martes, 29 de julio de 2014

Asylum: Bienvenido al asilo de Dunsmoor.

“Asylum” (1972), es un film de terror del director Roy Ward Baker, el cual está protagonizado por Peter Cushing, Patrick Magee, Robert Powell y Britt Ekland.

El Dr. Martin (Robert Powell) visita el Asilo Dunsmoor para los Dementes Incurables, con la intención de asistir a una entrevista de trabajo con el Dr. Starr. Sin embargo, a su llegada se encuentra con que el Dr. Rutherford (Patrick Magee) es quien lo está esperando. Al parecer la presión del trabajo ha sobrepasado al Dr. Starr, quien se ha convertido en uno más de los internos del asilo. Para asegurar su puesto en Dunsmoor, Martin es enviado a entrevistar a cuatro de los pacientes de la institución para ver si es capaz de descubrir cuál de ellos es realmente Starr.

 

Inspirados en el clásico del cine de terror, “Dead of Night” (1945), los productores norteamericanos Max Rosenberg y Milton Subotsky, quienes habían fundado la productora británica Amicus, entre los años 1965 y 1980 realizaron nueve antologías de terror, de las cuales tres fueron dirigidas por Roy Ward Baker: “Asylum”, “The Vault of Horror” (1973), y “The Monster Club” (1981). Tanto Baker como un puñado de otros realizadores, actores, y diversos profesionales que trabajaban en la industria cinematográfica británica, también tuvieron la oportunidad de participar en varias de las producciones de la compañía Hammer Films, la cual era la competencia directa de la Amicus. Aunque las similitudes entre las producciones de ambas compañías eran evidentes, si por algo se caracterizó la Amicus es que a diferencia de la Hammer, que prefirió priorizar el rodaje de cintas de horror gótico y de época, la productora de Rosenberg y Subotsky optó por ubicar la mayoría de sus películas en la época contemporánea, lo que eventualmente le traería bastantes dividendos. De la mano del escritor y guionista Robert Bloch, quien por ese entonces era un colaborador habitual en este tipo de cintas, “Asylum” se sumerge de lleno en el mundo de la locura y lo sobrenatural, centrándose en la figura de un joven psiquiatra el cual tendrá que discernir que es real y que es el producto de la mente enferma de cuatro pacientes de una institución psiquiátrica, a los cuales tendrá que entrevistar con tal de asegurarse un puesto laboral en dicho lugar.

La primera paciente que el Dr. Martin entrevista y cuya historia le da vida al primer segmento del film titulado “Frozen Fear”, es una mujer que se hace llamar Bonnie (Barbara Parkins). Bonnie le cuenta como ella y su amante, Walter (Richard Todd), conspiraron para deshacerse de Ruth (Sylvia Syms), la esposa de este último. Una noche, luego de que Ruth regresara de una clase de vudú, Walter la asesinó utilizando un hacha, con la que también desmembró el cuerpo en varios pedazos, los cuales luego de envolverlos en papel, procedió a guardarlos en un congelador ubicado en el sótano de su casa, junto con un extraño amuleto que cargaba la víctima. Para su mala fortuna, dicho amuleto místico será el responsable de que los restos de Ruth cobren vida para vengarse de su calculador esposo y de su amante. De los cuatro segmentos que presenta el film, este es probablemente el más aterrador de todos. Aun cuando la fotografía no es precisamente memorable, como tampoco lo son las interpretaciones de los actores que protagonizan la historia, “Frozen Fear” funciona de maravilla básicamente porque utiliza una fórmula que ha sido probada en múltiples ocasiones desde los inicios de la literatura gótica: presenta a una pareja de personajes desagradables decididos a cometer actos cuestionables, por los cuales eventualmente reciben el castigo que se merecen. En la medida que el crimen sea lo suficientemente macabro y la retribución sea tan atroz como el mismo crimen, este tipo de historias siempre van a tener el efecto deseado, aun cuando en esta ocasión el segmento pierde parte de su encanto una vez que es posible ver las partes del cuerpo de Ruth moviéndose a través del sótano.

 

El segundo paciente que entrevista el Dr. Martin es Bruno (Barry Morse), y su historia le da vida al segmento titulado “The Weird Tailor”. Bruno es un viejo y empobrecido sastre que alguna vez fue dueño de su propia tienda junto a su esposa Anna (Anne Firbank). Ante la posibilidad de ser expulsado de su tienda, Bruno acepta trabajar para un misterioso hombre llamado Smith (Peter Cushing), quien le ofrece una generosa suma de dinero por la realización de un traje para su hijo. Para dicho fin, Smith le entrega a Bruno una tela especial y una serie de instrucciones las cuales deben ser seguidas al pie de la letra. Algunos días más tarde, cuando Bruno se dirige a entregarle el traje terminado a su cliente, este no puede esconder su asombro cuando se entera que Smith ha perdido toda su fortuna, y que el traje va a ser utilizado para cumplir un macabro propósito. Robert Bloch había adaptado esta historia previamente para la serie de televisión “Thriller”, en el año 1961. En esa versión, la cual se apega bastante más al relato original, el sastre era retratado como un hombre cruel, mientras que su esposa era descrita como una mujer solitaria que pasaba sus días charlando con el maniquí de la tienda. En esta oportunidad, Bruno es presentado como una víctima de su propia desesperación por mantener su tienda funcionando, lo cual lo lleva a cometer una serie de actos moralmente cuestionables, mientras que su esposa solo es retratada como una mujer abnegada cuya única preocupación es su marido. Este segmento no solo presenta un mejor trabajo de dirección por parte de Baker, sino que además cuenta con las estupendas interpretaciones de Morse y Cushing, quienes les otorgan una marcada profundidad a sus personajes. El único problema de este segmento, es que su clímax resulta ser algo apresurado, lo que merma notoriamente el efecto de la revelación final del relato.

El tercer segmento titulado “Lucy Comes to Stay”, tiene como protagonista a Barbara (Charlotte Rampling), una joven que durante el último tiempo ha estado encerrada en una institución psiquiátrica por su adicción a las drogas, y que una vez que es dada de alta se va a vivir con su sobreprotector hermano George (James Villiers). Agobiada por las restricciones que la ha impuesto George y la Srta. Higgins (Megs Jenkins), una enfermera contratada por su hermano para cuidarla las 24 horas del día, Barbara termina recayendo en las drogas. Es entonces cuando la visita su vieja amiga Lucy (Britt Ekland), quien la anima a revelarse utilizando una serie de drásticas medidas cuyo objetivo es asegurarse que George y la Srta. Higgins no interfieran en sus planes. Este es sin lugar a dudas el más débil de los cuatro segmentos, en gran medida debido a que Bloch sobrevalora su propia historia más de la cuenta. Y es que este tipo de relatos en los cuales el protagonista eventualmente se revela como el amigo/familiar/niño al cual culpa de todas las desgracias que suceden a su alrededor, han sido utilizadas hasta el cansancio en esta clase de cintas, casi siempre con mediocres resultados debido a lo evidente del giro final. Lamentablemente, “Lucy Comes to Stay” no es la excepción a lo antes mencionado. No solo la dirección de Baker resulta algo torpe en este segmento, sino que además Charlotte Rampling no logra que el espectador desarrolle algún nivel de simpatía por su personaje. Britt Ekland por su parte, realiza una labor bastante más destacable que su compañera, pero de todas formas no logra sacar a flote una historia carente de elementos de real interés.

 

En el último segmento titulado, “Mannikins of Horror”, el Dr. Martin conoce al Dr. Byron (Herbert Lom), un paciente que pasa sus días fabricando muñecos cuyos rostros corresponden a los rostros de personas que él alguna vez conoció, incluyendo uno que luce como él. Byron asegura que los muñecos poseen órganos internos similares al de los humanos, y que él es capaz de transferir su voluntad al muñeco forjado a su imagen y semejanza. Una vez terminada la entrevista, Martin se reúne con el Dr. Rutherford con la certeza de que ha logrado deducir cuál de los pacientes es realmente el Dr. Starr. Mientras ambos facultativos discuten acerca de cuál es la mejor manera de tratar a los pacientes del asilo, una pequeña figura empieza a acercarse sigilosamente al Dr. Rutherford con intenciones desconocidas. Desde un punto de vista estructural, “Mannikins of Horror” viene a cerrar de buena manera la historia que le da vida al film, aun cuando el segmento es relatado de manera apresurada. De hecho, funciona de mejor forma que gran parte de los finales utilizados en las antologías de la Amicus, los cuales usualmente se reducían a ser pequeñas escenas marcadas por la ironía, la cuales estaban situadas inmediatamente después del último segmento. En esta ocasión, el tramo final de “Asylum” no solo presenta la estupenda pero breve actuación de Herbert Lom, sino que además cuenta con la presencia amenazadora de los macabros muñecos fabricados por Byron, e incluye una sorpresiva y satisfactoria vuelta de tuerca que tiene relación con la revelación de la verdadera identidad del Dr. Starr.

En cuanto al aspecto técnico del film, mientras que el trabajo de fotografía de Denys N. Coop y la dirección de arte de Tony Curtis se muestran bastante irregulares a lo largo de la cinta, la banda sonora conformada por temas de diversos autores, entre los que se destacan las canciones del compositor ruso Modest Músorgski, “Night on Bald Mountain” y “Pictures at an Exhibition”, es uno de los puntos altos de la producción. “Asylum” bien podría ser considerada como una película que intenta explorar la psiquis de cuatro personas con obsesiones bastante particulares. Es posible encontrar un hombre obsesionado con asesinar a su esposa, un sastre obsesionado con cobrar sus honorarios, una joven obsesionada con su alter ego, y un doctor obsesionado con la venganza y con la fabricación de pequeños muñecos vudú. Incluso podría argumentarse que ellos no están locos, ya conviven en un mundo donde lo sobrenatural está permitido, por lo que hasta cierto punto solo son víctimas de sus obsesiones. Pese a su irregularidad y a presentar un segmento totalmente olvidable, “Asylum” hoy es recordada como una de las mejores cintas de antología de las que se tenga memoria, especialmente por la forma en como Bloch y Baker logran conectar todos los segmentos mediante un arco narrativo que se presenta particularmente interesante para el espectador.



por Fantomas.

viernes, 25 de julio de 2014

Un Cuento Chino: Las jugarretas del destino.

“Un Cuento Chino” (2011), es un drama del director Sebastián Borensztein, el cual está protagonizado por Ricardo Darín, Ignacio Huang y Muriel Santa Ana.

Roberto (Ricardo Darín) es ferretero. Hosco, rutinario, maniático, coleccionista de historias curiosas que recorta de los periódicos, hasta que un día sin darse cuenta, acabará formando parte de una de ellas, cuando un joven chino llamado Jun (Ignacio Huang) llega a su vida de repente, desde la puerta trasera de un taxi.

 

El viernes 2 de mayo de 1997, el diario el Clarín publicó una insólita noticia. En Moscú, miembros de las fuerzas armadas rusas robaron un par de vacas y se las llevaron en un avión. Pero durante el vuelo las vacas se descontrolaron y ante la posibilidad de un accidente aéreo, la tripulación se vio forzada a tirarlas al vacío. Para su mala suerte, una de las vacas cayó sobre un pesquero japonés enviándolo al fondo del mar. Cuando el director argentino Sebastián Borensztein se enteró de esta noticia, de inmediato supo que tenía que hacer algo con ella. Según el mismo Borensztein: “Era una imagen que no me podía quitar de la cabeza. Pensaba en los pescadores que ya terminaron su faena diaria, fumándose un pucho (de tabaco), sentados en la cubierta de su barco, cuando de pronto ven un puntito negro que se acerca, se acerca y es una vaca. Dije: ¿cómo puede ser? El cielo es tan enorme, el mar es tan gigante y esos dos hechos se juntan. Esto tiene que ser el comienzo de una próxima película.” Con el paso de los años, al director también comenzó a llamarle la atención el tema de la Guerra de las Malvinas, especialmente las consecuencias que esta había tenido tanto para los hombres que habían participado en dicho conflicto, como para la misma sociedad argentina. De la unión de esos dos elementos nacería el guión de “Un Cuento Chino”, el cual desarrollaría en detalle durante múltiples almuerzos con el actor Ricardo Darín.

“Un Cuento Chino” comienza en un lago de China, donde al interior de una pequeña embarcación un chino llamado Jun está a punto de proponerle matrimonio a su enamorada. Sin embargo, de manera inesperada una vaca cae del cielo y le quita la vida de forma instantánea a la pobre muchacha. Al otro lado del mundo, Roberto vive una vida monótona y exenta de complicaciones; es dueño de una pequeña ferretería de barrio y su constante mal humor lo ha llevado a aislarse por completo del resto del mundo. Su única diversión pareciera ser coleccionar historias curiosas que recorta de diversos periódicos, y situarse en las cercanías del aeropuerto de Ezeiza para ver como aterrizan los aviones. Es precisamente mientras efectúa esta última actividad que Roberto conoce a Jun, cuando este es bajado a la fuerza de un taxi luego de ser asaltado por el chofer. Perdido y sin saber una sola palabra de español, Jun despertará la compasión de Roberto quien intentará ayudarlo a encontrar a su tío, el cual supuestamente vive en Buenos Aires. Lamentablemente para Roberto, dicha tarea resultará ser un poco más difícil de lo que esperaba, por lo que se ve obligado a alojar a Jun en su casa. Es así como dos hombres completamente opuestos, separados por una barrera idiomática y cultural, deberán aprenden a convivir aun cuando la compañía se presenta particularmente tediosa y tortuosa para el huraño Roberto.

 

Contrario a lo que se podría pensar en un principio, la relación que Roberto construye con Jun no se limita a ser un mero acto de solidaridad, sino que la inesperada llegada del joven chino a la vida del protagonista viene a alterar el orden que con tanto ahínco intenta preservar. Y es que Roberto vive anclado a un pasado que no solo lo protege del dolor emocional, sino que además evita que este se exponga a nuevas decepciones o situaciones desconocidas. Este ex-combatiente de la Guerra de las Malvinas, que demuestra una increíble devoción a su madre a la cual nunca conoció, plagado de costumbres que rayan en lo obsesivo, y decepcionado del sistema el cual constantemente lo está “cagando a palos”, se ve enfrentado a una situación tan increíble como las que suele recortar de los periódicos que religiosamente revisa a diario. Jun por su parte, ha llegado a Buenos Aires con la esperanza de que su único familiar vivo le ayude a lidiar con el dolor provocado por la muerte de su amada. Desde la trinchera de la humildad y el desamparo, Jun casi sin pretenderlo, comenzará a romper la unión que Roberto tiene con un pasado marcado por la tragedia. Esto ocurrirá de manera casi simbólica, en la medida que el joven comienza a eliminar una serie de trastos y porquerías que se encuentran apiladas en varios puntos de la casa de Roberto, ya sea por accidente o por mandato, los cuales impiden que el protagonista sea capaz de vivir alegremente o de entregarse a la posibilidad de experimentar el amor.

Quien también intenta resquebrajar la dura coraza de Roberto es Mari (Muriel Santa Ana), una mujer que busca desesperadamente el amor del protagonista, sin demasiados resultados. A diferencia de Roberto, Mari es de aquellas personas que se muestran felices por el mero hecho de estar vivas. Fiel representante de la dulzura e ingenuidad campesina, Mari dice todo lo que se le pasa por la cabeza, sin ningún tipo de censura, básicamente porque se trata de una persona por completo bienintencionada. Todo esto provoca que ella sea la única que ve a Roberto con otros ojos, los de la ternura y la pasión, aquellos que habitualmente ayudan a resaltar las cualidades del ser amado. “Sos gruñón, ermitaño, sensible, bueno… y valiente. Y además tenés esa mirada que me mata”, le dice Mari a Roberto en un pasaje de la cinta, lo que no solo resulta ser una descripción bastante acertada del protagonista, sino que además es una muestra fehaciente de que ella está dispuesta a esperarlo el tiempo que sea necesario. Si hay algo por lo que uno debe agradecerle a Sebastián Borensztein, es por haber tomado la decisión de rodar esta fábula afable sin mayores melodramas, aun cuando el núcleo de la historia sea la confrontación entre dos tipos alejados tanto en lo físico como en lo emocional, cuyos destinos se han cruzado de forma inesperada. Lo que es aún más interesante, es que de la cotidianeidad que surge de la relación entre Roberto y Jun nace la comedia, la cual al ser completamente espontánea, le otorga un grado de realidad a un relato que en otras circunstancias podría haber resultado absolutamente inverosímil.

 

Evidentemente, Ricardo Darín se alza como la gran estrella del film, quien a base de exabruptos y comportamientos obsesivos logra sacarle algunas carcajadas al espectador, aun pese a que por momentos pareciera que el actor recurre a demasiados lugares comunes. Por otro lado, tanto Muriel Santa Ana como Ignacio Huang dotan de un innegable carisma a sus respectivos personajes, logrando que el espectador rápidamente se interese en sus problemas y cruzadas particulares. En el caso particular de Huang, pese a que se ve opacado por la sombra de Darín, realiza un trabajo realmente encomiable a la hora de transmitirle al espectador y a su nuevo entorno, sus sentimientos y emociones a través de sus gestos y miradas, que son las únicas herramientas que posee para comunicarse. Y es que al igual que Roberto, el espectador sufre por la ininteligibilidad del idioma del joven oriental, la cual no nos permite comprenderlo del todo. En cuanto al aspecto técnico del film, resulta destacable el trabajo de fotografía de Rodrigo Pulpeiro, el cual varía según el estado de ánimo del protagonista. De la misma forma, también resulta destacable la inmaculada dirección de arte de Laura Musso, quien es la gran responsable de la estética retro que ostenta el hogar de Roberto, la cual ejemplifica a la perfección su apego por el pasado. Por último, pero no por eso menos importante, es la banda sonora del compositor Lucio Godoy, la cual acompaña de forma adecuada la emocionalidad de las imágenes que se van sucediendo a la largo del film.

“Un Cuento Chino” no se olvida de la autocrítica social, de forma que lo simbólico y lo material conviven con naturalidad en esta verdadera fábula melancólica sobre lo mucho que enriquece nuestra vida aquello que no esperamos, y que pareciera que esperaba por nosotros. Es a través de la aceptación del dolor y de una conexión que va más allá de lo meramente lingüístico, que Roberto y Jun terminan encontrándose y descubriendo que son más parecidos de lo que pensaban en un comienzo. Como sucede en determinadas ocasiones en el campo de las relaciones humanas, estos dos hombres se encuentran, se conocen, y eventualmente se necesitan para enfrentar el mundo que los rodea y que parece estar en su contra. En una entrevista, el director Sebastián Borensztein se encargó de resumir a la perfección la moraleja central de “Un Cuento Chino”: “Es absurdo que Argentina haya estado en guerra con Inglaterra, es absurdo que una vaca caiga del cielo y hunda un barco. Ahora, lo que no es absurdo es que dos personas que viven en las antípodas del planeta geográficamente y culturalmente hablando, tengan la posibilidad de ser uno la llave que le abre la puerta para resolver su vida al otro.”



por Fantomas.

martes, 22 de julio de 2014

Wolfen: La primera cinta de licántropos con trasfondo sociopolítico.

“Wolfen” (1981), es un film de terror del director Michael Wadleigh, el cual está protagonizado por Albert Finney, Diane Venora y Edward James Olmos.

Cuando el influyente empresario Christopher Van Der Veer (Max M. Brown) y su esposa Pauline (Anne Marie Pohtamo) son brutalmente asesinados en un parque de Nueva York, el veterano detective Dewey Wilson (Albert Finney) es asignado para investigar el caso. Con la ayuda de una psicóloga experta en terrorismo llamada Rebecca Neff (Diane Venora), y un extravagante médico forense (Gregory Hines), el detective Wilson pronto descubrirá que dichos crímenes parecen estar conectados con una serie de brutales asesinatos ocurridos en diversos puntos de la ciudad, cuyo único punto en común es la presencia de pelos de lobo en los cuerpos de la víctimas.

 

En el año 1978, el escritor Whitley Streiber publicó su primera novela la cual llevaría por título “The Wolfen”. Dicho libro comenzaba con la muerte de dos oficiales de policía y se centraba en los esfuerzos del malhumorado detective George Wilson y su joven compañera Becky Neff por capturar a los asesinos, los cuales resultan ser una manada de lobos altamente inteligentes que se dedican a cazar a aquellos que son rechazados por la sociedad. Eventualmente, la agente de Streiber le enseñaría la novela a su marido, el productor Rupert Hitzig, quien rápidamente procedió a comprar los derechos del manuscrito. Una vez que se estableció al interior de la productora Orion Pictures, Hitzig le ofreció el puesto de director a Michael Wadleigh, un talentoso documentalista que había adquirido cierta fama por la aclamada “Woodstock” (1970). Para adaptar el guión, el estudio estaba interesado en Oliver Stone. Sin embargo, cuando Hitzig y Wadleigh se reunieron con él en Roma, Stone no mostró mayor interés en el proyecto, por lo que la dupla se vio obligada a contratar a David Eyre, quien finalmente escribió el guión en conjunto con Wadleigh. Lamentablemente para el director, durante el curso del rodaje de la cinta se percató que existía un atraso de al menos seis semanas con respecto al calendario de filmación que se había establecido en un comienzo. Cuando fue notificado que solo tenía cinco días parar terminar la película, Wadleight presentó un montaje de cuatro horas de duración que incluía 36 tarjetas con la frase “escena faltante”. A raíz de esto, el director fue despedido y Hitzig tuvo que ocupar su lugar, hasta que finalmente fue contratado John Hancock para así respetar las regulaciones del Sindicato de Directores Norteamericanos. Cabe mencionar que luego de este incidente, Wadleigh nunca más volvió a dirigir un film.

En “Wolfen”, tras asistir a la ceremonia de inauguración de un proyecto inmobiliario situado en el empobrecido barrio del Bronx, el empresario Christopher Van Der Veer es asesinado junto a su mujer y su chofer en un parque de la ciudad de Nueva York sin razón aparente. Debido a lo delicado del caso, el veterano detective Dewey Wilson es llamado a liderar la investigación, pese a que últimamente ha debido enfrentar una serie de problemas personales que han afectado enormemente su estilo de vida. A su llegada a la escena del crimen, Wilson no solo se encuentra con una serie de inconsistencias que dificultan la investigación, sino que además se entera que Van Der Veer tenía numerosos enemigos, los que en su mayoría pertenecen a pequeñas células terroristas. Ante la posibilidad de que todo se trate de un atentado terrorista, la influyente empresa de seguridad que solía proteger a Van Der Veer designa a la psicóloga Rebecca Neff para que trabaje en la investigación junto a Wilson. Al mismo tiempo que las técnicas de contraterrorismo demuestran ser inútiles para apresar al responsable de los crímenes, un vagabundo es encontrado muerto en el Bronx, en la misma zona donde se iba a emplazar el fallido proyecto inmobiliario. Aunque ambos asesinatos parecen no estar conectados, cuando el forense que trabaja en el caso encuentra pelos de lobo en ambas escenas del crimen, Wilson se ve obligado a plantearse una nueva teoría. ¿Será posible que una manada de lobos haya convertido la ciudad de Nueva York en su nuevo coto de caza, o quizás todo está relacionado con una vieja leyenda aborigen que habla sobre la existencia de hombres capaces de transformarse en distintos animales?

 

Los héroes y los villanos suelen ser definidos dependiendo del punto de vista de quienes los observan. Durante el transcurso de los años, las estructuras de poder de la sociedad norteamericana se han dedicado constantemente a demonizar a los pobres, lo cual se ha visto reflejado en múltiples ocasiones dentro del cine, en especial en aquellas cintas que afirman que el crimen es un resultado directo de las condiciones sociales existentes. No son pocas las producciones que establecen que la alienación individual y la sensación de no tener un lugar donde refugiarse, eventualmente terminan generando brotes de violencia. El cine de terror norteamericano por su parte, suele ayudar al espectador a identificarse con aquellos que son considerados como monstruos por la sociedad. En el caso particular de “Wolfen”, el cual es un film de terror que ocupa como base una trama policial, este invita al espectador a ver el mundo a través de los ojos de un brutal asesino cuya naturaleza no está del todo clara. A medida que transcurren los minutos, se descubre que el asesino escoge como víctimas a aquellos que son prescindibles o a quienes son dañinos para el resto de la sociedad, todo con el objetivo de proteger su territorio y sobrevivir al horrible y opresivo estilo de vida estadounidense. Bajo este violento accionar y a través de la inclusión de representantes de las etnias nativas de Norteamérica, personificadas en la figura del ex-activista Eddie Holt (Edward James Olmos), “Wolfen” pretende difundir un discurso sociopolítico llamado a castigar el accionar del hombre contra la naturaleza, y contra las razas aborígenes que alguna vez poblaron los territorios que ahora son dominados por innumerables moles de concreto.

Lamentablemente “Wolfen” no está exenta de falencias, muchas de las cuales probablemente surgieron a causa de los problemas de calendario que experimentó Wadleigh, y de la falta de criterio de los encargados de la sala de edición de los estudios Warner Brothers. Por ejemplo, el film falla a la hora de explicar algunos elementos vitales de la historia. Entre otras cosas, el oscuro pasado de Dewey Wilson jamás es explorado, aun cuando se menciona que viene saliendo de un retiro autoimpuesto el cual estuvo marcado por el abuso de alcohol. Por otro lado, la presencia de Rebecca Neff parece servir a un solo propósito: actuar como el interés amoroso del detective y protagonizar una innecesaria escena de sexo. Su rol en la investigación es absolutamente irrelevante, al igual que las escenas que buscan demostrar el accionar de la empresa de seguridad para la cual trabaja, las cuales de haber sido omitidas habrían permitido que el arco narrativo central adquiriera una mayor fluidez. Por último, el humor negro que presenta el film, el cual está a cargo del personaje interpretado por Gregory Hines, tampoco funciona de la manera esperada. Si bien algunas de sus extravagantes intervenciones logran distender un poco la tensión que domina ciertos pasajes de la cinta, están lejos de provocarle una sonrisa al espectador.

 

En cuanto al aspecto interpretativo del film, el elenco participante cuenta con la fama y la credibilidad suficiente como para salir airosos en esta ocasión, aun cuando ninguno de los actores realiza una labor realmente destacable. Es por este motivo que quien definitivamente se roba la película es Gerry Fisher y su magnífico trabajo de fotografía. No solo se preocupa de arrojar una iluminación aterradora sobre el inmaculado diseño de producción de Paul Sylbert, sino que también se las arregla para transformar los barrios abandonados del Bronx en un verdadero escenario de tintes apocalípticos marcado por numerosos edificios derruidos e iglesias abandonadas. Junto con esto, Fisher suele ser identificado como el responsable del efecto utilizado para retratar el particular punto de vista del asesino, el cual es bastante similar al usado por el director John McTiernan en el film “Predator” (1987). Con respecto a esto último, si bien el colorido efecto de fotografía resulta interesante en un comienzo, el uso indiscriminado que Wadleigh le da termina por disminuir considerablemente su impacto. La banda sonora compuesta por James Horner por su parte, lamentablemente es demasiado pedestre como para resultar efectiva. Por último, es necesario destacar los efectos especiales utilizados en las escenas gore del film, los que afortunadamente en su mayoría han soportado de buena manera el paso del tiempo.

“Wolfen” es un thriller que resulta complicado encasillar en un género en particular. Aunque en la superficie funciona principalmente como una cinta de horror, también presenta una subtrama de misterio que busca develar quién es el responsable de los asesinatos ocurridos en Nueva York, la cual posteriormente comienza a ser dominada por elementos propios del thriller y la fantasía. “Wolfen” fue estrenada en Julio de 1981 entre “The Howling” (1981) y “An American Werewolf In London” (1981), y estaba llamada a cambiar por completo el subgénero de los films de licántropos, llevándolo hacia nuevas y emocionantes direcciones. Sin embargo, no solo la ambición existente tras el film terminó siendo más grande que el resultado final, sino que además la cinta de Wadleigh fue notoriamente ensombrecida por dos obras que eventualmente se convertirían en grandes clásicos del subgénero. Juzgada por sus propios méritos, se trata de una bien intencionada pero dispareja película de licántropos que busca amalgamar elementos del horror con un marcado comentario social, lo que al menos la convierte en una producción bastante más inteligente que la gran mayoría de las obras pertenecientes al subgénero.



por Fantomas.

jueves, 17 de julio de 2014

Absolute Power: Un ladrón y su última oportunidad de redención.

“Absolute Power” (1997), es un thriller del director Clint Eastwood, el cual está protagonizado por el mismo Eastwood, Gene Hackman, Ed Harris y Laura Linney.

El Presidente de los Estados Unidos, Allen Richmond (Gene Hackman), está convencido que su cargo lo pone por sobre las leyes del hombre. Eso eventualmente lo lleva a involucrarse en el asesinato de una de sus amantes, el cual intentará ser ocultado por su Jefa de Estado Mayor, Gloria Russell (Judy Davis). Sin embargo, eso no resultará ser una tarea sencilla ya que el crimen fue presenciado por Luther Whitney (Clint Eastwood), un ladrón veterano que se encargará de poner en jaque al Servicio Secreto y al mismísimo Presidente.

 

Tras el éxito mundial que obtuvo la novela “Absolute Power”, del escritor David Baldacci, la productora Castle Rock Entertainment rápidamente procedió a comprar los derechos de la obra con la intención de llevarla a la pantalla grande. Tras pagarle a Baldacci 5 millones de dólares por los derechos de su libro, el guionista William Goldman fue contratado para escribir la adaptación. No pasaría mucho tiempo antes de que Clint Eastwood se involucrara como director y actor en el proyecto, no sin antes sugerirle a Goldman una serie de cambios en el guión. Según Eastwood, el único gran problema que tenía la novela de Baldacci era el hecho de que todos los personajes que él consideraba interesantes terminaban siendo asesinados. A raíz de esto no solo se excluyeron varios detalles del escrito original, sino que además se cambiaron ciertas características de personajes clave, se eliminó una controversial escena de violación, y se omitió al verdadero protagonista de la novela, un joven abogado llamado Jack Graham, para así posicionar al experimentado ladrón Luther Whitney como el gran protagonista de una historia marcada por la tensa relación entre un padre y una hija, y por las altas cuotas de corrupción existentes en la cúpula del gobierno más poderoso del mundo.

En “Absolute Power”, Luther Whitney es un ladrón que cierta noche ingresa ilegalmente a una imponente mansión de la ciudad de Washington, con la intención de asaltar un cuarto secreto que se encuentra ubicado en la recámara principal de la propiedad, el cual está repleto de joyas y dinero. En medio de su particular trabajo y de manera imprevista, él es interrumpido por un par de visitantes. Escondido detrás de un espejo de dos vías, Whitney ve a una pareja teniendo relaciones sexuales. De pronto, ambos se ponen algo violentos, el hombre comienza a golpear a la mujer, esta lo apuñala con un abrecartas a modo de defensa, y cuando ella está a punto de darle la estocada final, dos hombres irrumpen en la habitación y rápidamente le disparan. Aun cuando Whitney pensó en intervenir antes de que se desencadenara tan trágico desenlace, el miedo a ser descubierto lo paralizó por completo. Su temor aumenta cuando ve que los hombres con la ayuda de una mujer misteriosa, comienzan a limpiar la escena del crimen para así librar de toda culpa a quien generó toda esta cadena de acontecimientos. Una vez que todos abandonan el lugar, Luther escapa de la mansión llevando consigo información que puede ser letal tanto para él como para su hija Kate (Laura Linney), con la cual durante el transcurso de los años ha mantenido una relación más bien distante. Y es que la mujer asesinada era Christy Sullivan (Melora Hardin), la joven esposa del septuagenario Walter Sullivan (E. G. Marshall), un acaudalado e influyente hombre de negocios, mientras que el causante de su muerte no es otro más que el mismísimo Presidente de los Estados Unidos.

 

A diferencia de gran parte de los thrillers que exhiben temáticas similares, el éxito de “Absolute Power” no depende de la inclusión de vibrantes escenas de persecución o de vistosos tiroteos, sino que muy por el contrario, Eastwood y compañía optan por apoyarse en lo inteligente de los diálogos del film y en el trasfondo dramático de los personajes protagónicos. Por ejemplo, Seth Frank (Ed Harris), el policía a cargo de la investigación del homicidio, de inmediato se percata que existen una serie de incongruencias en la escena del crimen, lo que lo lleva a pensar que no se trata solo de un simple asesinato. Eventualmente en su investigación aparece el nombre de Whitney, uno de los pocos ladrones vivos que pudo haber ingresado a la mansión de Walter Sullivan sin ser detectado por su costoso sistema de seguridad. El primer encuentro entre ambos, el cual se produce al interior de un museo, resulta en extremo interesante. En medio de una lucha de ingenios, Whitney se da el tiempo de destruir cualquier tipo de hipótesis que lo conecte al crimen, realizando una serie de comentarios cuyo único objetivo es resaltar su avanzada edad, y su supuesta incapacidad de realizar cualquier tipo de esfuerzo físico. Por otro lado, existe otra escena en la cual durante un pequeño intercambio de palabras entre Seth Frank y Walter Sullivan, se revela parte de la personalidad y del trasfondo familiar del influyente millonario. En un arranque de sinceridad, entre otras cosas Sullivan le revela al detective que el espejo de dos vías fue instalado en su habitación a petición de su esposa, a lo que luego añade: “Ella pensó que me gustaría sentarme ahí. No fue así.” Sullivan resulta ser un personaje quebrantado, un hombre que se hizo a sí mismo, que ha pasado gran parte de su vida dando parte de su dinero a la caridad, que ayudó a Allen Richmond a convertirse en Presidente, y que ahora teme convertirse en la burla del resto del mundo a causa del peculiar comportamiento de su fallecida esposa.

En gran medida, “Absolute Power” intenta explorar a fondo la personalidad del protagonista y los pantanosos alcances de su moralidad. Por un lado, en la escena en la cual Whitney presencia el crimen, es posible ver en los ojos del protagonista el doloroso conflicto moral al cual se enfrenta en ese momento. ¿Debería intervenir a sabiendas de las consecuencias que dicha acción pudiese tener, o debería cuidar su libertad y permitir que una mujer sea abusada? Este obviamente no será el único conflicto moral al cual se verá enfrentado Whitney a lo largo de la historia. Una vez que comienza a ser perseguido tanto por la policía como por el Servicio Secreto, el protagonista una vez más tendrá que decidir entre su propio bienestar y hacer lo correcto, lo que no resultará ser una tarea sencilla considerando que hacer lo correcto significa poner en práctica un arriesgado plan que puede costarle la vida a él y a su hija. Con respecto a esto último, la exploración de la peculiar relación existente entre Luther y su hija Kate, resulta ser uno de los puntos altos del film. Tras años de supuesto abandono, Kate ha crecido para convertirse en una fiscal que demuestra un evidente resentimiento hacia su padre. Kate, la única niña de la escuela que solo podía ver a su padre durante los días de visita de la prisión, eventualmente descubre que su padre no ha sido del todo una figura ausente. En uno de los momentos más memorables del film, luego de ver una serie de fotografías, Kate se da cuenta que su padre ha estado por años observándola desde las sombras, acompañándola de manera invisible en sus momentos más importantes. Y es que como el mismo Luther le explicará más tarde, tener un padre ex-convicto no le hubiese ayudado mucho en su carrera.

 

Como siempre, Clint Eastwood demuestra su talento para construir personajes carismáticos e interesantes, aun cuando sus motivaciones y sus métodos puedan resultar moralmente cuestionables. Sin embargo, quien entrega la mejor interpretación del film es Ed Harris, quien hace un estupendo trabajo personificando a un confundido detective que no puede ocultar su admiración por Luther Whitney, ni tampoco su interés por Kate. Judy Davis por su parte, también realiza una interesante labor como la calculadora mano derecha del Presidente de los Estados Unidos, cuya inusual dedicación al trabajo parece estar ligada a la malsana atracción que siente por Allen Richmond. Lamentablemente, en esta ocasión el experimentado actor Gene Hackman no puede evitar caer en la sobreactuación, y lo que es peor, su personaje resulta ser demasiado inconsistente como para ser del todo verosímil o interesante. Algo similar sucede con los agentes del servicio secreto interpretados por Scott Glenn y Dennis Haysbert, los cuales resultan ser demasiado unidimensionales como para despertar el interés del espectador. En cuanto al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el estupendo trabajo de fotografía de Jack N. Green, la atmosférica banda sonora del compositor Lennie Niehaus, y el bien ejecutado trabajo de edición de Joel Cox.

Aunque esta obra palidece en comparación al resto de las producciones que Eastwood había filmado con anterioridad, especialmente por algunas inconsistencias que presenta el guión y por el ritmo narrativo extremadamente pausado que exhibe el film por momentos, “Absolute Power” resulta ser una cinta mucho mejor de lo que la crítica especializada describió en su momento. Si bien “Absolute Power” es básicamente un thriller bastante estándar acerca de la corrupción política, lo que permite que esta producción resalte por sobre otras de similares características, es la inclusión de la complicada relación entre Luther Whitney y su hija. Al utilizar esta historia personal como un arco llamado a unir al resto de los elementos que conforman al film, Eastwood realiza algo bastante complicado: crea un thriller que no está condicionado por sus golpes de efecto. Luther Whitney resulta ser un personaje verdaderamente interesante y complejo, que no se limita a ser simplemente una figura de acción. Gracias a esto, lo que a él le sucede a lo largo del film logra despertar el interés del espectador, cosa que no siempre se puede decir de la inclusión de efectos especiales cuya única función es imprimirle un cierto grado de espectacularidad a historias carentes de peso dramático.



por Fantomas.

sábado, 12 de julio de 2014

Aliens: La guerra ha comenzado.

“Aliens” (1986), es un film de ciencia ficción del director James Cameron, el cual está protagonizado por Sigourney Weaver, Carrie Henn, Michael Biehn y Paul Reiser.

Cincuenta y siete años después de que Ellen Ripley (Sigourney Weaver) sobrevivió a su traumática experiencia con una agresiva especie alienígena, su cápsula de escape criogénica es recuperada por un grupo de miembros de la Corporación Weyland-Yutani para la cual trabajaba. Una vez de vuelta en la Tierra, nadie parece creer su historia acerca de los alienígenas que residen en el planeta LV-426. Sin embargo, cuando la Corporación pierde toda comunicación con los residentes de una colonia que se encuentra en dicha locación, deciden enlistar nuevamente a Ripley, quien acompañada por un grupo de marines, un androide llamado Bishop (Lance Henriksen), y un ejecutivo llamado Carter Burke (Paul Reiser), deberá emprender una misión de exploración en la que nuevamente se verá enfrentada a su peor pesadilla, solo que esta vez la amenaza parece ser mucho más letal.

 

Mientras se encontraba completando el proceso de pre-producción de “The Terminator” (1983), el director James Cameron empezó a albergar el deseo de filmar una secuela del film de ciencia ficción y horror “Alien” (1979). Pese a que los ejecutivos de la 20th Century Fox no estaban demasiado entusiasmados con la idea de producir una secuela de la cinta de Ridley Scott, tras leer un borrador de 90 páginas que desarrolló Cameron mientras filmaba “The Terminator”, prometieron financiar el proyecto siempre y cuando la película del implacable androide proveniente del futuro resultara ser un éxito de taquilla, cosa que para alegría de Cameron eventualmente sucedería. Desde las primeras etapas del proyecto, Cameron se negó a repetir la fórmula utilizada por Scott para así poder crear un nuevo universo en torno a la mitología expuesta en “Alien”. Es por esto que el realizador optó por crear una historia inspirada en la Guerra de Vietnam, la cual según su punto de vista era una situación en la cual una fuerza tecnológicamente superior se encontraba combatiendo en un ambiente hostil extranjero. Según el mismo Cameron: “El entrenamiento y la tecnología de los Marines Coloniales que aparecen en el film son inapropiados para la situación, lo cual puede ser visto como una analogía de la incapacidad que exhibió el poder de fuego americano para conquistar a un enemigo invisible en Vietnam; era mucho poder de fuego y muy poca sabiduría, por eso no funcionó.” De la misma forma, Cameron señala que se pueden trazar ciertos paralelos entre los motivos que llevaron a las tropas norteamericanas a movilizarse al Sur de Vietnam, y la razón por la cual la Corporación Weyland-Yutani decide enviar a Ripley y a un grupo de arrogantes soldados a una colonia que aparentemente ha sido diezmada por una letal raza alienígena.

A raíz de lo antes mencionado, “Aliens” bien podría ser considerada como una cinta bélica que se desarrolla en un escenario propio del género de la ciencia ficción; los protagonistas son un grupo de soldados que son enviados a un lugar remoto donde reside una colonia que de pronto ha dejado de comunicarse. A su llegada, descubren que no solo los colonos están muertos, sino que además una horda de violentos nativos alienígenas están listos y dispuestos a destrozar al escuadrón de marines cuyo armamento y preparación es supuestamente superior. El gran mérito del director, es que desarrolla esta simple premisa utilizando una narrativa que parece avanzar a toda velocidad, lo que provoca que el espectador rápidamente se vea envuelto en una cadena de acontecimientos tan impredecibles como inquietantes. Lamentablemente, la evidente preocupación que exhibe Cameron por crear momentos llenos de acción y suspenso, provoca que descuide por completo la construcción de gran parte de los personajes que interactúan a lo largo del film. Es por esto que no resulta extraño que tanto el Cabo Hicks (Michael Biehn), como los soldados Hudson (Bill Paxton) y Velásquez (Jenette Goldstein), quienes dicho sea de paso son los únicos marines que logran dejar una huella patente en la memoria del espectador, se presenten como personajes completamente unidimensionales que corresponden a determinados arquetipos propios de este tipo de relatos. Mientras que Hicks se alza como el único soldado empático e inteligente, Hudson es simplemente un tipo cobarde, y Velásquez es una mujer cuya única característica distintiva es su aparente exceso de testosterona.

 

Por otro lado, en “Aliens” James Cameron realiza una descripción bastante cínica de la sociedad futurista en la que se desenvuelve Ellen Ripley, ya que establece que más allá de los avances tecnológicos que ha alcanzado la humanidad, su prioridad aún sigue siendo el dinero. No solo el grupo de Marines está constantemente quejándose sobre el sueldo que recibirán por emprender la peligrosa misión al planeta LV-426, sino que además el espectador no tarda en enterarse que la principal preocupación de los mandamases de la Corporación Weyland-Yutani no es rescatar a los colonos desaparecidos, sino que lo que ellos realmente desean es capturar a uno de los mortíferos alienígenas para utilizarlo como una verdadera arma biológica. Y es que los alienígenas son retratados como organismos casi perfectos, los cuales poseen una increíble habilidad para matar a los humanos, diversos mecanismos de defensa orgánicos, y un sistema reproductivo parasitario que los sitúa en la cima de la cadena alimenticia. Curiosamente, la naturaleza destructiva tanto de los alienígenas como de la Corporación Weyland-Yutani, genera que ambos no solo evidencien un total desprecio por la raza humana, sino que además ambas entidades tengan como único objetivo sobrevivir y perpetuar su continuo crecimiento a costa de innumerables vidas inocentes.

Como a estas alturas resulta evidente, más allá de la superficie en apariencia simplista que presenta el film, “Aliens” esconde un subtexto realmente rico en matices y simbolismos. Si hay algo que sin duda resulta interesante de “Aliens”, es la forma en como Cameron introduce el tema de la maternidad y la naturaleza dentro de una historia en esencia violenta y pesimista. Mientras que por un lado Ripley se alza como una figura materna y como una representante de la intuición femenina, la Reina alienígena a la cual se enfrenta en el tramo final de la cinta no solo representa a su polo completamente opuesto, sino que además simboliza a la imparable e impredecible fuerza de la naturaleza. Y es que mientras Ripley se presenta como una figura materna cariñosa y protectora con la pequeña Newt (Carrie Henn), quien es la única sobreviviente de la colonia situada en el planeta LV-426. la Reina alienígena simboliza a la maternidad en su versión más destructiva y pesadillesca, la cual obliga a distintos individuos a actuar como las incubadoras de sus crías hasta el momento de su brutal nacimiento. Esta faceta de Ripley, la cual no había sido explorada anteriormente en “Alien”, también es utilizada por el director para contrastar la actitud de la protagonista con la de los marines que la acompañan en su viaje a la colonia del planeta LV-426. Pese a estar física y mentalmente preparados para cualquier escenario de combate, los marines carecen de la intuición y la empatía que exhibe en todo momento Ripley, lo cual les impide dimensionar los alcances de la situación en la que se encuentran inmersos, y automáticamente los sentencia a sufrir un violento final a manos de las determinadas y virtualmente imparables fuerzas alienígenas.

 

Si hay algo que es absolutamente indiscutible, es que en la Ellen Ripley interpretada por Sigourney Weaver, el director James Cameron encontró a la heroína más grande de toda su filmografía. Durante el curso de su carrera, el cineasta se ha preocupado de retratar a personajes femeninos fuertes que son poseedores de una veta evidentemente masculina, lo que a fin de cuentas les permite sobresalir en realidades completamente dominadas por los hombres. Lo que es aún más importante, es que a diferencia de “Alien”, en esta oportunidad Ripley se convierte en un personaje mucho más complejo, lo que permite que el espectador rápidamente empatice con su peculiar situación. El resto del elenco por su parte, interpreta de manera a correcta a sus respectivos personajes, los cuales como ya había mencionado anteriormente lamentablemente están condenados al olvido a causa de su inexorable unidimensionalidad. En cuanto al aspecto técnico de la producción, si bien ni el trabajo de fotografía de Adrian Biddle ni la banda sonora compuesta por James Horner son particularmente memorables, si resulta necesario destacar el diseño de producción de Peter Lamont y la dirección de arte de Terry Ackland-Snow, quienes en conjunto son responsables de la atmósfera claustrofóbica y paranoica que domina a la cinta.

Aun cuando “Aliens” está repleta de momentos que causan sobresaltos y tiene innumerables secuencias de acción, no logra ser igual de aterradora que la cinta original. Esto se debe a que básicamente el film de Cameron elimina gran parte del misterio que se esconde tras las criaturas alienígenas, convirtiendo lo que Ridley Scott retrató como una suerte de letal espectro, en una verdadera horda de alimañas que terminan siendo exterminadas como si fuesen insectos. Todo esto termina dinamitando el impacto que producen gran parte de las criaturas a lo largo del film, con la sola excepción de la imponente Reina alienígena, cuya presentación es uno de los momentos más memorables de todo el metraje. Pese a sus falencias, “Aliens” no solo es una gran secuela, sino que además marcó el advenimiento de las superproducciones de ciencia ficción y acción tanto en el ámbito del cine como en el de la televisión, y generó una serie de imitaciones que incluso en la actualidad se siguen alimentando de su influencia. Esto se debió en gran medida a que James Cameron fue lo suficientemente inteligente como para tomar una historia poseedora de su propia mitología, la cual fue creada para ser exhibida ante un determinado nicho de público, para luego convertirla en un producto bastante más asequible para una audiencia heterogénea dispuesta a sumergirse en una batalla sin cuartel entre una verdadera sobreviviente y su peor pesadilla.



por Fantomas.

lunes, 16 de junio de 2014

All The Colors Of The Dark: El giallo y su aproximación al ocultismo.

“Tutti i colori del buio” (1972), es un giallo del director Sergio Martino, el cual está protagonizado por Edwige Fenech, George Hilton y Susan Scott.

Jane Harrison (Edwige Fenech) vive en Londres con Richard Steele (George Hilton), su novio. Lamentablemente para ella, desde hace algún tiempo ha estado teniendo cruentas pesadillas, las cuales están influenciadas por el asesinato de su madre ocurrido hace ya varios años, y por un accidente reciente que provocó que perdiera el bebé que estaba esperando. Mientras que Richard cree que la solución para el problema de Jane es el consumo de vitaminas, su hermana Barbara (Susan Scott) le recomienda que consulte a un psicoanalista. Sin embargo, influenciada por una misteriosa vecina llamada Mary (Marina Malfatti), Jane termina asistiendo a una misa negra, lo que desencadenará lo que parece ser su lento descenso a locura.

 

De las cinco películas que el director italiano Sergio Martino filmó entre 1971 y 1973, probablemente “Tutti i colori del buio” es la más interesante de todas. Y es que a diferencia del resto de los films que comprenden dicha etapa del director, la cual está conformada por “Lo strano vizio della Signora Wardh” (1970), “La coda dello scorpione” (1971), “Il tuo vizio è una stanza chiusa e solo io ne ho la chiave” (1972) y “Torso” (1973), esta producción en particular escapa de los típicos cánones del giallo para inspirarse en la exitosa cinta de terror psicológico “Rosemary´s Baby” (1968), del director Roman Polanski. Tras ver el film del cineasta polaco, Martino se propuso confeccionar un giallo que tuviese una clara relación con el mundo del ocultismo, para así darle nueva vida a un género que se estaba quedando falto de ideas. Con esto en mente, el director se acercó al guionista Santiago Moncada, quien previamente había trabajado con Mario Bava en la cinta “Il rosso segno della follia” (1970), con el fin de escribir una historia que se adaptara a la peculiar idea que él tenía en mente. Dicha historia posteriormente sería adaptada por la dupla conformada por Ernesto Gastaldi y Sauro Scavolini, quienes para ese entonces ya se habían convertido en colaboradores habituales de Martino.

Tras una introducción consistente en una pesadilla en la cual conviven una mujer embarazada lista para dar a luz, una escalofriante anciana vestida como si fuese una niña, una mujer desnuda sobre una cama la cual intenta defenderse del mortal ataque de un psicópata de intensos ojos azules, y la secuencia en negativo de lo que parece ser un accidente automovilístico, aparece Jane, la sufrida protagonista que actualmente está cursando un cuadro de depresión causado por la pérdida del niño que llevaba en su vientre, luego de protagonizar un accidente de tráfico causado torpemente por su pareja Richard. Como si esto fuera poco, Jane además tiene que cargar con el trauma del inexplicable asesinato de su madre, el cual ocurrió cuando ella y su hermana Barbara eran tan solo unas niñas. Todo esto le ha provocado una serie de pesadillas cada vez más vívidas, que han influido directamente en su relación de pareja, y la han convertido en una persona solitaria cuyo único contacto fuera de su hogar es su hermana Barbara. Preocupada por la situación, Jane no solo accede a tomar unas vitaminas que le ha estado dando Richard, sino que además ante la insistencia de su hermana, acepta visitar al Doctor Burton (George Rigaud), un psicoanalista que asegura que puede ayudarla a solucionar su peculiar problema. Sin embargo, ante la aparición de un hombre idéntico al que habita en sus sueños (Ivan Rassimov), el cual parece seguirla a donde quiera que vaya, Jane no tiene más remedio que adoptar una medida extrema para resolver su delicada situación; influenciada por su nueva vecina Mary, Jane accede a participar en un ritual satánico cuyas consecuencias irán más allá de todo lo que ella pudo haber imaginado, convirtiendo su vida en un verdadero infierno.

 

Tal y como sucede en la ya mencionada “Rosemary´s Baby”, en el film de Martino la protagonista es una mujer que experimenta un estado de paranoia constante provocado por sus vivencias personales y por determinados hechos que han estado ocurriendo a su alrededor, lo que ha gatillado su cada vez más marcado aislamiento del resto del mundo. Al mismo tiempo, la inclusión de un embarazo como evento detonante del frágil estado psicológico de Jane, la insinuación de que su pareja Richard no es de fiar, la presencia de un culto satánico cuyos rituales están marcados por el sexo y la sangre, y la constante sensación de claustrofobia a la que es sometida la protagonista, son otros de los paralelos que se pueden trazar entre “Tutti i colori del buio” y la ya clásica cinta de Polanski. Con respecto a esto último, llama la atención como Martino retrata la sensación de claustrofobia y aislamiento que experimenta Jane, ya sea mediante el uso de primeros planos cuando ella se encuentra al interior de determinados escenarios cerrados, o de planos abiertos cuando ella está en medio de escenarios urbanos, los cuales por lo general son filmados detrás de diversos objetos para así crear la ilusión de que ella está siendo constantemente observada. Cabe mencionar que todo esto es complementado con el uso de peculiares ángulos de cámara, y por una edición por momentos realmente frenética. Gracias a esto, Martino convierte a “Tutti i colori del buio” en una pesadilla surrealista, lo que le permite jugar con las expectativas del espectador quien al igual que Jane, le resulta difícil distinguir la fantasía de la realidad.

Algo que sin lugar a dudas logra cimentar el cariz surrealista que posee el film, es el hecho de que la mayoría de las muertes que presenta “Tutti i colori del buio” suceden fuera de pantalla, o bien acontecen dentro del contexto de un sueño. A raíz de esto, los únicos asesinatos verificables son aquellos cometidos por Jane o por Richard, lo que no solo le otorga una ambigüedad inusitada a la cinta, sino que además provoca que esta resulte ser bastante menos sangrienta que el promedio de los giallos. Afortunadamente, Martino compensa la falta de violencia gráfica con diversas escenas de desnudo de la magnética Edwige Fenech, y con un par de secuencias realmente efectivas, entre las que se encuentran la ya mencionada secuencia de la pesadilla constante de Jane, y aquellas que se centran en los rituales satánicos liderados por el oscuro personaje interpretado por Julián Ugarte. Con respecto a dichos rituales, estos no solo quedan grabados en la retina del espectador por presentar a una serie de personajes repulsivos reunidos en torno al cuerpo desnudo de la protagonista, quien no puede ocultar su desagrado y su temor una vez que el líder de la secta se abalanza sobre ella, dando inicio a una grotesca orgía cuyo supuesto objetivo es librar a Jane de la frigidez y la sensación de paranoia que ha provocado un serio quiebre en su relación con Richard y con el resto del mundo, sino que además una de estas secuencias incluye el asesinato ritual de un pequeño perro, escena que rápidamente se convierte en una de las más escabrosas de todo el film.

 

Resulta evidente que el film no tendría el impacto que posee si no fuese por la correcta labor del elenco participante. Edwige Fenech no solo se destaca por su innegable belleza y su desbordante sensualidad, sino que además por su capacidad de expresar de manera realista la sensación de pánico y desconcierto que siente su personaje cuando se da cuenta que es incapaz de distinguir que es real y que es producto de su volátil imaginación. El actor de origen uruguayo George Hilton por su parte, aun cuando su personaje solo obtiene unos pocos minutos de pantalla, logra interpretar de forma convincente a un hombre que no es del todo sincero con su pareja, lo que provoca que inevitablemente el espectador sospeche de sus verdaderas intenciones con Jane. Quien obtiene un mayor protagonismo en el film es Ivan Rassimov, quien interpreta a un misterioso hombre de penetrantes ojos azules que comienza a acosar a Jane sin motivo aparente. Pese a no tener muchas líneas de diálogo, Rassimov se alza como una presencia amenazante que provoca un gran impacto en el relato. En cuanto al aspecto técnico de la cinta, uno de los elementos más memorables de “Tutti i colori del buio” es el trabajo de fotografía de Miguel Fernández Mila y Giancarlo Ferrando. El trabajo de cámara se nutre constantemente de la belleza de los escenarios londinenses, al mismo tiempo que es el gran responsable del suspenso y los tintes surrealistas que presenta el relato. Todo esto es complementado por la atmosférica banda sonora del compositor Bruno Nicolai, la cual además cumple con realzar el tono psicodélico que domina algunos pasajes del film.

Si bien se podría argumentar que “Tutti i colori del buio” no es precisamente un giallo debido a la ausencia de algunos elementos visuales/narrativos característicos del género, como por ejemplo la presencia del clásico asesino enguantado, es innegable que el film de Martino conserva otros como el misterio, la paranoia, el erotismo, y la participación de un testigo ocular, el cual está encarnado en la figura de la inestable Jane. De hecho, el acto inaugural de la trama establece que Jane presenció cómo su madre fue asesinada, lo cual posteriormente es yuxtapuesto con la poca fiabilidad que ella posee como testigo. Y es que muchas de las situaciones que son exhibidas en la pantalla han sido filtradas y deformadas por la percepción personal de la protagonista, lo que provoca que gran parte de ellas no logren ser aceptadas como una certeza absoluta por el espectador. Probablemente el mayor problema de “Tutti i colori del buio” es la resolución del misterio que se esconde tras la peculiar situación de Jane, la cual no solo se siente algo apresurada, sino que además resulta algo tramposa y ambigua. Pese a esto, el film de Martino se alza como una entrada interesante dentro del género del giallo, gracias a la particular mezcla de elementos que posee la trama, a su dinámico ritmo narrativo, a su maravilloso aspecto visual, y a la presencia de una protagonista incapaz de distinguir si su sufrimiento es causado por los hombres que la rodean o por el mismísimo Diablo.



por Fantomas.

viernes, 23 de mayo de 2014

The Hunchback of Soho: Edgar Wallace, la Rialto y el cine a color.

"Der Bucklige von Soho" (1966), es un thriller del director Alfred Vohrer, el cual está protagonizado por Günther Stoll, Eddi Arent y Pinkas Braun.

Un misterioso jorobado (Richard Haller) ha estado estrangulado a jóvenes mujeres en las cercanías del barrio londinense de Soho. Al mismo tiempo, una joven llamada Wanda Merville (Monika Peitsch) es secuestrada por una peligrosa banda de criminales que buscan suplantarla para cobrar su millonaria herencia. Será responsabilidad del Inspector Hopkins (Günther Stoll) descubrir cómo estos hechos se conectan antes de que sea demasiado tarde para todos los involucrados en este peculiar caso.

 

Pese a que inicialmente fue planeada como una cinta en blanco y negro, el arrasador éxito que estaba teniendo el cine a color llevó al productor Horst Wendlandt a cambiar sus planes, convirtiendo a “Der Bucklige von Soho” en el primer film a color de la serie de adaptaciones de la obra del escritor británico Edgar Wallace realizada por la productora Rialto Film. Aunque Wendlandt no deseaba alejarse demasiado de la exitosa fórmula que ya había sido probada anteriormente en múltiples ocasiones, en esta oportunidad se vio obligado a realizar algunos cambios de último minuto en lo que al elenco se refiere. Debido a que previamente había asumido otros compromisos, el actor Joachim Fuchsberger tuvo que ser reemplazado por Günther Stoll, quien había adquirido cierta notoriedad por su trabajo en la miniserie “Melissa” (1966). Al mismo tiempo, la actriz Uschi Glas, quien originalmente había sido contratada para interpretar a Wanda Merville, abandonó la producción para participar en el western “Winnetou und das Halbblut Apanatschi” (1966), del director Harald Philipp. A raíz de eso, Monika Peitsch, quien hasta ese entonces había trabajado mayormente en televisión, se quedó con el papel de la joven heredera. Lamentablemente para Wendlandt, estos no serían los únicos problemas que enfrentaría la producción. La FSK, que no es otra cosa que la organización que está a cargo de la censura de la industria cinematográfica alemana, durante años censuró diversos segmentos del film, lo que provocó que circularan varias versiones de la cinta. Recién en el año 1991 se autorizó el estreno del corte del director, el cual entre otras cosas incluía la secuencia de créditos original y algunas escenas que en su momento se consideraron demasiado violentas como para ser exhibidas en las salas de cine del territorio alemán.

“Der Bucklige von Soho” comienza con el inexplicable asesinato de una joven a manos de un violento jorobado. Casi de manera simultánea, la joven Wanda Merville llega a Londres para cobrar la millonaria herencia que le ha dejado su fallecido padre. Al poco tiempo de su arribo a la ciudad británica, Wanda es secuestrada por el siniestro Alan Davis (Pinkas Braun), quien decide recluirla en un hogar para jóvenes que han tenido problemas con la ley, el cual está manejado por una respetable anciana llamada Lady Perkins (Agnes Windeck), quien coincidentemente es la tía de Wanda. La verdad es que Davis junto a varios secuaces, entre los que se encuentran una sádica institutriz (Gisela Uhlen) y el Reverendo David (Eddi Arent), están llevando a cabo una macabra operación criminal: mientras ellos utilizan a gran parte de las chicas que viven al interior de la institución como esclavas de su negocio de limpieza, las más “afortunadas” son trasladadas a un burdel clandestino donde son obligadas a desenvolverse como prostitutas. Con este escenario entre manos, será responsabilidad del Inspector Hopkins de Scotland Yard y de su torpe y libidinoso jefe, Sir John (Siegfried Schürenberg), descubrir el verdadero plan de los secuestradores y averiguar quiénes son todos los involucrados en esta peligrosa red de corrupción y muerte.

 

Si bien las producciones enmarcadas dentro del ciclo de adaptaciones de la obra de Edgar Wallace realizada por la productora Rialto jamás se caracterizaron por su profundidad dramática, curiosamente para muchos entendidos el comienzo de la utilización del color por parte de la compañía germana, daría pie al franco declive de la serie de films encabezados por el productor Horst Wendlandt. Aunque obviamente esta afirmación queda completamente sujeta a la subjetividad del espectador, es indiscutible que “Der Bucklige von Soho” marcaría un punto de inflexión dentro de la saga a lo menos en el aspecto visual de la misma. Si bien es imposible asegurar que todas las producciones filmadas previo al estreno de este film son ampliamente superiores tanto a nivel narrativo como técnico, es indiscutible que gran parte de las cintas posteriores presentaban guiones que incluían complicaciones algo innecesarias, y en ocasiones se volcaron de manera grosera hacia la comedia, lo que terminó restándole seriedad a las tramas policiales en las cuales se centraban. Para ser justos, todo esto no significa que la fórmula empleada en un principio por Wendlandt sufriera una mutación tal, que la serie cambiara drásticamente de dirección, convirtiéndose en un producto irreconocible para los seguidores de la misma, sino que ciertos elementos fueron intervenidos para evitar los problemas propios del evidente desgaste que estaba sufriendo el ciclo.

Más allá de la discusión antes expuesta, existe una suerte de consenso con respecto a que “Der Bucklige von Soho” está lejos de ser una de las mejores cintas de la saga, principalmente porque no cumple con la promesa que está explicitada en su sinopsis. En gran medida, el film de Vohrer es un ejemplo de una de las debilidades del cine alemán de género, la cual ha sido descrita por determinados críticos como simple cobardía. “Der Bucklige von Soho” como muchas otras producciones germanas de corte similar, es una película que pese a intentar convertirse en un film de explotación, principalmente mediante la inclusión de elementos propios de los dramas carcelarios, del cine de sexplotation, del género del horror y del cine europeo de espías, entre otros, no se atreve a dar el paso necesario para insertarse de lleno en temáticas más oscuras que finalmente cumplan con lo que en un determinado momento promete entregar la producción. Esta falta de valentía y compromiso con los tópicos que pretenden abarcar los films de Wallace, en muchas ocasiones resulta frustrante, y en gran medida explica la inclusión de quiebres cómicos cuya función principal es fragmentar cualquier intento por parte de los realizadores de retratar escenarios escabrosos de manera explícita.

 

En el ámbito de las actuaciones, si bien Günther Stoll interpreta al Inspector Hopkins con aplomo, gracias a lo cual lo convierte en un personaje creíble, este carece del carisma que ostentaban los detectives interpretados anteriormente por Joachim Fuchsberger y Heinz Drache. En el caso de Pinkas Braun, tal y como sucede en otras de las entradas de la serie, interpreta de manera correcta a un villano de rasgos psicopáticos, dispuesto a todo con tal de lograr sus objetivos. Sin embargo, quien en esta oportunidad se alza como el gran villano del film, es el personaje interpretado por Eddi Arent, quien suele ser recordado por los numerosos papeles que interpretó a lo largo del ciclo con una clara inclinación hacia la comedia. El Reverendo David no solo es un hombre inescrupuloso que se esconde tras una fachada de respetabilidad, sino que además es un asesino a sangre fría al cual incluso sus peligrosos asociados parecen temer. Por último, cabe mencionar la labor de Siegfried Schürenberg, quien una vez más interpreta de buena manera al impulsivo Sir John, personaje que en esta ocasión es el encargado de aportar con pequeñas dosis de comedia a una trama en general bastante retorcida. Por otro lado, en relación al aspecto técnico de la producción, resulta destacable el siempre correcto trabajo de fotografía de Karl Löb, y la estrambótica pero adecuada banda sonora del compositor Peter Thomas.

Si bien gran parte de los films pertenecientes al ciclo de adaptaciones de la obra de Edgar Wallace lograban sobreponerse a sus problemas temáticos gracias a las virtudes de la dirección creativa de sus realizadores, a la locura proveniente de sus relatos en ocasiones confusos y frenéticos, y a la sensación de diversión que proyectaban los actores involucrados en dichas producciones, en esta oportunidad el director Alfred Vohrer no logra capitalizar una historia que en el papel a lo menos parecía interesante. Aunque el cineasta utiliza gran parte de los recursos que ocupó en sus aportes previos al ciclo, solo logra construir tres o cuatro escenas capaces de proyectar la locura reinante en gran parte de sus trabajos. Si algo deja en claro “Der Bucklige von Soho”, es que para el año 1966 los creativos a cargo de las adaptaciones cinematográficas de la obra Edgar Wallace se estaban quedando sin ideas. Mientras que el uso del color es una de las pocas innovaciones apreciables que presenta el film, este nuevamente se centra en la eterna lucha del bien contra el mal, y en la presencia de una damisela en desgracia, entre otras cosas. Pese a todas sus falencias, “Der Bucklige von Soho” se alza como una cinta entretenida, poseedora de un ritmo narrativo dinámico, la cual daría paso a una nueva etapa dentro del ciclo llevado a cabo por la Rialto, la cual se caracterizaría por su indiscutible irregularidad creativa.



por Fantomas.
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