miércoles, 29 de julio de 2009

Oblong Box: Vincent Price debió haberse mantenido alejado de África.

“The Oblong Box” (1969), es un film de terror del director Gordon Hessler, el cual está protagonizado por Vincent Price, Christopher Lee, Alister Williamson y Hilary Dwyer.

Sir Julian Markham (Vincent Price) mantiene oculto en su mansión a su hermano Edward (Alister Williamson), ya que cuando estaba en trabajando de África un hechicero lanzó un conjuro contra él que deformó terriblemente su rostro y su mente. La situación se complica cuando entra en escena el Doctor Neuhartt (Christopher Lee), un médico que se dedica a experimentar con cadáveres que le proporcionan los ladrones de tumbas. Bajo la presunción de que ha muerto, Sir Julian entierra a su hermano Edward, quien en realidad estaba en un trance cataléptico. Es por eso que cuando este despierta en casa de Neuhartt, rápidamente comienza a planear su sangrienta venganza.


Fue tal el éxito del film “Witchfinder General” (1968), del director Michael Reeves, que los mandamases de la productora American International Pictures de inmediato ficharon a sus tres protagonistas, Vincent Price, Hilary Dwyer y Rupert Davies, y a su director, para la próxima cinta basada en la obra de Edgar Allan Poe que realizaría la compañía. Lamentablemente, la producción del film que posteriormente sería titulado “The Oblong Box” estaría plagada de dificultades. La primera dificultad fue la salida de Reeves del proyecto. Y es que los ejecutivos se vieron obligados a despedirlo cuando se percataron que sus múltiples intentos de suicidio, sus problemas mentales y emocionales, su adicción a las drogas, y la terapia de choque a la que se estaba sometiendo, suponían un enorme riesgo financiero. Todo esto llevó a Reeves a cometer suicidio en el año 1969, tras mezclar altas dosis de alcohol con barbitúricos. Una vez que Reeves abandonó la producción, los ejecutivos de la AIP le asignaron la dirección del film a Cy Endfield. Sin embargo, cuando el rodaje se trasladó de Inglaterra a Irlanda, Endfield fue reemplazado por Gordon Hessler, quien había comenzado su carrera en la industria cinematográfica como revisor de guiones de la serie de televisión “Alfred Hitchcock Presents” (1955-1962).

Por otro lado, el guión original del film fue escrito por Lawrence Huntington, quien anteriormente había estado a la cabeza de una serie de thrillers y cintas de terror tales como “Tower of London” (1944) y “The Vulture” (1966). Sin embargo, cuando el guión llegó a manos de Hessler y Price, estos consideraron que era demasiado complejo y difícil de seguir. Fue por este motivo que se le pidió al veterano guionista Christopher Wicking que reescribiera el guión. Irónicamente, tanto Wicking como Huntington solo se limitaron a extraer ciertos elementos de la historia “The Mark of the Beast”, del escritor Rudyard Kipling, y dejaron completamente de lado la historia corta de Edgar Allan Poe en la cual supuestamente estaba basado el film. En el relato original, un hombre recién casado que viaja en barco desde Charleston hasta Nueva York, guarda al interior de su camarote una misteriosa caja oblonga. Cada noche, la mujer que se identifica como su esposa, se va a dormir a otro camarote dejando al hombre solo con la caja. Cuando una tormenta obliga a la tripulación a abandonar la embarcación, el hombre se rehúsa a dejar la caja, la que en realidad contiene los restos de su verdadera esposa, la cual falleció recientemente. Tras negarse a dejar los restos de su mujer a bordo del barco naufragado, el viudo procede a amarrarse al ataúd para luego descender con él al fondo del océano. El guión escrito por Huntington y Wicking en cambio, presenta temas tales como el colonialismo británico, casos de entierro prematuro, y la siempre atrayente sed de venganza, por lo que “The Oblong Box” se alza como la primera adaptación de la obra de Poe realizada por la AIP que no tiene relación alguna con el texto original.

En la versión de “The Oblong Box” de Hessler, Vincent Price nuevamente encarna a un aristócrata melancólico que vive al interior de una mansión gótica, el cual es atormentado por un enorme sentimiento de culpa que arrastra hace ya un tiempo. Y es que la fortuna de su familia ha sido acuñada gracias a la sangre, el sudor y las lágrimas de decenas de esclavos que trabajan en una plantación africana de su propiedad, lo que de inmediato pone sobre la mesa el tema del colonialismo británico y sus nefastas implicaciones, proponiendo una alternativa de cómo deben ser castigados aquellos hombres que cometieron crímenes contra la humanidad durante sus exploraciones en el continente negro. Lamentablemente, el tema central del film es expuesto de manera engorrosa, mediante la utilización de diversas subtramas que no logran complementarse de buena manera. Para colmo, cada vez que la trama avanza, se insertan dos o tres nuevos personajes cuya única función es entorpecer la narrativa. Por este motivo resulta difícil definir cuál es el verdadero protagonista del film, ya que durante gran parte del metraje la atención se centra en Edward Markham y no en su hermano Julian, quien supuestamente es el gran protagonista de la cinta. Esto eventualmente provoca que el espectador no logre desarrollar ni el más mínimo grado de empatía con los personajes, razón por la cual tampoco existe una gran preocupación por los destinos de quienes interactúan en el relato.

Por lo que sin lugar a dudas se destaca el film, es por su cuidada ambientación gótica. Mientras que la vieja mansión de la familia Markham resulta ser espeluznante, en gran medida gracias a sus sombríos y atmosféricos interiores, y a su prominente escalera de caracol, los exteriores utilizados por Hessler son igualmente efectivos a la hora de crear una sensación de opresión y tensión en el espectador. Otro lugar que resulta impresionante es el hogar/laboratorio del Dr. Neuhartt, el cual no solo alberga al sádico asesino encapuchado, sino que también a los nefastos experimentos del buen doctor. En relación al Dr. Neuhartt, este es probablemente el único personaje que es retratado en profundidad por Hessler. Durante el transcurso del film, Neuhartt se ve enfrentado a una serie de dilemas morales, entre los que se incluyen la aceptación del robo de cadáveres como instrumento de la investigación científica, y su particular reacción ante el chantaje del cual es víctima. Según declararía Christopher Lee en una entrevista: “Neuhartt es un buen hombre que terminó volviéndose malo debido a su obsesión con el conocimiento del cuerpo humano”. Dicha obsesión eventualmente termina convirtiéndose en frustración, a medida que el personaje interpretado por Lee se percata que sus decisiones lo han arrastrado a una situación demasiado riesgosa de la que probablemente no podrá escapar.

En el ámbito de las actuaciones, Vincent Price realiza un estupendo trabajo interpretando a Sir Julian Markham, quien es retratado como un hermano preocupado que al mismo tiempo se alza como un charlatán manipulador. Lo que quizás resulta más sorprendente, es que a diferencia de otras ocasiones, en esta oportunidad Price opta por una interpretación más sobria que está exenta de los numerosos manierismos que el actor solía imprimirle a los personajes que interpretaba. Christopher Lee por su parte, logra superar el hecho de estar utilizando una ridícula peluca, y le imprime la seriedad necesaria a un personaje que se ve acorralado por sus obsesiones y sus ambiciones. Lamentablemente, el esperado choque entre los personajes interpretados por Price y Lee jamás se lleva a cabo, lo que no solo significa una gran decepción, sino que además se alza como una de las grandes fallas del film. Por último, cabe mencionar la labor realizada por Alister Williamson, quien mediante la utilización de su voz logra despertar en el espectador algo de lástima por su trágico personaje, al mismo tiempo que este ataviado de una máscara color rojo carmesí y una capa, procede a eliminar a todos aquellos que se atreven a atravesarse en su búsqueda de venganza.

En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de John Coquillon, la magnífica dirección de arte de George Provis, y la atmosférica pero olvidable banda sonora del compositor Harry Robertson. El mayor problema de “The Oblong Box” reside en su irregular ritmo narrativo. En ese sentido, la inclusión de escenas sin mayor relevancia dentro de la trama, algunas de las cuales además se extienden más de la cuenta, parece ser el principal causante de lo antes señalado. Por otro lado, resulta evidente que el film carece de la profundidad psicológica presente en gran parte del ciclo de adaptaciones de la obra de Poe, que el director Roger Corman realizó para la AIP. Pese a sus problemas, “The Oblong Box” de todas formas se presenta como un producto interesante y a ratos entretenido, el cual cuenta con un elenco envidiable, un atractivo visual innegable, y el estupendo trabajo de dirección de Gordon Hessler, elementos que por momentos dejan en segundo plano las falencias narrativas de esta curiosa producción.




por Fantomas.

Takeshi Kitano: Un cine lleno de contrastes.

Takeshi Kitano nació el 18 de enero de 1947, en Umeshima, Adachiku, Tokyo. Su padre, Kikujiro, trabajaba como pintor y decorador. En el Japón postguerra, era complicado tener un trabajo regular, por lo que Kikujiro tuvo que tomar todos los trabajos que se le presentaron con tal de mantener a su familia. Lamentablemente, este hombre solo aparentaba ser un hombre trabajador que apoyaba a su familia; él en realidad era un alcohólico, además de ser un hombre violento que constantemente maltrataba a su esposa y a sus hijos. Tras abandonar a su familia, Takeshi, su madre, y sus hermanos se mudaron a Senju, uno de los barrios más pobres de Tokyo. Las dificultades que vivió durante este periodo, marcarían fuertemente a Kitano, definiendo lo que serían algunos de los temas que trataría en sus cintas. Aunque durante un tiempo pensó en convertirse en ingeniero automotriz (incluso se matriculó en Universidad Meiji), al poco tiempo encontró un nuevo interés que lo empujo a abandonar las metas que se había propuesto anteriormente.

En vez de continuar con sus estudios académicos, Kitano comenzó a juntarse con una variedad de artistas e intelectuales con la esperanza de obtener algún tipo de reconocimiento. Durante ese periodo, comenzó a llamarse a sí mismo “futen”, apodo dado a aquellos jóvenes los cuales decidían revelarse en contra de lo establecido, los cuales cierta medida, eran una variante del hippie norteamericano. Para sobrevivir, Kitano tuvo que tomar una serie de variados empleos, por lo que trabajó como mesero, vendedor, cajero de supermercado, e incluso como taxista, antes de cansarse de la vida un “futen”. En 1972, Kitano se mudó a Asakusa, un lugar repleto de cines y teatros, con la sola idea de convertirse en comediante. Durante mucho tiempo, Kitano estuvo visitando teatros con la esperanza de conocer a algunos comediantes que pudieran enseñarle el oficio. Sería Fukami Senzaburo, quien sin mucho entusiasmo, oficiaría de maestro del joven Takeshi. Durante los dos años siguientes, Kitano solo se dedicaría a la comedia, practicando una y otra vez sus rutinas. Cuando sintió que se estaba estancando, decidió darle un nuevo rumbo a su actual carrera.


Durante algún tiempo, Kitano había estado pensando en formar un duo cómico con otro comediante. Hacía algún tiempo, había conocido a Kaneko Kiyoshi, más conocido como Jiro, en el lugar donde ambos trabajaban. Aunque tenía algunas dudas, Kitano terminó formando una dupla que sería conocida como “The Two Beats” (el nombre era una clara alusión a la afición por el jazz que tenía Kitano). La dupla alcanzó un éxito inusitado, al punto que pronto serían contratados por un productor de la NHK, la cadena de televisión más grande de Japón, para realizar una presentación televisada. Antes de presentarse, a Kitano se le dió una lista de palabras que no podía decir en televisión; como era de esperarse, el hizo caso omiso de esta lista. El resultado fue que el productor que los contrató fue despedido, y “The Two Beats” obtuvo su propio show de televisión. Su show estaría reinado por el completo absurdo; semana tras semana se dedicarían a sorprender a sus espectadores con sus rutinas verbales y sus ridículas hazañas. Mientras que la crítica los odiaba cada vez más, los espectadores seguían fielmente su show. Eventualmente, sus presentaciones comenzarían a ser monitoriadas por los organismos de censura, los cuales llegarían a retirar del aire a Kitano por un año.

A fines de los setenta, Kitano comenzó a actuar en solitario, intentando alejarse de la comedia para ser considerado como un actor serio. Por esta razón, Kitano aceptaría el rol de un asesino dentro de una serie de televisión, la cual se transformaría en un gran éxito. Kitano continuaría aceptando roles drámaticos en televisión, además de participar como presentador de un programa radial titulado, “All Night Nippon”. Durante ese periodo, él también comenzaría a escribir. Eventualmente, él tuvo que escoger entre su carrera y la de “The Two Beats”, por lo que se separó de su compañero a principios de los ochenta. Durante el resto de la década de los ochenta, Kitano se transformaría en uno de los rostros televisivos más éxitosos de Japón. En 1989, llegaría el debut de Kitano como director con “Violent Cop”, un thriller policíal en el cual también se haría cargo del rol protagónico. Kitano lograría su primer trabajo como director casi por accidente; cuando Kinji Fukasaku abandonó el proyecto debido a su delicado estado de salud, el productor Kazuyoshi Okuyama, jefe de los Estudios Shochiku, pensó obtener algo de publicidad extra al colocar al su estrella tras las cámaras. Afortunadamente para él y para el mismo Kitano, el actor se desenvolvió como un pez en el agua en su nuevo trabajo.

El rudo y frío detective Azuma, no era el primer rol serio que interpretaba Kitano. Él ya había impresionado a las audiencias extranjeras como Hara, el brutal sargento de un campo de prisioneros de guerra en la cinta de Nagisa Oshima, “Merry Christmas Mr. Lawrence” (1983), y había perfeccionado el perfil de yakuza en el film de Yasuo Furuhata, “Yasha” (1985). Esto se sumaba a los distintos roles dramáticos que había interpretado en la televisión. Por este motivo, es justo decir que a fines de los ochenta, el público se estaba acostumbrando a ver a Kitano como un actor serio. En cuanto a su labor como director, si bien el guión no permitía grandes cosas, Kitano realizó un trabajo sumamente eficiente. Aunque inicialmente esta sería la única vez que Kitano ejercería como director, el buen recibimiento de su debut por parte de la crítica lo impulso a dirigir un nuevo film al año siguiente, donde también estaría a cargo del guión.

“Boiling Point” (1990), introduciría una serie de elementos que serían aún más evidentes en sus próximos trabajos. En dicha cinta, dos jugadores de un pequeño equipo de baseball, Masaki y Kazuo, se ven involucrados con los yakuza locales, lo que los lleva a viajar a Okinawa para conseguir un arma y así vengar el ataque sufrido por su entrenador. Ellos cruzarán su camino con Uehara (Takeshi Kitano), un criminal con tendencias homosexuales que es expulsado de su pandilla por intentar robarles dinero. “Boiling Point”, es un trabajo menos cohesionado que el anterior film de Kitano, el cual carece de un personaje central definido. En vez de enfocarse en la dirección, Kitano comenzó a experimentar con el proceso de edición. Debido a esto y a lo débil del guión, la cinta fue un fracaso, lo que derivó en que Kitano abandonara los estudios Shochiku.

El primer film que lanzaría bajo su nueva productora, Office Kitano, sería “A Scene at the Sea” (1991), una producción realizada con un presupuesto escaso para así cuidar las finanzas de la recién inagurada compañia. En esta ocasión, Kitano solo oficiaría de director. Para mantener los costos de producción al mínimo, Kitano filmaría en una playa, prescindiendo del diseño de producción, además de optar por trabajar sin guión (la cinta prácticamente no tiene diálogos). “A Scene at the Sea”, es tal vez el trabajo más minimalista de Kitano, el cual tuvo un éxito moderado. La cinta recibió nominaciones locales a la mejor edición, mejor dirección, mejor guión y mejor banda sonora, además de ganar el premio al mejor film en el Festival de Cine de Yokohama. Su próxima cinta sería planeada como la versión japonesa de “Die Hard” (1988). Era evidente que Kitano no tenía ni la más mínima intención de filmar una cinta de este tipo, pero estaba siendo presionado por el productor Kazuyoshi Okuyama, quien había sido la persona encargada del financiamiento del film. Antes de que la relación entre ambos llegara a un punto de quiebre, Kitano se retiró a una isla a la cual solo se podía llegar en avión, para filmar en secreto una adaptación de la cinta de Jean-Luc Godard, “Pierrot le fou” (1965), la cual títularía “Sonatine” (1993).

Okuyama por su parte, estaba preocupado de lo que podría convertirse en el segundo gran fracaso comercial de Kitano. Pese a las predicciones del productor, “Sonatine” resultó ser una producción exitosa. Lo que fue aún más sorprendente para el productor, es que la cinta logró que Kitano se convirtiera en un director reconocido internacionalmente. Pese al éxito personal que estaba teniendo el director, su vida personal iba cuesta abajo; Kitano se había transformado en un alcohólico, tal y como lo fue su padre. Cuando estaba borracho, el generalmente comenzaba a hablar sobre el suicidio y la muerte. Su alcoholismo y su conducta autodestructiva se atribuyó al estrés al que estaba sometido el director, a lo que se sumaban los problemas matrimoniales que estaba sufriendo. A “Sonatine” le seguiría la comedia absurda, “Getting Any?” (1995), con la cual el director no solo pretendía darle un nuevo giro a su carrera, evitando de esta forma ser encasillado, sino que el proyecto también nació debido a la necesidad que sentía Kitano de burlarse de sus propias bromas. Un tiempo después, Kitano describiría esta cinta como un “suicidio artístico”, admitiendo en cierta forma sus tendencias suicidas.

Después de este oscuro periodo en su vida, el cual incluiría un accidente automovilístico que lo enviaría durante un mes a cuidados intensivos, y lo dejaría con secuelas motoras, Kitano recapacitaría y comenzaría a valorar su vida y su carrera. Para probarse a sí mismo y al público que se estaba recuperando, Kitano interpretó a un asesino a sueldo en la cinta de Ishii Takashi, “Gonin” (1995). Más tarde, comenzaría a dirigir su próximo film, “Kids Return” (1996), el cual estaba basado en un libro del mismo nombre que Kitano había escrito anteriormente. La cinta es una de las producciones más inusuales del director por variados motivos; primero que todo, es una cinta autobiográfica donde muchas de las escenas están basadas en los eventos de la niñez de Kitano. Segundo, es el primer film del director donde el protagonista no muere. Por último, se aprecia un nuevo uso del color. Kitano había comenzado a pintar tras su accidente, como parte de la terapía que pretendía devolverle sus habilidades motoras. Gracias a esta nueva afición, el directo se volvería más consciente del uso de los colores.

“Hana-bi” (1997), es considerada como la pieza central de la filmografía de Kitano. Es la cinta más aclamada del director, ganadora del León de Oro en el Festival de Cine de Venecia, y una serie de otros premios. En este film, Kitano interpreta a Nishi, un hombre atormentado por la misteriosa muerte de su pequeña hija de cinco años, y por el cáncer terminal que afecta a su esposa. Cuando ella está a punto de fallecer, Nishi decide llevarla a un último viaje a través de Japón. La cinta es la más reflexiva del director. Al igual que su anterior trabajo, “Hana-bi” es acerca de seguir adelante cuando piensas que tu vida ha terminado. También habla acerca de dejar de vivir en el pasado para concentrarse en el presente. Con esta cinta, Kitano parecía haberse liberado de sus demonios. Ya no sentía miedo de llegar a viejo, ni tampoco le temía a la crítica que por tantos años había despreciado su trabajo. Las pinturas que había comenzado a realizar el director, cobrarían cierta importancia en la historia. Kitano las utiliza para establecer los personajes, sus emociones, y el mundo en el cual deambulan. Las pinturas de Kitano son tan potentes, que hoy es considerado como un gran pintor en Japón, razón por la cual constantemente tiene sus trabajos en exhibición.

Su próximo trabajo sería la cinta, “Kikujiro” (1999), el cual en un principio se pensó que era otra historia con tintes autobiográficos a causa de título del film (hay que recordar que Kikujiro era el nombre del padre de Kitano). Sin embargo, la cinta consistía en las experiencias vividas por un pequeño niño durante sus vacaciones, donde el nombre del padre de Kitano era el único elemento autobiográfico presente en la cinta. Durante el proceso de filmación de la película, la madre del director se enfermaría gravemente. Poco después de que el film fuese estrenado en el Festival de Cannes, la madre de Kitano falleció a los 95 años. Por otra parte, cuando el director estrenó “Kids Return” en Cannes varios años antes, había conocido al productor Jeremy Thomas. Aunque no se habían visto por 13 años, decidieron juntarse para conversar acerca de sus carreras. En dicha reunión, Kitano le mencionó la idea que tenía para su próximo proyecto, el cual quería filmar en los Estados Unidos.

A Thomas le encantó la idea, pero se demorarían algún tiempo en llevarla a la práctica. Kitano comenzaría a confeccionar el guión de “Brother” (2000), durante la realización de “Kikujiro”. El hecho de realizar la cinta en norteamérica le presentó más de algún problema a Kitano y a Thomas. Para el productor, nació la necesidad crear el mismo ambiente que el director utilizaba en Japón durante la filmación de sus proyectos. Para Kitano en cambio, el problema era conseguir algo de tiempo libre, ya que entre su trabajo en televisión, el tiempo que dedicaba a escribir libros y guiones, y a su trabajo como director, no podía permanecer en los Estados Unidos por mucho tiempo. Kitano originalmente había pensado en “Brother” como una secuela de “Sonatine”, pero eventualmente terminó cambiando de parecer. Esta cinta sería la última entrada de su “periodo contemplativo”, que se inició con “Kids Return”, y para Kitano, sería la mejor demostración de que su rehabilitación por fín se había completado.

Durante este periodo, Kitano tendría una participación importante en la cinta de Kinji Fukasaku, “Battle Royale” (2000), como un sádico profesor a cargo de una batalla a muerte entre los alumnos de una determinada escuela. Además obtendría un rol en la cinta de Nagisa Oshima, “Gohatto” (1999). Mientras tanto, la reputación de Kitano lo ubicó como protagonista de dos documentales europeos; “Cinema of our Time: Takeshi Kitano, the Unpredictable” (1999), del director Jean-Pierre Limosin, y “Scenes by the Sea: Takeshi Kitano” (2000), del director Louis Heaton, el cual se centraba en la producción de “Brother”. Para su próximo trabajo, Kitano se ubicaría nuevamente tras las cámaras. “Dolls” (2002), es una cinta compuesta por tres historias basadas en el tema del amor eterno. Sin duda esta es el film más flojo del director hasta la fecha, razón por la cual en su momento fue destrozada por la crítica. Por otro lado, su siguiente proyecto sería considerado como uno de sus mejores trabajos. En “Zatoichi” (2003), Kitano oficia como director y protagonista de una de las mejores cintas de héroes realizadas en Japón. Con su proyecto más comercial hasta la fecha, Kitano reconstruye el mito de Zatoichi, el espadachín ciego, integrando estilizadas rutinas de baile, y un colorido que llama inmediatamente la atención. Por esta cinta, Kitano ganaría el premio al mejor director en el Festival de Cine de Venecia.

Tras esto, Kitano tendría un pequeño papel en la cinta de Takashi Miike, “Izo” (2004), seguiría trabajando en distintos shows de televisión, y dirigiría tres nuevas comedias; mientras que en “Takeshis´” (2005) y “Glory to Filmmaker!” (2007), el director intenta burlarse de sí mismo, de su carrera y de su alter ego, “Beat Takeshi”, en “Achilles and the Tortoise” (2008), la historia no estaría ligada a su figura. Estas tres cintas conformarían la que sería llamada como la "trilogía acerca de la figura del artísta". Luego de haber vivido por más de veinte años siendo el centro de interés en su natal Japón, tiempo en el que conoció el éxito y descendió al peor de los infiernos, Kitano logró formar una reputación que le permite tener cierta flexibilidad para seleccionar sus proyectos. En todos sus proyectos, ya sea dentro o fuera del cine, Takeshi Kitano ha sabido marcar diferencias, exponer su originalidad y sobreponerse a las dificultades que se le han presentado. Si hay algo que podemos afirmar con seguridad, es que Kitano nos seguirá sorprendiendo gratamente en el futuro.




por Fantomas.

lunes, 27 de julio de 2009

Streets of Fire: Rock, violencia y un grupo de rebeldes.

“Streets of Fire” (1984), es un musical de acción del director Walter Hill, el cual está protagonizado por Michael Paré, Diane Lane, Rick Moranis, Amy Madigan, y Willem Dafoe.

Un grupo de motoristas liderados por el sádico Raven (Willem Dafoe), secuestran a la cantante de rock Ellen Aim (Diane Lane). Sólo su ex-novio, un mercenario llamado Tom Cody (Michael Paré), podrá rescatarla, aunque para eso necesitará la ayuda de Billy Fish (Rick Moranis), el actual amor de Ellen, y de una ex-soldado llamada McCoy (Amy Madigan), una chica tan ruda como el propio Cody.


“Una fábula de Rock & Roll”, así es como el director Walter Hill define esta cinta desde un principio de la misma. El concepto de “Streets of Fire” nació durante la realización del film “48 Hrs.” (1982), el cual sirvió para reunir a Walter Hill con los productores Lawrence Gordon y Joel Silver, y con el guionista Larry Gross. Según Hill, la cinta se originó por su deseo de realizar lo que él pensó que sería la película perfecta cuando era adolescente, la cual debía reunir una serie de elementos por los cuales él sentía cierto afecto, como por ejemplo autos refaccionados, besos bajo la lluvia, luces de neón, persecuciones a alta velocidad, peleas, estrellas de rock, motocicletas, chaquetas de cuero, y cuestiones de honor, entre otras cosas. Los cuatro hombres comenzaron a planear lo que sería la cinta mientras completaban las filmaciones de “48 Hrs.”. Una vez que Gross y Hill terminaron el guión, se lo presentaron a los ejecutivos de la Universal, quienes no tardaron en darle luz verde al proyecto.

Ya que el centro de la cinta es la música rock, no resulta tan extraño que Hill y compañía seleccionaran el título de una de las canciones del disco de Bruce Springsteen, “Darkness on the Edge of Town” (1978), como el título del film. Debido a la serie de problemas que surgieron durante las negociaciones de los derechos de la canción de Springsteen, la producción tuvo que ser aplazada en múltiples ocasiones. Aunque en un principio se pretendía incluir la canción en la banda sonora, cuando Springsteen se enteró de que la canción sería re-grabada por otros vocalistas, no permitió que esta fuera utilizada. Fue entonces cuando se contrató a el compositor Jim Steinman (famoso por sus colaboraciones con Meat Loaf y Air Supply) para que escribiera la canción de apertura y cierre de la cinta, reemplazando de esta forma la canción de Springsteen con “Tonight is What it Means to be Young”, la cual es interpretada por el personaje de Diane Lane.

En cuanto al reparto del film, Hill seleccionó a un grupo de actores relativamente desconocidos. Michael Paré solo había realizado dos cintas antes de trabajar en “Streets of Fire”, de las cuales una ni siquiera había sido estrenada aún. Para el director, Paré era el único actor que él consideraba apropiado para el papel, debido a que presentaba una combinación de rudeza e inocencia. En cuanto a Diane Lane, el papel de la cantante de rock de 28 años Ellen Aim, fue escrito pensando en ella. El problema era que en aquel entonces la actriz solo tenía 18 años, por lo que Lane sentía que era demasiado joven para el rol. De todas formas terminó involucrándose en el proyecto, dejando gratamente impresionado a Hill, quién decidió escribir nuevas escenas para la actriz a medida que avanzaban las filmaciones. La última en integrarse al elenco fue Amy Madigan, quien si bien en un principio había audicionado para otro papel, terminó convenciendo a Hill y Silver de que era capaz de interpretar el rol de McCoy (que había sido escrito pensando en un hombre con sobrepeso). A Hill le gustó la idea y terminó incluyéndola en el proyecto.

Una vez iniciado el film, el director rápidamente se encarga de anunciar que la historia se sitúa en “otro tiempo y otro lugar”, sin especificar de qué lugar y que tiempo está hablando. Perfectamente podría tratarse de un futuro distópico, o de un universo paralelo (el universo del Rock & Roll), donde la ropa utilizada es una mezcla de los estilos propios de los cincuenta y los ochenta, las ciudades están conformadas por sucios callejones y vías de ferrocarril elevadas (Hill se dedicó a recrear algunas de las locaciones que había visitado en Chicago), y las calles están pobladas de automóviles vintage y motociclistas furiosos. Los pobladores del pequeño pueblo donde transcurre la historia parece estar dividido entre fans del rock, policías y pandilleros, donde estos últimos dominan por completo el vecindario sin que nadie les coloque mucha resistencia. En más de un sentido, se presenta un estilo estético y temático propio de los cincuenta, bajo un contexto ochentero dominado por las luces de neón y la música rock.

Desde un principio resulta evidente que “Streets of Fire” es una amalgama de los principales mitos y símbolos norteamericanos. Al mismo tiempo, es una suerte de cuidado homenaje al rockero rebelde y al western clásico norteamericano. Hill nos presenta este mundo y a sus personajes con una estética y una narrativa cercana a la del cómic (tal vez por eso esta cinta ha sido reconocida como una marcada influencia para algunos realizadores de anime), donde cada secuencia es visualmente atrayente, los diálogos ayudan a conformar este universo paralelo, y las acciones están al servicio de la entretención del espectador. Dentro de la narración episódica existen algunas secuencias que, por exageradas que parezcan (como por ejemplo el ataque de Tom Cody y compañía a la guarida de la pandilla liderada por Raven), resultan coherentes dentro del contexto en el que se presentan. Y es que Hill realiza esta cinta sin más pretensiones que entretener al espectador, utilizando una serie de los elementos que él consideraba indispensables en la película de sus sueños que imaginó cuando era adolescente.

En el campo de las actuaciones se destacan Willem Dafoe, quien hace un estupendo trabajo personificando al despiadado Raven; Amy Madigan, que construye un personaje completamente creíble, que podría ser considerada como una de las chicas más rudas que se ha visto en la pantalla grande; y Rick Moranis, quien cambia su papel habitual del tipo algo tonto pero querible, por el de un personaje completamente desagradable y egoísta. Michael Paré por su parte, realiza un trabajo correcto, mientras que Diane Lane tiene muy pocas líneas de diálogo por lo que por momentos pareciera ser más un personaje secundario que la verdadera protagonista de la cinta. Donde más se luce la actriz es doblando arriba del escenario las canciones escritas por Jim Steinman, en secuencias que se asemejan bastante a la estética esperada de un video musical de la época. En este caso, la banda sonora escrita por Ry Cooder, se convierte en un personaje protagónico más, y resulta ser uno de los puntos más altos del film junto con la cuidada fotografía de Andrew Laszlo.

Aunque “Streets of Fire” se suponía que era la primera parte de una trilogía que pretendía narrar las aventuras de Tom Cody, los pobres resultados de taquilla que obtuvo la cinta echaron por la borda el proyecto. Con el correr del tiempo, “Streets of Fire” ganó el estatus de film de culto por la curiosa mezcla de elementos que presenta, lo que la convierten en una suerte de producción atemporal. Además la cinta presenta un ritmo frenético, que solo se detiene para presentar algunos números de rock. La historia presenta explosiones, persecuciones, e incluso una pelea callejera entre Tom Cody y Raven, los cuales utilizan mazos como arma de elección. Puede que “Streets of Fire” no sea la mejor película del director Walter Hill, pero sin duda es una de las más entretenidas y es una buena recomendación para aquellos amantes de la música rock, o para aquellos que quieran ver algo completamente diferente.



por Fantomas.

domingo, 26 de julio de 2009

Spaghetti Western: El lejano oeste según un puñado de realizadores italianos.

Entre 1965 y 1975, en Europa se realizaron alrededor de 600 Westerns. Los críticos norteamericanos que se dedicaron a atacar o ignorar estas cintas, las nombraron de manera peyorativa “Spaghetti Westerns”, debido a que en su gran mayoría estaban financiadas por productoras italianas. En Europa desde siempre existió un interés por el género del western; los pocos westerns que se filmaron antes de la década del sesenta, en su gran mayoría son obras que continúan siendo desconocidas por gran parte del público. En 1960, la producción de westerns norteamericanos había comenzado a menguar debido a los cambios que estaba experimentando el mercado cinematográfico de la época, además de los crecientes problemas de distribución hacia Europa que estaban sufriendo estas cintas. Por este motivo, los productores europeos comenzarían a explotar el género que les había sido tan esquivo mediante algunos films españoles de “El Zorro”, y unas mediocres imitaciones de los westerns serie B norteamericanos. La única excepción fue la cinta de Michael Carreras, “Savage Guns” (1961), protagonizada por Richard Basehart y Alex Nichol, la cual demostró que si se podían realizar westerns de calidad aceptable fuera de norteamérica.

En 1962, el productor alemán Horst Wendlandt y el director Harald Reinl, se asociaron para realizar “The Treasure of Silver Lake”, la cual estaba basada en algunas de las historias del escritor alemán Karl May. Filmada en la ex Yugoslavia con el actor norteamericano Lex Barker y el francés Pierre Brice, la cinta gozó de una gran popularidad entre las audiencias europeas. Pronto, otros productores se sumarían a la creciente fiebre por los westerns, por lo que para el año 1964 ya se habían filmado alrededor de dos docenas de westerns alemanes, italianos y españoles. La calidad de estas producciones era en general mediocre, y presentaban una estética similar a la vista en los clásicos peplums. El film más destacable de este periodo sería “Gunfight at Red Sands” (1963), del director Ricardo Blasco, el cual estaría protagonizado por Richard Harrison, actor que participaría en 17 spaghetti westerns.


Sería entonces cuando aparecería un director llamado Sergio Leone con un guión basado en la cinta de Akira Kurosawa, “Yojimbo” (1961); $200.000 dólares de presupuesto; un actor norteamericano llamado Clint Eastwood; y una banda sonora del compositor Ennio Morricone. “A Fistful of Dollars” (1964) es una cinta violenta y llena de cinismo, la cual sirve para presentar al “hombre sin nombre”, un pistolero egoísta cuya única motivación es el dinero. Muchos de los films que fueron realizados después de esta película siguieron la fórmula del pistolero solitario en busca de dinero. El estilo único de Leone, los artísticos ángulos de cámara, el tiempo narrativo, y la cruda y explosiva violencia que grafica esta torcida representación de lejano oeste, transformaron a esta cinta en algo único y completamente innovador. Mientras que los críticos atacaron esta descripción brutal del viejo oeste, para los espectadores fue amor a primera vista, por lo que finalmente el Spaghetti Western logró despegar gracias a sus propios méritos.

El éxito de “A Fistful of Dollars” provocó que cada vez más productores comenzaran a financiar una mayor cantidad westerns con más altos presupuestos. Leone se apresuró a filmar una secuela titulada “For a Few Dollars More” (1965), esta vez juntando a Eastwood con Lee Van Cleef, quien interpreta a un cazador de recompensas que se terminará asociando con el personaje de Eastwood para atrapar a un peligroso criminal. El éxito de esta segunda cinta terminó de cimentar la reputación de Leone como un director de westerns, y catapultó la carrera internacional de Eastwood, Van Cleef, y el compositor Ennio Morricone. “The Good, the Bad and the Ugly” (1966), protagonizada por Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach, completaría la "trilogía del dólar" de Leone. Este film, que transcurre durante la Guerra Civil Norteamericana, es por muchos considerada como la pieza clave del Spaghetti Western. Es tal la importancia de esta cinta, que muchos de sus elementos, desde la estética utilizada por Sergio Leone, hasta la inconfundible e inolvidable banda sonora de Morricone, han servido de inspiración para múltiples producciones tanto del cine como la televisión, a través de los años.


Si a Sergio Leone se le atribuye la definición del estilo del Spaghetti Western, es justo decir que Morricone marcó la pauta de la música del género. Sus composiciones se transformaron en una parte importante de las cintas de Leone, acentuando cada una de las acciones presentadas en los trabajos del director. Mientras que un gran número de compositores intentó copiar el estilo de Morricone, otros como Carlo Rustichelli, Piero Piccioni, Francesco DeMasi, y Angelo Lavagnino, lograron imprimirle su propio sello a las bandas sonoras que crearon. DeMasi, uno de los compositores más prolíficos del Spaghetti, escribió las bandas sonoras de 35 cintas entre las cuales están; “Ringo the Lone Rider” (1967), “Payment in Blood” (1968), y “Any Gun Can Play” (1968), entre otras. Por otro lado, Bruno Nicolai, quien trabajó por muchos años junto a Morricone, compuso algunas de las mejores bandas sonoras del Spaghetti Western como por ejemplo la de “Run, Man, Run” (1968), y “Adiós Sabata” (1970). Es tal la importancia de las bandas sonoras en estos films, que algunos seguidores del género señalan a la música como el elemento más significativo del Spaghetti Western.

Para 1966, el Spaghetti Western se encontraba en su punto más alto. Durante esa época emergerían directores como Sergio Corbucci, quien con “Django” (1966) introdujo el tema de la venganza en el género, además de aumentar la cuota de violencia de manera considerable (lo que provocó que la cinta fuese censurada en varios países). La brutalidad y el alto número de muertos pasaron a formar parte de la fórmula del spaghetti, lo que provocó que los críticos no tomaran en cuenta gran parte de las producciones pertenecientes al género. “Django” generó más de treinta secuelas, de las cuales solo existió una oficial. Una de las secuelas más bizarras es la llamada, “Django Kill!” (1967), del director Giulio Questi, la cual está protagonizada por Tomas Milian y es considerada como el más brutal de los spaghetti western. La cinta alcanza niveles surrealistas debido a la presencia de humillaciones, torturas, vampiros, una crucifixión, y un ejército de bandidos homosexuales. Otro personaje que protagonizaría un buen número de spaghetti westerns sería Ringo (Montgomery Wood), quien sería presentado por primera vez en los films de Duccio Tessari, “A Pistol for Ringo” (1965) y “Return of Ringo” (1965).

Algunos directores aprovecharían el género para plasmar ideas políticas de izquierda en algunos de sus trabajos, como es el caso de Sergio Sollima en “The Big Gundown” (1966), considerado como el mejor Spaghetti Western no dirigido por Leone; “Face to Face” (1967), y “Run, Man, Run” (1967). Otros directores que se sumarían a Sollima serían; Damiano Damiani con “A Bullet for the General” (1966); Giulo Petroni con “Tepepa” (1967); y Sergio Corbucci con “The Great Silence” (1967), “A Professional Gun” (1968), y “Compañeros!” (1970). Pese a esto, la mayoría de los Spaghetti Westerns no pretendían ser más que sencillas cintas de acción dirigidas al público promedio. El director Enzo Girolami (más conocido como Enzo G. Castellari) se especializó en films simplones pero entretenidos como “Payment in Blood” (1968) y “Any Gun Can Play” (1968). Además posee la curiosa distinción de haber sido responsable de uno de los peores exponentes del Spaghetti Western; “Cipolla Colt” (1975), y uno de los mejores; la mística “Keoma” (1975). Demofilo Fidani sería otro de los directores que dirigiría un buen número de westerns de bajo presupuesto como “Django and Sartana are Coming....It´s the End” (1970), y “Go Away! Trinity Has Arrived in Eldorado” (1972). Otros directores prolíficos del género serían Alfonso Balcazar, Giuliano Carmineo, Roberto Montero, Mario Caiano, Ignacio Iquino, y Primo Zeglio.

Por otra parte, muchos actores norteamericanos que poblaban las producciones serie B realizadas en su tierra natal, probarían suerte en Europa convirtiéndose en estrellas de los Spaghetti Westerns. Luego de trabajar con Leone, Lee Van Cleef participó en “The Big Gundown” (1966), “Death Rides a Horse” (1967), “Beyond the Law” (1968), y “Sabata” (1969), entre muchas otras. Para principios de los setenta, Van Cleef se había convertido en una de las más grandes estrellas del género. Otros actores como Gilbert Roland, Stephen Boyd, Edd Byrnes, Broderick Crawford, Mark Damon, John Ireland, Ty Hardin, Guy Madison, Lex Barker, y muchos otros, encontraron trabajo en los Spaghettis cuando sus carreras a nivel local habían decaído. Los Spaghettis también sirvieron para lanzar las carreras de un buen número de actores europeos, algunos de los cuales ocuparían seudónimos como por ejemplo el actor Giuliano Gemma, que en ocasiones trabajaba bajo el seudónimo de Montgomery Wood. Franco Nero por su parte, trabajaría junto a Lucio Fulci en, “Tempo di massacro” (1966); con Ferdinando Baldi en “Texas, Adios” (1966); y en un buen número de cintas de Sergio Corbucci, quien en una ocasión mencionaría, “Ford tuvo a John Wayne, yo tengo a Franco Nero”.

Otro actores destacados del género son el nativo de Cuba, Tomas Milian, quien trabajase junto a Eugenio Martin en “The Ugly Ones” (1966), y interpretaría a revolucionarios en las mejores cintas de Sollima y Corbucci; el británico George Hilton realizaría 22 westerns, en los cuales usualmente interpretaría a misteriosos y solitarios pistoleros; el alemán Klaus Kinski por su parte, cuya interpretación más conocida dentro del género sería la del jorobado de “For a Few Dollars More”, se especializaría en interpretar a asesinos psicópatas. Otros actores que comúnmente aparecerían en los distintos Spaghettis serían Gian Maria Volonte, Gianni Garko, Anthony Steffen, y George Martin. Siendo un género dominado por hombres, no es común ver a mujeres interpretando roles importantes. Algunas excepciones donde existen personajes femeninos importantes serían las cintas; “Viva Maria!” (1965), de Louis Malle; “Once Upon a Time in the West” (1968), de Sergio Leone; y “The Legend of Frenchie King” (1971) y “Hannie Caulder” (1971), de Burt Kennedy. Por lo general, los personajes femeninos de los Spaghettis serían prostitutas, viudas, mujeres golpeadas, o víctimas de asesinato, razón por la cual algunos críticos se quejaron de la naturaleza misógina de estos films (además se tildó a estas producciones de racistas debido a que la presencia de gente de color era casi inexistente, y que los mexicanos eran retratados por lo general como curas o bandidos).

Las locaciones donde se filmarían estas películas serían casi tan importantes como los mismos actores. La gran mayoría de los Spaghetti Westerns serían filmados en España, usualmente en la ciudad costera de Almería. Dicho lugar se asemejaba al suroeste norteamericano, razón por la cual las historias de la mayoría de estos films transcurrían en la frontera con México. Los westerns alemanes por su parte, utilizarían en su gran mayoría la región montañosa alrededor de la ciudad croata de Split. Otras locaciones utilizadas serían los Alpes italianos, Sudáfrica, y las Islas Canarias. Por otra parte, tanto “Once Upon a Time in the West” (1968) de Leone, como “My Name is Nobody” (1973) de Tonino Valerii, serían filmadas en norteamérica, específicamente en Monument Valley, Utah. Precisamente, “Once Upon a Time in the West” es el homenaje de Sergio Leone a los westerns de John Ford, Howard Hawks, y otros directores destacados del western clásico. Con un presupuesto digno de una producción hollywoodense y un elenco conformado por Henry Fonda, Charles Bronson, Jason Robards y Claudia Cardinale, la cinta es hoy considerada como uno de los grandes clásicos del género.

La popularidad de los Spaghetti Western generó un resurgimiento de los westerns en norteamérica (muchas de estas producciones también fueron filmadas en España). Mientras que algunos directores intentaron sin éxito imitar el estilo de los Spaghettis, otros aprovecharon de buena manera la popularidad (y parte del estilo) de los Spaghettis Westerns. Cintas como “The Professionals” (1966), de Richard Brooks; “Will Penny” (1967), de Tom Gries; “Butch Cassidy and the Sundance Kid” (1969), de George Roy Hill; y “The Wild Bunch” (1969), de Sam Peckinpah, aprovecharon la popularidad del nuevo western y se convirtieron en clásicos del género. Ya para principios de los setenta, las historias comenzaron a ser más artificiales y los personajes más absurdos, dejando en evidencia el desgaste del género. Personajes como Sartana o Django comenzaron a trabajar en equipo cada vez con más frecuencia, y la originalidad de las historias y las caracterizaciones dieron paso al completo tedio. Los protagonistas clásicos comenzaron a actuar más como James Bond, utilizando armas sofisticadas y cada vez más increíbles.

La revitalización del género vino de la mano del ex-camarógrafo Enzo Barboni, quien utilizando el seudónimo de E.B. Clucher realizó las comedias, “They Call Me Trinity” (1970) y “Trinity is Still My Name” (1974), las cuales sirvieron para lanzar a la fama a los actores Terence Hill (Mario Girotti) y Bud Spencer (Carlo Pedersoli, quien fue nadador olímpico). A estas cintas les seguirían un par de westerns cómicos como por ejemplo “Man of the East” (1973), del mismo Barboni; “Life´s Tough, Eh Providence?” (1972), de Giulio Petroni; y “Carambola” (1975), de Ferdinando Baldi. Ya para mediados de los setenta, con el surgimiento de otros géneros como el cine de artes marciales, los cuales llamaron la atención de los espectadores ávidos de acción, el Spaghetti Western desapareció por completo. Ocasionalmente aparece un nuevo Spaghetti Western que viene a recordarnos la época dorada del género, como por ejemplo “Lucky Luke” (1995) y “Troublemakers” (1995), de Terence Hill; o “Sons of Trinity” (1996), de E. B. Clucher. Más allá de la opinión de los críticos acerca del Spaghetti Western, este fue un género de una gran importancia e influencia en la historia del cine. Hasta el día de hoy se puede ver la influencia del género en cintas de acción modernas, como por ejemplo en la “trilogía del mariachi” de Robert Rodríguez. Un género caracterizado por tipos rudos sin Dios ni ley, donde la música jugaba un factor tanto o más importante que el resto de los elementos que conformaban dichas producciones, se las ha arreglado para sobrevivir todos estos años a través de un buen número de clásicos y cintas de culto.




por Fantomas.

jueves, 23 de julio de 2009

Zombie 2: El mito de los zombies según Lucio Fulci.

“Zombie 2” (1979), es un film de terror del director Lucio Fulci, el cual está protagonizado por Tisa Farrow, Ian McCulloch y Richard Johnson.

Un barco sin tripulación llega hasta la costa de Nueva York. Cuando la policía procede a investigar la embarcación, un zombie aparece de forma repentina y ataca a uno de los detectives. Es entonces cuando un periodista llamado Peter West (Ian McCulloch) junto a Anne Bowles (Tisa Farrow), la hija del propietario del barco, deciden viajar hasta una isla sudamericana para averiguar lo que en verdad sucedió con la tripulación que originalmente viajaba en la embarcación.

Cuando en Italia se estrenaron las dos primeras cintas de zombies del director George Romero, “Night of the Living Dead” (1968) y “Dawn of the Dead” (1978), ambas gozaron de una enorme popularidad. Lo que muy poca gente sabía era que “Dawn of the Dead” había recibido financiamiento por parte de algunos estudios italianos, gracias a la participación del director Dario Argento como productor del film. Debido a que dicha película fue estrenada en Italia bajo el nombre de “Zombie”, cuando Lucio Fulci expresó sus deseos de rodar una cinta centrada en la inminente amenaza de un grupo de no-muertos, los productores a cargo del proyecto rápidamente pensaron en estrenar el film bajo el título de “Zombie 2”, decisión que no solo generaría una gran confusión entre el público, sino que además enfadaría bastante a Fulci, quien eventualmente optaría por dejar el aspecto comercial de la cinta de lado para centrarse por completo en el contenido de la misma. Es así como una vez que Elisa Briganti y Dardano Sacchetti terminaron la confección del guión, Fulci conformó al elenco el cual estaría liderado por la hermana de Mia Farrow, Tisa, y preparó todos los detalles para viajar junto a su equipo de filmación a las Bahamas, lugar escogido para el rodaje del film.

Con relación al contenido de la cinta, Fulci declararía en una entrevista: “Yo quería recapturar la atmósfera de brujería y paganismo que debe haber prevalecido cuando los colonos europeos se asentaron en el Caribe en el año 1700. Fue entonces cuando el concepto de zombies, que no son otra cosa que esclavos humanos que regresaban de la muerte, se popularizó en la civilización occidental”. Es por este motivo que no resulta extraño que a diferencia de los zombies presentes en las cintas de Romero, los cuales se levantan de sus tumbas sin razón aparente, los muertos vivientes presentes en el universo creado por Fulci están estrechamente ligados a la práctica de magia negra. En otra entrevista, el director admitiría que una de las grandes ventajas del film consistía en el hecho de que al mismo tiempo que respetaba ciertas convenciones del género, estaba dispuesto a experimentar en beneficio de crear un producto más atractivo y entretenido. Con respecto a esto, Fulcí declararía lo siguiente: “Siempre sentí admiración por los maravillosos clásicos del cine de terror realizados en Norteamérica. De hecho, cintas como `I Walked With a Zombie´, ´Voodoo Island´ y ´The Walking Dead´ se me vinieron a la mente cuando estaba realizando esta película. Sin embargo, ´Zombie 2´ presenta algunos elementos que nunca se han visto en una producción de este tipo”.

Uno de los elementos innovadores a los que probablemente se refería el director, es la famosa y extravagante secuencia submarina en la cual un zombie se enfrenta a un tiburón. Esto no es más que un reflejo de la principal preocupación de Fulci a lo largo del film: la creación de imágenes perturbadoras y provocativas. A diferencia de los zombies de Romero, quienes se conservan bastante bien para haberse estado pudriendo bajo tierra, los muertos vivientes del director italiano son claramente repulsivos al punto de la náusea. De hecho, la mayoría se caracteriza por presentar cuerpos absolutamente descompuestos, los cuales están cubiertos por gusanos que se alimentan de su carne. En cierta medida, los zombies de Fulci obligan al espectador a confrontar la horrenda realidad que le espera tras la muerte. Por otro lado, la violencia gráfica que presenta el film es igualmente perturbadora. A las ya clásicas escenas en las que un grupo de zombies se alimenta de la desafortunada víctima de turno, se agrega una brutal escena en la que una muchacha es asesinada tras ser atacada con una puntiaguda astilla de madera en uno de sus ojos. Por último, Fulci inserta una serie de escenas claramente pesimistas, en las que un doctor tras cubrir a un grupo de pacientes recientemente fallecidos, procede a dispararles en la cabeza para prevenir que estos se conviertan en zombies, dejando patente la idea de que el horror presente en “Zombie 2” no solo es en extremo visceral, sino que también tiene una rama psicológica.

Por otra parte, el simple hecho de que la historia se desarrolle en un escenario caribeño, cuna del mito relacionado con los muertos vivientes, de inmediato le imprime un cariz distintivo a un film que busca constantemente elevar el grado de ansiedad del espectador. Y es que al trasladar la acción a la tierra del vudú, Fulci da inicio a un segundo apocalipsis; el apocalipsis de la razón. Una vez que la raíz de la amenaza zombie es despojada de una explicación lógica, como bien pueden ser los efectos de la radiación o la propagación de un peligroso virus, la única explicación posible recae en los terrenos de lo sobrenatural y lo religioso, lo que resulta aún más intranquilizador. La subversión de la realidad tangible rápidamente se convierte en una experiencia aterrorizadora tanto para los protagonistas como para el espectador, quienes ven con impotencia como el mundo que antes creían conocer se torna totalmente extraño e incomprensible. Cabe mencionar que esta sensación de desconexión con el mundo real, es plasmada por Fulci desde la primera escena del film, la cual fue rodada de manera ilegal en Staten Island. En dicha escena, mediante el uso de cámaras portátiles, el director desorienta al espectador al mismo tiempo que inserta la amenaza encarnada por los muertos vivientes, quienes claramente se acercan a la famosa ciudad norteamericana con bastante apetito.

En el ámbito de las actuaciones, el elenco en general realiza una labor bastante mediocre. Y es que tampoco contaban con un material que les permitiera lucir a cabalidad sus escasos dotes actorales. Para Fulci, el desarrollo de los personajes no es un tema prioritario, por lo que no resulta extraño que los protagonistas solo se limiten a reaccionar ante las situaciones a las que se ven expuestos. En cierta forma, la única función de los protagonistas consiste en presentarle al espectador el súbito levantamiento de los muertos. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el correcto trabajo de fotografía de Sergio Salvati, y la atmosférica banda sonora de los compositores Fabio Frizzi y Giorgio Cascio, quienes mediante la utilización de sintetizadores logran crear un par de piezas musicales que resultan efectivas a la hora de aumentar los grados de angustia del espectador. Sin embargo, quien sin lugar a dudas se roba el espectáculo es Gianutto De Rossi, quien no solo estuvo a cargo del trabajo de maquillaje, sino que también de gran parte de los efectos especiales del film, los cuales son increíblemente realistas e impactantes, más aún teniendo en consideración el escaso presupuesto con el que contaba la producción.

Desde el inicio del film, Fulci le deja en claro al espectador que no está en posición de ofrecerles un final feliz a los protagonistas, sino que tan solo está dispuesto a ofrecerles la oportunidad de sobrevivir al apocalipsis zombie al que se ven enfrentados. Y es que cuando el mundo que conocemos cambia drásticamente, las leyes que antes se creían universales desaparecen por completo, obligando al ser humano a adaptarse a su nueva realidad si es que desea sobrevivir. “Zombie 2” es en esencia una película macabra y pesimista, que sentó un precedente dentro del cine de terror en lo que se refiere a los niveles de violencia y brutalidad, los cuales sobrepasaron todo lo visto hasta ese entonces. Todo lo antes mencionado colaboró para que “Zombie 2” resultara ser todo un éxito comercial, lo que marcaría el inicio de la tensa pero fructífera relación artística y comercial entre Fulci y el productor Fabrizio De Angelis. La irrupción del director italiano dentro del cine de zombies no solo se convertiría en una de las entradas más surrealistas, desafiantes y únicas del siempre llamativo subgénero, sino que además se convirtió en la prueba más tangible de que Fulci era capaz de tomar una historia marcada por una narrativa absolutamente lineal, y llevarla a niveles completamente insospechados.




por Fantomas.

Series de Televisión: "The Avengers", la serie de espias más exitosa de la televisión británica.

“The Avengers” (1961-69), fue una serie creada por Sidney Newman, el jefe del área dramática de la Associated British Corporation (ABC). Newman era un productor canadiense de cine y televisión, el cual por un tiempo había estado produciendo documentales junto con John Grierson en la National Film Board de Canadá, durante la Segunda Guerra Mundial, antes de convertirse en el director de largometrajes y emisiones extranjeras de la Canadian Broadcasting Corporation en 1953. En el año 1958, Newman se mudó a Inglaterra para asumir el cargo de productor de la serie de la ABC, “Armchair Theatre” (1956-1974), la cual presentaba historias dramáticas enfocadas en personajes humildes con problemas sociales. “The Avengers”, estaba pensada para contrapesar el éxito de estos dramas realistas. De acuerdo con el guionista Brian Clemens, lo único que hizo Newman fue inventar el nombre de la serie, y que tras mencionárselo le dijo, “es un buen título, así que ahora ve y haz algo con él”.

“The Avengers” sería lanzada como el sustituto de el drama criminal de la ABC, “Police Surgeon” (1960), la cual durante 13 episodios había fusionado los dos géneros más populares de la televisión; el drama médico y las historias policiales. El show estaba protagonizada por Ian Henry como el Dr. Geoffrey Brent, el cual era llamado a atender a las víctimas de diversos crimenes, encontrando por lo general pistas que la policía había pasado por alto. Aunque la serie no fue muy bien recibida, Hendry se volvería un actor muy popular entre la audiencia. Newman estaba decidido a explotar la figura de Hendry en una serie de una hora de duración, en la cual interpretaría a un personaje honorable con una gran destreza física. El productor también pensaba que era mejor abandonar el realismo presente en “Police Surgeon”, y utilizar el formato de un thriller de acción y aventuras. Si bien en un principio, “The Avengers” iba a ser la continuación directa de “Police Surgeon”, esto cambiaría al poco tiempo. El personaje de Hendry se llamaría David Keel, y sería un doctor que investigaría la muerte de su prometida, en compañia del agente secreto John Steed (Patrick Macnee). Una vez que la dupla encuentra a los responsables del asesinato, Keel se une a Steed en su lucha contra el crimen.


En un principio, Keel era el protagonista de la serie y la consciencia de la dupla, mientras que Steed era un personaje más cínico y despiadado, un agente encubierto profesional, cuyos empleadores no serían revelados por el momento. La primera temporada de la serie, compuesta por 26 episodios no fueron bien recibidos por la crítica. Los productores, para dejar en claro que no se trataba de una serie de detectives, en algunos episodios incluyeron a un personaje llamado “One-Ten” (Douglas Muir), el cual se encargaba darle información y asignarle las misiones a Steed. Dicho recurso servía para legitimar el hecho de que “The Avengers” era una serie de agentes secretos profesionales. La dupla conformada por Keel y Steed solo duraría durante la primera temporada. Debido a una huelga de actores, las grabaciones de la segunda temporada tuvieron que ser suspendidas por un tiempo. Durante ese tiempo, Hendry abandonaría el show con el fin de perseguir su carrera como actor de cine (aunque volvería a interpretar a otro personaje en un episodio de “The New Avengers” en 1976). Para la segunda temporada, el personaje de Macnee sería promovido a estrella del show, realizando algunos cambios en su apariencia y personalidad.

Los cambios se enfocaron especialmente en el look del personaje (la idea de que Steed ocupara un paraguas fue inspirada en el protagonista de la cinta, “Q Planes”, de 1939). Steed se transformaría en una especie de dandy, aunque conservaría parte de su cinismo y su rudeza. Los cambios en el personaje de Macnee, ayudaron a separar a Steed del prototipo de los investigadores privados utilizado en norteamérica, para acercarse al refinado héroe tan típico del cine y la televisión inglesa. La nueva fórmula utilizada por “The Avengers”, le permitía a Steed contar con los servicios de una serie de compañeros. Los tres primeros episodios de la segunda temporada continuarían con el tema de un médico como compañero de Steed, con el personaje llamado Dr. Martin King (Jon Rollason), el cual fue incluído con el único propósito de utilizar algunos de los guiones que habían sido escritos pensando en la participación de Ian Hendry. Después de eso, Steed solo tendría ayudantes femeninas empezando con Venus Smith (Julie Stevens), una cantante de un nightclub que aparecería en seis episodios, para continuar con Catherine Gale (Honor Blackman), una sexy viuda con un doctorado en antropología y un cinturón negro en judo.

El personaje de Blackman sería el que mayor impacto causaría en la audiencia, razón por la cual ella seguiría interpretando a la compañera de Steed durante toda la tercera temporada. De hecho, fue con la llegada de Blackman, que la popularidad de la serie comenzó a crecer rápidamente. El vestuario utilizado por la actriz (generalmente utilizaba prendas de cuero) sería tan llamativo que comenzaría a influir en la moda inglesa de la época. Además, la introducción de una co-estrella femenina, cuyo papel tenía la misma importancia que la del protagonista masculino de la serie, transformó al show en uno de las primeros en incluír a un personaje femenino independiente. Catherine Gale no solo era un mujer inteligente con estudios universitarios, sino que también era sexy y una excelente luchadora. Aunque existía una evidente tensión sexual entre los protagonistas, los escritores nunca permitieron que su relación fuera más allá de las insinuaciones y el coqueteo constante. Durante el periodo Macnee/Blackman, la serie presentó una estética similar a la exhibida en el film noir norteamericano, a la vez que tomaba prestados algunos códigos visuales propios del expresionismo. Dicha combinación, era la mejor forma de representar el suspenso y la paranoia del mundo caótico en el cual se desarrollaban las historias.

En lo que respecta al contenido de la serie, “The Avengers” ya era reconocida como un thriller de espías propiamente tal. Las historias incluían el desenmascaramiento de un asesino a sueldo (“Mr Teddy Bear”), el robo de una fórmula secreta de combustible para cohetes (“Propellant 23”), o el asesinato de un diplomático (“Death Dispatch”). Algunos de los temas predominantes durante el periodo Macnee/Blackman serían las maquinaciones de algunos terroristas disconformes con el actuar de la sociedad, o la mala utilización de los avances tecnológicos. Dicho periodo sería uno marcado por la constante experimentación de formas y estilos, liderada por uno de los guionistas más importantes de la serie, Brian Clements. Aunque la serie estaría ubicada entre las 20 series más exitosas de la televisión de la época, la crítica seguía atacando al show por presentar una versión light de la sociedad de la época. “The Avengers” estaría fuera del aire durante 18 meses entre marzo de 1964 y obtubre de 1965. Durante ese tiempo, se realizarían algunos cambios importantes en la estrategía de producción de la serie.

La serie comenzaría a ser filmada en celuloide debido a que los productores pensaban venderla a las cadenas de televisión norteamericanas. Albert Fennell asumió como productor ejecutivo de la serie, y el compositor Laurie Johnson, escribió la nueva canción principal de “The Avengers”. Además, se reclutó a una serie de experimentados directores de cine, entre los cuales se encontraban Roy Ward Baker, Don Chaffey, Charles Crichton, James Hill, Leslie Norman, y Don Sharp. Brian Clemens se transformó en productor asociado y editor de guiones. Todos estos cambios, ayudaron a transformar el estilo de la serie, la que comenzó a presentar set más elaborados, mejores escenas de acción y persecuciones. La cuarta temporada también presentaría a una nueva heroina. Con la partida de Honor Blackman, quien había abandonado la serie para interpretar a Pussy Galore en el film de James Bond, “Goldfinger” (1964), nació una muy publicitada búsqueda de la nueva actriz de la serie. Elizabeth Shepherd interpretaría a Emma Peel durante el primer episodio de la nueva temporada, pero sería rápidamente reemplazada por Diana Rigg.

Rigg, de 27 años en aquel entonces, interpretaría a un joven mujer cuyo esposo había desaparecido durante una expedición en Sudamérica, quien al igual que Catherine Gale, era sumamente inteligente y capaz de afrontar todo tipo de problemas por su cuenta. Aunque en un principio, Emma Peel utilizaría un vestuario similar al utilizado por Gale, más tarde sería reconocida por el uso de vestidos y coquetas minifaldas. La relación entre Steed y Peel es bastante más cercana a la que el protagonista tuvo con Gale, al mismo tiempo que las conversaciones entre Steed y Peel poseían un caracter cómico evidente, el cual se distancia del tono serio existente en el periodo Macnee/Blackman. Esta época sería identificada como el periodo más clásico de la serie, periodo en el cual “The Avengers” pasó a ser una especie de parodia del clásico thriller que presenta las fuerzas del caos y la anarquía atentando contra una civilización indefensa. Además, muchos de los episodios de la quinta temporada presentarían elementos y personajes propios de la ciencia ficción, como malvados científicos locos, plantas carnívoras alienígenas (“The Man-Eater of Surrey Green”), o máquinas capaces de transferir los pensamientos (“Who´s Who???”).

El tema del hombre contra la máquina sería uno de los temas recurrentes de este periodo. Episodios como “The Cybernauts” (1965) y “The House That Jack Built” (1966), son buenos ejemplos de esto. También existirían ciertos guiños al cine de terror. En el episodio, “Return of the Cybernauts” (1967), el villano de turno sería interpretado por la estrella de la Hammer, Peter Cushing. Su personaje era una variación del Dr. Frankenstein, el cual utilizaría un ejército de robots para asesinar a Steed y Emma, al igual que Frankenstein utilizó a su monstruo para asesinar a sus enemigos (hay que recordar que Cushing interpretó al Dr. Frankenstein en varias cintas de la Hammer). Uno de los episodios protagonizados por Rigg que alcanzaría mayor notoriedad sería, “A Touch of Brimstone” (1966). En dicho episodio, Emma aparece como la “Reina del pecado”, vestida con un traje de cuero, un collar con puntas y botas de tacón alto, aludiendo a la figura de la mujer dominatrix. Debido a las referencias a la pornografía sadomasoquista que aparecen en el capítulo, “A Touch of Brimstone” tuvo una serie de dificultades con las entidades de censura inglesas, mientras que en los Estados Unidos ni siquiera fue emitido.

Con la llegada del color en la quinta temporada, “The Avengers” comenzó a presentar un estilo bastante más cercano al Pop Art que al film noir. Las escenas de lucha eran mucho más estilizadas y las historias tendrían un tono más caricaturesco. Para la sexta y última temporada de la serie (1968-69), existirían algunos cambios en el elenco y en el personal de producción. Diana Rigg al igual que Honor Blackman, abandonaría la serie para participar en la cinta de James Bond, “On Her Majesty´s Secret Service” (1969), dando paso a la actriz canadiense, Linda Thorson, quien interpretaría a Tara King, una agente entrenada que se convertiría en la protegida de Steed. King era una heroína con una personalidad distinta a sus predecesoras; no se presentaba precisamente como una mujer confiada y capaz, sino más bien como una chica ingenua y entusiasta, que en algunas ocasiones pondría en riesgo sus misiones, aunque al final del día lograría su cometido. Además se incluyo otro personaje regular conocido como “Madre” (Patrick Newell), quien sería el jefe del servicio secreto. Por otro lado, Terry Nation, quien había estado a cargo de algunos de los guiones de la serie, “Dr Who” (1963-1989), fue contratado como editor de guiones.

Algo que sucedería bastante seguido en la sexta temporada, sería que la reuniones entre Steed y “Madre” se realizarían en sitios muy poco convencionales, como por ejemplo dentro de una cripta, en un cuarto secreto escondido en una caseta telefónica, o en la parte de arriba de un bus de dos pisos. La particular “locura” exhibida por “The Avengers” se hace evidente en el episodio, “Look - (Stop Me If You've Heard This One) But There Were These Two Fellers...” (1968). La historia de dicho capitulo se centra en una pareja de payasos los cuales comienzan a asesinar a una serie de miembros de algunas importantes empresas. Los asesinatos son presentados como si se tratara de rutinas sacadas de un music hall, al mismo tiempo que los payasos escapan saludando a su “audiencia” luego de cada una de sus apariciones. Y es que las historias de “The Avengers” eran por lo bajo eclécticas, y constantemente estaban utilizando elementos de variados géneros tornando a la serie en algo único. Por ejemplo, en el episodio “Fog” (1969), retoman la mitología de Jack el Destripador, cuando Steed y King deben investigar las misteriosas muertes de un grupo de miembros del Comité de Desarme Mundial, los cuales se dice que han sido asesinados por una misteriosa figura vestida de negro.

La temporada protagonizada por la dupla Macnee/Thorson alcanzó algunos de los mayores niveles de audiencia obtenidos por la serie en la televisión británica. En los Estados Unidos, las temporadas que contaban con Diana Rigg como protagonista, tuvieron una muy buena recepción por parte del público y de la crítica. Los episodios protagonizados por Thorson en cambio, fueron menos éxitosos debido a que muchos opinaban que la relación entre Steed y Tara King no funcionaba tan bien como la relación entre Steed y Emma Peel. Debido a los malos resultados de esta última temporada, las cadenas de televisión norteamericanas optaron por no comprar más episodios. Sin el respaldo del financiamiento obtenido con la venta de la serie, la ABC no pudo permitirse el lujo de producir un show tan costoso como “The Avengers”, por lo que fue cancelado en febrero de 1969.

Sin embargo, la serie reviviría a mediados de los setenta como una producción franco-británica, impulsada por la aparición de Macnee y Thorson en un comercial de champaña realizado para la televisión francesa en 1975. “The New Avengers” (1976-77), estaría compuesta por 26 episodios producidos por Brian Clemens y Albert Fenell en compañia de la productora parisina, IDTV Productions. El producto fue actualizado, reflejando en gran medida la sociedad y la cultura propia de los setenta. Steed retornaría con dos nuevos compañeros: un tipo rudo llamado Mike Gambit (Gareth Hunt), y una ex bailarina llamada Purdey (Joanna Lumley). Steed ahora jugaría un rol de mentor, dejándole la acción a sus jóvenes compañeros. “The New Avengers”, a diferencia de la serie original, presenta un estilo bastante más realista, dejando de lado la estética Pop Art, optando por colores más sobrios. De todas formas, el show presentaría algunos elementos de la serie original, quedando ubicada en una especie de limbo situado entre el thriller realista y la aventura fantástica.

“The New Avengers” no gozó de gran popularidad, siendo exhibida solo de manera parcial en Inglaterra. Para colmo, la producción estuvo plagada de problemas financieros, por lo que los últimos cuatro episodios tuvieron que ser filmados en Canadá. En 1998, la Warner Brothers lanzaría el film, “The Avengers”, durante un periodo en el que el estudio comenzó a realizar adaptaciones cinematográficas de diversas series emitidas durante los años sesenta (como por ejemplo “El Fugitivo”, “El Sainto”, o “Missión: Imposible”). La idea central de la fallida cinta, fue sacada del episodio “A Surfeit of H2O” (1966), en el cual una fabrica de vinos lleva a cabo experimentos secretos cuyo fin es controlar el clima. “The Avengers” fue la serie de espias que más temporadas duró al aire en la televisión británica, así como también la que más éxito tuvo a nivel mundial. Durante el transcurso de las temporadas, el show experimentó una serie de cambios tecnológicos, de reparto, de producción y estilísticos, los cuales ayudaron a convertir a la serie en una obra de culto que sigue manteniendo el mismo encanto que hace más de treinta años atrás cuando fue estrenada.




por Fantomas.

lunes, 20 de julio de 2009

The Good, the Bad, and the Ugly: La joya que puso fin a la "Trilogía del dólar".

“The Good, the Bad, and the Ugly” (1966), es un spaghetti western del director Sergio Leone, el cual está protagonizado por Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach.

En plena Guerra Civil norteamericana, un par de estafadores se dedican a timar a las autoridades. Tuco (Eli Wallach) es perseguido por numerosos crímenes, y es atrapado y entregado a la justicia por un caza recompensas conocido como el Rubio (Clint Eastwood), su cómplice de fechorías, quien lo libera de la horca a último momento para huir y repartirse el botín. Pero una serie de mutuas traiciones y desventuras los llevan a cruzarse con Bill Carson, un soldado confederado malherido. Antes de morir, les dice a ambos dónde se encuentra escondido un botín de 200.000 dólares en monedas de oro. El problema es que uno de los criminales conoce el paradero (un cementerio), y el otro sabe en qué tumba se encuentra enterrado el oro. Mientras tanto, un corrupto sargento de la Unión conocido como Ojos de Ángel (Lee Van Cleef), se encuentra tras la pista de Carson, por lo que no pasará mucho tiempo antes de que sus caminos se crucen en el trayecto hacia el botín escondido.


Luego del éxito de “For a Few Dollars More” (1965), los ejecutivos de la United Artists se acercaron al guionista Luciano Vincenzoni para asegurar los derechos de la cinta y de la posible próxima entrada de la saga. Aunque el productor Alberto Grimaldi y el director Sergio Leone no tenían planes de filmar un nuevo film del “hombre sin nombre”, Vincenzoni les presentó una idea que llamó la atención de ambos hombres; “un film acerca de tres granujas que deben buscar un tesoro en plena Guerra Civil Norteamericana”. Fue así como Grimaldi junto a Vicenzoni finalmente firmaron un contrato con la United Artists, el cual incluía un presupuesto de un millón de dólares (lo que era una gran avance considerando que la primera entrada de la ahora trilogía solo se realizó con 200.000 dólares), y que además estipulaba que la productora debía adelantar 500.000 dólares y ceder la mitad de las ganancias que obtuviera la cinta fuera de Italia.

Mientras Leone intentaba plasmar la idea de Vincenzoni en un guión, el guionista recomendó a la pareja de escritores cómicos, Agenore Incrucci y Furio Scarpelli, para que trabajaran en la historia junto a Leone y Sergio Donati. Lamentablemente, la relación laboral entre este grupo de hombres no llegó a buen puerto. El director mencionaría en una ocasión: “no pude utilizar nada de lo que ellos escribieron. Fue la decepción más grande de mi vida”. Donati agregaría: “prácticamente no existe nada de lo que ellos escribieron en el guión definitivo. Ellos solo colaboraron en la primera parte, con solo una línea de guión”. Para confeccionar el guión, Leone comenzó a recolectar información acerca de la Guerra Civil Norteamericana. Fue en este proceso de recolección de datos, que el director se enteró de que más de 120.000 personas habían muerto en los campos sureños de prisioneros, entre los que se encontraba el de Andersonville. Con respecto a esto, Leone declararía: “Yo sabía que también existían campos de prisioneros en el norte. Tú siempre escuchas acerca del vergonzoso comportamiento de los perdedores, jamás de los ganadores. El campamento Betterville, donde Blondie y Tuco son tomados prisioneros, se construyó teniendo como referencia el de Andersonville”.


Cuando a Leone se le preguntó en una ocasión las razones por las cuales había filmado está película, este respondió: “yo comencé ´The Good, the Bad, and the Ugly´de la misma forma que las cintas anteriores, esta vez presentando a tres personajes y una búsqueda de un tesoro, aunque lo que a mí realmente me interesaba era por una parte desmitificar los adjetivos del título, y por otro lado mostrar el absurdo de la guerra. ¿Qué es lo que realmente significan las palabras “bueno”, “malo” y “feo”? Todos tenemos algo de maldad dentro de nosotros, algo de bondad, y una cierta fealdad. Y hay gente que nos produce rechazo, pero cuando la conocemos de mejor manera descubrimos su real valor. En cuanto a la Guerra Civil en la cual los personajes se ven involucrados, según mi visión, es completamente estúpida; no involucra una “buena causa”. Es por eso que yo muestro un campo de concentración ubicado en el norte, pensando en parte en los campos de concentración nazis con sus orquestas judías. Esto no significa que la cinta no sea objeto de risa. A través de las trágicas aventuras de los protagonistas, corre un espíritu picaresco. En ese sentido, la historia presenta una característica que la novela picaresca y la Commedia dell´arte tienen en común; no existen héroes verdaderos representados por un solo personaje, sino un grupo de personajes grises”.

Aunque inicialmente se pensó en agregar la palabra “dólares” al título de la cinta para capitalizar el éxito de los dos trabajos anteriores de Leone, cuando comenzaron las filmaciones, la cinta se titulaba “I due magnifici straccioni” (The Two Magnificent Tramps), lo cual no encajaba con la personalidad de los tres personajes protagónicos; sería Luciano Vincenzoni quién eventualmente crearía el famoso título final. Por otro lado, a medida que las filmaciones avanzaban, Leone comenzó a darle cada vez más protagonismo al carismático personaje de Wallach, lo que sin duda molestó a Clint Eastwood. El conflicto entre el director y el actor estallaría durante el proceso de edición y doblaje del film, cuando Leone decidiera eliminar algunos segmentos de la historia, los cuales en su mayoría involucraban al personaje de Eastwood. Sería por este motivo que el actor jamás volvería a trabajar con Leone.

Como muchos spaghetti westerns, “The Good, the Bad, and the Ugly” es un relato acerca de hombres ambiciosos y egoístas, donde no existen héroes, sino villanos en mayor o menor medida. Tuco y Rubio son una pareja de estafadores, cínicos y despiadados, que aparecen como “héroes” en contraste con Ojos de Ángel, quien es un personaje completamente siniestro y cruel. Al igual que en sus dos cintas anteriores, Leone no duda en presentar una violencia bastante gráfica, lo que le costó la censura de muchos de los críticos de la época. Esta violencia es mezclada con altas dosis de humor negro, el que en su mayoría se concentra en los diálogos de los personajes de Wallach y Eastwood. Por otro lado, Leone utiliza una narración episódica, la cual junto a la estética utilizada termina convirtiendo a este western en un verdadero cómic en movimiento. Hay muchas escenas que recuerdan a las viñetas de una historieta. Toda esta estética es perfectamente complementada con la espectacular banda sonora de Ennio Morricone, la cual es uno de los trabajos más celebrados del compositor, además de ser reconocida como un verdadero sinónimo del western.

Las actuaciones por otro lado son estupendas. Eastwood interpreta al personaje que serviría de base para el resto de los personajes que interpretaría en los distintos westerns que filmó durante su carrera, e incluso serviría para construir a su Harry Callahan, otro de sus personajes más icónicos. Eli Wallach por su parte, probablemente interpreta al mejor personaje de su carrera (curiosamente, Leone había pensado en Charles Bronson para el papel de Tuco), mientras que Lee Van Cleef interpreta de manera magistral al letal y misterioso Ojos de Ángel. Aunque Leone intentó acercarse lo más posible a la realidad histórica de la época, de todas maneras existen algunas inexactitudes que involucran algunos hechos puntuales y el uso de algunas armas como la dinamita, la cual fue inventada recién en 1867 (la Guerra Civil Norteamericana duró desde 1861-1865). Además existen algunos hechos que no son del todo explicados, como la razón por la cual Ojos de Ángel entra y sale del ejército sin dar ningún tipo de excusa. Todos estos detalles pasan a segundo plano gracias al ritmo que Leone le imprime a la historia. “The Good, the Bad, and the Ugly”, es la conclusión perfecta a la trilogía de Sergio Leone, que aunque cuyas historias no se ligan entre sí, en conjunto construyen y perfeccionan los códigos del llamado spaghetti western. La cinta es considerada por muchos como la mejor obra del director, por lo que no es de extrañar que sea la fuente de inspiración de un sinnúmero de películas, lo que provocó que algunas de sus escenas hayan sido parodiadas en diferentes films y series de televisión, y que su banda sonora sea considerada como un referente del género.




por Fantomas.

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