jueves, 29 de abril de 2010

Bad Taste: Bajando un escalón en la cadena alimenticia.

“Bad Taste” (1987), es una comedia de ciencia ficción y horror del director Peter Jackson, la cual está protagonizada por el mismo Jackson, Terry Potter, Pete O´Herne, Craig Smith y Mike Minett.

Un grupo de investigadores especiales pertenecientes al Servicio de Investigación y Defensa Astral, es enviado por el Gobierno neozelandés una pequeña localidad rural para ponerle fin a una plaga de alienígenas que trabajan para una empresa de comida rápida intergaláctica, la cual desea convertir a la Tierra en su proveedor privado de carne.


Cuando el director y guionista Peter Jackson vio por primera vez el film “King Kong” (1933), de los directores Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, no solo quedó maravillado por su particular historia, sino que además por sus espléndidos efectos especiales, los cuales fueron realizador por Willis O´Brien mediante la utilización de la técnica del stop-motion. Con el paso de los años, Jackson comenzó a interesarse cada vez más en el diseño de maquillaje y en la fabricación de animatronics. Por este motivo, una vez que se graduó del colegio, se propuso ingresar a la universidad para convertirse en un técnico en efectos especiales. Lamentablemente para él, la minúscula industria cinematográfica neozelandesa no ofrecía demasiadas oportunidades laborales, por lo que con la ayuda de sus padres, Jackson compró una cámara de 16mm y se lanzó a la tarea de filmar un cortometraje durante los fines de semana, el cual tenía por objetivo demostrar su habilidad a la hora de diseñar diversos efectos especiales. La trama original del cortometraje cuyo título era “Roast of the Day”, giraba en torno a un hombre que terminaba siendo atacado y devorado por un grupo de caníbales que invadían un pequeño pueblo neozelandés.

Sin embargo, lo que empezó como un humilde proyecto, eventualmente se convertiría en un largometraje centrado en la misión de un grupo de extraterrestres caníbales, los cuales viajan a la Tierra con la intención de obtener suficiente comida como para asegurar su supervivencia. La filmación de dicho proyecto se extendería durante cuatro años, y sería costeada casi en su totalidad por el mismo Jackson, quien gastó alrededor de $25.000 dólares. El resto del financiamiento provendría de la Comisión Cinematográfica de Nueva Zelanda, institución que le ofrecería una modesta ayuda financiera al director recién cuando este se encontraba en pleno proceso de producción de la banda sonora del film. Durante todo el proceso de rodaje de la cinta, Jackson no solo estuvo a cargo de su dirección, sino que además tuvo que hacerse cargo de una infinidad de tareas relacionadas con los efectos especiales, dentro de las cuales se incluía la fabricación de las prótesis de látex que debían ocupar los actores encargados de interpretar a los alienígenas, la ejecución de los nauseabundos e impresionantes efectos gore que presenta la cinta, y el diseño de prácticamente todas las armas de fuego que son utilizadas por los protagonistas en su batalla campal contra los alienígenas. No contento con esto, Jackson construyó una estructura metálica que le permitió mover su cámara con mayor libertad, consiguiendo de esta forma imprimirle cierto nivel de profesionalismo a un film que en esencia es un modesto proyecto estudiantil.

Ambientada en un pequeño y aislado pueblo llamado Kaihoro, que en maorí significa “Ciudad Comida”, “Bad Taste” se centra en un grupo de desadaptados liderados por un extraño científico llamado Derek (Peter Jackson), los cuales forman parte de un misterioso departamento gubernamental encargado de investigar una serie de cruentos asesinatos que parecen estar relacionados con una posible invasión alienígena. Lo que en verdad sucede en la hasta entonces apacible localidad de Kaihoro, es que una corporación de comida rápida alienígena ha descubierto que la carne humana es la nueva sensación del universo, por lo que se han propuesto llenar cientos de cajas de cartón con carne humana para comercializarla a través de la galaxia. Lo que dificulta su captura, es el hecho de que los alienígenas son capaces de mutar su forma física al punto de confundirse con los humanos, lo que les ha permitido llevar a cabo sus planes con bastante calma. Debido a las circunstancias en las que se ven envueltos, Derek y su equipo no tienen más opción que comenzar una violenta cruzada en contra de los invasores comandados por una criatura llamada Lord Crumb (Doug Wren), para así evitar que estos lleven a cabo sus macabros planes, y logren escapar con los cientos de kilogramos de mercancía que han logrado recolectar durante su estadía en la Tierra.

A diferencia de la gran mayoría de las cintas de bajo presupuesto que existen de corte similar, “Bad Taste” bombardea al espectador con numerosos efectos especiales que van desde lo artesanal hasta lo innegablemente ingenioso. Y es que Jackson demuestra una evidente preocupación por cohesionar una serie de actos grotescos que no hacen más que reflejar su retorcido sentido del humor. Desmembramientos, regurgitaciones, explosiones, momentos absurdos y otros más cercanos al Grand Guignol, forman parte del repertorio que exhibe el director durante el transcurso del film. Probablemente el mejor ejemplo del amor por lo grotesco que profesa Peter Jackson, tiene relación con un gag recurrente que se centra en uno de los personajes que él mismo interpreta, el cual debido a un infortunado accidente, debe fijar constantemente con cinta adhesiva un pedazo de su cráneo para así evitar seguir perdiendo gran parte de su masa cerebral. Todos estos elementos sumados a las altas dosis de humor negro que presenta la trama, permiten que el ritmo narrativo de “Bad Taste” sea por sobre todo dinámico, lo que en cierta medida compensa la simpleza de la historia y la presencia de ciertos momentos que a todas luces parecen algo improvisados.

En cuanto a las actuaciones, debido al amateurismo de los actores participantes, estas resultan ser extremadamente caricaturescas, lo que en este caso juega a favor del tono lúdico que presenta el relato. Cabe mencionar que debido a lo precario de las condiciones en las que se filmó la cinta, Jackson tuvo que pedirle a varios de sus amigos que participaran tanto frente como detrás de las cámaras, sin importar que estos no tuvieran ninguna experiencia en las respectivas tareas que se les asignaron. Por otro lado, aún cuando existen algunas líneas de diálogo verdaderamente memorables, en general los diálogos evidencian un alto grado de improvisación, lo que provoca en la mayoría de las ocasiones estos no sean realmente relevantes para el desarrollo de la trama. En relación al aspecto técnico de la producción, no solo resulta destacable el ya mencionado trabajo de efectos especiales realizado por Peter Jackson, sino que también llama la atención la pulcritud del trabajo de edición del film, y ciertos juegos de cámara que realiza el director en determinados momentos de la cinta, los cuales posteriormente perfeccionaría en sus próximas producciones. Por último, la banda sonora compuesta por Michelle Scullion y Jay Snowfield, aun cuando es algo minimalista resulta ser bastante efectiva y es acorde al tono del film.

Luego de ser exhibida en el Festival de Cannes, “Bad Taste” despertó el interés de ciertas compañías que se aseguraron de distribuirla internacionalmente, convirtiendo a la ópera prima de Peter Jackson en un verdadero éxito comercial dentro de ciertos circuitos ligados al cine independiente. Esto le permitió al director encaminarse en nuevos proyectos, los cuales por un tiempo mantuvieron el mismo tono absurdo y excesivo que exhibía su debut cinematográfico. Con el paso de los años, “Bad Taste” no solo se ha transformado en un film de culto, sino que también en una fuente de inspiración para los cineastas independientes que buscan ganarse un espacio en el a veces elitista universo cinematográfico. Además de todo esto, esta peculiar comedia de horror y ciencia ficción tiene el mérito de haber convertido a un inquieto técnico de efectos especiales en un prometedor director, lo que de pasó contribuyó al crecimiento de la modesta industria cinematográfica neozelandesa. Pese a las falencias propias de la escases de recursos que presenta el film, “Bad Taste” es una película por sobre todo entretenida, la cual se alza como el producto del talento en estado crudo de un director que durante toda su carrera, ha demostrado tener pasión por lo que hace y ser un conocedor del verdadero arte cinematográfico.



por Fantomas.

martes, 27 de abril de 2010

Especial: Proyectos que la Disney pudo haber realizado (Periodo comprendido entre 1928-1949).

Entre 1930 y 1950, Walt Disney y su estudio tuvo que cancelar una serie de proyectos debido diversos problemas que afectaron la labor del estudio. Mientras que a principios de los treinta, Disney tuvo que lidiar con la fuga de talentos de su estudio (entre los que se encontraba Ub Iwerks), en 1934 el estudio estaba enfrentando algunos problemas económicos. El costo promedio de los cortos producidos por Disney en aquel entonces era de $13.500 dólares, y las ganancias que estos producían apenas alcanzaban para mantener el estudio en pie. Cuando Disney comenzó a realizar cortos a color, el costo promedio por corto se elevó a $27.500 dólares, lo que eventualmente le significó perdidas a Walt. Aunque el estudio se supo sobreponer a los problemas en gran medida gracias a la popularidad de Mickey Mouse, y al éxito de “Snow White and the Seven Dwarfs” (1937), el primer largometraje animado estrenado en los Estados Unidos. Sin embargo la tranquilidad no duraría demasiado; para 1938 la popularidad de Mickey comenzó a mermar y la exitosa serie “Silly Symphonies” comenzaba a llegar a su fin. Confiado en que repetiría el éxito de “Snow White and the Seven Dwarfs”, Disney conformaría un plan maestro que tenía por objetivo producir de dos a cuatro largometrajes animados por año. Pronto se daría cuenta que se había dejado llevar por su ingenuidad.

Disney gastó todas las ganancias generadas por “Snow White and the Seven Dwarfs” en la producción de “Pinocchio” (1940), “Fantasia” (1940) y “Bambi” (1942), y en la construcción de su nuevo estudio. Lamentablemente, “Pinocchio” y “Fantasia” resultaron ser un fracaso de taquilla, lo que dejó a Disney en una delicada situación económica, al punto que los bancos comenzaron a limitar los préstamos que podían otorgarle al empresario de la animación. Debido a esto, Walt comenzó a manejar su estudio como si fuese una fábrica, lo que rompió con la camaradería reinante en el lugar. Para colmo, Disney nunca había establecido una estructura salarial bien definida, razón por la cual en algunas ocasiones se daba el lujo de privar a los animadores de aumentos de sueldo o el pago de horas extra. Las nuevas exigencias laborales al interior del estudio y los bajos salarios, llevaron a que los trabajadores del estudio formaran un sindicato: la Federación de Caricaturistas Cinematográficos. Aunque la relación entre Walt y el sindicato fue en principio amena, Disney como buen empresario, no sentía más que desprecio por los sindicatos. Cuando el estudio comenzó a perder dinero, Disney tuvo que despedir a dos docenas de empleados para mantener la empresa a flote; como era de esperarse, él escogería en su mayoría a integrantes del sindicato.

El sindicato reaccionó de inmediato. El 26 de marzo de 1941, los empleados de los estudios Disney decidieron irse a huelga con la intención de negociar sus contratos. La respuesta de Walt fue bastante imprudente; despidió a Art Babbitt debido a su participación como presidente del sindicato. El 28 de marzo, 300 empleados (entre los que estaba Babbitt) se ubicaron fuera del estudio como forma de protesta. El conflicto empeoró aún más cuando Walt comenzó a afirmar que la huelga estaba liderada por comunistas, lo que irritó aún más a los trabajadores. El estudio se vio forzado a cerrar sus puertas durante todo el conflicto. El 28 de julio de ese año, la huelga terminó tras formarse un acuerdo entre las partes. Desde este punto, el sindicato comenzaría a ser escuchado al interior de los estudios Disney, cambiando para siempre los derechos de los animadores. Durante los años siguientes, el estudio seguiría teniendo problemas económicos llegando a deber en 1948 más de cuatro millones de dólares. Recién a principios de los cincuenta, el estudio comenzaría a gozar de cierta estabilidad económica. Teniendo una idea de los problemas que tuvo que enfrentar Walt Disney durante sus tumultuosos inicios, procederemos a revisar algunos de los proyectos que se quedaron en el tintero.

- “The Good Samaritan” (1934): Pluto rescata a un cachorro que destroza una casa. Clyde Geronimi había sido contratado para dirigir el corto, y Ollie Johnston, Ward Kimball, y John Lounsbery se habían encargado de animar algunas escenas. Se habían gastado $5.554 dólares en el corto antes de que fuera suspendida su producción. En 1944, el proyecto fue oficialmente abandonado.

- "Mickey’s Sea Monster" (1935): La idea que ubicaba a Mickey, Donald, y Goofy intentando cazar a una serpiente marina lamentablemente jamás fue realizada.

- “The Emperor´s New Clothes” (1936): Ted Sears había desarrollado este corto como parte de la serie “Silly Symphonies”. Sin embargo la idea fue desechada por carecer de consistencia. Posteriormente se pensó en producir el corto utilizando a Mickey, Donald y Goofy como sus protagonistas, pero la idea no dio frutos.

- “Japanese Symphony” (1936): Bianca Majolie desarrollaría este corto para la serie “Silly Simphonies”, el cual era acerca de una luciérnaga que se enamora de una polilla y la salva de un murciélago que la ataca en un jardín japonés. La idea de una sinfonía japonesa permanecería durante mucho tiempo en la mente de Walt; incluso se pensó en narrar las aventuras de una niña japonesa que persigue a una mariposa. Sin embargo, una vez que Japón se involucró en la Segunda Guerra Mundial la idea fue desechada.

- “Mickey´s Bakery” (1936): Mickey, Donald, y Goofy intentan hornear un pastel gigante para una fiesta de la alta sociedad. La idea fue considerada en múltiples ocasiones pero fue desechada definitivamente en 1940.

- “Snow Babies” (1936): Walt Kelly había diseñado una serie de personajes con el fin de utilizarlos en un corto de las “Silly Symphonies”, el cual iba a funcionar como secuela del corto “Water Babies” (1935). La idea fue desechada en 1939 cuando la serie fue cancelada. Eventualmente Rudy Ising dirigiría una seudo-secuela títulada “Merbabies” (1938).

- “Sunken Treasure” (1936): Mickey, Donald y Goofy se ven enfrentados a un grupo de esqueletos de piratas y al Rey Neptuno mientras se encuentran buceando en busca de oro submarino. En 1937, se trabajó una idea similar bajo el título de “Davy Jones´s Locker”, la cual sólo tenía a Mickey como protagonista. “Pearl Divers” fue otro de los títulos que tuvo uno de los borradores de la idea, que esta vez presentaba a Mickey y Donald como protagonistas. Finalmente el corto jamás fue realizado.

- “The Three Bears” (1936): Homer Brightman desarrolló este corto perteneciente a las “Silly Symphonies” como un posible vehículo para Shirley Temple. Siempre se pensó que la colaboración entre Disney y Temple sería inevitable, sin embargo esto nunca pasó.

- “Mickey´s Follies” (1937): Era un corto que pretendía juntar a Mickey con algunos personajes de las “Silly Symphonies”. Lamentablemente, los guionistas consideraban que era imposible desarrollar una idea tan ambiciosa en un corto de siete minutos. Aparentemente, la mayoría de las ideas gestadas durante el desarrollo de este corto fueron utilizadas al segmento “Dance of the Hours” de la cinta “Fantasia”.

- “Donald Munchausen” (1938): Carl Barks creó una historia en la cual Donald le relata a sus sobrinos como luchó contra unos dinosaurios en África. Pese a que se realizaron algunos bosquejos, el corto no fue llevado a cabo.

- “Mickey´s Toothache” (1938): Era la representación de una pesadilla experimentada por Mickey debido a la exposición a gas de la risa. La idea fue rápidamente olvidada.

- “20,000 Leagues Under the Sea” (1938): El corto presentaba a Mickey como el Capitán Nemo. La noción de que Disney haya querido adaptar la novela de Julio Verne ya en la década del treinta, resulta interesante considerando el hecho de que en 1954 Disney produciría una adaptación de la novela con actores reales.


- “Jabberwocky” (1939): El poema escrito por Lewis Carroll también sería considerado por los creativos del estudio como parte de las “Silly Symphonies”. Sin embargo, la idea sería desechada privilegiando proyectos más comerciales.

- “Morgan´s Ghost” (1939): Dick Creedon y Al Perkins desarrollaron esta historia la cual era una suerte de adaptación de la novela “La Isla del Tesoro”, de Robert Louis Stevenson (precisamente la adaptación de esta novela se convertiría en el primer largometraje con actores reales de la Disney). La historia involucraba a Mickey, Donald, Goofy, y Pegleg Pete, y posteriormente sería utilizada por Bob Karp en los “Donald Duck Comics” bajo el nombre de “Donald Duck Finds Pirate Gold”.

- “Penelope and the 12 Months” (1940): Joe Grant y Dick Huemer desarrollaron una historia acerca de una pequeña niña que viaja a través del tiempo gracias a la ayuda del reloj mágico de su abuelo. Walt pensó que la historia no funcionaría, pero de todas formas Mary Blair realizaría unas hermosas pinturas conceptuales para el corto.

- “Hootsie the Owl” (1940): Al Hurter desarrollaría un concepto acerca de un extraño búho que duerme durante las noches y despierta durante el día. Walt pensó que la idea era llamativa, y se realizaron una serie de interesantes bosquejos mientras se consideraba la posibilidad de producir el corto. Sin embargo, este nunca llegó a realizarse.

- “Don Quixote” (1940): La adaptación de la novela de Cervantes estaba llamado a ser uno de los grandes proyectos artísticos de la Disney. Walt quería que el corto fuera animado de la forma más realista posible, pero al mismo tiempo quería dejar un espacio para imágenes más surrealistas. En 1941 la idea fue abandonada y sólo en 1951 el concepto revivió, sólo que en esa ocasión se pensó en realizar un corto lo más simple posible, muy en el estilo de las producciones animadas de la UPA, lo que provocó que el proyecto terminara siendo desechado.


- “The Hound of Florence/Inspector Bones” (1941): “The Hound of Florence” era una novela del escritor Felix Salten (el autor de “Bambi”) acerca de un detective que se transformaba en un perro. La idea de un perro detective aparentemente inspiró la creación del Inspector Bones, el cual era una parodia directa de las cintas de Sherlock Holmes protagonizadas por Basil Rathbone durante los cuarenta. Finalmente ninguna de estas ideas sería plasmada, aunque algunos conceptos serían utilizados en el largometraje animado de la Disney, “The Great Mouse Detective” (1986).

- “Gremlins” (1942): Este es uno de los proyectos fallidos más legendarios de la Disney debido a que se trataba de la adaptación de una historia no publicada del Teniente de la RAF, Roald Dahl. Pese a lo prometedor del proyecto, por algún extraño motivo este nunca sería realizado.

- “Lorenzo the Magnificent” (1943): Este corto estaba llamado a ser una obra musical surrealista acerca de un gato persa cuya cola tiene vida propia. El corto no sería realizado, pero la idea jamás sería olvidada al interior del estudio. Por este motivo, el 2004 Mike Gabriel dirigiría un corto llamado “Lorenzo”.

- “Ajax the Stool Pigeon” (1943): La historia de una paloma mensajera que sufre acrofobia la cual debe batallar con otros pájaros en su camino a entregar un importante mensaje, se presentaba como un proyecto prometedor. Sin embargo, terminó siendo dejado en el olvido.

- “Square World” (1943): Joe Grant y Dick Huemer desarrollaron un concepto en el cual un gobernante con forma de cuadrado intenta que todo a su alrededor tenga forma de cuadrado. La animación era más bien minimalista así que el proyecto terminó siendo archivado.


- “Tales of Hans Christian Andersen” (1943): En 1943 se abandonó el ambicioso proyecto que pretendía adaptar los cuentos de Hans Christian Andersen. Disney pretendía co-producir la cinta junto a Samuel Goldwyn, quien también quería realizar un film acerca de la obra de Andersen. Se pensó por un momento en realizar una cinta que mezclara escenas con actores reales, con algunos segmentos animados que representarían algunos de los cuentos del escritor. Los animadores y guionistas habían empezado a desarrollar varios de estos segmentos durante la década del treinta, muchos de los cuales se intentaron estrenar como cortos independientes (probablemente como parte de la serie “Silly Symphonies”). Entre estos se encontraban “The Emperor´s New Clothes”, “The Emperor´s Nightingale”, “Through the Picture Frame”, “The Little Fir Tree”, “The Steadfast Tin Soldier”, y “The Little Mermaid”. Más allá de los problemas financieros que enfrentó el estudio durante los cuarenta, a Walt le incomodaba el tono de estas historias. Todos los relatos de Andersen terminaban de manera casi trágica, razón por la cual finalmente Disney desechó la idea.

- “Chanticleer and Reynard” (1945): Durante más o menos una década en los estudios Disney estuvo rondando la idea de adaptar la obra “Chantecler” de Edmund Rostand, o “The Romance of Reynard” de Pierre de Saint-Cloud. Eventualmente decidieron fusionar las adaptaciones en un solo proyecto. Pese a que los animadores mostraron un real entusiasmo con la idea, el proyecto sería archivado en 1945. Sin embargo, esta no sería la última vez que se hablaría al respecto.

- “Cuban Carnival” (1945-1946): Walt pretendía realizar una nueva entrada en su serie de “producciones latinas” conformada por “Saludos Amigos” (1942) y “The Three Caballeros” (1944). Donald regresaría junto a Jose Carioca como protagonistas del largometraje. Supuestamente, Donald y Carioca competirían por el amor de una papagaya llamada Aurora. Pese a que ya se habían planeado los distintos segmentos que conformarían el film, finalmente el proyecto fue abandonado debido al fracaso comercial de “The Three Caballeros”.

- “On the Trail” (1946): Era un corto que pretendía exponer ciertos aspectos de la cultura norteamericana. Fue desarrollado por Retta Scott, quien además realizó una investigación acerca de los pueblos aborígenes norteamericanos. Finalmente Disney terminó favoreciendo proyectos más comerciales debido a que temía que el corto resultara ser demasiado experimental para el público promedio.

- “Hiawatha” (1946): Pese a que David Hand había dirigido un corto de la serie “Silly Symphonies” titulado “Little Hiawatha” (1937), Walt Disney quería realizar un film basado en el poema de Henry Wadsworth Longfellow. Aunque sus cercanos tenían algunas dudas con respecto al proyecto, el hermoso arte conceptual realizado por algunos de los artistas que desarrollaban la idea ayudó a que el proyecto fuera aprobado. Lamentablemente en ese momento el estudio no tenía el dinero suficiente para realizar el film, por lo que fue pospuesto indefinidamente. Eventualmente, Disney consideró que el proyecto presentaba una historia poco atractiva, y que probablemente se podía convertir en una nueva “Fantasia”. Finalmente el proyecto fue olvidado en 1949.

- “Share and Share Alike” (1946): Este corto, que estaba protagonizado por Donald y sus sobrinos quienes se peleaban por una manzana, aparentemente era una aberración. Aunque gran parte del corto fue animado (se gastaron alrededor de $26.000 dólares en el film), cuando este fue exhibido mucha gente del estudio pensó que era un desastre y que probablemente era uno de los peores cortos de la historia de la Disney, razón por la cual jamás fue terminado.

- “Destino” (1946): El fruto de la colaboración entre Disney y Salvador Dalí se convirtió en una leyenda con el paso de los años. Dalí estaba realmente entusiasmado con la idea de trabajar con Disney, con quien pretendía realizar un corto basado en la canción “Destino” de Armando Domínguez. Junto al animador John Hench, el artista trabajaría durante ocho meses entre 1945 y 1946. Sin embargo, el proyecto se enfrentó a una serie problemas que la dupla no pudo solucionar (principalmente económicos). Sólo se realizarían 18 segundos de animación. El 2003, los productores Roy Disney (sobrino de Walt) y Baker Bloodworth finalizarían el corto utilizando algunos de los bocetos y las instrucciones dejadas por Dalí. Este corto de siete minutos sería dirigido por Dominique Monfery.

* Estos últimos dibujos forman parte del arte conceptual realizado para "Tales of Hans Christian Andersen". El dibujo de "The Little Mermaid" sirvió como base al momento de diseñar a la protagonista del largometraje animado del mismo nombre producido por la Disney en 1989.







por Fantomas.

lunes, 26 de abril de 2010

Killing Machine: Cuando la justicia implica violencia.

“The Killing Machine” (1975), es un drama de artes marciales del director Norifumi Suzuki, el cual está protagonizado por Sonny Chiba, Yutaka Nakajima y Makoto Satô.

Tras trabajar como agente secreto para el gobierno japonés durante la Segunda Guerra Mundial, Doshin Soh (Sonny Chiba) regresa al ahora derrotado Japón. Mientras sus compatriotas intentan sobrevivir a la extrema pobreza reinante mediante el camino de la delincuencia, Soh intenta surgir fundando un dojo en el que enseña un tipo de arte marcial que aprendió durante su estadía en China. Sin embargo, en su camino se encontrará con una serie de criminales y oficiales corruptos que dificultaran su labor y que lo obligarán a desatar una oleada de violencia.

“The Killing Machine” es una película ligeramente basada en la vida del maestro de artes marciales Doshin Soh, creador de la disciplina marcial conocida como Shorinji Kempo. Según cuenta la historia, Doshin Soh fue un japonés que pasó gran parte de su vida viviendo en China, razón por la cual fue reclutado como espía por el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Durante el tiempo que trabajó como espía, Soh entrenó con distintos maestros hasta que eventualmente fue aceptado en el templo Shaolin. A su regreso a Japón tras la guerra, le impresionó tanto el sombrío estado de ánimo de la sociedad japonesa, que se propuso restaurar la moral y el orgullo patrio de sus compatriotas utilizando la filosofía budista como herramienta, lo que mezclado con algunas de las artes marciales que había aprendido durante su estadía en China, dio como resultado lo que hoy es conocido como Shorinji Kempo. El guionista Isao Matsumoto tomaría algunos datos de la vida de Doshin Soh y los mezclaría con algunas de las leyendas que giraban en torno a su figura, para crear una historia dramática y violenta por partes iguales. A sabiendas del éxito que había tenido Sonny Chiba con su violenta trilogía “Street Fighter”, el director Norifumi Suzuki no dudó en contratarlo para un rol que parecía estar escrito para él.

Probablemente las únicas similitudes existentes entre el verdadero Doshin Soh y su versión cinematográfica, sea su participación como espía y su deseo que levantar la moral de sus compatriotas. Ambas cosas quedan rápidamente establecidas durante los primeros diez minutos del film. La cinta comienza con el protagonista en territorio enemigo, donde se verá obligado a defenderse de una turba que ha descubierto su verdadera identidad. Al poco tiempo después cuando se presenta ante sus superiores, descubre que Japón se ha rendido. Presa de su frustración, Soh asesina a sus superiores por lo que va a dar a la cárcel, lugar donde rescata a una joven japonesa llamada Kiku (Yutaka Nakajima) que iba a ser forzada a servir como prostituta por el ejército chino. Durante gran parte de la primera mitad del film, se muestran las consecuencias de la guerra, como esta ha dejado en ruinas a gran parte del Japón (específicamente a Osaka), y como la sociedad ahora sumida en la pobreza debe intentar sobrevivir no solo a la hambruna, sino que también a los abusos de los criminales, de los oficiales corruptos y de los soldados norteamericanos que ahora se encuentran repartidos en las calles.

Es en este ambiente hostil que Soh intenta cuidar a un grupo de huérfanos, al mismo tiempo que intenta evitar por todos los medios que Kiku se prostituya con el fin de conseguir dinero para alimentar a su pequeño hermano. Debido a su constante búsqueda de justicia, Soh no puede evitar verse involucrado en pequeños conflictos con algunos criminales y soldados norteamericanos, los que eventualmente lo terminan enviando a prisión. Será solo gracias a la ayuda del alcaide que Soh podrá escapar de Osaka, para reubicarse en un pequeño pueblo donde podrá cumplir su sueño de abrir un dojo para así ayudar a un grupo de hombres aproblemados. Es en este tramo del film donde quedan aún más patentes los ideales del protagonista y su deseo de levantar una sociedad consumida por la guerra. Dos de los estudiantes “más importantes” de Soh, son hombres cuya vida ha sido destruida por la guerra (uno fue dado por muerto, razón por la cual perdió a su familia, mientras que el otro pasa los días junto a una botella de alcohol), los cuales eventualmente terminan convirtiéndose en verdaderos ejemplos de auto-superación, todo gracias a las enseñanzas de su maestro.

Tal y como sucede durante la primera mitad de la cinta, pese a las buenas intenciones de Soh, este no puede escapar de la violencia del mundo que lo rodea. Eventualmente, él y sus estudiantes terminan involucrados en un conflicto con una banda de yakuzas que ven al protagonista como el único obstáculo en su intento de dominar la región. Quien esté relativamente familiarizado con la filmografía de Sonny Chiba, probablemente sabe que el actor solía protagonizar cintas bastante violentas y esta no es la excepción. No sólo hay un buen número de escenas donde podemos apreciar miembros fracturados, cuerpos volando por los aires, desmembramientos, y unas buenas dosis de sangre, sino que además hay una escena de violación (la cual afortunadamente está editada de modo de que no resulte demasiado perturbadora), y otra en la que el protagonista junto a uno de sus estudiantes deciden tomar la justicia con sus propias manos, y castrar al violador con unas tijeras. Las escenas de lucha son brutales pero estilizadas a la vez, sorprendiendo lo bien coreografiadas que estas se encuentran.

En general las actuaciones son bastante correctas. Probablemente esta sea la mejor actuación de Sonny Chiba, un actor encasillado en papeles de hombres rudos y sin escrúpulos, ya que en esta ocasión se le dio la oportunidad de interpretar a un personaje más rico en matices, el cual se ve enfrentado a momentos realmente dramáticos. Por otra parte, la banda sonora compuesta por Shunsuke Kikuchi pese a no ser memorable, acompaña de buena manera las imágenes que reflejan el estupendo trabajo de fotografía de Yoshio Nakajima. Probablemente el mayor problema que presenta este film es que no logra dejar muy en claro cuál es el tono de la historia. Por momentos la cinta cae de lleno en el melodrama (en especial en aquellas escenas que transcurren en las oscuras y desoladoras calles de Osaka), dando a entender que la verdadera intención del director es retratar el Japón post-guerra, y al mismo tiempo relatar la historia de un hombre que buscaba transmitir su paz interior a todos quienes lo rodeaban. Sin embargo, las escenas de violencia que se intercalan con las escenas más dramáticas, terminan por convertir el dolor y el sufrimiento en algo trivial, casi carente de real importancia en la trama.

Por otro lado, Norifumi Suzuki opta por utilizar una narración episódica, que la verdad funciona bastante bien al momento de dividir las etapas de la vida de Doshin Soh. Si bien es evidente que el contexto histórico y el relato de la vida de Doshin Soh sirven como excusa para presentar a Sonny Chiba actuando bajo sus propias reglas, la cinta de todos modos resulta ser interesante ya que nos entrega un retrato del Japón post-guerra mirado desde la perspectiva de los mismos japoneses. En la superficie tenemos un entretenido y violento film de artes marciales en el que el personaje de Chiba está en una constante búsqueda de justicia, lo que implica detener a algunos coreanos que agreden a unos ciudadanos japoneses, golpear a unos soldados norteamericanos que atropellan a un pequeño niño, y asesinar a un grupo de criminales que busca tomar ventaja de una sociedad sumida en el caos. En definitiva, “The Killing Machine” es una película que presenta una historia que podía haber sido mejor construida, pero que de todas formas logra llamar la atención del espectador, en gran medida gracias a las abundantes dosis de acción que presenta un film el cual exhibe una serie de características que lo ubican por sobre otras producciones de corte similar.

* Nota: A más de alguno podrá resultarle curioso el símbolo que Doshin Soh utiliza en la cinta para identificar a los estudiantes de su dojo. Hay que recordar que la esvástica es un símbolo utilizado tanto en el budismo como en el hinduismo, el cual posteriormente fue adoptado por los nazis.



por Fantomas.

viernes, 23 de abril de 2010

Klute: Alguien te está vigilando.

“Klute” (1971), es un thriller del director Alan J. Pakula, el cual está protagonizado por Jane Fonda y Donald Sutherland.

Un hombre ha desaparecido sin dejar rastro en Nueva York. Klute (Donald Sutherland), un detective privado íntimo amigo suyo, encuentra unas cartas dirigidas a una prostituta llamada Bree Daniels (Jane Fonda), por lo que decide ir en su búsqueda para interrogarla. Simultáneamente, Bree comienza a ser acosada por alguien que parece estar obsesionado con ella, y que aparentemente está relacionado con la desaparición del hombre que Klute está buscando.


En el año 1969, el agente de la actriz Jane Fonda contactó al director y productor Alan J. Pakula con la intención de invitarlo a dirigir un proyecto en el que estaba involucrada la actriz. Sin embargo, a Pakula no le llamó la atención el material por lo que desechó la invitación. Algunas semanas más tarde, los estudios Warner Brothers le enviaron al director el primer borrador de un guión escrito por Andy y Dave Lewis titulado “Klute”. El guión relataba la historia de un policía de un pequeño pueblo de Pennsylvania que junto a una prostituta de Nueva York, descienden al mundo de la prostitución para dar con el paradero de un viejo amigo del policía. Para Pakula, la única actriz capaz de interpretar el rol protagónico era Jane Fonda. Por este motivo, él le envió el guión a la actriz quien se encontraba promoviendo la cinta “They Shoot Horses Don´t They?” (1969). Según palabras del mismo director: “Volé a Nueva York luego de que ella había leído el guión y me dijo: ´Bueno, ¿por qué quieres que haga esto? Esto puede convertirse en algo totalmente vulgar.´ Entonces yo le dije: ´Porque pienso que harías un estupendo trabajo y porque además es un personaje maravillosamente escrito. Creo que la historia necesita algo de trabajo pero el personaje está bien´”.

Para sorpresa de Pakula, el estudio no tenía interés en contratar a Fonda. Cuando el director se negó a contratar a alguien más para el papel, los ejecutivos de la Warner decidieron retirarlo del proyecto y llamaron a Barbra Streisand para ofrecerle el rol protagónico. Sin embargo, la actriz rechazó el papel por considerar que el guión era burdo. Irónicamente, más tarde ella admitiría que si hubiese sabido que Pakula estaría a cargo del proyecto, hubiese aceptado el papel sin pensarlo. Cuando el estudio vio que nadie quería participar en la producción, se vio en la obligación de llamar nuevamente a Pakula y a Fonda, quienes junto a Donald Sutheland se instalaron en los desaparecidos Estudios Filmways para iniciar el proceso de rodaje del film. Lamentablemente, los problemas relacionados con la figura de Fonda no terminarían ahí. Tras visitar varios clubes nocturnos con la intención de investigar más sobre el mundo de la prostitución, la actriz comenzó a ponerse nerviosa cuando ninguno de los proxenetas que conoció intentó contratar sus servicios. Fue entonces cuando Fonda le rogó a Pakula que la despidiera, asegurando de que no era capaz de interpretar a una prostituta. Sin embargo, lo que hizo el director fue reestructurar el calendario de filmación para que Fonda se preparara de mejor manera para el papel, y le otorgó la posibilidad de improvisar en ciertas escenas, lo que finalmente ayudó a cimentar la frágil confianza de la joven actriz.

Tras una pequeña escena introductoria ambientada en la casa de un hombre llamado Tom Gruneman (Robert Milli), se establece que dicha persona ha desaparecido sin dejar rastro, y que la única pista de su posible paradero son una serie de cartas obscenas dirigidas a una mujer llamada Bree Daniels, quien aparentemente reside en Nueva York. Cuando la policía comienza a dar señales de querer abandonar el caso, el detective privado John Klute, amigo íntimo de la familia de Gruneman, se ofrece para ir a Nueva York en búsqueda de la misteriosa señorita Daniels, y averiguar qué es lo que ha sucedido con su viejo amigo. A simple vista, Bree Daniels es una joven que ha decidido probar suerte como actriz en la cosmopolita ciudad de Nueva York. Sin embargo, bajo su inocente fachada se esconde una prostituta que trabaja de manera independiente, la cual espera su oportunidad para alejarse del sórdido mundo en el cual se encuentra atrapada.

Después de mucha insistencia, Klute logra convencer a Bree Daniels para que lo ayude a dar con el paradero de un hombre al cual prácticamente no conoce, y por el cual no siente mayor interés. De esta forma, ambos se sumergen en el submundo de la prostitución, encontrándose con proxenetas y prostitutas que trabajan tanto en las calles, como en las más altas esferas de la sociedad. Será en el marco de su investigación, que John Klute logra establecer una relación entre Gruneman y un cliente particularmente violento que tuvo Bree hace algunos años, cuya identidad no logra ser recordada por la muchacha. Si bien durante la primera mitad de la cinta es revelada la identidad del misterioso cliente/psicópata y sus motivaciones, esto no impide que la creciente paranoia de Bree se convierta en el mayor generador de tensión del relato. Y es que la situación de la protagonista empeora rápidamente cuando aparentemente su acosador comienza a asesinar a algunas de sus viejas amistadas, razón por la cual Klute tendrá que hacer su mejor esfuerzo para detenerlo antes de que sea demasiado tarde.

Desde que entra en escena, es evidente de que la cinta gira en torno a la figura de Bree Daniels. Básicamente, ella es una mujer plagada de contradicciones, la cual ha tenido numerosas dificultades para insertarse dentro de una sociedad machista y hostil. Esto la ha llevado a esconderse tras un muro de cinismo, el cual si bien en un principio parece infranqueable para el bienintencionado John Klute, eventualmente termina derrumbándose ante la candidez de una relación impensada para ambos. Demás está decir que gran parte del encanto del personaje protagónico está dado por la presencia magnética de Jane Fonda, quien ganó el Oscar a la mejor actriz por su participación en este film. Donald Sutherland por su parte, realiza un buen trabajo interpretando al paternal John Klute, al igual que Roy Scheider, quien interpreta al inescrupuloso ex-proxeneta de la protagonista. En cuanto al aspecto técnico de la producción, resulta destacable la banda sonora del compositor Michael Small, y el trabajo de fotografía de Gordor Willis, quienes en conjunto construyen la atmósfera opresiva y claustrofóbica que domina al relato.

Durante la década del setenta, la creciente desconfianza de la sociedad norteamericana en relación a la administración de Nixon, se magnificó en decenas de producciones cinematográficas de diversas temáticas, siendo “Klute” una de ellas. De hecho, durante aquella época Alan J. Pakula filmaría lo que luego se conocería como la “trilogía de la paranoia”, la cual estaría conformada por “Klute”, “The Parallax View” (1974) y “All the President´s Men” (1976), cintas que tenían en común la presencia de una amenaza invisible, representada por una serie de equipos de vigilancia llamados a destruir por completo cualquier dejo de privacidad presente en la sociedad. Al mismo tiempo, en esta ocasión Pakula presenta a una de las primeras heroínas cinematográficas de los setenta, las cuales al igual que Bree Daniels se caracterizarían por ser mujeres independientes, de ideas concretas y personalidades avasalladoras. En definitiva, “Klute” se alza como una película en cierta medida influenciadora, la cual mezcla de manera inteligente elementos dramáticos con otros más propios del thriller, dando como resultado una historia en la que las relaciones humanas son tan importantes como la trama policial en la que se ven inmersos los protagonistas.


por Fantomas.

martes, 20 de abril de 2010

The Shout: Rompecabezas místico.

“The Shout” (1978), es una cinta de terror psicológico del director Jerzy Skolimowski, la cual está protagonizada por Alan Bates, John Hurt y Susannah York.

El sol brilla sobre un verde campo donde se celebra un partido de cricket. Se trata de la competición anual entre los habitantes de un pequeño pueblo inglés y el personal del hospital psiquiátrico de la zona. En la tienda donde se ha montado el panel con el marcador se encuentran dos individuos: un paciente del recinto llamado Charles Crossley (Alan Bates), y Robert Graves (Tim Curry), un invitado del doctor a cargo del hospital. Mientras ven el partido, Crossley relata una espeluznante historia sobre cómo sus supuestos poderes sobrenaturales le permiten asesinar a quien él desee utilizando un grito aprendido de los aborígenes australianos. Pese a que Graves se toma la historia como la mera fantasía de un enfermo psiquiátrico, durante el transcurso del partido ocurre algo que le hace cuestionarse su propia salud mental.


Luego de trabajar varios años junto a directores tales como Andrzej Wajda y Roman Polanski, el realizador y guionista polaco Jerzy Skolimowski intentó cimentar su carrera como director tanto al interior de su Polonia natal, como también en el difícil mercado extranjero. Tras el fracaso comercial de la comedia “King, Queen, Knave” (1972), la cual estaba protagonizada por David Niven y Gina Lollobrigida, Skolimowski se tomó un receso de seis años antes de estrenar el film de horror “The Shout”, con el cual esperaba reencantar al público internacional que en algún momento le dio la espalda. El guión de dicha producción fue escrito por el mismo Skolimowski en compañía de Michael Austin, y estaba basado en la historia corta del mismo nombre del escritor Robert Graves, quien es mayormente conocido por ser el autor de la novela “Yo, Claudio”. Una vez terminado el guión, el director se lo presentó a los ejecutivos de la productora inglesa Rank Organisation, quienes aceptaron financiar el proyecto con la condición de que este fuese rodado en Inglaterra, y que contara con la participación de un elenco compuesto en su mayoría por actores consagrados británicos. “The Shout” al igual que el celebrado film de Nicolas Roeg, “Don´t Look Now” (1973), se caracteriza por ser una cinta ambigua e inteligente, la cual tiende a enfatizar el escenario donde transcurre la historia, el cual en este caso es una tranquila villa ubicada en el norte de Devon.

La historia de “The Shout” se desarrolla en una pequeña cabaña que se encuentra ubicada en una localidad dominada por la presencia de diversas montañas y dunas de arena, en la cual residen un músico experimental llamado Anthony Fielding (John Hurt) y su esposa Rachel (Susannah York). Cierto día, al hogar de los Fielding llega un misterioso vagabundo llamado Charles Crossley, quien en un abrir y cerrar de ojos, comienza a dominar a la pareja mediante la utilización de poderes sobrenaturales y peligrosos juegos psicológicos, los cuales supuestamente adquirió mientras vivía con una tribu de aborígenes australianos. Fue precisamente durante sus años en Australia, que el hombre dice haber aprendido un particular grito, el cual le permite asesinar a cualquiera que tenga la mala fortuna de escucharlo. Curiosamente, quien relata los pormenores de la relación que se establece entre la pareja y el vagabundo, es el mismo Crossley, quien en la actualidad se encuentra internado en un asilo psiquiátrico. Utilizando una narrativa absolutamente oblicua, Crossley le relata su historia junto a los Fielding a un personaje arbitrario, mientras ambos observan atentamente un partido de cricket que se está llevando a cabo en la institución en la que ahora reside Crossley.

Cuando comienza a relatar la historia, Crossley de inmediato le clarifica tanto a la persona que lo escucha como al espectador lo siguiente: “Cada palabra de lo que voy a contarte es verdad. Sin embargo, voy a contarlo de una manera diferente. Siempre es la misma historia, pero yo cambio la secuencia de eventos y el clímax un poco porque me gusta mantenerla viva”. Skolimowski materializa el inestable mundo construido por Crossley mediante una sucesión de fragmentos visuales, que en ocasiones poco tienen que ver con la historia de fondo. Cuando el personaje interpretado por Alan Bates comienza a conversar con su interlocutor, el director intercala sus palabras con diversas imágenes del campo de juego, algunas de las cuales son tan breves que prácticamente resultan ser abstractas. Más tarde, cuando Anthony es introducido al relato, es posible apreciar una serie de secuencias que tienen estricta relación con el proceso experimental que este lleva a cabo al interior de su hogar, el cual tiene por objetivo grabar diversos acontecimientos sónicos, tales como el zumbido de una abeja al interior de un frasco de vidrio, el golpeteo de un metrónomo y el timbre de un despertador, entre otros. Al provenir de una fuente completamente críptica, la historia de “The Shout” está sometida a la perspectiva distorsionada de un hombre a lo menos extraño, lo que evidentemente pone en tela de juicio la veracidad del curioso y colorido relato de Crossley.

En cuanto a Anthony y Rachel York, ellos básicamente son una apacible y modesta pareja que disfruta de la paz reinante en la campiña inglesa. Debido a que su existencia es en gran medida rutinaria y carente de pasión, Crossley rápidamente se convierte en una fuerza activa que los remece y le da forma a su estilo de vida y a su relación. Por otro lado, pese a la ansiedad que despierta en Anthony la invasiva y repentina llegada de Crossley, él no puede evitar sentir cierto grado de envidia por la pureza mística de su extraño invitado. Después de todo, Anthony es un hombre que desea adquirir un mayor conocimiento del mundo que lo rodea y de sí mismo a través de la experimentación con el sonido. Bajo este prisma, el grito gutural que Crossley ha perfeccionado con el transcurso de los años, representa un sonido tan lúcido y auténtico, que pone en vergüenza a la zigzagueante búsqueda espiritual de Anthony. Una vez que Skolimowski materializa el grito aborigen de Crossley en la pantalla, el film se disuelve en un puñado de subtramas e imágenes que luchan por conservar cierto grado de coherencia. Al mismo tiempo, la motivación que se esconde tras el deseo de Crossley de destruir las vidas de los Fielding, resulta ser tan críptica como su propio accionar. Como si la historia no fuese lo suficientemente extraña, durante su último tramo se fusionan acertijos, fragmentos espirituales, hechizos y objetos de significado místico, dando lugar a un final tan aterrador como desorientador.

En cuanto a las actuaciones, la totalidad del elenco realiza un trabajo estupendo. Mientras que Alan Bates interpreta de manera magnífica a un hombre misterioso y claramente trastornado, que es capaz de controlar por completo a todos aquellos quienes lo rodean, John Hurt personifica de gran manera a un hombre consumido por la rutina, quien está dispuesto a sumergirse en un espiral de locura y violencia con tal de llegar al fondo de su particular búsqueda espiritual. Por último, cabe destacar a Susannah York, quien logra con éxito interpretar a una ama de casa aburrida que ve su vida revolucionada con la llegada de Crossley, quien logra seducirla mediante el supuesto uso de magia negra. En relación al aspecto técnico de la producción, esta no solo cuenta con el maravilloso trabajo de fotografía de Mike Molloy, sino que también con la atmosférica banda sonora de tintes avant-garde, obra de los compositores Tony Banks y Mike Rutherford, quienes son más conocidos por ser dos de los miembros de la banda británica Genesis. “The Shout” sería exhibida en el Festival de Cannes, donde sería aclamada por la crítica y recibiría el premio del jurado. Lamentablemente, esto no ayudó demasiado a que el film fuese ampliamente distribuido a nivel internacional, por lo que solo fue exhibido brevemente en ciertos circuitos norteamericanos ligados al cine arte.

Básicamente “The Shout” es un escalofriante film de terror que presenta una narrativa que se va construyendo de forma pausada, la cual a través de diferentes simbolismos habla de cómo la vida y el arte pueden ser fácilmente manipulados y distorsionados por el hombre y sus constantes cambios de pensamiento. Irónicamente, ni Crossley ni Anthony logran llegar al fondo de sus respectivas búsquedas espirituales, lo que provoca que ambos se decanten por la violencia y el caos, lo que eventualmente los termina sumiendo en la más profunda oscuridad. De hecho, aún cuando Crossley logra controlar por completo la rutinaria vida de Anthony y Rachel, eventualmente termina consumido por su propia paranoia. En el caso de Anthony, si bien logra descifrar algunos de los misterios de la vida a través de su experimentación sónica, no puede evitar alejarse cada vez más del mundo del real a medida de que se sumerge más profundamente en sus propios cuestionamientos existenciales. En definitiva, “The Shout” puede ser definida como un delirante y ambiguo collage de impresiones y eventos abstractos, cuyo desenlace está abierto a la libre interpretación del espectador, quien no podrá evitar sentirse intrigado por esta peculiar historia de tintes siniestros e implicaciones filosóficas.

*Advertencia: El trailer contiene una serie de spoilers que pueden perjudicar el futuro visionado del film.



por Fantomas.

lunes, 19 de abril de 2010

Basil Rathbone: Una carrera a la sombra de Sherlock Holmes.

Philip St. John Basil Rathbone nació el 13 de junio de 1892, en Johannesburgo, Sudáfrica. En 1895 su familia tuvo que huir para escapar de los Bóers (colonos de origen neerlandés que se enfrentaron al Imperio Británico) debido a que su padre fue acusado de ser un espía británico. En su autobiografía, Rathbone admite que él no sabía si su padre era realmente un espía. Lo que si se sabía era que su padre, Edgar Philip Rathbone, era un ingeniero en minas, y su madre, Anna Barbara Rathbone, una violinista. Basil era el mayor de tres hermanos. Creció en Inglaterra donde asistió al Repton School desde 1906 a 1910. Más interesado en los deportes que en los estudios, Rathbone se distinguió como un excelente deportista. Durante su paso por el colegio, él desarrollaría un marcado interés por el teatro. De hecho, apenas terminó el colegio le contó a su padre que quería dedicarse profesionalmente al teatro. Sin embargo, su padre lo convenció de trabajar durante un año en una compañía de seguros, con la esperanza de que se olvidara del teatro. Al terminar ese año, Basil visitó a su primo Frank Benson, quien era actor y manejaba su propia compañía. Si bien Benson le dio trabajo, Rathbone tuvo que aprender a actuar y a ganarse buenos roles. Para 1913, el joven actor solía interpretar papeles protagónicos en las obras de la compañía.

Mientras participaba en varias obras shakesperianas organizadas por la compañía de Frank Benson, Rathbone se enamoró de una joven actriz llamada Marion Foreman. Ellos contraerían matrimonio en octubre de 1914, y en julio del año siguiente tendrían a su hijo John Rodion. A principios de 1916, Rathbone tuvo que dejar la actuación para participar en la Primera Guerra Mundial. El actor participó en el ejército de Gran Bretaña como oficial de inteligencia; era el capitán del segundo batallón Liverpool Scottish. Lamentablemente para él, su hermano John fallecería durante la guerra. En una entrevista concedida en 1957, Rathbone relató la historia de cómo tuvo que disfrazarse de árbol para acercarse al campo enemigo y así obtener información. “Fui donde mi comandante y le dije que pensaba que obtendríamos mucha más información del enemigo si no perdíamos tanto tiempo en la oscuridad…y le pregunte si podía ir a plena luz del día. Yo creo que pensó que estaba un poco loco. Le dije que iríamos camuflajeados, utilizando ramas en nuestros brazos y nuestras cabezas. Trajimos un montón de información, e incluso rescatamos a algunos prisioneros”. Basil Rathbone recibiría la Cruz Militar por su extraordinaria valentía durante la guerra. Su participación en el conflicto bélico y la muerte de su hermano, influirían algunos años después en la decisión del actor de mantener su nacionalidad británica pese a que vivió varios años en los Estados Unidos.


A su regreso de la Primera Guerra Mundial, Rathbone retomó su carrera teatral en Inglaterra. Sin embargo, su matrimonio se había quebrado. El actor jamás quiso revelar las razones del quiebre. Tras dejar a Marion, Rathbone compró una nueva casa a la cual no tardó en mudarse. Pese a que no estaba ganando demasiado dinero, el actor se sacrificaba para poder mantener dos hogares. Él no quería que su esposa y su hijo sufrieran dificultades económicas debido a su decisión de dejarlos. Durante este periodo, Rathbone tuvo que lidiar con un fuerte sentimiento de culpa, lo que no le impidió involucrarse en otras relaciones sentimentales. Henry Daniell, un actor que trabajaba con Basil en ese entonces, declararía en una ocasión que Rathbone se involucró con varias mujeres a su regreso de la guerra. La siguiente fase de la carrera del actor comenzaría en 1923, cuando viajó a Nueva York para participar en la obra “The Swan”. En noviembre de ese año, Rathbone conoció a una guionista llamada Ouida Bergere. Ellos rápidamente se enamoraron y comenzaron a planear su matrimonio. Sin embargo, el actor aún necesitaba divorciarse de Marion Foreman. De esta forma, Basil viajó a Inglaterra para conseguir el divorcio. También aprovecharía de ver a su padre por última vez ya que este fallecería el 13 de junio de 1924.

Basil y Ouida contraerían matrimonio el 18 de abril de 1926, en Nueva York. La pareja compartía un amor por la lectura y el boxeo. Pese a que el actor era un fanático del baseball y un golfista aficionado, nunca pudo lograr que su esposa se interesara en esos deportes. Durante la década del veinte, Rathbone trabajaría mayormente en el teatro. Muchos de los roles que interpretó en Broadway eran hombres sofisticados y seductores. Una de esas obras, “The Captive”, provocó que el actor fuese arrestado. Rathbone interpretaba a Jacques, un joven que está a punto de casarse. En la obra, Jacques descubre que su prometida está enamorada de una mujer. Debido a que la homosexualidad era un tema tabú en esa época, todo el elenco fue acusado de ofensas a la moral, y la obra fue cancelada. Aunque eventualmente los cargos serían retirados, Rathbone se mostró muy molesto con los organismos censores. Tanto él como otros de los integrantes del elenco sentían que “The Captive” era una gran obra, ya que trataba un tema el cual la sociedad debía conocer más a fondo. Basil filmaría ocho cintas durante los años veinte, siendo “The Last of Mrs. Cheyney” (1929) su película más exitosa. De hecho, gracias a este film Rathbone pudo continuar trabajando en el cine y el teatro a principios de los treinta.

Sólo en 1930, Rathbone filmó siete películas, en su mayoría comedias románticas, como por ejemplo “The Flirting Widow” y “Sin Takes a Holiday”. En 1933 viajaría a Inglaterra para filmar otras tres cintas. Finalmente en 1935, los Rathbones y sus siete perros se mudarían a Hollywood. Basil y su esposa pronto obtendrían cierta reputación debido a sus fastuosas fiestas a las cuales asistían las más grandes estrellas del Hollywood de la época. En una de esas fiestas, un borracho Errol Flynn seguiría a una joven a su casa para luego perder el conocimiento en su sofá. Más tarde esa noche, el padre de la muchacha llevó a un inconsciente Flynn a las casa de los Rathbones donde procedería a dejarlo tirado en el jardín. Según la biografía de Rathbone: “A la mañana siguiente, mientras Basil y Ouida tomaban el desayuno en el patio, el jardinero activó los regadores. Acto seguido, del pasto saltaría un desorientado Errol Flynn. Los Rathbones miraron boquiabiertos como Errol les decía alegremente ´Buenos días´ y luego se iba para su casa”. Durante la década del treinta, Rathbone trabajaría en una serie de films exitosos, generalmente encarnando a villanos.

Las películas de capa y espada como por ejemplo “The Adventures of Robin Hood” (1938), “Captain Blood” (1935), y “The Mark of Zorro” (1940), fueron las que más disfrutó filmando el actor. Para cada una de estas cintas, Rathbone entrenaba bastante al punto que se convirtió en un hábil espadachín. Con respecto a esto Basil declararía: “Disfrutaba mucho el esgrima debido a que era hermoso. Pensaba que era un excelente ejercicio, un gran deporte. Pero prefiero no colocarlo en la categoría de deporte; yo pienso que debiese ser considerado un arte. Con el único actor con el que en verdad luché en escena fue con Flynn, y fue la única vez que estuve realmente aterrado. No tenía miedo debido a que él fuese descuidado, sino porque no sabía cómo protegerse”. Durante su carrera cinematográfica, Rathbone fue nominado en dos ocasiones al Oscar al mejor actor de reparto. La primera sería por su rol en la cinta “Romeo and Juliet” (1936), y la segunda por su papel en “If I Were King” (1938). En ambas ocasiones perdería la estatuilla a manos de Walter Brennan. A fines de los treinta, el hijo de Rathbone, Rodion, se fue a vivir con su padre a Hollywood. Ouida se había hecho amiga de la primera esposa del actor, y deseaba reunir al hijo con su padre. Durante los dos años que Rodion vivió con ellos, él y su padre se volvieron muy unidos. De hecho Rodion participaría en dos films junto a Basil: “The Dawn Patrol” (1938) y “The Tower of London” (1939). Cuando Gran Bretaña se involucró en la Segunda Guerra Mundial, Rodion regresó a Inglaterra para servir en el ejército.

En 1939, los Rathbones adoptaron a una pequeña niña llamada Cynthia. Según relatan los conocidos del actor, este era un muy buen padre y pasaba bastante tiempo junto a su hija. Cuando estalló la Segunda Guerra, Rathbone quiso servir a su país, pero debido a su edad (47 años) los oficiales ingleses rechazaron la oferta. Debido a esto, a Basil no le quedó más remedio que oficiar como presidente de un par de organizaciones británicas que buscaban solidarizar con los involucrados en la guerra, las cuales se encontraban en los Estados Unidos. Él además fundó el Fondo Benevolente de la RAF y ayudó en algunas de las actividades organizadas por las Naciones Unidas. Sería común ver a Rathbone visitando hospitales militares y ofreciendo su ayuda a la Hollywood Canteen (club que buscaba entretener a los soldados durante la guerra). 1939 también sería el año donde Basil Rathbone interpretaría por primera vez a Sherlock Holmes en el film, “The Hound of the Baskervilles”. Luego de filmar la segunda cinta del detective británico titulada, “The Adventures of Sherlock Holmes” (1939), el actor junto a Nigel Bruce (quien interpretaba a Watson) comenzaron a relatar las historias del famoso detective en la radio. Ambos actores continuarían interpretando a Holmes y Watson en la radio y en el cine hasta 1946. (en total filmarían 14 películas de Sherlock Holmes).

Tras estar siete años interpretando el mismo papel, Rathbone estaba aburrido de Sherlock Holmes. De hecho el actor en su autobiografía declararía que prefería personificar nuevos personajes en vez de interpretar hasta el cansancio un personaje que él ya había desarrollado. Lo que más le molestaba al actor era la personalidad de Holmes; “El hecho que asumiera que era infalible; su interminable éxito. No puede fallar por lo menos una vez para probar que es un humano como el resto de nosotros”. En 1946, expiró el contrato de Rathbone con la radio y con los estudios Universal. Pese a que había participado en una serie de exitosos films, Basil regresó a su verdadero amor: el teatro. Debido a esto, el actor se rehusó a renovar sus contratos, y regresó a Nueva York junto a su esposa. En un principio, a Rathbone le resultó difícil conseguir papeles debido a que había quedado encasillado como Sherlock Holmes. En 1947, Rathbone conseguiría el rol del Dr. Sloper en la obra “The Heiress”. La obra gozaría de gran éxito en Broadway y Basil recibiría un premio Tony por su actuación. En 1949, “The Heiress” sería adaptada al cine y contaría con la participación de Montgomery Clift y Olivia de Havilland. Rathbone tenía la esperanza de repetir su rol en la cinta, por lo que se mostró bastante afectado cuando el papel le fue cedido a Ralph Richardson.

En 1951, Rathbone se sentía preparado para interpretar nuevamente a Sherlock Holmes, por lo que le pidió a Ouida que escribiera una obra. Dicha obra, la cual estaría basada en varios elementos de las historia de Sir Arthur Conan Doyle, y recibiría la aprobación del hijo del escritor, Adrian, en principio contaría con la participación de Nigel Bruce. Sin embargo, en ese entonces Bruce se encontraba sumamente enfermo por lo que tuvo que ser reemplazado por Jack Raine. La ausencia de Bruce afectó bastante a Rathbone, quien se vio sumido en una fuerte depresión luego de la muerte de su colega el 8 de octubre de 1953, justo cuando Basil se encontraba ensayando la obra. Lamentablemente, la obra recibiría críticas mediocres por lo que sería cancelada luego de sólo tres presentaciones. “The Heiress” fue la última obra exitosa en la que participó Rathbone. Él continuó apareciendo en una serie de obras teatrales durante los cincuenta, las cuales no tuvieron mayor repercusión. También trabajaría en un buen número de series de televisión y grabaría algunos discos que incluían lecturas de historias de Edgar Allan Poe o Charles Dickens. Durante este periodo, trabajaría en cinco películas entre las que se encuentran “Casanova´s Big Night” (1954), “We´re No Angels” (1955), “The Court Jester” (1956), “The Black Sleep” (1956), y “The Last Hurrah” (1958).

Basil Rathbone filmaría diez cintas durante los sesenta, algunas de las cuales no lo hicieron sentir muy orgulloso, pero necesitaba el dinero. Basil amaba mucho a su esposa, pero ella gastaba mucho dinero por lo que nunca pudo parar de trabajar. Las dos mejores películas que filmó durante este periodo serían: “Tales of Terror” (1962) y “The Comedy of Terrors” (1963), donde en ambas tendría la oportunidad de trabajar junto a Vincent Price (con quien trabajaría en tres ocasiones). Rathbone siguió viviendo en Nueva York, pero viajaba constantemente a varias ciudades de los Estados Unidos para dar lecturas y realizar algunos shows en solitario. En 1962 el actor escribe su autobiografía, “In and Out of Character”. Cuando los films de Sherlock Holmes que protagonizó junto a Nigel Bruce comenzaron a ser exhibidos en la televisión durante los sesenta, Rathbone se dio a conocer a las nuevas generaciones que mostraron un marcado interés en su trabajo. Lamentablemente, la última película del actor sería una producción mexicana de bajísimo presupuesto titulada, “Autopsia de un Fantasma” (1968), la cual pasaría al total olvido por su mediocridad. Basil Rathbone fallecería el 21 de julio de 1967, a los 75 años de edad, debido a un infarto. Recordado por sus colegas como un hombre amable que amaba a su familia, a los animales y al teatro, este gran actor pese a representar diversos papeles durante su carrera, siempre será recordado por el público como la cara visible de Sherlock Holmes en la pantalla grande.



por Fantomas.

domingo, 18 de abril de 2010

The Giant Claw: El ataque del "acorazado volador".

“The Giant Claw” (1957), es una cinta de ciencia ficción del director Fred F. Sears, la cual está protagonizada por Jeff Morrow y Mara Corday.

Fecha: 17 del mes en curso. Cielo: nuboso. Visibilidad: limitada. Hora: 13:32. Un momento clave para la historia. El momento en el que el ingeniero electrónico Mitchell MacAfee (Jeff Morrow) vio algo en el cielo. Algo que bien puede terminar con la vida en la Tierra.


Durante la década del cincuenta, las películas de monstruos o insectos gigantes estaban teniendo bastante éxito en los Estados Unidos. Buscando sacar algún provecho de esta situación, la Columbia le pidió al productor Sam Katzman, quien manejaba el departamento serie B del estudio conocido como Clover Productions, que realizara una cinta de características similares a la producción japonesa de los estudios Toho, “Rodan!” (1956). Si bien es cierto que el productor había estado a cargo de algunas cintas de ciencia ficción que habían logrado cierto éxito, como por ejemplo “Earth Vs. the Flying Saucers” (1956), este se caracterizó por ser un productor sumamente tacaño que solía jactarse de tener la fórmula para no hacer perder ni un centavo a la compañía. “No buscamos historias. Conseguimos títulos y escribimos historias alrededor de ellos”, declararía en una ocasión Katzman dejando en claro cuál era su método de trabajo. Para ahorrar dinero, el productor le encargó la confección del monstruo volador a una pequeña empresa de efectos especiales mexicana, la cual aparentemente no tenía ninguna experiencia en el tema.

Como era de esperarse, la marioneta construida por la empresa mexicana cae en el completo ridículo. El ave, que presenta un corte mohicano, dientes de tiburón, cuello de acordeón y unos ojos que invitan al espectador a partirse de la risa, parece haber salido directamente de la mente de Jim Henson, el creador de los Muppets. Con el fin de estrenar el film lo antes posible, los actores rodaron todas sus escenas antes de que se realizasen los efectos especiales, por lo que no supieron que aspecto tenía la bestia hasta el estreno de la película. Tanto Mara Corday como Jeff Morrow se sintieron avergonzados una vez que el film comenzó a ser exhibido. Mara Corday declararía en una ocasión: “La película estaba casi acabada cuando Katzman por fin pudo ver el increíblemente cómico ´acorazado volador´. Pues bien, Katzman se quedó atónito, pero optó por aceptarlo como una broma, ya que no resultaba económico crear un monstruo más realista. Vi la película en un cine, donde provocó grandes carcajadas entre el público. Me hundí en mi asiento de vergüenza”. A Morrow le ocurriría algo similar; “Nosotros, pobres actores ignorante, teníamos nuestra propia idea del aspecto que tenía el pájaro. Creíamos que sería parecido a un halcón, de un kilómetro de largo, que volaría a tal velocidad que costaría verlo. Fui al preestreno en Westwood Village y cuando el monstruo apareció en escena parecía un pavo desplumado enorme volando. ¡Y esos graznidos! El público se desternillaba de risa”.


En cuanto a la historia en sí, en algún lugar del polo norte, Mitch MacAfee se encuentra piloteando un avión de combate con el fin de evaluar el funcionamiento una nueva estación de rastreo construida en la zona. Al interior de la estación se encuentra Sally Caldwell (Mara Corday), una ingeniosa y sexy matemática, además de un grupo de militares que vigilan los progresos de Mitch. Es ahí cuando interviene un narrador, personaje tan característico de este tipo de cintas, quien nos explica que es lo que está sucediendo. “Un ingeniero electrónico, un oficial de radio, una matemática y analista de sistemas, un operador de radar, y un par de trazadores de gráficos. Gente haciendo su trabajo de manera eficiente. Situación normal… por el momento”. Acto seguido, un misterioso objeto vuela por encima del avión de Mitch. Es ahí cuando nuevamente interviene el narrador; “Algo, que él no sabía que era pero que era tan grande como un acorazado, acaba de sobrevolarlo a una velocidad tan grande que él no pudo estimarla”. Esta es la primera de numerosas ocasiones en las que escucharemos que alguien se refiere a la bestia como un “acorazado volador”, algo que tiene tan poco sentido como muchos de los elementos de la trama.

Muchas de las conclusiones científicas a las que llegan los protagonistas con respecto a la bestia, son un claro ejemplo de la palabrería científica sin fundamento alguno que dominaba a gran parte de las cintas de ciencia ficción de los cincuenta. No sólo el supuesto patrón que parece seguir el ave gigante no tiene sentido alguno (en un determinado momento del film, Mitch plantea de manera antojadiza que la bestia vuela en círculos alrededor del mundo), sino que además todas las teorías que tienen relación con el origen del ave y sus propiedades físicas son completamente disparatadas. Cuando la pareja protagónica y los militares comienzan a buscar una forma de destruir a este monstruo al cual las bombas atómicas no le hacen ni cosquillas, llegan a la conclusión de que este proviene de una galaxia lejana y que su cuerpo está recubierto por un escudo invisible de antimateria. Es en ese momento que Mitch, todo un MacGyver de la ciencia considerando que sólo es un ingeniero electrónico y no un físico nuclear, decide crear un artefacto que le permita disolver el escudo de antimateria para posteriormente destruir al monstruo.

Los actores hacen todo lo posible por imprimirle cierta seriedad a la historia. Mientras que Jeff Morrow realiza un buen trabajo interpretando al héroe de turno, Mara Corday hace lo suyo como una mujer independiente que además de ser el interés amoroso del protagonista, actúa de manera activa en la investigación que busca exterminar al monstruo. Además existe una buena química entre los actores lo que ayuda a que su relación no se vea forzada. En su intento por otorgarle cierta calidad al producto, los actores protagónicos se ven acompañados por el buen trabajo de fotografía de Benjamin H. Kline. Sin embargo, las fallas a nivel técnico son tantas que es imposible no tomarlas en cuenta. Además del aspecto hilarante del ave gigante, resultan aún más divertidas las escenas en las que el monstruo destruye aviones y trenes de juguete, o se engulle a algunas de sus víctimas (demás está decir que los hilos de la marioneta son visibles en todo momento). La escena donde sin duda es inevitable soltar una carcajada, es aquella en la que los protagonistas comienzan a ver una serie de fotografías en las cuales se puede apreciar de cerca al monstruo. El primer plano del rostro del pajarraco es sin lugar a dudas algo que no tiene precio.

Por otro lado, la banda sonora compuesta por Mischa Bakaleinikoff es complementada con música de archivo. Lo mismo sucede con varias de las escenas del film, las cuales fueron sacadas directamente de producciones como “Earth Vs. the Flying Saucers”, “The Day the Earth Stood Still” (1951), y “Thirty Seconds Over Tokyo” (1944), entre otras. En cuanto al guión escrito por Paul Gangelin y Samuel Newman, este no sólo contiene una buena cantidad de diálogos para el olvido, sino que además presenta todos los clichés posibles del género, como por ejemplo los militares obsesionados por destruir a la criatura, la destrucción de una ciudad, el narrador de rigor, y la regla no escrita de las cintas de monstruos de los cincuenta: el descubridor del monstruo debe ser quien lleve la investigación adelante y quien eventualmente lo destruya. “The Giant Claw” pertenece a ese selecto grupo de cintas de ciencia ficción de los cincuenta cuyos ridículos efectos especiales y la hilaridad de la trama en general, contribuyeron a que con el pasar de los años hayan sido elevadas al estatus de films de culto. Pese a todas sus fallas, “The Giant Claw” es una cinta entretenida, que durante sus 75 minutos de duración mantiene un ritmo narrativo bastante dinámico, y que presenta a quien es probablemente el monstruo más ridículo de la historia del cine.


*Advertencia: El trailer contiene una serie de spoilers. Si quieres ver la cinta es mejor que por el momento no lo veas.



por Fantomas.

miércoles, 14 de abril de 2010

The Cat Returns: Bienvenido al secreto Reino de los Gatos.

“The Cat Returns” (2002), es una cinta animada del director Hiroyuki Morita, la cual fue producida por el Estudio Ghibli.

Haru Yoshioka es una estudiante de bachillerato de 17 años que un día salva a un gato de morir atropellado por un camión, y al poco tiempo empiezan a sucederle cosas extrañas. El gato al que ha salvado resulta ser el príncipe del Reino de los Gatos, y éstos llevan su agradecimiento hasta el extremo de querer llevarse a Haru a su reino para casarla con el príncipe. Haru, que por supuesto no quiere casarse con un gato, acude a la Oficina de Asuntos de los Gatos para pedir ayuda. Es allí donde conoce a Muta, Barón, y el cuervo Toto, que se convierten en sus mejores aliados para salir del lío en el que se ha metido sin proponérselo.


En 1995, el Estudio Ghibli lanzó una cinta titulada “Whisper of the Heart”, del director Yoshifumi Kondo, la cual estaba basada en el manga de Aoi Hiiragi que relataba la historia de una chica que estaba escribiendo una novela fantástica. Aunque en la vida de la muchacha no intervenían elementos mágicos, las escenas que describían las fantasías que inspiraban la novela de la protagonista llamaron la atención del público. Serían los fanáticos los que demandarían la realización de un film acerca de la novela de ficción escrita por la muchacha, dando vida al proyecto que eventualmente se convertiría en “The Cat Returns”. Dicho proyecto comenzaría en 1999 bajo el nombre de “Cat Project”. En ese entonces, un parque temático había encomendado al Estudio Ghibli la misión de crear un corto animado de 20 minutos que estuviera protagonizado por gatos. Hayao Miyazaki quería que el corto presentara tres elementos claves: el Barón, un gato llamado Muta, y una misteriosa tienda de antigüedades. Al mismo tiempo, a Hiiragi se le pidió que creara un manga que adaptara el corto, el cual se tituló “Baron: The Cat Returns”. Pese a todos estos preparativos, el parque temático terminaría cancelando el proyecto.

Al poco tiempo después, Miyazaki tomó todo el trabajo realizado para el “Cat Project”, y decidió utilizarlo como una suerte de examen para algunos de los futuros directores del estudio. La responsabilidad de llevar a cabo el nuevo proyecto recaería en Hiroyuki Morita, quien había comenzado a trabajar como animador en 1999 en el film “My Neighbors the Yamadas”. Al director le tomó alrededor de nueve meses trasladar la historia escrita por Hiiragi a las cerca de 525 páginas que conformarían el storyboard que eventualmente se transformaría en “The Cat Returns”. Miyazaki y Toshio Suzuki (el presidente de la Ghibli) decidieron convertir el hasta entonces corto de 40 minutos de duración, en un largometraje basado en el storyboard de Morita. Como gran parte de las cintas producidas por la Ghibli, este film toma una serie de elementos vistos en los cuentos de hadas y les otorga un matiz diferente. Animales encantados, reinos mágicos, y viajes de regreso a casa forman parte de esta historia donde se plantea la idea de una civilización secreta de gatos que actúan y hablan como seres humanos.

La protagonista de este film es Haru, una adolescente que presenta algunos problemas propios de su edad. Cada día lucha por despertarse cuando suena el despertador sin muchos resultados, lo que la lleva a meterse en problemas con sus profesores y a convertirse en el hazmerreir de sus compañeros de curso. Por otro lado, su madre suele estar demasiado ocupada como para hablar con ella, y su mejor amiga Hiromi parece tener mejor suerte con los chicos. Una mañana, mientras Haru y Hiromi caminan de vuelta a casa, ven a un gato que se apresta a cruzar la calle cargando una pequeña caja en su boca. De pronto, el gato deja caer la caja en el medio de la calle al mismo tiempo que un camión se acerca a toda velocidad. Es en ese momento cuando Haru corre hacia él y se las arregla para salvar al pequeño animal de una muerte segura. Para su sorpresa, tras sacudirse el polvo, el gato se para en sus patas traseras y cortésmente procede a darle las gracias. Aunque asume que lo que acaba de ver bien puede ser producto del golpe que ha recibido, Haru no tardará en enterarse que aquel gato es nada menos que el joven príncipe del Reino de los Gatos. Ahora como muestra de su agradecimiento, los súbditos del reino y el mismísimo Rey harán todo lo posible para que Haru esté contenta, lo que eventualmente le traerá más problemas que beneficios.

Tras una serie de incómodas situaciones, Haru es enviada por una misteriosa voz a la Oficina de Asuntos de los Gatos, donde posiblemente pueden ayudarla a solucionar su problema gatuno. En el lugar conocerá a tres coloridos personajes: una estatua con la forma de un gato que cobra vida cada atardecer, el cual es conocido como el Barón Humbert von Gikkingen; un gordo y malhumorado gato llamado Muta; y Toto, una estatua con la forma de un cuervo que también cobra vida cada atardecer. Pese a que el diverso grupo promete protegerla de los gatos, de todas formas Haru termina siendo secuestrada y llevada al Reino de los gatos, donde comienza a convertirse en uno de ellos. Mientras que en la primera mitad de la cinta (de tan solo 75 minutos de duración) principalmente se exponen algunos de los problemas con los que tiene que lidiar a diario Haru, la segunda mitad está dominada por una serie de situaciones más cargadas a la comedia, una extensa secuencia que involucra una persecución al interior de un laberinto, y una serie de inteligentes diálogos.

Como suele suceder con las producciones del Estudio Ghibli, la animación es de primer nivel. Los escenarios y las ilustraciones en general son sumamente llamativos y presentan un evidente cuidado en los detalles. Con respecto a los escenarios en los que transcurre la historia, la cinta durante su primera mitad se desarrolla en una atiborrada ciudad, para luego pasar al rural Reino de los gatos. El diseño de los personajes también es destacable. Hiroyuki Morita opta por modernizar un poco la apariencia tan característica de los personajes de la Ghibli, sin que esto signifique que haga un mejor trabajo que Miyazaki o Isao Takahata, los dos gigantes del estudio; el trabajo de Morita sólo es diferente. Por otro lado, la música no logra estar al mismo nivel que las composiciones tan características del habitual de la Ghibli, Joe Hisashi, razón por la cual será rápidamente olvidada por el espectador una vez terminado el film. De todas formas, la banda sonora compuesta por Yuuji Nomi acompaña de buena manera a las imágenes, resaltando el tono juguetón que presenta la historia.

La historia es relatada de forma lineal y con un ritmo bastante dinámico, lo que ayuda a que el espectador se integre rápidamente a la acción. Si bien la cinta visita algunos lugares comunes y evidencia cierta influencia de la obra de Miyazaki, de todas formas deja un espacio para la originalidad y un par de sorpresas. Pese a que “The Cat Returns” es un film menor de la siempre excelente factoría Ghibli, de todas formas es una cinta más que recomendable. La historia está plagada de gags bastante divertidos, y está comandada por un trío protagónico que tiene una química innegable. Haru, el Barón y Muta son el gran motor de la historia, y las escenas que tienen en conjunto son en su mayoría las mejores de la cinta. En definitiva, “The Cat Returns” es una película sumamente entretenida que por estar más enfocada al público infantil, no contiene un discurso tan profundo como el que suelen presentar las cintas de Miyazaki o Takahata. Es una película liviana, cuya moraleja bien podría ser que debemos tener fe en nosotros mismos, y que nos invita a sumergirnos en un mundo de fantasía y a disfrutar del viaje.




por Fantomas.

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