viernes, 29 de agosto de 2008

The Premature Burial: La excepción de la saga de Corman acerca de la obra de Edgar Allan Poe

“The Premature Burial” (1962), es un film de terror del director Roger Corman, el cual está protagonizado por Ray Milland y Hazel Court.

Guy Carrell (Ray Milland) es un hombre que vive con el miedo de ser enterrado vivo debido a que su padre sufría de catalepsia, una extraña condición que lo condenó antes de tiempo. A raíz de esto, su prometida Emily Gault (Hazel Court) le pide al doctor Miles Archer (Richard Ney) que ayude a Guy a superar su obsesión. Sin embargo, tras una serie de extraños acontecimientos, Guy se ve obligado a enfrentar su más temida pesadilla, la cual amenaza con destruir por completo su cada vez más frágil cordura.
Cuando Roger Corman y los ejecutivos de la American International Pictures se enfrascaron en una disputa por la repartición de las ganancias obtenidas con las adaptaciones de la obra de Edgar Allan Poe que el director había realizado bajo el alero de la productora, Corman decidió realizar su próxima cinta, la cual estaría basada en la historia “The Premature Burial”, al interior de la compañía Pathé, la cual estaba a cargo del trabajo de laboratorio de la American International Pictures. Lamentablemente para el realizador, esta decisión vino acompañada de dos importantes bajas dentro de su equipo de filmación habitual; el actor Vincent Price, quien se había convertido en el rostro más reconocible de las adaptaciones de la obra de Poe, y el guionista Richard Matheson, cuya contribución creativa pasaría a ser parte de la piedra angular del ciclo de cintas inspiradas en las historias creadas por el recordado escritor norteamericano. A raíz de esto, Corman se vio obligado a contratar al actor Ray Milland para interpretar el rol protagónico del film, y a los guionistas Charles Beaumont y Ray Russell para adaptar la siempre compleja obra de Poe.

Con el correr de los días comenzó a evidenciarse que Corman, quien es conocido como un verdadero Rey Midas de la industria cinematográfica de bajo presupuesto, no se había equivocado al momento de escoger a sus nuevos colaboradores. El caso de Charles Beumont resulta particularmente interesante. El guionista fue un hombre traumatizado por su madre especialmente obsesiva, la cual durante su infancia lo obligaba constantemente a vestirse como niña, y que incluso llegó al extremo de asesinar a una de sus mascotas con el objetivo de castigarlo por no seguir sus instrucciones. Quizás por este mismo motivo Beaumont desarrolló una afición por las historias ligadas a la ciencia ficción y el horror, la cual eventualmente le traería algunos frutos. De hecho, fue una de las mentes creativas tras la exitosa serie “The Twilight Zone” (1959-64), la cual le permitió plasmar su obsesión con la muerte y su gusto por lo macabro, lo que posteriormente pudo realizar al interior de la industria cinematográfica. Irónicamente para Corman, cuando todo estaba listo para comenzar a trabajar en la fotografía principal del film, los dueños de la American International Pictures, Samuel Arkoff y James Nicholson, decidieron comprar la compañía Pathé adquiriendo con esto los derechos del nuevo proyecto del ingenioso director norteamericano.


La historia que se desarrolla en Inglaterra, se centra en un estudiante de medicina llamado Guy Carrell, quien está obsesionado con el miedo de ser enterrado vivo. Y es que él está convencido que le sucederá lo mismo que a su padre quien sufría de catalepsia, una extraña condición que provoca pérdida de conocimiento y que debilita el pulso al punto de que la persona que lo padece parece estar muerta. Para evitar conocer tan trágico final, Guy construye una compleja cripta la cual está dotada de múltiples dispositivos de seguridad, cuya única función es ayudarle a salir sin mayores inconvenientes en caso de ser enterrado de forma prematura. Este creciente espiral de locura lo lleva a tener una serie de problemas con su pareja, una hermosa mujer llamada Emily Gault (Hazel Court), con quien finalmente termina contrayendo matrimonio. Cuando las cosas parecen estar mejorando para Guy, este comienza a ser asediado por una serie de tenebrosas pesadillas y por extraños ruidos que parecen provenir del sótano de su hogar. ¿Será que el protagonista realmente se está volviendo loco, o hay algo más siniestro que se esconde entre las paredes del hogar de los Carrell?

En el escrito original de Edgar Allan Poe, un narrador describe calmadamente una serie de situaciones en las cuales sujetos completamente sanos, caían víctimas de la catalepsia antes de descender al lugar escogido para su último descanso de forma prematura. Eventualmente el narrador recuerda su propia experiencia ligada a la catalepsia, la cual lo llevó a ser enterrado vivo durante una determinada cantidad de tiempo antes de ser rescatado de su eventual asfixia. Una vez superada esa escalofriante experiencia, el peculiar narrador del relato admite que su intenso miedo a ser enterrado vivo estaba fuertemente ligado a su pesimismo a la hora de enfrentar la vida, y a la desconfianza que le provocaban aquellos que lo rodeaban. Tras este momento de introspección, el protagonista del relato adopta una nueva postura ante la vida ya que no se encuentra atrapado bajo tierra al interior de un ataúd, ni tampoco se encuentra atormentado por los pensamientos de ser enterrado vivo o de ser asfixiado por el mundo que lo rodea. A diferencia de Poe, Corman se aleja de cualquier tipo de introspección vital para adentrarse de lleno en los miedos más enraizados de un acongojado protagonista, cuya experiencia cercana a la muerte no lo llevará a cuestionar ciertos aspectos de su vida, sino que inevitablemente lo situará en los oscuros terrenos de la locura y el horror.


Cuando Carrell logra escapar de su tumba prematura decidido a vengarse de quienes él considera que lo han llevado hasta ese punto, este se convierte casi en una figura sobrenatural, aún cuando definitivamente está vivo. Junto con su reciente cruzada de muerte y venganza, el mundo que lo rodea comienza a desmoronarse en el más absoluto caos. De esta forma, a medida que Carrell desata por completo su locura y sus ansias de sangre, la cinta queda desprovista de un protagonista para dar paso a un curioso conglomerado de antagonistas cuyo destino final parece evidente. En “The Premature Burial” se da un hecho curioso que tiene relación el con rol del protagonista durante los diversos pasajes de la cinta. El personaje de Milland es tanto víctima como victimario, es inocente y al mismo tiempo es inmensamente culpable. Si bien es innegable que durante el transcurso de la historia su flamante esposa se esfuerza por hacerle perder la razón, es él quien finalmente al dejarse dominar por sus temores y por su marcado pesimismo, termina haciendo realidad su más grande temor, lo que lo lleva a convertirse en un monstruo cuya crueldad es aún más grande que la de su supuestamente abnegada esposa.

En el ámbito de las actuaciones, mientras que Ray Milland interpreta de buena manera a un hombre al borde del colapso mental, Hazel Court se luce como la misteriosa y a ratos siniestra esposa del protagonista. En cuanto al aspecto técnico del film, este cuenta con la estupenda dirección artística del siempre confiable Daniel Haller, la atmosférica pero olvidable banda sonora de los compositores Ronald Stein y Les Baxter, y el espléndido trabajo de fotografía de Floyd Crosby. “The Premature Burial” suele ser considerada como la cinta más débil dentro del ciclo de adaptaciones de la obra de Edgar Allan Poe realizado por Roger Corman, lo que no significa que se trate de una producción mediocre. Aún cuando la trama no tarda en tornarse predecible y la actuación de Milland se ve opacada por la sombra de Vincent Price, de todas formas se trata de una cinta de horror que explora con éxito el lado oscuro del hombre y su peligrosa fragilidad, con una teatralidad y una estética gótica propia de las producciones del siempre interesante Roger Corman.


por Fantomas.

domingo, 24 de agosto de 2008

Planet of the Apes: En algún lugar del universo debe haber algo mejor que el hombre.

“Planet of the Apes” (1968), es un film de ciencia ficción del director Franklin J. Schaffner, el cual está protagonizado por Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter y Maurice Evans.

Una nave espacial proveniente de la Tierra se estrella en un planeta desconocido. La tripulación de la nave, comandada por el Coronel Taylor (Charlton Heston), escapa antes que la misma se hunda en las profundidades del lago donde amerizó. Los sobrevivientes inician una larga jornada a través de un vasto desierto, pero sus reservas son escasas. A última hora consiguen llegar a una selva donde descubren la existencia de otros seres humanos en estado muy primitivo (sin cultura ni lenguaje, y alimentándose de la naturaleza). Pero pronto los astronautas descubren con horror a la especie inteligente que domina el planeta: los simios.


El cine de ciencia ficción por muchos años fue visto como un género menor, tanto por el público como por los grandes estudios. Desde la década de los treinta hasta fines de los cincuenta, la gran mayoría de las cintas pertenecientes al género se caracterizaban por ser producciones serie B con un escaso presupuesto. No fue hasta el estreno de “2001: A Space Odyssey” (1968) de Stanley Kubrick, que el cine de ciencia ficción comenzó a ser tomado en serio. Ese mismo año se estrenaría “Planet of the Apes”, una de las obras más importantes dentro del género. El mérito de esta cinta se debe a Arthur P. Jacobs, quien decidió comprar los derechos de la poco conocida novela homónima de Pierre Boulle (autor de la también adaptada “El Puente Sobre el Río Kwai"), y luego comenzó una larga batalla con los estudios de Hollywood para concretarlo como proyecto.

El escogido para adaptar la novela fue el escritor Rod Serling, conocido principalmente por la serie “The Twilight Zone”. Su guión fue rechazado por un sinfín de motivos, entre los que se encuentran el excesivo costo que significaba retratar la avanzada tecnología manejada la sociedad de simios descrita en el guión. Debido a esto, el guión fue reescrito por Michael Wilson, quien optó por situar a los simios dentro de una sociedad más primitiva tecnológicamente hablando, rebajando de manera importante los costos de los efectos especiales y la construcción de los sets. Pese a realizar varios cambios, Wilson prefirió conservar el final escrito por Serling, el que eventualmente se transformaría en uno de los finales más impactantes y míticos de la historia del cine. Más allá de los problemas que presentó el guión, la Fox solo le dio luz verde al proyecto tras realizar un piloto con una prueba de maquillaje que hiciera creíbles a los simios. Una vez escogido el elenco, liderado por el actor Charlton Heston, se dio inicio a las filmaciones el 21 de mayo de 1967.

La conformación de una sociedad regida por simios, les permitió a los guionistas realizar un sinnúmero de referencias sociales, políticas y religiosas, de manera satírica, oscura y algo metafórica. Injusticia racial, separación de clases y más de algún prejuicio social, son algunos de los tópicos expuestos por los guionistas. Los simios están divididos socialmente de una manera bastante marcada: los orangutanes de pelaje claro son los líderes, estando en la cima del escalafón social, a los cuales le siguen los chimpancés que son los intelectuales y científicos de la sociedad, y finalmente tenemos a los obreros y soldados, representados por los fieros gorilas. Los humanos ni siquiera cuentan como miembros de esta sociedad, siendo considerados simplemente como bestias, o en el mejor de los casos como mascotas. Estamos frente a una sociedad cerrada que pelea por mantener su status quo, algo que puede quebrantarse con la aparición del humano parlante.

Muy ligado a esto, el guión se encarga de exponer el antiguo conflicto entre la ciencia y la religión. La sociedad simia es altamente religiosa, al punto de que solo tolera a los científicos como un mal necesario, siempre y cuando sus descubrimientos no puedan dinamitar los cimientos del absolutismo religioso y político que han logrado formar con los años. La escena del juicio a Taylor es el ejemplo más claro de esto; los líderes de la sociedad se rehúsan a creer la historia del humano, la cual consideran como una completa herejía, al mismo tiempo que tapan sus bocas, ojos y oídos con sus manos, negándose completamente a aceptar que existe una realidad distinta a la escrita en sus textos sagrados. Los únicos aliados que encontrará Taylor en su camino, serán Zira (Kim Hunter) y Cornelius (Roddy McDowall), una “psicóloga animal” y un arqueólogo respectivamente, quienes ante lo contundente de las pruebas que indican que el hombre puede ser un ser inteligente y que existe algo más tras la “zona prohibida”, erigida como una metáfora de los límites impuestos por una sociedad que le teme a la evolución, deciden enfrentar a sus superiores pese a las consecuencias que esto puede significarles.

Heston es el héroe perfecto, dándole la seguridad al espectador que pese a la difícil situación en la que se encuentra, será capaz de encontrar una solución para salir de ella. Lamentablemente, pareciera ser un personaje con más fuerza que cerebro. Al comienzo, cuando él es incapaz de hablar, es difícil no cuestionarse el hecho del porqué no realiza un esfuerzo por comunicarse de forma no verbal. Eventualmente termina por emplear este método, pero tarda demasiado considerando que se trata de un astronauta entrenado. De la misma forma, se muestra como un tipo sumamente temperamental, que tiende a querer solucionar todo por la vía de la violencia. Sin embargo, resulta interesante la irónico de la situación de Taylor; un hombre que impulsado por su odio a la humanidad se embarcó en este viaje a los confines del universo, ahora está llamado a defenderla con su vida.

El resto de los actores realiza un estupendo trabajo bajo el maravilloso maquillaje diseñado por John Chambers. El director Franklin J. Schaffner mantiene un ritmo narrativo más que adecuado, realizando una esplendida labor pese a su inexperiencia al frente de proyectos de este tipo. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Leon Shamroy y la adecuadísima banda sonora compuesta por Jerry Goldsmith, son en gran parte los responsables de la atmósfera tan peculiar que presenta la cinta. Dentro del aspecto temático, que la sociedad simia en algunos aspectos presente similitudes con la existente en la edad media, pero que al mismo tiempo manejen armas de fuego, cámaras fotográficas, y que cuenten con científicos y psicólogos en sus filas, es por lo bajo incongruente. Si bien han sido varios los críticos que han recalcado este punto, la verdad es que al final del día no merma en lo más mínimo la experiencia fílmica que constituye la cinta de Schaffner.

Fue tal el éxito que tuvo la producción, que dio paso a cuatro secuelas y a una serie de televisión durante los años setenta, además del remake realizado por el director Tim Burton en el 2001, y la precuela filmada el 2011. Esto se debe a que estamos frente a una cinta que sirve tanto de entretenimiento, como de reflexión científica y sociológica. En gran medida, el relato es producto absoluto de la época en que fue concebida, ya que incluye temas como el de la desconfianza en el prójimo, la amenaza latente de la extinción del hombre producto de su propia locura, el espíritu de rebeldía reinante en la juventud de los sesenta, y la lucha existente contra un sistema corrupto y represivo. "Planet of the Apes" es un clásico indiscutido dentro del vapuleado género de la ciencia ficción, cuyo mensaje sigue estando vigente hasta el día de hoy. En una sociedad que está siendo llevada a su propia destrucción por los vicios y la ambición del hombre, da para pensar si tal vez los simios lo harían mejor.



por Fantomas.

miércoles, 20 de agosto de 2008

The Night Of The Hunter: El retrato de una pesadilla infantil.

“The Night of the Hunter” (1955), es un thriller del director Charles Laughton, el cual está protagonizado por Robert Mitchum, Shelley Winters y Lillian Gish.

Son los años de la Depresión en una pequeña población de Virginia Occidental. Ben Harper (Peter Graves) es un padre de familia que tras el robo de 10.000 dólares y el asesinato de dos personas, confía a John, su hijo de diez años (Billy Chapin), el lugar donde escondió el dinero antes de ser ejecutado en la horca. Tanto el pequeño como su hermana Pearl (Sally Jane Bruce), de tan solo cinco años, prometen no revelar el secreto ni siquiera a su propia madre. Sin embargo, Harry Powell (Robert Mitchum), un falso predicador que compartió celda con Ben durante sus últimos días de vida, hará todo lo posible con tal de conseguir el preciado botín.

La novela de Davis Grubb, “The Night of the Hunter”, estaba en las listas de best-sellers a principios de 1954, cuando el productor Paul Gregory pensó que su adaptación cinematográfica sería el proyecto perfecto para el debut como director del actor Charles Laughton. Ambos habían trabajado juntos en diversas obras de teatro y Gregory, quien nunca había producido una película, pensó que esta era la oportunidad perfecta para volcar el talento del problemático actor a la dirección. Fue así como decidieron contratar al poeta y periodista James Agee, quien había hecho un estupendo trabajo con el guión de “The African Queen” (1951), del director John Huston. Lo que ellos no sabían era que el escritor para aquel entonces se encontraba batallando con el alcoholismo, lo que dificultó el proceso de confección del guión. De hecho, según el mismo Gregory: “Los créditos decían que James Agee había escrito el guión de la cinta, pero la verdad es que él se encontraba ebrio rodando por el piso la mayoría del tiempo”. A raíz de esto, durante mucho tiempo se dijo que fue Charles Laughton quien finalmente escribió el guión del film. Sin embargo, el 2004 se encontró una copia del primer borrador escrito por Agee, el cual venía a confirmar que gran parte de la autoría del guión le correspondía a él.

En lo que respecta a la elección del elenco, desde el momento en que se embarcaron en el proyecto tanto Laughton como Gregory pensaron en darle el rol del retorcido villano a Robert Mitchum, debido a la peculiar personalidad del actor y a la capacidad que este poseía de transmitirle cierto nivel de incertidumbre al espectador. Una vez que Mitchum se sumó a la producción, la United Artist le otorgó un presupuesto de 700.000 dólares a la misma, lo que desde luego alegró a Laughton. El resto del elenco estaría conformado por las actrices Shelley Winters y Lillian Gish, y los niños Sally Jane Bruce y Billy Chapin. Lamentablemente, Laughton desarrollaría una marcada aversión por los precoces actores, la que se acrecentaría aún más cuando escuchó al pequeño Billy Chapin presumir acerca de un premio que le había otorgado el círculo de críticos de Nueva York, por su trabajo en una obra de teatro. A raíz de esto, a Robert Mitchum no le quedaría más remedio que asumir la dirección de los niños.

Más allá de los problemas tras las cámaras que sufrió la producción, esta es recordada como una de las obras más extrañas del cine norteamericano, razón por la cual fue tildada de abominación al momento de su estreno. Y es que básicamente se trata de una historia para adultos contada a través de los ojos de un niño. Al mismo tiempo, es una suerte de relato bíblico donde la violencia y el sexo son condenados como actos inmorales, y donde existen elementos propios del cine de terror y ciertos toques de humor macabro. Como si la mezcla temática no fuera suficiente, Laughton junto con el director de fotografía Stanley Cortez, se encargan de que en cada una de las escenas del film convivan los antagonismos más ancestrales y primarios conocidos por el hombre, como lo son el bien y el mal, el amor y el odio, la luz y la oscuridad, la presa y el cazador, y la inocencia y el pecado, entre otros. Todo esto es reforzado con una estética similar a la presente en el expresionismo alemán, lo que provoca que todo el relato sea visto como una pesadilla vívida, que rápidamente atrapa al espectador entre sus luces y sus sombras.

La historia entre otras cosas, es una dura crítica a la sociedad rural americana, puritana y retrógrada, con los conflictos y contradicciones que todo ello genera, la cual es representada por el personaje de Robert Mitchum, que no es más que un lobo con piel de oveja. Y es que se trata de un hombre que predica la palabra del Señor, que condena la lujuria, la avaricia y la mentira, pero que sin embargo enamora y asesina viudas con el fin de quedarse con su dinero, supuestamente para realizar la labor que le ha encomendado Dios. La misma hipocresía se ve reflejada en el personaje de Shelley Winters, la cual al verse sometida a la influencia de su nuevo marido, comienza a predicar su mensaje aún cuando no piensa lo mismo que él. Básicamente, ambos personajes son fruto del mal momento que atravesaba Norteamérica en aquel entonces, lo que llevó a muchos ciudadanos a refugiarse en el fanatismo religioso como única solución a sus problemas.

Por otro lado, en el relato se exhibe una marcada misoginia por parte del falso predicador, lo cual no era más que el reflejo de la actitud del mismo Laughton (cuya homosexualidad fue revelada por su viuda, la actriz Elsa Lanchaster, algunos años después de su muerte). Harry Powell no solo reacciona de la peor manera posible a cualquier atisbo de coquetería femenina, sino que además no duda en demostrar el “asco” que le provoca una bailarina de un club nocturno. Al mismo tiempo, una vez que el siniestro predicador ha conseguido casarse con la inocente viuda interpretada por Shelley Winters, rechaza todo tipo de contacto físico con ella, demostrando su repulsión por el género femenino. Aunque la particular actitud de Powell podría ser interpretada como un indicio de sexualidad reprimida, la teoría de la misoginia cobra fuerza una vez que se analiza el comportamiento de la pequeña Pearl, quien pese a los malos tratos que recibe de su nuevo padrastro, sigue añorando estar a su lado como si fuera su verdadero padre. Este patrón de conducta también lo adopta la joven Ruby (Gloria Castillo), quien sigue enamorada de Powell pese a conocer los actos atroces que este ha cometido. “Que tontas son las mujeres”, dice el personaje de Lillian Gish en un momento del film, refiriéndose a las muchachas que se emocionan con sus sueños de amor, idea que al parecer era compartida por el director.

En muchos sentidos, Harry Powell podría ser considerado como la encarnación el mal, pero visto desde la perspectiva distorsionada y maravillosa de la mente infantil. Es un personaje fantástico inserto en un relato costumbrista, un fantasma de la religiosidad más malsana, que resulta ser absolutamente omnipresente. De hecho, la persecución que el predicador lleva a cabo en busca de los dos hermanos es retratada como si se tratara de una pesadilla infantil. El río por el que huyen los pequeños está plagado de diferentes criaturas nocturnas que los observan de manera acechante, a lo que se suma la silueta de su perseguidor montado a caballo, tarareando una canción de cuna que adquiere tintes siniestros. Para redondear la idea de que se trata de una fábula macabra, los niños eventualmente llegan a la casa del personaje de Lillian Gish, la cual es una especia de hada madrina que los acoge en su hogar con el fin de protegerlos del mal existente en el mundo, tarea que por momentos parece ser casi utópica.

Gran parte del encanto de “The Night of the Hunter” está dado por la espectacular actuación de Robert Mitchum. El actor da vida a uno de los villanos más aterrorizantes de la historia del cine, el cual se caracteriza por ser un hombre sicótico y brutal, que al mismo tiempo se presenta como un tipo cobarde y reprimido. De la misma forma, el resto del elenco realiza una labor impecable, otorgándole una mayor credibilidad a un relato dominado por su innegable atmósfera onírica. Lamentablemente, pese a contar con un elenco envidiable, escenas inolvidables, un guión inteligente, y una atmosférica banda sonora compuesta por Walter Schumann, la cinta tuvo una pésima recepción por parte del público y de la crítica al momento de su estreno, razón por la cual Charles Laughton decidió no volver a dirigir una película. Como suele pasar con muchas obras incomprendidas, tuvieron que pasar un par de décadas para que esta producción no solo fuese reconocida como un film de culto, sino que además para que fuera señalada como una verdadera obra maestra del cine norteamericano.



por Fantomas.

domingo, 17 de agosto de 2008

My Neighbor Totoro: Bienvenidos al maravilloso mundo de Hayao Miyazaki.

“My Neighbor Totoro” (1988), es un film de animación japonesa escrito y dirigido por Hayao Miyazaki y producido por los estudios Ghibli.

Japón, 1958. Un profesor universitario se muda junto a sus dos hijas a una casa cerca de un bosque mientras su mujer se recupera de tuberculosis en un hospital rural. Las dos niñas, Satsuki de once años y Mei de cuatro, tropiezan con un espíritu del bosque llamado Totoro, con el que entablan amistad. Un día, un telegrama es recibido por Satsuki en el cual se le pide comunicarse con urgencia al hospital en el que se encuentra su madre. La pequeña Mei desesperada, parte rumbo al hospital para entregarle una mazorca a su madre, extraviándose. Todos los vecinos cooperan en la búsqueda, la que no tiene un resultado positivo, temiéndose lo peor. Es entonces cuando Satsuki decide recurrir a Totoro para que la ayude a encontrar a su hermana.


Nacido en 1941 en la cuidad de Tokio, Japón, el director, animador, guionista y productor Hayao Miyazaki comenzó su carrera como animador en 1963 en el estudio Toei Douga. Su padre era un aficionado acérrimo al séptimo arte, razón por la cual Miyazaki se crió viendo cintas de directores como Yasujiro Ozu, Vittorio De Sica, Andrzej Wajda y Robert Bresson. Pero no fue hasta que vio a la heroína de la primera película de animación japonesa, “The Legend of White Snake” (1958), que comenzó a albergar el deseo de transmitirles esa experiencia a las nuevas generaciones. Miyazaki es uno de los directores más prolijos de la historia del cine, y aunque esto es sumamente discutible, es difícil no expresar un incontenible entusiasmo por la obra del director, la cual contiene una riqueza técnica, emocional y conceptual por partes iguales.

“My Neighbor Totoro” es la historia de dos niñas que en compañía de su padre, un profesor universitario de arqueología, se mudan a una casa en la zona rural cerca de la ciudad de Tokorozawa durante la década de los cincuenta. La razón por la cual ellos se trasladan a esta nueva casa, es la cercanía que esta tiene con el hospital donde está internada su madre, la cual tiene una enfermedad que no es mencionada durante todo el transcurso de la cinta. La naturaleza de la afección de la madre de la familia solo es revelada en la novelización de la película. Este es el elemento más autobiográfico del film, debido Miyazaki vivió en la prefectura de Saitama en Tokorozawa durante su infancia, y su madre sufrió de tuberculosis espinal, lo que la mantuvo postrada desde 1947, luego de tener su cuarto hijo hasta 1955. Los primeros años de su enfermedad los pasó internada en un hospital, pero eventualmente pudo regresar a casa en compañía de una enfermera. Es por esta razón que no es tan descabellado decir que posiblemente esta es la película más personal del director.

Desde el momento en que Satsuki y Mei comienzan a explorar su nueva casa, se pueden observar ciertas dosis de magia y misterio con la presentación de unas pequeñas criaturas negras llamadas “Makkuro Kurosuke” o “Duendes de polvo”. Más adelante en la historia, cuando Mei descubre el camino encantado que se encuentra en el jardín de su casa (lo que recuerda en cierta forma a “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll), conocerá a Totoro, que es el nombre que ella utiliza para designar a un Troll de los que ella ve en los cuentos, y que quizás es solo obra de su viva imaginación. La criatura es una mezcla entre un oso, un conejo, y un búho, y salió por completo de la imaginación de Miyazaki. Él ha señalado que Totoro es un “espíritu de la naturaleza”, negando al mismo tiempo todo tipo de connotaciones religiosas, enfocándose en la idea de que Totoro es un habitante del mundo de los niños, razón por la cual solo ellos pueden verlo a él y a los otros espíritus. Esto establece que estos espíritus, tal vez imaginarios, no son más que una vía de escape a las dificultades por las que están pasando las niñas. Esto va muy de la mano con la época en la que se desarrolla la historia, donde la televisión aún no llegaba a los hogares y los pequeños jugaban más tiempo al aire libre, echando a correr su imaginación.

En el plano más humano, la ausencia de la madre obliga al resto de los integrantes de la familia a redistribuir las tareas cotidianas entre ellos. Es así como Satsuki y Mei deben ayudar a su padre a cocinar, realizar el aseo de la casa, y cuidarse entre ellas. Estas tareas las asumirán de la mejor manera posible, entregándose alegremente a ellas, dejando en claro que el verdadero problema consiste en sobrellevar la carencia de lazos afectivos maternos. Esto implica un crecimiento personal, tanto por parte de las niñas, como del mismo padre, los cuales establecerán un lazo aún más fuerte como respuesta a la difícil situación en la que se encuentran. Incluso en algún momento de la película se especula con la posible muerte de la madre, dando cuenta de que pese a ser una película para niños no está exenta de momentos amargos.

De la misma forma, existe una celebración de la naturaleza y del gentil espíritu que la representa, donde la existencia de Totoro y su relación con las niñas implica una necesidad de coexistencia. Miyazaki ha sido nombrado en variadas ocasiones como un director ecologista, definición a medias acertada. El realizador muestra una clara admiración y un cierto grado de nostalgia por la naturaleza, la cual ha visto desaparecer junto con el crecimiento industrial de Japón. Pese a que el director niega la existencia de todo tipo de mensajes religiosos en esta cinta, es imposible no vislumbrar cierta cercanía al shintoismo y sus rituales, es decir, la visión de la naturaleza como cuna de poderes sobrenaturales (los cuales están representados por Totoro), constante que se mantiene en prácticamente todas las películas de Miyazaki.

Las cintas de Hayao Miyazaki ofrecen una riqueza visual inigualable, la cual en esta ocasión es acompañada por la hermosa banda sonora compuesta por Joe Hisaishi, colaborador habitual del director. “My Neighbor Totoro” es un viaje a la infancia de Miyazaki (donde probablemente el pequeño y tímido Kanta sea ni más ni menos que el mismísimo realizador); un lugar inocente, dominado por la imaginación, donde la naturaleza y el hombre viven en perfecta armonía. Una historia donde además el director aprovecha de enseñarnos algunas costumbres y creencias de su cultura, además de exponer la importancia de la familia y sus valores. Pese a ser en un principio una película para niños, la cinta de Miyazaki es recomendable para todo tipo de espectadores dada la capacidad del director para transportarnos al maravilloso mundo infantil, logrando que añoremos aquellos días en que nuestra imaginación e inocencia nos hacían pensar de que no existían los imposibles.




por Fantomas.

miércoles, 13 de agosto de 2008

The Abominable Snowman: La aventura de Peter Cushing en los Himalayas.

“The Abominable Snowman” (1957), es un film de terror y aventuras del director Val Guest, el cual está protagonizado por Peter Cushing y Forrest Tucker.

En una remota región del Himalaya, el doctor en botánica John Rollason (Peter Cushing) decide formar parte en una expedición que espera encontrar al legendario Yeti. Tras establecer el campo base, los integrantes de la expedición son atacados por una enorme bestia de origen desconocido. Ante el creciente descontrol del grupo de exploradores, Rollason no solo comienza a creer en la existencia del Yeti, sino que además postula que la bestia es capaz de adentrarse en los rincones más recónditos de la mente humana.


En el año 1954, el periódico británico Daily Mail promocionó una expedición conformada por siete exploradores, cuyo objetivo era develar los misterios que ocultaba la figura del mítico hombre de las nieves. Los científicos y los técnicos que conformaban la expedición, junto con los guías Sherpas que los acompañaban, pasaron dieciséis semanas en el Tíbet, siguiendo un rastro que comenzaba en Katmandú y que terminaba en una localidad llamada Namche Bazaar. En el camino, los aventureros se toparon con una serie de curiosas huellas de nueve pulgadas de largo y cinco de ancho, las cuales en su mayoría se concentraban en los terrenos cercanos al monte Everest. Eventualmente, el líder de la expedición y corresponsal del Daily Mail, Ralph Izzard, describiría sus descubrimientos en un libro titulado “The Abominable Snowman Adventure”. Intrigado por la historia de Izzard y sus compañeros, el escritor y guionista Nigel Kneale, quien había adquirido cierta popularidad gracias al lanzamiento de la serie de televisión “The Quatermass Experiment” (1953), escribió el guión de un telefilme para la BBC titulado “The Creature”, el cual sería protagonizado por Peter Cushing y dirigido por Rudolph Cartier.

El 2 de Noviembre de 1956, la productora Hammer Films compró los derechos de la historia de Kneale, con la intención de capitalizar el interés generado en la sociedad británica por el anuncio de una segunda expedición al Tíbet. La producción que originalmente llevaría por título “The Snow Creature”, sería dirigida por Val Guest, quien desde un principio se mostraría entusiasmado con el proyecto. En cuanto a la selección del elenco participante, tanto Peter Cushing como Wolfe Morris y Arnold Marle, retomarían los roles que interpretaron en el telefilme de la BBC. Stanley Baker en cambio, quien en la producción televisiva había interpretado al calculador Tom Friend, fue reemplazado por el actor Forrest Tucker, quien había trabajado anteriormente con Guest en “Break in the Circle” (1955). Durante el mes de Enero de 1957, el director junto al equipo de filmación y un grupo de dobles, rodó una serie de escenas en los Pirineos Franceses, para posteriormente regresar a los estudios Pinewood donde rodó el resto del film. Cabe mencionar que Nigel Kneale quedó muy satisfecho con el resultado de la producción. Según el guionista: “Sabía que no tenía caso preocuparme por los efectos especiales, porque aquí no eran necesarios. Lo que si me preocupaba era la credibilidad del relato. Ahora, Peter Cushing era un perfeccionista. No solo se cuestionaba lo que estaba haciendo, sino que además exigía una respuesta satisfactoria. Luego en base a esa respuesta, él hacía todo lo posible por convencer al espectador que se estaba enfrentando a un monstruo, por lo que terminaba materializando a ese monstruo”.

En “The Abominable Snowman” el protagonista es el doctor en botánica John Rollason, quien está decidido a descubrir alguna evidencia de la existencia del mítico hombre de las nieves, el cual cree que es una mutación de la raza prehistórica de primates que según Darwin originó la raza humana. Con este noble objetivo en mente, Rollason se une a una expedición liderada por un hombre llamado Tom Friend, quien asegura haber encontrado evidencias de la presencia del Yeti en las cercanías de un milenario monasterio tibetano. A medida que la historia progresa, Friend revela ser un traficante de armas, cuyo único objetivo es capturar a la criatura para explotarla comercialmente. Motivado por sus ansías de conocimiento y condicionado por el hecho de que solo Friend sabe dónde se encuentran escondidos algunos suministros necesarios para su sobrevivencia, a Rollason no le queda más remedio que colaborar con él pese a la desconfianza que le provoca. La situación empeora aún más cuando su campamento es atacado por lo que parece ser un Yeti, lo que no solo provoca que los guías que los acompañaban huyan despavoridos, sino que además termina provocándole un infarto cardiaco a uno de los integrantes de la expedición, mientras que otro no puede evitar perder por completo la cordura ante la situación a la que se ven expuestos. Ante la posibilidad de que la criatura posee una inteligencia superior a la del ser humano, Rollason y el resto de los integrantes de la expedición se ven obligados a refugiarse en una cueva, desde donde darán inicio a una peculiar batalla en la que el hombre parece correr con desventaja.

“The Abominable Snowman” más allá de ser una historia sobre la peligrosa aventura que emprenden un grupo de desconocidos, es el relato de la relación entre dos hombres igualmente apasionados, que poseen una visión diametralmente opuesta de la vida, lo que los lleva a tener diferencias irreconciliables. Mientras que John Rollason, quien al comienzo del film se encuentra estudiando un extraño tipo de planta al interior de un templo budista junto a su esposa (Maureen Connell), es un inteligente hombre de ciencia que se caracteriza por ser tranquilo y carismático, Tom Friend es un tipo rudo y grosero, cuyas motivaciones son completamente egoístas, razón por la cual todas las personas que lo rodean eventualmente se convierten en el medio para conseguir el fin que tanto busca. Siguiendo la filosofía de Kneale, quien mediante esta historia de terror y aventuras buscaba plantear temas sociológicos profundos, Guest utiliza la relación existente entre Rollason y Friend para ejemplificar la veta autodestructiva del hombre. Y es que son las obsesiones y las ambiciones de la dupla protagónica, las que finalmente arrastran a todos los miembros de la expedición a una vorágine de muerte y locura que cambiará sus vidas para siempre. “Los salvajes somos nosotros”, asegura Rollason una vez que logra regresar a casa, infiriendo que el único monstruo al que se enfrentó durante su fallida aventura yacía en el interior de sus propios compañeros.

En cuanto a las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un trabajo espectacular, en especial Peter Cushing y Forrest Tucker, quienes al interpretar con sobriedad sus respectivos papeles logran otorgarle una marcada credibilidad al relato. En cuanto al aspecto técnico de la producción, no solo resulta destacable el magnífico trabajo de fotografía de Arthur Grant, sino que también la correcta banda sonora del compositor Humphrey Searle, y el atractivo diseño de producción de Bernard Robinson. Cabe mencionar que gran parte de los sets que construyó Robinson para esta producción, varios años más tarde serían utilizados en el ciclo de cintas de Fu Manchú protagonizadas por Christopher Lee. Por otro lado, es necesario destacar la labor de Val Guest, quien de manera inteligente mantiene entre las sombras a la figura del Yeti durante gran parte del film, mediante la utilización de diversos ángulos de cámara que en ocasiones se centran en las reacciones de los personajes ante el inminente ataque de la bestia. Esto no solo dota al relato de una marcada atmósfera de suspenso, sino que también permitió que gran parte del presupuesto con el que contaba la producción fuese destinado a la construcción de los sets, y no a la fabricación de efectos especiales pensados para darle vida al mítico monstruo.

Además de todo lo antes mencionado, las extremas condiciones ambientales, las incesantes corrientes de viento, y las gélidas montañas que forman parte del escenario donde transcurre el relato, crean una impresionante sensación de claustrofobia y desolación que es percibida tanto por los protagonistas como por el mismo espectador. Quizás el único aspecto criticable del film, es la inclusión de una subtrama que involucra a la esposa de Rollason, la cual no solo carece por completo de importancia, sino que además por momentos tiende a ralentizar el estupendo ritmo narrativo que posee la cinta. En definitiva, “The Abominable Snowman” termina siendo una película sumamente entretenida, la cual bien podría ser considerada como una de las producciones más memorables de la llamada Casa del Martillo, en gran medida gracias a que el aspecto narrativo y argumental de la misma, se conjuga de manera perfecta con las espléndidas actuaciones de la dupla protagónica, y con el atractivo apartado artístico de esta peculiar aventura en los Himalayas.




por Fantomas.

domingo, 10 de agosto de 2008

12 Angry Men: La dificultad de lidiar con los prejuicios.

“12 Angry Men” (1957) es un drama/thriller del director Sidney Lumet, el cual está protagonizado por Henry Fonda y Lee J. Cobb.

Los miembros de un jurado deben resolver si condenan a muerte a un joven pandillero acusado de homicidio. Lo que en principio parece sencillo (hay numerosas pruebas en su contra), se vuelve un torturante repaso a los expedientes cuando el miembro número ocho del jurado (Henry Fonda), se declara en desacuerdo con la mayoría debido a que posee dudas razonables acerca de la culpabilidad del joven.


Henry Fonda sólo produjo una película durante el transcurso de su carrera en Hollywood. Fue tanto el estrés que le provocó la experiencia, que el actor se dio cuenta de que era una tarea que no le interesaba repetir. Esto es una verdadera pena, debido a que “12 Angry Men” es una de las cintas que más enorgullecían al actor, además de ser uno de los mejores dramas que se han filmado acerca del poder judicial norteamericano. Fonda era un gran fan del telefilme del mismo nombre escrito por Reginald Rose, el cual había sido transmitido en 1954. Debido a eso, fue que Fonda y Rose lograron recaudar 350.000 dólares para comenzar a filmar la versión cinematográfica de la historia. Para dirigir el proyecto, Fonda contrató a un joven director de televisión que tenía fama de tener un gran dominio de la dirección de actores. Dicho realizador era Sidney Lumet, quien luego de sumarse al proyecto, se dirigió a Broadway para reclutar a los mejores talentos posibles para así conformar al elenco de la producción.

Sin previo aviso, la cinta rápidamente nos sitúa al interior de un juzgado de la ciudad de Nueva York, en el cual está siendo enjuiciado un joven pandillero el cual ha sido acusado de asesinar a su padre. Una vez que los alegatos finales de los abogados han concluido, el grupo de personas que conforman el jurado se retiran a una pequeña habitación con el fin de determinar el destino de un joven que a todas luces parece culpable. Si bien la gran mayoría de los miembros del jurado tienen su decisión clara y desean retomar su vida lo más rápido posible, de improviso aparece una voz disidente que parece creer que el fiscal falló al momento de establecer la culpabilidad del acusado más allá de la duda razonable. Como es de esperarse, la idea de revisar nuevamente el caso no es bien recibida por sus compañeros, dando inicio a una lucha de ingenios que no solo pondrá sobre el tapete las ideologías del variopinto grupo que conforma el jurado, sino que además dejará en evidencia sus propios miedos y frustraciones.

El hecho de que el espectador solo conozca los detalles del juicio por medio de lo que escucha de los integrantes del jurado, y que además tenga una vaga noción de la personalidad del acusado, es uno de los puntos clave de una historia que realiza un discurso acerca de la importancia de la presunción de la inocencia, y de la duda razonable en el sistema judicial norteamericano. Hay que recordar que el sistema de jurados se creó con el fin de que un grupo de ciudadanos objetivos, fuesen capaces de decidir si el cargo criminal que se le imputa a un determinado acusado ha sido probado a cabalidad por el fiscal de turno. Si la evidencia exhibida por la parte demandante no determina eficazmente la culpabilidad del acusado, entonces resulta imposible culpabilizar a una persona por un hecho puntual. El gran problema de algunos de los personajes que conforman el jurado, es que su visión de la justicia se encuentra absolutamente distorsionada, lo que los lleva a enjuiciar al muchacho por razones absolutamente ajenas a su situación. El personaje de Fonda en cambio, simplemente quiere revisar la evidencia expuesta en el caso para así asegurarse de que está haciendo lo correcto. Bien lo dice su personaje: “No podemos decidir todo en cinco minutos. Supongamos que estamos errados”. Y es que él no actúa como defensor del acusado, sino que actúa como defensor de la duda razonable.

Uno de los puntos altos de la película, es sin duda el retrato que se realiza de cada uno de los miembros del jurado. Aunque sólo son identificados con números y no por sus nombres, durante el transcurso de la discusión el espectador tiene la posibilidad de conocer las razones por las cuales cada uno de ellos considera que el acusado es culpable o inocente, y como cada una de sus opiniones inevitablemente está teñida por sus prejuicios, su infancia, o viejas rencillas personales. En gran medida, los personajes creados por Reginald Rose no son otra cosa más que un microcosmos de la sociedad, razón por la cual es posible ver a hombres de diferentes edades, profesiones y estrato social, lo que le otorga una riqueza mayor a la férrea discusión que protagonizan. De hecho, es precisamente esta mezcla heterogénea de personalidades lo que da paso a los numerosos diálogos inteligentes que presenta el film, y a la colisión de opiniones que se convierte en el principal punto de interés del relato.

En lo que a las actuaciones se refiere, el elenco en general realiza una labor encomiable, destacándose las interpretaciones de Henry Fonda y la de Lee J. Cobb, quien interpreta a su testaruda y encolerizada contraparte. También resulta destacable la actuación de Joseph Sweeney, quien interpreta a un entrañable anciano que se convertirá en el mejor aliado del personaje de Fonda en su cruzada por un veredicto justo. Por otro lado, el trabajo de fotografía de Boris Kaufman es sencillamente impecable, ya que no solo exhibe un excelente uso de la luz y la sombra, sino que además le saca el mayor provecho posible a la pequeña habitación en la que se desarrolla prácticamente la totalidad de la cinta. Cabe mencionar que el hecho de que la película haya sido rodada en blanco y negro no solo dota a la misma de una cierta teatralidad, sino que además le otorga un cariz documental que en cierta forma le recuerda al espectador que existe un discurso definido tras la interesante trama judicial.

Pese a que “12 Angry Men” fue la primera cinta de Sydney Lumet, aún continúa siendo considerada como una de las mejores obras de su carrera. Si bien el film no tuvo gran éxito comercial cuando fue estrenado en 1957 (de hecho tuvo tan mala acogida por parte del público, que Fonda fue incapaz de recuperar la inversión realizada en la producción), la crítica si supo reconocer su riqueza técnica e interpretativa, por lo que fue nominado a tres premios Oscar, donde se destaca su nominación a la mejor película. En 1997 William Friedkin realizó un remake para la televisión, el cual estaba protagonizado por Jack Lemmon, George C. Scott y Edward James Olmos, entre otros. En dicha versión, el mayor cambio estuvo dado por la inclusión de cuatro afroamericanos como miembros del jurado. El hecho de que en la versión de 1957 todos los miembros del jurado fuesen blancos fue motivo de diversas críticas, las que señalaban que la producción no solo era inverosímil, sino que además presentaba un marcado racismo. Más allá de las polémicas o el esquivo éxito comercial, la cinta de Lumet hoy es considerada como uno de los grandes clásicos de la historia del cine, en gran medida porque el problema que expone, las imperfecciones del sistema judicial, aún siguen siendo motivo de debate en varios países del mundo.




por Fantomas.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Grizzly: "Tiburón" con garras.

“Grizzly” (1976), es un film de terror del director William Girdler, el cual está protagonizado por Christopher George, Andrew Prine y Richard Jaeckel.

Cuando un gigantesco oso grizzly comienza a alimentarse de los visitantes de un parque nacional, al guardabosque Michael Kelly (Christopher George) se le encarga la tarea de detenerlo. Para lograrlo, recluta a un naturalista llamado Arthur Scott (Richard Jaeckel), y a un piloto de helicópteros llamado Don Stober (Andrew Pine), quienes ante la inminente amenaza del oso se verán obligados a extremar recursos para poner fin a su cruzada de violencia y muerte.

Si bien durante la década del cincuenta se estrenaron una serie de cintas protagonizadas por insectos y animales mutantes, y durante la década del sesenta Alfred Hitchcock lanzó “The Birds” (1963), a quien generalmente se le considera responsable de gestar el llamado subgénero del horror natural o eco-horror, es al director Steven Spielberg y a su cinta “Jaws” (1975). El inusitado éxito del film que presentaba a un enorme escualo como una bestia hambrienta de carne humana, provocó que varios directores alrededor del mundo se interesaran por explotar el creciente interés del publicó en el concepto que presentaba a los animales como potenciales amenazas para el ser humano. William Girdler fue uno de los tantos realizadores que optaron por convertir determinados escenarios naturales en verdaderas trampas mortales, habitados por bestias hastiadas del constante abuso del hombre. Dentro de este contexto, Girdler rodó dos films con los cuales pensaba igualar el éxito obtenido por la cinta de Spielberg: “Day of the Animals” (1977) y “Grizzly”.

El guión escrito por Harvey Flaxman y David Sheldon, si bien en gran medida es una copia desvergonzada y absolutamente consciente de la historia relatada en el film de Spielberg, tiene un curioso origen autobiográfico. La idea que le daría vida al guión surgiría luego de que Flaxman y su familia fuesen atacados por un aterrorizante oso durante un día de campo. Considerando la creciente sed del público por los animales violentos, Sheldon rápidamente convenció a su colega de escribir un guión que gozara de cierto atractivo comercial. Eventualmente dicho guión llegaría a manos de Girdler, quien encantado con la historia, se ofreció a buscarle financiamiento al proyecto con la única condición de que le cedieran la dirección de la cinta. Cuando Sheldon y Flaxman accedieron a la petición de Girdler, este consiguió que el infame productor Edward Montoro financiara el film, hecho que eventualmente lamentaría. Y es que con tan solo 750.000 dólares de presupuesto, al momento de su estreno “Grizzly” recaudó alrededor de 30 millones de dólares, encumbrándose como una de las producciones más exitosas de 1976. Sin embargo, Montoro decidió no compartir las ganancias con el resto de los involucrados en el film, lo que no solo enfadó de sobremanera a Girdler, sino que también terminó arrastrándolo a la ruina.


La historia de “Grizzly” básicamente gira en torno a un enorme oso que comienza a sembrar el terror en un parque forestal, y a los esfuerzos que debe realizar un improvisado trío de expertos para detenerlo. Luego de un par de violentos asesinatos perpetuados por el grizzly, un guardabosques, un piloto de helicópteros y un naturalista experto en osos se ven obligados a trabajar en conjunto para idear un plan que les permita capturar a la bestia viva o muerta. De manera similar a lo que ocurre en “Jaws”, ninguno de los protagonistas está verdaderamente capacitado para enfrentarse a una amenaza de estas características, por lo que inevitablemente varios de sus planes terminan fracasando, lo que le permite al oso continuar con su imparable carnicería al interior del parque. En gran medida, el verdadero responsable de las muertes que presenta la historia es la arrogancia que exhibe gran parte de los personajes del film. Por un lado está el supervisor del parque, quien pese a estar consciente de la existencia del oso, de todas formas decide mantener abierto el recinto para que continúe ingresando público. Michael Kelly por su parte, es igualmente culpable por no presionar a su superior para que cierre el parque, motivado principalmente por su propia incapacidad de reconocer que el desafío que se le presentó es demasiado grande para superarlo de manera individual. Incluso el carismático Arthur Scott no puede evitar dejarse llevar por su propia arrogancia cuando subestima la ferocidad del oso, lo que eventualmente le costará bastante caro.

William Girdler hace un estupendo trabajo capturando el horror propio de la situación en la que se ven inmersos los protagonistas y los visitantes del parque, ya sea mediante el interesante juego de cámaras que realiza, o a través de una serie de macabras secuencias de asesinatos. Y es que durante sus momentos de furia, el grizzly sin mayor esfuerzo les arranca las piernas, los brazos e incluso la cabeza a sus víctimas antes de tranquilizarse y prepararse para comer. Cabe mencionar que la mayoría de las secuencias de violencia están precedidas por momentos de verdadera tensión, en los que el director utiliza la cámara subjetiva para mostrar el punto de vista del oso mientras este acecha a su próxima víctima. De esta forma, el espectador es capaz de apreciar la secuencia completa de hechos, que van desde el sigiloso acercamiento del grizzly a su víctima, hasta el momento en que esta se percata de su inminente muerte. Este recurso que durante años fue ampliamente usado en el género del giallo, y que varios años más tarde sería utilizado indiscriminadamente en el ciclo de películas enmarcadas dentro de llamado subgénero del slasher, no solo dota al film de una atmósfera de constante peligro, sino que además inserta en la mente del espectador la idea de que el brutal oso es de dimensiones gigantescas, y que su poder destructivo difícilmente podría ser igualado por el ser humano.


En el ámbito de las actuaciones, Richard Jaeckel es el único capaz de dotar a su personaje de un cierto nivel de credibilidad aceptable. En cuanto al resto del elenco, la gran mayoría se termina hundiendo en los pésimos diálogos que presenta el film, o en las situaciones que poseen un tono cómico absolutamente involuntario. Y es que no solo algunas de las secuencias de violencia se ven teñidas por momentos que rayan en lo caricaturesco, sino que además la solución final que proponen los protagonistas resulta ser completamente esquizofrénica y desproporcionada. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con la correcta banda sonora del compositor Robert O. Ragland, con el discreto trabajo de fotografía de William L. Asman, y con los llamativos pero claramente modestos efectos especiales de Phil Cory. Cabe mencionar que para darle vida al imponente oso grizzly, Girdler utilizó a un oso llamado Teddy, el cual en ese entonces era el oso grizzly en cautiverio más grande del mundo. Si bien el animal estaba entrenado, de todas formas el equipo de filmación tomó ciertas precauciones, como por ejemplo la instalación de un cable electrificado que recorría toda el área del bosque utilizada en el rodaje del film. Al mismo tiempo, para evitar cualquier tipo de accidentes, el director utilizó un oso mecánico en las escenas en las cuales la bestia atacaba a sus víctimas.

A diferencia de un gran número de cintas enmarcadas dentro del subgénero del horror natural, “Grizzly” no presenta a una bestia mutada por la radiación, ni a un monstruo diseñado tecnológicamente, ni tampoco a un enviado de la naturaleza que busca vengarse del incesante abuso del hombre. En vez de eso, la cinta presenta a un oso hambriento e implacable, que sigilosamente se acerca a sus víctimas para luego destrozarlas sin contemplación. Aún cuando la historia es increíblemente sencilla, William Girdler logra que el film se presente como un producto atractivo, el cual resulta entretenido pese a todas sus falencias técnicas, narrativas e interpretativas. “Grizzly” está lejos de ser una película memorable, pero sin lugar a dudas es un buen ejemplo del ciclo de producciones de horror natural que inundaron las salas de cine durante la segunda mitad de la década del setenta. Quizás por esto en el año 1983 se filmó una secuela titulada “Grizzly II: The Concert”. Sin embargo, dicha secuela nunca sería oficialmente estrenada. Filmada en su totalidad en Hungría, por diversos problemas financieros la cinta se terminó perdiendo en los archivos de la productora Cannon Films, hasta que el año 2007 finalmente fue lanzada en diversos sitios de internet.



por Fantomas.

domingo, 3 de agosto de 2008

The Killers: Hay más de una forma de matar a un hombre.

“The Killers” (1964), es un thriller del director Don Siegel, el cual está basado en la historia corta del mismo nombre, del escritor Ernest Hemingway. La cinta está protagonizada por Lee Marvin, Angie Dickinson, John Cassavetes y Ronald Reagan.

Dos asesinos reciben el encargo de acabar con la vida de un antiguo piloto de carreras llamado Johnny North (John Cassavetes). Tras terminar su trabajo, a uno de los asesinos, llamado Charlie Strom (Lee Marvin), le llama mucho la atención que su víctima no intentó defenderse ni huir, cuando todos los hacen. Por esta razón, los asesinos investigarán el pasado de su víctima, para averiguar el porqué de la indiferencia de éste ante la muerte, lo que los llevará hasta un peligroso criminal.


“Los Asesinos” es un cuento muy corto de apenas 12 páginas, el cual fue publicado en 1927 dentro del libro de relatos “Hombres sin mujeres”, años antes de que Hemingway fuera un escritor de prestigio. El texto contenía una serie de diálogos y connotaciones implícitas, donde el lector debía imaginar el pasado de los protagonistas, tanto de la víctima como el de los verdugos, lo que lo hacía ideal para ser adaptado al cine. Años más tarde, la Universal compró los derechos cinematográficos, hasta que en 1946, Anthony Veiller consiguió que su guión adaptado fuese llevado a la pantalla grande de la mano del director Robert Siodmak. “The Killers” (1946) es considerada por muchos como una de las piezas fundamentales del cine negro.

Cabe mencionar que el guión escrito por Veiller antes de ser rodado por Siodmak fue revisado y reescrito en algunos puntos por el novelista y cineasta Richard Brooks y también por John Huston. Algunas fuentes incluso aseguran que Veiller apenas firmó el guión, llevándose todo el crédito. Dieciocho años más tarde, la Universal decidió recuperar los derechos de la historia para filmar un telefilme, que sería producido y dirigido por Don Siegel. El guión estaría a cargo de Gene L. Coon, quien fusionaría elementos tanto del relato de Hemingway como del film de Siodmak. El resultado sería una cinta de tan alta calidad, que sería estrenada en las salas de cine como una película más de los grandes estudios, lo que no deja de ser curioso.

El paso de la cinta de la televisión al cine fue posible fundamentalmente gracias al talento narrativo de Don Siegel, un director algo menospreciado por la “crítica especializada”. Sin duda, el género que el realizador siempre dominó fue el thriller, y eso se aprecia en este film. Siegel era poseedor de una habilidad especial que consistía en describir actos individuales con mecánica precisión. En este caso, los actos individuales son por lo general violentos: existe una violencia explícita en el caso de los criminales, e implícita en el caso de la relación entre Johnny North y Sheila Farr (Angie Dickinson), más aún cuando Johnny se entera de la relación que esta mantiene con el mafioso Jack Browning (Ronald Reagan). Y es que gran parte de la tensión de las escenas viene dado por el contenido violento de las mismas. La bofetada que Jack Browning le propina a Sheila, ya forma parte de las escenas inolvidables del cine post-noir.

La precisión descriptiva de Siegel está dada por la facilidad del director para formar el carácter de sus personajes con apenas un detalle, un movimiento, un gesto, como también por la descripción física de sus acciones. Sin conocer el pasado de los asesinos, no resulta complicado formarse una idea de la personalidad de ellos y lo que es más, de las motivaciones que los han llevado a escoger esta profesión. Son hombres violentos que disfrutan cada momento de su trabajo, y eso se hace sentir en cada una de sus expresiones y sus acciones. La investigación que ellos dirigen no da tiempo para sutilezas, por lo que apenas atrapan a sus “fuentes”, ellos inmediatamente exigen información de la manera más brutal posible, ya sea colgando a una mujer de una ventana de un edificio, o amenazando con asesinar a una mujer ciega si es que no les dice el paradero de su víctima.

El director mantiene un ritmo bastante frenético durante todo el transcurso de la cinta, donde las acciones se suceden con rapidez, presentando los saltos temporales sin emplear ningún tipo de elementos de transición entre las escenas. Este ritmo posiblemente es atribuible al hecho de que los tiempos del formato televisivo no son los tiempos de las películas que son realizadas directamente para la pantalla grande, y aunque eso es en parte la razón del tipo de narrativa seleccionada, también cabe señalar que este ejercicio narrativo le permitía al director jugar con los tiempos de la acción, cosa muy común en las producciones de los sesenta. Esto se complementa con la frenética música de John Williams y con la canción principal del film, compuesta por Henry Mancini y Don Raye. La suma de estos elementos da como resultado que el espectador se enganche con la historia desde el primer minuto hasta el inesperado y glorioso final.

La cinta cuenta con actuaciones bastante buenas. La pareja de asesinos conformada por Lee Marvin y Clu Gulager, probablemente sirvieron de modelo para el director Quentin Tarantino cuando este creó a la pareja de asesinos a sueldo de su film “Pulp Fiction” (1994). Ambos realizan un estupendo trabajo personificando a estos asesinos poco amistosos y bastante violentos. Angie Dickinson por su parte, también realiza un estupendo trabajo interpretando a Sheila Farr, la mujer fatal de esta cinta, personaje de suma importancia para la historia. Completando el elenco está el actor y director John Cassavetes, que pese a que aceptó el papel solo para juntar dinero para invertirlo en sus películas independientes, contribuye con una interpretación confiable e intensa. Finalmente tenemos a Ronald Reagan en su último rol cinematográfico como el inescrupuloso Jack Browning, un personaje algo unidimensional que no presenta ningún dejo de arrepentimiento por sus actos. Obviamente que resulta curioso ver a un ex presidente en un papel en el que hace de un mafioso que no tiene reparos en matar a alguien o en golpear a su pareja.

Con esta cinta, Don Siegel demuestra con creces su habilidad para narrar thrillers, con una historia donde la mayor víctima es Johnny North; un personaje corrompido por una pasión irrefrenable que terminará por completo con su espíritu y con su vida. Al mismo tiempo, no tiene problemas para explorar las personalidades de una serie de personajes completamente motivados por sus obsesiones, las cuales tienen relación con el dinero, con una mujer, o con las razones por las cuales un hombre desea su muerte. "The Killers" es un excelente remake, que si bien no supera a la obra original, forma parte del selecto grupo de cintas que ha envejecido de buena forma, presentando altas dosis de tensión, violencia gratuita y un excelente final.



por Fantomas.

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