miércoles 29 de julio de 2009

Oblong Box: Vincent Price debió haberse mantenido alejado de África.

“The Oblong Box” (1969), es un film de terror dirigido por Gordon Hessler, el cual está protagonizado por Vincent Price, Christopher Lee, Alister Williamson, y Hilary Dwyer.

Sir Julian Markham (Vincent Price) mantiene oculto en su mansión a su hermano Edward (Alister Williamson), ya que cuando estaba en trabajando de Africa, un hechicero lanzó un conjuro contra él que deformó terriblemente su rostro y su mente. La situación se complica cuando entra en escena el doctor Neuhartt (Christopher Lee), un médico que se dedica a experimentar con los cadáveres que le proporcionan los ladrones de tumbas. Pensando que a muerto, Sir Julian entierra a su hermano Edward, quien en realidad estaba en un trance cataléptico. Cuando despierta en casa del doctor, no tardará en comenzar su sangrienta venganza.


A fines de los sesenta, Samuel Arkoff, una de las cabezas de la American International Pictures, descubrió las ventajas de filmar en Inglaterra debido al precio del dólar en relación al de la libra esterlina que existía en aquella época. Además, existían un buen número de maravillosos sets en las bodegas de los diferentes estudios ingleses, los cuales la AIP podía utilizar en sus producciones, así como también un grupo de talentosos directores de arte, camarógrafos y actores, que parecían ser perfectos para el tipo de films a los que estaba dedicada la productora. Louis “Deke” Heyward, sería el productor designado a la oficina de la AIP en Londres. Uno de los tantos proyectos que manejó durante ese tiempo fue un film llamado “De Sade” (1969), la que supuestamente sería una de las producciones más grandes jamás hechas por la AIP. Dicha cinta sería dirigida por Michael Reeves y Gordon Hessler. Sin embargo, Reeves terminó abandonando el proyecto debido a los severos problemas mentales que estaba sufriendo en aquella época, mientras que Hessler terminó siendo despedido.

Hessler al ser despedido, pensó de inmediato que su carrera como director había terminado. Pero para sorpresa de él, los ejecutivos de la AIP le ofrecieron la dirección de una nueva cinta, nuevamente en compañia de Michael Reeves. Lamentablemente, Reeves tuvo que retirarse de la producción, por lo que Hessler tuvo dirigir el film en solitario. Dicha cinta era “The Oblong Box”, la cual pretendía continuar capitalizando el éxito obtenido por las adaptaciones de la obra de Edgar Allan Poe realizadas por Roger Corman. La verdad es que más allá del título, poco y nada comparte la cinta con la historia de Poe. Por otra parte, “The Oblong Box” también era el intento de Heyward por realizar un film que reuniera a dos de las más grandes estrellas del cine de terror; en este caso, la gran estrella de la AIP, Vincent Price, y la estrella de la Hammer, Christopher Lee.

El gran problema que presenta la cinta, es básicamente lo complejo del guión. Aunque el guión original escrito por Lawrence Huntington fue modificado por Christopher Wicking, de todas formas presenta un buen número de subtramas que a ratos son algo difíciles de seguir. La película comienza centrándose en el personaje de Price, para luego seguir las correrías de su corrupto abogado, Samuel Trench (Peter Arne). Tras presentar la importancia de Trench para la historia, el film se centrará en el evidentemente trastornado Edward Markham, para finalmente volver a enfocarse en su hermano Julian, el protagonista original de la historia. Durante el transcurso de la cinta, serán presentados algunos personajes más (entre ellos el interpretado por Christopher Lee), los que comenzarán a interactuar entre ellos de manera algo forzada, haciendo avanzar la historia a tropezones. Es por esta razón que es inevitable pensar que algunos de ellos están completamente demás en la historia, como por ejemplo el Inspector Hawthorne (Ivor Dean), a quien pese a que se le dedican un par de escenas, llegado un determinado momento termina desapareciendo por completo del relato.

La gran cantidad de personajes y subtramas, impide que los personajes sean adecuadamente desarrollados, con la sola excepción de Edward Markham. Por otra parte, pese a que la gran atracción de “The Oblong Box”, es la primera colaboración entre Vincent Price y Christopher Lee, los actores solo comparten una escena (algo similar a lo que sucede en otras de las cintas de Hessler para la AIP, “Scream and Scream Again”, de 1971), lo que no deja de ser decepcionante. Para colmo, los actores participan juntos en una escena casi exenta de diálogo. Más allá de estos detalles, Hessler y el director de fotografía John Coquillon, realizan un buen trabajo en lo que se refiere al aspecto visual de la cinta (a ratos parece más una producción de la Hammer que de la AIP). Los colores del film lo convierten en una producción sumamente atmosférica, donde Coquillon se encarga de enfatizar ciertos aspectos de la trama o de los personajes (como por ejemplo la capucha color rojo que utiliza Edward para cubrir su rostro, o los cuellos de sus víctimas a los cuales asesina utilizando una navaja).

Vincent Price, realiza una de sus mejores actuaciones como Sir Julian Markham, personaje el cual se aleja del clásico villano o de los hombres trastornados interpretados por el actor. Sin duda, Price logra sobreponerse al disparejo guión, saliendo victorioso con su interpretación de este preocupado hermano y manipulador charlatán. Christopher Lee por su parte, pese a la ridícula peluca que utiliza, realiza un espléndido trabajo como actor secundario. Según el mismo Lee, su Dr. Neuhartt es “un buen hombre, que terminó volviéndose malo debido a su obsesión por el conocimiento del cuerpo humano”. Esta obsesión lo lleva a formar cuestionables alianzas con un grupo de ladrones de tumbas, una sirvienta chantajista, y finalmente con el demente Edward. A medida que transcurre la historia, Lee es capaz de expresar la frustración y la molestía que siente su personaje, por los acontecimientos que han ocurrido en el último tiempo, los cuales lo han puesto en una situación demasiado riesgosa. También corresponde destacar la labor de Alister Williamson, quien con la sola utilización de su voz y algo de lenguaje corporal, logra que Edward (a quien no le vemos el rostro hasta el final de la cinta) se convierta en un personaje bastante amenazador.

El resto del elenco realiza un trabajo bastante sólido, pese a lo limitado de sus personajes. La banda sonora por su parte, compuesta por Harry Robinson (quien posteriormente trabajaría en algunas cintas de la Hammer), resulta ser el perfecto acompañamiento para la lograda atmósfera creada por Coquillon. Si bien el aspecto visual como dije anteriormente, resulta impresionante, más aún sabiendo que Hessler y compañia contaron con un presupuesto bastante bajo, lamentablemente no se puede decir lo mismo del maquillaje y algunos efectos especiales. Sabiendo esto, no debería extrañar que el maquillaje utilizado para crear el rostro desfigurado de Sir Edward sea algo decepcionante (más aún luego de que Hessler se preocupara de manternerlo oculto por casi todo el transcurso de la película, aumentando la curiosidad de los espectadores). “The Oblong Box”, pese al complejo guión y los problemas propios del presupuesto, es una cinta interesante y entretenida, que cuenta con buenas actuaciones y una lograda atmósfera, convirtiéndose en una entrada digna dentro del género del horror sesentero.


por Fantomas.

lunes 27 de julio de 2009

Streets of Fire: Rock, violencia y un grupo de rebeldes.

“Streets of Fire” (1984), es un musical de acción del director Walter Hill, protagonizado por Michael Paré, Diane Lane, Rick Moranis, Amy Madigan, y Willem Dafoe.

Un grupo de motoristas liderados por el sádico Raven (Willem Dafoe) secuestran a la cantante de rock Ellen Aim (Diane Lane). Sólo su ex-novio, un mercenario llamado Tom Cody (Michael Paré), podrá rescatarla. Aunque para eso necesitará la ayuda de Billy Fish (Rick Moranis), el actual amor de Ellen, y de una ex-soldado llamada McCoy (Amy Madigan), una chica tan ruda como el propio Cody.


“Una fábula de Rock & Roll”, así es como define el director esta cinta desde un principio de la misma. El concepto de “Streets of Fire” nació durante la realización del film “48 Hrs.” (1982), el cual sirvió para reunir a Walter Hill con los productores Lawrence Gordon y Joel Silver, y con el guionista Larry Gross. Según Hill, la cinta se originó por su deseo de realizar lo que él pensó que sería la película perfecta cuando era adolescente, la cual debía reunir un montón de elementos por los cuales él sentía cierto afecto, como por ejemplo; autos refaccionados, besos bajo la lluvía, luces de neón, persecuciones a alta velocidad, peleas, estrellas de rock, motocicletas, chaquetas de cuero, y cuestiones de honor, entre otras cosas. Los cuatro hombres comenzaron a planear lo que sería la cinta mientras completaban las filmaciones de “48 Hrs.”. Una vez que Gross y Hill terminaron el guión, se lo presentaron a los ejecutivos de la Universal, quienes no tardaron en darle luz verde al proyecto.

Ya que el centro de la cinta es la música rock, no resulta tan extraño que Hill y compañia seleccionaran el título de una de las canciones del disco de Bruce Springsteen, “Darkness on the Edge of Town” (1978), como el título del film. Debido a la serie de problemas que surgieron durante las negociaciones de los derechos de la canción de Springsteen, la producción tuvo que ser aplazada en múltiples ocasiones. Aunque en un principio se pretendía incluir la canción en la banda sonora, cuando Springsteen se enteró de que la canción sería re-grabada por otros vocalistas, no permitió que esta fuera utilizada. Fue entonces cuando se contrató a el compositor Jim Steinman (famoso por sus colaboraciones con Meat Loaf y Air Supply) para que escribiera la canción de apertura y cierre de la cinta, reemplazando de esta forma la canción de Springsteen con “Tonight is What it Means to be Young”, la cual es interpretada por el personaje de Diane Lane.

En cuanto al reparto del film, Hill seleccionó a un grupo de actores relativamente desconocidos. Michael Paré solo había realizado dos cintas antes de trabajar en “Streets of Fire”, de las cuales una ni siquiera había sido estrenada aún. Para el director, Paré era el único actor que él consideraba apropiado para el papel, debido a que presentaba una combinación de rudeza e inocencia. En cuanto a Diane Lane, el papel de la cantante de rock de 28 años Ellen Aim, fue escrito pensando en ella. El problema era que en aquel entonces la actriz solo tenía 18 años, por lo que Lane sentía que era demasiado joven para el papel. De todas formas terminó involucrándose en el proyecto, dejando gratamente impresionado a Hill, quién decidió escribir nuevas escenas para la actriz a medida que avanzaban las filmaciones. La última en integrarse al elenco fue Amy Madigan, quien si bien en un principio había audicionado para otro papel, terminó convenciendo a Hill y Silver de que era capaz de interpretar el rol de McCoy (que había sido escrito pensando en un hombre con sobrepeso). A Hill le gustó la idea y terminó incluyéndola en el proyecto.

Una vez iniciado el film, el director rápidamente se encarga de anunciar que la historia se sitúa en “otro tiempo y otro lugar”, sin especificar de que lugar y que tiempo está hablando. Perfectamente podría tratarse de un futuro distópico, como de un universo paralelo (el universo del Rock & Roll), donde la ropa utilizada es una mezcla de los estilos propios de los cincuenta y los ochenta, las ciudades están conformadas por sucios callejones y vías de ferrocarril elevadas (Hill se dedicó a recrear algunas de las locaciones que había visitado en Chicago), y las calles están pobladas de automóviles vintage y motociclistas furiosos. Los pobladores del pequeño pueblo donde transcurre la historia parece estar dividido entre fans del rock, policias y pandilleros, donde estos últimos dominan por completo el vecindario sin que nadie les coloque mucha resistencia. En más de un sentido, se presenta un estilo estético y temático propio de los cincuenta, bajo un contexto ochentero dominado por las luces de neón y la música rock.

Desde un principio resulta evidente que “Streets of Fire” es una amalgama de los principales mitos y símbolos norteamericanos. Al mismo tiempo es una suerte de cuidado homenaje al rockero rebelde y al western clásico norteamericano. Hill nos presenta este mundo y a sus personajes con una estética y una narrativa cercana a la del cómic (tal vez por eso esta cinta ha sido reconocida como una marcada influencia para algunos realizadores de anime), donde cada secuencia es visualmente atrayente, donde los diálogos ayudan conformar este universo paralelo, y las acciones están al servicio de la entretención del espectador. Dentro de la narración episódica, existen algunas secuencias, que por exageradas que parezcan (como por ejemplo el ataque de Tom Cody y compañia a la guarida de la pandilla liderada por Raven), resultan coherentes dentro del contexto en el que se presentan. Y es que Hill realiza esta cinta sin más pretensiones que entretener al espectador utilizando una serie de los elementos que él consideraba indispensables en la película de sus sueños que imaginó cuando era adolescente.

En el campo de las actuaciones destacan Willem Dafoe, quien hace un estupendo trabajo personificando al despiadado Raven; Amy Madigan, que construye un personaje completamente creíble, que podría ser considerada como una de las chicas más rudas que se ha visto en la pantalla grande; y Rick Moranis, quien cambia su papel habitual del tipo algo tonto pero querible, por el de un personaje completamente desagradable y egoista. Michael Paré por su parte, realiza un trabajo correcto, mientras que Diane Lane tiene muy pocas líneas de diálogo por lo que por momentos pareciera ser más un personaje secundario que la verdadera protagonista de la cinta. Donde más se luce la actriz es doblando arriba del escenario las canciones escritas por Jim Steinman, en secuencias que se asemejan bastante a la estética esperada de un video musical de la época. En este caso, la banda sonora escrita por Ry Cooder, se convierte en un personaje protagónico más, y resulta ser uno de los puntos más altos del film, junto con la cuidada fotografía de Andrew Laszlo.

Aunque “Streets of Fire” se suponía que era la primera parte de una trilogía que pretendía narrar las aventuras de Tom Cody, los pobres resultados de taquilla que obtuvo la cinta echaron por la borda el proyecto. Con el correr del tiempo, la “Streets of Fire” ganó el estatus de film de culto por la curiosa mezcla de elementos que presenta, lo que la convierten en una suerte de producción atemporal. Además la cinta presenta un ritmo frenético, que solo se detiene para presentar algunos números de rock. La historia presenta explosiones, persecuciones, e incluso una pelea callejera entre Tom Cody y Raven, los cuales utilizan mazos como arma de elección. Puede que “Streets of Fire” no sea la mejor película del director Walter Hill, pero sin duda es una de las más entretenidas y es una buena recomendación para aquellos amantes de la música rock, o para aquellos que quieran ver algo completamente diferente.

por Fantomas.

jueves 23 de julio de 2009

Zombie 2: El mito de los zombies según Lucio Fulci.

“Zombie 2” (1979), es un film de terror del director Lucio Fulci, protagonizado por Tisa Farrow, Ian McCulloch y Richard Johnson.

Un barco, sin tripulación alguna, llega hasta los muelles de Nueva York. Cuando la policía entra a investigar, un zombie aparece de forma repentina y ataca a uno de ellos. Un periodista (Ian McCulloch) y Anne Bowles (Tisa Farrow), la hija del propietario del barco, llegarán hasta una isla sudamericana para averiguar lo que está sucediendo.

Las dos primeras cintas de zombies de George Romero, “Night of the Living Dead” (1968) y “Dawn of the Dead” (1978), se convirtieron en clásicos inmediatos en Italia al momento de su estreno. Lo que muy pocos sabían, era que “Dawn of the Dead” estaba en parte financiada por estudios italianos (entre los productores se encontraba Dario Argento). Este film, fue lanzado en Italia bajo el título de “Zombie”, lo que provocó una seria confusión cuando Lucio Fulci tituló su cinta como “Zombie 2”. Más allá de la presencia de un grupo de no muertos, ambos films no tienen relación alguna. El director culpó a los productores, como los responsables de la elección del título, los cuales obviamente pretendían sacar alguna ventaja monetaria con este movimiento. La verdad es que para él, el asunto no tenía mayor importancia. Su mayor preocupación era el contenido del film. Una vez conformado el elenco, que incluía a la hermana de Mia Farrow, Tisa, Fulci y compañia dejaron Italia para dirigirse a una de las islas de la Bahamas para iniciar las filmaciones.

“Yo quería recapturar la atmósfera de brujería y paganismo que debe haber prevalecido cuando los europeos se asentaron en el Caribe en el 1700”, mencionó Fulci en una ocasión. “Ahi fue cuando el concepto de los zombies (esclavos humanos que volvían de la muerte) se popularizó en la civilización occidental”. A diferencia de las cintas de Romero, donde los zombies se levantaban de sus tumbas sin razón aparente, los muertos vivientes de Fulci nacen a causa de rituales de magia negra. Fulci admitiría, “Siempre sentí admiración por los maravillosos clásicos de terror realizados en norteamérica. Cintas como ´I Walked With a Zombie´, ´Voodoo Island´ y ´The Walking Dead´ se me vinieron a la mente cuando realizé esta película. Mi versión sin embargo, tiene algunos elementos que nunca se han visto en una cinta de este tipo”.

Sin duda que una de las sorpresas a las que se refería el director, era la sequencia bajo el agua. Todo empieza de manera inocente, con una mujer sumergiéndose en el oceáno. Su excursión submarina no tardá en dar un dramático giro cuando ella se encuentra de frente con un hambriento tiburón. La chica logra eludir a la bestia, escondiéndose en un campo de corales cercanos. Cuando parece que el peligro ha pasado, de su escondite provicional aparece un zombie que comienza a atacarla. Atrapada entre una amenaza natural y una sobrenatural, la mujer huye histérica dejando atrás al zombie y al tiburón, los cuales protagonizan una de las batallas más bizarras jamás filmadas. Para filmar dicha secuencia, se rentó un tiburón de un acuario cercano, el cual practicó la escena junto a su entrenador en un estanque construido en el estudio especialmente para el film. Cuando llegó el momento de filmar la escena, el actor que debía personificar al zombie se acobardó pese a que se le aseguró que el tiburón estaba fuertemente sedado. Finalmente, Fulci convenció al entrenador de ponerse el maquillaje de zombie, prometiéndole que lo convertiría en una estrella.

Desde un principio es evidente que la mayor preocupación de Fulci es el aspecto visual. A diferencia de los zombies de Romero, los cuales resultan atemorizantes, las criaturas de la cinta de Fulci son de frentón nauseabundos. Sus cuerpos se encuentran en plena descomposición, invadidos por una pila de gusanos. En ese sentido, el maquillaje de Gianutto De Rossi cumple a cabalidad el objetivo de espantar e impactar al espectador. El mismo De Rossi fue el responsable de los efectos especiales de la secuencia del cementerio. En dicha secuencia, mientras los protagonistas están cruzando un antiguo cementerio, se abren varias tumbas de manera simultánea, dando paso a una horda de amenazantes zombies. Para evitar accidentes, se evitó sepultar a actores disfrazados de zombies. En su lugar, De Rossi y su equipo enterraron un grupo de muñecos inflables a los cuales se les había aplicado maquillaje anteriormente, con lo cual logró el efecto deseado.

El aspecto de los zombies es complementado con las altas dosis de gore impuestas por Fulci. El mejor ejemplo de esto es la infame escena de “la astilla en el ojo”. El director se encarga de mostrar con lujo de detalles como un zombie lentamente lleva la cabeza de una mujer hacia una puerta astillada, enterrando una punta de madera en uno de sus ojos. Es precisamente esta brutalidad gráfica, la mayor fortaleza del film de Fulci. El director convierte lo que podría considerarse como un paraje paradisiaco, en un lugar horrendo y pesadillezco. Y es que el director se encarga de situar a los protagonistas en un microcosmos donde el mal en un principio se encuentra confinado y completamente bajo control. Tan solo después de un tiempo, estos se dan cuenta de la gravedad de la situación, al ver el caos que se desata a su alrededor.

Por otro lado, el guión deja aún más claro que la mayor preocupación de Fulci era el aspecto visual. Al escaso desarrollo de los personajes, se suma una historia que a ratos carece de lógica, presentando un par de escenas que pareciera ser que su único fin es sumarle minutos al metraje, dejando un gran número de preguntas sin respuesta. Si bien se sugiere que la causa del levantamiento de los zombies es el uso de magia negra, esto nunca se aclara del todo. Los diálogos también resultan algo simplones. Las actuaciones por otro lado, son en general mediocres. La banda sonora de Fabio Frizzi y Giorgio Cascio, aunque a algunas personas les resulta adecuada y hasta cierto punto angustiante, en lo personal pienso que se podría haber escogido una música algo más atmósferica. El final de la historia presenta una visión apocalíptica que Fulci perfeccionaria en sus siguientes trabajos. Para ser justos, es sabido que los films de Fulci no son precisamente conocidos por su contenido dramático o la calidad de sus actores; Lucio Fulci fue un director que logró obtener un puesto importante en el mundo del cine de terror por la construcción de escenas visualmente impactantes y atmosféricas. En ese sentido, “Zombie 2” cumple el objetivo de impactar y horrorizar al espectador, razón por la cual ganó el estatus de film de culto. Sin duda no es la mejor cinta del director, pero de todas formas es una entrada importante en el cine de zombies, y un clásico imperdible para los amantes del cine de horror.


por Fantomas.

lunes 20 de julio de 2009

The Good, the Bad, and the Ugly: La joya que puso fin a la "Trilogía del dólar".

“The Good, the Bad, and the Ugly” (1966), es un spaghetti western del director Sergio Leone, el cual está protagonizado por Clint Eastwood, Lee Van Cleef, y Eli Wallach.

En plena Guerra Civil norteamericana, un par de estafadores se dedican a timar a las autoridades. Tuco (Eli Wallach) es perseguido por numerosos crímenes, y es atrapado y entregado a la justicia por un caza recompensas conocido como el Rubio (Clint Eastwood), su complice de fechorías, quien lo libera de la horca a último momento para huir y repartirse el botín. Pero una serie de mutuas traiciones y desventuras los llevan a cruzarse en el camino con Bill Carson, un soldado confederado malherido. Antes de morir, les dice a ambos dónde se encuentra escondido un botín de 200.000 dólares en monedas de oro. El problema es que uno de los criminales conoce el paradero - un cementerio - y el otro sabe en qué tumba se encuentra enterrado el oro. Mientras tanto, un corrupto sargento de la Union conocido como Ojos de Ángel (Lee Van Cleef) se encuentra tras la pista de Carson. Y no pasará mucho tiempo antes de que sus caminos se crucen en el trayecto hacia el botín escondido.


Luego del éxito de “For a Few Dollars More” (1965), los ejecutivos de la United Artists se acercaron al guionista Luciano Vincenzoni para asegurar los derechos de la cinta y de la posible próxima entrada de la saga. Aunque el productor Alberto Grimaldi y el director Sergio Leone no tenían planes de filmar un nuevo film del “hombre sin nombre”, Vincenzoni les presentó una idea que llamó la atención de ambos hombres; “un film acerca de tres granujas que deben buscar un tesoro en plena Guerra Civil Norteamericana”. Fue así como Grimaldi junto a Vicenzoni finalmente firmaron un contrato con United Artists, el cual incluía un presupuesto de un millón de dólares (lo que era un gran cambio teniendo en cuenta que la primera cinta de la trilogía solo se realizó con $200.000 dólares), donde la productora debía adelantar $500.000 dólares y ceder la mitad de las ganacias que obtuviera la cinta fuera de Italia.

Mientras Leone intentaba plasmar la idea de Vincenzoni en un guión, el guionista recomendó a la pareja de escritores cómicos, Agenore Incrucci y Furio Scarpelli, para que trabajaran en la historia junto a Leone y Sergio Donati. Lamentablemente, la relación laboral entre este grupo de hombres no llegó a buen puerto. El director mencionaría en una ocasión, “no pude utilizar nada de lo que ellos escribieron. Fue la decepción más grande de mi vida”. Donati agregaría, “prácticamente no existe nada de lo que ellos escribieron en el guión definitivo. Ellos solo colaboraron en la primera parte, con solo una línea de guión”. Para confeccionar el guión, Leone comenzó a recolectar información acerca de la Guerra Civil Norteamericana. Fue en este proceso de recolección de datos, que el director se enteró de que más de 120.000 personas habían muerto en los campos sureños de prisioneros, entre los que se encontraba el de Andersonville. Con respecto a esto, Leone declararía; “Yo sabía que también existían campos de prisioneros en el norte. Tú siempre escuchas acerca del vergonzoso comportamiento de los perdedores, jamás de los ganadores. El campamento Betterville, donde Blondie y Tuco son tomados prisioneros se construyó teniendo como referencia el de Andersonville”.


Cuando a Leone se le preguntó en una ocasión las razones por las cuales había filmado está película, este respondió; “yo comenzé ´The Good, the Bad, and the Ugly´de la misma forma que las cintas anteriores, esta vez presentando a tres personajes y una búsqueda de un tesoro, aunque lo que a mí realmente me interesaba era por una parte, desmitificar los adjetivos del título, y por otro lado mostrar el absurdo de la guerra. ¿Qué es lo que realmente significan las palabras “bueno”, “malo”, y “feo”? Todos tenemos algo de maldad dentro de nosotros, algo de bondad, y una cierta fealdad. Y hay gente que nos produce rechazo, pero cuando la conocemos de mejor manera descubrimos su real valor. En cuanto a la Guerra Civil en la cual los personajes se ven involucrados, según mi visión, es completamente estúpida; no involucra una “buena causa”. Es por eso que yo muestro un campo de concentración ubicado en el norte, pensando en parte en los campos de concentración nazis con sus orquestas judías. Esto no signifíca que la cinta no sea objeto de risa. A través de las trágicas aventuras de los protagonistas, corre un espíritu picaresco. En ese sentido, la historia presenta una característica que la novela picaresca y la Commedia dell´arte tienen en común; no existen héroes verdaderos representados por un solo personaje, sino un grupo de personajes grises”.

Aunque inicialmente se pensó en agregar la palabra “dólares” al título de la cinta para capitalizar el éxito de los dos trabajos anteriores de Leone, cuando comenzaron las filmaciones, la cinta se titulaba, “I due magnifici straccioni” (The Two Magnificent Tramps), lo cual no encajaba con la personalidad de los tres personajes protagónicos; sería Luciano Vincenzoni quién eventualmente crearía el famoso título final. Por otro lado, a medida que las filmaciones avanzaban, Leone comenzó a darle cada vez más protagonismo al carismático personaje de Wallach, lo que sin duda molestó a Clint Eastwood. El conflicto entre el director y el actor estallaría durante el proceso de edición y doblaje del film, cuando Leone decidiera eliminar algunos segmentos de la historia, los cuales en su mayoría involucraban al personaje de Eastwood. Sería por este motivo que el actor jamás volvería a trabajar con Leone.

Como muchos spaghetti westerns, “The Good, the Bad, and the Ugly”, es un relato acerca de hombres ambiciosos y egoistas, donde no existen héroes, sino villanos en mayor o menor medida. Tuco y Rubio son una pareja de estafadores, cínicos y despiadados, que aparecen como “héroes” en contraste con Ojos de Ángel, quien es un personaje completamente siniestro y cruel. Al igual que sus dos cintas anteriores, Leone no duda en presentar una violencia bastante gráfica, lo que le costó la censura de muchos de los críticos de la época. Esta violencia es mezclada con altas dosis de humor negro, el que en su mayoría se concentra en los diálogos de los personajes de Wallach y Eastwood. Por otro lado, Leone utiliza una narración episódica, la cual junto a la estética utilizada, termina convirtiendo a este western en un verdadero cómic filmado. Hay muchas escenas que recuerdan a las viñetas de una historieta. Toda esta estética es perfectamente complementada con la espectacular banda sonora de Ennio Morricone, la cual es uno de los trabajos más celebrados del compositor, además de ser reconocida como un verdadero sinónimo de western.

Las actuaciones por otro lado son estupendas; Eastwood interpreta al personaje que serviría de base para el resto de los personajes que interpretaría en los distintos westerns que filmó durante su carrera, e incluso serviría para construir a su Harry Callahan; Eli Wallach por su parte, probablemente interpreta al mejor personaje de su carrera (curiosamente, Leone había pensado en Charles Bronson para el papel de Tuco), mientras que Lee Van Cleef interpreta de manera magistral al letal y misterioso Ojos de Ángel. Aunque Leone intentó acercarse lo más posible a la realidad histórica de la época, de todas maneras existen algunas inexactitudes que involucran algunos hechos puntuales y el uso de algunas armas como la dinamita, la cual fue inventada recién en 1867 (la Guerra Civil Norteamericana duró desde 1861-1865). Además existen algunos hechos que no son del todo explicados, como la razón por la cual Ojos de Ángel entra y sale del ejército sin dar ningún tipo de excusa. Todos estos detalles pasan a segundo plano gracias al ritmo que Leone le imprime a la historia. “The Good, the Bad, and the Ugly”, es la conclusión perfecta a la trilogía de Sergio Leone, que aunque cuyas historias no se ligan entre sí, en conjunto construyen y perfeccionan los códigos del llamado spaghetti western. La cinta es considerada por muchos como la mejor obra del director, por lo que no es de extrañar que sea la fuente de inspiración de un sinnúmero de películas, que algunas de sus escenas hayan sido parodiadas en diferentes cintas y series de televisión, y que su banda sonora sea considerada como un referente del género.


por Fantomas.

sábado 18 de julio de 2009

Family Plot: La última cinta del gran maestro inglés.

“Family Plot” (1976), es un film de suspenso del director Alfred Hitchcock, el cual sería el último trabajo del realizador. La cinta está protagonizada por Barbara Harris, Bruce Dern, William Devane y Karen Black.

Blanche Tyler (Barbara Harris), es una falsa psíquica que es contratada por la millonaria, Julia Rainbird (Cathleen Nesbit), para que la ayude a encontrar a hijo de su fallecida hermana, el cual fue dado en adopción el mismo día de su nacimiento. Blanche y su pareja, el taxista George Lumley (Bruce Dern), se lanzarán a la búsqueda del heredero perdido, al mismo tiempo que Arthur Adamson (William Devane) y su novia Fran (Karen Black) están planeando un elaborado secuestro. Cuando sus caminos se cruzen comenzará una persecución caótica que puede tener escabrosas consecuencias.

Tras el éxito obtenido por “Frenzy” (1972), la Universal comenzó a presionar a Hitchcock para que realizara un nuevo film que le ayudara a borrar el mal trago producido por “Torn Curtain” (1966) y “Topaz” (1969). Para ese entonces, el director estaba sumido en algunos excesos privados, donde se destacaba su marcada afición por el vino. Pese a eso, Hitchcock aún no pensaba en el retiro. Durante la primavera de 1972, llegó a las manos del director la novela “The Rainbird Pattern”, del escritor Victor Canning. Aunque la novela estaba ambientada en la campiña inglesa (algo que podía cambiarse fácilmente), al director le interesó la tenebrosa intensidad de su historia de robo, culpabilidad, venganza, asesinato y engaño, y su moderno interés en la clarividencia y los fenómenos psíquicos.

La primera opción del director para adaptar la novela fue el guionista Anthony Shaffer. Debido a que Shaffer no estaba muy de acuerdo con la forma en que Hitchcock le comenzó a describir la historia, la cual tenía un marcado tono cómico, el director optó por contratar a Ernest Lehman, responsable del guión de “North by Northwest” (1959). Aunque a Lehman habían rechazado anteriormente la oportunidad de adaptar la novela de Canning, aceptó hacerlo cuando Hitchcock se lo pidió. Sin embargo, la relación entre ambos no resultó ser como él esperaba. Había pasado una cantidad considerable de años desde que habían trabajado juntos en “North by Northwest”, y ambos hombres habían cambiado mucho. Hitchcock era un hombre mucho más lento en todo sentido, y Lehman descubrió que no tenía muchos deseos de luchar creativamente con el físicamente debilitado director.

De todas formas, ambos hombres comenzaron el proceso de redacción del guión. Durante todo el proceso, Hitchcock se mostró algo desinteresado en la producción, aunque al mismo tiempo sentía una gran atracción por la idea de que la trama presentara dos historias separadas y distintas moviéndose lentamente la una hacia la otra, encontrándose finalmente y convirtiéndose en una sola. En abril de 1974, Lehman le presentó el primer borrador del guión a Hitchcock, cuyo título era “Deception” (título que se mantuvo hasta la última semana de filmación). Sorprendentemente, Hitchcock le devolvió el comentario más detallado que jamás le hubiera ofrecido a un guión. Había observaciones sobre cada escena y cada línea del diálogo, cambios en las escenas más importantes, e incluso contenía quejas referentes con la construcción del escrito. A principios de 1975, Lehman le envío un segundo borrador al director, esperando que este le respondiera a la brevedad, pero de hecho no le llegó nada hasta noviembre porque Hitchcock pasó la mayor parte del tiempo con sus médicos.

La salud de Hitchcock se vió afectada por la artritis que acarreaba hace ya un tiempo, una fuerte gripe, un cálculo renal, e incluso la implantación de un marcapasos, lo que se sumaba a la preocupación que este tenía por la cada vez peor situación de su esposa Alma. Todo esto afectó aún más el desganado trabajo del director. Su relación con Lehman comenzó lentamente a deteriorarse, lo que los llevó a enfrascarse en agrias discuciones, provocadas principalmente por lo complejidad que iba tomando la en un principio simple trama. Estos problemas se extendieron incluso hasta el final de las filmaciones, ya que Hitchcock pareció alterar completamente su concepción de los personajes principales en el último tramo de proceso de producción, por lo que se necesitó de considerable diplomacia para convencerle de que no llevara a cabo cambios excesivos.

Aunque Hitchcock había comentado su deseo de contratar a Jack Nicholson para el papel de George Lumley, este se había comprometido para filmar “One Flew Over the Cuckoo´s Nest” (1975), por lo que el director optó por Bruce Dern, quien recientemente había actuado junto a Nicholson en “The King of Marvin Gardens” (1972). Aunque Hitchcock había comentado su intención de juntar a una serie de actores importantes en su producción, donde algunos de los nombres que se barajaron eran los de Burt Reynolds, Roy Scheider, Al Pacino, Faye Dunaway y Liza Minnelli, el director para ese entonces había cambiado de opinión: no deseaba pagar los enormes sueldos de las estrellas, los que aumentarían su presupuesto considerablemente, y con ello disminuirían sus propios porcentajes de beneficios. Fue así como completó su reparto con William Devane, Karen Black, Barbara Harris, y la veterana actriz Cathleen Nesbit, a quien el director admiraba desde hace ya bastante años.

Pese a todos los problemas que enfrentó la producción, los crecientes dolores del director, y las grandes cantidades de alcohol que este bebía para paliar dichos dolores, Hitchcock demostró ser un verdadero maestro en su trabajo. Estuvo atento a cada detalle de la filmación, incluso fijándose en las cosas más increíbles. Como lo hizo durante toda su carrera, exhibía una creciente preocupación por pensar en como respondería la audiencia a una determinada escena. En la realización de “Family Plot” se evidencian los intentos de Hitchcock por adaptarse a los tiempos modernos, así como también su deseo de irse a la tumba con la conciencia tranquila en lo que se refería a la aceptación final de su arte y de su vida. En lo que refería a su famoso cameo de rigor, los cuales en verdad irritaban al director pero los terminaba haciendo casi por superstición, debido a su demacrado aspecto optó por aparecer como una imponente silueta tras una puerta de cristal marcada con el rótulo, “Registrador de nacimientos y fallecimientos”.

Las actuaciones en general son correctísimas, al igual que la genial banda sonora de John Williams, y la estupenda fotografía de Leonard South. Escenas como la de la persecución por el cementerio, o la adrenalínica y espeluznante secuencia del coche cuesta abajo, son una buena muestra de que Hitchcock era un genio cinematográfico. Gracias a su experiencia y habilidad, el director sacó adelante un entretenido thriller humorístico, siempre plagado de humor negro, el cual aunque no es el mejor film del director, fue considerado como uno de los trabajos más alegres de Hitchcock en mucho tiempo. Se podría pensar que el guiño final que el personaje interpretado por Barbara Harris le hace a la cámara, fue la forma en que Hitchcock se despidió de su público. Aunque el director había anunciado publicamente que estaba preparando una nueva cinta titulada, “The Short Night”, murió en 1980 a los ochenta años, no sin antes dejarnos un legado impagable de cintas absolutamente inolvidables como la que en esta ocasión nos ocupa.

por Fantomas.

miércoles 15 de julio de 2009

Dr. Terror´s House of Horrors: La primera cinta de antologías de la Amicus.

“Dr. Terror´s House of Horrors” (1965), es un film de terror de la Amicus Productions, dirigido por Freddie Francis y protagonizado por Peter Cushing, Christopher Lee y Donald Sutherland.

Seis hombres viajan en un vagón de tren; uno de ellos es el doctor Schreck (Peter Cushing), que, por medio del Tarot, adivinará el porvenir de los otros cinco, cuyas historias están involucradas con el terror y la muerte.



“Dr. Terror´s House of Horrors”, es importante por tres motivos principales; primero, fue la primera cinta de terror realizada por la Amicus Productions, empresa que rápidamente se transformaría en la gran competidora de la Hammer. Segundo, daría inicio a una serie de películas de antologías realizadas por la compañia, entre las que se encuentras “Torture Garden” (1967), “The House That Dripped Blood” (1970), “Asylum” (1972), “Tales from the Crypt” (1972), “From Beyond the Grave” (1973), y “Vault of Horror” (1973). Muchas de estas cintas estarían basadas en las historias del escritor Robert Bloch, o en los cómics de horror lanzados durante la década de los cincuenta por la editorial norteamericana, Entertaining Comics. Tercero, era una de los pocas películas de terror filmadas a color de la época, la cual además se ambientaba en escenarios contemporáneos.

En esta ocasión, sería Milton Subotsky, uno de los dueños de la productora, el encargado de escribir el guión de las cinco historias que conforman el film. Subotsky, escribió las historias incluyendo algunos arquetipos génericos, como por ejemplo el tema de la licantropía, el vampirismo, el vudú, las plantas asesinas, y una mano con vida propia. Cada segmento, donde cada uno tiene una duración aproximada de veinte minutos, incluye un monstruo con el cual los seguidores de este tipo de cine ya están por completo familiarizados. La fórmula utilizada por el productor/guionista es en realidad bastante simple: cada segmento nos presenta una situación diferente, inicia una breve narrativa, y termina con un giro irónico e inesperado que sirve de remate. Estos remates, por lo general son líneas de diálogo que hacen incapié en la trágica situación de él o los protagonistas.


La primera historia, titulada simplemente como “Werewolf”, está protagonizada por Neil McCallum, actor que participaría en dos cintas de la Hammer (“The Lost Continent” de 1968, y “Moon Zero Two” de 1969). McCallum interpreta a un arquitecto llamado a resideñar parte de una mansión ubicada en las islas Hébridas, la cual es propiedad de una mujer llamada Dierdre Biddulph (Ursula Howells). La historia está bastante bien ambientada, en un estilo muy similar al exhibido por el cine de horror italiano, y es tal vez la menos predecible de las historias. Es sin duda un buen comienzo, aunque de todas formas cae en algunos convencionalismos. La siguiente historia se titula, “Creeping Vine”, y está protagonizada por Alan Freeman y Ann Bell. En ella, Bill, su esposa Ann y su hija vuelve de sus vacaciones solo para descubrir que en su casa ha crecido una extraña planta que parece tener vida propia. Esta es por lejos uno de los segmentos más bizarros y con más toques de humor, pero lamentablemente no existe un gran desarrollo de la historia ni de los personajes.

La tercera historia se titula “Voodoo” (como se puede ver, Subotsky no hizo un gran esfuerzo por escoger títulos menos evidentes), y está protagonizada por Roy Castle, quien trabajaría nuevamente con Cushing en “Legend of the Werewolf” (1975), y “Dr. Who and the Daleks” (1965). El actor interpreta al músico Biff Baley, el cual tiene la mala idea de adaptar una canción utilizada en los rituales vudú, para poder utilizarla en su nuevo show. Este es sin duda el más débil de los segmentos, donde vemos como Castle a ratos cae en el humor slapstick, dentro de una historia que ni siquiera tiene un remate adecuado. A continuación viene “Disembodied Hand”, segmento protagonizado por Christopher Lee y Michael Gough (“The Crimson Cult” de 1968). Lee interpreta a un desagradable crítico de arte, que tras ser puesto en rídiculo por el pintor Eric Landor, intenta asesinarlo. Lo que no espera el personaje de Lee, es que la mano de Landor volverá para vengarse. Aunque la sola idea de una mano asesina puede ser objeto de risa, la verdad es que el segmento funciona bastante bien, manteniendo el suspenso y presentando un final bastante cruel.


Finalmente, es el turno de “Vampire”, historia protagonizada por Donald Sutherland y Jennifer Jayne. En ella, el Dr. Bob Carroll y su esposa Nicolle, comienzan a instalarse en la pequeña casa del doctor, después de llegar de su luna de miel. Al poco tiempo, Carroll se dara cuenta gracias a la ayuda de su colega, el Dr. Blake (Max Adrian), que su mujer es un vampiro. Aunque la historia nuevamente cae en algunos convencionalismos, esta bien manejada en cuanto a la construcción de la atmósfera y el desarrollo del relato se refiere, y presenta un remate más que satisfactorio. En general, la cinta juega bastante con la credibilidad de los sucesos relatados. Tanto en la historia del vámpiro, como en la del hombre lobo y la de la maldición vudú, el suspenso y los toques de humor nacen a partir del escepticismo de los involucrados en dichas historias. Esto se conecta directamente con la reacción de los cinco hombres a los cuales el Dr. Shreck les predice su futuro. De hecho, estos hombres son meros asistentes, al igual que el espectador, al show orquestado por el Dr. Shreck. El final, en el cual los cinco hombres descubren que están muertos y que el Dr. Shreck es la misma Muerte, se transformó en una suerte de constante de los films de este tipo que realizaría la Amicus.

Claramente estamos en presencia de una cinta de escaso presupuesto, que fue manejada de la mejor forma posible por el director Freddie Francis, quien anteriormente había estado a cargo de algunas de las producciones de la Hammer (la Amicus tendría por costumbre solicitar los servicios de diversos profesionales que solían trabajar en las producciones de la casa del martillo). Aunque Alan Hume es el director de fotografía de la cinta, se hace evidente la intervención de Francis, razón por la cual el film presenta una maravillosa estética. En cuanto al nivel actoral, cabe destacar a Peter Cushing como el sobrio pero misterioso Dr. Shreck, a Christopher Lee como el insoportable y engreido Franklyn Marsh, y a Michael Gough en su papel de víctima de despiadado personaje de Lee. Si bien no es la mejor película de este tipo que realizaría la Amicus, “Dr. Terror´s House of Horrors” es una entrada más que rescatable dentro de lo que es el género del horror, razón por la cual la Amicus captaría la atención de un público sediento por más historias escalofriantes de calidad.

*A quienes les interese, pueden leer más acerca de la Amicus en el más reciente artículo de mi otro blog, Cinemauniverse.


por Fantomas.

domingo 12 de julio de 2009

For A Few Dollars More: El hombre sin nombre ha vuelto por más.

“For a Few Dollars More” (1965), es un spaghetti western del director Sergio Leone, el cual está protagonizado por Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Gian María Volontè.

Dos cazadores de recompensas: "El Manco" (Clint Eastwood) y el Coronel Mortimer (Lee Van Cleef), rivales entre sí al principio, acaban por unirse para conseguir una misma presa, "El Indio" (Gian Maria Volonté), un peligroso y sanguinario bandido por el que se ofrece la más alta recompensa conocida.

Luego del éxito de “A Fistful of Dollars” (1964), Sergio Leone comenzó rápidamente a trabajar en una secuela protagonizada por el pistolero interpretado por Clint Eastwood. El director junto a Fulvio Morsella, habían escrito una historia titulada, “Two Magnificent Strangers”. Dicha historia, sería transformada en el guión de “For a Few Dollars More”, por el mismo Leone junto a Luciano Vincenzoni, quien también se haría cargo de los diálogos del film (con la ayuda del guionista Sergio Donati, quien no aparece acreditado). Los guiones de los westerns en los que participó Vincenzoni durante su carrera, por lo general solían incluir una relación triangular entre dos personajes relativamente “buenos”, lo que se unían contra uno “malo”, los cuales definían su altercado en una arena circular. En esta ocasión, Vincenzoni nuevamente establece este triángulo de manera bastante simple; dos cazadores de recompensas, un pistolero solitario apodado “Manco", y un ex-coronel confederado de nombre Douglas Mortimer, se asocian para capturar a un peligroso asesino conocido como El Indio.

No todo sería tan sencillo. Luego del estreno de “A Fistful of Dollars”, la productora Jolly Film se rehusó a pagarle a Leone el porcentaje que le correspondía por las ganacias de la cinta, a menos de que este se comprometiera a realizar una secuela con la compañia. Por este motivo, Leone decidió asociarse con Alberto Grimaldi, quien era dueño de la productora PEA (Produzioni Europee Associate), quien a su vez se asoció con el productor español Arturo Gonzáles, y la productora alemana Constantin Film. Con un ahora presupuesto de $600.000 dólares, Leone dejaba atrás el remake de “Yojimbo” (1961), el cual confinaba a los protagonista en un pueblo sin futuro, para dar paso a una revisión de la mecanización y la brutalidad del oeste norteamericano tras la Guerra Civil.

Con el fin de preparar un guión creíble, Vincenzoni se dedicó a estudiar algunos periódicos de la época, en los cuales descubrió que los pistoleros, los bandidos y los representantes de la ley del viejo oeste estaban lejos de ser hombres honorables. Acentuando la personalidad de estos rudos antihéroes, la violencia súbita y los parajes desolados, Vincenzoni incorporó algunos sitios históricos como escenarios de la cinta, entre los cuales podemos mencionar El Paso, Tucumcari y Aguas Calientes. También incluye una serie de referencias religiosas en la historia: Mortimer aparece como una suerte de predicador aficionado a leer la Biblia; la caja fuerte del banco está escondida en un gabinete en el cual reposan cuatro candeleros, como si fuera una especie de altar; los bandidos utilizan una iglesia como escondite; y El Indio relata la parábola del carpintero desde un púlpito a sus "discípulos".

Si bien en su primer western, Leone se había influenciado en cierta medida por los exponentes más clásicos del género, en “For a Few Dollars More” nuevamente existen evidencias de dicha influencia, en especial de la cinta de Robert Aldrich, “Vera Cruz” (1954), donde el ex-mayor confederado Benjamin Trane (Gary Cooper), y el antihéroe interpretado por Burt Lancaster, son una suerte de precursores de la pareja de cazarecompensas de Leone. A su vez, el director también se preocupa de realizar la distinción entre los pueblos habitados mayormente por gringos, y los habitados por mexicanos. Mientras que El Paso es un pueblo próspero, que posee su propio teatro, una lavandería e incluso un periódico local, Aguas Calientes es un pueblo similar al pueblo de San Miguel de “A Fistful of Dollars”; un lugar donde reina la pobreza, que está prácticamente desierto y que sus únicos habitantes parecieran ser criminales de la más baja calaña.

Gracias al mayor presupuesto con el que contaba Leone, tuvo la oportunidad de contratar a otro actor de renombre (por lo menos en lo que a westerns se refiere). Si bien en una primera instancia intentó contratar a Henry Fonda, Charles Bronson (ambos se negaron a participar en el proyecto), y a Lee Marvin (se había comprometido para filmar, “Cat Ballou”, de 1965), finalmente terminó contratando al norteamericano descendiente de holandeses, Lee Van Cleef, a quien conocía por sus numeros papeles de villano en varios westerns de los cincuenta (“Rails Into Laramie” y “Gunfight at The OK Corral”, entre otros). Van Cleef había debutado como actor en el film, “High Noon” (1952). Cuando Leone vió dicha película, quedó asombrado por el parecido del actor con el pintor Vincent Van Gogh. Según el director, “ambos emitían la misma sensación de desesperanza, tenían una intensa mirada, una nariz aguileña y una frente marcada”. El actor en ese tiempo estaba trabajando mayormente en algunas series de televisión, por lo que se sorprendió bastante cuando supo que Leone quería que fuera la coestrella de su próxima película.

En cuanto a Eastwood, tras su primera colaboración con Leone, volvió a la serie de televisión “Rawhide”, pero se dió cuenta que algo había cambiado. Eastwood tenía 34 años en ese entonces, lo que lo convertía en alguien un poco viejo para estar interpretando a un pistolero supuestamente bastante más joven, cuya intepretación requería de grandes dosis de energía. Además, a la serie le comenzó a ir cada vez peor, lo que llevó a que la cancelaran en 1965. La primavera antes de que eso sucediera, un receloso Eastwood retornaba a Italia para retomar el papel del pistolero sin nombre por $50.000 dólares y un porcentaje de las ganacias. Gian María Volonté también retomó el papel del villano de turno, El Indio, un pistolero drogadicto y despiadado mucho más temible que el villano que interpretó en la cinta anterior, Ramón Rojo. De los personajes secundarios, quizás el más memorable sea el jorobado secuaz de El Indio, interpretado por Klaus Kinski (principalmente por la escena donde el Coronel Mortimer enciende un fósforo utilizando su joroba).

Si bien el personaje de Lee Van Cleef es lo más cercano a un héroe dentro la historia, el actor en una entrevista definió al Coronel Mortimer como “un personaje nada de angelical, que se mantenía en el lado de ley”. Mortimer podría identificarse como la versión más madura del personaje de Eastwood; lleva un librito donde anota todas sus "transacciones", tiene conocimientos de química, y lleva consigo un variado arsenal de armas, el cual Leone utiliza como un símbolo del progreso. El personaje de Eastwood por su parte, aunque su apariencia en la misma que en “A Fistful of Dollars”, ahora se ha convertido en un cazador de recompensas y ha sido apodado como Manco por los guonistas (la controversia respecto a su nombre es ya casi legendaría, ya que en la primera cinta es conocido como Joe). Aunque no es lo más característico de su vestimenta, su reputación parece estar asociada con el protector que utiliza en una de sus muñecas (eventualmente es esa la prenda que lo delata).

Las actuaciones son estupendas. Sin duda este es uno de los mejores papeles de Eastwood. Interpreta de manera perfecta a un hombre en esencia egoísta, motivado solo por el dinero, que por momentos muestra algunos vestigios de emociones o afectos. Van Cleef por su parte, también realiza un soberbio trabajo intepretando a un pistolero maduro e inteligente, que a diferencia de su socio eventual, es motivado nada más que por la venganza. La relación entre los protagonistas está cargada por un fuerte humor negro, y diálogos interesantes, lo que se debió en gran medida a que Vincenzoni a diferencia de Leone, si sabía hablar inglés por lo que pudo aprovechar de mejor manera el potencial de los personajes. Gian María Volonté se supera a sí mismo con respecto a su participación en “A Fistful of Dollars”, interpretando a uno de los villanos más sádicos y trastornados de la historia del western.

“For a Few Dollars More” es sin duda un producto evolucionado con respecto a la anterior cinta de Leone, tanto en términos estilísticos (pese a que utilizó al mismo director de fotografía: Massimo Dallamano), en lo referente a las actuaciones, al contenido de la historia, e incluso con respecto a la banda sonora, una vez más compuesta por el maestro Ennio Morricone. La mezcla de violencia y humor desarrollada por Leone, probó ser una fórmula exitosa, que se iría perfeccionando en cada nueva producción del director. Filmada casi en su totalidad en los estudios Cinecittà, “For a Few Dollars More” obtuvo mejores resultados de taquilla que la primera entrada en la trilogía (en Italia fue su película más exitosa), y terminó sirviendo de inspiración para un sinnúmero de otros directores. Ahora que Leone contaba con dos icónos del western, estaba listo para producir la que sería por muchos considerada como el logro más grande de su carrera.

por Fantomas.

jueves 9 de julio de 2009

Army of Darkness: Un divertido giro en la saga "Evil Dead".

“Army of Darkness” (1992), es un film cómico de horror del director Sam Raimi, el cual está protagonizado por Bruce Campbell, Embeth Davidtz y Marcus Gilbert.

Ash (Bruce Campbell), tras vivir una serie de acontecimientos horrorosos, es transportado por un portal creado por el Necronomicón ex Mortis o "Libro de los Muertos" a la Inglaterra del año 1300 dC. Ahí, deberá buscar el Necronomicón para volver a su época. Pero al cogerlo, despierta al Ejército de las Tinieblas y, a la vez, su parte malvada se hace líder de dicho ejército. Entonces deberá guiar a los humanos en una batalla contra un ejército de no-muertos y proteger al Necronomicón para asegurar la salvación de la humanidad y poder así regresar a su época.


La última entrada en la trilogía “Evil Dead”, creada por el director Sam Raimi, llevaba varios años en carpeta. Aunque Raimi pretendía co-escribir el guión con Scott Spiegel, quien trabajó en el guión de “Evil Dead 2” (1987), este estaba ocupado con el guión de la cinta de Clint Eastwood, “The Rookie” (1990). Fue entonces cuando Sam decidió integrar al proyecto a su hermano Ivan, con quien trabajaría en la confección del guión durante la pre-producción y la producción de “Darkman” (1990). Los borradores sería leídos por Bruce Campbell y el productor Robert G. Tapert, quienes les realizarían algunas sugerencias a los hermanos Raimi. Entre esas sugerencias, salió la idea de que ya era hora que el personaje interpretado por Campbell, abandonara la cabaña en la cual sucedían los acontecimientos de las dos primeras cintas.

Fue así como surgió la idea de que Ash fuera arrastrado por un portal temporal, siendo arrastrado hasta la edad medieval. Para desarrollar la historia, Raimi se inspiraría en diversas fuentes, entre las cuales se encuentran las novelas “Los viajes de Gulliver”, de Jonathan Swift, y “A Connecticut Yankee in King Arthur´s Court”, entre otras, y cintas como “The Seventh Voyage of Sinbad” (1958), “Jason and the Argonauts” (1963), “The Day the Earth Stood Still” (1951), y los cortos de “Los tres chiflados”. El ambicioso proyecto tendría una serie de problemas durante el proceso de producción concernientes a la financiación del mismo. La cinta contaba con un presupuesto inicial de 12 millones de dólares, pero el director no tardó en darse cuenta de que esto no sería suficiente para terminar el film. La primera medida fue eliminar algunas escenas, lo que dañaba considerablemente la continuidad de la historia. Por esta razón, la Universal cedió otros tres millones para terminar el proyecto, lo que terminó involucrando una disputa legal por los derechos del personaje de Hannibal Lecter, existente entre el estudio y el productor Dino DeLaurentiis.


DeLaurentiis años antes, había producido la cinta “Manhunter” (1986), la cual contaba con la primera aparición cinematográfica de Hannibal Lecter. El estudio le pidió que cediera los derechos del personaje por la ayuda financiera que había recibido la cinta de Raimi (la cual también era producida por DeLaurentiis). Debido a que estos problemas legales duraron alrededor de un año, se retrasó considerablemente el estreno de la cinta en los Estados Unidos. Por el momento, “Army of Darkness” solo pudo ser estrenada internacionalmente. Para el tiempo que la Universal autorizó el estreno oficial, el estudio había editado la cinta y había incluido un nuevo final. Por esta razón, existen a lo menos cuatro versiones de “Army of Darkness”; la estrenada en el extranjero tenía una duración de 87 minutos. La versión norteamericana con el nuevo final solo dura 81 minutos. Una segunda versión para el mercado internacional, esta vez con el nuevo final, duraba 86 minutos. Finalmente, hace un par de años Raimi produjo un dvd con el corte del director, el cual tenía una duración de 96 minutos. (¡Spoiler!) En el final original, Ash se empareda en una cueva junto a su coche y tiene que beber 6 gotas de un líquido. Cada gota le hace dormir un siglo, y Ash bebe 7 gotas, lo que hace que despierte en el siglo XXI. Cuando sale de la cueva, descubre que una guerra nuclear ha destruido toda Inglaterra.

“Army of Darkness” la verdad es más una comedia que una cinta de terror, donde se hacen evidentes las múltiples influencias que tuvo el director a la hora de filmar la película. Desde alusiones a los Monty Python, hasta la utilización de efectos especiales al más puro estilo de Ray Harryhausen, se pueden apreciar durante el transcurso de la cinta, lo que en gran medida le ha otorgado el estatus de film de culto. En ese sentido, la creatividad y efectividad de los efectos especiales es uno de los puntos más destacables de la cinta. Desde el ejército de esqueletos (el cual no puede ser visto sin pensar de inmediato en “Jason and the Argonauts”), pasando por la secuencia en que Ash destroza un espejo, del cual salen varios “mini-Ashes”, los cuales comienzan a atacarlo sin piedad alguna, hasta los litros de sangre que salen expulsados del pozo al cual son lanzados los prisioneros de Lord Arthur (Marcus Gilbet).

Otro de los puntos altos es la actuación de Bruce Campbell. El aspecto más inteligente de su interpretación es la dicotomía que presenta. No solo existe un Ash bueno y otro malo, sino que el Ash original es una mezcla entre héroe y perdedor, un hombre inocente y bienintencionado, que al mismo tiempo que es un arrogante sabelotodo; un lider inspirador que también es un egoísta ingrato. Campbell logra que su personaje prevalezca incluso en los momentos en los cuales el guión se muestra más débil. Por lo mismo Ash es un personaje de culto, donde las numerosas frases clichés que lanza durante el transcurso de la cinta, tienen un encanto especial. El resto del elenco realiza un buen trabajo sin que tampoco su actuación resulte demasiado especial. Quizás la que más se destaca del resto del elenco es la actriz Embeth Davidtz, la cual también debe interpretar a un personaje que llegado un determinado momento pasa a formar parte del “reino de las tinieblas”.

“Army of Darkness”, es una cinta entretenida que podría ser definida como una comedia ambientada en un mundo de terror. Afortunadamente, la cinta puede ser vista sin la necesidad de haber visto las dos primeras entradas de la trilogía. Gracias a la inclusión de un flashback al inicio del film, nos enteramos de las razones por las cuales Ash ha retrocedido en el tiempo, convirtiendo a “Army of Darkness” en una historia con cierta independencia de la saga. Algunas de las escenas de batalla fueron sacadas directamente de los storyboards del film, “Joan of Arc” (1948), del director Victor Fleming, por el supervisor de efectos especiales, William Mesa. La banda sonora por otro lado, originalmente había sido escrita por Danny Elfman, pero tras la filmación de las escenas que fueron agregadas en la versión norteamericana, se llamó a Joseph LoDuca para que compusiera la nueva banda sonora. En definitiva, “Army of Darkness”, tiene bien ganado su estatus de film de culto, cuenta con una buena dirección, llamativos efectos especiales y buenas actuaciones, las cuales ayudan a cubrir las posibles debilidades de un guión más bien sencillo, además de contar con una buena banda sonora y una destacable fotografía. Tanto el final original como el alternativo son meritorios, aunque en lo personal prefiero el final alternativo (que incluye la lucha entre Ash y un No-muerto en la tienda en la cual trabaja). Sin más que agregar, solo me queda asegurarles que con este film de seguro van a pasar un buen rato.


por Fantomas.

lunes 6 de julio de 2009

A Fistful of Dollars: La primera entrada de la "Trilogía del dólar" de Sergio Leone.

“A Fistful of Dollars” (1964), es un western del director Sergio Leone, el cual está protagonizado por Clint Eastwood, Gian Maria Volonté, Marianne Koch y José Calvo.

Al pueblo de San Miguel, el cual se encuentra dividido por la batalla entre dos familias rivales, llega un pistolero solitario (Clint Eastwood) y de pocas palabras. Un tipo letal con su pistola y sin muchos escrúpulos, que decide jugar una doble militancia en el conflicto local para llenarse los bolsillos de dinero, comenzando un peligroso juego que puede causarle la muerte.


A principios de la década de los sesenta, el género del western se encontraba en su punto más bajo, donde ni siquiera el mítico John Wayne lograba congregar a un buen número de espectadores a las salas de cine. Lo que nadie esperaba, era que el género fuera revivido en Europa, específicamente en Italia, de la mano del director Sergio Leone. Y lo que fue aún más sorprendente, es que la cinta responsable de dicho renacer, fuera un remake del film “Yojimbo” (1961), del director Akira Kurosawa. El retrato de un lejano oeste más violento, menos romántico, duro y falto de hombres honorables (algo bastante alejado de la visión más clásica del western), fue lo que logró cautivar a las audiencias, y de pasada, catapultar la carrera de más de uno de los involucrados en la película.

Sabiendo que en Europa aún existía un vasto mercado para el género del western, Sergio Leone se lanzó a la misión de reinventar las convenciones habituales del género. Convencido en el potencial de la historia filmada por Kurosawa (la que de dicho sea de paso, está inspirada en la novela “Red Harvest”, de Dashiell Hammett), el director moderniza la historia, enfatizando el ansia de poder de las bandas rivales (reflejada en la adquisición de armas de todo tipo), además de eliminar los valores del héroe clásico aún presentes en la cinta japonesa. Pero por sobre todo, Leone busca alejarse lo más posible del modelo norteamericano, que por mucho tiempo había influenciado de manera potente a las producciones italianas, al punto de que muchos de sus directores terminaban contratando actores norteamericanos para protagonizarlas, además de utilizar diferentes seudónimos con el fin de americanizar el producto.

Irónicamente, Leone escogería a un actor norteamericano como su protagonista. Si bien Clint Eastwood se quedaría con el papel, estaba lejos de ser la primera opción del director. En un principio, Leone queria que Henry Fonda interpretara el rol del “hombre sin nombre”. Sin embargo, el presupuesto no era el suficiente como para contratar a una de las grandes estrellas de Hollywood. La segunda opción del director, era el actor Charles Bronson, quien rechazó el papel aludiendo a que el guión era deficiente. Otros actores que rechazaron el papel fueron Ty Hardin y James Corburn. Tras estos tropiezos, Leone intentaría contratar a Richard Harrison, actor que recientemente había participado en el primer western italiano, “Gunfight at Red Sands” (1963). El actor también rechazaría la oferta, pero sugerió a Clint Eastwood como un actor capaz de interpretar de manera convincente a un vaquero. Tiempo más tarde, Harrison declararía: “Tal vez mi más grande contribución al cine fue no participar en “A Fistful of Dollars”, y recomendar a Clint para el papel”.

Para aquel entonces, Clint Eastwood estaba aburrido de su rol en la popular serie de televisión, “Rawhide” (1959-1966), y ansiaba por nuevas oportunidades de trabajo. Cuando su agente le informó que una productora en Italia estaba interesada en contratarlo para filmar un western titulado, “The Magnificent Stranger”, no se mostró muy entusiasmado, aunque no tardó en aceptar el rol. Cuando Eastwood llegó a Italia, se encontró con la desagradable sorpresa de que las únicas personas que hablaban inglés eran el doble, Benito Stefanelli, y uno de los representantes de la productora. Para colmo, el actor tuvo una serie de discusiones con Leone, principalmente por el guión, el cual según él, contenía demasiado diálogo. Sería luego de convencerlo de reducir su diálogo al mínimo, que ambos hombres comenzarían a trabajar de manera productiva.


Y la verdad es que en gran medida, es gracias a Eastwood que esta cinta sobresale de entre las de su tipo. Su interpretación de este pistolero inescrupuloso, egoísta y manipulador, que es capaz de transmitir demasiado pese a su aparente falta de expresividad, y que utiliza el sarcasmo como una arma más de su repertorio, es uno de los personajes más representativos del actor (referenciado hasta el cansancio en múltiples cintas de Hollywood). Este hombre ambiguo, que es por sobretodo carismático, viene a romper todas las convenciones del western norteamericano. Además, Leone sabe explotar bien el misterio que rodea al personaje, otorgándole un aire casi fantástico, el cual refuerza aún más en el ya clásico enfrentamiento final con el personaje de Gian Maria Volonté, donde prácticamente se transforma en un ser fantasmal.

Lo otro sumamente destacable, es la dirección de Leone y la estupenda banda sonora de Ennio Morricone. El director nos entrega un conjunto de bien filmadas balaceras, parajes desolados, explosiones súbitas de violencia, y un buen número de close-ups de los rostros de los protagonistas, algo totalmente innovador para la época. Lo que realmente hizo Leone, fue establecer una puesta en escena similar al de las viñetas de un comic, donde las expresiones de los involucrados logran crear una marcada tensión. A esto se le suma la música compuesta por Morricone, que pese a estar en ciertos aspectos influenciada por la obra de Dimitri Tiomkin en “Río Bravo” (1959), se alza como una composición totalmente rupturista dentro del género, la cual lográ con éxito enfatizar tanto el suspenso como la violencia que presenta la historia. El uso más notable de dicha música, es durante la confrontación final entre el protagonista, el villano y sus secuaces.

La cinta sería filmada en ocho semanas, divididas entre el estudio Cinecitta ubicado en Roma, y en las locaciones ubicadas en Almería, España. La gran mayoría de los extras y algunos de los actores secundarios, fueron reclutados de la población local de gitanos. Así mismo, las condiciones en las cuales se filmó la historia eran absolutamente diferentes a las que se podían esperar de una producción hollywoodense. Sería el mismo Eastwood quien relataría en una oportunidad: “No teniamos electricidad, ni teniamos un trailer con un baño. No teniamos más opción que ir detrás de una roca”. Luego de terminar “A Fistful of Dollars”, Eastwood regresó a norteamérica sin imaginar nunca el revuelo que causaría esta modesta cinta. El film fue un éxito total en Europa y en los Estados Unidos, lo que gatilló que se filmaran dos “secuelas” que superarían lo hecho por la cinta original: “For a Few Dollars More” (1965) y “The Good, the Bad, and the Ugly” (1966).

Aunque uno podría señalar que el film posee algunos agujeros en el guión, y que obviamente no es la mejor de la trilogía de Leone, es innegable que esta cinta marcó una época en el género del western, así como también a una generación de cinéfilos. Además, es sumamente entretenida. “A Fistful of Dollars”, marcaria la pauta a nivel temático, estético y musical, para el resto de los “spaghetti western” que proliferarían durante toda una década (aunque para ser sinceros, el primer spaghetti western propiamente tal, es el film de 1959, “Terror of Oklahoma”, del director Mario Amendola). Por lo mismo no resulta extraño que esta cinta convirtiera a Eastwood en una superestrella a nivel internacional, además de ayudar a cimentar las carreras de Sergio Leone y Ennio Morricone. Con esta producción se logró establecer una nueva clase de antihéroe dentro del western, uno caracterizado por ser un pistolero motivado por el dinero y totalmente exento de culpa o de conciencia, que pese a todo, logra meterse a la audiencia en el bolsillo.


por Fantomas.

viernes 3 de julio de 2009

Spellbound: Hitchcock, el psicoanálisis, y Dalí.

“Spellbound” (1945), es un thriller psicológico del director Alfred Hitchcock, basado en la novela de Francis Beeding, “The House of Dr. Edwardes” (1927). La cinta está protagonizada por Ingrid Bergman, Gregory Peck, Michael Chekhov y Leo G. Carroll.

A la clínica psiquiátrica de Green Manors llega el joven y prestigioso doctor Edwardes (Gregory Peck) para sustituir al veterano director. El recién llegado, no tarda en ser mirado por los demás médicos con cierto recelo, ya que evidencia ciertos síntomas de amnesia y un gran complejo de culpabilidad. Edwardes cree ser culpable de un asesinato, pero no consigue recordar las circunstancias que rodearon al supuesto crimen, ni el lugar donde se cometió. La bella y fría doctora Constance Peterson (Ingrid Bergman), enamorada de él, tratará desesperadamente de demostrar su inocencia arriesgando su prestigio profesional e incluso, su propia vida.

Tras haber terminado las filmaciones de “Lifeboat” (1943), Alfred Hitchcock volcó su atención a su próximo proyecto. Consciente del deseo de David O. Selznick de realizar un film que hablara de las posibilidades curativas de la psicoterapia, Hitchcock había estado buscando una novela que sirviera para cumplir este objetivo, y cuyos derechos pudiera adquirir sin complicaciones. La idea del director era evitar los tópicos que pudieran resultar controversiales, y por una vez ganarle a Selznick en su propio juego, adquiriendo la opción cinematográfica de una novela adaptable, para luego revenderle los derechos al productor. La novela escogida por el director sería, “The House of Dr. Edwardes”, la cual había sido escrita por John Leslie Palmer y Hilary Aidan St. George Saunders, bajo el seudónimo de Francis Beeding, y cuyo contenido era un sorprendente relato de brujería, cultos satánicos, psicopatología, asesinato y confusión de identidades, ambientado en un asilo suizo.

Selznick se mostró bastante receptivo a la idea de Hitchcock, principalmente por el hecho de que en aquel entonces se encontraba consultando a un psicoterapeuta. Aunque el productor no se comprometió del todo con el proyecto, si se mostró sumamente interesado en que la historia se enfocara en el psicoanálisis. Finalmente, Selznick decidió comprarle los derechos a Hitchcock, quién dicho sea de paso, se encontraba en Londres, y le encargó la producción de la cinta al guionista Ben Hecht. Poco tiempo después, Hitchcock y Hecht comenzarían a trabajar en la confección del guión, para lo cual visitaron el Asilo de Hartford en Connecticut, la cual sería su primera parada en su recorrido por diversos hospitales mentales, antes de parar en los pabellones psiquiátricos del Hospital Bellevue ubicado en Nueva York. La colaboración entre el director y el guionista resultó ser bastante fructífera, especialmente por el hecho de la fascinación que ambos hombres poseían por los rincones más oscuros de la mente humana. Mientras que Hecht se preocupaba de ir hilvanando una trama coherente, Hitchcock aportaba con los giros argumentales que se apoyaban en aquellos hechos cotidianos que podían convertirse en pequeños traumas.

El guión terminado, que inicialmente tenía tan solo un leve elemento romántico que posteriormente sería aumentado por Selznick, contenía una buena parte de las pesadillas y traumas del director. Existe un sensación de latente culpabilidad que cruza toda la cinta, junto con una sensación de legado de las neurosis familiares, lo que no es más que una huella de ciertos recuerdos infantiles que de adulto permanencen escondidos bajo una avalancha de temerosa represión. Las dos historias de culpabilidad que aparecen en el film, exhiben en cierta medida los propios sentimientos del director: primero está el hombre que cree que fue el responsable de la muerte de su padre; el personaje interpretado por Gregory Peck por su parte, también esconde un sentimiento de culpabilidad que será revelado en el último tramo de la historia. Es la explicación que da el personaje de Bergman, “La gente se cree a menudo culpable de algo que nunca hizo. Normalmente es algo que se remonta a su infancia. El niño desea a menudo que le ocurra algo terrible a alguien, y si realmente le ocurre algo a esa persona, el niño cree que él ha sido la causa. Y crece con un complejo de culpa sobre un pecado que ha sido solamente un mal sueño infantil”, la que refleja la mezcla de resentimiento y culpabilidad que caracterizó la relación de Hitchcock con su padre.

En este sentido resultan claves las palabras que el personaje de Gregory Peck menciona en cuando tiene el ataque de pánico en el quirófano, “¡Abrid las cerraduras de las puertas! ¡No pueden mantener a la gente en celdas!, palabras que hacen alusión al recuerdo de la infancia de Hitchcock de ser encerrado por su padre en la celda de una prisión. La filmografía del director se fue convirtiéndo en una especie de autobiografía basada en sus experiencias que terminaban transformándose en tortuosas fantasías guiadas por la culpabilidad. Como bien menciona el viejo analista y mentor de Constance, interpretado por Michael Chejov, “Es muy triste amar y perder a alguien. Pero al cabo de un tiempo olvidarás. Volverás a tomar los hilos de tu vida allá donde los dejaste no hace mucho. Y trabajarás duro. Hay mucha felicidad en el trabajar duro. Quizá la mayor parte de la felicidad”. Tras las experiencias que vivió el director, llegó a la conclusión que esta afirmación era cierta.

Pese a todo esto, la escena clave en lo que al psicoanálisis se refiere, sería la famosa secuencia del sueño del personaje de Peck. Hitchcock y Hecht se las arreglaron para convencer a Selznick que contratara a Salvador Dalí para que realizara una serie de pinturas cuyas imágenes serían utilizadas para retratar el aproblemado inconsciente del protagonista. Aunque Selznick pensó que Hitchcock le pedía esto para obtener algo de publicidad extra, la verdad es que el director quería presentar secuencias oníricas que resultaran vívidas, lo que iba a resultar más fácil gracias a la gran ejecución gráfica del pintor. Pero las extrañas ideas surrealistas de Dalí, algunas de las cuales derivaban de “Un chien andalou” (1929) y “La Edad de Oro” (1930), los films que había diseñado en Paris con Luis Buñuel, llegaron a extremos desmesurados, e incluso Hitchcock tuvo que reconocer que Selznick tenía razón: la secuencia del sueño tal y como fue diseñada y filmada en un principio resultaba demasiado larga e incomprensible (la secuencia originalmente duraba 20 minutos y quedó reducida a no más de dos minutos). Dicha secuencia fue dirigida por William Cameron Menzies, ya que Hitchcock se encontraba en Londres en ese momento, pero su nombre no aparece en los créditos.

El manojo de actores que trabaja en este film realiza un estupendo trabajo, las actuaciones son impecables y totalmente creíbles, aunque en un principio Selznick pretendía contar con Joseph Cotten, Dorothy McGuire y Paul Lukas como sus protagonistas. La película obtuvo seis nominaciones al Oscar, entre las que se encuentran la de mejor actor secundario (Michael Chejov), mejor fotografía (George Barnes), y mejor director, de las cuales ganó uno a la mejor banda sonora, obra de Miklós Rózsa. El compositor se encargaría de introducir un instrumento musical electrónico conocido como theremin, el cual luego sería ligado a todo tipo de desórdenes psicológicos y mucho más tarde, pasaría a formar parte de las clásicas bandas sonoras de las cintas de ciencia ficción.

Más allá de todo el énfasis e interés que se le da al psicoanálisis, a fin de cuentas, poco termina importando. Toda la parafernaria psicológica termina siendo convirtiéndose en el instrumento utilizado para resolver el misterio que envuelve la trama, en otras palabras no es más que el famoso MacGuffin. Según el mismo Hitchcock, “Spellbound” es “otra historia de persecución envuelta en una trama que involucra un seudo-psicoanálisis”. De todas formas, la cinta marca uno de los puntos más altos de la carrera del director. Además de la estupenda e inolvidable secuencia onírica, el film está plagado de un buen número de maravillosos efectos visuales, una trama interesante y bien construida, sólidas actuaciones, un acercamiento más directo al universo freudiano, y una banda sonora que resulta ser una pieza importante del ensamblaje formado por el director. La película resultó ser un éxito, y hoy es vista como una de las mejores obras del brillante director.

por Fantomas.
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