sábado, 21 de febrero de 2015

Hold-Up: ¿Qué hace Jean-Paul Belmondo vestido de payaso dentro de un banco?

“Hold-Up” (1985), es una comedía del director Alexandre Arcady, la cual está protagonizada por Jean-Paul Belmondo, Guy Marchand y Kim Cattrall.

Grimm (Jean-Paul Belmondo) es un hombre que está a punto de llevar a cabo su más ambicioso plan: atracar el banco más importante de Montreal y llevarse a casa, libre de impuestos, más de dos millones de dólares. Sin embargo, lo que en un principio parecía ser un plan perfecto, se verá amenazado por diversos obstáculos que dificultaran el escape de Grimm y de sus dos cómplices: el torpe pero leal Georges (Guy Marchand), y la sensual Lisa (Kim Cattrall).

 

Para cuando comenzó a filmar la comedia de acción “Hold-Up”, la cual contó con un presupuesto bastante generoso y con el icónico actor Jean-Paul Belmondo como protagonista, el director francés Alexandre Arcady había logrado al menos tres grandes éxitos de taquilla, siendo el más importante de ellos el film “Le Grand Pardon” (1982). El guión de “Hold-Up” se basó en la novela “Quick Change”, del escritor norteamericano Jay Cronley, y fue escrito por el mismo Arcady en compañía de Daniel Saint-Hamont y el popular guionista Francis Veber, quien fue incluido en la producción a petición de Belmondo. Debido a que el escenario urbano norteamericano presente en la novela de Cronley era parte esencial de la historia y del funcionamiento de la misma, el equipo de producción tomó la decisión de rodar el film en Montreal, la ciudad más grande de la provincia canadiense de Quebec. Cabe mencionar que esta decisión poseía una doble intencionalidad: por un lado le imprimía al film una estética “americana” que facilitaría su distribución en el mercado norteamericano, y al mismo tiempo le otorgaba la posibilidad al director de incluir una serie de ambiciosas y vistosas escenas de riesgo en la narrativa, las cuales solían ser parte del sello de las películas de acción en las que participó Belmondo durante gran parte de las décadas del setenta y el ochenta.

En “Hold-Up”, el genio criminal conocido como Grimm, elabora un brillante e infalible plan para asaltar el supuestamente inexpugnable Banco Central de Montreal. Ataviado de un disfraz de payaso, Grimm ingresa al banco y toma como rehenes a todas las personas que se encuentran en su interior. Lo que la gran mayoría de las víctimas del asalto y lo que la policía liderada por el Inspector Simon Labrosse (Jean-Pierre Marielle) no sospechan, es que el criminal cuenta con dos cómplices entre los rehenes: Georges, quien además de ser el mejor amigo de Grimm, es un tipo sumamente inseguro y torpe; y Lisa, quien pese a mantener una relación amorosa con Georges, está secretamente interesada en Grimm. Irónicamente, una vez que el trío logra eludir a la policía y escapar del banco con cerca de dos millones de dólares en efectivo, es entonces cuando comienzan los problemas. Al asedio incesante del Inspector Labrosse, quien intenta en vano descubrir la estratagema de los asaltantes antes de que estos abandonen Montreal, se suma la presencia de Lasky (Tex Konig), un viejo conocido de los criminales el cual una vez que descubre su plan, hace todo lo posible por arrebatarles el botín, y una serie de diversas desventuras en las que se ve envuelto un desafortunado chofer de taxi llamado Jeremie (Jacques Villeret), y el tan temido “factor humano” al cual Grimm responsabiliza constantemente de los fracasos de los grandes planes que él alguna vez puso en marcha. Con el tiempo y las probabilidades en su contra, Grimm y sus secuaces intentarán llegar al aeropuerto de Montreal antes de que su loca carrera termine en prisión.

 

“Hold-Up” es un film que intenta fusionar dos segmentos o subtramas claramente delimitadas, en una misma historia repleta de matices. El primero de estos segmentos presenta una marcada inclinación hacia la comedia, y funciona como la típica película de robos norteamericana, pero teñida por las influencias del cine francés. Es por este motivo que la primera mitad del film gira en torno a una grotesca parodia de un asalto a un banco, la cual se convierte en la lucha de ingenios entre Grimm, quien es retratado como un meticuloso y extravagante ladrón, y el Inspector Labrosse, quien no puede evitar perder el control cada vez que sostiene una conversación con el payaso que tiene como rehenes a los clientes de la prestigiosa entidad financiera. Una vez que la acción se traslada a los diversos rincones de la ciudad de Montreal que se encuentran entre el banco en cuestión y el aeropuerto al cual desean llegar los protagonistas, la cinta mezcla de manera algo caótica escenas de acción, dosis importantes de humor negro, e incluso algunos breves momentos dramáticos, los cuales en su mayoría hacen referencia a la relación existente entre el trío protagónico, en especial entre Grimm y Georges. Es a raíz de esto que durante la segunda mitad de la cinta es posible ver frenéticas persecuciones automovilísticas, breves pero memorables interacciones entre Grimm y Labrosse, y la inclusión de un taxista algo torpe que hará las veces tanto de víctima como de victimario del trío de ladrones.

Si hay algo que llama la atención durante la segunda mitad de la cinta, es la exploración de las diversas aristas de aquello que Grimm llama “el factor humano”. Según el experimentado ladrón, lo único que puede frustrar un buen plan es la estupidez propia del ser humano. En esta oportunidad, la codicia sin límites de Lasky, la inocencia cuasi infantil de Georges, el oportunismo de Jeremie, y la naturaleza caprichosa e impredecible de Lisa, son los principales ejemplos del tan temido “factor humano”. En el caso puntual de Lisa, ella en repetidas oportunidades le sugiere a Grimm que sería más conveniente para ambos huir juntos y dejar a Georges a merced de la policía, aun a sabiendas que el pobre Georges está perdidamente enamorado de ella. Esto de inmediato le otorga un cierto grado de ambigüedad a la historia, ya que por un lado el espectador desea ver triunfante al trío protagónico, pero por otra parte se sugiere que Lisa en cualquier momento puede traicionar a sus compañeros sin mayor remordimiento, cuya relación de amistad demuestra ser absolutamente inquebrantable. Lamentablemente, pese a que durante la segunda mitad del film se exhibe un puñado de buenas ideas, Arcady no logra plasmarlas con demasiado éxito, lo que provoca que la película caiga en una vorágine de frenética mediocridad, exenta de giros dramáticas realmente interesantes, lo cual intenta ser compensado por el director con la inclusión de numerosas escenas de riesgo y diversos cambios de escenario, que no hacen más que evidenciar lo frágil del plan de escape de los protagonistas.

 

En cuanto a las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un trabajo que va desde lo meramente correcto hasta lo sencillamente brillante. Dentro de este abanico de interpretaciones, quien realmente se destaca es Jean-Paul Belmondo, quien no solo capitaliza de manera brillante su carisma natural, sino que además construye un personaje interesante que no se conforma con representar al estereotipo del genio criminal codicioso y calculador, sino que muy por el contrario, demuestra ser un tipo leal y preocupado por su amigo, el cual no solo rechaza los múltiples avances que le realiza Lisa, sino que también se muestra dispuesto a sacrificar el botín con tal de conservar la libertad de su viejo compañero. Guy Marchand por su parte, interpreta de buena manera a un personaje torpe, bien intencionado y plagado de sueños, mientras que Kim Cattrall cumple con lo justo con su rol de femme fatale, cuyo cambio de opinión final resulta ser demasiado errático e incomprensible como para otorgarle demasiada importancia. Por otro lado, en lo que respecta al aspecto técnico de la producción, al correcto trabajo de fotografía de Richard Ciupka, se suma la vibrante banda sonora del compositor Serge Franklin, cuya mezcla de ritmos propios del jazz, el blues y el country, la convierten en uno de los puntos altos de la cinta.

Cinco años más tarde del estreno de “Hold-Up”, el director y guionista Howard Franklin en compañía de Bill Murray, estrenarían su propia adaptación de la novela de Jay Cronley, la cual además de estar mejor ejecutada, presenta una serie de importantes diferencias con la cinta de Alexandre Arcady. Entre otras cosas, “Quick Change” (1990) no solo trasladaría la acción a la ciudad de Nueva York, sino que además la convertiría en parte del conflicto central de la historia, ya que las complicaciones que experimenta el protagonista interpretado por Bill Murray y sus compañeros de fechorías, están estrictamente ligados con el ritmo frenético característico de la ciudad norteamericana. El Grimm de Murray odia la ciudad y a sus habitantes, y ese es uno de los principales motivos que lo llevan a asaltar un banco junto a sus dos cómplices. Este pequeño detalle provoca que la segunda mitad de “Quick Change”, funcione de mucha mejor manera que los segundos cuarenta minutos del film de Arcady. Al mismo tiempo, la dinámica entre el trío protagónico es completamente diferente. Mientras que en “Hold-Up” Lisa es pareja de Georges, y es sin lugar a dudas la más ambiciosa y egoísta de los tres, en “Quick Change” el personaje interpretado por Geena Davis mantiene una complicada relación amorosa con Grimm, quien constantemente se muestra como un personaje sumamente ególatra que no puede ver más allá de su propia nariz. Más allá de las diferencias con su remake y de las falencias propias de un guión que decae de manera notable durante la segunda mitad, “Hold-Up” se alimenta del carisma de Belmondo, de la gran cantidad de diálogos ingeniosos escritos por Francis Veber, y de la habilidad de Arcady a la hora de filmar escenas visualmente atrayentes, para alzarse como una de las buenas comedias de acción francesa rodadas durante la década del ochenta.


por Fantomas.

miércoles, 18 de febrero de 2015

The Gauntlet: La aventura más explosiva y extravagante de Clint Eastwood.

“The Gauntlet” (1977), es un film de acción del director Clint Eastwood, el cual está protagonizado por el mismo Eastwood y Sondra Locke.

El policía originario de Phoenix, Ben Shockley (Clint Eastwood), ha estado por años esperando que le sea asignado un caso importante para potenciar su mediocre carrera. Es por esto que cuando le ordenan escoltar desde Las Vegas a Phoenix a “un testigo común para que participe en un juicio sin importancia”, no puede evitar sentirse algo decepcionado. Sin embargo, una serie de explosivas y peligrosas situaciones pronto le demostrarán lo equivocado que estaba con respecto a su nueva misión.

 

Tras el exitoso estreno de “The Enforcer” (1976), los estudios Warner comenzaron a presionar a Clint Eastwood para que se involucrara lo antes posible en un nuevo proyecto que le permitiera sacar provecho de su revitalizada carrera. En aquel entonces, el director Sam Peckinpah se encontraba trabajando en el proceso de pre-producción de un guión desarrollado por Dennis Shryack y Michael Butler, el cual había sido escrito con la intención de que Marlon Brando y Barbra Streisand lo protagonizaran. Eventualmente, Brando abandonó el proyecto y fue reemplazado por Steve McQueen, quien lamentablemente tras una serie de discusiones con quien sería su coprotagonista, también abandonó la producción. Esta serie de problemas pavimentaron la llegada de Eastwood, quien también asumiría el rol de director del film ante la dimisión de Peckinpah. Para sorpresa de los ejecutivos de los estudios Warner, Eastwood se negó a trabajar con Streisand por considerarla demasiado vieja para ser su coprotagonista, e insistió en que fuese contratada Sondra Locke, con quien mantenía una relación extramarital en aquella época Demás está decir que los ejecutivos del estudio no podían ocultar su preocupación ante la nueva situación de la producción. Y es que se habían destinado cinco millones de dólares de presupuesto para la cinta, bajo la premisa que sería protagonizada por dos estrellas de la talla de Eastwood y Streisand, y no por el actor y una actriz de escasa trayectoria y popularidad. Pese a esto, apoyaron cada una de las decisiones del director, quien además incluyó una gran cantidad de violencia que no estaba concebida originalmente en el guión de Shryack y Butler.

En “The Gauntlet”, al oficial de policía Ben Shockley se le asigna la tarea de buscar y escoltar a una prostituta llamada Gus Mally (Sondra Locke) desde Las Vegas hasta Phoenix, para que participe como testigo en un juicio contra un jefe de la mafia. A raíz de la importancia de su testimonio y de las consecuencias que este puede tener para una serie de personajes influyentes y corruptos, la mafia se propone hacer todo lo posible para asegurarse que Shockley y Mally jamás lleguen a Phoenix con vida. De hecho, es tanta la atención que obtiene la chica y su protector designado, que incluso se han abierto apuestas en la llamada ciudad del pecado en relación a las probabilidades de supervivencia que tiene la improvisada dupla. Decidido a cambiar su mala fortuna, Shockley acepta el desafío de proteger a la chica, aun a sabiendas de las mortales consecuencias que puede tener su decisión. Una vez que ambos emprenden la ruta hacia su destino final, se ven enfrentados a la incesante amenaza de los miembros de la mafia, a una pandilla de motociclistas, e incluso a la misma fuerza policial de los estados de Nevada y Arizona. Es a raíz de todo esto que si desean llegar a Phoenix sanos y salvos, Shockley y Mally deberán formar un lazo de confianza y respeto que les permita trabajar como equipo, antes de que sus diferencias, los fantasmas de su pasado, y las miles de balas que son disparadas hacia su dirección terminen con sus ambiciones, sus anhelos y con su vida.

 

A diferencia de Harry Callahan, uno de los personajes más icónicos de Eastwood, quien suele ser recordado por su afición a la violencia, su escaso respeto por sus superiores, y por su indiscutible efectividad a la hora de acabar con cuanto criminal se cruce en su camino, el protagonista de “The Gauntlet” es un policía fracasado, con un marcado gusto por el alcohol, el cual resulta ser tan incompetente que sus jefes corruptos le asignan la tarea de recoger a una testigo clave a quien planean asesinar, antes de que ella logre atestiguar y los conecte con el crimen organizado. Por su parte, la testigo en cuestión también resulta ser un personaje marginal; Gus Mally es una prostituta cuya vida es un completo desastre, la cual paradójicamente posee educación universitaria, la que se refleja en múltiples oportunidades en las cuales demuestra ser intelectualmente más aguda que Shockley. Como gran parte de las películas en las que una dupla aparentemente incompatible se ve obligada a compartir un largo viaje en vehículo, durante su peligrosa travesía, Shockley y Gus discuten incesantemente hasta que no solo descubren las virtudes del otro, sino que además se ven expuestos a la promesa de una renovación personal si es que logran sobrevivir a los múltiples intentos de homicidio que constituyen la trama central.

“The Gauntlet” básicamente se constituye por un puñado de espectaculares escenas de acción, cada una de las cuales busca dramatizar los diversos intentos de asesinatos a los que se ven expuestos los protagonistas. Los ejemplos más importantes de esto son la escena en la cual Shockley y Gus están atrapados al interior de una cabaña debido al asedio de decenas de policías; la escena en la cual el auto en el que se trasladan los protagonistas es perseguido por un helicóptero a través de un camino montañoso; y la famosa escena final, en la que la dupla protagónica utiliza un autobús blindado para llegar a su ansiado destino, el cual está custodiado por cientos de policías fuertemente armados con ametralladoras y escopetas. La primera y la tercera escena antes mencionadas, están marcadas por una exageración deliberada de la violencia, que resulta ser tan espectacular como caricaturesca. De hecho, aun cuando la cabaña que es rodeada por la policía recibe una cantidad tal de municiones que eventualmente termina colapsando, Shockley logra escapar completamente ileso del lugar. Más increíble aún resulta ser la secuencia del autobús, ya que previo a su llegada a Phoenix, es el mismo Shockley el que se encarga de darle a los policías corruptos un mapa de la ruta que tomará una vez que entre a la ciudad en su intento por llegar al ayuntamiento. Si bien algunos estudiosos han planteado que tanto las características del protagonista, como las increíbles situaciones en las que este se ve envuelto y de las cuales termina alzándose victorioso, conjugan en un mismo personaje al arquetipo del héroe y del antihéroe, y el mito que rodea a la figura de Eastwood y la desconstrucción del mismo, la verdad parece ser mucho más sencilla y decepcionante. Al final del día, las secuencias antes mencionadas no hacen más que reflejar el sin sentido que por momentos domina al film, y una falta de verdadero interés por parte de Eastwood por un proyecto que no parece elevarse más allá de una mera obligación contractual.

 

Si bien resulta curioso e interesante que el film presente a Eastwood interpretando a un policía decididamente estúpido y abatido por su propia frustración, lamentablemente el personaje carece de múltiples capas que permitan un desarrollo satisfactorio de su personalidad. Y es que la dirección de Eastwood de sí mismo deja bastante que desear, ya que más allá del carisma innegable del actor, en diversas oportunidades pareciera que su actuación la está desarrollando en piloto automático. Afortunadamente esto no sucede con el resto del elenco participante, entre los que se destacan Pat Hingle, quien interpreta al colega y único amigo de Shockley; William Prince y Michael Cavanaugh, quienes personifican de manera bastante efectiva a los villanos de turno; y por último Sondra Locke, quien en esta oportunidad demuestra sus habilidades como actriz, interpretando a quien se convierte en el personaje más interesante de una cinta plagada de personajes genéricos y algo aburridos. Entre otras cosas, Locke logra otorgarle un grado palpable de profundidad a Gus Mally, y logra expresar con éxito su impotencia y su dolor cuando para salvar de una golpiza a Shockley, se ofrece como carnada a un trío de motociclistas que intentan abusar de ella. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Rexford L. Metz, y con la efectiva y vibrante banda sonora del compositor Jerry Fielding, la cual termina siendo uno de los puntos más altos de la película.

“The Gauntlet” es una película que por momentos no parece tener otro propósito más que reunir escenas de acción sin demasiada lógica. En ese sentido, Eastwood demuestra tener un domino envidiable a la hora de escenificar piezas de acción que en esta oportunidad, no solo son espectaculares, sino que además son extravagantes y poseedoras de un particular humor negro. Aun cuando el concepto que le da vida al film presenta algunos puntos de interés, la ejecución del mismo es deficiente ya que no logra generar la tensión suficiente como para que el espectador se vea realmente envuelto en la trama. Al mismo tiempo, la historia resulta ser demasiado predecible ya que no solo los villanos son identificados por el espectador a los pocos minutos de comenzada la película, sino porque además el resultado final de la peligrosa aventura de los protagonistas nunca es puesto en duda. Pese a todas sus falencias, “The Gauntlet” logró recaudar más de 100 millones de dólares a nivel mundial, convirtiéndose en un nuevo triunfo para Eastwood quien más allá de las cámaras y de Hollywood, comenzaría a experimentar ciertos problemas en su vida privada, específicamente con su mujer de aquel entonces, Margaret Neville Johnson, por la tortuosa relación que el actor mantenía con Sondra Locke, quien dicho sea de paso también estaba casada. “The Gauntlet” bien podría considerarse como un traspié en la carrera de Eastwood, cuyo concepto básico sería replicado en diversas ocasiones durante el transcurso de los años, siendo “16 Blocks” (2006) del director Richard Donner probablemente el mejor ejemplo del mismo.


por Fantomas.

jueves, 5 de febrero de 2015

The Holcroft Covenant: Ludlum, Frankenheimer, Caine y los nazis.

“The Holcroft Covenant” (1985), es un thriller del director John Frankenheimer, el cual está protagonizado por Michael Caine, Anthony Andrews y Victoria Tennant.

Noel Holcroft (Michael Caine) es un arquitecto neoyorkino que recibe una inesperada herencia de su padre, un antiguo general nazi: 4 billones de dólares en fondos robados al tercer Reich, los cuales supuestamente deben ser utilizados para reparar el daño realizado por el ejército nazi. Cuando intenta averiguar la misteriosa historia que esconde el tesoro, Holcroft se ve enfrentado a una aventura palpitante en la que acabará siendo el único hombre capaz de abortar la escalofriante e inexorable amenaza del resurgimiento de un omnipotente cuarto Reich.

 

Tras ser publicado en 1978, el complejo thriller del escritor Robert Ludlum titulado “The Holcroft Covenant”, se convirtió rápidamente en un bestseller internacional. Esto llevó a los productores Edie y Ely Landau a adquirir los derechos de dicha novela, cuya adaptación inicial estuvo a cargo de los guionistas Edward Anhalt y John Hopkins. Cuando el aclamado director John Frankenheimer se sumó al proyecto, este reclutó al guionista George Axelrod, con quien había trabajado previamente en el thriller político “The Manchurian Candidate” (1962), para arreglar ciertos aspectos del guión original. Para sorpresa de Frankenheimer, a su llegada el actor norteamericano James Caan ya había sido contratado para interpretar el rol protagónico, lo que eventualmente le trajo una serie de problemas a la producción. Según declararía el mismo director a la revista Films and Filming en 1985: “Él (Caan) no debería haber sido contratado. Pasaron tres cosas al mismo tiempo. Primero, su elección fue un error. Segundo, él estaba alterado emocionalmente en aquel entonces. Tercero, él había estado teniendo disputas con los productores durante meses y yo no sabía eso. Estas tres cosas se fusionaron y generaron una situación con la que no se podía trabajar”. A raíz de todo esto, Caan se desligó del proyecto cuando este estaba entrando al proceso de producción, lo que obligó al director a comenzar el rodaje sin un protagonista, o de lo contrario la película iba a colapsar. Rápidamente, Frankenheimer le envió el guión a Michael Caine, quien acababa de terminar de filmar la comedia “Water in June” (1984). Pese a que el actor estaba por tomarse un pequeño receso, este aceptó participar la producción salvándola de su cancelación inminente.

Si bien el guión de “The Holcroft Covenant” se aleja bastante de algunos aspectos de la novela, este mantiene gran parte de la premisa básica intacta: Noel Holcroft se entera a través de un enigmático banquero suizo (Michael Lonsdale) que su padre, un reconocido General Nazi, le dejó una fortuna de 4 billones de dólares, la cual debe ser utilizada para reparar los horribles crímenes del ejército Nazi. Dicho dinero es el resultado de un pacto realizado entre el padre de Holcroft y otros dos oficiales nazis, quienes supuestamente le dieron la espalda a Hitler durante los últimos días de la guerra, con la esperanza que sus hijos pudieran vivir en un mundo mejor. Los términos del pacto dictan que Holcroft debe localizar a los primogénitos de los otros dos oficiales, quienes se encuentran ocultos en diversas partes del globo, para así poder acceder a la impresionante suma de dinero, de la cual él será el único administrador. Una vez que las piezas entran en movimiento, Holcroft se ve involucrado en diversos intentos de asesinato, viajes alrededor de Europa, y una enrevesada trama de espionaje y traición, en la cual su principal aliada será Helden von Tiebolt (Victoria Tennant), la hija mejor de uno de los oficiales que participaron en el misterioso pacto. Con el tiempo en contra y con un montón de gente que desea verlo muerto, Holcroft tendrá que descubrir en quien confiar y que es lo que se esconde tras la peculiar herencia de su padre, antes de que sea demasiado tarde.

 

Más allá de su popularidad, es sabido que “The Holcroft Covenant” no es precisamente uno de los mejores trabajos del escritor Robert Ludlum, en gran medida porque la trama resulta algo densa y está desarrollada de manera torpe. Debido a esto, es justo argumentar que gran cantidad de los cambios realizados por el equipo de guionistas apuntaban a simplificar la historia, lo que pese a sus buenas intenciones no lograron del todo. Por ejemplo, el extenso periplo por Sudamérica que algunos de los protagonistas realizan en la novela fue eliminado por completo, limitando la acción a la ciudad de Nueva York y a diversos puntos de Europa; las numerosas facciones que buscan adueñarse del dinero en el escrito original, fueron reducidas de manera considerable en el film (aunque de todas formas por momentos resulta complicado identificar quien trabaja para quien); y por último, una compleja subtrama que involucraba a un asesino internacional fue obviada por considerarse innecesaria. Como se menciona anteriormente, pese a todos estos cambios, el guión de George Axelrod y compañía dejan una serie de cabos sueltos que no solo dificultan la completa comprensión de la trama, sino que además terminan restándole credibilidad a la misma. Probablemente lo que resulta más molesto, es que nunca queda claro quien desea asesinar a Holcroft, ya que a medida que avanza la trama, los diversos personajes que van apareciendo a lo largo de la peligrosa aventura del protagonista, parecen compartir el interés por que este firme el mentado acuerdo, ya sea para hacerse con el dinero o para obtener un misterioso documento que revelaría elementos importantes del plan nazi.

Aun cuando la unidimensionalidad ronda entre los personajes de la película, dentro de la diversa galería de participantes de esta peculiar búsqueda del tesoro, hay algunos que se destacan como por ejemplo el Comandante Leighton (Bernard Hepton), quien inicialmente se presenta como parte de los servicios de inteligencia británicos, y cuyo objetivo primordial pareciera ser que todos los interesados en el dinero se eliminen entre sí. La razón principal por la cual este misterioso agente se convierte en uno de los personajes más interesantes del film, es debido a su cuasi omnipresencia y a su sarcasmo constante. Diálogos como: “La suposición, señor Holcroft, es, como dicen en mi profesión, la madre de los errores” o “Debemos movernos. Este lugar está repleto de todo tipo de monstruos, muchos de los cuales trabajan para mí”, explican porque Leighton termina adquiriendo un protagonismo impensado en algunos pasajes de la cinta. Otro de los personajes interesantes es Johann von Tiebolt, uno de los hijos de los infames generales nazis, quien pese a presentarse inicialmente como aliado de Noel Holcroft, eventualmente exhibe un lado bastante oscuro y algunas inclinaciones definitivamente obscenas. Por último, también resulta necesario mencionar a Althene Holcroft (Lilli Palmer), la madre del protagonista cuyo odio hacia su fallecido marido, la impulsa a tratar de convencer a su hijo que no se involucre con el dinero acuñado por los nazis, y Oberst (Richard Münch), un siniestro hombre que asegura presidir una organización que busca subsanar el daño provocado por los nazis, y que maneja más información de lo que aparenta.

 

En cuanto al protagonista, afortunadamente el Holcroft de Caine es bastante menos molesto que su contraparte literaria, ya que en general prefiere participar activamente en la solución de la peculiar situación en la que se ve involucrado, en vez de perder el tiempo quejándose de su mala suerte. Al mismo tiempo, el actor exhibe una química innegable con el personaje interpretado por Victoria Tennant, lo que ayuda a otorgarle un cierto grado de credibilidad a la súbita relación amorosa que ambos entablan. Si bien es cierto que Caine realiza un buen trabajo interpretando a Holcroft, la verdad es que dista de ser uno de sus personajes más memorables, básicamente por su inescapable unidimensionalidad. Según diversas fuentes, más allá del dinero y de la posibilidad de rodar en diversos países, la razón por la cual el actor británico aceptó protagonizar “The Holcroft Covenant”, tiene relación con la figura de John Frankenheimer, director a quien Caine admiraba abiertamente. En relación al director, mientras que este demuestra su experiencia en varios pasajes del film, ya sea imprimiéndole un ritmo narrativo dinámico a la historia o haciendo uso de un interesante juego de cámaras, responsable de la atmósfera opresiva de la cinta, también comete una serie de errores cuestionables que no aportan demasiado a la trama, como por ejemplo la prolongación innecesaria de la infame escena de la Love Parade en Berlín, cuyo objetivo central solo pareciera ser incluir unos cuantos desnudos gratuitos en el film. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Gerry Fisher resulta ser correcto, mientras que la banda sonora compuesta por Stanislas Syrewicz complementa de buena manera la sordidez y la tensión que por momentos domina la historia.

Si bien el film contiene gran parte de los elementos característicos de los trabajos de Robert Ludlum, como por ejemplo una intriga internacional, diversas locaciones europeas, persecuciones, traiciones, balaceras, sexo, violencia, y numerosas vueltas de tuerca, este no logró los resultados esperados y solo recaudó aproximadamente 400.000 dólares en los Estados Unidos. Si bien Frankenheimer logra con relativo éxito capturar la atención del espectador durante gran parte del metraje, a fin de cuentas “The Holcroft Covenant” puede considerarse como un producto fallido, el cual no logra comprimir una novela de suspenso de 500 páginas dentro de una historia coherente de dos horas de duración. Y es que muchos de los diálogos son sencillamente olvidables o carecen de demasiado sentido, lo que le dificulta aún más la tarea a un espectador que intenta no perderse entre los numerosos giros dramáticos del film. Al mismo tiempo, los intentos por inyectarles vida a los diversos personajes unidimensionales que desfilan a lo largo de este complejo thriller, son demasiados escasos como para tener algún efecto tangible en la trama. Pese a todo lo antes mencionado, “The Holcroft Covenant” se ve beneficiado del buen trabajo del elenco participante, y de los breves pero significativos destellos de brillantez de Frankenheimer, lo que en conjunto apela a la capacidad del espectador de obviar determinados detalles y lo inverosímil que por momentos resulta la historia.


por Fantomas.

jueves, 22 de enero de 2015

Zimmer 13: Un Krimi que funciona como un proto-giallo.

“Zimmer 13” aka "El Misterio Del Cuarto Número 13" (1964), es un thriller de misterio del director Harald Reinl, el cual está protagonizado por Joachim Fuchsberger, Karin Dor y Eddi Arent.

Cuando Sir Robert Marney (Walter Rilla), distinguido miembro del parlamento, recibe la visita de Joe Legge (Richard Häussler), un viejo conocido al cual ayudó a huir al extranjero después de un atraco varios años atrás, el diplomático se ve en la obligación de contratar a un detective privado llamado Johnny Gray (Joachim Fuchsberger) para que proteja a su hija Denise (Karin Dor). De manera simultánea, Gray se ve involucrado en la investigación de los asesinatos de unas muchachas cuyos cuellos han sido cortados con una navaja de afeitar, los cuales según Scotland Yard, parecen guardar relación con el calculador Joe Legge y su concurrido club nocturno.

 

Tras realizar 16 adaptaciones de la obra de Edgar Wallace, la productora germano-danesa Rialto Film en sociedad con la productora francesa Société Nouvelle de Cinématographie, quiso cambiar su exitosa y probada fórmula comercial, con la intención de captar la atención de una audiencia ávida de emociones más fuertes. Con esa idea en mente, a mediados de 1963 el productor Horst Wendlandt le encargó al periodista y guionista Will Tremper, la adaptación de la novela “Angel Esquire”, publicada en 1908. Sin embargo, tras leer en el periódico una noticia acerca de un espectacular robo ocurrido a un tren de correos que viajaba de Londres a Glasgow, Wendlandt le pidió a que Tremper que incorporara dicho robo en un guión basado en la novela de Wallace titulada “Room 13”, el cual había sido escrito previamente por Heinz Oskar Wuttig. Lamentablemente para Wendlandt, el trabajo realizado por Tremper no resultaría como él esperaba. En compañía del director Harald Reinl, el guionista no solo incluyó un par de escenas de striptease, de las cuales una presentaba un desnudo parcial, sino que además escribió una escena de violencia gráfica que para la época rayaba en lo obsceno. Como consecuencia de esto, el organismo de censura cinematográfico alemán o FSK, calificó a la película para mayores de 18 años, lo que significó un duro golpe para Wendlandt y sus asociados, quienes pese a quitar las polémicas escenas, no lograron que la FSK cambiara su decisión. A raíz de esto, “Zimmer 13” se convirtió en una de las adaptaciones alemanas de Edgar Wallace menos exitosas comercialmente hablando de la serie.

A poco de comenzada la película, el espectador conoce al infame gánster Joe Legge, quien se presenta en la mansión de Sir Robert Marney con la intención de chantajearlo, y así lograr que este lo ayude a ejecutar el robo de un tren, el cual ha estado planeando minuciosamente durante el último tiempo. Cuando Marney se niega a ayudar a Legge, aun a sabiendas de que su negativa puede significarle la pérdida de su intachable reputación, el criminal amenaza con asesinar a su hija Denise, forzando al diplomático a seguir su macabro juego. Temeroso por la seguridad de su hija, Marney contrata a Johnny Gray, uno de los mejores detectives de Londres, quien le insiste que por el momento es mejor acceder a las demandas del gánster. Con el escenario establecido y con gran parte de los protagonistas presentados, todas las pistas de esta frenética película de misterio comienzan a apuntar a un club nocturno llamado Highlow, donde una serie de mujeres han sido asesinadas recientemente por lo que parece ser un asesino serial. Cuando Scotland Yard finalmente se involucra en esta sórdida trama de secretos y violencia, Gray en compañía del Dr. Higgins (Eddi Arent) y Sir John (Siegfried Schürenberg), dos de los mejores agentes de la policía británica, tendrá que responder las siguientes interrogantes: ¿El próximo robo al tren guarda alguna relación con la serie de asesinatos; cuál es la verdadera motivación del asesino; y por último qué esconde el misterioso cuarto número 13 que se encuentra al interior del club Highlow?

 

Como sucede en gran parte de los Krimi de la Rialto, “Zimmer 13” maneja diversas subtramas cuya eventual intersección da como resultado que el tramo final de la cinta se vuelva más complejo de lo necesario. Si bien la subtrama que tiene relación con el robo del tren es desarrollada sin mayores complicaciones, dejando muy pocas interrogantes con respecto a su ejecución y sus potenciales consecuencias, cuando esta se entrelaza con los asesinatos y con la misteriosa historia de la fallecida madre de Denise, todo el asunto adquiere un cariz completamente distinto. Lo que en un principio parece ser el relato de un brillante robo a un tren cargado de dinero, rápidamente se convierte en un misterio gótico con una fuerte carga psicológica, que en muchos sentidos funciona como un pre-giallo. El simple hecho que el asesino de turno utilice una navaja de afeitar como arma, que sus víctimas predilectas sean en su mayoría mujeres que trabajan en el club nocturno de Legge, y los pequeños indicios que apuntan a que tras estos actos atroces puede esconderse una motivación de tipo psicológica, permite trazar ciertos paralelos con el subgénero que nació con el estreno del film “La Ragazza che Sapeva Troppo” (1963), del director Mario Bava, y que posteriormente depuraría Dario Argento con la cinta “L'uccello dalle piume di cristallo” (1970). Además de los aspectos narrativos mencionados, “Zimmer 13” también se acerca a las convenciones visuales que eventualmente se establecerían en el giallo, gracias a la presencia de una breve escena de desnudo parcial, y a otra escena en la cual es posible ver el patrón de salpicadura de sangre de una de las víctimas del perturbado criminal.

Más allá del tono macabro que rodea a los asesinatos, como todo buen krimi, “Zimmer 13” no está exenta de algunos toques de comedia que son utilizados de manera tal que disminuyen los niveles de tensión del film, sin necesariamente restarle demasiada seriedad a la trama central. En esta oportunidad, es Eddi Arent y su peculiar personaje del Dr. Higgins, el encargado de brindarle pequeños quiebres cómicos a la cinta. Básicamente, Higgins trabaja como científico para Scotland Yard, y bien podría considerarse como la versión del Krimi de Q de la serie de James Bond, con la excepción que el personaje interpretado por Arent posee una extraña obsesión con un maniquí llamado Emily. Será precisamente Higgins quien se convierta en el principal aliado de Johnny Gray durante la investigación, la que además le permitirá poner en práctica algunos de sus ingeniosos inventos. En contraste con la naturaleza del personaje de Arent, se encuentra la atmósfera sórdida y pesimista que domina al film, la cual está construida en base a una serie de imágenes que mezclan de manera perfecta elementos del cine negro y el género gótico. En este aspecto, se vuelven especialmente importantes la mansión de Sir Robert Marney, el sombrío camino que lleva a la misma, el salón principal del club Highlow, y por último los múltiples recovecos del mentado club, los cuales amenazan con convertirse en una verdadera trampa mortal para quienes se atrevan a entrar a los dominios de Joe Legge.

 

En cuanto a las actuaciones, Joachim Fuchsberger, uno de los actores más reconocibles del mundo del Krimi, realiza un espléndido trabajo interpretando a Johnny Gray, un detective serio y determinado que no puede evitar sentirse atraído por Denise Marney, lo que lo lleva a hacer todo lo que está a su alcance para protegerla. Quizás a raíz de esto mismo, resulta curiosa la poca emoción que expresa su personaje cuando eventualmente la relación entre ambos se ve afectada por los acontecimientos en los que se ven envueltos. Dicho sea de paso, la química entre Fuchsberger y Karin Dor es innegable, lo que le otorga un grado más de realismo a la relación que ambos desarrollan a lo largo del film. En el caso puntual de la actriz, su interpretación resulta ser uno de los puntos altos de la cinta, en especial en aquellos momentos en los que Denise no puede evitar perderse en la distancia mientras medita acerca de los horrores que le esperan. Por último, el resto del elenco participante también realiza una labor encomiable, en especial Richard Häussler, cuya interpretación de Joe Legge ayuda a que el personaje se convierta en un villano interesante acorde con el tono de la historia. Por otro lado, en lo que respecta al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de fotografía de Ernst W. Kalinke, el pulcro diseño de producción de Walter Kutz y Wilhelm Vorwerg, y la siempre efectiva y dinámica banda sonora del compositor Peter Thomas.

“Zimmer 13” es un atmosférico Krimi que pasa una gran cantidad de tiempo explorando temas propios del género gótico y del policial, al mismo tiempo que desarrolla una historia llena de secretos, chantajes, secuestros, y asesinatos. El tono del film es oscuro, más aun cuando comienza a adentrarse en el submundo criminal controlado por Joe Legge, el cual de improviso se ve inundado por una serie de brutales crímenes. Si bien la inclusión del personaje interpretado por Eddi Arent puede ser considerada como uno de los pequeños desaciertos que presenta la cinta dirigida por Harald Reinl, este resulta ser lo suficientemente divertido como para obviar que su personalidad es sumamente contrastante con el resto de los elementos de la película. Aun cuando no es el mejor exponente del súbgenero conocido como Krimi, “Zimmer 13” cuenta con méritos suficientes como para merecer la atención del espectador que se encuentra en búsqueda de un relato de misterio capaz de conjugar de manera exitosa elementos de diversas fuentes e influencias, el cual además se beneficia de un elenco espléndidamente conformado, y de un magnífico aspecto técnico cuya calidad se refleja en cada una de las imágenes de este interesante thriller policial.


por Fantomas.

lunes, 19 de enero de 2015

Der Mönch mit der Peitsche aka College Girls Murders: El extravagante mundo del Krimi.

“Der Mönch mit der Peitsche” aka “College Girls Murders” (1967), es un thriller de misterio del director Alfred Vohrer, el cual está protagonizado por Joachim Fuchsberger, Siegfried Schürenberg y Uschi Glas.

Cuando las muchachas residentes en un internado para señoritas comienzan a ser asesinadas mediante la exposición a un gas tóxico inodoro, desde Scotland Yard envían al Inspector Higgins (Joachim Fuchsberger) a investigar qué se esconde tras los crímenes. De forma paralela, varios de los sospechosos de los asesinatos comienzan a ser eliminados por un misterioso y letal monje vestido de rojo, el cual látigo en mano, obligará a Higgins a resolver este complejo rompecabezas antes de que sea demasiado tarde.

 

“Der Mönch mit der Peitsche” es una de las primeras entradas a color de la serie de adaptaciones de la obra del escritor británico Edgar Wallace, las cuales fueron realizadas por la productora alemana Rialto Film entre 1959 y 1972. Caracterizadas entre otras cosas por desarrollarse en escenarios propiamente ingleses, ser poseedoras de tramas realmente extravagantes, y presentar motivaciones tradicionales (venganza, dinero, ambición, etcétera), estas producciones exploran territorios familiares para los aficionados a los relatos de misterio. Por otra parte, si bien desde prácticamente el inicio de la serie los realizadores a cargo de estas cintas se encargaron de otorgarles una atmósfera gótica marcada por la presencia de siniestros castillos, escenarios cubiertos por una espesa niebla, guiños al mundo de lo sobrenatural, y diversas mujeres hermosas envueltas en situaciones peligrosas, ya para fines de la década del sesenta, la serie de adaptaciones llevada a cabo por la Rialto comenzó a reflejar una evolución marcada por la fuerte influencia que estaban ejerciendo las aventuras cinematográficas de James Bond y el cine de horror italiano, lo que propició que estas producciones se aventuraran en territorios aún más extravagantes, plagados de villanos dispuestos a utilizar curiosos métodos para lograr sus objetivos, al mismo tiempo que se esconden en guaridas que difícilmente podrían ser replicadas en la realidad. Afortunadamente, ninguna de estas películas tomaba su material demasiado en serio, lo que facilitó que se convirtieran en pequeñas curiosidades dentro del cine policial de misterio, que precisamente es el caso de “Der Mönch mit der Peitsche”.

“Der Mönch mit der Peitsche” comienza con el asesinato de un científico corrupto, cuya invención más reciente es un gas venenoso que está pensado para ser utilizado como un arma biológica. Tras ese fatal acontecimiento, no pasa mucho tiempo antes de que los asesinatos se trasladen a un internado de señoritas. Una a una, las muchachas que residen en dicho lugar comienzan a caer como moscas, a manos de un asesino que utiliza el mentado gas venenoso para conseguir su desconocido y diabólico objetivo. Para complicar aún más las cosas, un misterioso personaje vestido de monje, quien utiliza un látigo para quebrarles el cuello a sus víctimas, comienza a rondar el internado y a sus residentes. Cuando los cuerpos comienzan a apilarse, Scotland Yard es llamado a investigar. Es así como toman el caso el carismático y práctico Inspector Higgins, y Sir John (Siegfried Schürenberg), el torpe pero entusiasta Inspector en Jefe de la policía británica. A medida que avanza la investigación, la dupla se encontrará con una larga lista de sospechosos, en su mayoría hombres de avanzada edad que parecen tener el hábito de compartir con las estudiantes en una serie de cuestionables actividades extracurriculares. De esta forma, el dúo dinámico deberá dilucidar una manera de detener los asesinatos y desenmascarar al responsable de los mismos. ¿Podrán los investigadores llegar al fondo de esta sórdida trama y arruinar los planes del asesino, o las chicas están condenadas a sufrir el mismo destino que sus compañeras caídas?

 

En esta oportunidad, demás está decir que ni el profesorado ni las estudiantes están entusiasmados con la idea de que la policía esté rondando el internado en busca de sospechosos, ya que todos parecen estar ocultando un secreto que puede acarrearles problemas con la ley. De todos los potenciales sospechosos, solo la joven Ann Portland (Uschi Glas) parece estar dispuesta a hablar con Higgins, quien eventualmente termina siguiendo una serie de pistas falsas que parecen llevarlo a un callejón sin salida. Mientras estas pistas falsas continúan apilándose inútilmente, la mente maestra detrás de los asesinatos utiliza a un presidiario para asesinar a más muchachas, al mismo tiempo que el monje escarlata elimina a los miembros del profesorado antes de que estos sean interrogados por la policía, o sucumban al temor de que se descubran sus oscuros secretos. A decir verdad, son tantos los sospechosos y tantos los giros de tuerca que posee el film, que ni el Inspector Higgins ni la audiencia son capaces de resolver el misterio que encierra “Der Mönch mit der Peitsche” hasta bien avanzado el film. Lamentablemente, la gran revelación de la identidad del asesino y sus motivos para cometer los crímenes no logran ser del todo convincentes, ya que no cuentan con la coherencia suficiente como para que el espectador comprenda en su totalidad el papel de todos los involucrados en los asesinatos.

Por otro lado, como sucede en prácticamente todas las entradas del subgénero conocido como krimi, la atmósfera y las locaciones son elementos de vital importancia, afirmación que puede comprobarse en “Der Mönch mit der Peitsche”. Primero y quizás lo más importante, es el internado en el que se centra el film, el cual está repleto de imágenes icónicas y aterradoras. Desde los oscuros pasillos que conectan los dormitorios, pasando por la peculiar ventana que permite ver el fondo de la piscina del recinto (y de paso a las chicas en bikini), hasta la neblina casi permanente que rodea los alrededores del edificio, el film constantemente está sorprendiendo al espectador con escenarios atrayentes y misteriosos. Esta costumbre también se traslada a la guarida secreta del villano de turno, la cual está adornada con un gigantesco acuario y con un peligroso pozo repleto de voraces cocodrilos, dispuestos a alimentarse de los intrusos. A su vez, el apartado visual se complementa con una serie de elementos que dejan en evidencia el nutrido imaginario del director Alfred Vohrer, quien estuvo a cargo de varias de las entradas más recordadas del subgénero. Desde la utilización de una biblia dispensadora de veneno, hasta una peculiar pistola que dispara el ya mencionado gas venenoso, la película está repleta de pequeñas explosiones de creatividad que con el tiempo se convirtieron en parte fundamental de las adaptaciones germanas de la obra de Wallace.

 

En cuanto a los protagonistas del film, tal y como sucede en otras entradas de la serie, si bien Sir John es el jefe director del Inspector Higgins, la verdadera naturaleza de su relación laboral parece situar a Higgins como el más apto para estar a cargo de la investigación. Fuchsberger interpreta a Higgins con una arrogancia tal que siempre parece tener todo bajo control, mientras que Schürenberg convierte a Sir John en un personaje torpe y atolondrado, el cual le otorga pequeños toques cómicos a una historia más bien escabrosa. En el caso de “Der Mönch mit der Peitsche”, resulta especialmente divertida la fascinación de Sir John con la psicología criminal, disciplina que ha descubierto recientemente y que en varias oportunidades a lo largo del film intenta poner en práctica sin grandes resultados. Esto provoca una divertida lucha de métodos entre Higgins y Sir John, donde el primero prefiere encarar el caso desde un punto de vista lógico, mientras que el segundo insiste en abordarlo desde la trinchera de la psicología. Demás está decir que la química entre ambos actores es sencillamente fenomenal, por lo que probablemente sea justo afirmar que las escenas en las que ambos interactúan son quizás las más memorables del film. Por otro lado, resulta necesario destacar el estupendo trabajo de fotografía de Karl Löb, la atractiva dirección de arte de Walter Kutz y Wilhelm Vorwerg, y la efectiva, vibrante y psicodélica banda sonora del compositor Martin Böttcher.

Si algo se puede decir acerca de “Der Mönch mit der Peitsche”, es que suceden muchas cosas a lo largo del film, lo que paradójicamente termina siendo tanto una virtud como un defecto. Si bien las numerosas vueltas de tuerca y la variada galería de sospechosos impiden que el misterio central de la historia se vuelva predecible, por momentos estos mismos elementos complejizan de manera innecesaria la trama, dando cabida a las inconsistencias narrativas antes mencionadas. Pese a este detalle, la cinta que para algunos es una suerte de remake de “Der unheimliche Mönch” (1965), el último krimi en blanco y negro que filmó la Rialto, el cual también contaba con un asesino disfrazado de monje que utiliza un látigo para quebrarle el cuello a sus víctimas, logra fusionar con éxito locaciones atmosféricas, giros de tuerca caprichosos, humor macabro, elementos propios del género del horror y personajes coloridos. Es por este motivo que “Der Mönch mit der Peitsche” se presenta como un buen ejemplo de las virtudes del interesante subgénero nacido en Alemania, y como una producción capaz de satisfacer al espectador que se encuentra en búsqueda de una obra que conjugue asesinatos, misterio, y por supuesto, una plétora de momentos maniacos.


por Fantomas.

jueves, 15 de enero de 2015

The House That Dripped Blood: Es mejor que no entres a esa casa.

“The House That Dripped Blood” (1971), es un film de terror del director Peter Duffell, el cual está protagonizado por Christopher Lee, Peter Cushing, Ingrid Pitt y Jon Pertwee.

Poco después de arrendar una vieja casa en el campo, la estrella de cine Paul Henderson (Jon Pertwee) desaparece misteriosamente, razón por la cual Scotland Yard decide enviar al Inspector Holloway (John Bennett) a investigar lo sucedido. Una vez ahí, Holloway interroga a los agentes de policía locales y a un agente inmobiliario llamado A. J. Stoker (John Bryans), quienes le relatan una serie de macabras historias relacionadas con quienes alguna vez residieron en la antigua casona.

 

Desde 1965 a 1973, el estudio británico Amicus liderado por los productores norteamericanos Max J. Rosenberg y Milton Subotsky, lanzaron una serie de cintas de antologías inspiradas en las macabras moralejas impresas en las páginas de los cómics de la editorial E.C., gracias a las cuales alcanzaron un pináculo de calidad que les permitió competir con las producciones del entonces popular estudio Hammer. En esta ocasión, el responsable del guión sería el escritor Robert Bloch, quien ya había trabajado con anterioridad en cuatro producciones de la Amicus: “The Skull” (1965), “The Psychopath” (1966), “The Deadly Bees” (1967) y “Torture Garden” (1967). Asistido por sus colegas Russ Jones y Richard Matheson en los segmentos “Waxworks” y “Sweets For The Sweet” respectivamente, Bloch le daría vida a la que por muchos es considerada como la mejor cinta de antologías realizada por la productora británica. Por otro lado, el director del film sería Peter Duffell, cuya breve carrera se desarrolló mayormente en el mundo de la televisión, y a quien varios años más tarde Christopher Lee señalaría como uno de los “directores británicos más subvalorados”. Como sucedió en gran parte de las producciones de la Amicus, a poco de iniciado el proyecto, Subotsky aseguró la participación en la cinta de Christopher Lee, Peter Cushing e Ingrid Pitt, quienes para ese entonces eran tres de los rostros más reconocibles de la Hammer. También se intentó contactar a Vincent Price para que interpretase el rol de Paul Henderson, pero lamentablemente el actor se vio obligado a rechazar el papel debido a una cláusula existente en su contratado con la American International Pictures, la cual le impedía participar en films de terror producidos por otros estudios.

En el primer segmento titulado “Method for Murder”, el escritor de novelas de terror Charles Hillver (Denholm Elliot) y su esposa Alice (Joanna Dunham), arriendan la casa con la esperanza de que el escritor logre recuperarse del bloqueo creativo que le ha estado afectando durante el último tiempo. A los pocos días de mudarse al lugar, Hillver crea al que será el nuevo villano de su próxima novela; un psicopático estrangulador llamado Dominick (Tom Adams). Superada la euforia inicial causada por su nueva fuente de inspiración, Hillver comienza a ver a Dominick rondando por la casa, lo que le provoca una fuerte crisis nerviosa que eventualmente lo lleva a consultar a un psiquiatra. Es entonces cuando deberá responder la siguiente interrogante: ¿Es Dominick real o tan solo es una extensión de verdadera personalidad? En este segmento, Duffell construye una atmósfera de peligro constante gracias al excelente uso de las escaleras, las ventanas, los reflejos y las sombras, y al mismo tiempo utiliza esos mismos elementos para retratar de manera efectiva el frágil estado mental del protagonista. Sin embargo, lo que en un inicio se presenta como un bien construido relato de terror psicológico, termina convirtiéndose en algo predecible que responde a uno de los clichés más reiterativos en las cintas de antologías de la Amicus, y que hace relación a la presencia de un esposo/esposa codicioso cuyo objetivo principal es apoderarse de la herencia de su cónyuge. De la misma forma, la vuelta de tuerca final resulta algo antojadiza, aun cuando esta responde a la máxima de que en este tipo de relatos los protagonistas obtienen exactamente lo que se merecen.

 

El segundo segmento titulado “Waxworks”, está protagonizado por el corredor de bolsa retirado Phillip Grayson (Peter Cushing), quien pasa sus solitarios días leyendo, escuchando música, y paseando por las pintorescas calles del pueblo cercano a su nuevo hogar. Es precisamente en uno de sus paseos por el pueblo que Grayson y su amigo Neville Rogers (Joss Ackland), quien ha venido a visitarlo, descubren un museo de cera que en su interior contiene la figura de una mujer llamada Salome, cuyo parecido con una mujer que ambos amaron en el pasado los lleva a obsesionarse con ella. En esta oportunidad, Duffell realiza un estupendo trabajo retratando a través de un montaje de imágenes, la soledad y la fragilidad de Grayson, todo lo cual es adecuadamente acompañado con la pieza musical “La Muerte y la Doncella”, del compositor Franz Schubert. Por otro lado, aun cuando no se entregan muchos datos acerca del conflicto que Grayson y Neville tuvieron en el pasado por culpa de una mujer, de todas maneras se da a entender que ninguno de los dos ha podido superarlo del todo, lo que en gran medida será la causal de su perdición. Por último, resulta necesario destacar el trabajo de fotografía de Ray Parslow y la dirección de arte de Tony Curtis, quienes en conjunto logran que el museo se convierta en un lugar realmente aterrador, cuyo potencial es explotado durante una vívida y pesadillesca secuencia protagonizada por Cushing, la cual está dominada por tonalidades verdes y rojas y por peculiares ángulos de cámara.

En “Sweets for the Sweet”, John Reid (Christopher Lee), un padre estricto y autoritario, contrata a una profesora llamada Ann Norton (Nyree Dawn Porter) para que se encargue de cuidar y educar a su hija Jane (Chloe Franks), a quien por un misterioso motivo mantiene recluida al interior de la casa. Tras superar el rechazo inicial que le provoca la actitud cruel que Reid mantiene hacia la niña, Ann Norton comienza a sospechar del comportamiento de la pequeña, lo que eventualmente la llevará a tratar de impedir un trágico desenlace. En este caso, resulta interesante como Duffell va construyendo la historia de manera pausada y algo ambigua, ya que por un lado incluye ciertos guiños que apuntan a un posible abuso por parte de Reid hacia su hija, impulsado principalmente por el parecido que la niña tiene con su difunta madre, mientras que por otra parte inserta algunos elementos que sugieren que algo siniestro ocurre con la pequeña, tales como su irracional miedo al fuego, su extenso conocimientos acerca de los árboles y sus usos, y su curiosa afición por los libros de brujería. Esta ambigüedad también es percibida por Ann Norton, cuya presencia paradójicamente termina siendo el catalizador de la verdadera naturaleza de la niña, pese a que sus intenciones son nobles. En gran medida, el segmento funciona de manera espléndida gracias a las excelentes interpretaciones de los actores involucrados, y al buen manejo del misterio que se esconde tras la disfuncional relación existente entre Reid y su hija, todo lo cual da como resultado que “Sweets for the Sweet” se convierta en un relato que subvierte de manera efectiva la inocencia y la pureza de la niñez, a través de una vuelta de tuerca realmente macabra.

 

El segmento final se titula “The Cloak” y está protagonizado por Paul Henderson, quien es una arrogante estrella del cine de terror que se encuentra grabando una cinta de vampiros en compañía de la exuberante actriz Carla Lind (Ingrid Pitt). Luego de insultar a la encargada de vestuario de dicha producción, Henderson decide buscar por cuenta propia un disfraz que le otorgue cierto realismo a su rol. Es así como termina comprando una vieja capa en una tienda de antigüedades, la cual supuestamente perteneció a un vampiro retirado. Para su sorpresa, cada vez que utiliza la capa, Henderson ve como sus colmillos crecen, su reflejo desaparece de los espejos, y lo invade una incontrolable sed de sangre que eventualmente amenaza con convertir su vida en un verdadero infierno. “The Cloak” suele ser el segmento más celebrado del film, en gran medida porque contiene una serie de guiños al cine de terror de bajo presupuesto que se realizaba en Inglaterra en aquel entonces. Por ejemplo, en un determinado momento del relato, Henderson se despacha la siguiente frase: “Este es el problema con las cintas de terror actuales. No hay realismo. No como en las películas viejas, los grandes clásicos. `Frankenstein`, `El Fantasma de la Ópera`, `Drácula´… aquella con Bela Lugosi por supuesto, no la de este tipo nuevo”. Esa capacidad de reírse de sí mismos, las sólidas interpretaciones de la dupla protagónica, y la buena utilización del humor negro al momento de repasar los clichés del vampirismo, hacen de “The Cloak” un segmento inolvidable pese a no contar con elementos de verdadero terror.

En lo concerniente al aspecto técnico de la producción, además de la ya mencionada dirección de arte de Tony Curtis y el trabajo de fotografía de Ray Parslow, resulta necesario destacar la banda sonora del compositor Michael Dress, quien mediante el uso de instrumentos de cuerda, órganos e instrumentos de percusión, crea una serie de piezas que resultan efectivas a la hora de aumentar la tensión del espectador, quien no puede evitar percibir la sensación de constante amenaza que reina en cada uno de los segmentos del film. “The House That Dripped Blood” bien podría ser considerada como una de las mejores, sino es que la mejor cinta de antologías que emergió desde la compañía Amicus Productions. Una brillante elección del elenco, un guión sólido con muy pocas fisuras, y lo que es más importante, un excelente trabajo de dirección por parte de Peter Duffell, le terminaron otorgando a estas divertidas y macabras moralejas una calidad que las producciones de la Amicus alcanzaron en muy contadas ocasiones. Lo único medianamente criticable de la cinta, es la poco atractiva historia que enmarca los cuatro segmentos, cuyo final no resulta del todo satisfactorio, como tampoco termina de convencer la explicación que le entrega al espectador A. J. Stoker de lo que según él, es el verdadero secreto de la casa.


por Fantomas.

lunes, 12 de enero de 2015

Nothing But The Night: La breve aventura de Christopher Lee como productor.

“Nothing But The Night” (1973), es un film de misterio y terror del director Peter Sasdy, el cual está protagonizado por Christopher Lee, Peter Cushing y Georgia Brown.

Tres administradores de la fundación Van Traylen, la cual se dedica a acoger niños huérfanos, han sido hallados muertos en el último tiempo. Aunque las muertes parecen suicidios, el Coronel Charles Bingham (Christopher Lee), quien está a cargo de la investigación, cree que han sido asesinados por motivos económicos. Con la ayuda del médico patólogo, Sir Mark Ashley (Peter Cushing), Bingham pronto descubrirá que su curiosidad puede costarle muy caro.

 

Desde el momento que compartieron escena en las recordadas “The Curse of Frankenstein” (1957) y “Horror of Dracula” (1958), los actores británicos Christopher Lee y Peter Cushing entablaron una amistad que se extendería durante décadas, y que finalizaría con la muerte de Cushing en 1994, a causa de un cáncer a la próstata. Ambos de rostros angulosos y siluetas alargadas, trabajarían juntos en numerosas ocasiones durante su carrera, en gran medida porque durante las décadas del sesenta y del setenta su sola presencia era sinónimo de éxito comercial, y porque como el mismo Christopher Lee se ha encargado de declarar en incontables oportunidades, disfrutaban trabajar juntos al punto que buscaban guiones que les permitieran interpretar personajes antagónicos. Una de las tantas películas en las que coincidirían sería “Nothing But The Night”, la cual estaba basada en la novela del mismo nombre del escritor John Blackburn, y que sería producida por la compañía Charlemagne Productions, la que había sido fundada por Christopher Lee y Anthony Nelson-Keys con la intención de realizar films de terror más maduros que los producidos por la Hammer. Originalmente, la adaptación de la novela de Blackburn era la primera parte de un plan mucho más ambicioso por parte de Lee, quien deseaba adaptar otras dos novelas del escritor tituladas “Portrait of Barbara” y “Bury Him Darkly”, para así formar una trilogía cuyo protagonista sería el Coronel Charles Bingham, personaje que en esta oportunidad está a cargo de la investigación de las muertes de un grupo de administradores de la poderosa fundación Van Traylen. Sin embargo, algunos desacuerdos con el escritor y los exiguos resultados de taquilla del film, eventualmente tiraron por la borda las intenciones de Lee.

“Nothing But The Night” comienza con los asesinatos de tres administradores de la fundación Van Traylen, cada uno de los cuales se caracterizaba por ser personas de avanzada edad sumamente influyentes y acaudaladas. De manera casi simultánea, un bus que transporta a treinta huérfanos que están bajo el cuidado de la fundación, sufre un grave accidente de tránsito. Si bien ninguno de los niños termina con lesiones graves, la pequeña Mary Valley (Gwyneth Strong) ha quedado hospitalizada a petición del doctor Haynes (Keith Barron), debido a que la niña ha experimentado una serie de vívidas pesadillas en las que se ve envuelta en llamas luego del accidente. En el intertanto, el Coronel Bingham, quien desde hace ya un tiempo no trabaja como policía, se acerca al hospital donde está internada Mary para convencer a su viejo amigo, el patólogo Mark Ashley, que lo ayude a investigar la muerte de los administradores, ya que sospecha que algo se esconde tras lo que la policía ha catalogado como suicidios. Para complicar aún más el asunto, una reportera llamada Joan Foster (Georgia Brown) descubre que la niña no es realmente huérfana; su madre, una supuesta vidente llamada Anna Harb (Diana Dors), la cual ha estado diez años en prisión por asesinar a tres personas, ha aparecido para reclamar a la pequeña. Desde sus respectivas trincheras, Bingham, Ashley, Haynes y Foster, intentarán descubrir que se esconde tras las misteriosas muertes, y cuál es el secreto que parece residir en el subconsciente de Mary, cuya revelación puede ser la clave que solucione este complejo rompecabezas.

 

El gran motor de “Nothing But The Night” es el misterio que se esconde tras los asesinatos y el extraño comportamiento de la pequeña Mary, razón por la cual durante gran parte del metraje este funciona más como un thriller policial que como una cinta de terror. Si bien en un inicio la trama se presenta de manera atractiva atrapando rápidamente el interés del espectador, lamentablemente a medida que avanza el relato, el director pierde el rumbo con la inclusión de diversas subtramas que lo único que hacen es que el núcleo de la historia pase a segundo plano, y que el ritmo narrativo del film decaiga de manera considerable. Entre otras cosas, se explora el frenético escape de la en apariencia desequilibrada Anna Harb, quien rápidamente se convierte en la principal sospechosa de los crímenes, hasta la isla escocesa de Bala, lugar en el cual se encuentra el orfanato de la fundación Van Traylen y donde se desarrolla el último tramo de la película; la breve pero intensa relación amorosa que surge entre el Doctor Haynes y Joan Foster cuando ambos se involucran en el proceso de recuperación de Mary, y comienzan a investigar las verdaderas razones de la sorpresiva aparición de Anna Harb; y la desaparición y posterior búsqueda de un pequeño que también reside en el ya mencionado orfanato. Estos saltos constantes entre una subtrama y otra, complejizan de sobremanera una historia repleta de giros de tuerca, y provocan que muchas situaciones luzcan forzadas y poco creíbles, debido al torpe desarrollo de las mismas.

El principal problema con “Nothing But The Night”, es que sufre de una indefinición temática y narrativa constante, que le impide convertirse en una obra del todo coherente. Para comenzar, el film presenta una total carencia de un verdadero protagonista. Si bien en un inicio todo parece indicar que los personajes de Lee y Cushing son los protagonistas, la cinta pasa gran parte de su primera mitad explorando la investigación médica y periodística del Doctor Haynes y Joan Foster, para luego centrarse nuevamente en el Coronel Bingham y Mark Ashley, aunque siempre de manera intermitente, cuando estos son testigos de un nuevo atentado contra otro grupo de miembros de la fundación Van Traylen, quienes se encontraban a bordo de una embarcación en las costas de la isla de Bala. Todo esto, que es una consecuencia directa de la rotación constante de subtramas, provoca que al espectador le resulte virtualmente imposible identificarse con alguno de los cuatro personajes principales, aún es posible empatizar con sus motivaciones y creencias. Por otra parte, el guión intenta combinar ciertos elementos sobrenaturales con otros más cercanos a la ciencia, lo que resulta contradictorio en distintos niveles. Mientras que la inclusión de guiños al ocultismo paradójicamente acercan a la cinta al tipo de horror que tanto Christopher Lee como Anthony Nelson-Keys intentaban dejar de lado, la inverosímil explicación científica que se le intenta dar a los crímenes parece que solo busca justificar la participación del patólogo interpretado por Cushing.

 

Como es de esperarse, uno de los puntos altos de la cinta son las actuaciones de Christopher Lee y Peter Cushing, cuyas escenas en conjunto reflejan en gran medida la relación de amistad existente entre ambos actores. Mientras que Lee interpreta a un hombre algo serio y autoritario, que solo demuestra su faceta más apacible cuando está en compañía de su viejo amigo, Cushing le da vida a un médico que se muestra dispuesto a investigar incluso aquello que va en contra de su formación científica, y que de vez en cuando tiene pequeños estallidos de ira provocados principalmente por desavenencias con el Doctor Haynes y Joan Foster. Georgia Brown por su parte, realiza una labor correcta mermada únicamente por algunas líneas de diálogo bastante mediocres, y por la torpe escena romántica que tiene con el personaje interpretado por Keith Barron. Por último, tanto Gwyneth Strong como Diana Dors no pueden evitar caer en la sobreactuación, lo que causa por ejemplo que algunas de las escenas que muestran a una fugitiva Anna Harb refugiándose en el bosque de la isla de Bala, caigan en la comedia involuntaria. En relación al aspecto técnico de la cinta, mientras que el trabajo de fotografía de Kenneth Talbot resulta ser bastante mediocre, en especial en aquellas escenas que supuestamente transcurren de noche, la banda sonora compuesta por Malcolm Williamson es altamente irregular, por lo que en contadas ocasiones complementa de manera efectiva lo que buscan transmitir las imágenes.

Si algo hay que reconocerle a Peter Sasdy con respecto a su trabajo en “Nothing But The Night”, es su notoria preocupación por construir una atmósfera malsana y opresiva, que en cierta medida compensa algunas de las debilidades de un guión incapaz de explotar el potencial presente en una historia que en el papel prometía mucho más. De la misma forma, resulta necesario destacar lo sorprendente de la vuelta de tuerca final, la cual es coronada con una escena sumamente perturbadora que rápidamente queda grabada a fuego en la memoria del espectador. Curiosamente, el hecho de que la secuencia final involucre una hoguera, y que la clave del misterio que se proponen resolver los protagonistas se encuentre en una alejada isla, entre otras cosas, acercan a esta producción al film “The Wicker Man” (1973), el cual también contó con la participación de Christopher Lee. Como se menciona anteriormente, el magro resultado de taquilla de “Nothing But The Night” significó que la compañía Charlemagne Productions cerrara prontamente sus puertas, lo que le otorga una importancia histórica especial a esta modesta producción. “Nothing But The Night” es claramente una cinta fallida, pero presenta varios elementos interesantes que merece la pena considerar, como por ejemplo la mencionada participación de Lee y Cushing, lo peculiar de la solución final, y el curioso comentario que realiza acerca de la obsesión de la sociedad con la efímera juventud.


por Fantomas.
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