lunes, 5 de julio de 2010

Veronica Lake: La vampiresa del Hollywood de los cuarenta.

Constance Frances Marie Ockelman, más conocida como Veronica Lake, nació el 14 de noviembre de 1922, en Brooklyn, Nueva York. Su padre, Harry Ockelman, quien trabajaba para la Sun Oil Company, falleció en 1932 cuando su navío estalló debido a una fuga de gas. Su madre, Constance Timble, preocupada por el bienestar de su hija, un año después del fallecimiento de su marido contrajo matrimonio con el dibujante y amigo de la familia, Anthony Keane. Esto causó que la familia tuviera que mudarse constantemente durante algún tiempo. Algunos reportes indican que Constance tuvo una niñez bastante problemática a causa de la esquizofrenia que le fue diagnosticada a temprana edad. Más allá de esos rumores, Constance asistió a la Escuela Primaria St. Angelo, donde a los ocho años de edad protagonizó la obra “Poor Little Rich Girl”, dejando gratamente impresionados a todos los asistentes. Posteriormente la familia se mudó a Montreal, donde Constance asistió por un tiempo a un colegio católico el cual ella detestaba, y del cual eventualmente fue expulsada. Algún tiempo después la familia se trasladaría a Miami, lugar en el cual la joven Constance empezó a llamar la atención por su particular belleza.

En 1938, la familia nuevamente se mudaría, esta vez a Beverly Hills, donde su madre la matricularía en la célebre Bliss-Hayden School of Acting de Hollywood. Para Constance, la actuación era en parte una suerte de tratamiento que la ayudaba a controlar su errática condición. Bajo el nombre de Constance Keane, la actriz debutó en la cinta de la RKO, “Sorority House” (1939). Posteriormente obtendría pequeños roles en las películas “Dancing Co-Ed” (1939) y “All Women Have Secrets” (1939). John Farrow, el director de “Sorority House”, impresionado por el aire misterioso de la actriz, se la presentó a Arthur Hornblow Jr., un productor de la Paramount que sería el responsable de cambiar su nombre a Veronica Lake. El apellido según Hornblow, hacía referencia a los profundos ojos azules de la joven actriz. De esta forma, Lake canceló su contrato con la RKO y en 1940 contrajo matrimonio con el director artístico John S. Detlie. El minúsculo rol que obtuvo en la cinta “Forty Little Mothers” (1940), llamó fuertemente la atención de los ejecutivos de la Paramount, quienes no dudaron en contratar a Lake. El 21 de agosto de 1941, tuvo una hija a la que llamaría Elaine.


La carrera de la actriz experimentaría un brusco ascenso luego de haber firmado por la Paramount. Pese a interpretar un rol secundario, ella produciría una fuerte impresión en el público como el interés amoroso de William Holden en el drama bélico “I Wanted Wings” (1941), al punto que los productores se olvidarían por completo del resto de elenco luego de verla, ofreciéndole una serie de papeles protagónicos en futuros proyectos. Su siguiente película también fue un éxito; “Hold Back the Dawn” (1941). Para ese entonces, Veronica ya era una actriz carismática y bellísima, pero con un toque de fina ironía. Durante los dos años siguientes, Lake aparecería en una serie de éxitos de taquilla, demostrando un talento considerable para la comedía como la esforzada actriz que acompaña a Joel McCrea en la cinta de Preston Sturges, “Sullivan´s Travels” (1941), y como la coqueta bruja que se enamora del descendiente del hombre que la condenó a la muerte en el film de Rene Clair, “I Married a Witch” (1942). En esta última, su coprotagonista Fredric March se incomodaría en el rodaje por la omnipresencia de Lake ante la cámara; en lugar de “I Married a Witch” empezó a llamar a la película “I Married a Bitch”. Una vez finalizado el rodaje, el actor no quiso volver a trabajar con la actriz.

Sin embargo, su particular peinado y su asociación con el actor Alan Ladd serían los grandes responsables de consolidar la leyenda de la actriz. La cinta “This Gun for Hire” (1942) marcaría la primera colaboración entre Lake y Ladd, la cual sería tan popular entre el público que la dupla protagonizaría cuatro películas, entre las que se incluyen las exitosas “The Glass Key” (1942), “The Blue Dahlia” (1946) y “Saigon” (1948). La verdadera razón que unió a esta pareja cinematográfica fue un tema de estatura; Lake con su 1.51m de estatura, era la única actriz más baja que Ladd, quien sólo media 1.65m. Lamentablemente, ambos morirían en condiciones similares a muy temprana edad. Para cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el influjo que la actriz ejercía sobre los espectadores trascendía el aspecto puramente cinematográfico. Una foto publicitaria puso de moda su icónico peinado platinado, denominado “peek-a-boo”, el cual le ocultaba un ojo. El peinado de la actriz pronto sería universalmente imitado. Por otro lado, algunos compositores como Rogers y Hart escribieron canciones en su honor, como por ejemplo “The Girl I Love to Leave Behind”, e incluso Lake cantó una canción sobre sí misma en el film “Star-Spangled Rhythm” (1942).

Lo que es aún más relevante, es que sus fotografías pin-up solían llenar las páginas de las revistas de la época, aumentado considerablemente su fama. Su impacto en la sociedad norteamericana de la época fue tan importante, que durante la guerra fue forzada a cambiar su particular peinado luego de que algunas de las mujeres que trabajaban en las fábricas de ensamblaje, sufrieran accidentes a causa de sus largos peinados los cuales en ocasiones se quedaban atrapados en la maquinaria. El cambio drástico que sufriría la apariencia de la actriz, para muchos provocó el inicio del declive de su carrera. Sin embargo, fueron muchos los factores que contribuyeron a que Lake perdiera el estatus de estrella. La actriz tenía fama de problemática en el set, y muchas de sus coestrellas se habían encargado de declarar abiertamente que no la soportaban; Fredric March se rehusaba a hablar de ella en las entrevistas, e incluso el genial Eddie Bracken hablaba pestes cuando se le preguntaba acerca de Lake. En 1943, ella se divorciaría de John Detlie luego de un lamentable accidente. Durante su segundo embarazo, mientras se encontraba filmando “The Hour Before Dawn” (1944), Lake se tropezó con un cable lo que le provocó una hemorragia, apresurando el nacimiento de su hijo William. Si bien ella logró recuperarse, su hijo falleció una semana después debido a un envenenamiento urémico.

Lo que dificultó aún más la frágil situación de la actriz, fue el hecho de su rol como una espía nazi en “The Hour Before Dawn”, fue salvajemente atacado por la crítica debido a su poco convincente acento alemán, lo que además provocó el rechazo del público. Durante aquel periodo, Lake comenzó a beber de manera frecuente y surgieron algunos rumores que apuntaban a que estaba sufriendo algunos episodios de inestabilidad mental. Estos factores son los que finalmente terminarían marcando el brusco declive de su carrera. Lamentablemente para ella, su próxima pareja no haría más que aumentar sus problemas psicológicos. En 1944, Lake contrajo matrimonio con el director Andre De Toth, quien tenía fama de ser un hombre violento. Al año siguiente, la pareja tendría a su primer hijo, Andre. Su unión con De Toth no hizo más que acrecentar la ingesta de alcohol de la actriz, y la verdad es que el director poco hizo para impedirlo. Como gran parte de los profesionales de la industria cinematográfica se negaba a trabajar con Lake, la Paramount la incluyó en una serie de proyectos mediocres, con la sola excepción de la cinta “The Blue Dahlia”, la cual recibió una nominación al Oscar al mejor guión.

Lamentablemente, la mala reputación que Lake se había forjado durante el transcurso de los años, continuó minando su carrera en Hollywood. Tanto Alan Ladd como el escritor y guionista Raymond Chandler, tenían malos recuerdos de sus colaboraciones con la actriz, quien en 1948 fue despedida de la Paramount. Probablemente lo único positivo que le ocurrió a Lake durante este periodo, fue que consiguió su licencia de piloto, lo que en 1946 le permitió volar en solitario desde Los Ángeles a Nueva York. En 1948 sería contratada por la 20th Century Fox, y ese mismo año tendría a su segunda hija con De Toth, Diana. Sin embargo, Lake sufriría el mismo destino que muchas de las actrices que brillaron a principios de los cuarenta, por lo que le sería imposible frenar su franca caída; la cinta que filmó para la Fox fue aún más mediocre que sus últimos films en la Paramount. Ya en 1952, tras un par de brevísimas participaciones en la televisión, Lake estaba con los problemas hasta el cuello. La cinta “Stronghold” (1951), fue un rotundo fracaso de taquilla que la alejaría del cine por más de una década. Para colmo, el Servicio de Impuestos Internos la estaba investigando por años de evasión tributaria, y su tumultuoso matrimonio con De Toth finalmente había terminado.

Durante años, Lake se las arregló para conseguir algunos papeles esporádicos en la televisión, y realizó algunas giras teatrales. Ella incluso nuevamente contrajo matrimonio, esta vez con el compositor Joseph A. McCarthy. Sin embargo, su suerte no cambiaría demasiado. En 1959 Lake vio como todos sus sueños se venían abajo de golpe; cuando ella se fracturó su tobillo se vio imposibilitada de continuar con su carrera como actriz. Esto la llevó a aumentar drásticamente su ingesta de alcohol, tras lo cual Lake desapareció del ojo público durante años. Tras divorciarse de McCarthy, comenzó a vivir en hoteles baratos en la zona de Brooklyn, y fue arrestada en varias ocasiones por embriaguez y escándalo público. A principios de los sesenta, un reportero descubrió que Lake estaba trabajando como mesera en un bar de Manhattan, lo que ella negó públicamente. Sin embargo, al poco tiempo no le quedó más remedio que reconocer la verdad. Curiosamente, toda esta situación de la actriz caída en desgracia le valió la simpatía del público, lo que generó su triste regreso a los escenarios.

Lake trabajaría como anfitriona de un programa de televisión de Baltimore y aparecería en algunas humildes producciones teatrales. En 1966 trabajaría en el film canadiense, “Footsteps in the Snow”, el cual fue visto por muy pocas personas. Desanimada por este nuevo fracaso, la salud mental y física de la actriz declinó rápidamente, y a finales de los sesenta se mudó a Florida atacada por la paranoia (ella creía que estaba siendo acosada por el FBI). Con los destellos de lucidez que le quedaban, logró escribir la autobiografía “The Autobiography of Veronica Lake”, en la cual detallaba su lucha constante con el alcohol, las enfermedades mentales y su violento temperamento. Con las ganancias obtenidas de la venta de su autobiografía, Lake intentó revivir su carrera produciendo y protagonizando el que sería su último film; “Flesh Feast” (1970), una cinta de horror de bajo presupuesto en la que interpretaba a una científica que buscaba la fórmula de la eterna juventud. Como era de esperarse, la cinta no obtuvo los resultados que ella tanto ansiaba.

A principios de los setenta, Lake se mudó a Inglaterra donde contrajo matrimonio con un capitán de barcos inglés llamado Robert Carleton-Munro. Al igual que el resto de sus matrimonios, este estaba destinado al fracaso, por lo que en 1973 se divorció de su cuarto marido. Ese mismo año, Lake regresaría a los Estados Unidos donde tuvo que ser hospitalizada de inmediato debido a la hepatitis y a la falla renal que la aquejaba (ambas eran complicaciones directas de su prolongado alcoholismo). Para ese entonces, su salud mental estaba gravemente deteriorada y la relación con sus hijos se había quebrado por completo. Por este motivo, Veronica Lake falleció en la más absoluta soledad el 7 de julio de 1973. Incluso se rumorea que pasaron varios días antes de que alguien se presentara a identificar su cuerpo. Algunas de sus cenizas fueron esparcidas en la Islas Vírgenes, y en el 2004 se supo que otra porción de sus cenizas se encontraban en manos de un amigo, quien eventualmente las había vendido a una tienda de antigüedades. Pese a que la carrera de Veronica Lake terminó tristemente, la actriz continúa siendo recordada como una de las estrellas favoritas del Hollywood de los cuarenta. Aún cuando su legado como actriz puede haber sido olvidado por algunos, ella siempre permanecerá viva como un ícono de la moda. En cintas como “Who Framed Roger Rabbit?” (1988) y "L.A. Confidential” (1997), podemos encontrar algunas referencias a la figura de Lake, encarnadas en personajes fríos y seductores. Pese a que han pasado varias décadas desde su fallecimiento, el particular atractivo de Veronica Lake sigue siendo reconocido como uno de los símbolos más característicos del Hollywood más sensual y glamoroso.



por Fantomas.

domingo, 4 de julio de 2010

Black Jack: Un médico poco convencional.

“Black Jack” (1996), es una cinta de anime de los directores Osamu Dezaki y Fumihiro Yoshimura, la cual está basada en el manga del mismo nombre creado por Osamu Tezuka.

Black Jack es un cirujano clandestino que posee una destreza extraordinaria para realizar intervenciones consideradas imposibles. Pero este extraño doctor está a punto de enfrentarse a algo absolutamente desconocido: Un numeroso grupo de superdotados aparece en el campo del deporte y del conocimiento. Pese al entusiasmo inicial que despiertan estos "súper humanos", un extraño virus comienza a atacarles, poniendo en peligro al resto de la población. Sólo Black Jack será capaz de enfrentarse a esta terrible epidemia antes de que esta se propague sin control por el mundo.

Entre el público adulto en Japón, “Black Jack” resultó ser el manga más exitoso de Osamu Tezuka (el padre del anime), probablemente porque este era su trabajo más personal, ya que antes de dedicarse al mundo del manga y el anime, Tezuka estudió medicina en la universidad. Black Jack, a quien Tezuka consideraba su alter ego, es un brillante cirujano con capacidades sobrehumanas (de hecho, en el manga incluso llega a realizar una cirugía en la más completa oscuridad, asistido solamente por su memoria fotográfica y sus extensos conocimientos de anatomía), quien nunca adquirió la licencia para ejercer la medicina debido a que no se muestra de acuerdo con algunas de las imposiciones éticas de la profesión. Si bien él ofrece sus servicios a quien esté dispuesto a pagarle exorbitantes sumas de dinero, y la mayoría de sus colegas consideran que es un rebelde insensible debido a su naturaleza enigmática y su personalidad antisocial, este siempre se muestra dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de curar a sus pacientes.

La verdad es que Black Jack es un personaje sumamente complejo, que si bien por momentos se muestra en extremo bondadoso, en otros deja en evidencia su naturaleza más cruel y violenta. Su rostro, marcado por una gran cicatriz, viene a representar la dualidad de este peculiar héroe. Dicha cicatriz tiene su origen en un accidente ocurrido cuando Black Jack tenía ocho años de edad, donde él y su madre resultaron gravemente heridos en una explosión. Mientras que su madre perdió las cuatro extremidades para luego caer en coma y fallecer, Jack fue salvado milagrosamente por la cirugía efectuada por el Dr. Jotaro Honma. Dicha operación no sólo provocó que Jack ahora luzca un injerto de piel más oscura en la mitad superior de su rostro (que viene a representar la dualidad antes señalada), sino que además marcó su vida de tal manera que este decidió que su destino era convertirse en médico. Por último cabe señalar que Black Jack siempre se muestra acompañado de una pequeña niña llamada Pinoko. El origen de Pinoko es a lo menos peculiar; ella fue creada por él a partir de un “Cistoma Teratógeno”, una suerte de gemelo parásito que vivió durante 18 años en el cuerpo de uno de sus pacientes, hasta que este lo extrajera y le diera un cuerpo formado por un exoesqueleto plástico. Cuando su hermana gemela la rechazó, Jack la adoptó como si fuera su hija, y por lo general lo ayuda en las labores domésticas e incluso durante algunas cirugías.

Toda esta introducción al manga y a sus personajes principales es necesaria debido a que en el film poco y nada se explica del pasado del protagonista. Sólo se menciona que es un doctor que cobra grandes sumas de dinero para realizar cirugías que nadie más se atreve a efectuar. La cinta comienza en medio de las Olimpiadas de Atlanta de 1996, donde un par de deportistas acaban de romper records que parecían humanamente imposibles. Esto sorprende a todo el mundo, quienes tildan a estos deportistas de “súper humanos”. Dos años después de estos logros deportivos, han aparecido otros “súper humanos” tanto en el deporte como en el aérea del arte y el conocimiento. Sin embargo, gran parte de este grupo de elite comienza a experimentar algunos extraños síntomas, donde el principal es una sensación de calor constante, la cual está acompañada de una sudoración extrema y el deterioro de la totalidad de los órganos. Cuando uno de los pacientes de Black Jack fallece tras presentar los mismos síntomas, este comienza a ser contactado por una misteriosa mujer llamada Jo Carol, quien no especifica sus intenciones. Sólo cuando esta secuestra a Pinoko, Black Jack accede a ayudarla en la investigación que busca determinar que está causando la muerte de las personas que en algún momento fueron considerados como “súper hombres”.

Eventualmente, Black Jack se entera que los síntomas son provocados por un virus cuyo origen es una extraña droga que aumenta la producción de endorfinas. Cuando su consciencia no le permite continuar con la investigación, a Jo Carol no le queda más opción que contagiarlo con el virus, presionándolo de esta forma a encontrar una cura que le permita utilizar la droga sin inconvenientes. Desde ese momento, el protagonista no sólo se verá involucrado en una carrera contra el tiempo para salvar su vida, sino que también deberá encontrar a Pinoko y cuidarse de los asesinos enviados por la empresa farmacéutica responsable de la droga, quienes buscan borrar toda evidencia que los involucre con la muerte de los “súper hombres”. La primera mitad del film se centra bastante en el actuar de Black Jack y en los procedimientos médicos que este realiza. De hecho, este tramo de la cinta fácilmente podría catalogarse como un drama médico con tintes de ciencia ficción. Ya durante la segunda mitad, la historia entra en el terreno del thriller a medida que se presenta a los dos grandes villanos del film: Jo Carol, quien está obsesionada con el uso de la misteriosa droga que le permitiría al ser humano alcanzar un nuevo nivel evolutivo, y la empresa farmacéutica para la que trabaja, que desde las sombras busca eliminar todo rastro del desastre que han provocado.

La trama en sí resulta bastante única dentro del mundo de anime, donde pocas veces se toca el tema de la medicina de manera tan profunda y cercana. Los personajes en general resultan ser interesantes. Black Jack es un personaje misterioso del cual nunca llegamos a saber demasiado, pero que de todas formas evidencia que su ética personal de trabajo está regida por la preocupación que le provocan aquellas personas que se convierten en sus pacientes, no importando si estas merecen recibir cualquier tipo de tratamiento. Además demuestra un gran cariño por Pinoko, con quien tiene una relación de padre e hija. Pinoko por su parte, es una niña de buenos sentimientos que aparece como la encargada de aportar algunas dosis de humor a un film más bien oscuro. Jo Carol en cambio, si bien es un personaje siniestro dominado por su deseo de utilizar una droga que según ella puede ser de utilidad para la humanidad, por momentos deja entrever su lado más humano y sensible, el cual quedó sepultado en gran medida debido a su duro pasado.

La animación si bien es visualmente atractiva, por momentos no es demasiado fluida. Tal vez lo más criticable en ese sentido, es la poca expresividad del rostro de Black Jack, algo que en todo caso no llega a molestar. La banda sonora compuesta por Eiji Kawamura resulta efectiva tanto para incrementar la tensión de algunas escenas, como para impregnarle cierto sentimentalismo a otras. La cinta está marcada por la gran cantidad de diálogo existente, el cual si bien en algunos momentos parece algo innecesario, afortunadamente no es demasiado técnico por lo que al espectador no le costará entender el dilema médico al que se enfrenta el protagonista. Aunque la primera mitad del film corre más bien a un ritmo pausado, esto cambia en la segunda mitad donde la cinta entra en el terreno del thriller, presentando altas dosis de tensión e incluso algunas escenas de acción. Cabe mencionar que existen algunos “cameos” de otros de los personajes creados por Osamu Tezuka, específicamente Astroboy y Kimba. Me atrevería a decir que “Black Jack” se presenta como una película única dentro del mundo de la animación, al combinar un drama médico con elementos más propios del thriller y de la ciencia ficción. Afortunadamente se puede ver sin problemas aún no habiendo leído el manga (incluso sin leer la "introducción" que he escrito se puede entender fácilmente la historia). En definitiva, posiblemente “Black Jack” no es una de las mejores cintas de anime, pero de seguro es una de las más interesantes que me ha tocado ver.




por Fantomas.

lunes, 28 de junio de 2010

Hansel and Gretel: Los oscuros confines de la imaginación infantil.

“Hansel and Gretel” (2007), es un film de terror del director Yim Pil-Sung, el cual está protagonizado por Chun Jung-Myeong, Eun Won-jae, Shim Eun-kyeong y Jin Ji-hye.

Tras sufrir un accidente automovilístico en medio de una solitaria carretera, Eun Soo (Chun Jung-Myeong) va a parar a una misteriosa cabaña repleta de dulces y juguetes, donde habita una extraña familia que parece estar dominada por los gustos y los caprichos de sus tres pequeños hijos. Aunque en un principio todo va bien, eventualmente el joven se da cuenta de que le es imposible escapar del bosque que rodea a la pequeña e idílica casa, cuyos habitantes esconden un oscuro secreto.


Hace ya bastantes años que la industria cinematográfica surcoreana viene produciendo una serie de películas realmente interesantes y cautivadoras, las cuales en su gran mayoría están ligadas al género fantástico. Lamentablemente, dichas producciones no son ampliamente distribuidas fuera de Asia, y cuando lo son, no consiguen la publicidad suficiente como para que la gente que no está familiarizada con este tipo de películas se entere de su existencia. Este es precisamente el caso de “Hansel and Gretel”, la cual es la segunda película del director y guionista Yim Pil-Sung, quien dos años antes había incursionado en el género del horror psicológico con el film “Antarctic Journal” (2005). En esta ocasión, el director le da vida a una oscura y retorcida reinvención del cuento escrito por los Hermanos Grimm, en el cual una pareja de niños se convierten en los prisioneros de una bruja cuya casa está hecha de jengibre. Los sueños infantiles, la pérdida de la inocencia y el poder de la imaginación, son parte de los temas que toca Pil-Sung en este film que fusiona la fantasía con el horror y el drama, y que a diferencia del relato de los Hermanos Grimm, está narrada desde el punto de vista de un adulto.

La trama de “Hansel and Gretel” gira en torno a un joven llamado Eun Soo, quien se encuentra de camino a ver su madre la cual está sumamente enferma, viaje que aprovecha para evitar afrontar el hecho de que está próximo a convertirse en padre. Mientras intenta contactarse con su novia, Eun Soo pierde el control del vehículo el cual va a dar al medio de un solitario bosque. Cuando logra recuperar el conocimiento, el joven se encuentra con una niña llamada Young Hee (Shim Eun-kyeong), quien le ofrece ayudar para salir del embrollo en el que se encuentra metido. Tras aceptar la ayuda de la pequeña, Eun Soo se ve obligado a pasar la noche en la casa de su inusual anfitriona, quien le recomienda que espere a que amanezca para intentar regresar a la carretera. Tan pronto como ingresa a la colorida casa de Young Hee, Eun Soo empieza a percibir que algo extraño sucede en el lugar. Junto a la niña, viven sus hermanos Jung-soon (Jin Ji-hye) y Man-bok (Eun Won-jae), y los padres de estos, quienes no parecen tener otra preocupación más que consentir a sus tres retoños. Sin embargo, lo que realmente le preocupa a Eun Soo, es que la cabaña parece estar completamente desconectada del resto del mundo, ya que no solo el único teléfono del lugar se encuentra en reparaciones, sino que además su celular no consigue captar señal alguna al interior de un lugar que parece estar sacado de un retorcido cuento de hadas.

Todo empeorará drásticamente para Eun Soo a la mañana siguiente, cuando se percata que la casa no solo se encuentra aislada en medio de la nada, sino que además el bosque que la rodea es un laberinto gigante el cual no parece tener salida. Para colmo, los padres de los niños deciden ausentarse sin previo aviso del lugar y por un tiempo indefinido, obligando al joven a hacerse cargo de los pequeños. Durante su estadía forzosa al interior de la casa, Eun Soo es testigo de una serie de acontecimientos extraños que parecen tener una raíz sobrenatural. Tenebrosos sonidos provenientes del techo, misteriosas figuras que deambulan amparadas en la oscuridad, y pasillos que parecen cambiar de forma con el correr de los minutos, son parte del repertorio siniestro que esconde la llamada “Casa de los Niños Felices”. Inevitablemente y de manera gradual, Eun Soo comienza a perder la razón al mismo tiempo que intenta por todos los medios descubrir el secreto que esconden con tanto recelo Young Hee y sus hermanos, antes de que sea demasiado tarde para él y para una pareja de desconocidos que no son lo que aparentan ser.

Aún cuando la cinta explora el lado más siniestro del mundo infantil, y al mismo tiempo retrata a Young Hee y a sus hermanos como figuras casi demoniacas, el director incluye algunos giros de tuerca que impiden que el espectador satanice por completo a los pequeños. Tal y como sucede en el cuento escrito por los Hermanos Grimm, los adultos parecen ser la raíz del problema en torno al cual gira la trama. Su actitud abusiva ha sido en gran medida el detonante del comportamiento violento y caprichoso de un grupo de niños que han decidido convertir una solitaria casa en medio del bosque, en una suerte de santuario llamado a resguardar su inocencia perdida y sus ansias de juventud eterna. Con el fin de reafirmar la noción de que los adultos en sus intentos por destruir el mundo de fantasía impuesto por los niños, terminan corrompiéndolos y arrastrándolos a cometer actos impulsivos y horrendos, Yim Pil-Sung inserta en la historia a la pareja antes mencionada, la cual en reiteradas ocasiones exhibe una actitud hostil hacia los niños. Junto con esto, el director también incluye un flashback que no solo explica los motivos por los cuales Young Hee y compañía han decidido recluirse en un mundo de fantasía alejado del mundo de los adultos, sino que además establece ciertos paralelos entre el film y el cuento de los Hermanos Grimm, como por ejemplo claras referencias al canibalismo y a la tan temida pérdida de la inocencia.

En lo que a las actuaciones respecta, la totalidad del elenco participante realiza un estupendo trabajo. Mientras que Chun Jung-Myeong convierte al protagonista en un personaje carismático con el cual el espectador logra identificarse, el trio de niños logra con éxito proyectar la dualidad de sus personajes, los cuales por momentos resultan ser realmente aterrorizantes y siniestros, para luego convertirse en seres frágiles y atormentados por los fantasmas de su pasado. En cuanto al aspecto técnico de la producción, no solo resulta destacable el vistoso trabajo de fotografía de Ji-yong Kim, sino que además la maravillosa dirección de arte de Seong-hie Ryu. Algo que sin duda resulta curioso, es que pese a las tonalidades alegres que inundan el peculiar hogar de los tres niños, este logra convertirse en un lugar siniestro donde por las noches abundan los peligros en cada uno de sus rincones. Y es que incluso alegres pinturas de conejos, inocentes muñecas de trapo y rústicos dibujos infantiles, adquieren un cariz claramente amenazador al interior de la “Casa de los Niños Felices”. Por último cabe destacar la banda sonora compuesta por Byung-woo Lee, la cual no solo cumple un rol fundamental a la hora de construir la atmósfera opresiva e inquietante que domina a gran parte del relato, sino que además durante el tramo final de la cinta es la gran responsable de que el horror se convierta en sentimentalismo.

En términos narrativos, mientras que la primera mitad del film se caracteriza por sumergirse en los terrenos del suspenso y del horror, la segunda mitad entra más de lleno en el melodrama, lo que convierte al relato en una suerte de fantasía agridulce que invita al espectador a recordar la importancia de sus seres queridos. Probablemente es a causa de este cambio de dirección temática, que durante la segunda mitad de la cinta el ritmo narrativo decae notablemente, al igual que el interés del espectador en una historia que por momentos resulta ser demasiado compleja. En líneas generales, el film de Yim Pil-Sung se presenta como una interesante reinvención del cuento clásico de los Hermanos Grimm, en la cual si bien cambian los personajes y el escenario donde transcurre la historia, el trasfondo de esta es prácticamente el mismo. En definitiva, pese a sus falencias en el aspecto narrativo, “Hansel and Gretel” resulta ser una producción interesante que no solo presenta un indiscutible atractivo visual, buenas actuaciones y una atrayente mezcla de géneros, sino que además refleja a la perfección la dualidad existente en la gran mayoría de los cuentos infantiles.



por Fantomas.

Peter Lorre: Un pequeño gran actor ligado a los roles secundarios.

Ladislav Löwenstein, más conocido como Peter Lorre, nació el 26 de junio de 1904, en Rozsahegy, Hungría. La madre de Peter falleció en 1908, tras lo cual su familia se mudó a Rumania, y luego a una granja en Austria durante la Primera Guerra Mundial. Cuando el territorio austriaco donde se encontraban pasó a ser parte de la entonces Yugoslavia, la familia regresó a Viena. Para ese entonces, Peter ya se había fijado el objetivo de convertirse en actor. Aunque para complacer a su padre, Peter trabajó durante un tiempo como empleado de un banco, pronto comenzó a dedicar todo su tiempo a la actuación. En varios documentos biográficos se suele mencionar erróneamente que Lorre habría sido psiquiatra. Probablemente este rumor se deba a que uno de los primeros trabajos como actor sería en una compañía teatral especializada en el psicodrama (lo que se entiende como el uso de la actuación como una herramienta terapéutica), la cual estaba liderada por el psicólogo Jacob Moreno. Sería durante este periodo que Ladislav Löwenstein cambiaría su nombre a Peter Lorre.

En 1924, pese a la desaprobación de su padre, Lorre se mudó a Breslavia donde continuó trabajando en el teatro, y luego se trasladó a Zurich, para en 1925 regresar a Viena. Él continuaría apareciendo en algunas producciones locales hasta 1928, cuando a los 21 años de edad decidió trasladarse a Berlín. Al poco tiempo de su llegada a la ciudad germana, fue llamado a participar en la obra “Pioniere in Ingolstadt”, en la cual interpretó al idiota del pueblo, papel que le valió una serie de buenas críticas. También participaría con igual éxito en las obras “Dantons Tod” y “Geschichten aus dem Wiener Wald”, llamando la atención del escritor avant-garde Bertolt Brecht, quien lo invitaría a participar en las obras “Happy End” y “Mann Ist Mann”. En aquella época, Lorre conocería a su primera esposa, Celia Lovsky. Durante este periodo también se enfermaría gravemente, razón por la cual tuvo que someterse a una compleja cirugía. El resultado de dicha intervención sería una serie de problemas de salud que lo acompañarían durante el resto de su vida, y una fuerte adicción a la morfina, la cual si bien logró mantener en secreto, jamás pudo dejar de lado. Sería su participación en la obra “Fruehlings Erwachen” la que llamaría la atención del director Fritz Lang, quien inmediatamente le ofreció a Lorre un rol en su primer film sonoro.


Mientras Lang realizaba los últimos preparativos antes de comenzar con la fase de filmación de su cinta, Lorre continuó trabajando en producciones teatrales como “Die Unuberwindlichen” y “Die Quadratur des Kreises”. Finalmente, en 1931 Lorre aparecería en el film de Lang “M”, el cual era la historia de un asesino de niños. La interpretación de Lorre como el siniestro asesino, resultó ser escalofriante, patética y convincente por partes iguales. Gracias a esto, el actor no sólo recibió el beneplácito de la crítica alemana, sino que además se le abrieron las puertas a nivel internacional. Pese a esto, durante los dos años siguientes Lorre sólo conseguiría roles secundarios o participaría como extra en un par de producciones alemanas. Cuando se preparaba para filmar su novena cinta, Lorre se vio obligado a escapar de Alemania con el ascenso de Hitler al poder. Si bien el actor no era un objetivo primario en el plan maestro de Hitler, era solo cuestión de tiempo para que los nazis fijaran sus ojos en él (el ser judío, extranjero y parte de la elite intelectual no le ayudaban mucho que digamos). Por lo tanto, el instinto de sobrevivencia y el rechazó hacia la creciente censura que dominaba a la Alemania de la época, llevaron a Lorre y a varios de sus colegas a abandonar el país en busca de nuevos horizontes.

El noveno film de Lorre sería terminado en Viena. Posteriormente, él y Celia se mudarían a Paris donde el actor participó sólo en la cinta “High and Low” (1933). En 1934, Alfred Hitchcock le pidió que interpretara a un terrorista en la cinta “The Man Who Knew Too Much”. Aunque Lorre ha declarado que no sabía ni una pizca de inglés cuando fue llamado a participar en el proyecto, él de todas formas logró imprimirle un toque siniestro a su personaje. El actor y el director mantendrían una cordial relación durante todo el proceso de filmación de la película, en especial debido a que ambos tenían cierta afición por las bromas pesadas. Durante su estadía en Inglaterra, Peter y Celia finalmente contraerían matrimonio. Su participación en el film de Hitchcock pronto llamó la atención de la industria hollywoodense, razón por la cual la Columbia Pictures no tardó en ofrecerle un contrato. Sin pensarlo demasiado, Lorre aceptó la propuesta y se embarcó hacia los Estados Unidos. Desafortunadamente, los ejecutivos del estudio no sabían qué hacer con él cuando arribo a Hollywood, por lo que la primera película norteamericana de Lorre sería el film de la MGM, “Mad Love” (1935), en el cual nuevamente interpretaría a un asesino psicópata.

A su regreso a la Columbia, Lorre aceptó interpretar a Roderick Raskolnikov en la versión cinematográfica de la novela de Fiódor Dostoievski, “Crime and Punishment” (1935). La película resultó ser un experimento interesante, pero lamentablemente no consiguió los resultados de taquilla deseados. De esta forma, Lorre regresó brevemente a Inglaterra para participar en otro film de Hitchcock, “Secret Agent” (1936). Cuando regresó a Norteamérica, el actor dejó la Columbia y firmó un contrato con la 2oth Century Fox. Su primer rol en el estudio sería el del Coronel Gimpy en la cinta “Crack-Up” (1936), el cual le permitió mezclar sus dotes para la comedía con su faceta más dramática. Su siguiente proyecto sería sin duda algo que se alejaba bastante de sus trabajos anteriores; Lorre sería escogido para interpretar al detective japonés Mr. Moto, el cual estaba basado en el personaje protagonista de las novelas de John P. Marquand. Como el estudio había tenido éxito con la serie de cintas protagonizadas por Charlie Chan, otro detective japonés, pensaron que sería buena idea repetir la fórmula. Gracias a la calidad actoral de Lorre, Moto se convirtió en un personaje bastante más interesante que el resto de los detectives que solían aparecer en las producciones hollywoodenses de la época.

La serie compuesta por ocho películas, comenzó en 1937 con la cinta “Think Fast, Mr Moto”, y finalizó en 1939 con “Mr. Moto Takes a Vacation”. La habilidad de Lorre para imprimirle a sus personajes una cierta característica siniestra, sería fundamental a la hora de convertirlo en un actor exitoso. Los villanos que interpretó mostraban un oscuro toque humorístico, mientras que sus personajes más cómicos poseían un trasfondo perverso. En 1940, Lorre comenzó a tener problemas con su esposa Celia, debido a sus amistades (entre los que se encontraba Humphrey Bogart), el alcohol y las mujeres. Si bien su matrimonio se quebró completamente durante ese año, la pareja recién se divorciaría en 1945. A principios de los cuarenta, el actor firmaría un contrato con la Warner Brothers, donde gozaría de cierta popularidad gracias a su participación en una serie de cintas de suspenso y aventuras. Su primer papel importante al interior del estudio sería en el film “The Maltese Falcon” (1941), donde interpretaría al amanerado Joel Cairo, uno de sus personajes más recordados.

Durante la filmación de dicha película, Lorre conocería a quien se convertiría en su segunda esposa; la actriz Kaaren Verne. Verne, quien hacía poco que había llegado de Alemania, estaba de visita en el set de filmación de “The Maltese Falcon” cuando supo que Lorre, a quien ella admiraba, se encontraba en el lugar. Ya durante la filmación de “All Through the Night” (1941), Peter y Kaaren se convertirían en una pareja inseparable, y cuatro años después, finalmente contraerían matrimonio. Actor de reparto predilecto de la Warner Bros, en 1942 el actor fue seleccionado para interpretar el rol de Ugarte en la cinta “Casablanca”, donde nuevamente tendría la oportunidad de trabajar con Bogart, con quién coincidiría en tres ocasiones más. Durante este periodo, el director Frank Capra le ofreció el rol del Dr. Einstein en la comedía “Arsenic and Old Lace” (1944), cuyo guión aún no estaba terminado. A la espera de que Capra terminara los últimos detalles de su proyecto, Lorre continuó trabajando al interior de la Warner, generalmente en producciones serie B donde interpretaba roles secundarios. Algunas de las cintas en las que participaría durante este periodo serían “The Constant Nymph” (1943), “The Cross of Lorraine” (1943), y “Passage to Marseille” (1944), entre otras.

Su rol en “Arsenic and Old Lace” sirvió para demostrar la veta cómica de Lorre, la cual continuaría explotando durante el transcurso de su carrera. Tras la Segunda Guerra Mundial, el actor participaría mayormente en thrillers y dramas bélicos como por ejemplo “Hotel Berlin” (1945), “Black Angel” (1946), “The Veredict” (1946) y “Three Strangers” (1946), entre otros. Lamentablemente, durante este periodo su carrera decayó, obligándolo a volver al teatro y a intervenir también en la radio. Fue entonces cuando volvió a Alemania y dirigió la que sería su única película como director, “Der Verlorene” (1951), la cual no tuvo demasiado éxito. En la década de los cincuenta, Lorre trabajaría mayormente en la televisión, aunque de vez en cuando obtenía papeles en el cine, algunos de los cuales aún son recordados con cierto cariño como por ejemplo los interpretados en “Beat the Devil” (1953), “20.000 Leagues Under the Sea” (1954) y “Silk Stockings” (1957). Para colmo, en 1950 Lorre se divorciaría de Kaaren Verne, debido a los problemas causados por su adicción a la morfina. Curiosamente, el actor conocería a quien sería su tercera esposa, Annemarie Brenning, mientras se encontraba internado en una clínica alemana de rehabilitación de drogas.

Ya a fines de los cincuenta, la participación de Lorre en el cine se reducida casi exclusivamente a cameos. Sería de la mano de Roger Corman y sus producciones de terror serie B, que el actor volvería a brillar en la pantalla grande acompañado de Vincent Price. El trío colaboraría en tres films: “Tales of Terror” (1962), “The Raven” (1963) y “The Comedy of Terrors” (1963). El 23 de marzo de 1964, cuatro días después de terminar de filmar la comedia “The Patsy” (1964), protagonizada por Jerry Lewis (cinta en la que dicho sea de paso, Lorre no quería participar), un infarto detuvo el corazón y la carrera de uno de los secundarios más recordados y distinguidos que nos ha dado el celuloide. Su rostro y sus caracterizaciones han inspirado los rasgos de no pocos personajes, y han desembocado en ríos de tinta que rinden merecido homenaje a un pequeño gran actor con una selecta galería de interpretaciones, las que le han valido un puesto de honor en la memoria de los amantes del séptimo arte.



por Fantomas.

martes, 22 de junio de 2010

Without a Clue: Detrás de cada gran detective, hay un ayudante que hace todo el trabajo.

“Without a Clue” (1988), es una comedia de misterio del director Thom Eberhardt, la cual está protagonizada por Michael Caine y Ben Kingsley.

El Dr. John Watson (Ben Kingsley) es un brillante detective. Sin embargo, para proteger su reputación como doctor, contrata a un actor llamado Reginald Kincaid (Michael Caine) para que personifique a Sherlock Holmes, el personaje que ha creado para ocultar su verdadera afición. Cuando en medio de un complejo caso Watson desaparece, el inepto “Holmes” deberá intentar resolver la situación antes de que sea demasiado tarde.

La idea que dio vida a esta inusual historia del detective más famoso del mundo, surgió luego de que el guionista Gary Murphy viera la adaptación televisiva de la segunda novela de Sir Arthur Conan Doyle protagonizada por Sherlock Holmes, “The Sign the Four”, en la cual Holmes humilla sin contemplaciones al Dr. Watson en frente de algunos detectives de Scotland Yard. Fue en ese momento que Murphy pensó en la posibilidad de desarrollar una historia donde Watson fuese en realidad el sagaz detective, y Holmes fuese sólo el encargado de llevarse el crédito de las investigaciones, convirtiéndose en una suerte de “imagen corporativa”. Con esta idea en mente, Murphy y su colega Larry Strawther desarrollarían el guión que posteriormente sería llevado a la pantalla grande por el norteamericano Thom Eberhardt. En cuanto al elenco protagónico, el productor Marc Stirdivant no dudaría en contratar a Michael Caine y Ben Kingsley, dos actores que a esas alturas ostentaban unas exitosas carreras. Las filmaciones comenzarían en noviembre de 1987, en Gloucester, Inglaterra.

Un poco antes de que comenzara el rodaje, Michael Caine declararía con respecto al film: “Es una comedia. Si tú piensas que yo voy a interpretar a Holmes y que el tipo que interpretó a Gandhi va a estar en el rol de Watson, que otra cosa podría ser además de una comedia”. En otra entrevista, Caine declararía: “A la fecha probablemente existen cientos de películas acerca de Sherlock Holmes, pero esta sin duda es única en su especie. Para mí, había solo una forma de interpretar a Holmes, y esa era de la forma más cómica posible”. Caine tendría una función fundamental al momento de filmar la cinta. Según la actriz Lysette Anthony, quien se encargó de interpretar a Leslie Giles, el guión en el papel no era ni la mitad de lo cómico e inteligente que terminó resultando una vez que se plasmó en la pantalla. Esto se debió en parte a que cierto día, el director tras presenciar uno de los ensayos llevados a cabo por Caine y Kingsley, pensó que sería mejor darle cierta libertad a los actores, en especial a Caine, para que estos pudieran improvisar cuando lo creyeran conveniente. Afortunadamente para él, el tiempo le daría la razón.

La cinta comienza con un par de ladrones quienes están intentando llevar a cabo el robo de sus vidas en la Royal Gallery de Londres. De pronto, entre las sombras aparece la figura inconfundible de Sherlock Holmes, quien acompañado por el Dr. Watson se enfrenta a los criminales quienes pronto se verán acorralados por Scotland Yard y el inspector Lestrade (Jeffrey Jones). Aunque el reconocimiento por la captura de los criminales cae sobre los hombros de Holmes, una vez que los detectives abandonan el lugar se revela la increíble verdad; es Watson el cerebro de las investigaciones, mientras que Holmes no es más que un perdedor incapaz de lograr una conjetura medianamente inteligente por sí mismo. Para colmo, Reginald Kincaid, el verdadero nombre del tipo contratado por Watson para personificar a Holmes, es un jugador, bebedor y mujeriego empedernido, lo que de todas formas no impide que este se lleve todos los créditos de las investigaciones en las que se ve involucrado, no importando lo obvio de sus observaciones o lo idiota de sus deducciones. Cansado de esta situación, Watson decide despedirlo para probar suerte con su nuevo producto; “John Watson, el doctor del crimen”.

Sin embargo, la charada que ha sostenido por tanto tiempo le impide que las autoridades o los admiradores de Holmes lo tomen en serio, por lo que cuando se involucra en el caso del robo de unas placas utilizadas para imprimir los billetes de cinco libras, el cual puede terminar por arruinar al Imperio Británico, a Watson no le queda más remedio que traer de regreso a Kincaid para la última investigación de Holmes. Desde el inicio de la cinta nos podemos dar cuenta de que estamos frente a una comedia de enredos y chistes visuales. El Holmes de Caine es bastante similar al Inspector Clouseau de Peter Sellers, en el sentido que constantemente está provocando enredos y dejando en evidencia su incompetencia, inclinándose más por el humor absurdo y dejando de lado toda sutileza. Durante la segunda mitad de la cinta, nos encontramos con el obligado giro argumental que hace hincapié en las interrogantes que plantea la investigación torpemente llevada a cabo por Holmes, lo que lamentablemente influye negativamente en el resultado del film. Al carecer la investigación de todo misterio (un poco antes de la mitad del relato nos enteramos que es el Profesor Moriarty quien está detrás del robo de las placas), el único punto de interés que esta presenta la cinta es la posible “redención” como detective de Kincaid/Holmes y los errores que este continúa cometiendo pese a sus buenas intenciones.

La principal razón por la que esta película funciona tan bien es debido a la química innegable que existe entre Caine y Kingsley. Caine es comiquísimo como el irresponsable, cobarde y torpe Holmes, quien protagoniza gran parte de las escenas más divertidas de la cinta, al mismo tiempo que se complementa de manera perfecta con el brillante pero ninguneado Dr. Watson, a quien le cuesta resignarse a la idea de que su creación se lleve todos los aplausos. Por su parte, tanto Jeffrey Jones como Lysette Anthony, realizan un gran trabajo como Lestrade y Leslie Giles respectivamente. No deja de resultar divertida la constante batalla de “intelectos” que se lleva a cabo entre Holmes y Lestrade, donde este último al no percatarse de la farsa que sostienen Watson y su amigo actor, intenta imitar por completo a Holmes. Lo que definitivamente llama la atención con respecto a la cinta, es su tono clásico y la estupenda dirección de arte de Terry Ackland-Snow y Robin Tarsnare, quienes construyen unos escenarios más que acordes con la época y el lugar donde transcurre la historia. Igualmente satisfactorios resultan ser el trabajo de fotografía de Alan Hume, y la banda sonora compuesta por Henry Mancini.

“Without a Clue” no presenta una historia con demasiadas sorpresas y por momentos se torna demasiado teatral. Sin embargo, dentro de los cientos de adaptaciones de las aventuras del archiconocido Sherlock Holmes, esta película se presenta como una refrescante y original revisión del personaje. Además refleja un momento de la vida de Conan Doyle, quien cansado de su personaje más famoso, intentó “asesinarlo” sin mayor éxito. Más allá de las posibles fallas que pueda presentar esta cinta, “Without a Clue” es una divertida y eficaz comedia que vale la pena revisar, principalmente por la impecable interpretación de sus protagonistas, un puñado de situaciones realmente hilarantes, y por lo original de su premisa. En definitiva, a mi gusto esta es una de las mejores películas del siempre irregular Thom Eberhardt, y es una verdadera joya olvidada que merece ser redescubierta, en especial por los espectadores asiduos a las aventuras del incomparable Sherlock Holmes y su siempre fiel compañero el Dr. Watson.




por Fantomas.

lunes, 21 de junio de 2010

Michael Caine: El "Cockney" que logró convertirse en una estrella.

Maurice Joseph Micklewhite, más conocido como Michael Caine, nació el 14 de marzo de 1933, en una de las aéreas más pobres de Londres. Su madre trabajaba haciendo el aseo en el Mercado Billingsgate de Londres, mientras que su padre (quien trabajaba como cargador en ese mismo lugar) al momento del nacimiento de Michael se encontraba desempleado. Tan precaria era la situación de la familia de Micklewhite, que vivían hacinados en una casa junto a otras tres familias. Para colmo, la casa no contaba con electricidad y tenía sólo un baño para 12 personas. Cuando Maurice tenía 14 años, comenzó a interesarse por la actuación, aunque no precisamente por la actividad en sí. En aquella época, Maurice se sentía atraído por un muchacha llamada Amy, la cual participaba en el club de drama de la escuela secundaria a la que ambos asistían. Cierto día, mientras él miraba una de las sesiones del club de drama escondido tras una puerta, esta repentinamente se abrió, lo que causó que Maurice irrumpiera violentamente en la habitación quedando postrado en el piso. Sorprendida, la profesora a cargo del club elogió el “entusiasmo” de uno de los pocos hombres que parecían demostrar cierto interés por la actuación. Aunque Caine intentó excusarse, una vez que sus ojos se posaron en Amy este decidió inscribirse en el club.

Con el pasar del tiempo, Caine comenzó a ver la actuación como el medio que le serviría para alcanzar la fama que le ayudaría a dejar atrás el mundo en el que se vio inmerso durante su niñez. Sin embargo, él estaba consciente que para lograr dicha meta tendría que esforzarse a diario y cubrir algunas falencias provocadas por su educación incompleta. Y es que cuando este tenía 16 años, dejó la educación secundaria para buscar un trabajo y así ayudar a su familia. Durante los siguientes dos años, Caine trabajaría como mesero, conserje y asistente de cocinero, postergando inevitablemente su sueño de convertirse en actor. Luego de la Segunda Guerra Mundial, Caine intentó hacer carrera en el ejército por lo que en 1951 se enlistó en el Regimiento Queens Royal, y posteriormente sirvió en Alemania y Corea. En 1953, luego de completar el Servicio Militar, trabajaría en dos compañías de teatro y conocería a su primera esposa, Patricia Haines. Una vez casado, Michael y Patricia se mudaron a Londres para perseguir una carrera en la actuación. Sería durante este periodo que Maurice Micklewhite cambiaría su nombre a Michael Caine, cuyo origen sería la cinta “The Caine Mutiny” (1954).


Durante 1955, Caine y su esposa tuvieron que sortear algunos problemas económicos, los cuales se acrecentaron cuando nació la primera hija de ambos, Dominique. Esto sumado a la deteriorada relación matrimonial de Caine, terminaron por separar a la pareja tras dos años y medio de matrimonio. Con un gran sentimiento de culpa y sin ningún centavo, Michael regresó a la casa de sus padres. Como su padre se encontraba postrado debido a algunos problemas en su columna, Caine tuvo que tomar un trabajo en una fábrica de acero. Desafortunadamente, su padre falleció al poco tiempo después, tras lo cual Michael se mudó a Paris donde trabajó un tiempo como mesero. A su regreso a Londres, Caine encontró un telegrama que había sido enviado por su agente, en el cual le comunicaba que le había conseguido un trabajo. Dicho trabajo era un rol en la cinta “A Hill in Korea” (1956). Lamentablemente el film pasó desapercibido, por lo que Caine optó por despedir a su agente y trabajar durante un tiempo en el teatro. Durante los cuatro años siguientes, Michael obtuvo pequeños roles en varias series de televisión y algunos papeles como extra en un par de largometrajes. Pese a que a finales de los cincuenta Caine comenzó a obtener mejores roles en el teatro y la televisión gracias a su actuación en obras como “Long, Short and Tall”, de todas formas sería arrestado por el no pago de la pensión alimenticia de su hija.

Ya durante la década de los sesenta, la carrera del actor comenzaría a ir en franco ascenso. Una noche tras finalizar una de las funciones de la obra “Next Time I´ll Sing to You”, Stanley Baker, una de las más grandes estrella del cine británico de la época, le contó a Caine acerca de un papel en la cinta “Zulu” (1964). El actor obtendría el rol de Gronville Bromhead en dicho film, el cual le permitiría demostrar su estampa y su talento a un mayor número de personas. Tras haber firmado un contrato por siete años con la Embassy Pictures, Caine comenzó a prepararse para participar en “The Ipcress File” (1965), una cinta de espías que intentaba aprovechar el éxito de las cintas de James Bond, la cual además marcaría la primera ocasión en la que Caine interpretaría al espía Harry Palmer (personaje que encarnaría en cinco ocasiones). Cuando el director Lewis Gilbert vio el trabajo del actor en “The Ipcress File”, le ofreció el rol protagónico en el film “Alfie” (1966). Ese mismo año, Caine participaría en tres cintas más (“Gambit”, “Funeral in Berlin” y “The Wrong Box”), las cuales obtendrían distintos resultados de taquilla. Sería la nominación al Oscar por su rol en “Alfie” el que terminaría estableciendo al actor como una de las grandes estrellas del cine británico.

Durante el resto de la década del sesenta, Caine participó en nueve cintas más, siempre interpretando roles con distintos matices los cuales le permitieron demostrar su versatilidad como actor. Entre las películas más destacadas de este periodo se encuentran “Hurry Sundown” (1967), “The Italian Job” (1969) y “The Battle of Britain” (1969). También firmó un contrato por dos películas con la 20th Century Fox, las cuales lamentablemente tuvieron pésimos resultados de taquilla; estas serían “Deadfall” (1968) y “The Magus” (1968). Tras filmar en Austria el drama bélico “The Last Valley” (1970), Caine comenzó a albergar el deseo de convertirse en productor. Este deseo se convertiría en realidad cuando junto a un amigo llamado Michael Klinger, compraron los derechos de una novela titulada “Jacks Return Home”, la cual posteriormente se convertiría en “Get Carter” (1971). Lamentablemente para Caine, la cinta fue ampliamente criticada por su excesiva violencia, la cual se caracterizó por su marcado realismo. La próxima cinta del actor, “Kidnapped” (1971), sería el único trabajo que Caine haría sin goce de sueldo. A su regreso a Londres, el actor comenzó a sentir los estragos causados por el exceso de trabajo, por su creciente afición por el alcohol, y por los más de 80 cigarrillos que fumaba al día.

A sabiendas del delicado estado físico y mental en el que se encontraba, Caine se fue un tiempo al campo para descansar del frenético estilo de vida que estaba llevando. Alguien que cumpliría un rol importante en la rehabilitación del actor sería Tony Curtis, quien lo ayudaría a dejar el cigarrillo. Sin embargo, Caine seguía consumiendo a lo menos tres botellas de vodka al día. En cierta ocasión, mientras se encontraba tomando un café con un amigo, vio un comercial en el que aparecía una hermosa muchacha brasileña. Caine, quien quedó embelesado por la belleza de aquella mujer, se propuso conocerla sin importar como. Esa misma noche, el actor se enteró que la joven se llamaba Shakira Baksh, y que en realidad era india y no brasileña. Pese a que la muchacha se negó en un principio a tener una cita con Caine, fue la insistencia de este último lo que finalmente la convenció a aceptar su invitación. Tras filmar la cinta “Pulp” (1972), Caine se mudó junto a Shakira a su departamento en Londres. Por primera vez en mucho tiempo, el actor sintió que su vida era perfecta. Para mejorar aún más la situación, Caine recibió una invitación para co-protagonizar con Laurence Olivier el film “Sleuth” (1972). Al año siguiente, Caine contraería matrimonio con Shakira Baksh, quien a los pocos meses daría a luz a la segunda hija del actor, Natasha.

Durante la segunda mitad de los setenta, Caine seguiría cimentando su fama de actor versátil. Además de trabajar en la comedia de misterio “Peeper” (1975), también participaría en el drama “The Romantic English Women” (1975), del director Joseph Losey. Mientras Caine se encontraba junto a su esposa disfrutando de una tardía luna de miel en Paris, este recibió un llamado del director John Huston, por el cual el actor sentía una marcada admiración. Huston le ofrecería un rol en la cinta “The Man Who Would Be King” (1975), la cual sería rodada en Marruecos. Tras participar en el film bélico “The Eagle Has Landed” (1976), el actor tendría un cameo en el clásico “A Bridge Too Far” (1977). En 1978, debido a la gran cantidad de dinero que estaba perdiendo a causa de los impuestos, Caine y su esposa decidieron mudarse a Los Ángeles, donde rápidamente consiguió un rol en la cinta “The Swarm” (1978). En su próxima cinta, “California Suite” (1978), el actor interpretaría por primera vez a un homosexual, lo que le valdría el reconocimiento de la crítica. Lamentablemente para Caine, a principios de los ochenta sólo obtendría roles en cintas mediocres que obtuvieron pésimos resultados de taquilla.

Cuando parecía que la carrera de Caine se encontraba en franco descenso, esta pudo revitalizarse gracias al rol que el actor obtuvo en la cinta de Brian De Palma, “Dressed to Kill” (1980). Al año siguiente, el actor viajaría a Hungría para filmar el drama deportivo, “Escape to Victory” (1981), la cual tendría la particularidad de contar en el elenco con jugadores profesionales de fútbol. En 1983, Caine protagonizaría el drama “Educating Rita”, por el cual recibiría una nueva nominación al Oscar. El hecho de perder el Oscar al mejor actor a manos de Robert Duvall, provocó que Caine decidiera regresar a Inglaterra en 1984. Durante la segunda mitad de los ochenta, el actor participaría en cintas como “The Holcroft Covenant” (1985), “The Fourth Protocol” (1987), “Without a Clue” (1988) y “Hanna and Her Sisters” (1986), cuyo rol en esta última le valió el Oscar al mejor actor de reparto. En 1988, el escritor y director David Wickes le envío a Caine un guión que exponía una nueva e intrigante teoría acerca de la verdadera identidad de Jack el Destripador. En “Jack the Ripper” (1988), Caine interpretaría al detective a cargo de la investigación de los cruentos asesinatos ocurridos en el Londres del siglo XIX.

La década del noventa comenzaría para Caine con la miniserie “Jekyll & Hyde” (1990). Durante el resto de la década, el actor no obtendría roles demasiado interesantes, y generalmente interpretaría papeles secundarios. Su trabajo más destacado de este periodo sería en el film “The Cider House Rules” (1999), por el cual obtendría su segundo Oscar al mejor actor de reparto. En los últimos diez años, Caine ha interpretado una serie de roles secundarios en varias cintas comercialmente exitosas como por ejemplo “Miss Congeniality” (2000), “Children of Men” (2006), “The Prestige” (2006) y “The Dark Knight” (2008), entre otras. Además ha interpretado un par de roles protagónicos en los films “Secondhand Lions” (2003), “Flawless” (2007) y “Harry Brown” (2009), lo que ha servido para reafirmar su calidad como actor. El hecho de que en el último tiempo se hayan filmado una buena cantidad de remakes de cintas protagonizadas por Caine (“Italian Job”, “Get Carter”, “Alfie” y “Sleuth”), ha provocado un renovado interés por la filmografía del actor. Además de su carrera como actor, Caine se ha dedicado constantemente a alimentar sus hobbies, entre los que se encuentran la literatura, la jardinería y la gastronomía (de hecho, el actor es dueño de seis restaurantes). Con más de 80 películas a su haber y una carrera marcada por las dificultades y un constante espíritu de superación, Michael Caine se instala como uno de los mejores actores británicos de todos los tiempos, quien afortunadamente parece tener pila para rato. Esperemos que siga iluminando la pantalla con sus espléndidas actuaciones por muchos años más.











por Fantomas.

sábado, 19 de junio de 2010

The Eiger Sanction: Espionaje de altura.

“The Eiger Sanction” (1972), es un thriller de acción del director Clint Eastwood, el cual está protagonizado por el mismo Eastwood, George Kennedy y Vonetta McGee.

Jonathan Hemlock (Clint Eastwood), un asesino a sueldo retirado aficionado al arte, es forzado repentinamente a buscar a un doble agente que ha asesinado a un amigo cercano. La cacería lleva a Hemlock a participar en una aventura en los Alpes Suizos con un equipo de alpinistas, debido a que uno de ellos es el hombre que busca.


Intentado sacar provecho de la fiebre por las cintas de espías ocurrida durante los sesenta y los setenta, la Universal decidió adaptar la novela “The Eiger Sanction” del escritor Rod Whitaker, quien firmaba sus obras bajo el seudónimo de Trevanian. El mismo Whitaker en compañía de Warren Murphy y Hal Dresner, serían los encargados de escribir el guión que en principio serviría como vehículo para el actor Paul Newman. Sin embargo, cuando Newman se vio imposibilitado de participar en el film, la Universal contrató a Clint Eastwood para interpretar el rol del asesino Jonathan Hemlock. Pese a que la relación de Eastwood con el estudio se venía deteriorando hace ya algunos años, específicamente debido a las pobres campañas de promoción que la Universal desarrollaba para las películas producidas por la Malpaso (de hecho, sería la última cinta que Eastwood filmaría para la Universal), el film le ofrecía la oportunidad de utilizar el alpinismo como uno de los elementos clave de la trama (deporte que en lo personal le interesaba bastante al actor/director), por lo que finalmente decidió unirse al proyecto.

Eventualmente Eastwood asumiría la dirección de la cinta luego de que su amigo Don Siegel le recomendara hacerse cargo del proyecto. Según el escritor Rod Whitaker, “The Eiger Sanction” no es más que una sátira de las novelas de Ian Fleming protagonizadas por James Bond. A raíz de esto, la novela presenta a un protagonista bastante menos glamoroso y sofisticado que su símil británico, además de una serie de juegos de palabras que no buscan otra cosa más que burlarse de los personajes y de su secreta actividad. Si bien Eastwood decidió mantener el perfil del protagonista, el cual se asemejaba bastante al de los personajes que el actor había interpretado anteriormente, optó por rehuir de la espectacularidad propia de las cintas de espías, para intentar que la historia se presentara de la manera más realista posible. Esto lo llevó a protagonizar todas las escenas de alpinismo (aunque también esgrimió que uno de los motivos que lo llevaron a hacerlo, fue que no esperaba que un doble de riesgo estuviera dispuesto a arriesgar su vida si él no estaba dispuesto a hacerlo), para lo cual tuvo que entrenarse durante varios meses. Esta fue la principal razón por la cual esta película adquirió cierta fama, más aún cuando se supo que durante el segundo día de filmación, David Knowles, uno de los dobles de riesgo, perdió la vida luego que una roca golpeara su cabeza.

En cuanto a la historia, en Zúrich un espía norteamericano cuyo nombre clave es Wormwood (Frank Redmond), tras recoger un rollo con información secreta es apuñalado por dos asesinos. De vuelta en los Estados Unidos, nos encontramos con Jonathan Hemlock, un asesino a sueldo retirado que no quiere saber nada de su antigua vida ni de la organización para la que alguna vez trabajó. Hemlock, cuya gran pasión es coleccionar valiosos cuadros de distintos pintores, ahora vive impartiendo clases de Historia en la Universidad. Hasta él llega Pope (Gregory Walcott), el mensajero de la organización dirigida por Dragón (Thayer David), un albino que vive encerrado en un búnker debido a su imposibilidad de exponerse a la luz del sol, para encargarle el asesinato del agente que ha matado a Wormwood. Pese a la negativa inicial de Hemlock, eventualmente se ve obligado a cooperar con su antiguo empleador luego de que este lo amenaza con dar orden de confiscar su valiosa colección de arte. Lo que parece un trabajo sencillo se complicará cuando Hemlock se vea obligado a participar en la ascensión de una de las caras del monte Eiger ubicado en los Alpes Suizos, con el fin de revelar la identidad del responsable del asesinato de Wormwood y del robo de la información secreta que este llevaba consigo.

La historia básicamente se divide en tres segmentos, donde el primero consiste en la presentación del protagonista, su filosofía y su frialdad al momento de efectuar sus “sanciones”, y en la introducción del “McGuffin” de turno, que en este caso no es otro que el famoso rollo con información secreta que le es arrebatado a Wormwood. Es en este tramo del film donde nos enteramos de la existencia de la secreta organización de asesinos, y de las razones que llevaron a Hemlock a abandonar dicha organización, además de conocer a Jemima Brown (Vonetta McGee), el interés amoroso del protagonista. Ya en el segundo tramo del film, presenciamos el duro entrenamiento al que se debe someter el protagonista si es que desea salir airoso de su misión en el Eiger, y nos son presentados dos nuevos personajes: Miles Mellough (Jack Cassidy), un antiguo enemigo de Hemlock el cual supuestamente conoce la verdadera identidad del asesino, y Ben Bowman (George Kennedy), un viejo amigo del protagonista que además de colaborar en su entrenamiento, está encargado de supervisar la ascensión del Eiger. Aunque evidentemente este es el tramo más flojo de la cinta, presenta algunos momentos destacables como la persecución por el desierto que protagonizan Hemlock, Mellgouh, y su guardaespaldas.

Ya en el último tramo del film, Eastwood se concentra de lleno en la espectacular y peligrosa ascensión del Eiger. Aunque este segmento no está exento de la intriga que rodea al grupo de alpinistas, son las escenas de alpinismo las que realmente llaman la atención. Dichas escenas no contienen ni el más mínimo efecto especial, por lo que gracias a su marcado realismo, el vértigo propio de la altura, y el espectacular trabajo de fotografía de Frank Stanley, la cinta adquirió un cierto seguimiento de culto. En el ámbito de las actuaciones, el personaje interpretado por Eastwood está hecho a su medida. Si bien en numerosas ocasiones se ha atacado la calidad interpretativa del actor, este personifica perfectamente a personajes rudos y rebeldes quienes sólo siguen las reglas impuestas por ellos mismos. George Kennedy por su parte, realiza un buen trabajo como el afable amigo de Hemlock. Lamentablemente, da la impresión que se le podía haber sacado un mayor provecho a su personaje. Algo similar sucede con Vonetta McGee, la cual si bien realiza un buen trabajo como la agente que se enamora de Hemlock, su papel termina siendo totalmente intrascendente.

En cuanto a la banda sonora compuesta por John Williams, es sin duda uno de los puntos altos del film junto con el ya mencionado trabajo de fotografía de Frank Stanley. “The Eiger Sanction” difícilmente podría ser considerada como una de las mejores películas de Eastwood, o como una entrada destacada del llamado “cine de espías”, principalmente debido a la gran cantidad de tiempo que Eastwood le dedica al entrenamiento al que debe someterse su personaje, lo que reciente un poco el ritmo narrativo del film. La película dura alrededor de dos horas, pero perfectamente se podrían haber editado a lo menos 15 minutos de metraje que no aportan demasiado a la historia. Sin embargo, la película de todas formas resulta ser lo suficientemente entretenida como para mantener la atención del espectador durante todo el transcurso del relato. Además tiene la virtud de presentar un final relativamente inesperado, y ser un verdadero espectáculo visual que como dije anteriormente, se destaca por su marcado realismo. En definitiva, “The Eiger Sanction” contiene algunos elementos que la convierten en una película interesante, los que sin embargo no logran situarla como una obra completamente satisfactoria.




por Fantomas.

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