jueves, 26 de agosto de 2010

Hands of the Ripper: Un enfoque diferente de la leyenda de Jack el Destripador.

“Hands of the Ripper” (1971), es un thriller de terror del director Peter Sasdy, el cual está protagonizado por Eric Porter, Angharad Rees y Jane Merrow.

Siendo tan solo una niña, Anna (Angharad Rees) tuvo que contemplar cómo su padre, Jack el Destripador, asesinaba a su madre delante de ella. Varios años más tarde, la joven comienza a trabajar junto a Madame Goldwin (Dora Bryan), una falsa médium. Tras un violento encuentro con uno de los clientes de Goldwin llamado Dysart (Derek Godfrey), algo estalla en la cabeza de la joven, quien termina asesinando a su patrona. Es entonces cuando un psiquiatra llamado John Pritchard (Eric Porter) entra en escena para intentar ayudar a la atormentada joven.


La productora británica Hammer Films, la cual durante los años sesenta plasmó una serie de historias escalofriantes en la pantalla grande, curiosamente no había vuelto a visitar el tema de los infames asesinatos de Whitechapel cometidos por Jack el Destripador a fines del 1800 en Londres, desde que el director Godfrey Grayson lo hiciera en la cinta “Room to Let” (1950). Esto cambiaría a principios de los setenta, cuando la productora decidió recuperar el tiempo perdido y pedirle al guionista Lew Davison, quien fue uno de los tantos escritores que intentó llenar el vacío dejado por el productor y guionista Anthony Hinds cuando este abandonó la Hammer, que desarrollara un guión a partir de un borrador escrito por Edward Spencer Shew, el cual pretendía darle un nuevo giro a la clásica historia de Jack el Destripador. Financiada principalmente por la productora Rank Organisation, “Hands of the Ripper” fue rodada con la intención de estrenarla junto a la cinta de vampiros “Twins of Evil” (1971), razón por la cual no contó con un presupuesto demasiado generoso. Por otro lado, tanto para el director Peter Sasdy como para la productora Aida Young, esta sería su última cinta al interior de la Hammer, lo que probablemente influyó en las peculiares decisiones que tomaron a la hora de seleccionar al elenco participante en la producción.

Para el papel del aproblemado Doctor Pritchard, Sasdy y Young contrataron a un experimentado actor de televisión llamado Eric Porter, quien no calzaba con los cánones habituales de los actores que solían participar en las producciones de la Hammer. Con respecto a esto, Sasdy declararía en una ocasión: “Ellos me dijeron (los ejecutivos de la Hammer): ´Tu no debes contratarlo.´ Yo tenía la arrogancia propia de un hombre joven, por lo que no me podía importar menos su opinión”. Aida Young por su parte, contrató a una joven de 23 años de edad llamada Angharad Rees para interpretar a Anna, luego de ver su participación en la serie de televisión “But Now They Are Fled” (1971). Curiosamente, con la intención de prepararse para su debut cinematográfico, la joven le pidió algunos consejos a su padre, quien era un profesor de psicología del Hospital St. Bartholomew de Londres. Con respecto a esto, la misma Angharad Rees declararía en la revista Films Ilustrated: “Le pregunté acerca de un buen número de aspectos técnicos de la psicología de la protagonista y él se mostró muy comprensivo. Veía a Anna como una joven sencilla e inocente que había vivido tiempos difíciles. En el fondo, ella cree que es normal y es capaz de proyectarle esa normalidad al resto del mundo, y eso es precisamente lo que más me entristece de ella… Desde el punto de vista de una actriz, ese papel ofrecía toda una gama de posibilidades”.

La historia de “Hands of the Ripper” está basada en la presunción de que Jack el Destripador tuvo una hija llamada Anna. Luego de presenciar el asesinato de su madre, Anna es trasladada temporalmente a un orfanato y eventualmente es adoptada por una falsa médium que se hace llamar Madame Goldwin, quien no solo utiliza a la muchacha para escenificar falsas sesiones de espiritismo, sino que además está dispuesta a prostituirla con tal de ganar un poco más de dinero. Impulsada por los múltiples traumas de su infancia, Anna se sumerge en un espiral homicida que busca terminar con la vida de todas aquellas personas que mediante la ejecución de determinadas acciones, le recuerdan el fatídico momento en el que su padre asesinó a su madre a sangre fría. El único que sospecha del extraño comportamiento de la muchacha es el Doctor John Pritchard, quien está seguro de poder curar a la atormentada joven, la cual no es consciente de sus actos. En gran medida, Anna no es más que el instrumento de su padre, quien desde más allá de la tumba se ha instalado en el subconsciente de la muchacha, logrando con esto controlar por completo su comportamiento. Es por este motivo que Anna se alza como una suerte de heroína fragmentada, la cual está llamada a librar una batalla contra los fantasmas del pasado, los cuales de no ser derrotados acabarán por completo con su vida y con la de todos aquellos que tienen el infortunio de cruzarse en su camino.

El Doctor Pritchard por su parte, no solo se encarga de transformar el relato en un verdadero estudio psicológico de los traumas infantiles y de la nociva influencia de la violencia en las personas, sino que además adopta el rol del héroe trágico de la historia. Si bien en un principio el buen Doctor intenta ayudar a Anna con la intención de poner en práctica las enseñanzas de Sigmund Freud, para así hacerse de un nombre dentro del campo de la psiquiatría, eventualmente no puede evitar sentir cierto grado de atracción hacia la joven, la cual se convierte en una obsesión enfermiza que lo lleva a ocultar los crímenes que comete con tal de mantenerla a su lado. Aunque en esencia las intenciones del Doctor son nobles, es inevitable pensar que Pritchard utiliza el psicoanálisis para intentar controlar al objeto de su deseo, lo que convierte sus improductivas sesiones de psicoterapia en una suerte de acto sexual indirecto. Por otro lado, si bien la atmósfera malsana que domina al relato está dada por la proyección del fragmentado subconsciente de los protagonistas, Peter Sasdy se encarga de reforzar dicha atmósfera mediante la inclusión de una serie de cruentos asesinatos macabramente orquestados, los cuales sitúan a “Hands of the Ripper” como una de la películas más violentas de la factoría hammeriana, razón por la cual tuvo una serie de problemas con los organismos de censura tanto británicos como norteamericanos, los cuales llegaron al punto de exigir que fuese retirada una escena en la que una prostituta es asesinada por Anna luego de que esta le entierra un alfiler de sombrero en uno de sus ojos.

En el ámbito de las actuaciones, la dupla protagónica realiza un excelente trabajo interpretando a sus respectivos personajes, los cuales además exhiben una evidente química entre sí. Eric Porter logra con éxito imprimirle un cierto aire de autoridad al Doctor Pritchard, al mismo tiempo que lo retrata como un hombre compasivo y frágil que no puede evitar caer en la desesperación cuando se ve imposibilitado de arrebatar a Anna del influjo de su sádico padre. Si bien es cierto que Pritchard comete una serie de errores imperdonables durante el transcurso de la historia, no es difícil para el espectador comprender que sus cuestionables actos están motivados por la compleja encrucijada que le ha tocado enfrentar. Angharad Rees por su parte, interpreta de manera creíble a una joven traumatizada que inconscientemente se ve atrapada en un espiral de violencia del que parece no tener escapatoria. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el espléndido trabajo de fotografía de Kenneth Talbot, la correcta dirección de arte de Roy Stannard, y la efectiva banda sonora del compositor Christopher Gunning, la cual cumple con realzar tanto los momentos de tensión, como aquellos que están cargados de dramatismo.

A través de los años y producto del constante cambio cultural experimentado por la sociedad británica, los creativos de la Hammer se atrevieron a tomar una serie de riesgos con el objetivo de reencantar a la audiencia, los cuales lamentablemente no siempre tuvieron los resultados esperados. En el caso particular de “Hands of the Ripper”, Peter Sasdy y compañía supieron explotar de manera eficiente los elementos temáticos innovadores y potencialmente controversiales que posee la trama, al mismo tiempo que demostraron que no es necesario contar con un elenco plagado de estrellas para crear un relato vibrante protagonizado por personajes sumamente complejos. Al mismo tiempo, el director se encarga de elevar los niveles de violencia antes vistos en las producciones de la Hammer, mediante la inclusión de un prólogo bastante explícito y aterrorizante, el cual es seguido por una serie de escenas cuyo nivel de violencia gráfica no hace más que mantener el tono impuesto por las escenas iniciales. Más allá de la sangre y el horror, “Hands of the Ripper” se alza como un fascinante thriller psicológico, el cual es enaltecido por la grandiosa interpretación de sus protagonistas, quienes son los grandes responsables de que este ingenioso giro al tan manoseado relato de Jack el Destripador resulte completamente memorable.




por Fantomas.

1 comentario:

francisco Acuña dijo...

valla que se ve interesante..la historia de jack siempre me a interesado..queda en mi lista!
saludos desde
theredrumblog.blogspot.com

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