viernes, 18 de diciembre de 2009

The Snowman: El mágico viaje de un niño y su muñeco de nieve.

“The Snowman” (1982), es un cortometraje animado de la directora Dianne Jackson, el cual cuenta con la participación de David Bowie.

Durante la víspera de navidad, un niño llamado James crea un muñeco de nieve que por la noche cobrará vida y juntos emprenderán un maravilloso viaje lleno de magia.

“The Snowman” está basada en un libro infantil ilustrado, el cual fue publicado en 1978 por el novelista gráfico Raymond Redvers Briggs. La adaptación sería producida por la TVC London, bajo la tutela de John Coates y Iain Harvey, y francamente es una verdadera maravilla. El equipo de producción se preocupó de llevar a la vida el relato gráfico de la mejor forma posible. Los paneles pintados con lápices de cera por Briggs en su novela, vuelven a la vida de manera casi hipnótica. De la misma forma que el libro original, la historia es relatada sin la utilización de diálogo alguno. Cada evento, cada emoción, se expresa a través de las imágenes y la espectacular banda sonora de Howard Blake. Lo que provee de un mayor encanto a esta obra, su estética casi artesanal. En una era donde los efectos digitales parecen dominar por completo la animación, este cortometraje sobresale debido al llamado que realiza a la nostalgia del espectador, lo que le ha permitido seguir vigente a veinte años de su estreno.

La historia es simple pero encantadora. En plena víspera de Navidad, James crea un muñeco de nieve en su antejardín, el cual cobra vida la noche de ese mismo día. Es así como James y su amigo de nieve se dedican a recorrer la casa y el jardín. Como si se tratara de un niño, el muñeco de nieve no esconde el asombro que le provocan los distintos objetos que están esparcidos por la casa, cosas simples como una televisión o la luz de la cocina, son para él objetos maravillosos pertenecientes a un mundo que le es extraño. Como agradecimiento por esta peculiar experiencia, el hombre de nieve invita a James a un maravilloso viaje a través de las montañas, el mar, y más allá. Tan importante como las imágenes, ha resultado ser la canción “Walking in the Air”, compuesta por Howard Blake e interpretada por Peter Auty, la cual es utilizada en un momento clave de la historia. La única “queja” que se le puede realizar a esta cinta, es que su final resulta ser algo agridulce, lo que puede no dejar satisfechos a los más sentimentales.

Tras su estreno en 1982, el film obtuvo un premio BAFTA al mejor programa infantil de televisión. Además, obtuvo una nominación al Oscar al mejor corto animado. Desde su estreno, se han visto dos versiones de este cortometraje; mientras que en la versión original, Raymond Briggs oficiaba como narrador, cuando la cinta se transmitió en Norteamérica los distribuidores optaron por contratar a David Bowie para que protagonizara una nueva introducción. En dicha introducción, Bowie se limita a decir que va a contar la historia de como conoció al hombre de nieve, y como consiguió la bufanda que tiene en sus manos. Con el correr de los años, “The Snowman” ha adquirido el estatus de film de culto, y habitualmente es transmitido en distintos canales de televisión alrededor del mundo durante la época navideña. Se trata de una pequeña joya navideña, la cual es una verdadera montaña rusa de emociones. Sin tener mucho más que agregar, les deseo a todos una feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.

PD: Les dejo el cortometraje completo para que puedan verlo.





por Fantomas.

Scrooged: La modernización del clásico de Dickens.

“Scrooged” (1988), es una comedia del director Richard Donner, la cual está protagonizada por Bill Murray, Karen Allen, John Forsythe, y Bobcat Goldthwait.

Frank (Bill Murray) es un despiadado ejecutivo de televisión que detesta la Navidad. Su mala leche hacia la fiesta será puesta a prueba cuando en Nochebuena sea visitado por tres espíritus dispuestos a mostrarle la clase de sabandija que ha sido a lo largo de su vida.


Desde su publicación en 1843, la novela corta “Un cuento de Navidad” del escritor británico Charles Dickens, es probablemente el relato que más veces ha sido adaptado para el cine y la televisión. Ya para la década de los ochenta, en los Estados Unidos la televisación de una de las tantas adaptaciones del cuento de Dickens durante la época navideña, se había transformado prácticamente en una suerte de tradición propia de la festividad. En 1988, los ejecutivos de la Paramount optaron por realizar una nueva adaptación del escrito con la cual pudieran engrosar sus arcas durante el periodo navideño. El guión de esta nueva conversión cinematográfica estaría a cargo de Michael O´Donoghue y Mitch Glazer, dos guionistas sin mucha experiencia en el cine pero que estaban respaldados por su trabajo en el programa de televisión humorístico más exitoso de la época, “Saturday Night Live”. Era precisamente el tipo de humor que se manejaba en ese programa el que los productores querían utilizar en esta nueva actualización de la obra.

Richard Donner sería el encargado de dirigir el film. En ese entonces, Donner era una de los directores más cotizados de Hollywood, en especial por la habilidad con la que era capaz de saltar de un género a otro. Por otro lado, para interpretar al “Sr. Scrooge” de la cinta, los productores seleccionaron a Bill Murray quien cuatro años antes había alcanzado la fama mundial gracias a su participación en la cinta, “Ghostbusters” (1988). Curiosamente, desde su participación en dicho film el actor no había vuelto a interpretar un papel protagónico, y en cierta medida había dejado su carrera cinematográfica un poco de lado, por lo que su inclusión en esta cinta marcaría su tan ansiado regreso. El papel protagónico parecía estar escrito específicamente para Murray, ya que se trataba de un personaje sarcástico y egocéntrico, con un sentido del humor bastante negro, características que suelen tener sus personajes. Aprovechando su presencia en la película, los productores comercializarían “Scrooged” insertando algunas referencias del film más exitoso del actor. De hecho, el eslogan de la película fue: “Bill Murray está de vuelta entre los fantasmas, solo que esta vez son tres contra uno”.

Básicamente, la cinta respeta la base temática de “Un Cuento de Navidad” pero la traslada al competitivo mundo de la televisión. Nuestro protagonista, Frank Cross, es el presidente de la cadena de televisión IBC. el momento en que se presenta uno puede percatarse de que se trata de un hombre completamente frío, cuyo ego y su posición de poder lo lleva a ser miserable incluso con sus más cercanos. Como muestra de su personalidad tiránica y su desprecio por la Navidad, Cross ha planeado una emisión en directo del clásico de Dickens, obligando a trabajar a todos sus empleados durante Nochebuena. No contento con esto, Cross pareciera estar empecinado en destruir el relato de Dickens con el fin de lograr una mayor sintonía. No solo incluye acróbatas, ratones con cuernos pegados a sus cabezas, y mujeres semidesnudas en su versión de “Un Cuento de Navidad”, sino que además lo publicita como un espectáculo casi dantesco, insertando imágenes de sexo, violencia, y drogas en el spot publicitario de la adaptación.

Cuando es evidente que Cross ha perdido toda noción del real significado de la Navidad, recibe la visita del fantasma de su antiguo jefe el cual le anuncia la llegada de tres fantasmas a lo largo del día de víspera de Navidad. Como es por todos conocido, junto a ellos iniciará un recorrido por su pasado, presente, y futuro, en el cual se retratará la evolución que ha tenido el personaje desde su infancia hasta el día de hoy, y los motivos aparentes por los cuales este odia tanto la Navidad. La personalidad y la apariencia que se le da a los fantasmas, es uno de los aspectos más originales de esta cinta. Si bien Donner y compañía nos presentan al fantasma de la Navidad pasada como un sarcástico taxista (David Johansen), el fantasma de la Navidad presente es una agresiva hada madrina (Carol Kane), mientras que el fantasma de la Navidad futura es una suerte de monstruo con una televisión por cabeza, y en cuyo tórax viven tres pequeñas criaturas. Para quienes ya están familiarizados con esta historia, saben que las visitas de los fantasmas provocarán que Frank se replantee por completo su vida, en especial su relación con un antiguo amor interpretado por Karen Allen.

Bill Murray realiza un buen trabajo interpretando al detestable Frank Cross. Pese a que por momentos tiende a la sobreactuación, Murray logra que su personaje realmente proyecte un odio hacia la Navidad y hacia el mundo en general. En cierta medida, este personaje presenta bastantes similitudes con el que el actor interpretaría posteriormente en “Groundhog Day” (1993); los dos son hombres sumamente ególatras, que terminarán aprendiendo de una forma poco convencional a apreciar las cosas realmente importantes en la vida. El resto del elenco realiza un trabajo correcto (incluso el sobreactuado Bobcat Goldthwait), donde se destaca la participación de John Forsythe y Robert Mitchum, como el antiguo y el actual jefe de Cross respectivamente. Con respecto al elenco, cabe destacar el guiño que el director le realiza al mundo del jazz; en la escena donde Cross desprecia a cuatro saxofonistas callejeros que piden monedas, los cuatro músicos son las viejas leyendas del jazz estadounidense: Miles Davis, Larry Carlton, David Sanborn y Paul Shaffer.

“Scrooged” es una entretenida película navideña que tiene el valor de ofrecernos una mirada distinta del clásico “Un Cuento de Navidad”. La cinta tiene momentos realmente divertidos, donde más de alguno está cargado al humor negro. Por otro lado, cabe destacar la correcta banda sonora de Danny Elfman, y el hecho de que los pocos efectos especiales que presenta el film son de una calidad bastante aceptable, lo que sin duda ha contribuido a que la película haya soportado de mejor forma el paso del tiempo. Como buena cinta navideña, “Scrooged” pretende rescatar el verdadero valor de la Navidad, mediante un mensaje lleno de positivismo y el final feliz de rigor. Tal vez el punto más bajo del film sea precisamente el monólogo final, el cual pese a ser bienintencionado, es demasiado largo y caótico por lo que termina rompiendo gran parte de la mística de la producción. Sin ser la mejor adaptación del relato de Dickens, esta cinta sin duda es una excelente opción en estas fechas en las que uno inevitablemente necesita unas buenas dosis de cine navideño.


por Fantomas.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Vacaciones blogueras y "Especial navideño".


Se acerca la Navidad y como todos los años (o en otras palabras, como en estos últimos dos años), me corresponde subir una reseña de una cinta navideña. Esto además coincide con mi salida de vacaciones. Debido a esto, mañana sábado subiré las últimas dos reseñas antes de tomarme unas merecidas vacaciones blogueras hasta principios de enero (si no aparecen sus comentarios del 20 al 27 de diciembre, es debido a que durante una semana no tendré acceso a internet), donde además comenzaré a postear artículos en el blog “Cinemauniverse”, el cual he tenido un poco olvidado por razones de tiempo.

Sin más que decir me despido,
Saludos y desde ya Feliz Navidad a todos!

martes, 15 de diciembre de 2009

Decision Before Dawn: La delgada línea entre el heroísmo y la traición.

“Decision Before Dawn” (1951), es un drama bélico del director Anatole Litvak, el cual está protagonizado por Richard Basehart, Oskar Werner, y Hans Christian Blech.

Durante la Segunda Guerra Mundial, al teniente Rennick (Richard Basehart) le asignan la misión de conseguir algunos soldados alemanes que acepten trabajar como espías con el fin de detectar la posición del ejército alemán. Rennick terminará confiándole la peligrosa tarea a “Tiger” (Hans Christian Blech), un prisionero alemán que solo busca su propio beneficio, y al cabo Karl Maurer, alias “Happy” (Oskar Werner), quien desea que la guerra termine pronto para así evitarle más sufrimiento a sus compatriotas.


Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la industria hollywoodense comenzaría a reemplazar de manera gradual las cintas bélicas por los westerns. Sin embargo, cuando comenzaron las hostilidades al interior de Corea, fueron muchos los productores que intentarían revivir el género bélico. Mientras que algunos estudios como la Warner continuarían produciendo cintas que destacaran el patriotismo norteamericano durante la guerra, agregando uno o dos cuestionamientos morales, la Fox comandada por Darryl F. Zanuck, prefirió desarrollar una mirada más reflexiva y respetuosa de los conflictos bélicos, los cuales siempre terminaban demandando más de un sacrificio personal de los involucrados, con el fin de buscar el bien común. Dentro de ese contexto se filmó “Decision Before Dawn”, una compleja cinta de espías basada en la novela “Call It Treason”, del escritor George Howe, la cual cuestiona el verdadero significado de los términos “traidor” y "héroe".

Para 1951, los espectadores ya habían presenciado varias películas filmadas en las ruinas provocadas por los bombardeos en Alemania, como por ejemplo “A Foreign Affair” (1948), de Billy Wilder, o “The Search” (1948), de Fred Zinnermann. En el caso de la cinta que hoy nos ocupa, esta se encuentra ambientada justo antes de la invasión aliada a Alemania, cuando el Tercer Reich se estaba desmoronando. A diferencia de muchos de los films de la época en los cuales se recreaban los escenarios y las maquinarias utilizadas en la guerra, la producción de "Decision Before Dawn” tuvo acceso a recursos que pronto desaparecerían, como por ejemplo algunos camiones y tanques alemanes auténticos. Además, al menos una hora de metraje transcurre en diferentes ciudades alemanas en las cuales aparecen trenes y otros medios de transporte auténticos. Y es que Litvak y su equipo de filmación tuvieron ciudades enteras a su disposición, las cuales conformaron el espectacular telón de fondo de la historia.

“Decision Before Dawn” es un película bélica de espionaje que se distingue del resto debido que involucra cuestionamientos acerca del patriotismo y la moral, y que además funciona como una suerte de puente fílmico entre las historias de los trabajos de inteligencia durante la guerra, y el calculado mundo del espionaje que azotaría la pantalla grande algunos años después. La premisa de la cinta es simple; los aliados están a punto de ingresar a suelo alemán, por lo que los encargados de la inteligencia norteamericana piensan que es conveniente reclutar soldados enemigos que puedan traerles información acerca de las líneas enemigas, evitando de esta forma encontrarse con alguna sorpresa. Esto básicamente significa que los aliados pretenden reclutar traidores, los cuales en su mayoría se encuentran encarcelados en los campos de prisioneros de guerra manejados por los aliados. Entre esos prisioneros se encuentra el cabo Karl Maurer, quien tras ver como los otros prisioneros asesinan a su amigo por sugerir que los aliados están por ganar la guerra, decide ayudar a los norteamericanos a terminar con el conflicto lo antes posible.

Posteriormente Maurer logrará infiltrarse en suelo alemán, donde intentará reunir información acerca de la posición de los enemigos en un plazo de cinco días. Su sorpresa no será menor cuando descubra las ruinas provocadas por los bombardeos aliados, que si bien son funcionales, distan de ser eficientes. Las bajas civiles son inevitables, lo que quedará evidenciado con algunas de las personas que el protagonista irá conociendo durante su misión, las cuales o han sufrido daños físicos durante la guerra, o han terminado perdiendo a algún ser querido (donde la mujer interpretada por Hildegard Knef viene a ejemplificar esto último). Esto no será lo único que lo lleve a cuestionar su misión; más tarde descubrirá que uno de los puntos que los aliados desean bombardear, se encuentra cerca del hospital en el que trabaja su padre. Resulta curioso e interesante a la vez que una película hollywoodense muestre el drama del lado alemán durante la guerra. Por lo general, gran parte de las películas que retratan lo acontecido durante la Segunda Guerra Mundial tienden a retratar a los alemanes como victimarios, nunca como víctimas. En ese sentido, podemos decir que el protagonista no busca la victoria aliada, sino que su intención es evitarle más sufrimiento a un cada vez más alicaído pueblo alemán (lo que viene a redefinir por completo el concepto de traidor).


Por supuesto que el film no solo contiene cuestionamientos morales y dramatismo, sino que también presenta unas buenas dosis de suspenso, en especial desde que el protagonista conoce a un corrupto soldado alemán interpretado por Wilfried Seyferth. Desde ese punto las cosas se complicarán para el cabo Maurer, quien pronto verá su como su nombre aparece en las listas de los hombres perseguidos por el ejército alemán, lo que lo obligará a ocultarse entre las sombras mientras planea su huída. Por otro lado, las actuaciones en general son estupendas. Oskar Werner no solo logra que su personaje sea creíble, sino que además termina capturando la simpatía del espectador, quien espera que este logre completar con éxito su misión. Hans Christian Blech también realiza un excelente trabajo, interpretando al poco confiable “Tiger”, el cual además de actuar como contraparte del protagonista, aporta con algunas dosis de tensión debido a que para el espectador, es inevitable pensar que en algún momento terminará delatando a su compañero. Y es que el elenco alemán de la cinta sin duda logra opacar a Richard Basehart, que de todas formas realiza un buen trabajo.

“Decision Before Dawn” es una estupenda cinta que mezcla con éxito el drama con el suspenso. Hay escenas realmente espectaculares las cuales involucran algunas calles alemanas que están siendo bombardeadas, lo que deja en evidencia el espléndido trabajo de fotografía de Franz Planer. Anatole Litvak le imprime un ritmo narrativo más que adecuado al inteligente guión de Peter Viertel, cuyo tema central es la delgada línea que separa a la traición del heroísmo. Tal vez la única observación que se le puede realizar a esta película, es lo “molesto” que resulta que todos los alemanes hablen solo en inglés, lo cual obviamente le resta algo de realismo al relato. De todas formas, la cinta fue nominada al Oscar a la mejor película y a la mejor edición. Como dato curioso, el film es uno de los primeros trabajos cinematográficos de Klaus Kinski, quien interpreta a uno de los prisioneros alemanes que se ofrece para oficiar de espía. “Decision Before Dawn” nos entrega una mirada distinta y más profunda de la Segunda Guerra Mundial, donde todos los involucrados en el conflicto bélico terminan siendo víctimas, sin importar de que lado se encuentren.


por Fantomas.

domingo, 13 de diciembre de 2009

The Boy With Green Hair: Cuando los pequeños gestos hacen la diferencia.

“The Boy With Green Hair” (1948), es un drama del director Joseph Losey, el cual está protagonizado por Dean Stockwell, Pat O´Brien, Robert Ryan, y Barbara Hale.

En un pequeño pueblo la policía recoge a Peter (Dean Stockwell), un niño con la cabeza afeitada que se rehúsa a responder las preguntas de los agentes. El doctor Evans (Robert Ryan), el psiquiatra que colabora con la policía, será el encargado de escuchar la increíble historia del pequeño cuyo cabello se volvió completamente verde.


En el año 1947, impresionado por el trabajo de Joseph Losey en el circuito teatral neoyorquino, el jefe de producción de la RKO, Dore Schary, le ofreció a Losey la dirección de la cinta “The Boy With Green Hair”, aún cuando la única experiencia del director en el cine había sido la realización de algunos cortos como por ejemplo el nominado a un Oscar, “A Gun in His Hands” (1945), el cual pertenecía a una serie de cortos de la MGM titulados “Crime Does Not Pay”. Contrario a lo que se podría pensar, la falta de experiencia no fue el mayor problema que tuvo que enfrentar Losey. En aquel entonces, el Comité de Actividades Antiestadounidenses (HUAC) había aterrizado en Hollywood, y Losey era una de las personas que estaba siendo investigada por su supuesto nexo con el partido comunista. Schary, quien en un principio había declarado que "hasta que no se comprobara que un comunista era un hombre dedicado a derrocar de forma violenta al gobierno, él solo se dedicaría a juzgar las capacidades de sus empleados", tuvo que aprobar la utilización de la infame “lista negra” con el fin de proteger la “libertad” de la industria cinematográfica.

El primero en sufrir las consecuencias de la aplicación de esta lista negra sería el productor de la cinta, Adrian Scott. Pese a que Losey era amigo de Scott, decidió no renunciar a la dirección de la película que sería filmada en Technicolor durante los primeros meses de 1948, con un presupuesto cercano a los $900.000 dólares. El que Losey no renunciara a su puesto como director, respondía a que él quería utilizar el film como medio para transmitir un mensaje. Fue así como comenzó a trabajar junto con los guionistas Ben Barzman y Alfred Lewis Levitt, en una historia que hiciera hincapié en la resistencia que debía oponer el pueblo norteamericano contra los partidarios de un conflicto bélico (en este caso con la Unión Soviética), y que al mismo tiempo tratara temas como por ejemplo el racismo y la importancia de la familia. Desafortunadamente para Losey, el excéntrico y políticamente conservador Howard Hughes se hizo cargo de la RKO mientras se estaba filmando “The Boy With Green Hair”. El millonario repudiaba el mensaje pacifista de la cinta, y hizo todo lo posible por sabotear su realización, iniciando una lucha ideológica al interior del estudio.

Tras la intervención de Hughes, Dore Schary, quien oficiaba como el protector del director, de inmediato abandonó el estudio. Mientras tanto, Hughes designó a Peter Rathvon como el encargado de revisar y cambiar los diálogos con mayor carga política que poseía el guión. Finalmente según Barzman, un día Hughes llamó a su oficina al pequeño Dean Stockwell para decirle que cuando los otros niños hablaran de los horrores de la guerra, él debía decir: “y es por eso que Norteamérica tiene el ejército más grande, la marina más grande, y la mayor fuerza aérea del mundo”. Stockwell, quien sentía simpatía por el mensaje de la cinta, le respondió que no estaba dispuesto a hacer eso, aún cuando Hughes comenzó a gritarle enfurecido. Pese a todas estas artimañas, Losey logró proteger la integridad de su proyecto. El guionista Ben Barzman más tarde declararía: “Joe filmó la película de forma que no se pudieran realizar demasiados cambios. Algunas líneas de diálogo fueron incluidas con el fin de suavizar el mensaje, pero eso fue todo”.

Básicamente, “The Boy With Green Hair” es una cándida fábula antibélica acerca de un huérfano de guerra que un día despierta y descubre que su pelo se ha vuelto verde. Esto lo convierte en el objeto de las burlas de todos los habitantes del pequeño pueblo donde vive, quienes eventualmente comenzarán a mirarlo como una amenaza. Peter ha sido un niño que no ha tenido una infancia fácil, ya que luego de que le comunicaran que sus padres habían decidido “alargar sus vacaciones”, el pequeño tuvo que vivir con distintos familiares hasta que por fin logró establecerse en la casa de su abuelo Fry (Pat O´Brien), cuya mayor preocupación es mantener contento a Peter. Será cuando el protagonista se entere que sus padres han muerto intentando salvar a algunos huérfanos de guerra, que comenzará su "maldición". Una vez que el pelo de Peter se ha tornado verde, y este comienza a ser rechazado y perseguido por todos los habitantes del pueblo, él protagonizará una extraña escena en la cual sueña que los niños que aparecían en los afiches que promovían la ayuda para los niños huérfanos, le explican que el color de su pelo simboliza la esperanza de una humanidad sin guerras, en la que la esta trabaja unida en busca del bien común, y que por ese motivo debe comunicarle a los habitantes de su pueblo que son los pequeños gestos los que hacen la diferencia.

En lo que respecta a las actuaciones, estas en general son bastante correctas. Dean Stockwell realiza una estupenda labor interpretando a este pequeño desvalido y solitario, al punto que logra que el espectador sienta cierta empatía con su situación. Pat O´Brien también realiza un buen trabajo interpretando al simpático abuelo de Peter. Su personaje a ratos resulta algo caricaturesco, pero nunca cae en la exageración. Por otro lado, George Barnes realiza un buen trabajo de fotografía, mientras que la banda sonora de Leigh Harline es uno de los puntos altos del film. Curiosa resulta ser la inclusión de un par de números musicales que están protagonizados por el personaje de O´Brien. Aunque por un momento da la impresión de que la cinta va a convertirse en un drama musical, son solo dos los números musicales que se incluyen en la historia, y estos están ubicados en la primera mitad de la película.

“The Boy With Green Hair” es una joya relativamente olvidada. Losey utiliza algunos elementos fantásticos para realizar algunas válidas y profundas observaciones. De hecho, algunas organizaciones alabaron a la cinta por presentar un discurso en contra del racismo (obviamente el pelo verde es una metáfora acerca de la exclusión de la que son víctimas las personas que son consideradas diferentes), mientras que otras destacaron el mensaje positivo de la producción en un época dominada por la histeria desatada por la Guerra Fría. La película resulta ser una cándida historia acerca de la tolerancia y la preocupación por el prójimo, donde Losey mantiene un buen ritmo narrativo durante todo el transcurso de esta, lo que obviamente se agradece. El mensaje a ratos parece ser un poco inocentón, pero tal vez responde a que los encargados del film realmente sentían que podían cambiar el mundo de la misma forma que Peter; a través de pequeños gestos. El final es optimista, pero al mismo tiempo provoca un sentimiento de melancolía donde el espectador no puede evitar pensar que en ocasiones, nuestros intentos por cambiar el mundo (o nuestro entorno) resultan ser inútiles. De todas formas vale la pena intentarlo, al igual que Peter intentó transmitir un mensaje de paz y unidad a los habitantes de su pueblo a sabiendas que podía ser ignorado.




por Fantomas.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Twice Told Tales: Vincent Price al cubo.

“Twice-Told Tales” (1963), es una cinta de terror del director Sidney Salkow, la cual está protagonizada por Vincent Price, Joyce Taylor y Sebastian Cabot.

Esta cinta está compuesta por tres historias cortas. En la primera, “Dr. Heidegger´s Experiment”, dos hombres (Vincent Price y Sebastian Cabot) descubren lo que parece ser la fuente de la juventud, la cual se encuentra goteando en el techo de una cripta. Cuando se dan cuenta que el líquido no solo devuelve la vitalidad sino que también la vida, están a punto de aprender que algunas cosas es mejor dejarlas muertas. En “Rappaccini´s Daugther”, Giacomo Rappaccini (Vincent Price) tiene tanto miedo de perder a su hija (Joyce Taylor) que cambia la composición química de su sangre, provocando que todo lo que ella toque fallezca al instante. Finalmente en “The House of Seven Gables”, Gerald Pyncheon (Vincent Price) vuelve a su antiguo hogar con la intención de encontrar una caja fuerte que está escondida en su interior, a sabiendas que sobre la casa ha caído una maldición que ha acabado con la vida de prácticamente todos los integrantes de su familia.


Durante la década del sesenta, hubo una pequeña explosión de adaptaciones literarias en el contexto del género del horror cinematográfico, dentro de las cuales los films basados en la obra de Edgar Allan Poe que fueron realizados por el director Roger Corman, siguen siendo considerados hasta el día de hoy como el pináculo de dicha tendencia cinematográfica. Una vez que el éxito de esas producciones se hizo aparente, no tardaron en surgir nuevas adaptaciones cinematográficas de la obra de otros autores norteamericanos importantes del siglo XIX. Siguiendo la fórmula impuesta por la cinta de antologías “Tales of Terror” (1962), la modesta productora Admiral Pictures le pidió al guionista Robert E. Kent que adaptara un trío de extrañas historias del escritor Nathaniel Hawthorne, cuya obra más conocida era la novela “The Scarlet Letter”. Para ese entonces, el éxito obtenido por Vincent Price en las cintas de horror gótico que filmó bajo el alero de la productora American International Pictures, ya había sido notado por otras compañías que rápidamente intentaron contar con sus servicios. Fue así como Price firmó un contrato por dos films con la Admiral Pictures, siendo uno de ellos “Twice-Told Tales”, el cual sería dirigido por Sidney Salkow quien tenía una vasta experiencia tanto en el cine como en la televisión.

Hawthorne, quien era un abierto admirador de la obra de Edgar Allan Poe, solía imprimirle una lección moral a sus historias de terror, las cuales en su mayoría presentaban un humor algo torcido que no solía estar presente en los escritos más populares de Poe. Esto es claramente apreciable en “Dr. Heidegger´s Experiment”, donde para celebrar su cumpleaños número 79, el Dr. Carl Heidegger (Sebastian Cabot) decide invitar a su viejo amigo Alex Medbourne (Vincent Price), para recordar aquellos tiempos en los que ambos se dedicaban a perseguir a hermosas jóvenes. Mientras que la pareja de amigos conversa animadamente, un rayo daña la cripta en la que se encuentra enterrada Sylvia (Mari Blanchard), la antigua prometida de Heidegger, quien falleció un día antes de que ambos contrajeran matrimonio. Cuando los dos hombres deciden ir a investigar lo sucedido, se encuentran con que el cuerpo de Sylvia se ha preservado en perfectas condiciones gracias a que ha estado expuesto a un misterioso líquido que cae desde el techo de la cripta. Una vez que descubren que el líquido puede restablecer su juventud y la vida, Heidegger desarrolla una poción que no solo lo rejuvenece a él y a su amigo, sino que además revive a su amada Sylvia. Lamentablemente, esta seguidilla de hechos desatará un peligroso triángulo amoroso que tendrá trágicas consecuencias.


Si bien son varios los cambios apreciables entre el relato original de Hawthorne y el guión de Kent, quizás el más importante tenga relación con el mensaje principal de la historia. Mientras que Hawthorne hace hincapié en la incapacidad de los protagonistas de aprender de sus propios errores, el guión de Kent prefiere centrarse en la obsesión de Heidegger y Medbourne con una hermosa mujer muerta. Al mismo tiempo, resulta interesante la relación existente entre la dupla protagónica. Sin que necesariamente se sugiera que ambos hombres tienen tendencias homosexuales, estos por momentos actúan como una pareja felizmente casada. Alex y Carl están unidos íntimamente a nivel emocional; ellos son viejos amigos cuya existencia idílica ha sido interrumpida por la intrusión de una hermosa mujer, lo que le imprime un claro sentimiento de frustración a la idea de que alguien puede poner en peligro su particular relación. Por otro lado, en el segundo segmento titulado “Rappaccini´s Daugther”, Beatrice Rappaccini (Joyce Taylor) es la hija de un brillante pero excéntrico botánico italiano llamado Giacomo Rappaccini (Vincent Price), quien ha utilizado sus conocimientos para desarrollar una nueva especie de plantas venenosas. Lo que es aún más curioso, es que el científico ha expuesto a su hija al veneno de estas plantas, lo que ha provocado que todo lo que ella toca de inmediato fallece. Cuando un estudiante de medicina llamado Giovanni Guasconti (Brett Halsey) se enamora de Beatrice, el Profesor Pietro Baglioni (Abraham Sofaer), un viejo rival de Rappaccini, le ofrece un antídoto al joven el cual tendrá nefastas consecuencias.

Si bien “Rappaccini´s Daughter” es el segmento que más se acerca al texto original de Hawthorne, de todas formas Kent decide omitir una gran cantidad de detalles concernientes a la disputa que Rappaccini mantiene con Baglioni, lo que de inmediato elimina la advertencia que realiza el escritor sobre los peligros de la experimentación científica carente de ética. Sin embargo, la escisión de esta crucial subtrama le permite a Kent desarrollar un tema mucho más provocativo: la conexión incestuosa que se desarrolla entre Rappaccini y su hija Beatrice. Y es que la ausencia de la esposa del protagonista en el relato, la cual lo abandonó hace años por otro hombre, sugiere que Beatrice ha reemplazado a su madre en la vida de su padre en diversos niveles, lo que ha provocado en Rappaccini un exceso de celo. Si bien su propia intelectualidad le indica que el incesto está fuera de toda discusión, emocionalmente el protagonista no soporta la idea de ver a su hija con otro hombre, razón por la cual infecta su organismo con un veneno que impide que él y cualquier otro hombre se atrevan a tocarla. Al mismo tiempo, mediante este incomprensible acto Rappaccini le transfiere a su hija su incontrolable necesidad de ser amado y de vengarse de quienes le han hecho daño, lo que inevitablemente se volverá en contra de todos los involucrados en el relato.

Ya en el último segmento del film titulado “The House of Seven Gables”, Gerald Pyncheon (Vincent Price) regresa junto a su esposa Alice (Beverly Garland) a la mansión familiar luego de 17 años de ausencia. Su hermana Hannah (Jacqueline deWit), quien ha estado viviendo en la casa, le cuenta a Alice acerca de la maldición que ha caído sobre su familia a causa de un hombre llamado Matthew Moll, quien solía ser el dueño del inmueble hasta que lo perdió de manera truculenta a manos de la familia Pyncheon. Lo que Hannah no sabe, es que la verdadera razón por la cual Gerald ha regresado, tiene relación con una bóveda que se encuentra escondida al interior de la mansión, la cual guarda una serie de valiosos títulos de propiedad. Cegado por su ambición, Gerald hará todo lo necesario para encontrar la bóveda y quedarse con su parte de la herencia familiar, aún a costa de la vida de sus seres queridos. Cabe mencionar que este segmento es el que menos fidelidad guarda con el texto original, ya que a diferencia de los dos relatos previos, en esta ocasión Kent condensó una novela completa en un poco más de treinta minutos de metraje, razón por la cual el guionista no solo eliminó gran parte de los personajes que originalmente participaban en la historia, sino que además cambio el final feliz escrito por Hawthorne por uno mucho menos satisfactorio que en cierta medida recuerda lo visto en “The Fall of the House of Usher” (1960).

En cuanto a las actuaciones del film, Vincent Price realiza un trabajo encomiable interpretando a tres hombres los cuales son consumidos por sus obsesiones, sus miedos y sus ambiciones, los cuales por momentos más que alzarse como villanos, son retratados como víctimas de las circunstancias en las que se ven envueltos. El resto de elenco en cambio, realiza una labor más bien irregular, que va desde la sobriedad interpretativa de Sebastian Cabot, hasta la innegable sobreactuación de Jacqueline deWit. En relación al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con la atmosférica pero olvidable banda sonora del compositor Richard LaSalle, con el correcto diseño de producción de Franz Bachelin, y con el modesto trabajo de fotografía de Ellis W. Carter. Aunque es más fiel a su fuente literaria que muchas de las producciones que realizó la American International Pictures basadas en la obra de Edgar Allan Poe, “Twice-Told Tales” es perjudicada por la combinación de interpretaciones dispares, la mala calidad de los efectos especiales presentes en el tercer segmento, y la poco trascendente dirección de Sidney Salkow. Sin embargo, esto no significa que la cinta sea un completo desperdicio, ya que pese a sus falencias el film resulta ser bastante entretenido, y además es poseedor de un encanto especial otorgado por la innegable influencia ejercida por el ciclo de producciones de horror gótico llevadas a cabo por Roger Corman y Vincent Price al interior de la AIP.




por Fantomas.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

The Ghost and Mrs. Muir: Una fantasmagórica historia de amor.

“The Ghost and Mrs. Muir” (1947), es una cinta romántica del director Joseph L. Mankiewicz, la cual está protagonizada por Gene Tierney, Rex Harrison, y George Sanders.

La Sra. Muir (Gene Tierney) es una joven que tras enviudar, alquila un caserón cerca del mar donde se traslada con su hija. Aunque la casa parece vacía, en realidad está habitada por el fantasma de su anterior inquilino, el capitán Daniel Gregg (Rex Harrison), con quien terminará entablando una extraña relación que pasa lentamente de la amistad hacia un romance imposible.


Joseph L. Mankiewicz fue un director que durante su carrera, exploró prácticamente todos los géneros cinematográficos existentes con bastante éxito. Para su quinto largometraje, el director decidió adaptar con la ayuda del guionista Philip Dunne, la novela “The Ghost and Mrs. Muir” de la escritora R. A. Dick (cuyo verdadero nombre era Josephine Aimee Campbell Leslie), la cual fue publicada en 1945. En esta ocasión, Mankiewicz logra mezclar varios géneros de manera impecable; comienza con algo de terror gótico durante el primer tramo del film, luego entra en el campo de la comedía romántica durante la parte central de la historia, y finalmente se mete de lleno en el melodrama a medida que se acerca a la conclusión del relato. Esta estructura rica en matices no estaba precisamente en los planes iniciales del director. Mankiewicz tenía pensado filmar una comedia screwball en toda su regla, y de hecho durante los dos primeros días de rodaje, ese fue el enfoque que le dio a la cinta. Sin embargo, el productor Darryl F. Zanuck quería que la historia presentara algunos tintes melodramáticos, por lo que el director tuvo que replantear el proyecto.

La historia se centra en Lucy Muir, una joven viuda que junto a su hija Anna (Natalie Wood) decide liberarse de la opresión de su suegra y su cuñada, mudándose a una casa cerca del mar. Lo que en un principio parece ser un plan prometedor, pronto se verá sometido a algunos problemas cuando ella descubra que no solo comparte su casa con su hija y su criada Martha (Edna Best), sino que también con el fantasma del antiguo propietario de la misma, el Capitán Daniel Gregg. Pese a la resistencia inicial, el Capitán Gregg termina cediendo ante la obstinación de su nueva inquilina, la cual no está dispuesta a dejar su nuevo hogar aún cuando este se encuentra embrujado. Por supuesto que la relación entre ambos no será fácil; se trata de dos personas completamente opuestas. Mientras que Lucy es una mujer educada que ha vivido gran parte de su vida dependiendo de los demás, Gregg es un marino rudo y algo misógino, que durante el transcurso de su vida evadió cualquier tipo de relación seria debido a que eso podría haber coartado su vida llena de aventuras y emociones.

Evidentemente la relación entre los protagonistas es el elemento clave de la historia. En cierta forma, el fantasma del Capitán Gregg no es más que la materialización de los deseos de independencia de nuestra protagonista. En algunos momentos del relato, da la impresión de que él solo aparece cuando Lucy desea que lo haga, como si se tratara de una extensión de su propia personalidad. Como es de esperarse, no pasará mucho tiempo antes de que entre ambos se establezca una relación de amor platónico. La relación amorosa entre ambos es intensa pero carente de contacto físico, lo que la convierte en una relación especial que escapa a toda lógica. Se trata de un amor que va más allá de todo tiempo y espacio, y que está situado en una dimensión inalcanzable. De una forma u otra, ambos personajes se terminan influenciando para mejor; en el caso de Lucy, el Capitán Gregg la ayuda a descubrir la templanza necesaria para afrontar la vida y salir adelante. Gregg por su parte, comenzará a mostrar su lado más “femenino”, dejando de lado el papel de hombre rudo para transformarse en una figura casi paternal para la aproblemada Lucy (o Lucía como él la llama).

Como mencionaba anteriormente, la historia de amor que constituye la trama principal se basa en el choque entre opuestos. Pero esto no solo hace referencia a las personalidades de los protagonistas, sino que también hace mención a que ellos provienen de dos mundos opuestos y dos épocas diferentes. Sus diferencias se acrecentarán aún más con la llegada de Miles Farley (George Sanders), un vividor que intentará enamorar a la solitaria Lucy. Mientras que el fantasma representa el pasado, lo antiguo y lo muerto, Farley representa lo moderno, y la vida con lo dulce y lo agraz. Lucy tendrá que elegir entre los dos, y posteriormente tendrá que lidiar con las consecuencias de su elección. Desde el momento que Lucy conoce a Farley, la cinta se mete de lleno en el melodrama. Ya en este punto nos encontramos con una Lucy más madura, capaz de enfrentar por su propia cuenta las obstáculos que irán dificultando su diario vivir, y de lidiar con la tan temida soledad.

Las actuaciones en esta cinta son realmente espectaculares. La química que se da entre Gene Tierney y Rex Harrison logra que esta simple e inusual historia de amor funcione de forma precisa. Las escenas que protagonizan juntos resultan ser un verdadero agrado, en especial por los diálogos que presentan. George Sanders también realiza un buen trabajo interpretando a un galán que esconde un importante secreto. Por otro lado, la fotografía de Charles Lang es uno de los puntos más altos de la cinta, ya que en ciertos momentos logra imprimirle al film una atmósfera digna de una película de horror gótico, mientras que en otras ocasiones provee a la historia con una atmósfera más cándida y familiar (razón por la cual logró obtener una nominación al Oscar). Lang además resalta la importancia del mar como representante de la eternidad de la cual proviene el fantasma del Capitán. También resulta interesante como se utiliza un poste erosionándose junto al mar, para representar la influencia del paso del tiempo sobre la vida de la protagonista. Por último, cabe destacar la maravillosa banda sonora de Bernard Herrmann, la cual es realmente inolvidable y logra intensificar las emociones de cada una de las escenas en las cuales es utilizada.

“The Ghost and Mrs. Muir” resulta ser una combinación de estados de ánimo y emociones. Es un drama, una comedia, una película fantástica, una historia de amor, y una historia de fantasmas, pero por sobre todo es una cinta acerca de las diferentes formas en que una persona puede vivir su vida, y los distintos caminos que nos llevan a encontrar la felicidad. La película es sumamente divertida; Mankiewicz le imprime un ritmo narrativo más que adecuado a una historia que logra captar rápidamente la atención del espectador, incluso de aquellos que se muestran un poco reacios a las historias de corte romántico. Con un final inolvidable pero un poco agridulce, “The Ghost and Mrs. Muir” es una verdadera joya que ha envejecido de la mejor forma posible, manteniendo intacta su capacidad de capturar, emocionar, y sorprender al espectador por partes iguales.


por Fantomas.

lunes, 7 de diciembre de 2009

The Beast From 20.000 Fathoms: El primer trabajo en solitario de Harryhausen.

“The Beast From 20.000 Fathoms” (1953), es una cinta de ciencia ficción del director Eugene Lourié, la cual está protagonizada Paul Christian, Paula Raymond, Cecil Kellaway, y Kenneth Tobey.

Científicos norteamericanos realizan pruebas nucleares en el Ártico. Tras una explosión, un Rhedosaurio que se encontraba en estado de hibernación vuelve a la vida, y comienza a atacar a las embarcaciones que se encuentran cerca del Polo Norte. El profesor Tom Nesbitt (Paul Christian) es el único que ha visto a la criatura, pero nadie cree sus afirmaciones. Sin embargo, cuando la bestia llegue a la Gran Manzana desatando una oleada de destrucción que parece imparable, Nesbitt tendrá que unir fuerzas con el ejército para encontrar una forma de detener al monstruo antes de que destruya por completo la ciudad.

El ahora maestro del stop-motion, Ray Harryhausen, y el escritor Ray Bradbury, siempre declararon abiertamente su admiración por la cinta clásica “The Lost World” (1925), lo que los llevó a entablar largas conversaciones acerca de los dinosaurios y específicamente de cómo realizar películas acerca de ellos. Bradbury llegaría a declarar en una ocasión: “Nosotros nos mantuvimos juntos esperando que algún día, él (Harryhausen) pudiera animar dinosaurios y que yo pudiera escribir sus guiones”. Esa oportunidad por fin se presentó en 1953, cuando el productor Jack Deitz comenzó a buscar un producto que pudiera aprovechar el exitoso relanzamiento de “King Kong” (1933). Fue así como dio con una historia acerca de un monstruoso dinosaurio, que es liberado luego de que una bomba atómica estallara en el Ártico. Buscando a alguien que pudiera pulir el guión, Deitz le mostró la historia al joven escritor de ciencia ficción Ray Bradbury, quien declararía en una ocasión: “Yo leí lo que ellos tenían e instintivamente dije, ´Discúlpame, pero esto me recuerda en parte a una historia que publiqué en el Saturday Evening Post.´El productor tras reponerse de la sorpresa, se dio cuenta de que habían adaptado mi historia sin saberlo”. La historia del escritor titulada “The Foghorn”, relataba las andanzas de un dinosaurio que destruye un faro luego de confundir la sirena de niebla con una llamada de apareamiento.

Luego de comprar los derechos de la historia corta de Bradbury, Deitz contrató a Harryhausen para que este creara los efectos especiales del film. Harryhausen en ese entonces, solo era conocido por su trabajo en “Mighty Joe Young” (1949), y por una cinta que él estaba mostrando en los distintos estudios, la cual presentaba a unos dinosaurios animados en stop-motion. Con un presupuesto inicial de solo 210.000 dólares, pero con una completa libertad creativa, Harryhausen tiene el mérito de lograr que “The Beast From 20.000 Fathoms” parezca haber sido realizada con un presupuesto bastante mayor. Durante décadas, los fanáticos del cine de terror y de ciencia ficción han tenido que lidiar con una infinidad de carteles de películas que al final de día, no suelen representar la realidad de lo que se puede apreciar en el film. En el caso de esta cinta, Harryhausen y compañía entregan exactamente lo que se puede ver en el cartel. Las escenas que involucran al Rhedosaurio sembrando el caos en las calles de Nueva York aún dejan una buena impresión, siendo sin duda lo mejor de la cinta.

La premisa de la cinta toma prestada la base temática de “King Kong”, y le añade el toque nuclear tan típico de las cintas de ciencia ficción de la época, preparando de esta forma el camino para efectuar un discurso que alude a los horrores de la radiación y del armamento nuclear. La liberación del enorme dinosaurio es una consecuencia directa de las pruebas nucleares que está efectuando el ejército norteamericano en el Ártico (que dicho sea de paso, no es el lugar más apto para realizar ese tipo de pruebas), dando a entender que la utilización de este tipo de armas solo lleva a una destrucción sin sentido que afecta tanto a militares como a civiles. La cinta además establece algunas constantes propias de las películas de ciencia ficción de la época, como por ejemplo el hecho de que quien descubre al monstruo, es quien lidera la investigación y quien eventualmente termina destruyéndolo.

Evidentemente los mejores momentos de la cinta son aquellos en los que la bestia aparece destrozando todo a su paso. Lamentablemente, gran parte de la película se centra en la investigación llevada a cabo por el protagonista, y sus posteriores intentos por convencer a las escépticas autoridades de la existencia del monstruo. De todas formas, este tramo de la cinta está acompañado por diálogos relativamente interesantes, y presenta un ritmo narrativo más que adecuado. Tras alrededor de cuarenta minutos de metraje dedicados a la investigación del monstruo, somos testigos de su llegada a la ciudad de Nueva York. Los efectos especiales llevados a cabo por Harryhausen si bien no son los más prolijos de su carrera, de todas maneras resultan impresionantes. El Rhedosaurio se mueve con bastante fluidez, y las escenas en las cuales interactúa con el personal militar están bien logradas. Es precisamente durante la batalla entre los militares y el monstruo, que se asoma uno de los elementos más originales que presenta el film. Luego de su primer encuentro con la bestia, algunos de los soldados inexplicablemente caen enfermos. Al poco tiempo después, Tom Nesbitt descubrirá que el Rhedosaurio es el portador de una enfermedad fatal, lo que obligará a las autoridades a encontrar una forma de destruir a la bestia sin propagar el virus.

En el ámbito de las actuaciones nos encontramos con un panorama bastante variado. Mientras que Paul Christian y Cecil Kellaway (quien interpreta al entusiasta profesor Thurdgood Elson) realizan un buen trabajo, Paula Raymond es bastante inexpresiva por lo que su personaje no resulta demasiado creíble. Por otra parte, John L. Russell realiza un buen trabajo de fotografía, mientras que David Buttolph nos entrega una banda sonora más que apropiada para este tipo de relato. Obviamente la gran estrella de esta cinta es Ray Harryhausen y sus efectos especiales. Aunque como mencionaba anteriormente, la totalidad de su trabajo en este film resulta ser de primer nivel (aún cuando en algunos de los primeros planos se pueden detectar algunos defectos en el Rhedosaurio), tal vez la escena más destacada de la película sea aquella en la que el monstruo se encuentra atrapado en una montaña rusa, al mismo tiempo que Tom Nesbitt junto a un soldado interpretado por Lee Van Cleef, realizan un intento desesperado por detenerlo.

“The Beast From 20.000 Fathoms” probablemente no sea una de las mejores cintas de monstruos de la época, pero sin duda es una película entretenida. El solo hecho de que los efectos especiales fuesen realizados por el maestro Harryhausen, le da a esta producción un valor agregado. Probablemente el director hubiese obtenido un mejor resultado si le hubiese dedicado más minutos al Rhedosaurio, y menos a la investigación que lleva a cabo el protagonista. De todas maneras, la paciencia del espectador se ve recompensada por los minutos en los que la bestia aparece en la pantalla, los cuales no solo resultan ser sumamente entretenidos, sino que además presentan altas dosis de suspenso. Cabe resaltar que el productor Jack Deitz le terminó vendiendo la cinta a la Warner Brothers por más de 500.000 dólares (más del doble de lo que le costó), solo para ver como esta recaudaba más de cinco millones de dólares e iniciaba una fiebre mundial por las películas de monstruos gigantes. De hecho, los realizadores del film japonés “Gojira” (1954) admitieron que habían utilizado el modelo de “The Beast From 20.000 Fathoms” al momento de diseñar la historia de la cinta, demostrando lo influyente que resultó ser esta modesta producción.

por Fantomas.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Shock: Bienvenido a la consulta del Dr. Vincent Price.

“Shock” (1946), es una cinta de cine negro del director Alfred L. Werker, la cual está protagonizada por Vincent Price, Lynn Bari, y Anabel Shaw.

La joven Janet Stewart (Anabel Shaw) se desplaza hasta un hotel para reunirse con su marido (Frank Latimore). En el lugar contemplará una conversación entre un matrimonio que poco a poco adquiere tintes más sombríos. El enfrentamiento culminará con el asesinato de la mujer por parte de su marido, el cual Janet contemplará horrorizada y sin capacidad de reacción. A la mañana siguiente, el marido de la muchacha la encuentra en la habitación en estado catatónico. Los responsables del hotel intentarán ayudarla a salir de su shock con la colaboración del prestigioso Dr. Richard Cross (Vincent Price). Solo hay un pequeño problema: Cross es el hombre que Janet vio asesinando a su esposa.

“Shock” inicialmente era un proyecto que iba a ser estrenado como un producto de la unidad B de la 20th Century Fox. Sin embargo, al ver que la respuesta inicial de los espectadores fue extremadamente positiva, los ejecutivos del estudio decidieron publicitar la cinta como si se tratase de una producción de la serie A del estudio, pese a que el film solo tiene una duración aproximada de setenta minutos. Lo que es aún más relevante con respecto a esta película, fue que permitió que Vincent Price se alzara como una figura capaz de llevar sobre sus hombros el peso de una cinta, demostrando su casta de estrella. Hay que recordar que en esa época, Price estaba bajo contrato con la Fox, lo cual le permitió participar en una serie de producciones interpretando roles secundarios, donde el papel más importante del actor hasta ese momento había sido uno de los intereses amorosos de Gene Tierney en el clásico del cine negro, “Laura” (1944).

A grandes rasgos, el sencillo planteamiento argumental de “Shock” es una muestra más de la extensa corriente del thriller de índole psicoanalítico que proliferó durante la segunda mitad de la década de los cuarenta, el cual fue explotado por directores como Alfred Hitchcock, Otto Preminger, y Fritz Lang, entre otros. En esta cinta nos encontramos con un psiquiatra débil y moralmente ambiguo interpretado por Vincent Price, quien confina a una mujer que inadvertidamente presenció como él asesino a su esposa a una clínica psiquiátrica, para así poder manipular su mente y convencerla de que dicha situación no es más que un producto de su vívida imaginación. Preocupados por la posible recepción de la cinta, en una primera instancia los ejecutivos de la Fox le presentaron el film a una serie de psicoanalistas para que estos realizaran las objeciones pertinentes con respecto a la historia. Por supuesto que gran parte de las objeciones hacían alusión al retrato negativo que la cinta realizaba de la psiquiatría, debido a que se muestra a los psiquiatras como personas con las suficientes habilidades como para manejar a su antojo a sus pacientes.

Y es que precisamente es eso lo que hace el Dr. Cross con su paciente. En un principio, el cuadro no puede ser más favorable para el buen doctor; Janet Stewart es una mujer que ha tenido que lidiar con un reporte falso que indicaba que su esposo había muerto en el campo de batalla, lo que sumado al asesinato que presenció, terminó desencadenándole un estado de shock acompañado con un cuadro de amnesia temporal. Sin embargo, al poco tiempo la mujer comienza a mostrar signos de mejoría, por lo que el Dr. Cross junto a su amante, la enfermera Elaine Jordan (Lynn Bari), deciden llevarla por completo a la locura con la ayuda de algunas herramientas terapéuticas como por ejemplo la hipnosis. Más tarde ambos se verán obligados a utilizar medidas más drásticas, cuando un fiscal (Reed Hadley) decida reabrir la investigación de la muerte de la esposa de Cross, poniendo en riesgo su hasta entonces perfecto plan.

Precisamente gran parte del suspenso de la cinta ronda al hecho de que Janet pueda alcanzar un nivel de lucidez suficiente, como para reconocer a Cross y atestiguar en su contra en la investigación de la muerte de su esposa. Es Elaine el cerebro tras el asesinato de la señora Cross, y quien empuja al doctor a asesinar a Janet mediante una sobredosis de insulina, para que todo parezca un accidente médico. Lo que sin duda resulta curioso, es que Cross se muestra a reacio a seguir los planes de su amante, lo que se contrapone con su cooperación en el caso de su esposa. Al parecer, Cross está dispuesto a asesinar a su molesta esposa, pero se niega rotundamente a romper su juramento hipocrático y asesinar a una mujer que se supone que él está tratando. Esto demuestra que bien en el fondo, el personaje de Price aún presenta un dejo de consciencia que finalmente lo llevará a cometer otro acto “involuntario”. La historia en general resulta ser interesante, aunque por momentos da la impresión de que se le podría haber sacado más provecho.

Las actuaciones son en general correctas. Vincent Price interpreta con éxito a este villano con más de un matiz, que bajo la aparente seguridad que exhibe en el manejo de su profesión, se esconde un hombre inseguro y de blando carácter que termina siendo fuertemente influenciado por su amante. Lynn Bari por su parte, cumple a cabalidad con su rol de mujer fatal, siendo ella la verdadera villana de la historia. Por último, Anabel Shaw interpreta de manera creíble a esta mujer víctima de un trauma psicológico, siendo capaz de transmitir la angustia que siente al ver que todo el mundo la considera loca. El diseño de producción es más bien modesto, mientras que la fotografía de Joseph MacDonald y Glen MacWilliams resulta ser destacable. La banda sonora de David Buttolph aunque cumple el objetivo de imprimirle tensión a algunas escenas, no resulta ser demasiado memorable. Alfred L. Werker relata la historia con un ritmo más bien pausado, lo que en realidad no molesta debido a la corta duración del film.

Uno esperaría que una película que se titula “Shock” y cuyo protagonista es Vincent Price fuese de terror; obviamente este no es el caso, aunque la cinta si presenta una secuencia que parece ser sacada de la iconografía del cine de terror, en la cual durante una noche de tormenta, uno de los pacientes de la clínica psiquiátrica se escapa de su habitación solo para ingresar a la habitación de Janet y enfrascarse en una discusión con una de las enfermeras, lo que termina asustando aún más a la ya traumatizada joven. Otro momento destacable de la cinta es la secuencia onírica presentada al inicio del film, en el cual se exhibe la incertidumbre que siente Janet con respecto al regreso de su esposo de la guerra, y la posibilidad de que nuevamente el ejército se haya equivocado en proveerle la información con respecto a su estado de salud. “Shock” difícilmente podría ser ubicado como uno de los mejores exponentes del thriller de índole psicoanalítico. Claramente no está al nivel de “Spellbound” (1945), de Alfred Hitchcock, pero cuenta con méritos suficientes como para ser un título digno de descubrir.


por Fantomas.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Malpertuis: Una vez que entras a esta casa, ya no podrás escapar.

“Malpertuis” (1971), es una cinta de terror del director Harry Kümel, la cual está protagonizada por Orson Welles, Susan Hampshire y Mathieu Carrière.

Cuando su barco llega a un pequeño pueblo holandés, un marinero llamado Jan (Mathieu Carrière) decide ir en busca de la casa en la cual se crió, solo para descubrir que esta se incendió algunos años atrás. Luego de ver a lo lejos a una mujer que se parece a su hermana, él la sigue al interior de un burdel donde termina perdiendo el conocimiento tras involucrarse en una pelea. Cuando despierta, se entera que está al interior de Malpertuis, un caserón antiguo habitado por su tío Cassavius (Orson Welles), quien se encuentra gravemente enfermo. Antes de morir, Cassavius indica en su testamento que si sus familiares desean obtener su tajada de la fortuna familiar, deberán permanecer al interior de la mansión hasta que solo uno de ellos quede vivo.


Tras el éxito de la cinta de vampiros “Daughters of Darkness” (1971), el director Harry Kümel tuvo los medios suficientes para comenzar a trabajar en un proyecto que había llamado su atención hace ya bastante tiempo; la adaptación de la novela “Malpertuis”, del escritor belga Jean Ray, quien suele ser recordado por sus macabras historias cortas, las cuales en numerosas ocasiones han sido comparadas con la obra de escritores tales como Edgar Allan Poe o H. P. Lovecraft. La adaptación de dicha novela se presentaba como todo un desafió para el director, ya que presentaba una compleja estructura narrativa en la que la historia era narrada por cuatro personajes diferentes. Pese al evidente riesgo que significaba embarcarse en este proyecto, la productora United Artist decidió financiar el film, lo que le permitió a Kümel contratar a Orson Welles para interpretar a uno de los personajes más importantes de la historia. Aunque el mítico actor y director solo trabajó durante tres días en la producción, de todas formas hizo gala de su excéntrica personalidad. Para ese entonces, el actor se comportaba de manera cada vez más errática, y para colmo grabó prácticamente todas sus escenas completamente borracho. Debido a los problemas que causó con su comportamiento, Welles se ofreció a trabajar otro día más sin goce de sueldo, para así poder rodas todas las escenas en las que estaba involucrado su personaje.

“Es hermosa, pero es un poco difícil de entender… De alguna manera me hace pensar en todo tipo de cosas, pero no estoy seguro de que cosas me recuerda exactamente”. De esta forma describió Kümel en una ocasión a “Malpertuis”, un cinta tan compleja que parece casi imposible encasillarla en un género específico. Desde la llegada de Jan a su pueblo natal, se hace patente la atmósfera onírica que domina al relato. De hecho, no pasa mucho tiempo antes de que el protagonista decida embarcarse en una pesadillesca aventura que involucra a una hermosa mujer que se asemeja bastante a su hermana, lo que lo lleva a adentrarse en las siniestras calles de la pequeña localidad holandesa, para luego desembocar en el colorido y caricaturesco burdel regido por una mujer llamada Bets (Sylvie Vartan). Aunque el tono surrealista del film continúa con igual fuerza una vez que Jan llega a Malpertuis, su ingreso al gigantesco caserón marca el inicio del verdadero trasfondo dramático de la historia. Y es que en aquel tenebroso y oscuro lugar, Jan se verá obligado a confrontar su cruel destino y a conocer a su manipulador y despótico tío, quien controla a todo su entorno postrado en una cama.

Será tras la revelación del testamento de Cassavius que las cosas al interior de Malpertuis se complicarán aún más. Y es que el patriarca de la familia no ha encontrado nada mejor que confinar a toda su familia al interior de la mansión por el resto de sus vidas, o de lo contrario perderán su millonaria herencia. Evidentemente, la ambición no tarda en nublar la mente de la gran mayoría de los integrantes de esta particular familia disfuncional, lo que de inmediato eleva los niveles de tensión al interior de la casa, y posiciona al asesinato como una alternativa de burlar la extravagante clausula impuesta por Cassavius. Lo que sin lugar a dudas resulta curioso con respecto al film de Kümel, es que los personajes y sus respectivas personalidades resultan esenciales a la hora de descifrar el secreto que se esconde al interior de Malpertuis, el cual parece tener estricta relación con las deidades griegas. Como es de esperarse, los personajes resultan ser tan complejos como la misma historia. Mientras que Jan es un joven marino incapaz de recordar su pasado, el cual mantiene una relación algo incestuosa con su hermana Nancy (Susan Hampshire), y que posteriormente se enamora de su prima Euryale (Susan Hampshire), Lampernisse (Jean-Pierre Cassel) es el perturbado primo del protagonista, el cual tiene por costumbre hablarle a las ratas que circulan al interior de Malpertuis, y cuyo mayor temor es quedar en la más completa oscuridad.

Aun cuando Kümel se demora alrededor de una hora en desarrollar el escenario en el cual transcurre la historia, el espectador no puede evitar sentirse atraído por el encanto casi hipnótico del siniestro castillo habitado por Cassavius y compañía. Una vez que el director presenta el conflicto principal de la trama, se decanta por explorar dos subtramas que tienen estricta relación con Malpertuis; mientras que por un lado Kümel le dedica gran parte del metraje a los intentos de Jan por descubrir el secreto que se esconde tras los extraños acontecimientos que ocurren al interior de la casa, por otra parte el director juguetea constantemente con la idea de que el resto de los integrantes de la familia de Cassavius no tardarán en perder por completo la cabeza, desatando un baño de sangre que parece inminente. Lamentablemente, a raíz de que Kümel intenta abarcar demasiadas cosas al mismo tiempo, este no logra desarrollar las diversas subtramas de manera satisfactoria. Aún cuando Jan logra unir ciertas piezas del rompecabezas que conforma el relato, al final del día estas carecen de importancia ya que por momentos gran parte de los elementos que le dan vida a la historia resultan ser tan inconexos que carecen de sentido. Y es que aparentemente la lógica no está invitada a Malpertuis, un lugar que arrastra a la locura tanto a los personajes que interactúan en el film, como al mismo espectador.

Ya en el último tramo del film, Kümel le entrega algunas respuestas al espectador no sin antes plantearle nuevas interrogantes. Esto provoca que la resolución de la historia no solo se presente de golpe, sino que además resulte ser tan críptica que cuesta descifrarla del todo. Y es que el anárquico final se presenta a través de una red de sueños entrelazados, lo que refuerza la idea de que “Malpertuis” es una cinta completamente delirante. Para colmo, el hecho de que la producción concluya citando la frase de Lewis Carroll, “¿qué es la vida, sino un sueño?”, dificulta aún más la tarea de distinguir que hechos son reales y cuales son tan solo el producto de la febril imaginación del protagonista. En cuanto al aspecto interpretativo del film, si bien el elenco en general realiza un buen trabajo, quien más se destaca es Susan Hampshire ya que al menos interpreta a cuatro personajes, cada uno de los cuales posee una personalidad y una apariencia bien definida. En el caso particular del Orson Welles, este interpreta a la perfección a un hombre consumido por sus propias ansias de poder, el cual no solo es déspota y glotón, sino que además es un alquimista en extremo manipulador, cuyo plan maestro resulta ser demasiado macabro como para ser comprendido por el incauto protagonista.

En relación al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el maravilloso y atmosférico trabajo de fotografía de Gerry Fisher, con la efectiva banda sonora del compositor Georges Delerue, y con el deslumbrante diseño de producción de Pierre Cadiou de Conde, quien es el gran responsable de que Malpertuis se convierta en un personaje más de la historia, gracias a que los oscuros y tenebrosos pasillos, las interminables escaleras de caracol, los bellos jardines, y la lúgubre catedral que se encuentra en su interior, le otorgan una innegable e inconfundible personalidad al caserón dominado por Cassavius. “Malpertuis” es una cinta extraña que apela más a estimular los sentidos del espectador que a contar una historia. Tal y como sucede con los sueños, el film de Kümel resulta ser tan delirante y surrealista que resulta imposible otorgarle una sola interpretación. Es a raíz de esto que cuando los ejecutivos de la United Artist vieron la versión original de la cinta, obligaron a Kümel a reducir el metraje de dos horas de duración, a tan solo una hora y media, lo que inevitablemente convirtió a la producción en una experiencia aún más críptica de lo que ya era. Aún cuando la obra de Kümel es claramente imperfecta, “Malpertuis” ha sido descrita en múltiples ocasiones como un film de culto, el cual fusiona sin pudor alguno erotismo, horror visceral, surrealismo, teología, alquimia, y elementos sobrenaturales, lo que da como resultado que esta sea considerada como una de las producciones más peculiares en las que alguna vez participó Orson Welles.



por Fantomas.

martes, 1 de diciembre de 2009

Hols, Prince of the Sun: El debut como director de Isao Takahata.

“Hols: Prince of the Sun” (1968), es una película animada del director Isao Takahata.

Mientras Hols se enfrenta a una manada de lobos, se topa con un gigante de piedra llamado Moog. Pese a que su relación no comienza de la mejor forma, Hols se gana la gratitud del gigante cuando le remueve la llamada “Espada del Sol” de uno de sus hombros. La espada mágica cobrará cierta importancia cuando el moribundo padre de Hols, lo envíe a él y a su mascota Coro de regreso al pueblo de pescadores del cual ellos huyeron años atrás luego que el demonio Grunwald arrasara todo a su paso.


La historia de “Hols: Prince of the Sun” fue extraída por el guionista Fukazawa Kazuo del libro “Chikisani no Tairyou”, el cual fue escrito para el teatro de títeres. Dicho libro se basaba en una antigua leyenda de los Ainu (grupo étnico indígena que en algún momento vivió en la parte septentrional de Japón), y la adaptación cinematográfica de esta se realizaría en uno de los momento más álgidos vividos al interior de los estudios Toei Doga. Entre 1965 y 1968, los empleados del estudio cansados de la gran cantidad de horas de trabajo y el bajo sueldo que recibían, comenzaron a agruparse en sindicatos lo que desencadenó numerosas huelgas. En este clima de agitación, el proyecto le fue confiado al veterano animador Yasuo Otsuka, quien utilizó su influencia (y tal vez la voluntad de los dirigentes sindicales de disfrutar de cierta libertad creativa) para desarrollar una propuesta animada más adulta que gozara de cierta autonomía, lo cual era inusual en aquella época.

En el desarrollo de la historia, Otsuka contó con la colaboración de un grupo de artistas de primer nivel, con los cuales compartía el deseo de experimentar y realizar progresos en el mundo de la animación, consiguiendo de esta forma construir una propuesta que le resultara atractiva a un público de todas las edades. Entre los jóvenes talentos que trabajarían junto a Otsuka, se encontraba Hayao Miyazaki quien oficiaría de animador principal, e Isao Takahata, a quien Otsuka le cedería la animación de la cinta, reservándose para sí el papel de director de la animación (cabe recordar que estos dos hombres posteriormente serían los fundadores del celebrado Studio Ghibli). En su debut cinematográfico, Takahata se caracterizaría por su perfeccionismo y su preocupación por los detalles. Como director no dejó nada al azar, preocupándose en particular del hecho de que los personajes presentaran expresiones coherentes con las situaciones a las cuales se veían enfrentados, no dejando lugar alguno para la exageración o la aproximación.

En cuanto a la historia en sí, nos encontramos con el clásico enfrentamiento entre el bien y el mal. Desde el momento en que el padre de Hols le comunica al joven cual es su destino, nosotros seguimos la travesía del protagonista y su mascota hacia la villa en la cual deberá enfrentar a su demoníaca némesis. A sabiendas del peligro que representa el pequeño, Grunwald intentará arrastrar a Hols al lado oscuro sin buenos resultados. A su llegada al pueblo y tras realizar un acto heroico, Hols logrará formar lazos de amistad con algunos de los jóvenes del lugar, aunque al mismo tiempo provocará la envidia y la desconfianza del Jefe de la Villa y de Drago, su maquiavélico asesor. Al mismo tiempo, conocerá a una virginal doncella llamada Hilda, la cual supuestamente es víctima de una maldición, y la que aparentemente esconde más de un secreto.

Lejos de ser solo otro relato fantástico de aventuras, “Hols: Prince of the Sun” intenta ser un llamado a la revolución, tanto política como temática, en el medio de la animación. Miyazaki y Takahata formaban parte de una generación de jóvenes bien educados quienes deseaban que se pusieran en práctica ideas izquierdistas en un Japón post-guerra que parecía estar perdiendo el rumbo. Las décadas del cincuenta y el sesenta se caracterizaron por un creciente consumismo en la sociedad japonesa, al mismo tiempo que Japón pasaba a jugar un rol importante en la guerra de los Estados Unidos contra el comunismo asiático. Es por esta razón que tanto Miyazaki como Takahata querían que esta cinta fuese el equivalente animado del manga marxista desarrollado por Sanpei Shirato, además de lograr que esta producción retratara su descontento con el cada vez más mediocre medio televisivo. Es por este motivo que el film presenta escenas de realismo psicológico, como por ejemplo aquella en la que luego que Hols regresa de asesinar a un pez gigante responsable de la muerte de uno de los habitantes de la villa, este es atacado por el pequeño Flep, quien está enfurecido porque le han quitado la oportunidad de vengar a su padre.

Además, la cinta presenta la diferencia entre el arte “real” y “falso”, y su uso como opio para las masas, junto con la idea de cómo el miedo lleva a la gente a realizar cosas malas (es ahí donde entran las mascotas de Hilda, que bien podrían representar al bien y al mal presente en nuestros pensamientos), y aquella que señala que la unión de las personas es la mejor arma contra los grandes monstruos que amenazan nuestra existencia (monstruos que en la película no hacen más que representar la amenaza del fascismo). Aunque supuestamente todos los involucrados en la realización de esta cinta gozaban de cierta libertad creativa, de todas formas los ejecutivos de la Toei los obligaron a insertar a algunos animales parlantes, monstruos gigantescos al más puro estilo de Godzilla, algunos números musicales, y variadas escenas de acción, elementos que uno espera encontrar en una película para niños, los cuales sin embargo se balancean de manera perfecta entre el drama y la inocencia.

El diseño de la animación es bastante más básico que el que presenta la animación actual, pero no por eso esta no resulta atractiva. Debido a que la historia se desarrolla en un escenario escandinavo, no nos encontramos con colores demasiados brillantes, lo que refleja un poco el tono de la historia. La animación es sorprendentemente fluida, en especial en las escenas de acción. Tal vez la única falencia en este sentido, sea la utilización de “secuencias fotográficas” que sirven para describir lo ocurrido por ejemplo, en escenas que involucran a un gran número de bestias y personas. Esto probablemente responde a que dichas escenas no eran técnicamente realizables en aquella época, o que el presupuesto con el que se contaba no era suficiente. La fotografía de Jiro Yoshimura es sencillamente impecable, al igual que la banda sonora de Michio Mamiya.

“Hols: Prince of the Sun” es una espléndida película animada que fusiona de buena manera varios elementos míticos con algunas ideas políticas, dando como resultado una historia de gran calidad rodeada de un halo místico y legendario. En líneas generales, esta es una producción para niños la cual oculta algunos mensajes dirigidos directamente a un público adulto. Por esta misma razón, al momento de su estreno la cinta tuvo mayor repercusión en el público adolescente que en el público infantil. “Hols: Prince of the Sun” presenta varias escenas de acción bien orquestadas, una escena bastante surrealista que involucra a nuestro protagonista perdido en una especie de limbo, personajes queribles, y el suficiente drama como para considerarla como una de las buenas producciones animadas que ha salido de Japón. Demás está decir que la cinta ha envejecido de buena manera, y que se la recomiendo a todos aquellos que quieran explorar uno de los primeros trabajos de Isao Takahata y Hayao Miyazaki, dos grandes de la animación japonesa.


por Fantomas.

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