martes, 30 de marzo de 2010

The Brain That Wouldn´t Die: ¿Dónde está el resto de mi cuerpo?

“The Brain That Wouldn´t Die” (1959), es una cinta de ciencia ficción del director Joseph Green, la cual está protagonizada por Jason Evers, Virginia Leith y Leslie Daniels.

El Doctor Bill (Jason Evers) es un cirujano carente de ética que está desarrollando una técnica de trasplante de órganos y miembros. Después de que su prometida Jan Compton (Virginia Leith) es decapitada en un horrible accidente automovilístico, el doctor intentará encontrar a una mujer con un cuerpo bonito para trasplantarle la cabeza de su novia, que es lo único que pudo salvar del accidente.


A fines de la década de los cincuenta, Joseph Green, un joven estudiante aficionado al cine y a la literatura fantástica, comenzó a escribir y dirigir cintas publicitarias con la esperanza de poder ingresar algún día a la industria cinematográfica. Cuando en 1959 Harry Blaney, un amigo productor de Broadway, le presentó al productor de cine serie B Rex Carlton, Green pensó que al fin se le presentaba la gran oportunidad que había estado esperando. Carlton buscaba a alguien que quisiese dirigir una película destinada a horrorizar al público adolescente, cuyo título tentativo era “I Was a Teenage Brain Surgeon”. Tomando la idea de Carlton como base, Green se inspiró en cintas como “Donovan´s Brain” (1953) y “The Man Without a Body” (1957), y en dos o tres días escribió un guión titulado “The Head That Wouldn´t Die”, título que el distribuidor posteriormente cambiaría por el definitivo “The Brain That Wouldn´t Die”. Con un presupuesto de 125.000 dólares, Green tuvo que arreglárselas para filmar la cinta en tan solo trece días al interior de un estudio de 20 metros por 20 metros, situado en el sótano del hotel Henry Hudson de Nueva York.

Debido a lo precario de la producción, el ayudante de dirección y el montador (Tony LaMarca y Leonard Anderson respectivamente) eran los únicos integrantes del equipo de filmación con alguna experiencia cinematográfica. En cuanto a los actores, algunos de ellos fueron reclutados a través de una agencia, como por ejemplo Herb Evers, Virginia Leith, y el gigante de circo Eddie Carmel, mientras que el resto se presentó al casting luego de ver un anuncio publicado en un periódico. Como es de esperarse, la historia toma bastantes elementos prestados del clásico relato de Frankenstein y del tema de los científicos locos. El protagonista es un experimentado doctor que está determinado a desafiar el orden natural de las cosas, utilizando sus conocimientos médicos para explorar nuevos horizontes. De hecho, está obsesionado con la idea de poder prolongar la vida humana mediante complejos trasplantes, los cuales ha ido perfeccionando con la ayuda de su deforme asistente (Leslie Daniels). Su laboratorio, al igual que el castillo de Frankenstein, está ubicado en un lugar alejado del resto de la sociedad. Por último, al igual que su colega, el Dr. Bill Cortner intenta reconstruir el cuerpo de su amada utilizando partes de otros cuerpos.

La extraña historia de esta cinta en cierta manera, también logra plasmar algunas de las emociones más primitivas del hombre. Desde el inicio del film, durante la excesivamente larga escena de apertura en el quirófano, se sugiere que Bill desea abandonar la filosofía conservadora de su padre, en lo que podría ser considerado como una suerte de modernización del mito de Ícaro y Dédalo. Por otro lado, las motivaciones que llevan nuestro demente protagonista a intentar “arreglar” a su accidentada novia trasplantándole un hermoso cuerpo nuevo, responden más a un aspecto sexual que a uno amoroso. De la misma forma, el tema de la bestia que el doctor esconde en el closet de su laboratorio, puede relacionarse con la supuesta homosexualidad reprimida del protagonista. El monstruo también representa sus errores, los cuales él se rehúsa a hacer públicos debido a que lo sumirían en la más profunda vergüenza. Y es que la sexualidad es un elemento importante dentro de la cinta. A la ambigüedad sexual del protagonista, se le suman escenas como la del club nocturno, donde dos bailarinas terminan enfrascadas en una pelea, y una gran cantidad de diálogos que presentan francas alusiones sexuales (en algunos casos de tono lésbico).

La cinta también toca el delicado tema de la eutanasia. Jan lo único que quiere es morir, pero el egoísmo de Bill no se lo permite. La reacción del protagonista, su obsesión por encontrar un cuerpo que a sus ojos parece ser perfecto para reemplazar al de su amada, no hace más que reforzar la noción de que las motivaciones de Bill son meramente egoístas. Si bien Green hace todo lo posible por imprimirle cierta profundidad a la historia, es imposible tomarla demasiado en serio. Algunas escenas son sencillamente burdas, mientras que otras no cumplen ninguna función más que agregarle minutos al metraje. La verdad es que si se analiza la trama de manera rigurosa, esta no tiene demasiado sentido. Teóricamente, Bill dispone de un suero especial que le permitirá trasplantar con éxito la cabeza de Jan a un nuevo cuerpo, pero nunca se explica muy bien como este funciona (sólo se menciona que versiones anteriores del suero terminaron provocando diversas deformidades en los sujetos de prueba). Por otro lado, durante gran parte de la cinta vemos como el protagonista visita diversos lugares en búsqueda de hermosas mujeres, cuyos cuerpos puedan ser utilizados como huésped de la cabeza de su novia, siempre procurando que no existan testigos que puedan situarlo junto a sus potenciales víctimas. Esto lo lleva a involucrase en situaciones tan ridículas como llamativas, como la ya mencionada pelea entre las bailarinas de un club nocturno.

Las actuaciones tampoco ayudan a elevar la calidad del producto. En general, la labor del elenco es bastante mediocre. Aunque Jason Evers es creíble por momentos como el mad doctor de turno, algunas de sus intervenciones son lamentables y provocan más risa que temor. Probablemente es Virginia Leith quien más se destaca en el aspecto interpretativo, ya que es ella quien logra imprimirle un cierto toque de terror al film. Por otro lado, algunos diálogos son demasiado pretensiosos, por lo que están lejos de provocar interés u otorgarle una profundidad mayor a la desquiciada trama. Aunque a nivel técnico presenta más de algún error, principalmente debido a que gran parte del equipo de filmación no tenía ningún tipo de experiencia cinematográfica, la cinta presenta algunas escenas destacables por lo ingenioso de su desarrollo (por ejemplo la del accidente de la pareja protagónica). También es destacable el armatoste en el que se encuentra la cabeza de Jan, el cual pese a tener un diseño más bien sencillo, es por lejos el objeto más complejo en el minimalista laboratorio de Bill. Por último, el film presenta una banda sonora correcta pero completamente olvidable, la cual fue recopilada prácticamente en su totalidad por el especialista en música de archivo Ed Craig.

Pese a que el rodaje de “The Brain That Wouldn´t Die” finalizó en 1959, esta recién fue estrenada en 1962 debido a que en su momento, Rex Carlton a alguien que distribuyera la cinta. Esto se debió al abundante contenido sexual y a un par de escenas gore que presentaba el film, el cual fue tildado de excesivo y escandaloso. Cuando la American International Pictures estrenó la película, amputó las escenas gore reduciendo la duración del film en casi diez minutos. Como era de esperarse, la cinta pasó sin pena ni gloria por las salas de cine de la época. Algunos años más tarde, un error de la AIP permitió que “The Brain That Wouldn´t Die” pasara al dominio público, lo que eventualmente la terminó convirtiendo en un film de culto. Al que igual que cintas como “Plan 9 From Outer Space” (1959), estamos ante una película que es un verdadero placer culpable. Pese a su estética minimalista tan propia del cine de bajo presupuesto, a las actuaciones mediocres, a los errores técnicos, y al pretencioso pero bien intencionado guión, “The Brain That Wouldn´t Die” se alza como una película entretenida y a ratos casi surrealista, que presenta una serie de características que la sitúan como un digno exponente del siempre vilipendiado cine Z.



por Fantomas.

lunes, 29 de marzo de 2010

Maestros de la Animación: Ub Iwerks, desde 1930 hasta 1971.

* Para quienes quieran conocer la carrera de Ub Iwerks antes de 1929, como este conoció a Walt Disney, y como ambos formaron una sociedad, ya existe un artículo en este blog titulado “Walt Disney y Ub Iwerks antes de 1929”.

Los primeros dibujos animados de la factoría Disney fueron distribuidos por un hombre llamado Pat Powers. Fue Powers quien ayudó en gran medida a que la empresa comandada por los hermanos Disney y Ub Iwerks lograra una cierta estabilidad económica cuando le vendió el sistema Cinephone a Disney (el cual era un método que permitía filmar cintas sonoras), gracias a lo cual el corto “Steamboat Willie” (1928) logró ser el primer dibujo animado con sonido sincronizado. En aquellos tiempos, Walt Disney sabía que Iwerks era el verdadero talento de su estudio, razón por la cual él recibía un sueldo mayor al que recibía el mismo Disney. Sin embargo, sería Walt quien eventualmente se volvería rico y famoso. Cuando Iwerks y Carl Stalling produjeron el corto “The Skeleton Dance” (1929), Disney no se mostró demasiado entusiasmado con la idea. Fue ahí cuando comenzó a deteriorarse la relación entre ambos, ya que Iwerks comenzó a sentir que Disney hacía todo lo posible por mantenerlo entre las sombras para así quedarse con todo el crédito de las obras del estudio. Pat Powers consciente de lo que estaba sucediendo, en 1930 le ofreció a Iwerks su propio estudio y el doble del salario que estaba recibiendo en aquel entonces. Ub, que se había mantenido leal a Disney durante todo el incidente con Charles Mintz, esta vez decidió dejar a su viejo amigo para formar los Ub Iwerks Studios, bajo contrato con la productora de Powers, la Celebrity Pictures. Disney se sintió traicionado, por lo comenzó a borrar todas los contribuciones que Iwerks había realizado para los Estudios Disney.

Dos años antes, cuando Ub y Walt estaban intentando buscar un reemplazante para el personaje de Oswald, Iwerks había diseñado una rana antes de crear a Mickey Mouse. Mientras desarrollaba sus borradores, Powers y Iwerks tenían la esperanza de que La Rana Flip se convirtiera en la nueva estrella del mundo de la animación. Sin embargo, el primer corto de Flip titulado “Fiddlesticks” (1930), resultó ser bastante mediocre. Si bien está increíblemente bien animado, era demasiado plano como para llamar la atención. Curiosamente, Flip quien aparece tocando un piano, es acompañado por un ratón que toca un violín, el cual se parece bastante a Mickey (lo que probablemente enfadó bastante a Disney, que era precisamente el objetivo de Iwerks). El corto guarda bastantes semejanzas con el corto protagonizado por Mickey titulado “Fiddlin´About” (1930), por lo que uno no podría saber a ciencia cierta quien lo robó la idea a quien. Sin embargo, lo que si resulta ser interesante es que “Fiddlesticks” es el primer dibujo animado a color, y el ratón que aparece está usando pantalones rojos. Mickey Mouse no utilizaría pantalones rojos hasta su primer corto a color titulado, “The Band Concert” (1935), el cual sería estrenado cinco años después.


Ub Iwerks se las había arreglado para vencer a Disney en el ámbito de la utilización del color en el campo de la animación. Él sabía que Walt había firmado un contrato exclusivo por dos años con Technicolor, lo que obviamente le otorgaba una ventaja comercial. La paleta de colores que utilizaba Iwerks era limitada, pero de todas formas era funcional y agradable a la vista. Sin embargo, cuando Powers intentó vender el primer corto de Flip a la MGM, estos se quejaron del alto costo del film. El segundo corto de Flip, “Puddle Pranks” (1930), fue igual de mediocre que el primero, y además había sido realizado en blanco y negro debido al alto costo que significaba filmarlo a color. Fue entonces cuando Powers sintió que Flip no estaba dando los resultados deseados, y le exigió a Iwerks que rediseñara al personaje para que este se viera más humano. Tras algunos cambios, Flip terminó pareciéndose bastante a Mickey Mouse. Cuando se estrenó su tercer corto, “The Village Barber” (1930), Flip se veía bastante más humano, lo que encantó a los ejecutivos de la MGM quienes compraron la serie.

Gracias a esto, Iwerks pudo contratar a un buen número de talentosos animadores. Entre ellos se encontraban Bugs Hardaway, quien posteriormente se encargaría de las historias de los cortos animados de la Warner; y Grim Natwick (el diseñador de Betty Boop), quien había trabajado en los Fleischer Studios. Natwick era uno de los animadores más respetados de la industria, al punto que Roy Disney había intentado contratarlo para reemplazar a Iwerks. Al estudio de Iwerks además llegaría Carl Stalling, quien había sido el responsable de la serie “Silly Symphonies” de la Disney, y que había dejado los Van Bueren Studios para reunirse con su viejo amigo. Entre otros de los talentos que trabajaron en los estudios de Iwerks se encontraban Frank Tashlin, Steve Bosustow (quien más tarde fundaría los estudios UPA), el ingeniero de sonido Glen Glenn, los futuros guionistas de la Warner, Cal Howard y Earl Duvall; y los futuros guionistas de la Disney, Ted Sears y Otto Englander. Como dato curioso, Chuck Jones tendría su primer trabajo en el mundo de la animación al interior del estudio de Iwerks, lavando las hojas de celuloide (lugar del cual más tarde sería despedido).


Iwerks era un hombre al que le gustaba realizar innovaciones técnicas, y la MGM se preocupó de darle una buena cantidad de dinero para que este diera rienda suelta a su imaginación. Tras la Disney, la MGM fue el estudio que más dinero gastó en el negocio de la animación en aquella época. Lo que logró que las obras de Iwerks se distinguieran del resto de los dibujos animados, fueron sus toques de humor adulto y su gran calidad técnica. Por ejemplo, en el corto de Flip titulado “Room Runners” (1932), se incluye algo de desnudez, mientras que el corto “The Office Boy” (1932), básicamente se centra en el número de veces que el trasero de una secretaría puede ser utilizado como elemento humorístico. En “Chinaman´s Chance” (1932), Flip se droga con opio al mismo tiempo que la película es filmada utilizando un efecto que pretende dar a entender que Flip está totalmente drogado. Pese a que los cortos eran inteligentes y tenían un estilo bastante llamativo, los espectadores no mostraban demasiado interés por Flip. Pese a que la partida de Iwerks había afectado directamente la calidad de los cortos de la Disney, para fines de 1930 el estudio se había recuperado amenazando el reinado temporal de Iwerks. Pese a que la serie de la Rana Flip estaba obteniendo ganancias, estas eran tan insignificantes que el estudio decidió cancelar la serie. La última aparición de Flip sería en el corto “Soda Squirt” (1933).

Iwerks se percató que debía centrarse más en la historia de sus cortos, que en los gags que estos presentaban. Fue entonces cuando presentó a un nuevo personaje: Willie Whopper. Grim Natwick diseñó a Willie, un niño con una imaginación bastante activa. Su primer corto, “The Air Race” (1933), sería el mejor de la serie, y presentaba la predilección de Iwerks por las “bromas mecánicas” y el humor adulto. A diferencia de Disney, Iwerks no creía en la autocensura. Sin embargo, “The Air Race” sería estrenada recién en 1936, bajo el título “Spite Flight”. A Powers no le importó demasiado el personaje, y sentía que debía ser gordo para causar simpatía. Para cuando se estrenó el tercer corto, “Stratos-Fear” (1933), Willie era gordo. Iwerks no estaba demasiado satisfecho con la serie de Willie Whopper, por lo que decidió comenzar con una nueva serie llamada “ComiColor Cartoons”. Esta serie no tendría un personaje protagónico, y sería meramente experimental. Para filmar los cortos de la serie, Iwerks firmaría un contrato con Cinecolor, empresa que le permitía filmar los cortos con colores más vibrantes. El proceso de Cinecolor también fue utilizado en la serie de Willie Whopper, comenzando con la bizarra “Hell´s Fire” (1934).

“The ComiColor Classics” fueron los mejores dibujos animados realizados por los estudios de Iwerks. La serie comenzó con el corto dirigido por Grim Natwick, “Jack and the Beanstalk” (1933), al cual le seguiría “The Little Red Hen” (1933). Pese a la tendencia de Iwerks y sus animadores de incluir estereotipos raciales, gran parte de los cortos de la serie eran realmente impresionantes. Entre algunos de los mejores cortos de la serie se encuentran: “The Brementown Musicians” (1935), “The Brave Tin Soldier” (1934), “Puss in Boots” (1934), “Jack Frost” (1935), y “Balloon Land” (1935). Cuando realizó “The Headless Horseman” (1935), Iwerks desarrolló una cámara multiplano para darle más profundidad a los dibujos animados. Iwerks siempre estuvo más preocupado de las innovaciones técnicas que de las historias o la animación en sí, por lo que generalmente era Natwick quien se preocupaba de animación de los cortos del estudio. Para mediados de la década del treinta, la MGM ya no estaba impresionada con el trabajo de Iwerks, por lo que decidieron romper todas las relaciones comerciales con el animador. Ub se vio forzado a cerrar el estudio, pero junto con Grim Natwick y otros animadores formaron la Cartoon Films Limited.

Natwick dirigió algunos films como por ejemplo “See How They Won” (1936), antes de ser contratado por la Disney, mientras que Iwerks fue subcontratado por Leon Schlesinger para dirigir dos cortos de la Warner: “Porky and Gabby” (1937) y “Porky´s Super Service” (1937). Iwerks aparentemente despreciaba a Porky como personaje, por lo que Chuck Jones y Bob Clampett tuvieron que terminar ambos cortos. Iwerks seguiría obteniendo trabajos esporádicos, y en 1940 incluso llegó a trabajar para Charles Mintz en la Columbia, en cuatro episodios de la serie “Color Rhapsodies”. En Inglaterra, Iwerks dirigiría tres cortos protagonizados por Gran´Pop Monkey, personaje creado por el ilustrador Lawson Wood. Más tarde aceptaría un puesto como profesor en la Ray Patin Animation Training School (cuyo fundador había trabajado para Iwerks como animador). Muchos de los animadores contemporáneos a Iwerks pensaban que él se estaba perdiendo como profesor; Hugh Harman llamó a Roy Disney para preguntarle si estaría interesado en tener a Ub de vuelta en el estudio. Al poco tiempo después, Iwerks sería contratado para encabezar el departamento técnico del estudio. Él estaría a cargo de los efectos especiales de las animaciones, de la cámara multiplano que la Disney había desarrollado en 1937, y de combinar agua real con animación en la tormenta que se ve en la cinta “Bambi” (1942).

Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Disney estaba realizando dibujos animados para el gobierno, Iwerks dirigiría cintas de entrenamiento como por ejemplo “Stop That Tank: The BOYS Anti-Tank Rifle” (1942), y “Victory Through Air Power” (1942). Esta última no solo aprovecharía el extenso conocimiento que Iwerks tenía acerca de los variados modelos de aeronave, sino que supuestamente también influiría en la decisión del presidente Roosevelt de contar con apoyo aéreo durante el Día-D. Iwerks amaba realizar tareas técnicas e inventar nuevas tecnologías aplicables a la animación. Para el corto “Saludos Amigos” (1944), Iwerks refinó el método que permitía combinar personajes animados con acción real. Como encargado del Departamento de Impresión Óptica de la Disney, entre otras cosas creó una nueva impresora óptica que sería utilizada en la realización de “The Three Caballeros” (1945).

Además de realizar los efectos de las cintas “Melody Time” (1948) y “Cinderella” (1950), Iwerks realizó las siguientes acciones al interior de la Disney: creó los efectos ganadores del Oscar de la cinta “20.000 Leagues Under the Sea” (1954); creó un proceso que permitía filmar en 360 grados el cual fue llamado Circarama; ayudó a desarrollar un sistema de 3-D utilizado en dos cortos del estudio; creó un proceso que utilizaba vapor de sodio el cual permitió que Hayley Mills apareciera como gemelas en la cinta “The Parent Trap” (1961); desarrolló un proceso que permitía que los personajes animados se trasladaran del fondo al primer plano, el cual fue ampliamente utilizado en “Mary Poppins” (1965); y trabajó en los efectos especiales de la cinta de Alfred Hitchcock, “The Birds” (1963), a petición del mismo Hitchcock, entre otras cosas. Iwerks y Walt Disney volvieron a ser amigos, y desarrollaron una real admiración y respeto el uno por el otro. Ub incluso reconoció que Mickey no hubiese tenido éxito sin la habilidad narrativa y comercial de Disney. Cuando Walt Disney murió de cáncer al pulmón un poco antes de la Navidad de 1966, Iwerks declararía: “Este es el fin de una era”. Ub nunca se retiró, pero disminuyó gradualmente su cantidad de trabajo hasta el día que falleció de un ataque cardiaco en 1971, a los 70 años de edad. En 1989, la Walt Disney Company reconoció oficialmente que Ub Iwerks había sido el verdadero diseñador de Mickey Mouse, y le otorgó el primer Disney Legends Award. Hoy en día pese a que su trabajo fuera de la Disney por lo general es considerado como una obra menor en su carrera, su legado sigue vivo, razón por la cual es considerado como uno de los animadores más importantes de toda la historia de la industria de la animación.








por Fantomas.

jueves, 25 de marzo de 2010

Bunny Lake is Missing: La búsqueda de Bunny Lake ha comenzado.

“Bunny Lake is Missing” (1965), es un thriller psicológico del director Otto Preminger, el cual está protagonizado por Sir Laurence Olivier, Carol Lynley y Keir Dullea.

Tras mudarse a Londres, Ann Lake (Carol Lynley) lleva a su hija Bunny a su primer día de escuela. Sin embargo, cuando vuelve a recogerla descubre que no hay rastro de ella por ninguna parte. Denunciada la desaparición, la policía no encuentra ningún indicio de la existencia de la niña, por lo que empiezan a preguntarse si esta no se trata sólo de un producto de la imaginación de Ann.



Tras terminar el rodaje del drama bélico “In Harm´s Way” (1965), el director Otto Preminger decidió retomar su inclinación por las historias de naturaleza perversa, las cuales había explorado abiertamente durante la década del cuarenta bajo el alero de los estudios 20th Century Fox. Fue por este motivo que el realizador se interesó en la novela “Bunny Lake is Missing”, de la escritora Marryam Modell (quien utilizaba el seudónimo de Evelyn Piper). Gran parte de las razones por las cuales Preminger decidió adaptar dicha novela, quedan explicitadas en el libro “The Cinema of Otto Preminger”, del escritor Gerald Pratley. Según el director: “Bunny Lake is Missing era una pequeña historia acerca de un secuestro. La madre de la niña que ha sido secuestrada no está casada y es incapaz de probar su existencia. El padre de la pequeña no está dispuesto a admitir su paternidad, debido a que está casado con otra mujer. Evidentemente existe un tema social aquí; si tú no cumples con las reglas impuestas por la sociedad, la ley no te protege. Esa es una parte importante de la cinta”.

Por otro lado, para Preminger era sumamente importante que la historia se ambientara en Londres y no en Nueva York como sucedía en la novela de Modell, básicamente porque él consideraba que el simple hecho de situar a los protagonistas en un escenario con el que no estuvieran familiarizados, ayudaba a crear la sensación de aislamiento que domina al relato. Con todo esto en mente, John y Penelope Mortimer comenzarían a confeccionar el guión de un film cuyo proceso de rodaje no estaría exento de problemas. Preminger era conocido por ser un director conflictivo y dictatorial, lo que lo llevó a enfrentarse en múltiples ocasiones con Sir Laurence Olivier, quien solo aceptó participar en la producción para suplir ciertas necesidades económicas. Según el afamado actor: “Preminger era un abusador y un ególatra que ni a mí ni a Noel Coward nos simpatizaba”. Las tensiones en el set llegaron a tal punto, que Olivier tuvo que intervenir en numerosas ocasiones para que el director no le gritara enfurecido a algunos de los niños que participaron en determinas escenas de la cinta.

En gran medida, el film de Preminger sigue la misma fórmula de cintas como “The Lady Vanishes” (1938), del director Alfred Hitchcock, y “So Long at the Fair” (1950), de Terence Fisher. En ambas producciones, una mujer se ve envuelta en la búsqueda frenética de una persona que parece no existir más allá de los límites de su imaginación. En este caso, Ann Lake, una norteamericana que debe mudarse a Londres junto a su pequeña hija, súbitamente se ve enfrentada a la desaparición de la niña, la cual nadie parece conocer. Si bien en un principio no hay motivos para dudar de los dichos de la protagonista, en ningún momento Preminger enfoca a la pequeña antes de su supuesta desaparición, por lo que rápidamente pone en duda el estado psicológico de la acongojada madre. Para colmo, las pocas pruebas que podrían comprobar la existencia de la niña, eventualmente se terminan esfumando en el aire. Por último, Steven Lake (Keir Dullea), el hermano de Ann, se encarga de destruir la poca credibilidad que le queda a la protagonista, cuando afirma que la difícil infancia que ambos vivieron bien pudo haber afectado psicológicamente a su frágil hermana.

Es necesario mencionar que a petición de Preminger, el guión se alejó bastante de la novela original con el objetivo de fusionar ciertos elementos propios de los relatos de misterio, como por ejemplo la damisela en peligro, la investigación policial y la presentación de sospechosos, con algunos temas modernos y controversiales tales como el masoquismo, la homosexualidad, las relaciones incestuosas y el sexo fuera del matrimonio. Esto provocó que la cinta estuviera dominada por una atmósfera malsana y por personajes sumamente peculiares, como por ejemplo Wilson (Noel Coward), el vecino alcohólico y perverso de Ann, y Ada Ford (Martita Hunt), la siniestra dueña de la guardería de donde desaparece la hija de la protagonista, la cual durante su tiempo libre utiliza a diversos niños como conejillos de indias en sus experimentos relacionados con las pesadillas infantiles. Por otro lado, la protagonista exhibe un comportamiento bastante errático, pasando de la más completa histeria a una sospechosa tranquilidad, lo que evidentemente pone en jaque su cada vez más dudosa sanidad mental.

En el ámbito de las actuaciones, quien más se destaca es Sir Laurence Olivier como el incrédulo Inspector Newhouse. En gran medida, el personaje de Olivier es quien mejor representa al espectador, ya que aún cuando desea creer la historia de Ann Lake, el errático comportamiento de la mujer lo hace sospechar de quien se presenta como una víctima de las circunstancias. Carol Lynley y Keir Dullea por su parte, si bien no realizan una labor espectacular, por momentos logran proyectar ciertos rasgos de sus fragmentadas psiquis que los convierten en personajes complejos y ciertamente oscuros. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el magnífico trabajo de fotografía de Denys N. Coop, quien logra convertir lugares cotidianos en escenarios realmente escalofriantes, y con la discreta pero efectiva banda sonora del compositor Paul Glass. Cabe mencionar que el grupo de pop británico The Zombies no solo contribuyó con tres canciones que fueron utilizadas como parte de la banda sonora del film, sino que además tienen un pequeño cameo en una escena en la que el Inspector Newhouse visita un pub junto a la protagonista. Es bastante probable que su inclusión en la producción haya respondido al deseo del director de retratar a lo menos de manera superficial, la cultura reinante en el Londres de los sesenta, la cual tuvo una fuerte influencia en varias producciones de la época.

Aún cuando se realizó una extensa campaña promocional previa a su estreno, “Bunny Lake is Missing” no logró generar demasiado interés en el público, por lo que obtuvo pésimos resultados de taquilla. Además, el hecho de que la cinta se presentara bastante cargada al diálogo, tampoco contribuyó a consolidar su atractivo comercial. Sin embargo, como suele suceder en la industria del cine, solo el paso de los años le otorgaría al film de Preminger el reconocimiento que se merecía. Y es que básicamente se trata de una película absorbente, oscura, desconcertante y misteriosa, cuyo misterio central a ratos es abordado por Preminger desde un prisma más propio del cine de terror. En definitiva, si bien “Bunny Lake is Missing” no es una de las obras más destacadas del siempre conflictivo director austriaco, de todas formas se presenta como un interesante thriller psicológico que explora el lado más oscuro del ser humano, y como el regreso del realizador al cine más controversial que tanto lo apasionaba.



por Fantomas.

lunes, 22 de marzo de 2010

The Odd Couple: La accidentada convivencia de una pareja de divorciados.

“The Odd Couple” (1968), es una comedia del director Gene Saks, la cual está protagonizada por Jack Lemmon y Walter Matthau.

Cuando Felix (Jack Lemmon) se separa de su esposa, va a pedirle consejo a su compañero de póker, Oscar (Walter Matthau). Dado que Oscar está divorciado, él le sugiere a Felix que se mude a su departamento. Suena como el plan perfecto excepto por un pequeño problema: Felix está obsesionado con la limpieza mientras que Oscar tiene una inclinación hacia el desorden. Sin duda esta no será una convivencia tranquila.

“The Odd Couple” está basada en la obra del mismo nombre escrita por Neil Simon, la cual fue estrenada en 1965 en Broadway con gran éxito. Según Simon, su obra estaba basada en las vivencias de su hermano Danny cuando este se fue a vivir junto con el agente cinematográfico Roy Gerber, luego de que ambos se divorciaran. Sin embargo, James Robert Parrish, quien escribió la biografía de Mel Brooks, “It´s Good to be the King”, asegura que la obra surgió luego de que Simon observara a Brooks, quien tras separarse de su primera esposa, se fue a vivir por tres meses con el escritor Speed Vogel. Según Vogel, Brooks sufría de insomnio, tenía ataques paranoicos y un problema de azúcar que lo tenía al borde de la locura. En la versión teatral, Matthau era el encargado de interpretar a Oscar (papel que le valió un premio Tony al mejor actor dramático), y Art Cagney interpretaba a Felix. Sin embargo, cuando comenzó el casting para la adaptación cinematográfica, los ejecutivos de la Paramount tenían pensado contratar a Frank Sinatra y a Jackie Gleason para interpretar a la dupla protagónica.

Tras saber esto, Matthau se acercó al productor Howard Koch, uno de los jefes al interior de la Paramount, y le preguntó si quería ser recordado como la persona que arruinó la adaptación de “The Odd Couple”, una de las posesiones más preciadas del estudio en aquel entonces. Gracias a esto, los ejecutivos recapacitaron y contrataron a Matthau para interpretar a Oscar. Sin embargo, consideraron que Art Cagney no era un actor lo suficientemente famoso como participar en el film, por lo que decidieron buscar a otro actor. Eventualmente uno de los productores recordó el éxito que había tenido la dupla conformada por Matthau y Jack Lemmon en la cinta “The Fortune Cookie” (1966), razón por la cual el papel de Felix le fue cedido a Lemmon. Curiosamente, Matthau quería interpretar a Felix debido a que él no se sentía identificado con Oscar. De hecho en una ocasión declaró: “Yo no soy un vago. Mi ama de llaves dice que soy el hombre más prolijo para el que ella ha trabajado”. La dupla Matthau-Lemmon protagonizaría un total de once cintas, siendo en su gran mayoría comedias. La obra sería adaptada por el mismo Simon, razón por la cual el guión es bastante similar al de la versión teatral, con la única diferencia de que para el film Simon escribió varias escenas que ocurren en distintas locaciones de Nueva York.

“The Odd Couple” es el perfecto ejemplo de lo que se conoce como “películas de amigos”, en las cuales una pareja de actores logra tal complicidad que su mera presencia en la pantalla basta para que la cinta funcione. Generalmente las “películas de amigos” se centran en el encuentro casual entre dos tipos de personas radicalmente diferentes, las cuales eventualmente terminan siendo amigas (como lo que sucede en “Lethal Weapon” con los personajes de Mel Gibson y Danny Glover). Sin embargo, en este film tenemos a Oscar y Felix, quienes ya siendo amigos, se ven involucrados en circunstancias que los llevan a vivir juntos, lo que eventualmente puede llegar a destruir su amistad. De hecho, gran parte de la gracia de esta cinta reside en la tensa relación que comienza a tener la pareja protagónica. Pese a que Oscar sabe que Felix es un hipocondriaco maniático de la limpieza que no puede quedarse quieto, de todas formas le abre las puertas de su desastroso departamento. Por otro lado, Felix está consciente de que Oscar es un tipo que es capaz de limpiar una mancha de cerveza con un pedazo de pan, antes de ir a buscar un paño a la cocina, pero se muestra tan conmovido por el gesto de su amigo que acepta quedarse con él.

Pese a que la historia es increíblemente simple, esta logra captar la atención del espectador durante todo el transcurso de la cinta. El humor proviene de lo mundano, de las situaciones de la vida diaria que ocurren al interior de un matrimonio. Y es que en un determinado momento de la cinta, de manera involuntaria Felix asume el rol de la esposa abnegada, mientras que Oscar interpreta el rol del esposo insensible. Mientras que a Felix le preocupa el aseo del departamento y la planificación de la cena, a Oscar le preocupan los deportes y la partida de póker semanal con su grupo de amigos. Por ejemplo, resulta sumamente divertido ver como en una escena Felix increpa a Oscar por llegar atrasado a la preparación de una cena que este último planificó junto a una pareja de hermanas inglesas. Eventualmente, la pareja de amigos comienza a revivir las situaciones que los llevaron a sus respectivos divorcios, razón por la cual su distanciamiento parece inminente

Las actuaciones en general son realmente estupendas. Matthau y Lemon conforman una de las grandes duplas cinematográficas de la historia del cine. Su actuación es tan sobresaliente, que por momentos da la impresión que sus personajes se conocen hace años, razón por la cual su amistad parece inquebrantable incluso en los momentos más difíciles. Por otro lado, la totalidad del elenco secundario realiza un trabajo destacable. Los actores John Fielder, Herb Edelman, David Sheiner y Larry Haines, quienes interpretan a los compañeros de póker de los protagonistas, participan en un par de escenas bastante cómicas que ayudan a reflejar el cambio experimentado en el hogar de Oscar tras la llegada de Felix. Lo mismo sucede con las escenas en las cuales participan las hermanas Pidgeon, interpretadas por Carole Shelley y Monica Evans, quienes pasan de ser juguetonas y provocativas, a un mar de lágrimas a causa de la autocompasión de Felix durante una cita en el departamento de Oscar. Además la cinta cuenta con wl buen trabajo de fotografía de Robert B. Hauser, el cual es complementado con la más que adecuada banda sonora compuesta por Neal Hefti.

“The Odd Couple” se destaca por presentar una historia sencilla, la cual es relatada de manera tan inteligente que esta no solo logra entretener al espectador sin problemas, sino que también se transforma en un relato atemporal, razón por la cual esta cinta es considerado por muchos como uno de los grandes clásicos de la comedia. Al mismo tiempo, es evidente que el film no hubiese funcionado de la misma forma sin la presencia de Matthau y Lemon, quienes se fusionan de manera perfecta con sus personajes. Aunque la cinta por momentos es bastante teatral, esto no le resta encanto a la producción. Aparentemente, esto se debe a que el director Gene Saks prefirió asegurarse con una fórmula ya probada en Broadway en vez de pedirle a Neil Simon que escribiera un guión que le proporcionara un tratamiento más cinematográfico de la historia. Sería tal el éxito de “The Odd Couple” (que dicho sea de paso recibió una nominación al Oscar al mejor guión adaptado), que dos años más tarde se realizaría una serie de televisión que estaría compuesta por cinco temporadas, la cual estaría protagonizada por Tony Randall y Jack Klugman. Treinta años después de la cinta original, Matthau y Lemmon se reunirían para filmar “The Odd Couple II” (1998), la cual sería notoriamente inferior a la primera entrega. En definitiva, estamos a mi gusto ante una de las mejores comedias de los sesenta, y ante tal vez la mejor colaboración de aquella dupla dorada compuesta por los ya fallecidos Walter Matthau y Jack Lemmon, razón por la cual vale la pena echarle una mirada.




por Fantomas.

sábado, 20 de marzo de 2010

Sam Peckinpah: Alcohol, violencia y polémica.

David Samuel “Sam” Peckinpah, nació el 21 de febrero de 1925 en Fresno, California. Durante su adolescencia faltaría mucho a clases debido a que prefería participar en algunas de las actividades que se practicaban en el rancho Denver Church, las que incluían aprender a disparar y a marcar ganado. También participaría en el equipo de fútbol americano de su colegio, antes de que sus padres terminaran enrolándolo en la Academia Militar San Rafael debido a sus frecuentes problemas disciplinarios. En 1943, Peckinpah se unió a los United States Marine Corps, y luego de dos años fue enviado a China con la tarea de desarmar a los soldados japoneses y repatriarlos tras el término de la Segunda Guerra Mundial. Aunque no participó directamente en combates armados, Peckinpah declaró haber sido testigo de numerosos actos de tortura y asesinato de civiles. Durante sus últimas semanas como Marine, él pidió ser dado de baja en Pekín para poder contraer matrimonio con una joven local. Lamentablemente, la chica rechazó su proposición. Hay algunas fuentes que señalan que esta experiencia afectó gravemente al futuro director, y que eventualmente terminó influenciando las descripciones de violencia en sus cintas.

Luego de retirarse del ejército, Peckinpah regresó a Los Ángeles donde ingresó a la Fresno State College, donde estudió historia. Mientras era un estudiante, conoció y contrajo matrimonio con su primera esposa, Marie Selland, en 1947. Fue ella quien introdujo a Peckinpah al teatro, donde no tardaría en mostrar su interés por la dirección. Durante su último año como estudiante, él adaptó y dirigió una versión de una hora de duración de la obra de Tennessee Williams, “The Glass Menagerie”. Luego de graduarse en 1948, Peckinpah comenzó a estudiar drama en la University of Southern California. Una vez que terminó sus estudios, él conseguiría un trabajo como utilero en la KLAC-TV, con la convicción de que la experiencia en televisión eventualmente lo llevaría a trabajar en el cine. En 1954, Peckinpah fue contratado como director de diálogos de la cinta “Riot in Cell Block 11” (1954), de Don Siegel. Más tarde Peckinpah trabajaría como asistente del director en cuatro cintas más entre las cuales se incluyen; “Private Hell 36” (1954), “An Annapolis Story” (1955), “Invasion of the Body Snatchers” (1956), y “Crime in the Streets” (1956). Pese a que Peckinpah desató una controversia que aludía a su participación en “Invasion of the Body Snatchers”, donde según él, había realizado una extensa reescritura del guión, su trabajo con Siegel le permitió construir una carrera como guionista y como potencial director.


Sería el mismo Siegel quien le recomendaría a Peckinpah que se dedicara a la confección de guiones de distintos westerns, en su mayoría televisivos, durante la segunda mitad de los cincuenta. Sería gracias a sus guiones que en 1958, conseguiría el puesto de director en uno de los episodios de la serie “Broken Arrow” (1956-60), y posteriormente en varios episodios de la serie “Klondike” (1960-61). Durante este periodo, Peckinpah sería el responsable del nacimiento de dos series de televisión; “The Rifleman” (1958-63), y “The Westerner” (1960). Desde 1959 a 1960, Peckinpah oficiaría como productor de “The Westerner”, además de escribir la mayoría de los guiones y dirigir cinco de los trece episodios que conformaron la serie. Luego de la cancelación del show, la estrella de este, Brian Keith, fue contratado para protagonizar el western “The Deadly Companions” (1961). Él no tardaría en sugerir a Peckinpah como director de la cinta, idea que al productor Charles B. Fitzsimons le pareció adecuada. Lamentablemente para el director, el productor no le permitió reescribir el guión ni editar el film, por lo que Peckinpah juró que nunca más dirigiría una cinta en la cual no tuviera el completo control del guión.

Para su segunda cinta, “Ride the High Country” (1962), Peckinpah realizó una minuciosa reescritura del guión, incluyendo algunas referencias de su infancia y de sus experiencias al interior del rancho Denver Church. Aunque la cinta no obtuvo mucho reconocimiento en los Estados Unidos, en Europa se convirtió en una producción exitosa, recibiendo diversos elogios de una buena cantidad de críticos internacionales que alababan esta suerte de renovación del género del western llevada a cabo por el director. El siguiente film de Peckinpah, “Major Dundee” (1965), fue la primera de las numerosas experiencias desafortunadas que vivió el director durante su incursión en los grandes estudios. El primer film serie A del director contó con un destacado elenco, entre los que se encontraban Charlton Heston, Richard Harris, y James Coburn, entre otros. Lamentablemente, las filmaciones comenzaron cuando el guión aún no estaba terminado, por lo que Peckinpah tuvo que enfrentar una serie de problemas. Intimidado por la importancia del proyecto, el director comenzó a emborracharse todos los días tras la jornada laboral. Él además despidió a lo menos a quince miembros del equipo de filmación, lo que obviamente no facilitó las cosas. Incluso llegó un punto en el que el calmado Heston, enfrentó enfurecido al director pidiéndole un mejor trato con el resto del elenco. La película terminó siendo un completo desastre, lo que terminó dañando la reputación del director.


Posteriormente Peckinpah fue contratado para dirigir “The Cincinnati Kid” (1965), un drama acerca de un prodigio del póker que se ve enfrentado a un jugador veterano en la ciudad de Nueva Orleans. Antes de que comenzaran las filmaciones, el productor Martin Ransohoff comenzó a recibir llamadas que hacían alusión a los problemas que tuvo el director durante la producción de “Major Dundee”. A esto se sumó la insistencia de Peckinpah por rodar la cinta en blanco y negro, con la esperanza de transformar el guión en algo completamente diferente. Luego de cuatro días de filmación, Ransohoff terminó despidiendo al director, el cual se vio desterrado de la industria durante un par de años. Afortunadamente para él, en 1966 el productor Daniel Melnick necesitaba a un guionista y a un director para adaptar la novela corta “Noon Wine”, de la escritora Katherine Anne Porter, al medio televisivo. Melnick, quien era un fanático del trabajo del Peckinpah, contrató al director pese a su fama de problemático. La adaptación de una hora de duración, terminaría siendo exhibida en el marco de la serie “ABC Stage 67”, en 1966. Dicho trabajo obtendría una nominación de la Writers Guild a la mejor adaptación televisiva y otra al mejor director. Hasta el día de hoy, “Noon Wine” es considerado como uno de los trabajos más personales del director.

El sorprendente éxito de “Noon Wine”, sentó las bases de lo que sería uno de los regresos más explosivos de la historia del cine. En 1967, los productores de la Warner Bros-Seven Arts, Kenneth Hyman y Phil Feldman, estaban interesados en contratar a Peckinpah para reescribir y dirigir la cinta de aventuras, “The Diamond Story”. Roy Sickner y Walon Green habían escrito un guión alternativo de esta historia llamado, “The Wild Bunch”. Este western sería seleccionado por los productores de la Warner para intentar vencer a la producción de la Fox, “Butch Cassidy and the Sundace Kid” (1969). Para el otoño de 1967, Peckinpah había reescrito el guión que se terminaría convirtiendo en “The Wild Bunch” (1969). Filmada en México, este épico trabajo del director retrató sus ansias por volver al cine, la violencia vista durante la guerra, y una realidad pocas veces vista en el género del western. Aunque muchos criticaron la excesiva violencia de la cinta, no fueron pocos los críticos que alabaron la originalidad y el rápido estilo de edición utilizado por Peckinpah en este film.

La siguiente cinta de Peckinpah sería el western “The Ballad of Cable Hogue” (1970). Utilizando prácticamente el mismo elenco, el film cubre tres años de la vida de un pequeño empresario llamado Cable Hogue (Jason Robards), el cual decide construir una fortuna gracias al agua que ha encontrado en el desierto. Filmada en el desierto de Nevada, la película tuvo una serie de problemas debido al mal clima. Peckinpah retomó su alcoholismo y terminó despidiendo a 36 miembros del equipo de filmación. El caótico proceso de filmación terminó de manera tardía, y se utilizó un presupuesto mayor al que se tenía planeado en un inicio. Los pésimos resultados de taquilla y los problemas ya mencionados, terminaron quebrando la unión comercial entre Peckinpah y la Warner-Seven Arts, y el director nuevamente vio como su carrera se venía abajo. Su controversia con la Warner limitó de inmediato las ofertas laborales del director. Peckinpah se vio forzado a emigrar a Inglaterra para dirigir “Straw Dogs” (1971), una de sus cintas más oscuras y perturbadoras.

Producida por Daniel Melnick, quien había trabajado anteriormente con el director en “Noon Wine”, la cinta se basó en la novela “The Siege at Trencher´s Farm”, del escritor Gordon Williams. Peckinpah, fiel a sus principios, reescribió por completo el guión de David Zelag Goodman, inspirado por los libros “African Genesis” y “The Territorial Imperative”, de Robert Ardrey, los cuales postulaban que el hombre era esencialmente un carnívoro que instintivamente batallaba por el control de su territorio. “Straw Dogs” dividió a la crítica, donde un grupo alababa la abierta confrontación del salvajismo humano, mientras que otros atacaban la misoginia y la celebración fascista de la violencia presente en el film. Pese a que su alcoholismo iba en ascenso y a su controversial reputación, Peckinpah logró una obtener una buena cantidad de trabajos durante esta etapa de su carrera. En mayo de 1971, retornó a los Estados Unidos para comenzar a trabajar en “Junior Bonner” (1972). El guión de Jeb Rosenbrook, que retrataba los constantes cambios en la sociedad y en los lazos familiares, llamó la atención del director. En parte, Peckinpah aceptó este proyecto con el objetivo de evitar ser encasillado como un director violento. Si bien “Junior Bonner” no logró buenos resultados de taquilla, con el tiempo terminó siendo considerado como uno de los trabajos más destacados del director.

Dolido por el fracaso de su trabajo más reciente, Peckinpah se reunió con Steve McQueen quien le presento un guión de Walter Hill titulado, “The Getaway” (1972). Tanto el director como McQueen necesitaban un éxito, por lo que rápidamente comenzaron a trabajar en la cinta en febrero de 1927. El único objetivo de Peckinpah con esta cinta era crear un thriller que lograra que el público apreciara su labor como director. El film, el cual está repleto de explosiones, persecuciones a alta velocidad e intensos tiroteos, se convirtió en el mayor éxito comercial del director recaudando alrededor de 25 millones de dólares. El año 1973 marcaría el principio de la etapa más difícil de la carrera y la vida de Sam Peckinpah. Mientras se encontraba filmando “The Getaway” en El Paso, Texas, el director cruzó la frontera con México y contrajo matrimonio con Joie Gould. Él había conocido a Gould en Inglaterra mientras filmaba “Straw Dogs”, y desde entonces ella se había convertido en su pareja y en parte de su equipo de filmación. La ingesta de alcohol del director se había incrementado de manera dramática durante la realización de “The Geteway”, al punto que él llegó a declarar; “no puedo dirigir cuando estoy sobrio”. Fue en ese momento que comenzó a tener ataques de ira, los cuales terminó desatando contra Gould. Luego de cuatro meses, ella regresó a Inglaterra y preparó los papeles de divorcio. Devastado por su nueva ruptura amorosa, Peckinpah cayó en un patrón autodestructivo marcado por un consumo de alcohol constante, que terminó desestabilizando su ya delicada salud.

Este era el decadente estilo de vida que llevaba el director cuando accedió a filmar “Pat Garrett and Billy the Kid” (1073), para la MGM. Peckinpah estaba convencido que este sería su mejor trabajo dentro del género del western. El guión que se le ofreció al director le daba la oportunidad de explorar algunos temas que llamaban su atención, como por ejemplo el de dos compañeros que se ven obligados a enfrentarse desde los lados opuestos de la ley, manipulados por intereses económicos. Fue por esta razón que el director reescribió el guión, estableciendo que Pat Garrett y Billy the Kid eran amigos, para así ubicarlos en medio de una tragedia épica. Desde un inicio, Peckinpah tuvo problemas con el presidente de la MGM, James Aubrey, conocido por ser el responsable de desmantelar la histórica compañía cinematográfica. Los numerosos problemas que vivió la producción, entre los que se encuentran un brote de influenza que afectó al equipo de filmación, algunos equipos defectuosos, y el alcoholismo de Peckinpah, dieron como resultado que esta fuera la producción más problemática de la carrera del director. Debido a que Peckinpah terminó excediéndose en el presupuesto, Aubrey redujo la cinta de 124 a 106 minutos lo que obviamente convirtió a “Pat Garrett and Billy the Kid” en un film desastroso e incoherente. Recién en 1988, cuando fue lanzada la versión del director, la cinta logró obtener el reconocimiento que se merecía.

Ante los ojos de sus admiradores, “Bring Me the Head of Alfredo García” (1974), es el último de los films notables del director. De hecho, Peckinpah declaró en una ocasión que esta había sido la única cinta que había salido como él quería. Fue él quien se encargó de escribir el guión con la ayuda de Frank Kowalski, Walter Kelley, y Gordon Dawson. El macabro drama que mezclaba acción, tragedia y comedia negra, fue señalado por muchos críticos como una de las peores cintas de todos los tiempos. Sin embargo, con el tiempo esta obra ha alcanzado el estatus de film de culto. Con su carrera cada vez más por el piso, Peckinpah filmó el thriller de espionaje “The Killer Elite” (1975), protagonizado por James Caan y Robert Duvall. Según el director, sería durante la filmación de esta película que comenzaría a consumir cocaína debido a la influencia de Caan y su círculo íntimo. Esto terminó incrementando su paranoia y deterioro su preocupación por los detalles. En esta ocasión, los productores se rehusaron a que Peckinpah reescribiera el guión. Frustrado, él se encerraba por largas horas en su trailer, dejando en mano de sus asistentes la dirección de algunas escenas. Incluso llegó a un punto en que debido a una sobredosis de cocaína, tuvo que ser llevado a un hospital donde le tuvieron que implantar un marcapasos.

Pese a todo, a Peckinpah le ofrecieron la dirección de “King Kong” (1976) y “Superman” (1978). Sorprendentemente, terminó rechazando ambas ofertas privilegiando un proyecto que se sumergía en los horrores de la Segunda Guerra Mundial. “Cross of Iron” (1977), sería filmada en la antigua Yugoslavia, y sería una producción de bajo presupuesto. Con el fin de poder contar con profesionales experimentados en su equipo de filmación, el director gastó cerca de $90.000 dólares de su propio bolsillo. Si bien no continuó abusando de la cocaína, Peckinpah si retornó a sus antiguos hábitos alcohólicos, lo que causó que su dirección fuera confusa y errática. La producción abruptamente quedó sin fondos, por lo que el director se vio obligado a improvisar la secuencia final, la cual fue filmada en un solo día. Pese a todo, “Cross of Iron” resultó ser un éxito en Europa, y es considerado como el último vestigio del talento del director. Con la esperanza de crear una cinta comercial, Peckinpah aceptó participar en “Convoy” (1978).

Sus cercanos no ocultaron el asombro que les provocaba que el director hubiese aceptado participar en un proyecto tan mediocre. De hecho muchos pensaban que su decisión era el resultado de su vuelta al consumo de cocaína y a la ingesta continua de alcohol. Como era de esperarse, Peckinpah se preocupó de reescribir el guión escrito por B.W.L. Norton, y le solicitó a los actores que improvisaran algunas de sus líneas de diálogo. Esta sería otra de las producciones problemáticas del director. Debido a que su estado de salud comenzó a empeorar, la producción contrató a James Coburn para que ocupara el puesto de director de la segunda unidad. Aunque la película se terminó fuera de plazo y utilizó un presupuesto mayor al inicial, esta terminaría siendo la cinta más exitosa a nivel comercial del director, recaudando alrededor de 46 millones de dólares. Sin embargo, este film terminó por sepultar su reputación, por lo que por primera vez en casi una década, cuando Peckinpah terminó la filmación de la cinta, se encontró completamente desempleado. Durante los tres años siguientes, el director vivió una suerte de exilio cinematográfico. Pero durante el verano de 1981, su mentor Don Siegel le dio una oportunidad de regresar a la industria. Mientras filmaba “Jinxed!” (1982), Siegel le pidió a Peckinpah que se hiciera cargo por 12 días de la dirección de la segunda unidad. Peckinpah aceptó de inmediato, y eso eventualmente le terminó abriendo nuevamente las puertas de la industria al problemático director.

Para 1982 la salud de Peckinpah estaba en pésimas condiciones. Los productores Peter S. Davis y William N. Panzer, pensaron que el solo hecho de contar con el director en la cinta “The Osterman Weekend” (1983), le daría a esta un cierto aire de respetabilidad. Aunque Peckinpah aceptó el trabajo, en más de una ocasión declaró que odió el guión basado en la novela del mismo nombre del escritor Robert Ludlum. Para cuando terminaron las filmaciones en enero de 1983, Peckinpah y los productores habían cortado todo tipo de comunicación. De todas formas el director cumplió con los plazos acordados y entrego un film que si bien contiene algunas secuencias de acción efectivas y buenas actuaciones, terminó siendo destrozado por la crítica. El último trabajo de Peckinpah como director lo tomaría solo dos meses antes de su muerte. Él había sido contratado por el productor Martin Lewis para filmar dos videos musicales protagonizados por Julian Lennon; “Valotte” y “Too Late for Goodbyes”. Dichos videos serían alabados por la crítica, y lograrían una nominación en los MTV Video Music Awards de 1985.

Durante gran parte de su vida adulta, Sam Peckinpah tuvo que lidiar con el alcoholismo, y más tarde con su adicción a las drogas. De acuerdo con algunos de sus cercanos, él también sufría una enfermedad mental, posiblemente un trastorno maniaco depresivo y paranoia. Se cree que sus problemas con el alcohol comenzaron durante su estadía en China, lugar donde frecuentemente era visto en las tabernas de Tientsin y Pekín. Luego de divorciarse de Selland, la madre de sus tres primeros hijos en 1960, él contraería matrimonio con la actriz mejicana Begoña Palacios en 1965, con quien tendría un hijo y mantendría una turbulenta relación. Peckinpah sentía una fascinación por las armas y por la violencia, la que finalmente terminó siendo reflejada en gran parte de sus trabajos. Más allá de sus arrebatos y sus problemas personales, Sam Peckinpah era un director al cual le apasionaba su trabajo, al punto que se preocupaba del más pequeño detalle. Sus cintas resultaron ser trabajos rupturistas, que hasta el día de hoy mantienen intacta su capacidad de sorprender e impactar al espectador por partes iguales. Peckinpah falleció el 28 de diciembre de 1984, debido a una falla cardiaca, cuando estaba preparando lo que sería su próximo proyecto, una cinta titulada “The Shotgunners” la cual contaba con un guión original de Stephen King.



por Fantomas.

martes, 16 de marzo de 2010

The Secret Invasion: La última oportunidad de redención para un grupo de criminales.

“The Secret Invasion” (1964), es una cinta bélica del director Roger Corman, la cual está protagonizada por Stewart Granger, Raf Vallone, Mickey Rooney, y Henry Silva.

Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de criminales son reclutados para una peligrosa misión en Yugoslavia: Durrel (Henry Silva), un asesino a sueldo; Rocca (Raf Vallone), un genio criminal; Scanlon (Mickey Rooney), un experto en explosivos; Fell (Edd Byrnes) un falsificador; y Saval (William Campbell), un ladrón de obras de arte. Bajo las órdenes de Richard Mace (Stewart Granger), integrante del Servicio de Inteligencia británico, los cinco criminales tendrán que llevar a cabo el rescate de un general italiano que se encuentra prisionero en una fortaleza nazi, el cual es de suma importancia para los Aliados en sus planes para invadir Italia.


Antes de que fuera estrenada la exitosa “The Dirty Dozen” (1967), el director y productor Roger Corman decidió tomar un descanso de sus adaptaciones de la obra de Edgar Allan Poe para realizar una cinta bélica junto con su hermano Gene, la cual sería filmada en locaciones de la entonces Yugoslavia. Al igual que en la ya mencionada “The Dirty Dozen”, los protagonistas de esta cinta son un grupo de desadaptados que son convocados para cumplir una misión suicida que tiene por objetivo rescatar a un general italiano de una fortaleza nazi. En una entrevista Corman declararía: “Lo curioso acerca de esta película, es que tiene una trama bastante similar a un antiguo western mío titulado, ´Five Guns West´(1955). Además fue estrenada antes que ´The Dirty Dozen´. Escuché historias que hablaban de que los productores de ´The Dirty Dozen´ habían pospuesto la producción de la cinta durante un año debido a que se dieron cuenta que la historia era demasiado similar a la de este film”. En el caso del film de Corman, si bien es cierto que la autoría del guión le fue cedida a R. Wright Campbell, años más tarde Mickey Rooney aseguraría que fue él quien en verdad escribió el guión.

En un principio, el proyecto fue desarrollado por David Picker, quien en ese entonces era el jefe de producción de la United Artist. “Bob Campbell, quien había escrito recientemente para mí el guión de ´The Wild Racers´, había escrito un guión titulado ´The Dubious Patriots´", recordaría Corman en una ocasión. “El tema me había gustado bastante: hombres malos enviados a hacer un bien para redimirse y ganar su libertad. En Nueva York le entregué el guión a Picker quien no me dio ninguna garantía”. La verdad es que Corman no esperaba que el proyecto se llevara a cabo, en especial considerando la nefasta experiencia que había tenido negociando con los grandes estudios. Por esta misma razón se sorprendió cuando al poco tiempo después, Picker lo llamó para avisarle que el proyecto había sido aprobado. El título fue cambiado a “The Secret Invasion”, debido a que Corman pensaba que era más comercial. La United Artist le otorgó un presupuesto de 600.000 dólares a la producción, lo que equivalía al doble del presupuesto que el director manejó al momento de realizar las cintas de Poe. Las filmaciones comenzarían en el verano de 1963.

Como era de esperarse, la visión de cineasta independiente de Corman no siempre coincidía con la visión de los ejecutivos de la United Artist. La premisa por ejemplo, fue sometida a algunos ajustes por el director. Según Corman: “Inicialmente, el prisionero retenido por los nazis iba a ser un científico atómico, quien era el único que conocía la ecuación que permitía la creación de una bomba atómica, por lo que al liberarlo los cinco criminales ayudarían a desatar un conflicto atómico”. Si bien a la United Artist le gustó la idea, optaron por cambiar la función del prisionero. Fue así como este se convirtió en un general italiano que estaba dispuesto a liderar a un grupo de soldados en contra de los nazis, facilitando de esta forma la invasión Aliada de Italia. Lamentablemente para Corman, quien quería que los protagonistas se vieran obligados a realizar una acción nefasta en su camino a convertirse en héroes, los ejecutivos de la United querían que estos se mostraran como hombres completamente heroicos. Como el director sabía que en esta ocasión había demasiado dinero en juego, no tuvo más opción que modificar la personalidad sus protagonistas a sabiendas que estos se transformarían en personajes unidimensionales.

Durante las seis semanas que duró el proceso de filmación en la entonces Yugoslavia, Corman se vio enfrentado a una serie de problemas. Primero tuvo numerosos problemas de producción que incluían la falta de equipamiento militar y de extras, debido a que en Yugoslavia había ocurrido recientemente un terremoto, lo que significó que no se le podían entregar todos los recursos que se le habían prometido. Además tuvo que soportar a un asistente de producción local a quien le gustaba disparar una pistola verdadera antes de empezar a filmar cada escena, y tuvo que lidiar con la insistencia de los oficiales yugoslavos de poner estrellas rojas en los uniformes de los extras que interpretaban a los integrantes de la resistencia yugoslava. Corman se resistió a esta medida, principalmente porque no le encontraba sentido al hecho que si alguien se encontraba trabajando para un grupo clandestino, revelara su identidad de manera tan obvia. Para evitarse problemas, el director optó por solucionar este inconveniente en el proceso de edición. Sin embargo, el mayor problema que Corman enfrentó tuvo relación con la guerra de egos entre Stewart Granger y Edd Byrnes. Todo comenzó a causa de una línea de dialogo que pertenecía a Byrnes, la cual era clave en una escena, razón por la cual Granger comenzó a exigir que debía ser él quien la pronunciase. Al encontrarse con la negativa de Corman, Granger abandonó la filmación. Una hora más tarde, al darse cuenta que su pataleta no serviría de nada, Granger se reintegraría a las filmaciones.

La película se divide en dos mitades; durante la primera mitad vemos como el equipo formado por Richard Mace ingresa a Dubrovnik, y comienza a planear el rescate del general italiano. Ya durante la segunda mitad, somos testigos de las torturas que los protagonistas sufren a manos de los nazis, y del explosivo intento de escape que estos protagonizan. Durante la primera mitad no hay muchas escenas de acción, y la verdad es que por momentos la película se vuelve algo pesada debido a la poca cohesión existente entre los distintos acontecimientos que suceden antes de que el equipo de rescate ingrese a la fortaleza nazi. Hay algunas escenas algo gratuitas, las cuales tienen por objetivo ahondar en las personalidades de los protagonistas, pero que finalmente poco aportan al desarrollo de la trama. Sin embargo, durante la segunda mitad la cinta adopta un ritmo más frenético, que va a la par con las bien orquestadas escenas de acción donde el pequeño grupo debe enfrentarse a decenas de soldados nazis mientras escapan por las colinas.

Las actuaciones del elenco en general son bastante mediocres, en especial la de Mickey Rooney, cuya sobreactuación y la carencia de diálogos inteligentes terminan convirtiendo a su personaje en alguien realmente molesto. Henry Silva por su parte, pese a ser un actor bastante limitado, personifica de buena manera a un asesino a sueldo carente de todo sentimiento. Los diálogos en general tampoco son demasiado memorables, y en ocasiones resultan incluso algo ridículos. Por otro lado, el film por momentos escapa de su condición de cinta de bajo presupuesto para presentarse como una verdadera producción serie A, en gran medida gracias al espectacular trabajo de fotografía de Arthur E. Arling, al cuidado diseño de producción a cargo de John Murray, y a la banda sonora compuesta por Hugo Friedhofer, que acompaña de buena manera tanto las secuencias de acción, como las escenas más dramáticas. Además cabe destacar el sorpresivo giro final, el cual además es solucionado de manera bastante satisfactoria. La United Artist ganó bastante dinero con el estreno de este film, lo que no se vio reflejado en los ingresos de Corman, razón por la cual tras terminar la película volvió a la comodidad de la American International Pictures. “The Secret Invasion” es una película lo suficientemente entretenida como para que sus falencias pasen a segundo plano, y es una buena oportunidad para ver a Corman trabajando en un género cinematográfico distinto al fantástico, el cual tantos dividendos le trajo durante su carrera.




por Fantomas.

sábado, 13 de marzo de 2010

¿Quién es el 11° pasajero? (aka They Were Eleven): Misterio intergaláctico.

“¿Quién es el 11° Pasajero?” (1986), es una cinta de animación de los directores Satoshi Dezaki y Tsuneo Tominaga, la cual está basada en el manga del mismo nombre escrito por Moto Hagio.

Tadatos Lain consigue llegar a la última fase del examen de admisión realizado por la Academia Galáctica, después de pasar complejas y difíciles pruebas. Su sueño es convertirse en el mejor piloto espacial del universo. La última prueba consiste en sobrevivir durante 53 días en una nave espacial. Pero algo extraño ha sucedido; normalmente, los grupos suelen ser de diez pasajeros, pero en esta nave llamada “La Esperanza”, hay once tripulantes. ¿Quién es el 11° pasajero?


En 1975, la artista del manga Moto Hagio publicaría “Jūichinin Iru!”, una historia de tres partes que dos años después sería adaptada por la cadena NHK como parte de su programa de televisión, Shônen Drama Series. Diez años después, los directores Satoshi Dezaki y Tsuneo Tominaga le encomendarían la misión de adaptar el relato de Hagio a los guionistas Toshiaki Imanizuni y Katsumi Koide, con el fin de convertirlo en un largometraje animado. En “¿Quién es el 11° Pasajero?” tenemos a un grupo de potenciales cadetes espaciales, quienes han viajado desde todos los puntos de la galaxia para intentar integrarse en una destacada Academia Galáctica. Después de pasar una serie de pruebas, los cadetes reciben su última asignación: un grupo de diez personas debe subir a bordo de una nave espacial abandonada, lograr que esta entre nuevamente en funcionamiento, y sobrevivir una determinada cantidad de tiempo a bordo de la nave. El único contacto que tienen con el resto del mundo es un botón de pánico, el cual en caso de ser presionado, atraerá a un grupo de rescate y automáticamente descalificará a todos los cadetes, impidiendo su ingreso a la Academia.

Una vez que ingresan a la nave abandonada, los cadetes (quienes nunca han tenido contacto entre ellos), se dan cuenta de que hay once personas a bordo. Aunque primero piensan que se trata de un simple error administrativo, luego intuyen que la persona que no pertenece al grupo es parte de la prueba a la que están siendo sometidos. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo comienzan a ocurrir una serie de confusos accidentes, a lo que se suma al hecho de que los cadetes comienzan a encontrar una serie de bombas escondidas en varios de los rincones de la nave. Por estos motivos, los involucrados no tardan en pensar que existe una tercera posibilidad, y que el onceavo pasajero bien podría ser un terrorista que pretende acabar con las vidas de todos aquellos que se encuentran a bordo de la nave. Pese al peligro que conlleva convivir con un potencial enemigo, ninguno de los cadetes está dispuesto a sacrificar su ingreso a la Academia, razón por la cual dividirán sus esfuerzos en intentar resolver que fue lo que sucedió con los antiguos tripulantes de la nave, y en intentar develar quien es el falso miembro del equipo y cuáles son sus intenciones.

Aunque por lo general “¿Quién es el 11° Pasajero?” cae en la clasificación de “telenovela espacial”, la verdad es que se acerca más a un relato de misterio que presenta algunas características que uno perfectamente podría encontrar en una novela de Agatha Christie. Si bien presenta algunos elementos típicos de los relatos de ciencia ficción de los ochenta (como por ejemplo complejas naves espaciales y la utilización de pistolas láser, entre otras cosas), la historia se concentra más en los personajes y su rol en el misterio en el que se ven involucrados. El protagonista del relato es el joven Tada, un cadete que posee poderes telepáticos que le permiten detectar cuando una persona miente. Al percatarse de que hay un pasajero extra, él se ofrece para averiguar quién está mintiendo. Sin embargo, se termina dando cuenta de que nadie está mintiendo en lo que respecta a su identidad, por lo que él pasa a ser el principal sospechoso debido a que no puede probar su inocencia. Además, a medida que transcurre la historia vamos descubriendo que Tada parece conocer varios detalles de la nave abandonada, lo que incrementa las sospechas de sus compañeros y del propio espectador.

Aunque la cinta presenta muy pocas escenas de acción, si presenta unas buenas dosis de suspenso que permiten que el espectador se involucre en la historia. No solo nos encontramos con la interrogante de quien es el misterioso pasajero extra y cuáles son sus intenciones, sino que además se nos presentan otras interrogantes que involucran el pasado de la nave, el destino de sus antiguos tripulantes, y la extraña conexión de Tada con la nave. Ya en la segunda mitad del film, los cadetes deben enfrentar un problema aún mayor que bien podría acabar con sus vidas; al interior de la nave se encuentra una planta que al subir la temperatura ambiente, lanza una serie de esporas que provocan un virus mortal para el cual no se tiene cura. Como mencioné anteriormente, la cinta se centra bastante en la interacción entre los diversos personajes, como estos se desenvuelven con el resto de sus compañeros con los cuales deben estar encerrados durante 53 días, y como estos reaccionan ante el temor de un enemigo desconocido y un destino fatal que parece ser inminente. Además de Tada, existen otros dos personajes que sobresalen del resto; uno es el Rey Maya, el gobernante de un planeta lejano que solo está cursando el examen de la Academia para probar su valor como líder, y Frol, una hermafrodita que proviene de un planeta donde el género solo se decide luego de unos años de vida (por extraño que suene, Frol se convertirá en el interés amoroso del protagonista).

Todo el asunto de la sexualidad de Frol responde a un discurso feminista. En un determinado momento del film, Frol se ve en la obligación de explicarle a sus compañeros si es hombre o mujer. Es así como ella explica que en su planeta, solo a los primogénitos se les permite convertirse en hombres con la ayuda de hormonas, mientras que el resto de los hijos están destinados a convertirse en mujeres (Frol es la más pequeña de sus hermanos). En su planeta, es el hombre quien se lleva toda la gloria, mientras que las mujeres están obligadas a actuar en función de los deseos de este. Es por esta razón que ingresó a la Academia, para convertirse en hombre y poder gozar de todos los beneficios sociales que esto conlleva. Pese a esto, Frol es un personaje bastante femenino, por lo que en ningún momento resulta incómoda la relación que se da entre ella y el protagonista. Por otro lado, la animación en términos generales responde a los estándares esperados de la animación japonesa de los ochenta. Algunos de los escenarios presentan un evidente cuidado en los detalles, mientras que otros son casi minimalistas. La animación es fluida, pero el diseño de los personajes no termina de convencer. En lo que respecta a la banda sonora compuesta por Dan Oikawa, es prácticamente irrelevante, destacándose únicamente la canción que cierra la cinta.

La historia tiene una estructura bastante episódica y tiene la virtud de presentar múltiples de giros dramáticos, que afortunadamente no resultan incoherentes o innecesarios. Cada uno de estos giros ayuda a aumentar la tensión que presenta el film, y al mismo tiempo involucran aún más al espectador en la trama. La dupla de directores le imprime un ritmo narrativo más que adecuado a la cinta, impidiendo que esta caiga en lagunas narrativas. El film además presenta algunas buenas dosis de comedia, que se ven en gran medida reflejadas en la construcción de algunos de los personajes y en la secuencia final que relata el destino de cada uno de los cadetes. “¿Quién es el 11° Pasajero?” es sin duda una cinta entretenida que dentro de su historia en apariencia simple, explora temas como la xenofobia o la importancia de la cooperación entre naciones (o planetas en este caso). El film es una pequeña joya olvidada de la animación ochentera, que escapa a los parámetros de las típicas historias de ciencia ficción de la época, para dar paso a un relato que mezcla comedia, misterio, melodrama, y unas pequeñas dosis de acción. No es una cinta perfecta ni mucho menos, pero si una obra interesante que merece un poco más de reconocimiento del que tiene en la actualidad.




por Fantomas.

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