sábado, 5 de diciembre de 2009

Shock: Bienvenido a la consulta del Dr. Vincent Price.

“Shock” (1946), es una cinta de cine negro del director Alfred L. Werker, la cual está protagonizada por Vincent Price, Lynn Bari, y Anabel Shaw.

La joven Janet Stewart (Anabel Shaw) se desplaza hasta un hotel para reunirse con su marido (Frank Latimore). En el lugar contemplará una conversación entre un matrimonio que poco a poco adquiere tintes más sombríos. El enfrentamiento culminará con el asesinato de la mujer por parte de su marido, el cual Janet contemplará horrorizada y sin capacidad de reacción. A la mañana siguiente, el marido de la muchacha la encuentra en la habitación en estado catatónico. Los responsables del hotel intentarán ayudarla a salir de su shock con la colaboración del prestigioso Dr. Richard Cross (Vincent Price). Solo hay un pequeño problema: Cross es el hombre que Janet vio asesinando a su esposa.

“Shock” inicialmente era un proyecto que iba a ser estrenado como un producto de la unidad B de la 20th Century Fox. Sin embargo, al ver que la respuesta inicial de los espectadores fue extremadamente positiva, los ejecutivos del estudio decidieron publicitar la cinta como si se tratase de una producción de la serie A del estudio, pese a que el film solo tiene una duración aproximada de setenta minutos. Lo que es aún más relevante con respecto a esta película, fue que permitió que Vincent Price se alzara como una figura capaz de llevar sobre sus hombros el peso de una cinta, demostrando su casta de estrella. Hay que recordar que en esa época, Price estaba bajo contrato con la Fox, lo cual le permitió participar en una serie de producciones interpretando roles secundarios, donde el papel más importante del actor hasta ese momento había sido uno de los intereses amorosos de Gene Tierney en el clásico del cine negro, “Laura” (1944).

A grandes rasgos, el sencillo planteamiento argumental de “Shock” es una muestra más de la extensa corriente del thriller de índole psicoanalítico que proliferó durante la segunda mitad de la década de los cuarenta, el cual fue explotado por directores como Alfred Hitchcock, Otto Preminger, y Fritz Lang, entre otros. En esta cinta nos encontramos con un psiquiatra débil y moralmente ambiguo interpretado por Vincent Price, quien confina a una mujer que inadvertidamente presenció como él asesino a su esposa a una clínica psiquiátrica, para así poder manipular su mente y convencerla de que dicha situación no es más que un producto de su vívida imaginación. Preocupados por la posible recepción de la cinta, en una primera instancia los ejecutivos de la Fox le presentaron el film a una serie de psicoanalistas para que estos realizaran las objeciones pertinentes con respecto a la historia. Por supuesto que gran parte de las objeciones hacían alusión al retrato negativo que la cinta realizaba de la psiquiatría, debido a que se muestra a los psiquiatras como personas con las suficientes habilidades como para manejar a su antojo a sus pacientes.

Y es que precisamente es eso lo que hace el Dr. Cross con su paciente. En un principio, el cuadro no puede ser más favorable para el buen doctor; Janet Stewart es una mujer que ha tenido que lidiar con un reporte falso que indicaba que su esposo había muerto en el campo de batalla, lo que sumado al asesinato que presenció, terminó desencadenándole un estado de shock acompañado con un cuadro de amnesia temporal. Sin embargo, al poco tiempo la mujer comienza a mostrar signos de mejoría, por lo que el Dr. Cross junto a su amante, la enfermera Elaine Jordan (Lynn Bari), deciden llevarla por completo a la locura con la ayuda de algunas herramientas terapéuticas como por ejemplo la hipnosis. Más tarde ambos se verán obligados a utilizar medidas más drásticas, cuando un fiscal (Reed Hadley) decida reabrir la investigación de la muerte de la esposa de Cross, poniendo en riesgo su hasta entonces perfecto plan.

Precisamente gran parte del suspenso de la cinta ronda al hecho de que Janet pueda alcanzar un nivel de lucidez suficiente, como para reconocer a Cross y atestiguar en su contra en la investigación de la muerte de su esposa. Es Elaine el cerebro tras el asesinato de la señora Cross, y quien empuja al doctor a asesinar a Janet mediante una sobredosis de insulina, para que todo parezca un accidente médico. Lo que sin duda resulta curioso, es que Cross se muestra a reacio a seguir los planes de su amante, lo que se contrapone con su cooperación en el caso de su esposa. Al parecer, Cross está dispuesto a asesinar a su molesta esposa, pero se niega rotundamente a romper su juramento hipocrático y asesinar a una mujer que se supone que él está tratando. Esto demuestra que bien en el fondo, el personaje de Price aún presenta un dejo de consciencia que finalmente lo llevará a cometer otro acto “involuntario”. La historia en general resulta ser interesante, aunque por momentos da la impresión de que se le podría haber sacado más provecho.

Las actuaciones son en general correctas. Vincent Price interpreta con éxito a este villano con más de un matiz, que bajo la aparente seguridad que exhibe en el manejo de su profesión, se esconde un hombre inseguro y de blando carácter que termina siendo fuertemente influenciado por su amante. Lynn Bari por su parte, cumple a cabalidad con su rol de mujer fatal, siendo ella la verdadera villana de la historia. Por último, Anabel Shaw interpreta de manera creíble a esta mujer víctima de un trauma psicológico, siendo capaz de transmitir la angustia que siente al ver que todo el mundo la considera loca. El diseño de producción es más bien modesto, mientras que la fotografía de Joseph MacDonald y Glen MacWilliams resulta ser destacable. La banda sonora de David Buttolph aunque cumple el objetivo de imprimirle tensión a algunas escenas, no resulta ser demasiado memorable. Alfred L. Werker relata la historia con un ritmo más bien pausado, lo que en realidad no molesta debido a la corta duración del film.

Uno esperaría que una película que se titula “Shock” y cuyo protagonista es Vincent Price fuese de terror; obviamente este no es el caso, aunque la cinta si presenta una secuencia que parece ser sacada de la iconografía del cine de terror, en la cual durante una noche de tormenta, uno de los pacientes de la clínica psiquiátrica se escapa de su habitación solo para ingresar a la habitación de Janet y enfrascarse en una discusión con una de las enfermeras, lo que termina asustando aún más a la ya traumatizada joven. Otro momento destacable de la cinta es la secuencia onírica presentada al inicio del film, en el cual se exhibe la incertidumbre que siente Janet con respecto al regreso de su esposo de la guerra, y la posibilidad de que nuevamente el ejército se haya equivocado en proveerle la información con respecto a su estado de salud. “Shock” difícilmente podría ser ubicado como uno de los mejores exponentes del thriller de índole psicoanalítico. Claramente no está al nivel de “Spellbound” (1945), de Alfred Hitchcock, pero cuenta con méritos suficientes como para ser un título digno de descubrir.


por Fantomas.

2 comentarios:

Dialoguista dijo...

Aunque no sea de las mejores, a mi me dan ganas de verla!!!
Y me encantó el cartel en blanco y negro ;-)

P.D.: Tenes un premio en mi blog, aunque no postees premios, traetelo si te gusta ;-)

Fantomas dijo...

- Dialoguista: De hecho, pese a que la película no es de las mejores en su tipo, de todas formas vale la pena verla. Gracias por el premio, apenas pueda lo cuelgo en el blog.

Saludos!

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