jueves, 5 de abril de 2012

The Narrow Margin: Viajar en tren nunca fue tan peligroso.

“The Narrow Margin” (1952), es un thriller del director Richard Fleischer, el cual está protagonizado por Charles McGraw, Marie Windsor y Jacqueline White.

El detective Walter Brown (Charles McGraw) tiene la misión de acompañar a la viuda de un integrante de la mafia para testificar ante el Gran Jurado. Ella es Frankie (Marie Windsor), una mujer deslenguada que en seguida despierta la antipatía del detective. La falta de armonía entre ambos no facilitará la tarea de escapar de las garras de un par de asesinos a sueldo, que han subido al tren en el que viajan con el objetivo de eliminar a la testigo.

Da la impresión de que los trenes y los relatos de suspenso han estado inexorablemente ligados a través de la historia del cine. Realizadores como Alfred Hitchcock y Sidney Lumet, entre otros, supieron reconocer el aura de misterio y tensión que encerraba este medio de transporte y lo escogieron para rodar historias donde el crimen y la traición son protagonistas habituales. Dentro de los muchos films memorables que ocurren arriba de un tren, nos encontramos con “The Narrow Margin”, la cual sería la última cinta de bajo presupuesto que el director Richard Fleischer rodó para la RKO (en aquel entonces, él era un principiante ligado exclusivamente a las producciones más “económicas” del estudio). El que quizás es su mejor largometraje de cine negro, aprovechaba la conmoción que había causado en la sociedad norteamericana la famosa Comisión Kefauver, llevada a cabo por el Senado de los Estados Unidos entre 1950 y 1951, la cual fue televisada y tuvo como objetivo exponer a los criminales ante la sociedad exentos del romanticismo con el que aparecían en el cine, y revelar la red de corrupción que estos estaban extendiendo por todo el país. Rodada en 14 días con un presupuesto aproximado de 230.000 dólares, la cinta no estaría exenta de polémica y significaría la salida de Fleischer del estudio donde dio sus primeros pasos.

En 1950, Fleischer preestrenó la película con la que había quedado ampliamente satisfecho. El público la recibió bien, aún cuando en la versión original, los dos policías que estaban encargados de proteger a la mujer que testificaría sobre una red de sobornos a policías, eran corruptos. Dado que la historia era potencialmente incendiaría, la cabeza de la RKO, el entonces inestable Howard Hughes, decidió enviarles un extenso memorándum a los productores del film con todo tipo de correcciones relacionadas con el guión y el montaje. Entre las correcciones se encontraban ideas como la realización de escenas de acción sobre el techo del tren, algunos cambios concernientes a las personalidades de los personajes femeninos, y la petición expresa de que ni al protagonista ni a su compañero se les retratara como policías corruptos. De forma insólita, la cinta permaneció durante casi un año en el limbo, hasta que en 1951 reapareció con algunas correcciones, las cuales fueron realizadas en su mayoría por William Cameron Menzies, ya que Fleischer se negó a mutilar su obra, por lo que fue sancionado y finiquitado por Hughes.

En la versión final de “The Narrow Margin”, Frankie Neal, viuda de un miembro del Sindicato Criminal, ha decidido declarar ante el Gran Jurado con la intención de que el Estado la proteja no solo de los colegas de su difunto esposo, sino que también de los cientos de policías corruptos que aparecen en una lista que ella tiene en su poder. A los detectives Walter Brown y Gus Forbes (Don Beddoe) se les encarga la tarea de proteger a la mujer durante su viaje en tren a Los Ángeles, sin imaginar los muchos problemas que tendrán para mantenerla con vida. Tan pronto como salen del apartamento donde estaba escondida la testigo, Forbes es asesinado por un hombre que se esconde entre las sombras y que huye antes de que Brown logre capturarlo. Para su mala fortuna, la relación que se da entre él y su protegida no es precisamente de lo mejor. Él la detesta por ser una persona egoísta que a su gusto, sería capaz de vender a su propia madre por salvar su pellejo. Ella por su parte, no soporta el exceso de moralismo que exuda Brown, quien durante el viaje soporta estoico los numerosos ofrecimientos de dinero que le realiza un grupo de asesinos que han abordado el tren, con la intención de matar a la mujer y arrebatarle la lista de los hombres implicados en los sobornos.

Son precisamente los múltiples problemas que tendrá que solucionar Brown para mantenerla oculta, los que actúan como los generadores de la tensión del film. Afortunadamente para él, los criminales nunca han visto a la señora Neal, lo que le da una pequeña ventaja a la hora de protegerla. Sin embargo, esta ventaja se convertirá en un problema cuando los asesinos confunden a una mujer llamada Ann Sinclair (Jacqueline White), quien comienza a entablar una relación de amistad con Brown, con la mujer que ellos están buscando. Es este juego de máscaras, de apariencias y engaños, lo que convierte a la cinta en un viaje sumamente entretenido y atrapante. El director juega constantemente con la posibilidad de que los personajes no son lo que aparentan, y que en cualquier momento pueden revelar su verdadera naturaleza provocando la muerte de uno de los pasajeros del tren. Además aprovecha de manera brillante lo claustrofóbico del escenario donde transcurre la historia. Policías, criminales y civiles, se ven obligados a convivir en un espacio estrecho, negándole cualquier posibilidad de escape a los protagonistas. Pese a que Brown sabe la identidad de algunos de los criminales que están a bordo del tren, se ve imposibilitado de actuar debido al riesgo que esto significa para la mujer que intenta proteger.

La cinta está repleta de diálogos punzantes, los cuales resultan efectivos gracias al pulcro trabajo de un elenco bien ensamblado. Charles McGraw, quien era una habitual del género, interpreta de buena manera a este policía rudo que mantiene permanentemente una mirada desafiante, aún cuando este se muestra intranquilo por la situación de la testigo. Al mismo tiempo, demuestra que es solo un hombre, lo que por momentos lo lleva a pensar en ceder ante la tentación del dinero. Marie Windsor por su parte, se destaca como esta mujer ácida y desafiante, que se muestra fría y calculadora, y cuya relación con el protagonista se basa en el odio mutuo. El elenco lo completa Jacqueline White, cuyo personaje hace la veces del interés amoroso de Brown, y quien eventualmente adquirirá un rol importante dentro de la trama de intrigas y asesinatos. En el aspecto técnico, el film cuenta con el estupendo trabajo de fotografía de George E. Diskant, el cual refuerza la atmósfera claustrofóbica que existe en los pequeños compartimentos del tren. El juego de las cámaras y la iluminación por momentos es sorprendente, demostrando todo su potencial en la secuencia donde Brown se enfrenta a puñetazos con uno de los gánsteres en un minúsculo cuarto de baño. Dicha secuencia además cuenta con la particularidad de haber sido filmada con cámara en mano, lo que en aquel entonces era bastante inusual. Por último mencionar que la cinta utiliza como banda sonora únicamente los ruidos provenientes del paso del tren por las vías y el realizado por el resto de los pasajeros, lo que en cierta forma viene a reforzar la idea del confinamiento al que están sometidos los personajes.

En una gran demostración de sus capacidades como director, Richard Fleischer mantiene un ritmo narrativo trepidante durante los cerca de 72 minutos que dura la cinta, pese a que esta se desarrolla mayormente en un espacio reducido. Aún cuando existen algunos agujeros en el guión, estos pasan a segundo plano a punta de momentos de suma tensión y a giros de tuerca inesperados. Aunque la crítica hacia un sistema corrupto, que era la parte más corrosiva del film que originalmente rodó el director, fue finalmente removida de la versión final, de todas formas este se encarga de plantear de manera sutil la existencia de corrupción en las instituciones del Estado, específicamente en el cuerpo de policía. En 1990 se rodaría un remake de la cinta protagonizado por Gene Hackman y Anne Archer, el cual no solo cambiaba varios de los detalles de la trama, sino que además trasladaba algunos acontecimientos fuera de los límites del tren. Si bien se trata de una producción interesante por mérito propio, a mi gusto no supera a la original. Y es que puede que “The Narrow Margin” no sea una película perfecta, pero fácilmente se puede encasillar dentro de lo mejor del cine negro. A fin de cuentas, el viaje al que nos invita a participar Fleischer es uno que solo tiene boleto de ida, y del cual no nos querremos bajar hasta que este termine.


por Fantomas.

2 comentarios:

pentimento dijo...

Muy buen blog. Felicitaciones. Este finde vi The Narrow Margin y me encantó. Soy muy fan del cine negro y esta es una gran película. Que grande Fleischer!

Fantomas dijo...

Pentimento: Muchas gracias por tu comentario. Me alegro que te guste el blog. Dentro de las próximas semanas posiblemente subiré un par de reseñas de cintas de cine negro.

Saludos.

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