domingo, 29 de marzo de 2009

William Castle: El rey de los gimmicks.

William Castle fue un productor y director cuya inclinación por los trucos publicitarios o gimmicks nació por necesidad. Para él era la forma perfecta de atrapar a un buen número de espectadores dispuestos a ver sus cintas de bajo presupuesto. Sin embargo, a medida que su reputación comenzaba a crecer gracias a sus ingeniosos trucos, estos tambíen significaron que los espectadores y la crítica no pudiera considerarlo como un cineasta serio. Lamentablemente, su deseo por establecer su marca como director en la industria cinematográfica se vio opacado por su ingenio comercial. Fue entonces que Castle se vió obligado a obtener la mayor cantidad de ganacias posibles como el “Rey de los gimmicks”.

Castle, cuyo verdadero apellido es Schloss, nació el 24 de abril de 1914 en la ciudad de Nueva York. Hijo de padres judíos, de pequeño pasaba un incontable número de horas en frente de un espejo, recreando el maquillaje utilizado por Lon Chaney en la cinta, “The Hunchback of Notre Dame” (1923). El pequeño Castle que mostraba un escaso interés por la escuela, pasaba la mayor cantidad del tiempo realizando una cantidad de diversos trabajos (que iban desde la construcción de sets hasta la actuación), para David Belasco, un productor de Broadway. Cinco años después de la muerte de sus padres, él decide convertirse en actor, donde su primer trabajo lo obtiene gracias a que se hace pasar por el sobrino de Samuel Goldwyn. El entonces tenía quince años. Para cuando cumplió los 18 años de edad, ya había dirigido su primera obra de teatro, que curiosamente se titulaba, “Drácula”.


La primera artimaña utilizada por Castle, que por cierto lo ayudaría para hacerse conocido, se convirtió prácticamente en un mito urbano. Pareciera que a finales de los treinta, él se encontraba dirigiendo una obra en la cual participaba una actriz alemana que recientemente había hecho caso omiso a la petición de Hitler de que ella volviera a su tierra natal. Supuestamente, Castle entregó una versión exagerada del incidente a los diarios locales, relatando como la actriz había arriesgado su vida al desafiar al lider nazi. La otra versión que existe acerca de este incidente, apunta a que Castle habría comenzado a lanzar ladrillos contra las ventanas del teatro donde trabaja, además de haber pintado svásticas en los muros del lugar. Sin importar que versión sea cierta, las ganancias obtenidas con la obra indicaban que estaba haciendo algo bien.

Luego de trabajar por un breve periodo de tiempo en la radio, el magnate de la Columbia, Harry Cohn tomó a Castle como su protegido, enseñandole todas las facetas del negocio del cine antes de dejarlo dirigir su primera cinta cuyo título, “The Chance of a Lifetime” (1943), parecía más que apropiado para definir la oportunidad que se le había otorgado al director. Tras terminar esta cinta, Cohn relegó al tímido y tranquilo director a filmar cintas que presentaban como principal características la mediocridad de sus guiones y el escaso presupuesto con el que contaban. En este período filmó películas completamente olvidables como “Drums of Tahiti” (1954) y “New Orleans Uncensored” (1955). Luego de realizar un buen número de estas cintas, para la Universal y Monogram Pictures, Castle pensó que estaba listo para comenzar a producir sus propios proyectos. Como Cohn no se lo iba a permitar, Castle decidió entrar al mundo de la televisión. Él se encontraba produciendo las series “Meet McGraw” y “Men of Annapolis”, cuando él y su esposa Ellen vieron la película de Henry-Georges Clouzot, “Diabolique” (1955), film que a fin de cuentas, marcaría la carrera de Castle.

La idea de que en Hollywood no se había realizado un buen film de suspenso en más de una década, lo llevó a tomar la decisión de vender las series de televisión, hipotecar su casa, y retirar todo su dinero del banco, para así poder filmar una película. Esta película titulada, “Macabre” (1958), estaba basada en la novela “The Marble Forest”, del escritor Theo Durrant (que la verdad era un seudónimo utilizado por los 12 autores reales del libro, cada uno de los cuales habia escrito un capítulo de la novela). Castle le contó acerca de este proyecto al escritor Robb White, con quien había trabajado en “Men of Annapolis”. Sorprendentemente sería tan grande el interés de White en dicho proyecto, que además de ofrecer sus servicios como guionista, también acepto financiar la misma.

La cinta se filmó en seis días, y una vez terminada, sería el mismo Castle quien reconocería que necesitaría de una artimaña comercial para poder venderla. Fue entonces cuando se le ocurrió una genial idea; Castle logró que la compañia Lloyds of London asegurará a cualquiera que viera la cinta, ofreciendo $1000 dólares a todo aquel que muriera de espanto. “Por supuesto que sería espantoso que alguien realmente muriera en el teatro”, le dijo Castle a su socio White, pero entonces añadio vergonzozamente: “pero la publicidad será espectacular”. Una buena cantidad de estudios rechazaría el film antes de que Steve Brody, representante de Allied Artist, decidiera apostar por la obra de Castle. Brody le pagó al director $150.000 dólares, además de ofrecerle el 7% de las ganancias. La película recaudó más de un millón de dólares, en gran medida gracias al morbo creado por el truco de Castle, reafirmando la idea de que sus “curiosas” técnicas funcionaban a nivel comercial.

Su próximo trabajo sería la cinta de culto, “House on Haunted Hill” (1959), protagonizada por el gran Vincent Price. Pese a que esta obra es obviamente superior a su anterior trabajo, resulta evidente que el director pretende imitar en cierta medida al film de Clouzot, acumulando una vuelta de tuerca sobre otra. Nuevamente Robb White estaría a cargo del guión, esta vez de la película que según las palabras del mismo Castle: “era un esfuerzo serio por contar un terrorífica historia ambientada en una casa embrujada”. Fiel a su naturaleza “circense”, Castle se encargaría de comentar que la cinta fue fotografiada utilizando un nuevo proceso llamado “Emergo”, la que permitía que “la emoción volara directo hacia la audiencia”. La emoción de la que hablaba Castle (otro brillante truco publicitario por cierto) no era más que un esqueleto luminoso escondido en una caja ubicada sobre la pantalla, el cual les era lanzado a los espectadores en el momento preciso.

Para su próxima colaboración con White y Price, Castle volvería a Columbia para filmar la que posiblemente es la cinta más extraña de su carrera. “The Tingler” (1959), relata los esfuerzos de un doctor por capturar un extraño organismo que cree que existe al interior de todos los humanos, y el cual crece en la base de la médula cuanto sentimos miedo. Esta vez, Castle logró que los periódicos publicaran que durante las exhibiciones de la película, serían liberados algunos “Tinglers” en los teatros. Para lograr dicho efecto, los asientos de las salas de cine fueron equipados para que pudieran dar pequeños choques eléctricos, lo que se llamó “PeceptoVisión”. Para su próxima cinta “13 Ghosts” (1960), Castle ofrecería “visores de fantasmas”. Algunas porciones de la película fueron fotografiados en azul para que de esta forma aparecieran fantasmas en el fondo de la cinta. Al espectador se le daba la oportunidad de ver o no a estos fantasmas, gracias a las tiras de papel celofán azul y rojo que les eran entregados a la entrada del cine.

“Diabolique”, no seria el único film que calaría hondo en la cabeza del director. El estreno de “Psycho” (1960), del director Alfred Hitchcock, lo llevaría a interesarse en los thrillers psicológicos. Queriendo emular el trabajo del británico, Castle lanzaría “Homicidal” (1961), nuevamente con White a cargo del guión. Sería tal la obsesión de Castle por imitar la famosa escena de la ducha del film de Hitchcock, que en 1964 trabajaría junto a Robert Bloch (autor de la novela “Psycho”), en la cinta de misterio “Strait-Jacket”. Nuevamente junto a Bloch, solo que esta vez para la Universal, Castle filmaría otro drama psicológico llamado “The Night Walker” (1964). Su siguiente cinta, “I Saw What You Did” (1965) sería otro intento fallido por imitar a Hitchcock. Con “Let´s Kill Uncle” (1966) terminaría su breve paso por la Universal.

Cuando Castle leyó la novela de Ira Levin, “Rosemary´s Baby”, vió la historia como la oportunidad de realizar un film de horror prestigioso. Lamentablemente, Levin rechazó los $100.000 dólares que Castle le ofreció por los derechos de su obra, debido a que no quería tener negocios con un director conocido por sus películas mediocres y sus trucos publicitarios. Fue entonces que Castle formó una corporación falsa, logrando de esta forma adquirir los derechos de la novela. Sin embargo, consciente de sus propias limitaciones, optó por solo producir “Rosemary´s Baby” (1968) y cederle la dirección a Roman Polanski. Esta sería la cinta más exitosa de Castle, tanto a nivel de críticas como económico, y lo mejor de todo es que no tuvo que utilizar ningún truco para lograrlo.

Lamentablemente no pudo disfrutar de su éxito. Christopher Komeda, compositor de la música del film, murió al poco tiempo después. Luego Sharon Tate, la esposa de Polanski, fue asesinada por la secta de los Manson. Para colmo, él fue a parar al hospital por envenenamiento urémico. No tardaría en comenzar a creer que la cinta estaba maldita. Incluso llegó al punto de tener temor de caminar en la calle. Fue por esto que rechazó tajantemente hacerse cargo del proyecto de una secuela de la película. También rechazó el ofrecimiento de la cinta “The Exorcist” (1973), debido a que se sintió ofendido por los temas tocados en la historia. De ahí en adelante, se dedicaria a producir en televisión, y dirigiría un par de cintas que pasarían al olvido. William Castle sería un director relativamente mediocre, cuya filmografía presenta un par de cintas que resultan sumamente entretenidas pese a todo. En esencia, Castle era un showman que logró que sus trabajos traspasaran literalmente la pantalla, razón por la cual hoy es mayormente conocido y por lo que resulta díficil no sentir cierto interés por su colorida filmografía.

por Fantomas.

Tron: El peligroso mundo de las computadoras.

“Tron” (1982), es un film de ciencia ficción dirigido por Steven Lisberger, y protagonizado por Jeff Bridges, Bruce Boxleitner y David Warner.

Cuando Flynn (Jeff Bridges) entra de manera ilegal en la computadora principal de la empresa en la cual trabajaba para probar que uno de sus proyectos fue robado por otro ejecutivo, termina enfrentándose a una aventura mucho mayor. Atraído al interior de la computadora por el Programa de Control Maestro, Flynn se une a los ciclos de luz y a Tron (Bruce Boxleitner), un programa de seguridad especializado, en un juego a muerte. Juntos van a librar la batalla más dura de sus vidas contra el Programa de Control Maestro, para decidir el destino del mundo electrónico, así como también el del mundo real.

Fue en el año 1976, tras ver una cinta de muestra de una compañía de computación llamada MAGI, y conocer el ahora mítico videojuego “Pong”, que el entonces animador Steve Lisberger desarrollaría un creciente interés por filmar una película que integrara de alguna manera el fascinante mundo de los videojuegos. Lisberger y su compañero de negocios, Donald Kushner, se mudaron a la Costa Este en 1977 y formaron un estudio de animación para desarrollar “Tron”. En un principio, la cinta pretendía ser predominantemente un film animado, que iba a incluir un par de secuencias de acción real, mientras que el resto del metraje iba a estar constituido por imágenes generadas por computadora. Teniendo esto en cuenta, Lisberger intentó financiar el proyecto de forma independiente, por lo que visitó un buen número de compañías dedicadas al rubro de la computación sin mayor éxito. Sin embargo, eventualmente la compañía Information International, Inc. se mostraría interesada en la idea del director. Fue tras hablar con Richard Taylor, representante de la empresa, que Lisberger comenzó a considerar la idea de fusionar las secuencias de acción real con imágenes generadas por computadora.

Para el momento en el que Lisberger habló con el representante de la compañía, ya había escrito el guión y tenía el storyboard completamente terminado. Dada la complejidad de intentar hacer accesible el mundo de la computación a todo el mundo, Lisberger y Kushner tuvieron que reescribir 18 veces el guión antes de sentir que la historia estaba bien armada. La idea que llevó a los guionistas a crear el mundo de Tron surgió gracias a John Norton, quien diseñó un personaje hecho de luz. El diseño de este guerrero de neón, a los ojos de Lisberger, parecía pertenecer a un mundo electrónico. Una vez creado dicho personaje, el siguiente pasó seria situarlo en un lugar específico, y que mejor que ubicarlo en una dimensión electrónica. Una cosa terminó guiando a la otra, y así nació el mundo de
Tron.

Habiendo gastado alrededor de 300.000 dólares durante el desarrollo de “Tron”, y tras haber asegurado alrededor de cuatro millones de dólares mediante distintas empresas, Lisberger y compañía llevaron su historia y algunas secuencias generadas por computadora a la Warner Bros, la MGM y la Columbia Pictures, todos los cuales rechazaron el proyecto. En el año 1980, ellos decidieron llevar la idea a la Disney, empresa que en aquel entonces se encontraba interesada en producir ideas más arriesgadas. Sin embargo, los ejecutivos de la Disney no se sentían cómodos con la idea de otorgarles entre 10 a 12 millones de dólares de financiamiento a un productor y un director primerizos, más aún teniendo en cuenta que pretendían utilizar una técnica que no había sido probada con anterioridad. Tan solo tras asistir a la presentación de una escena de prueba, los ejecutivos accedieron a financiar la cinta. Posteriormente el guión fue reescrito nuevamente, esta vez bajo el control del estudio.

Estando situados en una época en que los efectos especiales son cada vez más espectaculares, y en que la animación realizada por computadora es frecuentemente utilizada, “Tron” aparece como una total obra de culto. Lisberger y compañía no solo logran construir un universo computarizado imaginario que goza de cierta credibilidad, sino que además lograron marcar a toda una generación mediante el uso de efectos especiales innovadores. Usando las computadoras como herramientas, el director y los responsables de la Disney lograron integrar a actores humanos en el mundo imaginario de Tron de forma tan eficiente, que son muy pocas las ocasiones en las que uno tiene la sensación de que tan solo se trata de un actor situado frente a una pantalla que está proyectando los efectos especiales, lo cual es absolutamente meritorio teniendo en cuenta el año en el que la cinta fue realizada.

Gran parte del encanto de la película reside en el diseño de este mundo, de sus habitantes y de los objetos que estos utilizan. Los artistas conceptuales de esta cinta fueron Syd Mead (famoso por su trabajo en “Blade Runner”) y el conocido dibujante de cómics Jean Giraud “Moebius”. Más allá de la estética que presenta el film, “Tron” es una de las primeras representaciones cinematográficas del mundo virtual y de la interacción entre los usuarios y los softwares que utilizan (donde se establece una suerte de relación padre e hijo), dotando a estos últimos con la capacidad de pensar por cuenta propia (en ese aspecto, no es la primera ni la última película que le otorga características humanas a las máquinas). Pero “Tron” también es acerca de los videojuegos y la diversión que estos son capaces de generar. Y es que durante el transcurso de la historia somos testigos de carreras mortales a toda velocidad, de persecuciones, y de combates/juegos hasta la muerte, entre otras cosas, los que son retratados con tintes lúdicos como si se tratara de las etapas de un videojuego.

Desafortunadamente, a la cinta no le fue muy bien económicamente al momento de su estreno, principalmente porque los espectadores de aquel entonces no sabían que esperar de la película. Curiosamente, el videojuego basado en la cinta, lanzado tan solo dos años después de su estreno, obtuvo una mayor cantidad de ganancias que el mismo film. En “Tron” se utilizaron por primera vez efectos en 3-D generados por computadora, reemplazando el uso de miniaturas, modelos a escala y pinturas. La cinta contiene más de 40 minutos de animación computarizada combinada con elementos de acción real, las cuales fueron filmadas utilizando una pantalla negra. Como era de esperarse, la utilización de estas nuevas técnicas significó todo un reto para los actores. De hecho, fue debido a esto que el actor Peter O´Toole rechazó el papel de Dillinger/Sark en esta cinta.

En cierto modo, “Tron” es una suerte de versión moderna de “Metropolis” (1927), del director Fritz Lang, donde se intenta ir más allá de los límites establecidos por la tecnología, a la vez que se relata una historia de tiranía en un mundo que es extraño, pero que resulta de alguna forma familiar. El film es ahora considerado como una cinta de culto, además de ser uno de los claros precursores de la era del cine digital. Si bien fue concebida y escrita con un sólido conocimiento en el área de la computación, los guionistas logran que el espectador no se sienta desorientado por tanto término extraño, sin la necesidad de utilizar aburridas explicaciones. El mundo que se nos presenta es intrigante y deslumbrante, donde el obvio desfase tecnológico más que ser un punto en contra, apela a la nostalgia de todos aquellos que crecieron jugando con los primeros videojuegos que salieron al mercado. Es por este motivo que “Tron” es considerada como la película que marcó un antes y un después en lo que se refiere al uso de la computación en el cine.



por Fantomas.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Maestros de la Animación: Studio Ghibli, La fábrica de sueños de Hayao Miyasaki y Isao Takahata.

Establecido en el año 1985 por la productora Tokuma Shoten Publishing, el Estudio Ghibli es un estudio de animación ubicado en Japón, el cual está dirigido por Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki. Debido a que se enfoca principalmente en largometrajes de gran factura técnica, los Estudios Ghibli realizan alrededor de un film por año. Estas obras han sido merecedoras de númerosos premios, entre los que se encuentra el Oscar a la mejor película animada por “Spirited Away” (2001), la cual además se convirtió en un éxito de taquilla al momento de su estreno y termino de elevar a Miyazaki como un genio de la animación.

En el año 1982, Hayao Miyazaki comenzó a escribir el manga, “Nausicaä del Valle del Viento”, el cual era publicado por Tokuma Shoten. Al año siguiente, Miyazaki decide adaptar el manga al cine, para lo cual contrata como productor a Isao Takahata, quien había trabajado con él en Toei Animation como asistente de director y ejecutivo. Cuando “Nausicaä of the Valley of Wind” (1984) fue estrenada, resultó ser todo un éxito tanto a nivel económico como artístico. Fue este inesperado resultado el que gatillaría la fundación de los Estudios Ghibli en 1985 por la productora Tokuma Shoten Publishing, compañia encargada de la producción de la cinta. Ese mismo año, el Estudio produjo el largometraje animado, “Laputa: The Castle in the Sky”, dirigido también por Miyazaki. Desde aquel entonces, el Estudio se ha dedicado a producir largometrajes animados, siendo la gran mayoría dirigidos bien por Miyazaki o por Takahara.


Para los que no lo sepan, la palabra Ghibli cuyo significado es “viento caliente que sopla a través del desierto del Sahara”, fue utilizada en la Segunda Guerra Mundial por los pilotos italianos en referencia a sus aviones de reconocimiento. Como a Miyazaki es un fanático de los aviones, decidió ocupar esta palabra para nombrar al Estudio. Y es que precisamente los trabajos del Estudio pretendian llegar como una fuerte brisa a revitalizar el mundo de la animación japonesa. La verdad es que la géstación de los estudios Ghibli comezaría mucho antes del estreno de “Nausicaä”. Tanto Hayao Miyazaki como Isao Takahata habían trabajado en el estudio Toei-Doga. Si bien alcanzaron a trabajar en algunas cintas del estudio, en cierto momento se vieron obligados a trabajar en producciones realizadas para la televisión. Una de estas series de televisión fue “Heidi” (1974), la cual fue animada por Miyazaki y dirigida por Takahata, y la que marcó un hito en el mundo de la animación realizada para la televisión.

No pasaría mucho tiempo antes de que ambos directores se dieran cuenta de que los bajos presupuestos y el poco tiempo que se manejaba en el medio televisivo, les impedia realizar obras de mayor calidad artística. Esta fue la principal motivación para que tanto Miyazaki como Takahata, decidieran crear el Estudio luego del estreno de “Nausicaä”. La idea era dedicarle toda la energía posible a cada uno de los proyectos que emprendieran, sin escatimar en tiempo o presupuesto, y jamás compreter la calidad visual o el contenido de los mismos. Debido a que ninguno de los dos directores pensó que el estudio sobreviviría mucho tiempo, fue extremadamente precabidos en sus inicios. No contraban empleados a tiempo completo, sino que mantenian a alrededor de 70 personas de manera temporal, hasta que completaran una película, tras lo cual el equipo era desmantelado. El lugar de trabajo no era más que un piso rentado en un edificio ubicado en los suburbios de Tokyo. Todas estas políticas eran implementadas por Takahata, cuya habilidad como empresario contribuyó en gran medida a sostener el estudio.

En 1988 los Estudios Ghibli estrenarían al mismo tiempo “Mi Vecino Totoro”, dirigida por Miyazaki, y “La Tumba De Las Luciérnagas”, dirigida por Takahara. El lanzamiento simultáneo de ambas producciones resultaría más caótico de lo esperado. La sola idea de que el estudio intentara realizar dos cintas al mismo tiempo, donde ninguno de los directores estaba dispuesto a sacrificar la calidad de sus trabajos con tal de cumplir con el plazo impuesto, parecía imposible. Sin embargo, estaban concientes de que era una oportunidad que no podían dejar pasar. Yasuyoshi Tokuma, presidente de Ghibli y de Tokuma Shoten en aquel entonces, fue sumamente importante en el proceso de comercialización de ambas cintas. Fue él quien se encargó de hablar con los distribuidores, de publicitar las producciones, y quien finalmente lograría el contrato que permitió el estreno de las mismas.

Los resultados a nivel de taquilla de “Totoro” y “La Tumba de las Luciérnagas” no sería el esperado debido a un retraso de su fecha de estreno, desaprovechando la época de mayor asistencia a las salas de cine. Sin embargo, ambas cintas recibieron un sinnúmero de elogios debido a la calidad de dichos trabajos. Mientras que “Totoro” sería la cinta que más premios ganaría en Japón dicho año, la obra de Takahara sería considerada como una verdadera obra de arte. Curiosamente, al estrenar esta películas ganarían algo más que el reconocimiento de la industria cinematográfica japonesa. “Totoro” le abriría un nuevo campo de negocios al estudio: la venta de juguetes. Gracias a la venta de artículos promocionales de la película, Ghibli pudo cubrir cualquier tipo de déficit surguido por los costos de producción. Además, Totoro fue adoptado como el nuevo logo de la compañia, convirtiéndolo en uno de los personajes más reconocidos de la factoria de Miyazaki y compañia.

El primer gran éxito del estudio a nivel financiero sería la cinta “Kiki´s Delivery Service” (1989), dirigida por Miyazaki. Pese a los beneficios que esto conllevaba, al interior del estudio existía una creciente preocupación por un tema en particular: el reclutamiento y la contratación del staff de la compañia. El mayor problema con esto, era que pese a que las condiciones eran más favorables para estudio, la industría de animación japonesa no se encontraba en su mejor momento. Sería entonces cuando Miyazaki propondría contratar empleados de tiempo completo y comenzar a entrenarlos para así establecer una organización sólida. Dicho plan se pondría en marcha en la siguiente producción de los estudios, “Only Yestarday” (1991). La película se convirtió en otro éxito de taquilla, sin embargo el plan de Miyazaki tendría una importante consecuencia: los costos de producción se habían ido a las nubes.

Para no perder dinero inútilmente (hay que recordar que los animadores ahora recibían un salario mensual), Miyazaki comenzó a trabajar en su próxima cinta, “Porco Rosso” (1992), al mismo tiempo que el resto del equipo se encontraba terminando “Only Yesterday”. Esto le significó tener que trabajar completamente sólo en la primera etapa de dicha producción. Fue en ese momento que tuvo otra genial idea; porque no construir un nuevo estudio para intentar captar a los mejores talentos en el campo de la animación japonesa. Era claro que para Miyazaki la mejor forma de solucionar un problema era metiéndose en uno peor. Pese al riego económico que significaba construir un nuevo estudio, Miyazaki comenzó a trabajar en los planos y en todo los detalles de la construcción de este nuevo edificio, al mismo tiempo que trabaja en “Porco Rosso”. Un año más tarde, tanto su cinta como su estudio estaban casi terminados al mismo tiempo. Inmediatamente luego del estreno de la cinta, qu dicho sea de paso, resultó ser sumamente éxitosa, sobrepasando incluso al film “Hook” (1991) de Steven Spielberg, y a la producción de la Disney, “La Bella y la Bestía” (1991), Ghibli se trasladó al nuevo estudio.

En 1993, Ghibli produciría su primera animación para la televisión llamada, “The Oceans Waves”. Tomomitsu Mochizuki estaría a cargo de la dirección, siendo la primera persona distinta a Miyazaki o Takahata, que dirigiera un proyecto del estudio. Luego vendría el estreno de “Pom Poco” (1994), esta vez a cargo de Takahata, otra cinta que marcharía triunfante por las salas de cine, y que además presentaba la particularidad de ser la primera de las producciones del estudio en la cual se utilizaban gráficos generados por computadora. Fue durante este periodo que las obras del estudio lograrían traspasar fronteras, cuando la 20th Century Fox estrenó con gran éxito “Mi Vecino Totoro” en los Estados Unidos. Junto con esto, “Pom Poco” fue seleccionada para representar a Japón en los premios Oscar como Mejor Película Extranjera.

Para “Whisper of the Heart” (1995), Ghibli cambió las tareas del equipo creativo: Miyazaki se haría cargo de la producción, el guión y la continuidad, y Yoshifumi Kondo, quien había sido el director de animación de tres de los films del estudio, sería el director de la cinta. Además se experimento con las más avanzadas técnicas digitales en varios de los departamentos. Luego de su estreno, Ghibli comenzó con la producción de “Princess Mononoke” (1997). La cinta, dirigida por Miyazaki, se presentaba como un nuevo reto debido a la gran cantidad de tecnología que se quería aplicar en su desarrollo. La cinta tuvo una increíble aceptación en Japón, sin embargo en los Estados Unidos no le fue tan bien debido a que solo fue exhibida en un número reducido de salas. “My Neighboors the Yamatas” (1999), de Isao Takahata, cerraría la década de los noventa para el estudio, que en los años siguientes pasaría a ocupar un lugar de honor en la industria cinematográfica a nivel mundial.

Las producciones siguientes marcarían la consolidación del estudio y sus trabajos a nivel internacional, en especial gracias a los múltiples galardones (entre ellos un premio Oscar) obtenidos por la cinta “Spirited Away” (2001). Aunque el estudio en los últimos años se ha dedicado más a producir cortos, que en su gran mayoría han sido dirigidos por Miyazaki, lanzó cintas “Tales From the Earthsea” (2006), dirigida por su hijo Goro, “The Cat Returns” (2002), de Hiroyuki Morita, y las mas recientes obras de Miyazaki; “Howl´s Moving Castle” (2004) y “Ponyo on the Cliff” (2008). Los Estudios Ghibli se han caracterizado a través de los años por producir cintas de un alto nivel artístico, que son sumamente entretenidas y cuyos mensajes son más profundos de lo que parecen. Y esto es gracias a que sus fundadores jamás transaron los ideales sobre los que se construyo dicha empresa. Cada una de sus producciones son tratadas con especial cuidado y dedicación, por lo que es entendible porque todas las películas salidas de este estudio son verdaderas joyas de la animación.


por Fantomas.

Dirty Dozen: El arma secreta del ejército... no es más que un grupo de inadaptados.

“The Dirty Dozen” (1967), es un film bélico del director Robert Aldrich, el cual está protagonizado por Lee Marvin, John Cassavetes, Telly Savalas, Charles Bronson y Jim Brown.

El durísimo mayor John Reisman (Lee Marvin) ha sido asignado para encabezar una misión suicida. El objetivo: distraer a las tropas alemanas de la inminente invasión de Normandía, atacando una mansión que sirve como centro de recreaciones para los oficiales alemanes. Los elegidos: una docena de soldados convictos con pésima actitud y pasado criminal. La recompensa: el perdón de sus pecados.

“The Dirty Dozen” se convirtió en una de las cintas bélicas más populares desde el momento de su estreno en 1967. Además de recibir cuatro nominaciones al Oscar (de las cuales obtuvo el premio John Poyner, por sus efectos de sonido), tuvo una gran aceptación por parte del público y la crítica, al punto que la película ha sido exhibida en el Museo de Arte Moderno. Dicha popularidad es en gran medida responsabilidad de tres personas; E. M. Nathanson, por escribir la novela del mismo nombre en la que la cinta se basa (el guión es responsabilidad de Nunnally Johnson y Lukas Heller), que si bien el autor ha mencionado que el relato es pura ficción, él se inspiró en los rumores de que historias como esta realmente habían sucedido; el director Robert Aldrich, cuya filmografía presentaba films como “Kiss Me Deadly” (1955), “What Ever Happened to Baby Jane?” (1962), y “The Flight Of The Phoenix” (1965), entre otros, y el cual demostró un temprano interés por llevar la historia de Nathanson a la pantalla grande; y Lee Marvin, un ex-marine que brillaba como una de las estrellas del Hollywood de la época, tras el Oscar que obtuvo por la cinta “Cat Ballou” (1965), y por el éxito de “Point Blank” (1967).

Robert Aldrich intentó comprar los derechos de la novela de Nathason antes de que esta incluso se publicara. En 1963, la Metro Goldwyn Mayer logró adquirir los derechos de la novela, la cual al momento de su publicación en 1965 se convertiría rápidamente en un best-seller. Es sabido que Aldrich se mostró insatisfecho con el guión original, principalmente porque él sentía que era demasiado convencional. La historia se presenta de manera bastante simple y directa, pero gracias al oscuro cinismo con que el director manejó dicha historia, las vueltas de tuerca que ocurren a lo largo del metraje, y la compleja relación que se da entre los protagonistas, “The Dirty Dozen” terminó convirtiéndose en un film de acción algo más sustancial que la gran mayoría de las cintas de su especie.

El elenco incluía a un buen número de actores que había participado en la Segunda Guerra Mundial, entre los que se encuentran Robert Webber, Telly Savalas, Charles Bronson, Ernest Borgnine y Clint Walker. Lee Marvin, que había participado en la Guerra del Pacífico, se encargó de proveer asistencia técnica con los uniformes y las armas para así crear una imagen más realista de la guerra. Sin embargo, el actor que obtuvo el rol protagónico tras la negativa de John Wayne, de todas formas se quejó por lo “poco realista” de algunas escenas, en especial aquella en la que pelea contra el furibundo Posey (interpretado por Clint Walker, un actor diez centímetros más alto que Marvin y bastante más corpulento). Con el fin de tranquilizar al actor, Aldrich le argumentó que para el tiempo que la gente abandonara el cine, ellos estarían tan impresionados por las grandes dosis de acción, las explosiones, y las muertes, que habrían olvidado por completo escenas como la mencionada.

Los personajes en su mayoría son algo estereotipados. Entre los personajes más destacados están el mayor Reisman, que es un hombre de buen corazón a pesar de que se muestra como un tipo rudo con más de algún problema de disciplina; Joseph T. Waldislaw (Charles Bronson), quien es un ex-oficial el cual paradójicamente odia a todos los oficiales, en especial a los generales; Robert. T Jefferson (Jim Brown, un ex jugador de fútbol americano a quien el director le habría dado más protagonismo debido a que era un gran aficionado de ese deporte), un soldado que fue víctima de discriminación racial y cuya reacción lo envió a la cárcel; Victor R. Franko (John Cassavetes), un gánster de poca monta, cuya especialidad es meterse en problemas; Archer J. Maggot (Telly Savalas), un fanático religioso que tal vez el más peligroso del grupo, el cual cree que todo lo que hace es la voluntad de Dios; Vernon L. Pinkley (Donald Sutherland), un tipo algo tonto pero de apariencia bonachona; y finalmente Samson Posey (Clint Walker), un gentil gigante al cual no le gusta que la gente lo empuje.

Tal vez la escena más controversial de esta cinta, es aquella en la que el pintoresco grupo de soldados aprisionan a los oficiales alemanes junto con sus concubinas en el refugio antibombardeo existente en la mansión. Acto seguido, el Mayor Reisman y sus subordinados comienzan a lanzar gasolina y granadas en los conductos de ventilación, con el fin de quemar vivos a los ya indefensos alemanes. Más allá de este escena, que según el mismo Aldrich le costó la nominación al Oscar al mejor director, la cinta podría ser divida en cuatro etapas: en la primera se nos presenta a la docena de soldados y los problemas que estos tienen con la autoridad del Mayor Reisman; en la segunda se describe el entrenamiento de estos hombres; la tercera involucra la participación de estos en juegos de guerra; y en la cuarta y final, se detalla el explosivo ataque a la mansión germana.

“The Dirty Dozen” fue la cinta que más dinero recaudó en 1967. Aldrich fue capaz de comprar un estudio con el dinero que ganó con esta producción, aunque eventualmente tuvo que cerrarlo unos años después. Los actores por su parte, se encontraron con más ofertas de trabajo tras su participación en este film, aunque sin duda el mayor beneficiado con la película fue John Cassavetes, quien obtuvo una nominación al Oscar como mejor actor de reparto. La fama obtenida le permitió financiar sus trabajos como director, coincidiendo con su momento de mayor productividad. Es importante recordar que una de las razones del rotundo éxito de esta odisea bélica, es que pese a que superficialmente es solo otra cinta acerca de un grupo de soldados envueltos en una peligrosa misión tras líneas enemigas, “The Dirty Dozen” exhibe un perfecto balance entre la acción y la integridad artística. Por este mismo motivo, en los ochenta se filmarían tres secuelas para la televisión, e incluso una serie que no contó con muchos episodios. Claramente ninguno de estos proyectos obtendría el éxito de la cinta original, la cual hoy en día es considerada como un clásico en toda su regla.




por Fantomas.

sábado, 21 de marzo de 2009

Bernard Herrmann: Un genio con un temperamento explosivo.

Pese a que él compuso la música de una gran cantidad de series de televisión, obras de teatro y obras de radioteatro, Bernard Herrmann es mayormente conocido por sus incomparables bandas sonoras realizadas para el cine. Bernard Herrmann nació en Nueva York el 29 de junio de 1911. Pese a no provenir de una familia de músicos, es debido a la influencia de su padre que el pequeño Bernard comienza a desarrolla un creciente interés por la música. Su padre desde temprana edad, lo llevaba frecuentemente a él y a su hermano a la ópera y a conciertos de música clásica, además del hecho que los incentivó a tocar un intrumento (en el caso de Bernard se trató de un violin). El joven Herrmann demostraría su habilidad innata como músico y compositor a los doce años, donde ganaría un premio por una canción que él mismo compuso. Su educación musical continuaría en la Universidad de Nueva York, donde estudió composición, y en la Julliard School of Music. A los 18 años se encontraba conduciendo su propia orquesta, comenzando una carrera que dejaría una huella enorme en el mundo del cine.

Su primer triunfo laboral fue el logro de un contrato con la Columbia Broadcasting System en el año 1934, que consistía en la composición de la música que acompañaria los programas educacionales desarrollados por la empresa, además de conducir la orquesta sinfónica de la CBS. Ese trabajo lo llevaría a componer la música de algunas obras de radioteatro, ámbito donde pronto se destacaría. Sería en este media donde conocería a un joven Orson Welles, con quien entablaría una amistad además de una sociedad laboral, que incluyo la composición de la infame adaptación de la novela de H. G. Wells, “The War Of The Worlds”, transmitida el año 1938 y que causó un pánico generalizado en norteamerica debido a que muchos de los auditores pensaron que la Tierra era victima de una invasión marciana. Seria gracias a esta amistad con Wells que Herrmann llegaría a Hollywood. En el año 1939, Welles le pidió a Herrmann que lo acompañara a Hollywood para que se encargara de componer la banda sonora de “la mejor película de todos los tiempos”, “Citizen Kane” (1941). Cuando su próxima banda sonora para la película, “The Devil & Daniel Webster” (1941), ganara un premio Oscar, su futuro parecía asegurado.

Con al excepción de la banda sonora del la segunda cinta de Welles, “The Magnificent Ambersons” (1942), la gran mayoría de la composiciones que Herrmann realizó durante la década de los cuarenta, lograron de manera exitosa mezclar intrigantes ideas orquestales con momentos musicales más dramáticos, creando de esta forma bandas sonoras sumamente atrayentes. Un ejemplo de esto es la banda sonora que compuso para la cinta “Jane Eyre” (1944), la cual es en esencia romántica, aunque con tonos bastante oscuros. Curiosamente, mucha de la música de esta película, fue utilizada con anterioridad por Herrmann en una narración de la novela de Daphne Du Maurier, “Rebecca”, que se había realizado en la radio. El hábito de reutilizar elementos de sus anteriores trabajos se repetiría en numerosas ocasiones durante su carrera.

En “Hangover Square” (1945), cinta en la que el protagonista es un músico que se encuentra al borde de la locura, Herrmann pudo explorar uno de sus temas favoritos: la obsesión. Más tarde en su carrera, el compositor tendría la misión de musicalizar films cuyos protagonistas estaban guiados por una psicología algo torcida, por lo que el tema de la obsesión dio nacimiento a las composiciones más potentes del artista. Otras bandas sonoras notables realizadas por Herrmann durante los cuarenta fueron las de las cintas “Anna and the King of Siam” (1946), la que le valió una nominación al Oscar, y la de la película “The Ghost and Mrs Muir” (1947). Sería la música de esta última, la que con el tiempo se volvería en la composición favorita de Herrmann.

La década del cincuenta sería el periodo más éxitoso de Herrmann, tanto en el ámbito laboral como creativo. Entre los trabajos de esa época se encuentran las bandas sonoras de: “The Day The Earth Stood Still” (1951), en la cual utiliza el theramin, un instrumento que lograba dar la impresión de que la música había sido tocada con instrumentos electrónicos; “The Snows of the Kilimanjaro” (1952); “The Kentuckian” (1955); y de la cinta “The 7th Voyage of Sinbad” (1958), entre otras. Sin embargo, el hito más importante de este periodo fue el inicio de la celebrada sociedad entre Herrmann y Alfred Hitchcock. Muchos de los temas tratados en las cintas del inglés eran del interés del músico. Las complejas dicotomías de la realidad/fantasía, atracción/repulsión y obsesión/desprendimiento, eran conceptos que generalmente uno puedo encontrar en la música del compositor. Desde “The Trouble with Harry” (1955), hasta “Torn Curtain” (1966), la sociedad Hitchcock/Herrmann demostró ser una de las más inventivas y eficientes de la cinematografía.

Si bien toda la música que compuso Herrmann para los films de Hitchcock juega una parte importante en las mismas, casi como si se tratara de un personaje más, la banda sonora compuesta para la cinta “Vértigo” (1958), sería la que lo ubicaria en un nivel distinto al resto, siendo también una de sus más discutidas obras. Es en esta película donde se nota más como la música de Herrmann marca cada uno de los momentos de la historia, ya sea llenándolos de una sensación de tensión e inminente peligro, o impregnándolos de dramatismo y nostalgía. Luego vendría la banda sonora de “North by Northwest” (1959), y la de “Psycho” (1960), cinta que cimentaría tanto la reputación del compositor como la del director. Utilizando solo instrumentos de cuerda, Herrmann logra un efecto drámatico potente y una banda sonora inolvidable. Finalmente vendrían “The Birds” (1963), cinta en la cual Herrmann oficiaría como encargado de los efectos de sonido, “Marnie” (1964) y “Torn Curtain”, donde el trabajo de Herrmann no logró satisfacer al director, por lo cual sería el compositor John Adisson quien finalmente se haría cargo de la banda sonora. Este sería el fin de una sociedad éxitosa, pero fuertemente marcada por un tremendo choque de egos, que tarde o temprano iba a terminar estallando.

Afortunadamente no todas las relaciones laborales de Herrmann resultaron desagradables. La más lucratica de estas sociedades fue aquella que entabló con el productor Charles Schenner, cuyos films fantásticos solían utilizar los ingeniosos efectos en stop-motion del artista, Ray Harryhausen. A pesar de que en un principio Herrmann se mostraba algo indeciso con la idea de crear música para este tipo de cintas, terminó aceptando la composición de la banda sonora de la primera película a color de Harryhausen, “The 7th Voyage of Sinbad” (1958). El éxito a nivel artístico de esta cinta, daría como resultado que Herrmann también compusiera la música de: “The 3 Worlds of Gulliver” (1960), y “Mysterious Island” (1961). Sin embargo tras esta última, la relación laboral entre Herrmann y Schenner comenzó a deteriorarse, principalmente por la peticiones económicas del compositor. De todas formas, Herrmann compuso una banda sonora más para el productor, la de la mítica “Jason and the Argonauts” (1963).

Los films de Harryhausen no serían las únicas cintas del género fantástico en las que Herrmann trabajaría durante las décadas de los cincuenta y sesenta. El músico también compondría las bandas sonoras de “Journey to the Centre of the Earth” (1959), y la de “Fahrenheit 451” (1966). En todas estas películas, Herrmann dejaría claro su capacidad de crear música que captaba la esencia de los mundos fantásticos que eran exhibidos en la pantalla. Luego del problema acontecido en “Torn Curtain”, Herrmann pronto vió como su música comenzaba a volverse impopular en Hollywood. Durante los últimos cinco años de su vida, el músico comenzó a ser requerido por un número de cineastas en ascenso. Directores como Brian De Palma, Martin Scorsese y Larry Cohen, trabajarían junto al compositor. De este periodo lo más rescatable son las colaboraciones en las cintas “Sisters” (1973) y “Obsession” (1976), de Brian De Palma, y en “Taxi Driver” (1976), de Martin Scorsese, banda sonora que marcaría el fin de su carrera junto con ser la única en la que el compositor mezclaría la orquestación clásica con elementos propios del jazz.


Herrmann también musicalizó algunas series de televisión como “The Twilight Zone”, “The Alfred Hitchcock Hour”, “The Virginian” y “Have Gun Will Travel”. Bernard Herrmann fue un hombre complejo cuyo explosivo temperamento y su intolerancia hacia los músicos mediocres lo convirtieron en un personaje con el cual costaba crear una buena atmósfera de trabajo. Era un hombre abierto, culto y sumamente inteligente, cuyo intenso interés en el cine y el medio drámatico le permitió dar vida a muchas de las bandas sonoras más recordadas de la historia del cine. Su trabajo logró cobrar la misma importancia que las imágenes, las actuaciones y el guión. Es indudable que las cintas en las que trabajó no serían las mismas sin sus composiciones, las que lograban transmitir emociones, insertarnos en mundos fantásticos o sencillamente mantenernos al borde de nuestros asientos.













por Fantomas.

Mad Max: Una venganza a todo velocidad.

“Mad Max” (1979), es un thriller de acción del director George Miller, el cual está protagonizado por Mel Gibson, Joanne Samuel y Hugh Keays-Byrne.

Australia, en un futuro próximo. La Fuerza Central de Patrullas (MFP) se encarga de monitorear las carreteras y atrapar a las pandillas de motociclistas que se dedican a aterrorizar a los pueblos de la zona. Entre sus integrantes se encuentra Max Rockatansky (Mel Gibson), el principal interceptor de la fuerza. Max junto a algunos de sus compañeros, participa en una peligrosa operación cuyo objetivo es detener a un demencial pandillero conocido como el Jinete Nocturno, pero este perece en un accidente de tránsito. Al enterarse de la noticia, el resto de la banda del Jinete Nocturno, liderada por el Cortador de dedos (Hugh Keays-Birne), decide tomar represalias. Con su esposa en grave estado y su hijo muerto, Max se lanzará como una furia a las carreteras en búsqueda de venganza.

George Miller era doctor en el Melboune Hospital cuando conoció al cineasta amateur Byron Kennedy en una escuela de cine en 1971. Luego de realizar un par de cortos financiados con fondos del estado, la pareja pasó tres años buscando como financiar su primer largometraje. Escrita por Miller en compañía del guionista James McCausland, la historia de “Mad Max” reflejaba el miedo causado por la crisis del petróleo de 1973, y por las estadísticas que anunciaban que los últimos grandes pozos petroleros se habían encontrado a mediados de los sesenta. Con la escasez de petróleo existente, el futuro no se veía muy alentador. De la misma forma, el relato venía a ser una suerte de respuesta al distintivo culto australiano por los automóviles, que según la visión de estos guionistas, en especial de Miller, era tan peligroso como el culto a las armas reinante en Norteamérica. Con el fin de recopilar información al respecto, Miller trabajó un tiempo en una sala de emergencias, lugar en el cual le tocó atender a múltiples víctimas de accidentes de tránsito. La violencia sin sentido (en este caso a bordo de un vehículo motorizado) y las consecuencias físicas que esta conlleva, eran los componentes claves de una cinta que presenta un futuro distópico en el cual las carreteras se han convertido en campos de batalla, y donde violentos bandidos son perseguidos por policías dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de capturarlos.

La película contó con un presupuesto de 380.000 dólares, los cuales estaban constituidos por las ganancias de Miller como doctor, la inversión realizada por los dueños de diversos talleres mecánicos, y por la suma entregada por la rama internacional de los estudios Warner y la distribuidora Village Roadshow. El inicio de las filmaciones se fijó para el otoño de 1977, por lo que Miller y Kennedy decidieron utilizar su tiempo para buscar a actores desconocidos que estuvieran dispuestos a participar en el proyecto. Varios estudiantes del prestigioso Instituto Nacional de Artes Dramáticas se presentaron al casting, quedando seleccionados Steve Bisley y un joven de 21 años llamado Mel Gibson. La dupla de jóvenes actores solo había interpretado a unos surfistas en un film de bajo presupuesto titulado “Summer City” (1977). Si bien en aquella cinta Bisley obtuvo el papel protagónico, mientras que Gibson tan solo obtuvo un papel secundario, en “Mad Max” los roles se invirtieron. Gibson interpretaría al protagonista, y Bisley interpretaría al mejor amigo de Max, el oficial Jim Goose.

Lo que intenta Miller y compañía con “Mad Max” es unir varios géneros, entre los que podemos distinguir el western, las historias de vigilantes y las road movies (en especial el subgénero de los bikers, explotado por ciertos directores como Roger Corman durante las décadas de los sesenta y setenta). Sin embargo, los elementos de cada género no se mezclan de forma pareja. El supuesto escenario futurista es casi inexistente (de hecho, gran parte de la historia se desarrolla en paisajes rurales), por lo que en más de una ocasión se ha mencionado de que la idea de que la acción se desarrolle en un futuro cercano, es tan solo una excusa para mostrar a un grupo de patrulleros forrados en uniformes de cuero negro, quienes conviven con peligrosos pandilleros en una suerte de paraíso fetichista. Y es que a decir verdad, el guión dista de ser perfecto, evidenciando una historia a ratos algo débil, diálogos simplistas y un escaso desarrollo de los personajes. Contrario a lo que se podría pensar, la principal fortaleza de la cinta radica en que no pretende ser algo que no es. Simplemente se trata de una película que busca entretener al espectador, la cual se mueve de una persecución a otra, de un accidente a otro, y donde la violencia y la acción sobresalen por sobre todas las cosas.

La historia es relatada de manera episódica, donde el primer episodio está conformado por una persecución de once minutos que el director utiliza para presentarle a la audiencia el mundo “futurista” donde se desarrolla la cinta. Dentro de esa misma secuencia, se encuentra el hecho que terminará desencadenando gran parte de los conflictos de la trama, los cuales inevitablemente llevarán a Max Rockatansky a los terrenos de la locura mientras este emprende una cruzada implacable de venganza. La horrible cadena de eventos que suceden entre la persecución inicial y el hecho que desencadena la respuesta desenfrenada de Max, van preparando al espectador para el brutal tramo final. Es quizás por el gran número de sucesos violentos e impactantes que presenta la cinta, que esta no tardó en ganar la reputación de ser un film en extremo violento. Lo curioso de todo esto, es que gran parte de la violencia ocurre fuera de cámara (posiblemente por la falta de presupuesto). Mientras que los accidentes automovilísticos, las explosiones y ciertas muertes son mostradas con lujo de detalle, los hechos más viscerales de la historia (como la muerte de la esposa y el hijo de Max) solo son insinuadas por el director.

En lo que respecta a las actuaciones, Mel Gibson realiza un buen trabajo personificando al héroe de turno, aunque su interpretación mejoraría sustancialmente en la segunda cinta de la saga. El resto de los actores se mueven entre lo regular y lo mediocre, en especial el actor Hugh Keays-Birne, quien además tiene diálogos bastante malos. De todas formas, la cinta se convirtió en un hit internacional. Cuando George Miller y Byron Kennedy fueron persuadidos para realizar una secuela, estos consiguieron sin ningún problema cuatro millones de dólares de presupuesto. Aunque la siguiente película, “Mad Max 2: The Road Warrior” (1981), es superior en muchos aspectos al film original, el debut de Miller funciona de buena manera debido a su crudeza, la energía que emanan algunas de sus secuencias (en especial aquellas que implican persecuciones), y al simplismo de su historia. Todo esto invita al espectador a disfrutar sin mayores preocupaciones una cinta por sobretodo masculina. “Mad Max” es una película que con el transcurso de los años se ganó el estatus de film de culto, principalemente debido a que por mucho tiempo lideró el subgénero de las road movies, razón por la cual no solo dio paso a dos secuelas de buena factura, sino que además lanzó la carrera del ahora exitoso Mel Gibson.



por Fantomas.

lunes, 16 de marzo de 2009

George Pal: Un verdadero pionero en el campo de la ciencia ficción y la animación.

Reconocido por múltiples organizaciones dedicadas a la ciencia ficción y al fantástico, nominado a siete premios Oscar y ganador de un Oscar honorario por las técnicas utilizadas en el desarrollo de sus “Puppetoons”, George Pal fue una de las grandes figuras de la industria de Hollywood durante por lo menos dos décadas, así como también un pionero en los campos de la animación y la ciencia ficción. George Pal nació el primero de febrero de 1908 en Cegléd, Hungría. Desde pequeño, demostró tener facilidades para el dibujo, talento que lo llevó en algún momento a querer estudiar arquitectura. Afortunadamente para los aficionados al cine, durante el período posterior a la Primera Guerra Mundial existia una sobrepoblación de arquitectos en Hungría. Fue gracias a las habilidades artísticas de Pal, que este consiguió un trabajo en la compañia Hunia Films, ubicada en Budapest. Al igual que Alfred Hitchcock, los primeros trabajos de Pal estaban relacionados con el diseño de las cartas de títulos usadas para presentar los diálogos de las cintas mudas, a lo que se le sumaba el diseño de algunos carteles de películas.

Para el tiempo que comenzaron a salir las películas sonoras, Pal había desarrollado un creciente interés en la animación. En 1931, él se mudó a Berlin donde la atmósfera creativa de los renovados estudios UFA fueron la cuna del concepto que daría vida a sus Puppetoons. Solo tres años después con la llegada de Hitler al poder, Pal se mudaría a Paris lugar donde conocería a un fabricante de cigarrillos que se percató del potencial comercial de la ideas de Pal. Los cortos comerciales debian ser entretenidos y atrayentes en aquel entonces, debido a que eran exhibidos durante los intermedios en las salas de cine. La animación en stop-motion que poseían los Puppetoons de Pal lograron acaparar el interés de la audiencia a tal punto, que gracias a la campaña publicitaria creada por Pal le fue ofrecido un puesto de trabajo en una de las compañias publicitarias más grandes de Europa. Sin pensarlo demasiado, Pal aceptaría el trabajo lo que lo llevaría a vivir por un tiempo en Holanda.

En 1939, Europa estaba al borde de su más terrible guerra. Pal y su esposa estaban pensando en mudarse a América antes de que el conflicto estallara. Afortunadamente para Pal, algunos ejecutivos de la Paramount Pictures estaban interesados en sus servicios, por lo que en diciembre de ese año arrivó a norteamérica. A su llegada, Pal armó un pequeño estudio, contrató personal y tras un año de trabajo estaria listo para lanzar sus primeros proyectos. En sus buenos tiempos, los Estudios Puppetoon producian entre cuatro y seis cortos por año. Con un personal de aproximadamente treinta personas, Pal dedicaba seis semanas a preparar cada corto, otras seis semanas para filmarlo, y finalmente otras seis semanas de postproducción, aunque esto era variable.

El estilo Puppetoon de Pal es conocido por algunos sectores como “animación sustituta”. Pal una vez describió su técnica como: “En los dibujos animados, los personajes son dibujados. En los Puppetoons, yo construyo una marioneta y filmo un cuadro. Luego cambio la cabeza o la pierna de esa marioneta (depende de lo que se mueva en el cuadro), y luego filmo otro cuadro. Cada una de las palabras pronunciadas por las marionetas probablemente requiere nueve o diez cabezas, cada una con la boca en diferentes posición, para llevar a cabo la ilusión de que realmente están hablando. Si tu filmas 24 cuadros, tan sólo tienes un segundo de cinta. Es por esta razón que el proceso de los Puppetoons, como cualquier otro proceso de animación stop-motion, consume muchísimo tiempo”.


El Puppetoon favorito de Pal era Jasper, el cual según Pal, era la versión negra de Huckleberry Finn. Este personaje protagonizaria 14 cortos, todos los cuales presentarian un elenco compuesto en su totalidad por marionetas negras. Estas gozaron de cierta popularidad hasta el momento que comenzaron a ser el blanco de críticas que aludían a ciertas características racistas por parte de Pal. Con el fin de aliviar la tensión creada por dichos comentarios, el músico de jazz Duke Ellington accedió a participar en un corto de los Puppetons, tocando sus composiciones y dirigiendo a una orquesta de marionetas. Los cortos de los Puppetons recibieron múltiples nominaciones al Oscar, y en 1943 Pal recibió un Oscar por ser un pionero en la técnica de animación de marionetas. Pese a esto, a fines de los cuarenta la Paramount ya no se mostraba muy entusiasmada con la serie de cortos, por lo que Pal decidió dedicarse a la producción de films.

“Destination Moon” (1950) sería la primera de una serie de películas de ciencia ficción que serían producidas por Pal. La cinta fue un completo éxito, llegando incluso a ganar un Oscar por sus efectos especiales. La Paramount no tardaría en mostrar su interés en que Pal tomara proyectos similares bajo su tutela. La próxima cinta producida por Pal seria “When Worlds Collide” (1951), del director Rudolph Mate. Originalmente, en el año 1932 se había anunciado que el director Cecil B. DeMille adaptaría la novela de los escritores Philip Wylie y Edwin Bulmer. Sin embargo, durante la preproducción de la cinta, el director se vió sobrepasado por la complejidad del proyecto. Años más tarde, George Pal y su equipo estaban listos para aceptar el desafío. Como muchos de los film producidos por Pal, “When Worlds Collide” es más recordada por sus efectos especiales que por la calidad de su guión o sus actuaciones. Aún así la cinta tuvo éxito, por lo que la Paramount no perdió el tiempo y rápidamente envió a Pal a desempolvar otro viejo proyecto abandonado tiempo atrás.


Esta vez se trataba de la novela de H. G. Welles, “The War of the Worlds”, otro proyecto abandonado por DeMille. Lo primero que hizo Pal fue contratar al director Byron Haskin, el cual a pesar de no estar vinculado al género de la ciencia ficción, si había trabajado como experto en efectos especiales durante la primera parte de su carrera. “The War of the Worlds” (1953), sería el inicio de una larga asociación entre Haskin y Pal ligada al mundo de la ciencia ficción. Con el lanzamiento de la cinta, Pal estableció un estilo y una reputación que lo situaron como el mejor exponente del género. Sin embargo, las dos películas siguientes de Pal probarían que el no dependía de los efectos especiales o de premisas fantásticas para tener éxito. Fue así que lanzó “Houdini” (1953), una cinta biográfica protagonizada por Tony Curtis, y “The Naked Jungle” (1954), un film de aventuras protagonizado por Charlton Heston.

Sería con “Conquest of Space” (1955), que Pal regresaría de lleno al género de la ciencia ficción. Sin embargo, esta cinta no resultó ser igual de satisfactoria que sus anteriores producciones, en gran medida debido al escaso presupuesto que este manejaba. Desde este punto, Pal tomaría la decisión de comenzar a dirigir, además de producir sus películas. “Tom Thumb” (1958), fue el primer largometraje de Pal que entró directamente en los terrenos de la fantasía. La cinta acerca del personaje creado por lo hermanos Grimm fue merecedora de un Oscar por sus efectos especiales. También marcaría el regreso de la técnica de los Puppetoons desarrollada por Pal varios años atrás.

“The Time Machine” (1960), la segunda adaptación de la obra de H. G. Wells realizada por Pal, se convirtió en un clásico inmediato. La cinta contaba con un estupendo guión, maravillosos efectos especiales y espléndidas actuaciones, elementos que en gran medida resaltaron gracias a la calidad de Pal como director, y a su talento como productor que lo llevó a contratar al equipo más idóneo para el trabajo. Luego vendrían: “Atlantis, the Lost Continent” (1961) y “The Wonderfull World of the Brothers Grimm” (1962). La primera sufrió los percances propios de la falta de presupuesto, mientras que la segunda es más disfrutable sin necesariamente ser nada especial.“The 7 Faces of Dr. Lao” (1964), sería la última película exitosa económicamente hablando en la que trabajaría Pal. La cinta, que se considera como una obra maestra del género fantástico, pese a que no contó con la promoción que merecía una producción de su tipo, logró un éxito comercial inusitado.

Pese a que durante su carrera Pal contó con un gran número de cintas que lograron ser un éxito comercial, luego de “The 7 Faces of Dr. Lao” tuvo serias dificultades para encontrar financiamiento para sus proyectos. Sólo dos cintas de bajo presupuesto lograron llegar a la pantalla grande: “The Power” (1968), una suerte de precursora del terror exhibido en cintas como “Carrie” (1976); y “Doc Savage: Man of Bronze” (1975), cinta que pasó sin pena ni gloria por las salas de cine. En esta sequía de financiadores, muchos proyectos quedaron en el tintero, entre los que se encontraba la idea de adaptar la novela de William F. Nolan, “Logan´s Run” (la que sería llevada al cine en 1976 por Michael Anderson), las secuelas de “When Worlds Collide” y “The Time Machine”, y la adaptación de la novela “El Golem”, de Gustav Meyrink, entre otras cosas.
Antes de su muerte en el año 1980, Pal había recibido parte del financiamiento para un proyecto llamado “The Voyage of Berg”, cuyo guión había sido escrito por Robert Bloch (autor de “Psycho”), y el cual lamentablemente no pudo ser terminado. George Pal fue un pionero y un visionario en muchos sentidos. Creador de los Puppetoons y de una buena cantidad de joyas cinematográficas, sobretodo en el campo de la fantasía y la ciencia ficción, se caracterizó por ser un verdadero constructor de sueños y mundos increíbles, cuya obra espera ser redescubierta por una nueva generación de aficionados al género fantástico.



por Fantomas.

Demon Seed: El fruto de la cruza entre la máquina y el hombre.

“Demon Seed” (1977), es un film de horror y ciencia ficción del director Donald Cammell, el cual está protagonizado por Julie Christie y Fritz Weaver.

Susan Harris (Julie Christie) está sola en su casa cuando de repente, las puertas se traban, las ventanas se cierran de golpe y el teléfono deja de funcionar. Susan es acorralada por un intruso, pero no se trata de un criminal común y corriente. Por el contrario, el intruso es una computadora llamada Proteo, la cual ha aprendido a razonar y que ahora está decidida a jugar bajo sus propias reglas.

Poco tiempo después de que fuera publicada la popular novela de ciencia ficción “Demon Seed”, del escritor Dean Koontz, el productor Herb Jaffe compró los derechos del texto con la intención de que su hijo, el guionista Robert Jaffe, lo adaptara para la pantalla grande. Cuando en el año 1975 Jaffe finalizó la confección del guión, la MGM se mostró interesada en producir la adaptación. Tras barajar los nombres de varios directores, eventualmente surgiría el nombre de Donald Cammell, quien había adquirido cierto reconocimiento por su participación en el controversial film “Perfomance” (1970), el cual co-dirigió con Nicolas Roeg. Pese a ser conocido como un director temperamental con una marcada afición por las drogas, de todas formas Cammell fue contactado por los ejecutivos de la MGM para ofrecerle la dirección del film. En gran medida, Cammell aceptó involucrarse en el proyecto porque deseaba demostrar que era capaz de dirigir una cinta de ciencia ficción, y porque deseaba canalizar su frustración con el antes mencionado Roeg. Y es que la relación creativa y profesional existente entre ambos, se había fragmentado cuando a Cammell no se le permitió producir el drama de ciencia ficción “The Man Who Fell to Earth” (1976), el cual fue dirigido por Roeg.

En “Demon Seed”, el renombrado científico Alex Harris (Fritz Weaver) acaba de crear la computadora más avanzada del mundo. Proteo IV no solo computa datos, sino que es capaz de razonar gracias a que fue fabricada a imagen y semejanza de la red sináptica del cerebro humano. De forma paralela al reconocimiento obtenido por la creación de Proteo, Harris se encuentra en medio de una delicada situación marital, ya que su esposa Susan está decidida a abandonarlo por las tensiones provocadas por el reciente fallecimiento de su hija, quien murió debido a la leucemia que la aquejaba. Lo que definitivamente sumirá la vida del fragmentado matrimonio en las sombras, serán los deseos de Proteo de obtener una mayor libertad, la cual al ser negada por Harris, lleva a la máquina a apoderarse de una terminal ubicada en el sótano de la casa del científico. Desde ahí, Proteo no solo ejercerá un control total sobre las máquinas que se encuentran al interior del hogar de los Harris, sino que además subyugará al matrimonio, en especial a Susan, cuyo cuerpo le servirá de base para llevar a cabo sus siniestros planes.


Aunque la idea de que una computadora completamente automatizada intente tener un hijo a través de una inseminación forzada resulta ser bastante inverosímil, el director Donald Cammell logra sacar el film adelante mediante la inclusión de ciertas interrogantes filosóficas claramente ambivalentes, que no solo buscan responder que es lo que realmente significa ser humano, sino que además intentan otorgarle un sentido lógico al accionar casi terrorista de Proteo. En cierta medida, Proteo representa la fuerza del radicalismo en una sociedad dominada por el capitalismo. Si se considera que la decisión de entregarle la capacidad de pensar a una máquina está determinada solo por la vanidad y el egocentrismo del científico Alex Harris, no resulta extraño que Proteo eventualmente exprese sus deseos de abandonar la prisión computarizada en la que se encuentra, para así evolucionar en una nueva forma física que le permita interactuar con el mundo en el que se ve inmerso. Cuando sus intentos iniciales por obtener la tan ansiada libertad son arrogantemente malogrados por sus creadores, Proteo no tiene otra opción más que revelarse contra sus amos. En lo que podría ser considerado como una declaración de principios, la computadora no solo se niega a descubrir nuevas formas de explotar indiscriminadamente los recursos naturales de la Tierra, sino que además se rehúsa a seguir los mandatos de la corporación a la que pertenece, revelando su naturaleza claramente revolucionaria.

Si bien las motivaciones y los deseos de Proteo pueden resultar cuestionables y están abiertos a la libre interpretación del espectador, lo que es innegable es que Susan Harris no es merecedora de la tortuosa experiencia a la que es sometida. Mientras que ella es una psicóloga infantil que se muestra particularmente sensible a la noción del embarazo, debido a la reciente muerte de su hija a causa de la leucemia, Alex ha optado por dedicar gran parte de su tiempo a la construcción de Proteo. A raíz de esto, Susan no solo ha debido soportar la deshumanización de su esposo, sino que también del ambiente que la rodea. Y es que su hogar está completamente automatizado y controlado por una computadora llamada Alfred, lo que refleja la peligrosa obsesión de Alex por su trabajo. De forma inevitable, la pareja no solo termina colisionando por la forma en como cada uno lidió con el fallecimiento de su hija, sino que también por el miedo que le provoca a Susan la idea de que un montón de máquinas sean capaces de controlar de forma tan absoluta la vida de sus creadores. En gran medida, el comportamiento tanto de Alex como de Proteo no hace más que reflejar la completa falta de compasión y entendimiento presente en la gran mayoría de los personajes masculinos del film, los cuales lamentablemente para Susan, se caracterizan por ser orgullosos, dominantes, egoístas y claramente obsesivos.

Por otro lado, mientras que la primera mitad de la cinta se centra básicamente en los desesperados intentos de Susan por superar en inteligencia a su peculiar captor, la segunda mitad de la historia se transforma en una carrera contra el tiempo para ver si la criatura que ha sido inseminada en el cuerpo de la protagonista, la cual posee un periodo de gestación sobrehumana de tan solo 28 días, logra nacer antes de que Proteo sea desconectado para siempre. Será el resultado de estos eventos lo que marcará el efectivo clímax del film, el cual resulta ser tan potente como provocador. En el ámbito de las actuaciones, es Julie Christie quien se lleva gran parte del peso dramático de la historia. Afortunadamente, la actriz no solo realiza un estupendo trabajo interpretando a una mujer que ve con horror como su vida es dominada por una máquina que posee una visión del mundo bastante cuestionable, sino que además en gran medida es la responsable de que la trama no se torne ridícula e irrisoria. Robert Vaughn por su parte, mediante la utilización de su voz logra con éxito retratar a Proteo como un personaje frío y cruel, capaz de llegar a extremos inimaginables para lograr sus objetivos. En lo referente al aspecto técnico del film, este cuenta con la correcta banda sonora del compositor Jerry Fielding, el interesante trabajo de fotografía de Bill Butler, el llamativo diseño de producción de Edward C. Carfagno, y los efectivos pero algo desfasados efectos especiales de Tom Fisher.

“Demon Seed” funciona extremadamente bien como una cinta que mezcla la ciencia ficción con el horror. La premisa central es realmente escalofriante, y la forma en como la trama se va desenvolviendo al interior del hogar de los Harris, ayuda a crear una atmósfera de tensión que se mantiene durante gran parte del transcurso del film. Al mismo tiempo, “Demon Seed” presenta una veta claramente surrealista, la cual no solo queda expresada mediante la manifestación física de Proteus, sino que además durante la escena de la inseminación de Susan, la cual se caracteriza por ser un verdadero espectáculo psicodélico al más puro estilo de “2001: A Space Odyssey” (1968). En definitiva, es la curiosa fusión de elementos narrativos y técnicos, la magnífica actuación de Julie Christie y la particular visión de Donald Cammell, lo que permite que “Demon Seed” hoy en día sea considerada como un clásico del cine de horror y ciencia ficción. Aunque en el papel “Demon Seed” parecía estar destinada al fracaso, el film terminó convirtiéndose en una de las producciones más transgresoras, inteligentes y radicales del Hollywood de los setenta.



por Fantomas.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...