
Mark Lewis (Karl-Heinz Boehm) es un fotógrafo que vive con una mujer ciega (Maxine Audley) y su hija Helen (Anna Massey), el cual trabaja en un estudio cinematográfico. Sin embargo, bajo su apariencia tranquila y humilde, oculta un terrible secreto; cuando se le presenta la ocasión, se convierte en un cruel asesino obsesionado con fotografiar la cara de terror de sus víctimas antes de asesinarlas.

“Peeping Tom” se centra en la vida de Mark Lewis, un fotógrafo tímido y reservado que rara vez se aleja de su pequeña cámara de 16mm. Y es que Mark sufre de un raro caso de escoptofilia, lo que lo ha llevado a plantearse el objetivo de capturar con su cámara el miedo que experimentan las mujeres cuando se dan cuenta de que están siendo asesinadas. Esto no significa que Mark sea un hombre malvado, sino que tan solo es incapaz de controlar el deseo de capturar lo que la mayoría de los hombres no puede. Él está fascinado con el miedo al punto de la psicosis, pero esto no le impide integrarse en la sociedad. Y es que no solo mantiene dos trabajos, sino que además se las arregla para mantener una especie de relación sentimental con Helen, la hija de su inquilina. Pero, ¿qué es lo que ha provocado que el protagonista presente semejantes pulsiones? Esta interrogante es respondida en un determinado momento del film, cuando Mark le enseña una de sus viejas películas familiares a Helen. En dicha película, la cual fue rodada por el padre de Mark (Michael Powell), es posible ver como el protagonista durante su infancia era utilizado como un conejillo de indias en un experimento relacionado con la respuesta de los niños al miedo. Cada una de las reacciones de Mark y gran parte de sus actividades cotidianas, eran filmadas por su inescrupuloso padre, lo que marcó de por vida al protagonista, alterando su capacidad para controlar sus emociones y su percepción del sexo.

Por otro lado, “Peeping Tom” suele ser considerada como una cinta violenta, aún cuando la violencia presente en la historia solo es sugerida en la mayoría de los casos, lo que termina incentivando la vívida imaginación del espectador. En cierta medida, el film de Powell puede ser interpretado como la lucha de un artista incomprendido y atormentado, el cual desea por todos los medios finalizar su gran obra maestra, la que lamentablemente para él no está exenta de problemas que amenazan su realización. Y es que Mark se dedica por completo a su “arte”, lo que le otorga un cierto aire poético a su distorsionada cruzada. Hasta cierto punto, gran parte de la acción presente en “Peeping Tom” se concentra es los esfuerzos del protagonista por llevar a cabo su obra, antes de que la policía o Helen descubran su oscuro secreto. Si bien Powell ya había plasmado de forma sutil esta extravagante visión del sacrificio artístico en su afamado film “The Red Shoes” (1948), en esta ocasión convierte el romanticismo que rodea al artista llamado a seguir su pasión, en algo horrendo pero no por eso menos cautivante. Por otro lado, es evidente que la cinta funciona de buena manera gracias a la espectacular actuación de Bohem, quien se preocupa de enfatizar la introversión, la timidez y la constante incomodidad de Mark. Esto conjugado con su acento alemán, convierten al protagonista en un extraño, quien por momentos tiene más rasgos femeninos que masculinos. El resto de elenco también realiza una labor encomiable, en especial Maxine Audley, quien es probablemente la única figura femenina del film a la cual Mark no solo respeta, sino que también teme.

Lamentablemente, el escándalo provocado por “Peeping Tom” destruyó la prolífica carrera de Powell. Lo que resulta curioso, es que el mismo año que se estrenó el film de Powell, también se estrenó “Psycho” (1960), del director Alfred Hitchcock, cinta la cual fue ampliamente elogiada por la crítica pese a presentar varias semejanzas con el relato protagonizado por Karl-Heinz Boehm. Y es que ambas historias están protagonizadas por hombres que arrastran una serie de traumas desde la infancia, los cuales los han terminado convirtiendo en asesinos en su vida adulta. Pese a que en su momento ambas producciones tuvieron destinos dispares, hoy en día son consideradas como las obras responsables de reinventar el género del horror, ya que trasladaron el terror desde los escenarios góticos y fantásticos, a otros más contemporáneos donde el mal reside en la psiquis de las personas y no en la figura de algún monstruo milenario. En definitiva, luego de años de discusiones y desacuerdos, “Peeping Tom” finalmente logró alzarse como una de las obras más importantes de la cinematografía británica, la cual no solo ha servido de inspiración para innumerables realizadores, sino que además dictó catedra sobre cómo debe filmarse una historia de terror psicológico, la cual en este caso está plagada de interesantes toques freudianos.
por Fantomas.
4 comentarios:
Como siempre una magnífica recomendación. No tardaré en hacerme con ella para disfrutarla ya que me ha parecido muy interesante la manera en la que está enfocada.
Un saludo!
Muy buena reseña, Fantomas, de una película imprescindible. A pesar de su nulo éxito comercial en la época, obra maestra que ha envejecido fenomenalmente.
Saludos!
Pd: Un alivio leerte, desde la noticia de lo sucedido en tu país. Espero haya sido leve para tí y tu gente más cercana.
- Kiryu: Espero que tengas la oportunidad de ver esta película, que a mi gusto, resiste varios visionados. De hecho me gustó más la segunda vez que la vi que la primera.
- Babel: Tu hace un tiempo atrás también habias escrito una muy buena reseña de esta película, y creo que concordamos bastante. Afortunadamente, el terremoto no nos golpeó tan fuerte a mi familia y a mi. Lamentablemente la destrucción en algunos lugares es casi total.
Gracias por sus comentarios,
Saludos!
PD: debido a que estoy con muy poco tiempo disponible últimamente, y que a causa del terremoto ha estado fallando de manera constante el internet, puede que me demore más de lo habitual en subir los comentarios, responderlos, y subir reseñas nuevas. De todas formas intentaré no dejar tan botados los blogs.
Pendiente, a pesar de saber de su gran valor. La veré proximamente de una vez por todas.
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