. En esta oportunidad, la codicia sin límites de Lasky, la inocencia cuasi infantil de Georges, el oportunismo de Jeremie, y la naturaleza caprichosa e impredecible de Lisa, son los principales ejemplos del tan temido “factor humano”. En el caso puntual de Lisa, ella en repetidas oportunidades le sugiere a Grimm que sería más conveniente para ambos huir juntos y dejar a Georges a merced de la policía, aun a sabiendas que el pobre Georges está perdidamente enamorado de ella. Esto de inmediato le otorga un cierto grado de ambigüedad a la historia, ya que por un lado el espectador desea ver triunfante al trío protagónico, pero por otra parte se sugiere que Lisa en cualquier momento puede traicionar a sus compañeros sin mayor remordimiento, cuya relación de amistad demuestra ser absolutamente inquebrantable. Lamentablemente, pese a que durante la segunda mitad del film se exhibe un puñado de buenas ideas, Arcady no logra plasmarlas con demasiado éxito, lo que provoca que la película caiga en una vorágine de frenética mediocridad, exenta de giros dramáticas realmente interesantes, lo cual intenta ser compensado por el director con la inclusión de numerosas escenas de riesgo y diversos cambios de escenario, que no hacen más que evidenciar lo frágil del plan de escape de los protagonistas.

 

En cuanto a las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un trabajo que va desde lo meramente correcto hasta lo sencillamente brillante. Dentro de este abanico de interpretaciones, quien realmente se destaca es Jean-Paul Belmondo, quien no solo capitaliza de manera brillante su carisma natural, sino que además construye un personaje interesante que no se conforma con representar al estereotipo del genio criminal codicioso y calculador, sino que muy por el contrario, demuestra ser un tipo leal y preocupado por su amigo, el cual no solo rechaza los múltiples avances que le realiza Lisa, sino que también se muestra dispuesto a sacrificar el botín con tal de conservar la libertad de su viejo compañero. Guy Marchand por su parte, interpreta de buena manera a un personaje torpe, bien intencionado y plagado de sueños, mientras que Kim Cattrall cumple con lo justo con su rol de femme fatale, cuyo cambio de opinión final resulta ser demasiado errático e incomprensible como para otorgarle demasiada importancia. Por otro lado, en lo que respecta al aspecto técnico de la producción, al correcto trabajo de fotografía de Richard Ciupka, se suma la vibrante banda sonora del compositor Serge Franklin, cuya mezcla de ritmos propios del jazz, el blues y el country, la convierten en uno de los puntos altos de la cinta.

Cinco años más tarde del estreno de “Hold-Up”, el director y guionista Howard Franklin en compañía de Bill Murray, estrenarían su propia adaptación de la novela de Jay Cronley, la cual además de estar mejor ejecutada, presenta una serie de importantes diferencias con la cinta de Alexandre Arcady. Entre otras cosas, “Quick Change” (1990) no solo trasladaría la acción a la ciudad de Nueva York, sino que además la convertiría en parte del conflicto central de la historia, ya que las complicaciones que experimenta el protagonista interpretado por Bill Murray y sus compañeros de fechorías, están estrictamente ligados con el ritmo frenético característico de la ciudad norteamericana. El Grimm de Murray odia la ciudad y a sus habitantes, y ese es uno de los principales motivos que lo llevan a asaltar un banco junto a sus dos cómplices. Este pequeño detalle provoca que la segunda mitad de “Quick Change”, funcione de mucha mejor manera que los segundos cuarenta minutos del film de Arcady. Al mismo tiempo, la dinámica entre el trío protagónico es completamente diferente. Mientras que en “Hold-Up” Lisa es pareja de Georges, y es sin lugar a dudas la más ambiciosa y egoísta de los tres, en “Quick Change” el personaje interpretado por Geena Davis mantiene una complicada relación amorosa con Grimm, quien constantemente se muestra como un personaje sumamente ególatra que no puede ver más allá de su propia nariz. Más allá de las diferencias con su remake y de las falencias propias de un guión que decae de manera notable durante la segunda mitad, “Hold-Up” se alimenta del carisma de Belmondo, de la gran cantidad de diálogos ingeniosos escritos por Francis Veber, y de la habilidad de Arcady a la hora de filmar escenas visualmente atrayentes, para alzarse como una de las buenas comedias de acción francesa rodadas durante la década del ochenta.


por Fantomas.

miércoles, 18 de febrero de 2015

The Gauntlet: La aventura más explosiva y extravagante de Clint Eastwood.

“The Gauntlet” (1977), es un film de acción del director Clint Eastwood, el cual está protagonizado por el mismo Eastwood y Sondra Locke.

El policía originario de Phoenix, Ben Shockley (Clint Eastwood), ha estado por años esperando que le sea asignado un caso importante para potenciar su mediocre carrera. Es por esto que cuando le ordenan escoltar desde Las Vegas a Phoenix a “un testigo común para que participe en un juicio sin importancia”, no puede evitar sentirse algo decepcionado. Sin embargo, una serie de explosivas y peligrosas situaciones pronto le demostrarán lo equivocado que estaba con respecto a su nueva misión.

 

Tras el exitoso estreno de “The Enforcer” (1976), los estudios Warner comenzaron a presionar a Clint Eastwood para que se involucrara lo antes posible en un nuevo proyecto que le permitiera sacar provecho de su revitalizada carrera. En aquel entonces, el director Sam Peckinpah se encontraba trabajando en el proceso de pre-producción de un guión desarrollado por Dennis Shryack y Michael Butler, el cual había sido escrito con la intención de que Marlon Brando y Barbra Streisand lo protagonizaran. Eventualmente, Brando abandonó el proyecto y fue reemplazado por Steve McQueen, quien lamentablemente tras una serie de discusiones con quien sería su coprotagonista, también abandonó la producción. Esta serie de problemas pavimentaron la llegada de Eastwood, quien también asumiría el rol de director del film ante la dimisión de Peckinpah. Para sorpresa de los ejecutivos de los estudios Warner, Eastwood se negó a trabajar con Streisand por considerarla demasiado vieja para ser su coprotagonista, e insistió en que fuese contratada Sondra Locke, con quien mantenía una relación extramarital en aquella época Demás está decir que los ejecutivos del estudio no podían ocultar su preocupación ante la nueva situación de la producción. Y es que se habían destinado cinco millones de dólares de presupuesto para la cinta, bajo la premisa que sería protagonizada por dos estrellas de la talla de Eastwood y Streisand, y no por el actor y una actriz de escasa trayectoria y popularidad. Pese a esto, apoyaron cada una de las decisiones del director, quien además incluyó una gran cantidad de violencia que no estaba concebida originalmente en el guión de Shryack y Butler.

En “The Gauntlet”, al oficial de policía Ben Shockley se le asigna la tarea de buscar y escoltar a una prostituta llamada Gus Mally (Sondra Locke) desde Las Vegas hasta Phoenix, para que participe como testigo en un juicio contra un jefe de la mafia. A raíz de la importancia de su testimonio y de las consecuencias que este puede tener para una serie de personajes influyentes y corruptos, la mafia se propone hacer todo lo posible para asegurarse que Shockley y Mally jamás lleguen a Phoenix con vida. De hecho, es tanta la atención que obtiene la chica y su protector designado, que incluso se han abierto apuestas en la llamada ciudad del pecado en relación a las probabilidades de supervivencia que tiene la improvisada dupla. Decidido a cambiar su mala fortuna, Shockley acepta el desafío de proteger a la chica, aun a sabiendas de las mortales consecuencias que puede tener su decisión. Una vez que ambos emprenden la ruta hacia su destino final, se ven enfrentados a la incesante amenaza de los miembros de la mafia, a una pandilla de motociclistas, e incluso a la misma fuerza policial de los estados de Nevada y Arizona. Es a raíz de todo esto que si desean llegar a Phoenix sanos y salvos, Shockley y Mally deberán formar un lazo de confianza y respeto que les permita trabajar como equipo, antes de que sus diferencias, los fantasmas de su pasado, y las miles de balas que son disparadas hacia su dirección terminen con sus ambiciones, sus anhelos y con su vida.

 

A diferencia de Harry Callahan, uno de los personajes más icónicos de Eastwood, quien suele ser recordado por su afición a la violencia, su escaso respeto por sus superiores, y por su indiscutible efectividad a la hora de acabar con cuanto criminal se cruce en su camino, el protagonista de “The Gauntlet” es un policía fracasado, con un marcado gusto por el alcohol, el cual resulta ser tan incompetente que sus jefes corruptos le asignan la tarea de recoger a una testigo clave a quien planean asesinar, antes de que ella logre atestiguar y los conecte con el crimen organizado. Por su parte, la testigo en cuestión también resulta ser un personaje marginal; Gus Mally es una prostituta cuya vida es un completo desastre, la cual paradójicamente posee educación universitaria, la que se refleja en múltiples oportunidades en las cuales demuestra ser intelectualmente más aguda que Shockley. Como gran parte de las películas en las que una dupla aparentemente incompatible se ve obligada a compartir un largo viaje en vehículo, durante su peligrosa travesía, Shockley y Gus discuten incesantemente hasta que no solo descubren las virtudes del otro, sino que además se ven expuestos a la promesa de una renovación personal si es que logran sobrevivir a los múltiples intentos de homicidio que constituyen la trama central.

“The Gauntlet” básicamente se constituye por un puñado de espectaculares escenas de acción, cada una de las cuales busca dramatizar los diversos intentos de asesinatos a los que se ven expuestos los protagonistas. Los ejemplos más importantes de esto son la escena en la cual Shockley y Gus están atrapados al interior de una cabaña debido al asedio de decenas de policías; la escena en la cual el auto en el que se trasladan los protagonistas es perseguido por un helicóptero a través de un camino montañoso; y la famosa escena final, en la que la dupla protagónica utiliza un autobús blindado para llegar a su ansiado destino, el cual está custodiado por cientos de policías fuertemente armados con ametralladoras y escopetas. La primera y la tercera escena antes mencionadas, están marcadas por una exageración deliberada de la violencia, que resulta ser tan espectacular como caricaturesca. De hecho, aun cuando la cabaña que es rodeada por la policía recibe una cantidad tal de municiones que eventualmente termina colapsando, Shockley logra escapar completamente ileso del lugar. Más increíble aún resulta ser la secuencia del autobús, ya que previo a su llegada a Phoenix, es el mismo Shockley el que se encarga de darle a los policías corruptos un mapa de la ruta que tomará una vez que entre a la ciudad en su intento por llegar al ayuntamiento. Si bien algunos estudiosos han planteado que tanto las características del protagonista, como las increíbles situaciones en las que este se ve envuelto y de las cuales termina alzándose victorioso, conjugan en un mismo personaje al arquetipo del héroe y del antihéroe, y el mito que rodea a la figura de Eastwood y la desconstrucción del mismo, la verdad parece ser mucho más sencilla y decepcionante. Al final del día, las secuencias antes mencionadas no hacen más que reflejar el sin sentido que por momentos domina al film, y una falta de verdadero interés por parte de Eastwood por un proyecto que no parece elevarse más allá de una mera obligación contractual.

 

Si bien resulta curioso e interesante que el film presente a Eastwood interpretando a un policía decididamente estúpido y abatido por su propia frustración, lamentablemente el personaje carece de múltiples capas que permitan un desarrollo satisfactorio de su personalidad. Y es que la dirección de Eastwood de sí mismo deja bastante que desear, ya que más allá del carisma innegable del actor, en diversas oportunidades pareciera que su actuación la está desarrollando en piloto automático. Afortunadamente esto no sucede con el resto del elenco participante, entre los que se destacan Pat Hingle, quien interpreta al colega y único amigo de Shockley; William Prince y Michael Cavanaugh, quienes personifican de manera bastante efectiva a los villanos de turno; y por último Sondra Locke, quien en esta oportunidad demuestra sus habilidades como actriz, interpretando a quien se convierte en el personaje más interesante de una cinta plagada de personajes genéricos y algo aburridos. Entre otras cosas, Locke logra otorgarle un grado palpable de profundidad a Gus Mally, y logra expresar con éxito su impotencia y su dolor cuando para salvar de una golpiza a Shockley, se ofrece como carnada a un trío de motociclistas que intentan abusar de ella. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Rexford L. Metz, y con la efectiva y vibrante banda sonora del compositor Jerry Fielding, la cual termina siendo uno de los puntos más altos de la película.

“The Gauntlet” es una película que por momentos no parece tener otro propósito más que reunir escenas de acción sin demasiada lógica. En ese sentido, Eastwood demuestra tener un domino envidiable a la hora de escenificar piezas de acción que en esta oportunidad, no solo son espectaculares, sino que además son extravagantes y poseedoras de un particular humor negro. Aun cuando el concepto que le da vida al film presenta algunos puntos de interés, la ejecución del mismo es deficiente ya que no logra generar la tensión suficiente como para que el espectador se vea realmente envuelto en la trama. Al mismo tiempo, la historia resulta ser demasiado predecible ya que no solo los villanos son identificados por el espectador a los pocos minutos de comenzada la película, sino porque además el resultado final de la peligrosa aventura de los protagonistas nunca es puesto en duda. Pese a todas sus falencias, “The Gauntlet” logró recaudar más de 100 millones de dólares a nivel mundial, convirtiéndose en un nuevo triunfo para Eastwood quien más allá de las cámaras y de Hollywood, comenzaría a experimentar ciertos problemas en su vida privada, específicamente con su mujer de aquel entonces, Margaret Neville Johnson, por la tortuosa relación que el actor mantenía con Sondra Locke, quien dicho sea de paso también estaba casada. “The Gauntlet” bien podría considerarse como un traspié en la carrera de Eastwood, cuyo concepto básico sería replicado en diversas ocasiones durante el transcurso de los años, siendo “16 Blocks” (2006) del director Richard Donner probablemente el mejor ejemplo del mismo.


por Fantomas.
Related Posts with Thumbnails