miércoles, 13 de enero de 2010

The Maltese Falcon: Una obra maestra del cine negro.

“The Maltese Falcon” (1941), es una cinta de cine negro del director John Huston, la cual está protagonizada por Humphrey Bogart, Mary Astor, y Peter Lorre.

En 1593, los Caballeros de la Orden de Malta decidieron obsequiarle al Emperador Carlos V una estatuilla de un halcón, realizada en oro macizo con incrustaciones de piedras preciosas, en agradecimiento a ciertas prerrogativas concedidas por el monarca. Sin embargo, esta maravillosa joya no llegó nunca a manos de Carlos V, ya que la galera en la que era trasportada fue asaltada por unos piratas. Cuatrocientos años después, el detective privado Sam Spade (Humphrey Bogart) y su socio, Archer (Jerome Cowan), aceptan el encargo de una muchacha (Mary Astor) que quiere averiguar dónde se encuentra su hermana que ha desaparecido junto a Floyd Thursby, un hombre sin escrúpulos que supuestamente tiene el halcón.


En 1930, cuando Dashiell Hammett publicó su tercera novela titulada “The Maltese Falcon”, la Warner Bros le pagó la suma de 8.500 dólares por los derechos del escrito. Los ejecutivos del estudio le asignarían la adaptación a los guionistas Maude Fulton, Lucien Hubbard, y Brown Holmes, quienes “suavizarían” un poco la historia que estaría protagonizada por Ricardo Cortez y que se titularía, “Dangerous Female” (1931). Tras el fracaso de dicha adaptación, pasarían cinco años antes de que la Warner intentara nuevamente adaptar la novela. En esta ocasión, Holmes se encargaría en solitario de escribir el guión de esta nueva cinta, la cual convertía al detective Sam Spade en un abogado llamado Ted Shayne, y al halcón maltés en un cuerno incrustado con joyas. Dicho film, protagonizado por Warren Williams y una joven Bette Davis, se titularía “Satan Met a Lady” (1936), y no obtendría mejores resultados que la adaptación anterior. Algunos años después, la misma Davis la recordaría como “una de la peores películas en las que he trabajado”.

Pese a estos fracasos, los ejecutivos de la Warner estaban convencidos del potencial de la obra de Hammett, por lo que intentaron adaptarla una vez más en 1941. Como ha ocurrido muchas veces en Hollywood, el resultado del proyecto se vio favorecido por una serie de felices accidentes. John Huston, quien en ese entonces se encontraba en la Warner trabajando como guionista, había exigido en su contrato la posibilidad de dirigir una película a su elección. Su elección para sorpresa de todos, sería realizar una nueva adaptación de la novela de Hammett pese a los fracasos de sus anteriores versiones cinematográficas. Jack Warner solo aceptaría realizar un segundo remake de la cinta si Huston le presentaba un guión atractivo, el cual terminaría escribiendo junto a Allen Rivkin. El siguiente “accidente” tendría relación con el elenco del film. Para interpretar a Sam Spade, los ejecutivos de la Warner habían seleccionado a la estrella de las cintas de gánsteres, George Raft. Sin embargo, el actor rechazó el papel, el cual luego le sería ofrecido a Paul Muni, Edward G. Robinson, y John Garfield, antes de que llegara a las manos de Humphrey Bogart. Por otro lado, pese a que Huston quería a Geraldine Fitzgerald para el rol de Brigid O´Shaughnessy, los ejecutivos del estudio insistieron en que la actriz más indicada para el papel era Mary Astor.

Completarían el reparto el actor de Broadway Sidney Greenstreet (quien a sus 61 años jamás había filmado una cinta), Peter Lorre, quien había adquirido fama internacional gracias a su papel en la cinta de Fritz Lang, “M” (1931), y el padre del director, Walter Huston, quien durante el transcurso de los años interpretaría una serie de papeles secundarios en muchos de los films del director. Gran parte del éxito de la cinta se debe a la confianza que Huston tenía en el proyecto y en su equipo de colaboradores. El director estaba no solo estaba seguro del potencial que tenía la novela de Hammett (razón por la cual se apegó lo más posible al escrito original), sino que también confió ciegamente en su director de fotografía, Arthur Edeson, cuyo manejo oscuro y casi claustrofóbico de la fotografía marcó el inicio del film noir en la industria hollywoodense. Además, Huston fue lo suficientemente astuto como para permitir que Bogart y su personaje se convirtieran en el núcleo de la cinta, lo que a final de cuentas contribuyó a que el film fuese considerado prácticamente como una obra maestra de principio a fin.

Y es que el Sam Spade de Bogart es un hombre frío y rudo. Cuando se entera que su compañero ha sido asesinado, no solo permanece inmutable, sino que además apenas se le presenta la oportunidad, besa a la viuda y declara su despreció por su difunto socio. Por otro lado, golpea a Joel Cairo (Peter Lorre) no solo porque debe hacerlo para sonsacarle información, sino porque el hombre lleva un pañuelo perfumado, algo que le produce un rechazo inmediato (la cinta tuvo algunos problemas con el código Hays por la supuesta homosexualidad del personaje de Lorre, pero Huston se las arregló para que no pasaran a mayores). A Spade no le gustan los policías y en la única persona que confía es en su secretaria Effie (Lee Patrick), siendo un héroe bastante atípico para la época. La razón por la cual el personaje de Bogart causó tanto revuelo, es debido a que se trata de un hombre que vive en base a sus propias reglas, y porque su rudeza y su actitud ante la vida no hacen más que esconder viejas heridas y sueños rotos, lo que le permite establecer un cierto vínculo con la audiencia. El Sam Spade de Bogart no solo lo llevaría a la fama, sino que además el personaje adquiriría vida propia, fusionándose eventualmente con la personalidad del actor.

Resulta curioso como por momentos la trama pasa a segundo plano, otorgándole un mayor protagonismo a los diálogos y a la interacción de Spade con el resto de los personajes involucrados en esta historia de engaño y decepción. El halcón maltés se convierte en un ejemplo de lo que Alfred Hitchcock llamaba “MacGuffin”, ya que eventualmente nos damos cuenta de que realmente no importa mucho donde está o quien lo tiene, aún cuando este es el motor de todo lo que sucede en la historia. La verdad es que el relato puede considerarse como un conjunto de interesantes conversaciones, las cuales se ven interrumpidas por violentos interludios protagonizados por hombres rudos y codiciosos, los cuales no dudan en cometer asesinatos si con ello consiguen su objetivo. La cinta tiene una buena cantidad de escenas memorables, en especial aquellas que conforman el tramo final de la historia, y presenta un elenco de actores que realiza un trabajo impecable de principio a fin. Pese a esto, solo Sidney Greenstreet obtendría una nominación al Oscar al mejor actor secundario. El film además sería nominado a la mejor película y al mejor guión.

“The Maltese Falcon” es uno de los grandes clásicos del cine y una de las películas de detectives más icónicas de las que se tenga memoria. En su primer trabajo como director, Huston probó ser un profesional consumado, no solo debido a que se dio el trabajo de desarrollar un storyboard que detallaba cada una de las tomas, sino que además logró terminar la cinta antes de lo previsto y con un presupuesto considerablemente menor. Al momento de su estreno, el film fue todo un éxito, lo que catapultó las carreras de Huston y Bogart, quienes seguirían trabajando en otros proyectos que terminarían convirtiéndose en clásicos por mérito propio. En definitiva, “The Maltese Falcon” no solo cumple con presentar los elementos que se convertirían en las claves del film noir; el detective siempre confiado en sus instintos y en recibir una buena paga; la enigmática y bella mujer, la cual es objeto de deseo pero también de sospecha; y un atmósfera dominada por un aire de fatalismo y derrota, sino que también presenta las suficientes virtudes técnicas y humanas como para que la cinta sea considerada como una joya magistral e imperecedera.




por Fantomas.

domingo, 10 de enero de 2010

Especial: La Historia de la Censura en Hollywood.

La censura en Hollywood es tan antigua como la instalación de sus estudios. Todo comenzaría en 1915, cuando la Suprema Corte de los Estados Unidos determinó que las películas no eran una forma de arte, sino que solo eran un artículo de comercio cuya única función era generarle ganancias a los involucrados en la realización de estas, y que por lo tanto no estaban amparadas por la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. La Corte además temió que gracias a la popularidad de las producciones cinematográficas, estas pudieran ser utilizadas con “fines malignos”. Poco después de esta decisión, en distintas ciudades se comenzaron a aprobar normas prohibiendo la exhibición pública de películas "inmorales", haciendo temer a los grandes estudios cinematográficos la inminente aparición de regulaciones estatales o federales. Ya para 1921 existían comités de censura en 36 Estados, todos comandados por grupos conservadores cristianos. Cabe destacar que todo esto sucedía en un época ambivalente, donde estaba prohibido el consumo de alcohol (controlado por mafias), y al mismo tiempo comenzaban a emerger ciertas libertades civiles como el voto femenino y la masificación de los espectáculos.

Según Gregory D. Black, autor del libro “Hollywood Censurado”, las temáticas tocadas por el cine de la época asustaron a los grupos conservadores porque “temían que algunas cintas le enseñaran a los inmigrantes y a los trabajadores a hacer huelgas o delitos si es eso lo que veían en la pantalla, ya que estos no serían capaces de distinguir la realidad de esta nueva forma de entretenimiento”. La crisis se acrecentó cuando a principios de la década del veinte, tres grandes escándalos azotaron Hollywood; los juicios por homicidio y violación que tuvo que enfrentar la estrella cómica Roscoe Arbuckle; el asesinato del director William Desmond Taylor en febrero de 1922, y las revelaciones acerca de su bisexualidad; y la muerte relacionada con el consumo de drogas del actor Wallace Reid en enero de 1923. A estos casos se sumaron las muertes por consumo de drogas de las actrices Olive Thomas, Barbara La Marr, Jeanne Eagels, y Alma Rubens, lo que desencadenó que muchos grupos conservadores pidieran la aplicación de censura a la industria hollywoodense durante gran parte de la década del veinte. Estas historias fueron tratadas de manera sensacionalista por la prensa, lo que colaboró con el hecho de que muchos norteamericanos comenzaran a percibir a Hollywood como la “ciudad del pecado”.


Fue entonces cuando la Iglesia Católica tomó la batuta. Según el mismo Black, “la influencia que tenía en ese entonces sobre sus fieles, unido a que ciertas ciudades como Nueva York, Boston, o Detroit tenían mayoría católica, hizo que Hollywood temiera un eventual boicot”. Las protestas de los espectadores que percibían un alto grado de inmoralidad en Hollywood y en sus producciones, y la percepción de la autorregulación por parte de la industria como la única manera de salvaguardar su inversión, llevaron a que en 1922 se creara la Asociación de Productores y Distribuidores Cinematográficos de los Estados Unidos (la misma que en 1945 se transformaría en la Asociación Cinematográfica de los Estados Unidos), la cual sería presidida por William H. Hays. Nacido en 1978, Hays no era un desconocido. Había sido presidente del Partido Republicano, cabeza de la campaña del Presidente Warren Harding, y se había desempeñado como director general de correos. Como tenía algunos contactos con ejecutivos de Hollywood, fue considerado como el hombre adecuado para garantizar la moralidad en los términos que buscaba la nueva Asociación de Productores.

En 1927, Hays compiló una lista temas los cuales según su experiencia con los distintos comités de censura existentes en los Estados Unidos, era conveniente que los estudios de Hollywood evitaran a toda costa. Él nombraría a esta lista como “la fórmula”, aunque sería popularmente conocida como “los no y los ten cuidado”. En 1930, Hays creó el Studio Relations Committee (SRC) con el fin de implementar su código de censura. Sin embargo, el SRC carecía de la capacidad para imponer dicho código. Pese a esto, durante este periodo, Hays, quien era una mezcla de guardián, comisario, e inquisidor, se convirtió en el gran salvador de la industria. De hecho, en 1926 la revista Life le otorgó su portada. Pero la Iglesia todavía no estaba conforme porque el hombre operaría sólo con advertencias y no con imposiciones. Era evidente que faltaba ir más allá. Con la llegada del cine sonoro en 1927, y cuando la industria cinematográfica pasa a ser la única industria firme en medio de la Gran Depresión, las tensiones entre los grupos conservadores y los estudios aumentaron.

El cambio de las temáticas cinematográficas que gatilló la Depresión (donde los espectadores se agolpaban para rendirse ante el magnetismo de mafiosos interpretados por James Cagney, o para ver como mujeres codiciosas no tenían problemas con utilizar su sensualidad para conseguir sus objetivos), conllevó a que la Iglesia pidiera la creación de una comisión que confeccionara una lista que parara con la “masacre a la inocencia”, y que además “purificara el cine”. Sería Martin Quigley, un publicista de un periódico de Chicago, quien comenzaría a supervisar la realización de un código más extenso que no sólo indicara que material era inapropiado para las películas, sino que además contuviera un sistema moral basado en la religión católica, el cual las películas tendrían la misión de promover. Él reclutaría al Padre Daniel Lord, un sacerdote jesuita e instructor de la Universidad Católica de St. Louis, para escribir un código que en 1930 sería adoptado formalmente por Asociación de Productores y Distribuidores Cinematográficos. En 1934, y tras un acuerdo unánime, todos los estudios de Hollywood se sometieron sin peros a la MPPDA y al flamante Código del Pudor.

Una de las enmiendas del código, no sólo estableció la Administración del Código de Producción (PCA), sino que también estipuló que todos los films lanzados a partir del primero de julio de 1934, tendrían que ser sometidos a una certificación antes de poder ser estrenados. La primera cinta en obtener el sello de aprobación de la MPPDA, sería “The World Moves On” (1934), del director John Ford. El código quiso expurgar de la pantalla la criminalidad, la sexualidad y la vulgaridad. Decía que “no se autorizará ningún film que pueda rebajar el nivel moral de los espectadores”. Prohibía cualquier desnudo o baile. Además restringía el asesinato y la venganza. Por más de treinta años, prácticamente todas las películas producidas en los Estados Unidos se ciñeron al código. Cabe destacar que el infame código Hays no fue creado por un estamento federal, estatal, o gubernamental, sino que fue adoptado por los estudios hollywoodenses con la esperanza de que este puñado de normas les ayudara a evitar la censura por parte del gobierno, dando a entender que preferían la autorregulación a la regulación de terceros.

En 1934, Joseph I. Breen sería designado como la cabeza de la nueva Administración del Código de Producción. Bajo la atenta mirada de Breen, el código de producción pronto se volvió rígido y comenzó a cobrar importancia. Breen tenía la capacidad de cambiar guiones a su antojo, lo que no tardó en molestar a muchos guionistas, directores, y magnates hollywoodenses. La primera intervención importante del Código de Producción involucraría a la cinta, “Tarzan and His Mate” (1934), donde se incluían algunas breves escenas de desnudos que involucraban a la doble de cuerpo de la actriz Maureen O´Sullivan, las cuales finalmente serían eliminadas del negativo del film. El código comenzó a debilitarse a fines de los cuarenta, cuando algunos temas tabú como el abuso sexual y las relaciones amorosas entre personas de distinta raza fueron tratados en “Johnny Belinda” (1948), y “Pinky” (1949) respectivamente. Los estudios se mantuvieron dentro de los confines del código hasta fines de los cincuenta, época para la cual la era dorada de Hollywood había terminado, y las películas comenzaban a experimentar distintas amenazas. La primera de ellas sería la emergente televisión, la cual no requería que los espectadores se movieran de sus casas para poder ver imágenes en movimiento. La industria cinematográfica necesitaba ofrecerle al público algo que no pudieran obtener en la televisión, un medio que estaba controlado por una censura aún más restrictiva que la impuesta por el código.

Además de la amenaza que significaba la televisión, también se comenzó a generar una mayor preocupación por la creciente distribución de películas extranjeras de directores como Vittorio de Sica y Ingmar Bergman, las cuales tocaban temas que el código mantenía bajo siete llaves. Cuando los estudios se percataron de que no podían impedir la llegada de películas extrajeras, y que estas no estaban sometidas al código de producción, no les quedó más opción que comenzar a ignorar el código si querían seguir obteniendo ganancias. Sería esta misma polémica la que terminaría pavimentando el camino para que muchos realizadores independientes pudieran exhibir sus cintas sin mayores inconvenientes. En 1951, la MPAA revisaría nuevamente el código. Sin embargo, contrario a lo que se podría pensar, su objetivo no sería confeccionar un código más flexible, sino que pretendían rigidizar aún más el ya existente. De esta revisión saldrían más palabras y temas que comenzarían a ser prohibidos, lo que generó una mayor oposición de parte de varios realizadores a este nuevo código.

En 1952, la Corte Suprema revocó de manera unánime la decisión tomada en 1915, amparando a la industria del cine bajo la Primera Enmienda. Esta medida redujo la amenaza de una eventual regulación por parte del gobierno, por lo que el poder de la PCA sobre la industria hollywoodense se vio fuertemente disminuido. Para 1954, con Hays fallecido y con Breen retirado de la PCA, directores como Samuel Fuller, Otto Preminger, Elia Kazan y Stanley Kubrick, se atrevieron a desafiar al código. Para fines de los cincuenta, un buen número de cintas con temas controversiales comenzó a inundar la pantallas, como por ejemplo “Anatomy of a Murder” (1959), “Suddenly Last Summer” (1959), y “Some Like it Hot” (1959), entre otras. Si bien la MPAA les otorgó a regañadientes el sello de aprobación a estas producciones, de todas formas exigió que se realizaran algunos cambios. Ya para principios de los sesenta, los films comenzaron a lidiar con temas adultos y temáticas sexuales que no habían sido vistas en Hollywood desde principios de los treinta. En 1966, en “Who´s Afraid of Virginia Woolf?”, se escuchó decir por primera vez “hijo de puta”. El código ya no daba el ancho y se desplomó al año siguiente.

Fue ahí donde comenzó a operar el actual sistema de calificación por edad, y aunque en los setenta Hollywood pareció reivindicar la crudeza y la valentía del cine precódigo, los criterios comerciales (que ahora buscaban audiencias masivas) continuaron atados a la autocensura. Para Gregory Black, el código de todas formas dejó huellas. “R significa una calificación para mayores de 16 años y la calificación NC significa esencialmente que la película no se proyectará en grandes salas, sino sólo en circuitos independientes cuyo tamaño impide que la película pueda ser rentable”. Curiosamente, el tema de la censura hoy gravita en un factor que no tiene nada que ver con la mojigatería. Durante los últimos años, a raíz del descenso de la edad cronológica y mental del mercado objetivo de la industria cinematográfica, Hollywood se ha vuelto preadolescente y familiar. A diferencia de lo acontecido en los setenta, cuando el éxito de una cinta estaba asociado a que tan rupturista y provocadora esta era, hoy mientras más blancas sean las temáticas, mejor. Irónicamente, probablemente en la actualidad William H. Hays tendría menos trabajo que el que tuvo hace más de cuarenta años.

El decálogo de Hays:
1. No se autorizará ningún film que pueda rebajar el nivel moral de los espectadores. Nunca se
conducirá al espectador a tomar partido por el crimen, el mal o el pecado.
2. Los géneros de vida descritos en el film serán correctos, teniendo en cuenta las exigencias particulares del drama y del espectáculo. Un amor impuro nunca debe parecer atractivo o hermoso.
3. La ley, natural o humana, no será ridiculizada y la simpatía del público no irá hacia aquellos que la violentan. Además, la figura de Cristo será tratada con respeto. Cristo no es tema para una comedia.
4. Las exhibiciones del cuerpo, incluyendo el ombligo, están prohibidas. También se prohíbe el desnudo y la exposición de los órganos genitales de los niños, así sean recién nacidos.
5. El buen gusto y la delicadeza deben regir la utilización de los dormitorios. Evitar dar demasiada importancia a la cama.
6. No debe presentarse a la institución del matrimonio como antipática. El adulterio y todo comportamiento sexual ilícito no deben ser mostrados explícitamente ni ser justificados por su aspecto atractivo.
7. No está permitido para los hombres quitarse el pantalón. Si el argumento de la película así lo exige, puede mostrarse ya sin la prenda, pero en ropa interior adecuada.
8. La técnica del asesinato deberá ser presentada de manera de no suscitar la imitación. No se mostrarán los detalles de los asesinatos brutales. La venganza no será justificada.
9. El tráfico clandestino de drogas y el uso de éstas no será mostrado. Fuera de las exigencias propias de la trama y de la imagen de los personajes, no se dará lugar al alcohol en la vida estadounidense.
10. Las técnicas del robo, de la perforación de cajas fuertes y el dinamitado de trenes, minas y edificios no deben ser detalladas.









por Fantomas.

domingo, 3 de enero de 2010

Kim Novak: Las idas y venidas de la sensual Kim Novak

Marilyn Pauline Novak, más conocida como Kim Novak, nació el 13 de febrero de 1933 en Chicago, Illinois. Su padre era profesor y empleado de la industria de ferrocarriles, y su madre era profesora. Mientras asistía al Farragut High Academy, Novak ganaría una beca para el Instituto de Arte de Chicago. Después de terminar el colegio, ella comenzó a trabajar como modelo para distintas tiendas de ropa. Más tarde terminaría recibiendo una beca en una academia de modelaje mientras continuaba trabajando como modelo. Novak además trabajaría como ascensorista, vendedora y asistente dental. Después de conseguir un empleo como vocera de una compañía de refrigeradores, Novak se mudó a Los Ángeles donde continuó trabajando como modelo. Con 21 años de edad, Marilyn Novak tuvo su primer contacto con el cine cuando apareció por breves segundos en la cinta de la RKO, “The French Line” (1954), interpretando a una modelo. Eventualmente, ella fue descubierta por un agente de talentos de la Columbia Pictures, el cual consiguió que Novak realizara una prueba de cámara para el estudio.

En ese entonces, el jefe del estudio, Harry Cohn, estaba buscando a una bella mujer que pudiera reemplazar a la rebelde y problemática Rita Hayworth. Fue así como Novak firmó un contrato por seis meses con el estudio. Los ejecutivos de la Columbia estaban decididos a convertir a la rubia actriz, en su propia versión de Marilyn Monroe. Inmediatamente surgió el tema de que hacer con su nombre. Ni Novak ni los ejecutivos de la Columbia deseaban colgarse de la enorme popularidad de Marilyn Monroe, por lo que el primer nombre de Novak debía ser cambiado. La primera opción fue cambiarlo por Kit Marlowe, algo con lo que no estuvo de acuerdo. Tras varias conversaciones, ella y el estudio finalmente acordaron que su nombre artístico sería Kim Novak. Acto seguido, Cohn le pidió que bajara de peso, y que comenzara a utilizar ropa interior. Ella luego comenzaría a tomar lecciones de actuación, las cuales se encargó de costear personalmente. El debut de Novak al interior de la Columbia sería en el thriller “Pushover” (1954), co-protagonizado por Fred MacMurray y Philip Carey. Aunque este dista de ser su mejor rol, su belleza captó la atención de críticos y espectadores por igual.


Luego interpretaría el rol de la mujer fatal en la cinta, “Phffft!” (1954), protagonizada por Judy Holliday, Jack Lemmon, y Jack Carson. Novak recibiría numerosas críticas positivas por su actuación en dicha cinta. Por otro lado, los espectadores estaban deseosos por ver a una nueva estrella, por lo que la actriz pronto comenzó a cosechar una legión de seguidores. Luego de tener prácticamente un mero cameo en el film “Son of Sinbad” (1955), protagonizó el drama “5 Against the House” (1955). Tras interpretar a Madge Owens en “Picnic” (1955), cinta co-protagonizada por William Holden, Novak ganó el Globo de Oro a la actriz nueva más prometedora. Además obtuvo una nominación a la mejor actriz extranjera en los premios británicos BAFTA. Para su siguiente película, la Columbia al enviaría a préstamo a la United Artist, donde filmaría “The Man with the Golden Arm” (1955), junto a Frank Sinatra. La siempre insegura Novak requeriría de múltiples tomas al momento de filmar cada escena, lo cual afortunadamente no se refleja en la pantalla. La cinta sería un éxito, y dos años más tarde volvería a compartir escena con Sinatra en el film, “Pal Joey” (1957), donde también trabajaría Rita Hayworth.

Novak previamente participaría en el drama musical “The Eddy Duchin Story” (1956), junto a Tyrone Power; y en el drama biográfico “Jeanne Eagles” (1957), junto a Jeff Chandler. La popularidad de la actriz llegó a tal punto, que el 29 de julio de 1957 se convirtió en la portada de la Revista Time. Ese mismo año, decidió irse a huelga como forma de protestar por los $1.250 dólares de salario a la semana que recibía. En 1958, Novak protagonizaría el thriller clásico del director Alfred Hitchcock, “Vertigo”, junto a James Stewart. La verdad es que Hitchcock esperaba que la actriz Vera Miles protagonizara el film, pero cuando esta tuvo que abandonar la producción luego de enterarse que estaba embarazada, al director no le quedó más opción que contratar a Novak. Durante la primera mitad de la cinta, ella interpreta a una elegante y aproblemada rubia llamada Madeleine Elster. En la segunda mitad, interpreta a una humilde morena llamada Judy Barton. Hasta el día de hoy, el film sigue siendo considerado como una obra maestra del suspenso romántico, aunque la actuación de Novak por otro lado, recibió diversas críticas. Mientras que algunos críticos catalogaron su interpretación como “algo más que competente”, otros no dudaron en afirmar que “era una de las mejores actuaciones femeninas que se habían visto en el cine”.

Luego de terminar “Vertigo”, Novak se reunió con James Stewart y Jack Lemmon en “Bell, Book and Candle” (1958), una comedia acerca de una bruja moderna que no obtuvo buenos resultados de taquilla. A fines de los cincuenta, la actriz entablaría una breve relación amorosa con el actor y cantante Sammy Davis Jr. En 1960, ella co-protagonizaría junto a Kirk Douglas el drama “Strangers When We Meet” (1960). Durante la filmación de dicha cinta, la actriz gozaría de una gran libertad en el set debido a que ella estaba involucrada sentimentalmente con el director del film, Richard Quine. Dicha libertad se traducía en que la actriz constantemente les realizaba sugerencias a distintos miembros del equipo de filmación acerca de como realizar su trabajo. Sin embargo, cuando Novak trató de sugerirle a Kirk Douglas como debía actuar, él se sintió ofendido y de inmediato se generó una tensa relación entre ambos actores. El siguiente film de Novak, “The Notorious Landlady” (1962), sería la cuarta y última vez que trabajaría junto al director Richard Quine.

En 1962, Novak se embarcó en la producción, cuando junto a la compañía Filmway Productions decidió producir la cinta “Boys´Night Out” (1962), co-protagonizada por James Garner y Tony Randall. Esta película marcaría un cambio en la carrera de la actriz, quien al no recibir el apoyo del público ni de la crítica, decidió tomar menos roles para así poder participar en otro tipo de actividades. Durante este periodo, ella rechazaría variados roles que intentaban explotar su sexualidad. Además rechazó una buena cantidad de roles dramáticos en cintas como “Breakfast at Tiffany´s” (1961), “The Hustler” (1961), “Days of Wine and Roses” (1962), y “The Sandpiper” (1965). Dos años después de su última cinta, interpretó a la vulgar mesera Mildred Rogers en el remake del drama de W. Somerset Maugham, “Of Human Bondage” (1964). Ese mismo año, protagonizaría la comedia romántica de Billy Wilder, “Kiss Me, Stupid” (1964). La cinta sería alabada por la crítica, y algunos años más tarde ganaría el estatus de film de culto. Luego de interpretar un rol en la película, “The Amorous Adventures of Moll Flanders” (1965), Novak decidió tomarse un descanso de tres años de la industria hollywoodense.

En 1965, Novak contraería matrimonio con el actor inglés, Richard Johnson. Tras un año de matrimonio, la actriz pidió el divorcio, aunque de todas formas mantuvo una buena relación con él. El regreso de la actriz estaría marcado por su doble interpretación en el film, “The Legend of Lylah Clare” (1968), del director y productor Robert Aldrich. La cinta obtendría pésimos resultados. Lo mismo sucedería con su próximo trabajo, “The Great Bank Robbery” (1969), del director Hy Averback. Estos nuevos fracasos la mantuvieron alejada de la gran pantalla durante cuatro años. Tras filmar el mediocre telefilme, “The Third Girl From the Left” (1973), junto a Tony Curtis, la actriz participó en la cinta de terror, “Tales That Witness Madness” (1973), del director Freddie Francis. Novak incursionaría nuevamente en el género del horror con el telefilme, “Satan´s Triangle” (1975). En 1976, Novak contraería matrimonio con el veterinario Robert Malloy, con quien pasaría el resto de su vida junto a sus dos hijastros en un rancho en Oregon. Ya para estas alturas, la carrera de la actriz se encontraba en su punto más bajo. Luego de participar en el mediocre western, “The White Buffalo” (1977), interpretó a Helga en la cinta, “Just a Gigolo” (1978), protagonizada por David Bowie.

El rol de Lola Brewster en la adaptación de la novela de Agatha Christie, “The Mirror Crack´d” (1980), es tal vez uno de los más importantes que interpretó durante la última etapa de su carrera. En los años siguientes, Novak aparecería esporádicamente en distintos telefilmes de calidad variable. Junto a James Coburn, protagonizaría el telefilm “Malibu” (1983), tras lo cual participó en uno de los episodios de la segunda versión de la serie, “Alfred Hitchcock Presents” (1985). Uno de sus últimos roles sería el de Kit Marlowe (que curiosamente era el nombre artístico que había rechazado al comienzo de su carrera) en la serie de televisión, “Falcon Crest” (1986-87). Su última aparición cinematográfica sería en el thriller, “Liebestraum” (1991). Lamentablemente, la actriz tendría una serie de problemas con el director de la cinta, Mike Figgis, lo que se traduciría en la remoción de sus escenas. En una entrevista concedida el 2005, Novak admitió que su conducta con Figgis había sido poco profesional. Durante ese mismo periodo, la actriz rechazó múltiples roles tanto en el cine como en la televisión. Desde que abandonó la actuación, Novak se ha a dedicado a diferentes actividades artísticas como la pintura, la escultura, y la fotografía. Una rara mezcla de frialdad y sexualidad ayudó a Kim Novak a convertirse en una de las estrellas más taquilleras de Hollywood entre 1950 y principios de los sesenta. Sus regresos esporádicos durante los setenta y los ochenta, no lograron igualar el encanto intoxicante que la actriz ejerció sobre el público algunos años antes. Su ausencia en los medios solo ayudó a incrementar su fama de leyenda, además de preservar su estatus como una de las actrices más misteriosas y atractivas que pisaron el Hollywood postguerra.

PD: El blog vuelve a funcionar de manera regular, esta vez solo con un artículo por semana por razones de tiempo. Espero que todos hayan tenido una feliz Navidad y un buen inicio de año, saludos y espero sus comentarios.



por Fantomas.

Evil Under the Sun: En busca de la coartada perfecta.

“Evil Under the Sun” (1982), es una cinta de misterio del director Guy Hamilton, la cual está protagonizada por Peter Ustinov, James Mason, Maggie Smith y Diana Rigg.

La actriz Arlena Marshall (Diana Rigg) es una auténtica prima donna, lo que le ha traído numerosos enemigos. Por esto no resulta extraño que un día, mientras se encontraba de vacaciones en una isla griega, aparezca misteriosamente muerta. Afortunadamente, el célebre detective Hércules Poirot (Peter Ustinov) decide tomar el difícil caso, en el cual todos los sospechosos parecen tener una coartada invulnerable.

“Evil Under the Sun” sería la cuarta y última adaptación cinematográfica de la obra de la escritora Agatha Christie, que realizarían los productores Richard B. Goodwin y John Brabourne. Basada en la novela del mismo nombre, la cual fue publicada en 1941, la cinta contaría con un guión de Anthony Shaffer, quien había trabajado anteriormente en otra adaptación de la obra de la escritora británica, y Barry Sandler, cuyo trabajo finalmente no sería acreditado por los productores. Si bien la dupla de guionistas hizo todo lo posible por mantener gran parte de los elementos presentes en la novela original, de todas formas realizaron algunos cambios entre los que se incluyen el traslado de la acción desde el condado de Devon, a una isla ficticia ubicada en el Mar Adriático llamada Tyrania, la remoción de algunos personajes secundarios menores, y la inserción de algunos elementos cómicos que no estaban presentes en el escrito de Christie, otorgándole con esto un cariz distinto a la investigación realizada por Hércules Poirot.

Al igual que el resto de las adaptaciones de Agatha Christie realizadas por Goodwin y Brabourne, en esta ocasión la cinta contaría con un elenco estelar comandado por Peter Ustinov, quien ya había interpretado anteriormente al afamado detective belga Hércules Poirot en el film “Death on the Nile” (1978). En lo que podría considerarse como un verdadero reciclaje de talentos, la dupla de productores también contrataría a Maggie Smith, Jane Birkin, Dennis Quilley, Colin Blakely y al director Guy Hamilton, quienes al igual que Ustinov, ya habían trabajado en alguna de las adaptaciones de las novelas de Christie. Finalmente, el elenco lo completarían actores de la talla de James Mason, Roddy McDowall y Diana Rigg, quienes dotarían a la producción del “star power” necesario para asegurarle un futuro éxito comercial. Una vez que el elenco fue conformado, Hamilton y su equipo de filmación se dividirían entre los estudios Lee International y algunas locaciones situadas en Mallorca, las cuales servirían para ambientar la exótica isla ficticia donde transcurre el relato.


Como suele suceder en todos los relatos de misterio, prácticamente todos los personajes involucrados en la historia son presentados como potenciales sospechosos. Y es que en este caso, durante toda su vida Arlena Marshall se preocupó de poner sus propias necesidades por sobre las del resto, pasando por encima de todo aquel que se atreviera a interferir con sus objetivos. A raíz de esto, no son pocas las personas que desean verla muerta. Entre los numerosos sospechosos se encuentra su marido, Kenneth Marshall (Dennis Quilley), quien recientemente se ha enterado que Arlena le es infiel con Patrick Redfern (Nicholas Clay), un joven profesor de latín que ha viajado a la isla de Tyrania junto a su esposa Christine (Jane Birkin). En el lugar además está Rex Brewster (Roddy McDowall), un amanerado escritor al cual la actriz le prohibió publicar su biografía; Odell Gardener (James Mason) y su esposa Myra (Sylvia Miles), una pareja de productores que en múltiples ocasiones han sido rechazados por Arlena; Linda Marshall (Emily Hone), quien está cansada de los malos tratos de su madrastra, y Daphne Castle (Maggie Smith), quien es dueña del hotel donde todos están alojados y cuya historia de rencillas con Arlena Marshall se remonta a varios años atrás.

Más allá de los numerosos motivos por los cuales cada uno de los sospechosos desea ver muerta a Arlena Marshall, en “Evil Under the Sun” cobran especial importancia las distintas coartadas de los personajes, las cuales en apariencia son completamente sólidas. Y es que en teoría, al momento del crimen todos se encontraban en compañía de alguien más, lo que hace suponer a Hércules Poirot que la actriz fue asesinada por un desconocido. Sin embargo, gracias a su indiscutible agudeza mental, el detective eventualmente logra encontrar una grieta en las declaraciones de los acusados, revelando la solución del misterio durante el climático final de la cinta. Cabe mencionar que Guy Hamilton decide ocultarle cierta información al espectador con el objetivo de no solo mantener la solución del crimen en el más profundo secreto hasta el momento en que es revelado por el protagonista, sino que además para incentivar al espectador a oficiar de detective junto a Poirot durante todo el transcurso del relato.


La cinta básicamente se puede dividir en tres segmentos; durante el primer segmento son presentados los personajes y se exponen sus problemas con la víctima, el segundo tiene estricta relación con la investigación conducida por Hércules Poirot y con las coartadas de los sospechosos, y finalmente en el tercero se presenta la solución del crimen, el cual es reconstruido por completo por el afamado detective. En lo que a las actuaciones se refiere, la totalidad del elenco realiza un estupendo trabajo, en especial Peter Ustinov, quien sobresale gracias a su gran interpretación del banal pero brillante detective belga. Por otro lado, resulta destacable el trabajo de fotografía de Christopher Challis, quien le saca el máximo provecho posible a las espectaculares locaciones en las que fue rodado el film. Finalmente, cabe resaltar la magnífica banda sonora del compositor Cole Porter, la cual sin lugar a dudas se alza como uno de los puntos altos de la película.

Si bien el misterio que plantea la historia es realmente interesante, el hecho de que Guy Hamilton le dedique gran parte del film a la presentación de los personajes y sus respectivos conflictos, inevitablemente ralentiza el ritmo narrativo de la cinta. Por otro lado, resulta destacable el hecho de que el director y la dupla de guionistas se hayan atrevido a insertar ciertas dosis de comedia en el relato, convirtiendo a Poirot, quien usualmente es retratado como un personaje serio y algo quisquilloso, en el principal generador de comedia del film. Aún cuando no es una película perfecta, “Evil Under the Sun” se presenta como una buena adaptación de la obra de Agatha Christie, la cual pese a que tener una primera mitad algo lenta, de todas formas termina siendo una cinta entretenida cuyo misterio central resulta ser un verdadero desafío tanto para el gran Hércules Poirot, como para el mismo espectador.


por Fantomas.

viernes, 18 de diciembre de 2009

The Snowman: El mágico viaje de un niño y su muñeco de nieve.

“The Snowman” (1982), es un cortometraje animado de la directora Dianne Jackson, el cual cuenta con la participación de David Bowie.

Durante la víspera de navidad, un niño llamado James crea un muñeco de nieve que por la noche cobrará vida y juntos emprenderán un maravilloso viaje lleno de magia.

“The Snowman” está basada en un libro infantil ilustrado, el cual fue publicado en 1978 por el novelista gráfico Raymond Redvers Briggs. La adaptación sería producida por la TVC London, bajo la tutela de John Coates y Iain Harvey, y francamente es una verdadera maravilla. El equipo de producción se preocupó de llevar a la vida el relato gráfico de la mejor forma posible. Los paneles pintados con lápices de cera por Briggs en su novela, vuelven a la vida de manera casi hipnótica. De la misma forma que el libro original, la historia es relatada sin la utilización de diálogo alguno. Cada evento, cada emoción, se expresa a través de las imágenes y la espectacular banda sonora de Howard Blake. Lo que provee de un mayor encanto a esta obra, su estética casi artesanal. En una era donde los efectos digitales parecen dominar por completo la animación, este cortometraje sobresale debido al llamado que realiza a la nostalgia del espectador, lo que le ha permitido seguir vigente a veinte años de su estreno.

La historia es simple pero encantadora. En plena víspera de Navidad, James crea un muñeco de nieve en su antejardín, el cual cobra vida la noche de ese mismo día. Es así como James y su amigo de nieve se dedican a recorrer la casa y el jardín. Como si se tratara de un niño, el muñeco de nieve no esconde el asombro que le provocan los distintos objetos que están esparcidos por la casa, cosas simples como una televisión o la luz de la cocina, son para él objetos maravillosos pertenecientes a un mundo que le es extraño. Como agradecimiento por esta peculiar experiencia, el hombre de nieve invita a James a un maravilloso viaje a través de las montañas, el mar, y más allá. Tan importante como las imágenes, ha resultado ser la canción “Walking in the Air”, compuesta por Howard Blake e interpretada por Peter Auty, la cual es utilizada en un momento clave de la historia. La única “queja” que se le puede realizar a esta cinta, es que su final resulta ser algo agridulce, lo que puede no dejar satisfechos a los más sentimentales.

Tras su estreno en 1982, el film obtuvo un premio BAFTA al mejor programa infantil de televisión. Además, obtuvo una nominación al Oscar al mejor corto animado. Desde su estreno, se han visto dos versiones de este cortometraje; mientras que en la versión original, Raymond Briggs oficiaba como narrador, cuando la cinta se transmitió en Norteamérica los distribuidores optaron por contratar a David Bowie para que protagonizara una nueva introducción. En dicha introducción, Bowie se limita a decir que va a contar la historia de como conoció al hombre de nieve, y como consiguió la bufanda que tiene en sus manos. Con el correr de los años, “The Snowman” ha adquirido el estatus de film de culto, y habitualmente es transmitido en distintos canales de televisión alrededor del mundo durante la época navideña. Se trata de una pequeña joya navideña, la cual es una verdadera montaña rusa de emociones. Sin tener mucho más que agregar, les deseo a todos una feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.

PD: Les dejo el cortometraje completo para que puedan verlo.





por Fantomas.

Scrooged: La modernización del clásico de Dickens.

“Scrooged” (1988), es una comedia del director Richard Donner, la cual está protagonizada por Bill Murray, Karen Allen, John Forsythe, y Bobcat Goldthwait.

Frank (Bill Murray) es un despiadado ejecutivo de televisión que detesta la Navidad. Su mala leche hacia la fiesta será puesta a prueba cuando en Nochebuena sea visitado por tres espíritus dispuestos a mostrarle la clase de sabandija que ha sido a lo largo de su vida.


Desde su publicación en 1843, la novela corta “Un cuento de Navidad” del escritor británico Charles Dickens, es probablemente el relato que más veces ha sido adaptado para el cine y la televisión. Ya para la década de los ochenta, en los Estados Unidos la televisación de una de las tantas adaptaciones del cuento de Dickens durante la época navideña, se había transformado prácticamente en una suerte de tradición propia de la festividad. En 1988, los ejecutivos de la Paramount optaron por realizar una nueva adaptación del escrito con la cual pudieran engrosar sus arcas durante el periodo navideño. El guión de esta nueva conversión cinematográfica estaría a cargo de Michael O´Donoghue y Mitch Glazer, dos guionistas sin mucha experiencia en el cine pero que estaban respaldados por su trabajo en el programa de televisión humorístico más exitoso de la época, “Saturday Night Live”. Era precisamente el tipo de humor que se manejaba en ese programa el que los productores querían utilizar en esta nueva actualización de la obra.

Richard Donner sería el encargado de dirigir el film. En ese entonces, Donner era una de los directores más cotizados de Hollywood, en especial por la habilidad con la que era capaz de saltar de un género a otro. Por otro lado, para interpretar al “Sr. Scrooge” de la cinta, los productores seleccionaron a Bill Murray quien cuatro años antes había alcanzado la fama mundial gracias a su participación en la cinta, “Ghostbusters” (1988). Curiosamente, desde su participación en dicho film el actor no había vuelto a interpretar un papel protagónico, y en cierta medida había dejado su carrera cinematográfica un poco de lado, por lo que su inclusión en esta cinta marcaría su tan ansiado regreso. El papel protagónico parecía estar escrito específicamente para Murray, ya que se trataba de un personaje sarcástico y egocéntrico, con un sentido del humor bastante negro, características que suelen tener sus personajes. Aprovechando su presencia en la película, los productores comercializarían “Scrooged” insertando algunas referencias del film más exitoso del actor. De hecho, el eslogan de la película fue: “Bill Murray está de vuelta entre los fantasmas, solo que esta vez son tres contra uno”.

Básicamente, la cinta respeta la base temática de “Un Cuento de Navidad” pero la traslada al competitivo mundo de la televisión. Nuestro protagonista, Frank Cross, es el presidente de la cadena de televisión IBC. el momento en que se presenta uno puede percatarse de que se trata de un hombre completamente frío, cuyo ego y su posición de poder lo lleva a ser miserable incluso con sus más cercanos. Como muestra de su personalidad tiránica y su desprecio por la Navidad, Cross ha planeado una emisión en directo del clásico de Dickens, obligando a trabajar a todos sus empleados durante Nochebuena. No contento con esto, Cross pareciera estar empecinado en destruir el relato de Dickens con el fin de lograr una mayor sintonía. No solo incluye acróbatas, ratones con cuernos pegados a sus cabezas, y mujeres semidesnudas en su versión de “Un Cuento de Navidad”, sino que además lo publicita como un espectáculo casi dantesco, insertando imágenes de sexo, violencia, y drogas en el spot publicitario de la adaptación.

Cuando es evidente que Cross ha perdido toda noción del real significado de la Navidad, recibe la visita del fantasma de su antiguo jefe el cual le anuncia la llegada de tres fantasmas a lo largo del día de víspera de Navidad. Como es por todos conocido, junto a ellos iniciará un recorrido por su pasado, presente, y futuro, en el cual se retratará la evolución que ha tenido el personaje desde su infancia hasta el día de hoy, y los motivos aparentes por los cuales este odia tanto la Navidad. La personalidad y la apariencia que se le da a los fantasmas, es uno de los aspectos más originales de esta cinta. Si bien Donner y compañía nos presentan al fantasma de la Navidad pasada como un sarcástico taxista (David Johansen), el fantasma de la Navidad presente es una agresiva hada madrina (Carol Kane), mientras que el fantasma de la Navidad futura es una suerte de monstruo con una televisión por cabeza, y en cuyo tórax viven tres pequeñas criaturas. Para quienes ya están familiarizados con esta historia, saben que las visitas de los fantasmas provocarán que Frank se replantee por completo su vida, en especial su relación con un antiguo amor interpretado por Karen Allen.

Bill Murray realiza un buen trabajo interpretando al detestable Frank Cross. Pese a que por momentos tiende a la sobreactuación, Murray logra que su personaje realmente proyecte un odio hacia la Navidad y hacia el mundo en general. En cierta medida, este personaje presenta bastantes similitudes con el que el actor interpretaría posteriormente en “Groundhog Day” (1993); los dos son hombres sumamente ególatras, que terminarán aprendiendo de una forma poco convencional a apreciar las cosas realmente importantes en la vida. El resto del elenco realiza un trabajo correcto (incluso el sobreactuado Bobcat Goldthwait), donde se destaca la participación de John Forsythe y Robert Mitchum, como el antiguo y el actual jefe de Cross respectivamente. Con respecto al elenco, cabe destacar el guiño que el director le realiza al mundo del jazz; en la escena donde Cross desprecia a cuatro saxofonistas callejeros que piden monedas, los cuatro músicos son las viejas leyendas del jazz estadounidense: Miles Davis, Larry Carlton, David Sanborn y Paul Shaffer.

“Scrooged” es una entretenida película navideña que tiene el valor de ofrecernos una mirada distinta del clásico “Un Cuento de Navidad”. La cinta tiene momentos realmente divertidos, donde más de alguno está cargado al humor negro. Por otro lado, cabe destacar la correcta banda sonora de Danny Elfman, y el hecho de que los pocos efectos especiales que presenta el film son de una calidad bastante aceptable, lo que sin duda ha contribuido a que la película haya soportado de mejor forma el paso del tiempo. Como buena cinta navideña, “Scrooged” pretende rescatar el verdadero valor de la Navidad, mediante un mensaje lleno de positivismo y el final feliz de rigor. Tal vez el punto más bajo del film sea precisamente el monólogo final, el cual pese a ser bienintencionado, es demasiado largo y caótico por lo que termina rompiendo gran parte de la mística de la producción. Sin ser la mejor adaptación del relato de Dickens, esta cinta sin duda es una excelente opción en estas fechas en las que uno inevitablemente necesita unas buenas dosis de cine navideño.


por Fantomas.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Twice Told Tales: Vincent Price al cubo.

“Twice-Told Tales” (1963), es una cinta de terror del director Sidney Salkow, la cual está protagonizada por Vincent Price, Joyce Taylor y Sebastian Cabot.

Esta cinta está compuesta por tres historias cortas. En la primera, “Dr. Heidegger´s Experiment”, dos hombres (Vincent Price y Sebastian Cabot) descubren lo que parece ser la fuente de la juventud, la cual se encuentra goteando en el techo de una cripta. Cuando se dan cuenta que el líquido no solo devuelve la vitalidad sino que también la vida, están a punto de aprender que algunas cosas es mejor dejarlas muertas. En “Rappaccini´s Daugther”, Giacomo Rappaccini (Vincent Price) tiene tanto miedo de perder a su hija (Joyce Taylor) que cambia la composición química de su sangre, provocando que todo lo que ella toque fallezca al instante. Finalmente en “The House of Seven Gables”, Gerald Pyncheon (Vincent Price) vuelve a su antiguo hogar con la intención de encontrar una caja fuerte que está escondida en su interior, a sabiendas que sobre la casa ha caído una maldición que ha acabado con la vida de prácticamente todos los integrantes de su familia.


Durante la década del sesenta, hubo una pequeña explosión de adaptaciones literarias en el contexto del género del horror cinematográfico, dentro de las cuales los films basados en la obra de Edgar Allan Poe que fueron realizados por el director Roger Corman, siguen siendo considerados hasta el día de hoy como el pináculo de dicha tendencia cinematográfica. Una vez que el éxito de esas producciones se hizo aparente, no tardaron en surgir nuevas adaptaciones cinematográficas de la obra de otros autores norteamericanos importantes del siglo XIX. Siguiendo la fórmula impuesta por la cinta de antologías “Tales of Terror” (1962), la modesta productora Admiral Pictures le pidió al guionista Robert E. Kent que adaptara un trío de extrañas historias del escritor Nathaniel Hawthorne, cuya obra más conocida era la novela “The Scarlet Letter”. Para ese entonces, el éxito obtenido por Vincent Price en las cintas de horror gótico que filmó bajo el alero de la productora American International Pictures, ya había sido notado por otras compañías que rápidamente intentaron contar con sus servicios. Fue así como Price firmó un contrato por dos films con la Admiral Pictures, siendo uno de ellos “Twice-Told Tales”, el cual sería dirigido por Sidney Salkow quien tenía una vasta experiencia tanto en el cine como en la televisión.

Hawthorne, quien era un abierto admirador de la obra de Edgar Allan Poe, solía imprimirle una lección moral a sus historias de terror, las cuales en su mayoría presentaban un humor algo torcido que no solía estar presente en los escritos más populares de Poe. Esto es claramente apreciable en “Dr. Heidegger´s Experiment”, donde para celebrar su cumpleaños número 79, el Dr. Carl Heidegger (Sebastian Cabot) decide invitar a su viejo amigo Alex Medbourne (Vincent Price), para recordar aquellos tiempos en los que ambos se dedicaban a perseguir a hermosas jóvenes. Mientras que la pareja de amigos conversa animadamente, un rayo daña la cripta en la que se encuentra enterrada Sylvia (Mari Blanchard), la antigua prometida de Heidegger, quien falleció un día antes de que ambos contrajeran matrimonio. Cuando los dos hombres deciden ir a investigar lo sucedido, se encuentran con que el cuerpo de Sylvia se ha preservado en perfectas condiciones gracias a que ha estado expuesto a un misterioso líquido que cae desde el techo de la cripta. Una vez que descubren que el líquido puede restablecer su juventud y la vida, Heidegger desarrolla una poción que no solo lo rejuvenece a él y a su amigo, sino que además revive a su amada Sylvia. Lamentablemente, esta seguidilla de hechos desatará un peligroso triángulo amoroso que tendrá trágicas consecuencias.


Si bien son varios los cambios apreciables entre el relato original de Hawthorne y el guión de Kent, quizás el más importante tenga relación con el mensaje principal de la historia. Mientras que Hawthorne hace hincapié en la incapacidad de los protagonistas de aprender de sus propios errores, el guión de Kent prefiere centrarse en la obsesión de Heidegger y Medbourne con una hermosa mujer muerta. Al mismo tiempo, resulta interesante la relación existente entre la dupla protagónica. Sin que necesariamente se sugiera que ambos hombres tienen tendencias homosexuales, estos por momentos actúan como una pareja felizmente casada. Alex y Carl están unidos íntimamente a nivel emocional; ellos son viejos amigos cuya existencia idílica ha sido interrumpida por la intrusión de una hermosa mujer, lo que le imprime un claro sentimiento de frustración a la idea de que alguien puede poner en peligro su particular relación. Por otro lado, en el segundo segmento titulado “Rappaccini´s Daugther”, Beatrice Rappaccini (Joyce Taylor) es la hija de un brillante pero excéntrico botánico italiano llamado Giacomo Rappaccini (Vincent Price), quien ha utilizado sus conocimientos para desarrollar una nueva especie de plantas venenosas. Lo que es aún más curioso, es que el científico ha expuesto a su hija al veneno de estas plantas, lo que ha provocado que todo lo que ella toca de inmediato fallece. Cuando un estudiante de medicina llamado Giovanni Guasconti (Brett Halsey) se enamora de Beatrice, el Profesor Pietro Baglioni (Abraham Sofaer), un viejo rival de Rappaccini, le ofrece un antídoto al joven el cual tendrá nefastas consecuencias.

Si bien “Rappaccini´s Daughter” es el segmento que más se acerca al texto original de Hawthorne, de todas formas Kent decide omitir una gran cantidad de detalles concernientes a la disputa que Rappaccini mantiene con Baglioni, lo que de inmediato elimina la advertencia que realiza el escritor sobre los peligros de la experimentación científica carente de ética. Sin embargo, la escisión de esta crucial subtrama le permite a Kent desarrollar un tema mucho más provocativo: la conexión incestuosa que se desarrolla entre Rappaccini y su hija Beatrice. Y es que la ausencia de la esposa del protagonista en el relato, la cual lo abandonó hace años por otro hombre, sugiere que Beatrice ha reemplazado a su madre en la vida de su padre en diversos niveles, lo que ha provocado en Rappaccini un exceso de celo. Si bien su propia intelectualidad le indica que el incesto está fuera de toda discusión, emocionalmente el protagonista no soporta la idea de ver a su hija con otro hombre, razón por la cual infecta su organismo con un veneno que impide que él y cualquier otro hombre se atrevan a tocarla. Al mismo tiempo, mediante este incomprensible acto Rappaccini le transfiere a su hija su incontrolable necesidad de ser amado y de vengarse de quienes le han hecho daño, lo que inevitablemente se volverá en contra de todos los involucrados en el relato.

Ya en el último segmento del film titulado “The House of Seven Gables”, Gerald Pyncheon (Vincent Price) regresa junto a su esposa Alice (Beverly Garland) a la mansión familiar luego de 17 años de ausencia. Su hermana Hannah (Jacqueline deWit), quien ha estado viviendo en la casa, le cuenta a Alice acerca de la maldición que ha caído sobre su familia a causa de un hombre llamado Matthew Moll, quien solía ser el dueño del inmueble hasta que lo perdió de manera truculenta a manos de la familia Pyncheon. Lo que Hannah no sabe, es que la verdadera razón por la cual Gerald ha regresado, tiene relación con una bóveda que se encuentra escondida al interior de la mansión, la cual guarda una serie de valiosos títulos de propiedad. Cegado por su ambición, Gerald hará todo lo necesario para encontrar la bóveda y quedarse con su parte de la herencia familiar, aún a costa de la vida de sus seres queridos. Cabe mencionar que este segmento es el que menos fidelidad guarda con el texto original, ya que a diferencia de los dos relatos previos, en esta ocasión Kent condensó una novela completa en un poco más de treinta minutos de metraje, razón por la cual el guionista no solo eliminó gran parte de los personajes que originalmente participaban en la historia, sino que además cambio el final feliz escrito por Hawthorne por uno mucho menos satisfactorio que en cierta medida recuerda lo visto en “The Fall of the House of Usher” (1960).

En cuanto a las actuaciones del film, Vincent Price realiza un trabajo encomiable interpretando a tres hombres los cuales son consumidos por sus obsesiones, sus miedos y sus ambiciones, los cuales por momentos más que alzarse como villanos, son retratados como víctimas de las circunstancias en las que se ven envueltos. El resto de elenco en cambio, realiza una labor más bien irregular, que va desde la sobriedad interpretativa de Sebastian Cabot, hasta la innegable sobreactuación de Jacqueline deWit. En relación al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con la atmosférica pero olvidable banda sonora del compositor Richard LaSalle, con el correcto diseño de producción de Franz Bachelin, y con el modesto trabajo de fotografía de Ellis W. Carter. Aunque es más fiel a su fuente literaria que muchas de las producciones que realizó la American International Pictures basadas en la obra de Edgar Allan Poe, “Twice-Told Tales” es perjudicada por la combinación de interpretaciones dispares, la mala calidad de los efectos especiales presentes en el tercer segmento, y la poco trascendente dirección de Sidney Salkow. Sin embargo, esto no significa que la cinta sea un completo desperdicio, ya que pese a sus falencias el film resulta ser bastante entretenido, y además es poseedor de un encanto especial otorgado por la innegable influencia ejercida por el ciclo de producciones de horror gótico llevadas a cabo por Roger Corman y Vincent Price al interior de la AIP.




por Fantomas.
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