miércoles, 22 de julio de 2015

The Bat: Cada vez que "El Murciélago" vuela, alguien muere.

“The Bat” (1959), es un thriller de misterio del director Crane Wilbur, el cual está protagonizado por Vincent Price, Agnes Moorehead y Gavin Gordon.

Cuando la escritora de misterio Cornelia Van Gorder (Agnes Moorehead) decide rentar una lúgubre casa en las afueras de Nueva York, cerca de la cual hace un tiempo un criminal conocido como “El Murciélago” cometió una serie de violentos asesinatos, jamás pensó que ella se vería envuelta en una trama digna de sus novelas. Y es que al parecer, el Murciélago está rondando la mansión con intenciones desconocidas, lo cual obligará a la escritora a descubrir el misterio que encierra el lugar antes de convertirse en la próxima víctima del criminal.

 

En el año 1920, Avery Hopwood y Mary Roberts Rineheart estrenaron en Broadway el melodrama de misterio “The Bat”, el cual además de contar con un éxito increíble a nivel comercial, que se extendió durante 867 presentaciones, eventualmente sería adaptado al cine por el director Roland West en el año 1926, y nuevamente cuatro años más tarde bajo el título “The Bat Whispers” (1930), film que en numerosas ocasiones se ha mencionado como una de fuentes de inspiración que llevó a Bob Kane y Bill Finger a crear al icónico personaje de historietas Batman. Aproximadamente treinta años más tarde, el guionista y director Crane Wilbur llevaría una vez más la obra de Hopwood y Rineheart a la pantalla grande, está vez con el actor Vincent Price a la cabeza, quien durante la década del cincuenta había logrado establecerse como una figura importante dentro del cine de terror gracias a su participación en cintas como “House of Wax” (1953), “The Mad Magician” (1954) y “The Fly” (1958). En una entrevista otorgada al programa de conversación “Sinister Image” en el año 1987, Price reveló que la obra teatral “The Bat” lo había aterrorizado cuando era pequeño, y que aceptó el rol en el remake de Wilbur porque pensó que el director sería capaz de revivir la obra y actualizarla de manera eficiente. Sin embargo, en esa misma oportunidad el actor no pudo esconder su desilusión con el resultado final, reconociendo que el mayor problema de la producción era su flojo guion.

En gran medida, “The Bat” relata una seguidilla de allanamientos de morada con consecuencias fatales. La protagonista del film es Cornelia Van Gorder, una escritora de misterio que en compañía de su inseparable criada Lizzie Allen (Lenita Lane), ha decidido rentar una vieja y solitaria casa con el objetivo de encontrar la inspiración necesaria para escribir su próxima novela. El dueño de esa casa resulta ser John Fleming (Harvey Stephens), quien es el gerente del banco local, al cual ha desfalcado en aproximadamente un millón de dólares, los que aparentemente ha escondido en algún lugar del domicilio. Cuando Fleming le revela el crimen que ha cometido a su amigo, el Dr. Malcolm Welles (Vincent Price), durante un viaje de cacería, este último decide sacar provecho de la situación y termina asesinándolo para así poder quedarse con todo el dinero. Desde ese momento en adelante, la vieja casa de Fleming se convertirá en la escena de una serie de allanamientos de morada y de un par de asesinatos, cometidos por un criminal enmascarado conocido como “El Murciélago”, quien posee un largo historial de asesinatos sin resolver. Será responsabilidad del Teniente Andy Anderson (Gavin Gordon) descubrir la verdadera identidad del psicópata, quien no dudará en eliminar a todo aquel que se interponga entre él y el dinero que se esconde en la mansión Fleming.

 

Si algo llama la atención de “The Bat”, es precisamente la apariencia y el modus operandi del principal villano del film. Ataviado con una máscara, un sombrero, y un par de guantes de cuero equipados con unas garras de acero con las cuales les desgarra el cuello a sus víctimas, el criminal merodea de forma constante la mansión de Fleming en búsqueda del dinero que el ejecutivo escondió en el lugar. No contento con esto, el asesino incluso utiliza murciélagos reales para atacar a sus víctimas a distancia, con la esperanza de no tener que intervenir de manera directa en sus muertes. Más allá de las características del “Murciélago”, resulta interesante el hecho de que son varios los elementos que se conjugan en la trama de “The Bat” para darle vida al misterio central de la historia. Además del misterio concerniente a la identidad del criminal, está la interrogante con respecto a la ubicación del dinero, las dudas que genera el enigmático pasado del chofer/mayordomo (John Sutton) de la protagonista, y la posibilidad de que alguna de las mujeres que eventualmente deciden alojarse en la siniestra mansión, pueda estar actuando como cómplice del asesino. Lamentablemente, el misterio central está tan pobremente construido, que de poco sirve que este posea diversas aristas. El hecho de que la cantidad de sospechosos sea limitada, y que la mayoría de estos sean asesinados por el psicópata, provoca que la solución de la principal interrogante del film sea bastante predecible y por ende, que el clímax del relato carezca de real emoción.

Otra cosa que resulta curiosa con respecto a “The Bat”, es la relación que mantiene Cornelia Van Gorder con Lizzie Allen, la cual en varias ocasiones se ha mencionado que presenta un marcado tinte lésbico, aun cuando en la época en la cual se filmó la película la homosexualidad era un tema tabú. Por un lado, Cornelia es retratada como una mujer segura de sí misma, exitosa, y carismática, que ejerce un evidente control sobre quienes la rodean, es especial sobre la fiel Lizzie Allen. A esto se le suma el hecho de que ambas mujeres comparten habitación, y que pasan gran parte de la película vestidas solo con unos camisones para dormir que esconden una cierta sensualidad, considerando que se trata de un par de mujeres de mediana edad. Obviamente reflejan una particular cercanía, que provoca que el espectador al menos considere que su relación va más allá del mero aspecto laboral. Como si el director quisiera reforzar esta idea, en un momento de la historia incluye una peculiar conversación que poco tiene que ver con el desarrollo de la trama, en la cual Lizzie asegura que no hay manera de que alguna vez establezca una relación sentimental con un hombre. Ya en el último acto del film, Cornelia se ve rodeada de tres mujeres, las cuales curiosamente han decidido refugiarse del asesino en la mismísima mansión que acecha noche tras noche. De esta manera, se conforma un escenario cuasi metafórico en el cual las cuatro mujeres vestidas solo con sus camisolas, corren por los diversos pasillos de la casa huyendo de la siniestra figura masculina, la cual se alza como el macho alfa en un mundo donde los hombres son impotentes o sencillamente maquiavélicos.

 

Más allá del buen trabajo interpretativo de Agnes Moorehead, quien al menos construye a una protagonista carismática con una personalidad definida, quien realmente se destaca es Vincent Price aun cuando su personaje es secundario. El hecho de que en un principio se revele como un asesino a sangre fría con un particular interés por los murciélagos, para posteriormente mostrarse como uno de los principales interesados en atrapar al criminal de turno, le otorga una interesante ambigüedad. El resto del elenco realiza una labor que va desde lo correcto hasta lo sencillamente mediocre, lo que le resta relevancia a gran parte de los personajes secundarios. En cuanto al aspecto técnico de la producción, uno de los puntos altos está representado por el trabajo de fotografía de Joseph F. Biroc, quien no solo demuestra un gran manejo de la luz y las sombras, sino que además logra de forma exitosa que los mediocres sets en los que se desarrolla la historia, luzcan lo suficientemente amenazantes como dotar al film de una atmósfera claustrofóbica. Otro de los puntos altos de la cinta es la jazzística banda sonora compuesta por Alvino Rey, la cual lamentablemente a medida que avanza el relato va perdiendo efectividad, ya que la misma pieza musical es reutilizada en incontables ocasiones.

“The Bat” es un pequeño film que posee una serie de elementos interesantes, como por ejemplo su premisa, las actuaciones de Agnes Moorehead y Vincent Price, y la apariencia del asesino, pero que al final del día termina convirtiéndose en un producto fallido debido a que el director no supo explotar todo el potencial que poseía la historia original. Crane Wilbur comete una serie de errores que rayan en lo incomprensible, entre los que se encuentran la inclusión de los personajes interpretados por Riza Royce y Darla Hood, que no aportan en absoluto al desarrollo de la trama, la utilización de pistas falsas que bordean lo insultante, y la formulación de un estilo narrativo cuasi circular en el que determinados escenarios y situaciones se repiten en un loop continúo a lo largo del film. Además de todo esto, el pausado ritmo narrativo que posee la cinta termina exacerbando los errores cometidos por el director, en especial aquellos que tiene que ver con la sumatoria de minutos de metraje a expensas de escenas sin ningún valor dramático. Por último, el tinte teatral que por momentos exhibe la película, provoca que ciertas escenas luzcan algo acartonadas, restándole verosimilitud a un relato donde las coincidencias convenientes están a la orden del día. A raíz de todos estos problemas, “The Bat” termina presentándose como una película recomendable solo para los seguidores de la filmografía de Vincent Price, para los entusiastas por las historias de misterio, y para aquellos espectadores que les despierte cierta curiosidad ver insinuaciones vagas de una relación sáfica entre dos mujeres mayores en una producción de la década del cincuenta.

por Fantomas.

sábado, 18 de julio de 2015

Kiss Kiss Bang Bang: El debut como director de Shane Black.

“Kiss Kiss Bang Bang” (2005), es una comedia de misterio del director Shane Black, la cual está protagonizada por Robert Downey Jr., Val Kilmer, y Michelle Monaghan.

Harry Lockhart (Robert Downey Jr.) es un ladrón que tras un golpe de suerte, es llevado a Los Ángeles para participar en una prueba de cámara para una producción hollywoodiense. Sin embargo, tras algunos malos entendidos se ve involucrado en la investigación de un par asesinatos junto a la chica de sus sueños (Michelle Monaghan), y un detective (Val Kilmer) que lo ha estado entrenando para su futuro papel.

 

El guionista Shane Black comenzó cimentar su reputación a temprana edad en Hollywood. Cuando solo tenía 26 años, Black escribió el guion de “Lethal Weapon” (1987), cinta que en cierta medida funcionó como la precursora de un subgénero denominado como “buddie movies”, que no es otra cosa que esas películas de compañeros obligados a trabajar juntos con tal de lograr un objetivo en común pese a sus gigantescas diferencias. Tras este prometedor inicio, a fines de los ochenta y principios de los noventa, Black logró establecerse como una suerte de gurú del cine de acción gracias a su trabajo en films como la incomprendida “Last Action Hero” (1993), y las subvaloradas “The Last Boy Scout” (1991) y “The Long Kiss Goodnight” (1996). Tras años de estar tras las cámaras, con “Kiss Kiss Bang Bang”, título que alude a la recopilación de artículos de la crítica cinematográfica Pauline Kael publicada en 1968, Shane Black por fin hacía su debut como director, filmando una historia que rescataba el subgénero que él había ayudado a crear, y que a la vez funcionaba como un llamativo homenaje a las tramas de las novelas pulp con las que él creció. Curiosamente, aunque Black había decidido adaptar la novela “Bodies are where you find them”, del escritor Brett Halliday, le tomó más de un año escribir el guion por encontrarse con un bloqueo creativo. Lo que es peor, es que cuando terminó de escribirlo, su reputación de poco sirvió a la hora de conseguir financiamiento para su proyecto. Eventualmente sería Joel Silver, el mismo productor que se fijó en el guion de “Lethal Weapon”, quien aceptaría financiar la cinta.

En “Kiss Kiss Bang Bang”, el protagonista es un ladrón de poca monta llamado Harry Lockhart, quien al inicio del film irrumpe en una tienda para conseguirle un juguete a su sobrina. Cuando Harry y su compañero de fechorías se disponen a abandonar el lugar, son tiroteados por una civil, quien termina hiriendo a Harry y asesinando a su cómplice. Con la policía tras sus talones, Lockhart se refugia en un edificio cercano solo para percatarse que de forma accidental se ha involucrado en una audición para una película hollywoodiense. Como el guion se asemeja a su experiencia reciente, él expresa toda su frustración y su ira por lo sucedido, lo que impresiona al productor Dabney Shaw (Larry Miller), quien decide llevarlo a Hollywood para una prueba de cámara, no sin antes pedirle que haga equipo con un detective apodado Gay Perry, para que así obtenga algo de experiencia real que pueda ayudarlo con su nueva carrera en la actuación. En otro punto de la ciudad de Los Ángeles vive Harmony Faith Lane, quien inspirada por la serie de novelas del detective “Johnny Gossamer” que leía cuando pequeña, continúa probando suerte como actriz sin demasiado éxito. Será el destino el encargado de reunir a estos dos personajes, quienes además fueron amigos durante la infancia. Impulsado por la atracción que Harry siempre ha sentido por Harmony, este decide mentirle y asegurarle que ahora trabaja como detective privado, lo que será de gran utilidad para la aspirante a actriz cuando su hermana es encontrada muerta en un hotel. Ahora, involucrado en dos casos de asesinato, Lockhart y compañía se verán envueltos en una trama plagada de intrigas, cadáveres, tiroteos y sorpresas, de la cual puede que no logren salir con vida.

 

Básicamente, “Kiss Kiss Bang Bang” es un ejercicio de irreverente reciclaje, en el que Black toma elementos de la novela y el cine negro de los años cuarenta, para fusionarlos con la comedia y la esfera artificial de la industria cinematográfica hollywoodiense. Es por esto que no resulta extraño que los personajes sigan la metodología de un detective ficticio protagonista de unas novelas pulp, el cual es una clara referencia a los personajes creados por Raymond Chandler o Dashiell Hammet, o que el protagonista oficie como un peculiar narrador que no solo omite algunos detalles de su relato, sino que también equivoca su discurso solo para corregirlo algunos segundos más tarde. De la misma forma, Black toma como inspiración los trabajos de Chandler a la hora de dividir de manera episódica el film, precisamente como si se tratara de una novela. Por otro lado, que el héroe de turno sea un ladrón de poca monta que ha sido puesto al amparo de un detective homosexual con el fin de preparar un papel, y que además finja ser un detective privado rudo y sagaz, resulta ser un constructo sumamente original que permite que el espectador rápidamente se identifique con él, principalmente porque funciona como una extensión de una audiencia deseosa de perderse en un mundo completamente ajeno a su realidad. La peculiar mezcla de influencias de las que bebe el guion, facilita que este se traduzca en una trama impredecible que gira en torno a dos cadáveres y que no huye a ningún tópico genérico; suicidios, mentiras, asesinatos, traiciones, torturas, oscuros secretos familiares y curiosas alianzas, pueden ser encontrados a lo largo del relato de Harry Lockhart.

Aun cuando Black se ha especializado en relatos que estudian los lazos masculinos, “Kiss Kiss Bang Bang” no está exenta de la presencia de una femme fatale de ambigua moralidad, incierta fidelidad y nombre sugerente. Harmony Faith Lane se las arregla para igualar tanto en ingenio como en sarcasmo a sus dos compañeros de aventuras, aunque esto al final del día termine exponiendo uno de los principales problemas del film. En gran medida, la relación que se establece entre Harmony y Harry funciona mediante una dinámica marcada por las bromas y los malos entendidos, elementos que se suceden con una velocidad tal que no dejan demasiado espacio para el desarrollo de los personajes o de la trama, lo que también provoca que por momentos el relato gire en círculos mareado por su propia exuberancia. De hecho, en un segmento de la película se repite la misma secuencia de eventos a los menos en dos oportunidades: los protagonistas concluyen que se han topado con un callejón sin salida que no les permite continuar con su investigación; posteriormente se separan, solo para eventualmente contactarse por teléfono para notificarle al resto que han descubierto algo vital para la solución del caso. Probablemente, la razón de esta suerte de déjà vu narrativo responda a que las múltiples separaciones y reuniones que experimentan los protagonistas, se presentan como una gran oportunidad para que Black despliegue su talento con los juegos de palabras y los diálogos inteligentes.

 

Robert Downey Jr. realiza un estupendo trabajo como Harry (y el narrador). El hecho de que el protagonista esté consciente de que está participando de una película, es sencillamente brillante, ya que contribuye a que su narración de los acontecimientos apunte hacia los clichés de Hollywood, los giros de tuerca de la trama, y los elementos que posteriormente cobrarán cierta importancia en la historia. Al mismo tiempo, su química con el personaje interpretado por Val Kilmer es sencillamente explosiva. Son ellos, sus diferencias, sus motivaciones y sus coloridas personalidades, la mejor prueba de porqué a Shane Black se le considera como el arquitecto de las ya mencionadas “buddie movies”. Michelle Monaghan por su parte, interpreta de buena manera a una mujer que es ruda, sexy e independiente, aun cuando a los ojos de Harry es una suerte de damisela en desgracia a la cual debe rescatar. Gracias a su particular personalidad y a su despampanante belleza, el espectador rápidamente comprende la razón por la cual el protagonista la considera la chica de sus sueños. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el magnífico trabajo de fotografía de Michael Barrett, el cual contribuye a otorgarle el toque “noir” al film, y con la efectiva banda sonora del compositor John Ottman, cuyo aire retro viene a reforzar la idea de que “Kiss Kiss Bang Bang” es un producto que funciona como homenaje y como parodia de las tramas detectivescas clásicas.

“Todo lo que necesitas para realizar una película es una chica y una pistola”, dijo Jean-Luc Godard en una ocasión cuando se encontraba promocionando el film “Bande à part” (1964), aludiendo a lo que el público necesitaba para ir a las salas de cine. Algunos años más tarde, la ya mencionada Pauline Kael depuró esa idea luego de ver el afiche de una película en Italia cuya traducción era “Kiss Kiss Bang Bang”. “Estas cuatro palabras”, afirmó ella, “son quizás la declaración más breve imaginable del atractivo básico de las películas. El atractivo es lo que nos atrae y lo que finalmente nos desespera cuando empezamos a darnos cuenta que rara vez las películas son algo más que eso”. En gran medida, el film de Shane Black es el típico caso de “estilo sobre sustancia”, lo que no le permite igualar lo realizado por cintas como “The Big Lebowski” (1998) y “The Long Goodbye” (1973), las cuales se alzan como dos exitosos ejercicios de reformulación de los misterios propios del cine negro, como odiseas cómicas que se mantienen fieles a la ironía pesimista y al fatalismo contagioso propio del género. Pese a esto, “Kiss Kiss Bang Bang” se destaca por ser una película con un timing cómico impecable, plagada de momentos brillantes y excesivos. Con una trama que es macabra, original y divertida por partes iguales, es imposible no percatarse de la elegancia autoparódica que ostenta el film de Black, que con el tiempo se ha convertido en una verdadera obra de culto.

por Fantomas.

jueves, 16 de julio de 2015

Zimmer 13: Un Krimi que funciona como un proto-giallo.

“Zimmer 13” aka "El Misterio Del Cuarto Número 13" (1964), es un thriller de misterio del director Harald Reinl, el cual está protagonizado por Joachim Fuchsberger, Karin Dor y Eddi Arent.

Cuando Sir Robert Marney (Walter Rilla), distinguido miembro del parlamento, recibe la visita de Joe Legge (Richard Häussler), un viejo conocido al cual ayudó a huir al extranjero después de un atraco varios años atrás, el diplomático se ve en la obligación de contratar a un detective privado llamado Johnny Gray (Joachim Fuchsberger) para que proteja a su hija Denise (Karin Dor). De manera simultánea, Gray se ve involucrado en la investigación de los asesinatos de unas muchachas cuyos cuellos han sido cortados con una navaja de afeitar, los cuales según Scotland Yard, parecen guardar relación con el calculador Joe Legge y su concurrido club nocturno.

 

Tras realizar 16 adaptaciones de la obra de Edgar Wallace, la productora germano-danesa Rialto Film en sociedad con la productora francesa Société Nouvelle de Cinématographie, quiso cambiar su exitosa y probada fórmula comercial, con la intención de captar la atención de una audiencia ávida de emociones más fuertes. Con esa idea en mente, a mediados de 1963 el productor Horst Wendlandt le encargó al periodista y guionista Will Tremper, la adaptación de la novela “Angel Esquire”, publicada en 1908. Sin embargo, tras leer en el periódico una noticia acerca de un espectacular robo ocurrido a un tren de correos que viajaba de Londres a Glasgow, Wendlandt le pidió a que Tremper que incorporara dicho robo en un guión basado en la novela de Wallace titulada “Room 13”, el cual había sido escrito previamente por Heinz Oskar Wuttig. Lamentablemente para Wendlandt, el trabajo realizado por Tremper no resultaría como él esperaba. En compañía del director Harald Reinl, el guionista no solo incluyó un par de escenas de striptease, de las cuales una presentaba un desnudo parcial, sino que además escribió una escena de violencia gráfica que para la época rayaba en lo obsceno. Como consecuencia de esto, el organismo de censura cinematográfico alemán o FSK, calificó a la película para mayores de 18 años, lo que significó un duro golpe para Wendlandt y sus asociados, quienes pese a quitar las polémicas escenas, no lograron que la FSK cambiara su decisión. A raíz de esto, “Zimmer 13” se convirtió en una de las adaptaciones alemanas de Edgar Wallace menos exitosas comercialmente hablando de la serie.

A poco de comenzada la película, el espectador conoce al infame gánster Joe Legge, quien se presenta en la mansión de Sir Robert Marney con la intención de chantajearlo, y así lograr que este lo ayude a ejecutar el robo de un tren, el cual ha estado planeando minuciosamente durante el último tiempo. Cuando Marney se niega a ayudar a Legge, aun a sabiendas de que su negativa puede significarle la pérdida de su intachable reputación, el criminal amenaza con asesinar a su hija Denise, forzando al diplomático a seguir su macabro juego. Temeroso por la seguridad de su hija, Marney contrata a Johnny Gray, uno de los mejores detectives de Londres, quien le insiste que por el momento es mejor acceder a las demandas del gánster. Con el escenario establecido y con gran parte de los protagonistas presentados, todas las pistas de esta frenética película de misterio comienzan a apuntar a un club nocturno llamado Highlow, donde una serie de mujeres han sido asesinadas recientemente por lo que parece ser un asesino serial. Cuando Scotland Yard finalmente se involucra en esta sórdida trama de secretos y violencia, Gray en compañía del Dr. Higgins (Eddi Arent) y Sir John (Siegfried Schürenberg), dos de los mejores agentes de la policía británica, tendrá que responder las siguientes interrogantes: ¿El próximo robo al tren guarda alguna relación con la serie de asesinatos; cuál es la verdadera motivación del asesino; y por último qué esconde el misterioso cuarto número 13 que se encuentra al interior del club Highlow?

 

Como sucede en gran parte de los Krimi de la Rialto, “Zimmer 13” maneja diversas subtramas cuya eventual intersección da como resultado que el tramo final de la cinta se vuelva más complejo de lo necesario. Si bien la subtrama que tiene relación con el robo del tren es desarrollada sin mayores complicaciones, dejando muy pocas interrogantes con respecto a su ejecución y sus potenciales consecuencias, cuando esta se entrelaza con los asesinatos y con la misteriosa historia de la fallecida madre de Denise, todo el asunto adquiere un cariz completamente distinto. Lo que en un principio parece ser el relato de un brillante robo a un tren cargado de dinero, rápidamente se convierte en un misterio gótico con una fuerte carga psicológica, que en muchos sentidos funciona como un pre-giallo. El simple hecho que el asesino de turno utilice una navaja de afeitar como arma, que sus víctimas predilectas sean en su mayoría mujeres que trabajan en el club nocturno de Legge, y los pequeños indicios que apuntan a que tras estos actos atroces puede esconderse una motivación de tipo psicológica, permite trazar ciertos paralelos con el subgénero que nació con el estreno del film “La Ragazza che Sapeva Troppo” (1963), del director Mario Bava, y que posteriormente depuraría Dario Argento con la cinta “L'uccello dalle piume di cristallo” (1970). Además de los aspectos narrativos mencionados, “Zimmer 13” también se acerca a las convenciones visuales que eventualmente se establecerían en el giallo, gracias a la presencia de una breve escena de desnudo parcial, y a otra escena en la cual es posible ver el patrón de salpicadura de sangre de una de las víctimas del perturbado criminal.

Más allá del tono macabro que rodea a los asesinatos, como todo buen krimi, “Zimmer 13” no está exenta de algunos toques de comedia que son utilizados de manera tal que disminuyen los niveles de tensión del film, sin necesariamente restarle demasiada seriedad a la trama central. En esta oportunidad, es Eddi Arent y su peculiar personaje del Dr. Higgins, el encargado de brindarle pequeños quiebres cómicos a la cinta. Básicamente, Higgins trabaja como científico para Scotland Yard, y bien podría considerarse como la versión del Krimi de Q de la serie de James Bond, con la excepción que el personaje interpretado por Arent posee una extraña obsesión con un maniquí llamado Emily. Será precisamente Higgins quien se convierta en el principal aliado de Johnny Gray durante la investigación, la que además le permitirá poner en práctica algunos de sus ingeniosos inventos. En contraste con la naturaleza del personaje de Arent, se encuentra la atmósfera sórdida y pesimista que domina al film, la cual está construida en base a una serie de imágenes que mezclan de manera perfecta elementos del cine negro y el género gótico. En este aspecto, se vuelven especialmente importantes la mansión de Sir Robert Marney, el sombrío camino que lleva a la misma, el salón principal del club Highlow, y por último los múltiples recovecos del mentado club, los cuales amenazan con convertirse en una verdadera trampa mortal para quienes se atrevan a entrar a los dominios de Joe Legge.

 

En cuanto a las actuaciones, Joachim Fuchsberger, uno de los actores más reconocibles del mundo del Krimi, realiza un espléndido trabajo interpretando a Johnny Gray, un detective serio y determinado que no puede evitar sentirse atraído por Denise Marney, lo que lo lleva a hacer todo lo que está a su alcance para protegerla. Quizás a raíz de esto mismo, resulta curiosa la poca emoción que expresa su personaje cuando eventualmente la relación entre ambos se ve afectada por los acontecimientos en los que se ven envueltos. Dicho sea de paso, la química entre Fuchsberger y Karin Dor es innegable, lo que le otorga un grado más de realismo a la relación que ambos desarrollan a lo largo del film. En el caso puntual de la actriz, su interpretación resulta ser uno de los puntos altos de la cinta, en especial en aquellos momentos en los que Denise no puede evitar perderse en la distancia mientras medita acerca de los horrores que le esperan. Por último, el resto del elenco participante también realiza una labor encomiable, en especial Richard Häussler, cuya interpretación de Joe Legge ayuda a que el personaje se convierta en un villano interesante acorde con el tono de la historia. Por otro lado, en lo que respecta al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de fotografía de Ernst W. Kalinke, el pulcro diseño de producción de Walter Kutz y Wilhelm Vorwerg, y la siempre efectiva y dinámica banda sonora del compositor Peter Thomas.

“Zimmer 13” es un atmosférico Krimi que pasa una gran cantidad de tiempo explorando temas propios del género gótico y del policial, al mismo tiempo que desarrolla una historia llena de secretos, chantajes, secuestros, y asesinatos. El tono del film es oscuro, más aun cuando comienza a adentrarse en el submundo criminal controlado por Joe Legge, el cual de improviso se ve inundado por una serie de brutales crímenes. Si bien la inclusión del personaje interpretado por Eddi Arent puede ser considerada como uno de los pequeños desaciertos que presenta la cinta dirigida por Harald Reinl, este resulta ser lo suficientemente divertido como para obviar que su personalidad es sumamente contrastante con el resto de los elementos de la película. Aun cuando no es el mejor exponente del súbgenero conocido como Krimi, “Zimmer 13” cuenta con méritos suficientes como para merecer la atención del espectador que se encuentra en búsqueda de un relato de misterio capaz de conjugar de manera exitosa elementos de diversas fuentes e influencias, el cual además se beneficia de un elenco espléndidamente conformado, y de un magnífico aspecto técnico cuya calidad se refleja en cada una de las imágenes de este interesante thriller policial.


por Fantomas.

martes, 14 de julio de 2015

The Believers: Santería, Brujería, Vudú y otras especies en Nueva York.

“The Believers” (1987), es un thriller de horror del director John Schlesinger, el cual está protagonizado por Martin Sheen, Helen Shaver y Robert Loggia.

Después de la muerte de su esposa, el psiquiatra Cal Jamison (Martin Sheen) decide mudarse a Nueva York junto a su hijo Chris (Harley Cross). En dicha ciudad, se le pide que participe en la investigación de los asesinatos de dos niños, los cuales parecen haber sido sacrificados durante una especie de ritual. Lamentablemente para él, su escepticismo lo llevará a acercase más de la cuenta a los responsables de los crímenes, quienes aparentemente han seleccionado a su hijo como su próxima víctima.

 

Existe un miedo transversal que ha sido retratado en un número no menor de cintas de horror durante el transcurso de los años, y que tiene que ver con los peligros que esconden las fuerzas siniestras que se encuentran merodeando en distintas partes del globo, ya sean terrenales o espirituales. Dentro de este subgrupo de cintas, existe un puñado de producciones que se ha centrado específicamente en diversas sectas dedicadas a la adoración de Satán o de dioses paganos. ¿Cómo es posible verse involucrado en una secta? Si se logra formar parte de una sociedad secreta, ¿es necesario estar buscando nuevos miembros de manera activa? Preguntas como estás suelen surgir cada vez que se está ante una película que intenta retratar la existencia y el funcionamiento de un determinado culto satánico, que es precisamente el caso de “The Believers”, cinta del director John Schlesinger, responsable de clásicos como “Midnight Cowboy” (1969) y Marathon Man” (1976), la cual está basada en el libro de Nicholas Conde titulado “The Religion”. A primera vista, el guion escrito por Mark Frost guarda una serie de similitudes con algunas de las películas de temáticas satánicas que se filmaron durante las décadas del sesenta y el setenta, como por ejemplo “Rosemary Baby” (1968), en la cual un grupo de personajes adinerados residentes en la ciudad de Nueva York, se ven involucrados en prácticas moralmente cuestionables, cuyo objetivo central es hacerse con el alma de un inocente.

En “The Believers”, luego de que Cal Jamison y su pequeño hijo Chris presencian el terrible accidente que terminó con la vida de su esposa/madre, el cual involucró el malfuncionamiento de una cafetera, ambos buscan dejar el pasado atrás mudándose desde Minnesota a Nueva York. A su llegada a la Gran Manzana, los Jamison se instalan en un bonito vecindario en el cual también vive su inquilina, una atractiva mujer llamada Jessica Halliday (Helen Shaver), todo gracias a la gestión del amigo y abogado de Cal, Marty Wertheimer (Richard Masur), quien lo ha estado presionando para que persista con la demanda contra de la empresa fabricante de la cafetera. Una vez establecidos en su nuevo domicilio, Cal comienza a trabajar como psiquiatra para el Departamento de Policía de Nueva York, donde ayuda a oficiales que han pasado por situaciones traumáticas. Es así como conoce a Tom Lopez (Jimmy Smits), un ex-policía encubierto que aparentemente ha perdido la cordura, el cual está convencido que una nefasta secta está tras sus pasos. Según el perturbado oficial, los integrantes de la secta a la que tanto teme, son también los responsables de una serie de brutales crímenes rituales que se han estado cometiendo últimamente en la ciudad, cuyas víctimas son niños que no parecen tener nada en común. Ayudado por el Teniente Sean McTaggert (Robert Loggia), Cal se sumergirá en el mundo de la Santería, solo para descubrir con horror que existen cosas que ni la ciencia ni su mente racional pueden explicar.

 

“The Believers” se sumerge en la rica e inquietante mitología de la Santería, que básicamente es un conjunto de sistemas religiosos que funden creencias católicas con elementos propios de ciertas culturas africanas. Ya sea por ignorancia o por exigencias del guion, Schlesinger se preocupa de retratar a la Santería como una extraña fuerza mística de naturaleza poco definida, la cual en ocasiones se fusiona sin previo aviso con prácticas propias de la Brujería y el Vudú, y cuyo alcance cuasi omnipresente es revelado tanto de manera sutil como gráfica. Si algo se le ha criticado a “The Believers”, es que al igual que otras películas que se centran en algún tipo de religión caribeña, esta insiste en la noción de que los practicantes de este tipo de religiones son hombres sedientos de sangre, que buscan complacer a sus dioses y a su propia codicia a través de sacrificios de personas inocentes. Junto a este estereotipo negativo que históricamente han cargado las creencias menos tradicionales en el cine, la cinta hasta cierto punto promueve la práctica del catolicismo de manera casi panfletaria. ¿Es usted católico?, le preguntan de manera insistente al protagonista en varios pasajes del film, insinuando que su afiliación a la Iglesia católica puede protegerlo del mal que amenaza con destruir su vida y la de su hijo, y que su escepticismo no es otra cosa más que un boleto directo a su perdición.

En gran medida, la trama de “The Believers” se desenvuelve dentro de los parámetros del género policial. El misterio central de la historia es interesante, pero una vez que se revela quien está detrás del mal que se esconde en la ciudad de Nueva York, la cinta pierde algo de fuerza y el espectador termina con más preguntas que respuestas. Al mismo tiempo, la película intenta funcionar como un drama acerca de una familia fracturada que está intentando reconstruirse, y como un relato de horror sobrenatural. Son precisamente las escenas que se encasillan dentro del género del horror las que resultan ser las más efectivas del film. Estas escenas incluyen a un hombre con un cuchillo intentando remover unas serpientes que supuestamente se han albergado en su estómago, o la evolución de una especie de tumor que comienza a crecer en el rostro de Jessica Halliday, el cual eventualmente explota solo para permitir que decenas de arañas surjan de su interior. Mientras que la inclusión de este tipo de escenas ayuda a establecer el tono enfermizo que rodea a los actos realizados por los miembros de la secta, la decisión por parte del director de incluir otras escenas que poco tienen que ver con la trama, y que cuyo objetivo principal es retratar parte de la cotidianidad de determinados personajes, finalmente funcionan solo como una distracción y su adición resulta a lo menos cuestionable.

 

En general, el elenco realiza un buen trabajo considerando que el material del que disponían no es precisamente de lo mejor. Martin Sheen interpreta de buena manera a un personaje a ratos demasiado racional, el cual se encuentra en una encrucijada emocional y espiritual que por momentos escapa de su comprensión. Helen Shaver por su parte, realiza una labor algo irregular, aunque es innegable que tiene una gran química con su coprotagonista. Con respecto a la relación que se establece entre ambos, el hecho de que sea tan repentina no solo provoca que se sienta algo forzada, sino que además entorpece la interacción entre ambos y el pequeño hijo de Cal, a quien obviamente le cuesta aceptar a la nueva novia de su padre. Probablemente sea justo decir que la interpretación más efectiva de la cinta sea la de Jimmy Smits, como el policía que sabe más de lo que debería de la peligrosa secta. El actor hace un buen trabajo transmitiendo el horror que se esconde tras los infanticidios, y al mismo tiempo se encarga de establecer que el alcance de los poderes sobrenaturales de la secta no conoce límites. Quien viene a reforzar esta idea es Malick Bowens, quien interpreta al médico brujo Palo, el villano más aterrorizante del film. Por otro lado, en lo que se refiere a los aspectos técnicos destacables de la producción, se encuentra el atractivo trabajo de fotografía de Robby Müller, y la peculiar pero atmosférica banda sonora del compositor J. Peter Robinson.

Pese a la utilización de algunos artificios poco acertados, los dos primeros tercios de “The Believers” poseen un ritmo narrativo dinámico y una cantidad no menor de sordidez, en especial cuando se vuelve evidente que Chris puede convertirse en la próxima víctima de la secta. Sin embargo, el film pierde gran parte de su impacto durante su acto final, sobre todo cuando los miembros de la secta llevan a cabo un plan absurdo no solo para secuestrar a Chris, sino que también para que Cal se encargue de realizar el trabajo sucio. Es así como lo que en un principio comienza como un sutil estudio de ciertas creencias primitivas versus el racionalismo a toda prueba, termina convirtiéndose en un espectáculo granguiñolesco, adornado con algunas escenas de lucha pobremente coreografiadas, las que probablemente pueden provocarle alguna risotada a aquellos espectadores de mentalidad más cínica. Algo similar ocurre con la supuestamente perturbadora escena final de la película, la que deja abierta la posibilidad de que las fuerzas del mal vuelvan a acechar en un futuro a la familia Jamison. Aun cuando el guion de “The Believers” presenta algunos problemas evidentes, es un interesante relato urbano de misterio, que se las arregla para tocar temas como la fe, las creencias, y el amor tras la viudez, todo bajo un manto emocional y perturbador por partes iguales, lo que finalmente alza al film de Schlesinger como una de las buenas entradas del cine demoniaco de la década del ochenta.

por Fantomas.

viernes, 10 de julio de 2015

Torso: La muerte es la que mejor guarda los secretos.

“I corpi presentano tracce di violenza carnale” aka “Torso” (1973), es un giallo del director Sergio Martino, el cual está protagonizado por Suzy Kendall, Tina Aumont y Luc Merenda.

Una serie de violentos asesinatos se han estado cometiendo en las cercanías de un campus de una universidad de Perugia. A raíz de esto, una estudiante de intercambio llamada Jane (Suzy Kendall), decide irse con tres de sus amigas a una retirada villa en el campo con la esperanza de que la policía encuentre pronto al asesino. Sin embargo, cuando el psicópata se dispone a seguirlas, lo que comenzó como un viaje de placer se convertirá en una verdadera pesadilla.

 

Junto con los franceses, los japoneses y los norteamericanos, los cineastas italianos formaron parte fundamental en el proceso de revitalización del cine como industria y como fabricante de sueños durante las décadas del sesenta y setenta. Eso significó que a fines de los sesenta, Roma se convirtiera en uno de los epicentros de la industria cinematográfica, el cual no solo era capaz de albergar a directores consagrados como Federico Fellini, Pier Paolo Pasolini, y Sergio Leone, sino que además daba pie para que otro puñado importante de cineastas experimentara con diversos géneros y subgéneros. Fue así como en Italia se generó la clásica batalla entre el arte y el artificio, proceso en el cual Sergio Martino se alza como un ingeniero menor de todo el asunto, pero no por eso menos importante. En aquella época, el director cimentó su reputación creando una serie del films encasillados dentro del llamado género del giallo, nombre que hace referencia al color de las cubiertas de ciertas novelas policíacas baratas que fueron editadas en la década del treinta en Italia, y de las que el género toma gran parte de sus argumentos y elementos formales. De la mano de su colaborador habitual, el guionista Ernesto Gastaldi, Martino nuevamente explora su obsesión con los desnudos femeninos y con la violencia descarnada, tal y como lo había hecho anteriormente en “The Strange Vice of Mrs. Wardh” (1971), “Case of the Scorpion´s Tale” (1971), “All the Colors of the Dark” (1972), y “Your Vice is a Closed Room and Only I Have the Key” (1972).

“Torso” se desarrolla en Perugia, una pequeña ciudad italiana que alberga a cientos de estudiantes universitarios, y que se presenta como el escenario perfecto para estudiar y pasar los días disfrutando de la buena vida. Sin embargo, esa idílica presunción no tarda en quebrarse en miles de pedazos cuando una serie de estudiantes comienzan a ser asesinados por lo que parece ser un psicópata sexual. La policía está desconcertada con los asesinatos, y la única pista que poseen es un pañuelo rojo con negro que encontraron en una de las escenas del crimen. Todo esto provoca que las clases en la universidad sean rápidamente suspendidas, que es precisamente lo contrario a lo que desea una estudiante de intercambio llamada Jane, quien en el último tiempo se ha estado encariñando con uno de sus profesores, el encantador Franz (John Richardson). Lamentablemente para ella, la compleja situación que se está viviendo en la ciudad la obliga junto a un grupo de amigas, entre las que se encuentra Daniela (Tina Aumont), quien últimamente ha estado siendo acosada insistentemente por Stefano Vanzi (Roberto Bisacco), un viejo conocido de la infancia, a viajar a una aislada villa en medio de la campiña italiana hasta que el asesino sea atrapado por la policía y sea seguro regresar a la ciudad. Desafortunadamente para las muchachas, al parecer ellas y no el resto de los estudiantes, son el verdadero objetivo del psicópata, quien está decidido a terminar lo que comenzó en Perugia.

 

Aun cuando se incluyen una serie de pistas falsas durante el transcurso del film, “Torso” no presenta necesariamente un misterio demasiado complicado de resolver. De hecho, aproximadamente a la hora de metraje, es posible descubrir la identidad del villano mediante un sencillo proceso de eliminación. En esencia, se debe considerar a los pocos sospechosos que aún están con vida, analizar sus posibles motivos, y posteriormente es posible realizar una deducción relativamente acertada. Aunque la respuesta termina siendo bastante obvia, Martino se las arregla para que el camino hacia el clímax del film sea por sobre todo entretenido y envolvente. Mientras que por un lado el director utiliza los desnudos femeninos casi como si se trataran de un elemento narrativo más, al mismo tiempo demuestra la razón de porqué muchos de los giallos habitualmente son considerados como parte de la base estilística de lo que posteriormente sería el llamado género slasher, al retratar cada uno de los asesinatos desde la perversa perspectiva del asesino. Si bien todo esto resulta ser efectivo, especialmente a nivel visual, es en el último acto donde Martino realmente demuestra su habilidad como director. Mientras Jane se está recuperando de un pequeño accidente que le provocó una seria lesión en uno de sus tobillos, no le queda más remedio que presenciar con horror como el asesino utiliza una sierra para descuartizar a sus amigas. Desde ese punto, durante aproximadamente 25 minutos, Martino inunda el aire con una atmósfera de tensión, ya que Jane deberá buscar una forma de escapar del psicópata quien está cada vez más cerca de descubrir que existe otra víctima potencial escondida dentro de la lujosa villa.

Pese a que una de las características predominantes de los personajes femeninos del film es su hipersexualización, “Torso” dista de ser una película misógina, característica que sí define al asesino de turno. Existen varias escenas de desnudos e incluso un par de escenas eróticas, pero por lo general están de alguna forma conectadas a la violencia que contiene la cinta, lo que provoca que la desnudez no sea del todo gratuita. A diferencia de muchos giallos, las mujeres no son retratadas como personajes inútiles o meros objetos sexuales, sino que en el caso particular de Jane, ella se alza como la heroína del relato y el espectador está llamado a empatizar con su peculiar situación. Muy por el contrario, los hombres que aparecen a lo largo del film son ampliamente criticados por su actitud sexista hacia las mujeres, en especial aquellos que viven en las cercanías de la villa en la cual se hospedan las protagonistas, ya que constantemente se les ve realizando comentarios de índole sexual con respecto a ellas. Por otro lado, es interesante como “Torso” describe los tipos de violencia cinematográfica existentes en el giallo. En un artículo publicado en 1993 en la revista Film Quarterly, Devin McKinney intentó describir dos tipos de violencia cinematográfica. Estaba la forma “débil”, la cual es característica del cine comercial y donde la violencia tiende a ser espectacular, directa e incluso disfrutable, y la forma “fuerte”, la cual habitualmente está relacionada con el cine arte, y donde la violencia es retratada de manera más compleja e indirecta. Bajo esta premisa, en el caso puntual de “Torso”, la primera mitad de la cinta opera en el espectro “débil” de la violencia, mientras que los eventos que ocurren en la villa presentan tintes más cercanos al llamado espectro “fuerte”, ya que priva al espectador de ver los asesinatos de determinado personajes para centrarse en las consecuencias de los crímenes y en la reacción desencajada de Jane ante los hechos.

 

Suzy Kendall realiza un gran trabajo como la heroína de turno, especialmente porque cuando se percata de todo lo que está sucediendo en la villa, actúa con mesura en vez de reaccionar de forma errática ante la presencia del asesino, como suele suceder en las películas de este tipo. Junto con esto, es la única del grupo de muchachas que intenta descubrir algo más acerca de la identidad del psicópata, y es probablemente el único personaje femenino del film que demuestra un marcado grado de independencia con respecto a los hombres que la rodean. En el caso de Tina Aumont, esta se destaca más por su belleza que por sus dotes interpretativos, mientras que Luc Merenda, que personifica a uno de los tantos sospechosos del relato, realiza una labor más bien discreta los escasos minutos que aparece en pantalla. En cuanto al aspecto técnico del film, lo que más se destaca es la estilizada dirección de Martino y el trabajo de fotografía de Giancarlo Ferrando, otro de los colaboradores habituales del realizador italiano. En conjunto, ambos logran construir una atmósfera de tensión casi constante, principalmente gracias al inteligente manejo de la cámara subjetiva y al uso de curiosos ángulos de cámara, los cuales además permiten que el espectador participe de manera activa en diversos pasajes de la película, en una actitud abiertamente voyerista. Por último, la banda sonora compuesta por Guido y Maurizio De Angelis, resulta ser algo irregular y por momentos rompe el tono enfermizo que domina al film.

Más allá de la habilidad de Sergio Martino para imprimirle un suspenso cuasi hitchcockiano a los últimos 25 minutos del film, y del atractivo estilo visual que utiliza durante gran parte del metraje, es necesario destacar la forma en como el director conjuga todos los elementos que hicieron popular al género del giallo, como por ejemplo la desnudez, la violencia, y algunos momentos de verdadero horror, sin caer en ningún tipo de exceso que le reste credibilidad al relato. Básicamente, “Torso” es una película de naturaleza sexual, que se enfoca en los placeres carnales de la vida y en la violencia que estos pueden generar. Aunque en la superficie da la impresión que la trama gira en torno a un psicópata que asesina brutalmente a aquellas mujeres cuyo cuerpo no puede poseer, la verdad es que como en gran parte de los giallos, existen aristas psicológicas más complejas en torno a su accionar, las cuales justifican su visceralidad y le otorgan una profundidad mayor a la que poseen los típicos asesinos de las cintas slasher. Esto no significa que la explicación del porqué el psicópata comete los crímenes sea del todo satisfactoria, pero al menos le agrega un punto más de interés al misterio central de la historia. Sin ser una película imprescindible, “Torso” es un buen ejemplo de los contenidos presentes en el giallo, de las fijaciones de los cineastas de la época, y de la habilidad como director de Martino, quien lamentablemente no ha obtenido el reconocimiento que realmente merece como una de las piezas importantes de la constante evolución del cine italiano.

por Fantomas.

martes, 30 de junio de 2015

Near Dark: La refrescante revisión del Western y el cine de vampiros de Kathryn Bigelow.

“Near Dark” (1987), es un film de horror de la directora Kathryn Bigelow, el cual está protagonizado por Adrian Pasdar, Jenny Wright y Lance Henriksen.

En una pequeña localidad rural, Caleb Colton (Adrian Pasdar) pasa las noches persiguiendo chicas y bebiendo alcohol con sus amigos. Sin embargo, cuando conoce a una hermosa muchacha llamada Mae (Jenny Wright), sin saberlo Caleb es arrastrado a un mundo dominado por el horror y el caos. Y es que Mae pertenece a una peligrosa banda de vampiros, los cuales han estado dejando una pila de cadáveres a su paso. ¿Estará Caleb dispuesto a pagar un alto precio por el amor de Mae y la vida eterna, o encontrará una forma de conquistar el mal que está creciendo en su interior con cada noche que pasa?

 

A mediados de los ochenta, en medio de la fiebre por las cintas slasher, las películas de vampiros nuevamente comenzaron a despertar el interés del público norteamericano, principalmente gracias a la aparición de cintas como “Fright Night” (1985) y “The Lost Boys” (1987), las cuales gozaron de un inesperado éxito comercial. Para ese entonces, la directora Kathryn Bigelow estaba considerando la idea de realizar un Western que escapara de las convenciones habituales del género. Sin embargo, cuando ella y el guionista Eric Red se percataron de que nadie estaba dispuesto a invertir en un Western, se vieron obligados a tratar de fusionar su idea original con los elementos de un género que gozara de mayor popularidad. Su interés en realizar una interpretación revisionista de la tradición cinematográfica, eventualmente llevó a la dupla a combinar dos géneros que ellos consideraban que merecían ser reinterpretados: el Western y el horror, específicamente aquel centrado en las historias de vampiros. De esta forma nació “Near Dark”, la cual fue la última película producida por la compañía DeLaurentiis Entertaiment Group, cuya bancarrota jugaría un rol importante en el desempeño comercial que finalmente tendría el film de Bigelow. Contrario a lo que se podría pensar, la combinación de estos dos géneros ya había sido llevada a la pantalla grande al menos en dos ocasiones, tanto en “Curse of the Undead” (1959), como en “Billy the Kid vs. Dracula” (1966).

Al inicio de “Near Dark”, Caleb Colton asume que está a punto de pasar otra aburrida noche en su pueblo natal, cuando de pronto se encuentra con una hermosa mujer llamada Mae, quien está parada afuera de una heladería. Tras acercarse a la muchacha y ofrecerle un aventón hasta su casa, los dos jóvenes emprenden rumbo hacia la oscuridad de la noche con la intención de conocerse mejor el uno al otro. De pronto, la improvisada cita toma un giro inesperado cuando Mae súbitamente comienza a pedirle a Caleb que la lleve a su casa de inmediato, ya que su vida depende de ello. Cuando Caleb se niega a encender su camioneta si es que Mae no accede a besarlo, esta sucumbe ante los encantos del joven y termina mordiendo su cuello. Con el sol asomándose por el horizonte, Mae rápidamente se larga a correr hacia un granero cercano, al mismo tiempo que Caleb comienza a darse cuenta que algo raro le sucede, y que su cuerpo está reaccionando de forma extraña a la luz del sol. Es entonces cuando es rescatado por los compañeros de viaje de Mae, un surreal clan de vampiros liderados por el intimidante Jesse (Lance Henriksen) y el sanguinario Severen (Bill Paxton), quienes se han estado alimentando de la sangre inocente de los habitantes de los pequeños pueblos del oeste norteamericano. Pese a percatarse de la peligrosa situación en la que se encuentra, Caleb opta por acompañar a su nueva “familia” no solo por la atracción que siente por Mae, sino que además por su nueva condición la cual dictamina que tendrá que aprender a matar si es que desea sobrevivir.

 

El gran mérito de Bigelow con “Near Dark” consiste en su habilidad para imprimirle nueva vida a un par de géneros que han sido explotados hasta el cansancio. En relación a la mitología del vampirismo, todo lo relacionado con el efecto del ajo, el uso de crucifijos o estacas en el corazón, y la incapacidad de los vampiros de reflejarse en los espejos, ni siquiera es mencionado. De hecho, la palabra “vampiro” no es utilizada en ningún momento durante el transcurso de la cinta. Lo que emerge del guion desarrollado por Bigelow y Red es una nueva estirpe de vampiros, los cuales se visten con trajes de cuero, se trasladan de un lugar a otro en casas rodantes, interactuando la mayor parte del tiempo como una cuasi familia disfuncional de marginados, y cuya única debilidad pareciera ser la luz solar. En gran medida, lo que Bigelow mejor hace es jugar con las expectativas del espectador. A causa de la vestimenta que ostentan, uno esperaría que Jesse y compañía utilizaran motocicletas para trasladarse, y no una casa rodante u otro tipo de vehículos familiares. Al mismo tiempo, una vez que son expuestos sus deseos asesinos, el espectador tiende a suponer que eventualmente va a presenciar numerosas escenas plagadas de violencia, y no necesariamente un puñado de escenas contemplativas llenas de angustia existencial y paradojas éticas. Por otro lado, si se considera su estilo de vida alternativo, resulta sorprendente no encontrarse con un grupo de personajes poseedores de egos incontrolables, sino que con una familia que se mantiene unida bajo lineamientos disciplinarios estrictos. Por último, contrario a la clásica representación romántica de los vampiros en el cine, dentro del clan de Bigelow es posible encontrar al desaseado y arrogante Severen, y a un adolescente malcriado llamado Homer (Joshua Miller).

Quien probablemente representa de mejor manera este poco tradicional enfoque del vampirismo, es el mismísimo Caleb, quien durante el transcurso del film se le puede ver tanto disfrutando como despreciando su nueva condición. Esto provoca que se convierta en un personaje complejo, que sufre de forma genuina por el destino que ha caído sobre sus hombros, pero que al mismo tiempo busca encajar dentro del grupo de vampiros para así poder estar cerca de Mae, aun a sabiendas de que esto lo alejará de su verdadera familia para siempre. “Near Dark” también le otorga nueva vida al Western hollywoodense. Aunque la realizadora incluye unas pocas tomas panorámicas del horizonte y de los escenarios desérticos del oeste norteamericano, emulando ciertas características estéticas del Western clásico, la verdad es que la mayor parte del tiempo se dedica a retratar escenarios suburbanos plagados de bares, luces de neón, calles pavimentadas, moteles, y bodegas industriales. Es el oeste, pero no precisamente el oeste habitado por los personajes que alguna vez interpretaron John Wayne o Gary Cooper. Bigelow dibuja un provocativo retrato del nuevo oeste norteamericano, uno donde los clubes nocturnos han sustituido a las tabernas, los automóviles han reemplazado a los caballos, y las casas rodantes han dejado en el pasado a las diligencias. Sin embargo, el espíritu reinante en el viejo oeste se ha mantenido intacto, lo que explica que los forajidos de turno sigan estando gobernados por un incombustible apetito capitalista que los lleva a consumir todo a su paso. En ese sentido, los vampiros del film no se diferencian de los vaqueros presentes en los westerns realizados durante los años cuarenta y cincuenta. Y es que básicamente Jesse y compañía han cambiado las ansias de tierra y ganado que dominaban al vaquero clásico, por una incontrolable sed de sangre.

 

Además de todo lo antes mencionado, la cinta también rediseña el concepto tradicional de la femme fatale expuesto de manera magistral en el film noir. Habitualmente, las femme fatale son presentadas como las agresoras, ya sea de forma activa o pasiva. Sin embargo, en “Near Dark”, Mae claramente es una observadora pasiva que termina sucumbiendo a los deseos lascivos de Caleb. Desde el primer minuto, él se presenta como el agresor, mientras que ella se encarga de advertirle que es preferible que mantenga la distancia. Como suele suceder con las femme fatale, es su sexualidad la que provoca que el protagonista se vea envuelto en un problema que escapa de su compresión, lo que no significa que Mae no simpatice con su situación y trate de ayudarlo de forma constante. En cierta medida, ambos están atrapados en una realidad con la que no están del todo felices, aun cuando Mae abraza con mayor entusiasmo su condición que Caleb. En esta vorágine sin control, ambos hacen lo posible por encontrar el romance en circunstancias adversas, pese a que dicho accionar eventualmente puede terminar provocando su propia destrucción. Esta dinámica no funcionaría tan bien si no fuese por la actuación de la dupla protagónica y de la totalidad del elenco secundario, en especial de Bill Paxton, quien sobresale como el villano más impredecible y sanguinario del film, particularmente en la recordada escena del bar.

Pese a todas sus virtudes, “Near Dark” no es un film de vampiros excepcional, pero si logra equilibrar con éxito diversos elementos que por lo general no es posible encontrar en películas de estas características. Entre las cosas a destacar, se encuentra la manera en como Kathryn Bigelow utiliza un escenario rural para relatar la historia de amor de una joven pareja, la cual se ve enfrentada a una serie de actos abominables en su afán por permanecer juntos. Dentro de este esquema, obviamente el clan de vampiros se convierte en el corazón y el alma de la historia, pero finalmente es la peculiar manera en la cual Bigelow incorpora los diversos elementos revisionistas, lo que separa a “Near Dark” del resto de los relatos de vampiros. Complementando el tono del film, se encuentra el estupendo trabajo de fotografía de Adam Greenberg, y la atmosférica banda sonora compuesta por el grupo de música electrónica alemán Tangerine Dream. Por otro lado, lo que podría considerarse como el lado menos amable de la producción, es la forma en como Caleb y Mae inician su relación, ya que su interacción resulta ser algo torpe y forzada, y está marcada por un incómodo intercambio de palabras que no conduce a ninguna parte. Al mismo tiempo, el adolescente interpretado por Joshua Miller es definitivamente el personaje más detestable del film, lo que no impide entender que su incorporación responde al deseo por parte de Bigelow de que el clan de vampiros se asemeje lo más posible a una verdadera familia. Con más pros que contras, probablemente la mejor forma de visionar “Near Dark” sea pensando que su progresión narrativa es similar a la de una montaña rusa; los primeros cuarenta minutos del film son el largo ascenso hasta la cima del viaje, mientras que el resto de la película se alza como el tramo más adrenalínico y entretenido de todo el trayecto.

por Fantomas.

lunes, 22 de junio de 2015

The Relic: Horror en el museo.

“The Relic” (1997), es un film de horror del director Peter Hyams, el cual está protagonizado por Penelope Ann Miller y Tom Sizemore.

Tras la llegada de un barco que trae valiosos ejemplares para el Museo de Historia Natural de Chicago, en cuyo interior se encuentra una serie de cadáveres horriblemente mutilados, la Dra. Margo Green (Penelope Ann Miller), una bióloga evolucionista que trabaja en el museo, y el teniente Vincent D´Agosta (Tom Sizemore), deciden unir fuerzas para intentar esclarecer las causas de tan atroces muertes, y cuál es su conexión con la nueva exhibición que está por inaugurar el museo.

 

“The Relic” está basada en la exitosa novela de horror del mismo nombre escrita por Douglas Preston, quien ejerció como periodista y director de relaciones públicas para el Museo Americano de Historia Natural de la ciudad de Nueva York, y el escritor y licenciado en literatura inglesa Lincoln Child. Lamentablemente para los productores del film, a raíz de que la novela retrataba de manera poco amable a los encargados de la administración del museo, y al temor de estos de que el contenido de la cinta ahuyentara a los niños del lugar, ellos eventualmente rechazaron la importante suma de dinero que la Paramount Pictures ofreció por utilizar el museo para ambientar la película. Tras este pequeño percance, los productores visitaron varios museos ubicados en Washington y Chicago cuya arquitectura se asemejaba al neoyorquino, antes de que los encargados del Museo Field de Historia Natural de Chicago se interesaran en el contenido de la novela, y facilitaran sus dependencias para el rodaje del film. Cabe mencionar que la elección del escenario principal de la historia no sería el único problema que enfrentaría la producción. Debido a que una buena parte del relato se desarrolla en una serie de túneles subterráneos cubiertos de agua, la salud de Tom Sizemore se vio mermada en dos ocasiones durante el proceso de rodaje, el cual eventualmente tuvo que ser suspendido por un tiempo cuando Peter Hyams se vio demasiado enfermo como para continuar trabajando.

El film comienza con el descubrimiento de una antigua reliquia ubicada en la jungla de Brasil. Bajo la suposición de que la estatua va a llamar la atención de un buen número de personas cuando sea exhibida bajo el marco de una exposición titulada “Superstición”, la cual va a llevarse a cabo en el Museo de Historia Natural de Chicago, un antropólogo llamado John Whitney (Lewis Van Bergen) aborda un barco junto con sus descubrimientos, con la intención de enseñárselos al curador del museo. Sin embargo, cuando el barco llega al puerto de Chicago, la policía encabezada por el teniente Vincent D´Agosta descubre que ha ocurrido una inexplicable masacre a bordo de la embarcación, la que aparentemente no ha dejado sobrevivientes. Mientras tanto, al interior del Museo de Historia Natural, la Dra. Margo Green, quien se especializa en el estudio del ADN y su evolución en las distintas especies, se sorprende al ver un par de cajas que aparentemente formaban parte del cargamento que transportaba Whitney. En su interior, no solo se encuentra con la ya mencionada estatua, sino que además viene una serie de hojas vegetales cubiertas por lo que parece ser una extraña especie de hongo. Cuando eventualmente uno de los guardias del museo es brutalmente asesinado en circunstancias similares a las víctimas del barco, el teniente D´Agosta comienza a pensar que puede existir un nexo entre ambos crímenes, por lo que decide pedirle ayuda a la Dra. Green y así intentar descubrir quién o qué está detrás de los asesinatos.

 

En gran medida, “The Relic” funciona bajo un esquema similar al que presentan las cintas que se desarrollan al interior de casas embrujadas. Y es que casi la totalidad de la acción se lleva a cabo al interior del espeluznante museo de Chicago, cuyos oscuros pasillos, sus desolados laboratorios, su intricado piso subterráneo, la atmosférica exhibición que está pronta a inaugurarse, y la red de túneles que parece albergar a la criatura que el Dr. Albert Frock (James Whitmore) señala como la posible encarnación de Kothoga, un mítico monstruo del bosque, se convierten en lugares donde el peligro acecha en cada rincón. Evidentemente, el guión también funciona como un homenaje a cintas tales como “Jaws” (1975), “Alien” (1979), y “Jurassic Park” (1993), entre otras. Esta idea es reforzada por la presencia de una protagonista que comparte gran parte de las características heroicas exhibidas por el personaje interpretado por Sigourney Weaver en “Alien”, quien también confía plenamente en su inteligencia a la hora de enfrentarse a la criatura. El teniente D´Agosta por su parte, se presenta como un policía sumamente supersticioso pero capaz, el cual está determinado a cerrar el museo hasta finalizar la investigación, aun cuando el mismísimo Alcalde de Chicago (Robert Lesser) lo está presionando para permitir que se lleve a cabo la gala inaugural de la exhibición “Supersticiones”, ya que el evento se propicia como la oportunidad perfecta para reunir fondos para su posible reelección.

Como es de suponer, la criatura termina irrumpiendo en la gala y no pasa mucho tiempo antes de que las cabezas comiencen a rodar. Es entonces cuando “The Relic” pasa de ser una película de terror con toques de ciencia ficción, a una cinta de desastres en la cual el museo se convierte en un verdadero circuito de obstáculos. Y es que al mismo tiempo que la electricidad comienza a fallar, todos los sistemas de alarma se vuelven completamente locos, provocando que los rociadores actúen sin control y que las enormes compuertas de seguridad amenacen con dejar a todos los asistentes a la gala atrapados al interior del museo, sin ninguna posibilidad de escapar del lugar. La poca consistencia narrativa que presenta el film, cuyo guión se pasea entre el género policial, la ciencia ficción, el horror y el cine de desastres, es probablemente su mayor falencia ya que no solo provoca que algunos giros de la trama carezcan de una explicación lógica o satisfactoria, sino que además merma de forma considerable los niveles de suspenso que alcanza la historia. Con respecto a esto último, en general se suele afirmar que en este tipo de películas entre más tiempo se mantenga el misterio sobre la real naturaleza del antagonista principal, más tensión se genera durante la espera de su gran revelación. Lamentablemente en este caso no ocurre precisamente eso, principalmente porque durante la primera hora de metraje la historia se diluye en los diversos aspectos de la investigación policial, al mismo tiempo que se enfatizan algunos elementos que tienen poca importancia para el desarrollo de la trama, y ciertos giros narrativos en apariencia más profundos son explorados solo de manera superficial.

 

En el ámbito de las actuaciones, tanto Tom Sizemore como Penelope Ann Miller realizan un trabajo interpretativo mucho mejor de lo que por lo general se suele ver en cintas de horror de estas características, ya que logran que sus personajes no solo resulten ser carismáticos, sino que además le otorgan un grado extra de credibilidad a la historia. Algo similar sucede con Linda Hunt y James Whitmore, quienes consiguen despertar el interés del espectador con sus respectivos personajes, aun pese a la poca exposición que estos tienen. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta destacable el correcto aunque algo opaco trabajo de fotografía de Peter Hyams, y la efectiva para rápidamente olvidable banda sonora del compositor John Debney. Sin embargo, quien se roba por completo la película son los efectos especiales creados por Stan Winston y su equipo de colaboradores. Para darle vida a Kothoga, Winston y compañía crearon tres criaturas cuyas cabezas eran manejadas por dos personas, al mismo tiempo que otro grupo de técnicos se encargaban de mover a control remoto los brazos, las garras, la boca y el resto del cuerpo del monstruo. Según relatan algunos de los involucrados en la producción, Winston se inspiró en una serie de invertebrados y arácnidos a la hora de diseñar a la bestia. Si bien gran parte de los efectos especiales creados por Winston han soportado de buena manera el paso del tiempo, no se puede decir lo mismo de aquellos creados digitalmente mediante el uso de computadoras, los cuales terminan restándole algo de espectacularidad a los efectos más “artesanales” diseñados por Winston.

En cuanto a sus niveles de horror y violencia, “The Relic” probablemente se encuentra uno o dos escalones por sobre la media de las cintas de la época, aun cuando estos se concentran principalmente durante la última media hora del film. Al método utilizado por Kothoga para acabar con sus víctimas, el cual consiste en desmembrarlas para así alimentarse de parte de sus cerebros, se suma una escena al interior de una sala de autopsia la cual contiene altas dosis de humor negro, y el intenso enfrentamiento final entre los protagonistas y la criatura. Aun cuando es innegable que “The Relic” es una cinta por sobre todo entretenida, es imposible no considerarla como un producto fallido incapaz de explotar todo su potencial. Mientras que por un lado la producción presenta una premisa básica interesante, en especial cuando se crea un nexo entre la criatura, la ciencia y una vieja superstición tribal, y además existen múltiples elementos que provocan que la cinta sea disfrutable incluso en la actualidad, particularmente durante el último tramo de la misma, donde además se entrega una explicación relativamente satisfactoria acerca del origen del monstruo, por otra parte la película presenta una serie de problemas que cuando emergen a la superficie, le recuerdan al espectador los motivos por los cuales el film de Hyams es solo una obra menor del género.

por Fantomas.
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