martes, 1 de junio de 2010

The Stranger: La película más comercial de Orson Welles.

“The Stranger” (1946), es un film noir del director Orson Welles, el cual está protagonizado por el mismo Welles, Edward G. Robinson y Loretta Young.

Wilson (Edward G. Robinson) es un miembro de la comisión de crímenes de guerra que está buscando a Franz Kindler (Orson Welles), uno de los cerebros del holocausto quien ha borrado el rastro de su identidad. Para encontrarlo Wilson sigue a un antiguo camarada de Kindler llamado Meinike (Konstantin Shayne) hasta Harper, Connecticut, en donde resulta asesinado antes de poder identificarlo. Desde ese momento, la única pista que tendrá Wilson es la fascinación del criminal nazi por los relojes antiguos...


Con el estreno de “Citizen Kane” (1941), Orson Welles se había logrado posicionar como un artista importante en Hollywood, aunque al mismo tiempo había provocado que gran parte de la industria se tornara en su contra. Esto sucedió en gran medida debido al miedo que les provocaba el poderoso editor William Randolph Hearst, quien había servido de modelo para Kane, y a causa del resentimiento que provocaba el contrato único de Welles con la RKO, el cual le permitía completa libertad a la hora de abordar sus proyectos. Lamentablemente para el director, los fracasos de taquilla de “The Magnificent Ambersons” (1942) y “Journey Into Fear” (1942), provocaron que este descendiera del pedestal de “Joven Genio” en el cual se encontraba. Tras estar alejado de la industria por cuatro años, durante los cuales fue duramente atacado por la prensa, Welles aceptó la dirección de “The Stranger” con el sólo objetivo de demostrar que era capaz de trabajar bajo las normas impuestas por los estudios tan bien como cualquier otro director de la industria.

Originalmente, Welles quería que su compañera en el Mercury Theater, Agnes Moorehead, interpretara a Wilson, el cazador de nazis. “Pensaba que sería más interesante que él (Kindler) fuese perseguido por una mujer soltera que por Eddie Robinson, pero los ejecutivos del estudio no aceptaron la idea”, declararía Welles en una ocasión. Deseoso de complacer a los productores y restaurar su imagen de director rentable, Welles optó por contratar a Edward G. Robinson para el papel. Irónicamente, el actor resultó ser bastante problemático ya que constantemente se enfadaba con Welles debido a que según él, el director enfocaba su “lado malo”. Por su parte, a Wells le resultaba difícil imaginar cómo alguien tan poco atractivo como Robinson podía siquiera considerar que tenía un “lado malo”, pero para evitarse mayores problemas prefirió hablar con la actriz Loretta Young al respecto. Young permitió que el director cambiara los ángulos de las tomas para así mantener a Robinson contento. Sin embargo, ella tenía sus propios problemas. Young era una católica devota, por lo que en variadas ocasiones exigió posponer las filmaciones para así poder asistir a misa. Esto provocó que Welles tuviera que cambiar algunas escenas, lo cual realizó pensando que de esta forma demostraría que era un director eficiente y cooperador.

Sin embargo, el mayor logro de Welles fue haber rodado la película dentro los plazos estipulados y sin pasarse en el presupuesto. El productor Sam Spiegel (quien en ese entonces trabajaba bajo el seudónimo de S. P. Eagle), era un admirador del trabajo del director/actor por lo que ansiaba trabajar con él. Fue por este motivo que Spiegel contactó a Welles para que este interpretara a Kindler bajo la dirección de John Huston. Sin embargo, Welles deseaba reconstruir su carrera como director, por lo que le pidió al productor que lo dejara hacerse cargo del proyecto. Como Spiegel no quería perder a su protagonista, lo contrató como director aunque tomó algunas medidas para evitar cualquier tipo de excesos. El productor no sólo contrato al editor Ernest Nims para que mantuviera a raya a Welles en lo que se refería a los plazos de filmación, sino que además confeccionó un contrato que estipulaba que si el realizador traspasaba los parámetros acordados (tanto presupuestarios como de calendario), este tendría que dejar su rol como director pero estaría forzado a continuar con su labor actoral.

Como se adelanta en la sinopsis, Welles interpreta a Franz Kindler, un nazi que se ha asentado en un pequeño pueblo de Connecticut bajo la identidad del Profesor Charles Rankin. Cuando está a punto de contraer matrimonio con Mary Longstreet (Loretta Young), hija de un juez de la Corte Suprema el cual le ayudará a solidificar lo que él considera como el “camuflaje perfecto”, recibe una inesperada visita que amenaza con poner en riesgo sus planes, arrastrándolo por un sendero de muerte y traición que le será difícil de ocultar. A medida que Kindler/Rankin se ve cada vez más acorralado por Wilson, se ve en la obligación de contarle mentiras disfrazadas de verdad a su abnegada esposa, al mismo tiempo que el hermano de esta (Richard Long) y Wilson le revelan la verdadera identidad de su marido. Al no poder asimilar toda la información que la ha sido entregada, Mary queda al borde de una crisis nerviosa. Y es que para bien o para mal, ella se convierte en una pieza importante en el tenso juego del gato y el ratón en el que se ven involucrados Kindler y Wilson, ya que es la única testigo del encuentro entre Meineke y su marido.

Durante gran parte de la cinta, el enfrentamiento entre Wilson y Kindler es indirecto pese a que ambos están conscientes de la amenaza que representa el uno para el otro. Estos dos personajes en cierta medida controlan al resto de los involucrados en la historia como si fueran simples marionetas; mientras que Wilson maneja los hilos de los integrantes de la familia de Mary, Kindler se encarga de mantener a raya a su esposa lo más que pueda. Y la verdad es que la preocupación que Kindler exhibe por su esposa no está motivada por el amor, sino por su instinto de autopreservación. El gran generador de suspenso del film, es el proceso por el cual Wilson pretende conseguir la prueba definitiva que compruebe la verdadera identidad de Rankin. En el ámbito de las actuaciones, Edward G. Robinson realiza un buen trabajo como el calculador agente Wilson, quien no tiene problema en poner en riesgo algunas vidas con tal de atrapar a su presa. Orson Welles por su parte, sobresale como el nazi que intenta escapar por todos los medios de sus responsabilidades ante la justicia, pero que termina siendo traicionado involuntariamente por sus propias ideologías y su soberbia. En la otra cara de la moneda se encuentra Loretta Young, quien pese a tener un par de escenas correctas, cae demasiado a menudo en la sobreactuación por lo que su interpretación resulta poco convincente e incluso irrisoria por momentos.

Por otro lado, nos encontramos con el estupendo trabajo de fotografía de Russell Metty, y la atmosférica banda sonora de Bronislau Kaper que cumple un rol importante a la hora de imprimirle suspenso a algunas escenas. Es importante mencionar que la torre del reloj que se encuentra ubicada en el centro del pueblo de Harper, pasa a ser un escenario fundamental en la historia. No sólo se desarrollará el clímax del film en ese lugar, sino que además este funciona como la guarida personal de Kindler, a la vez que sus campanadas parecen ir marcando el paso de la historia. Como Welles debió someter su criterio artístico a los caprichos de los ejecutivos del estudio, en más de una ocasión afirmó que “The Stranger” era la peor película de su carrera. Esto está lejos de ser cierto, y la verdad es que este film resultó ser el más exitoso de su filmografía en términos comerciales. Y es que más allá de ser un producto “conservador”, este mantiene gran parte del estilo cinematográfico tan propio del director. Aunque evidentemente “The Stranger” no es la mejor cinta de Welles, esta resulta ser un efectivo thriller que presenta buenas dosis de suspenso, un más que correcto desarrollo de la historia y los personajes, una atmosférica iluminación, inusuales ángulos de cámara, y un argumento en cierta medida adelantado a su época, ya que el tema de la paranoia se convertiría en uno de los temas habituales del thriller y la ciencia ficción durante las décadas siguientes.




por Fantomas.

3 comentarios:

Claudia dijo...

Se ve que una pelicula muy interesante que hay que ver.
Excelente reseña, muy completa

Fantomas dijo...

- Claudia: Pese a ser una cinta más que interesante, no es precisamente una de las más recordadas de Welles. Me alegro que te haya gustado la reseña.

Saludos ;)

Lucifer, Becario del Mal dijo...

No la tenía presente, supongo que debe quedar algo eclipsadas por sus otras obras. Igualmente le doy un ojo. saludos!

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